martes, 15 de agosto de 2017

¿Tiene sentido que exista el feminismo?

Por Silvia Quintero

Los feminismos y sus reivindicaciones son frecuentemente criticados por muchas personas y en distintos sectores de la sociedad, desde los cuestionamientos más “académicos” hasta los comentarios cotidianos que suelen ocurrir en las burlas entre amigos.


Así también, cuando una mujer lastima, hiere o asesina a un hombre se supone que estamos ante la prueba fehaciente de los peligros del feminismo: el feminazismo acecha. Como si cualquiera de esas situaciones fuera efectivamente consecuencia de un sistema histórico con raíces profundas que haya atacado, asesinado, violado, mercantilizado, explotado o que haya negado el acceso a derechos básicos a los hombres o las personas con piel blanca.



El feminismo no quiere imponer un matriarcado basado en la violencia contra el hombre, como ha sido el patriarcado hasta ahora. No desea dejarlos sin voto, ni violarlos en las guerras, ni mutilar sus genitales en pro de una tradición cultural, ni confinarlos en el ámbito doméstico, ni quiere matarlos por adulterio. El feminismo no pretende que los hombres sean propiedad de sus madres y luego de sus mujeres, ni desea que los hombres cobren salarios más reducidos, ni tampoco querría desterrarlos de las cúpulas de poder mediático, empresarial y político. No quiere traficar con cuerpos masculinos para el disfrute de los femeninos, ni desea que los niños varones estén desnutridos o abandonados en orfanatos, ni, por supuesto, promovería su marginación social o económica. Tampoco vetaría que los niños varones pudiesen ir a la escuela, ni les prohibirían el acceso a la sanidad y la Universidad. Comprendan que eso es una locura que no promueve el feminismo.
   


Coral Herrera Gómez



Los feminismos y sus reivindicaciones son frecuentemente criticados por muchas personas y en distintos sectores de la sociedad, desde los cuestionamientos más “académicos” hasta los comentarios cotidianos que suelen ocurrir en las burlas entre amigos. Me parece que muchas veces, tales críticas provienen en realidad de tergiversaciones con respecto a las apuestas que los feminismos se han planteado a lo largo de la historia y que existe además una dinámica por la cual muchas personas se han adjudicado el derecho a opinar tajantemente sobre estas cuestiones, aun cuando en realidad las conclusiones que tienen, aparentemente lógicas y eruditas, solo demuestran lo poco que se han dado la oportunidad de conocer los problemas y propuestas presentes en el vasto mundo del pensamiento feminista.
Así, se pueden encontrar innumerables ejemplos en lugares que van desde los medios de comunicación, pasando por videos que circulan en internet, afirmaciones cotidianas en redes sociales o grupos dedicados a opinar en contra del feminismo y que se mueven entre la ridiculización más banal hasta la invención de términos como el de feminazismo. Creo que hay algo preocupante en la manera cómo se propagan estas opiniones que tienen la apariencia de ser sensatas o lógicas, pero que al final son, sobre todo, una forma de estigmatización y se convierten, además, en un obstáculo en el camino hacia pensar una sociedad más justa con todas las personas. Por eso, me gustaría referirme a algunas de esas críticas –falaces- al feminismo1.
Que el feminismo promueve el odio hacia los hombres
Francamente, yo no he leído ningún texto feminista, ni he visto grupos de mujeres que afirmen una cosa semejante y en esos términos. Creo, en cambio, que esta percepción proviene de la manera como las mujeres reaccionamos o interactuamos con los hombres. He visto que algunos hombres se han sentido “discriminados” o “rechazados”, por la actitud defensiva y en ocasiones supuestamente agresiva de algunas mujeres. Hace tiempo, un amigo me contaba cómo en una reunión donde se discutían asuntos relacionados con buscar estrategias para contrarrestar la violencia contra las mujeres, no se le permitió hablar. También, cómo una vez intentó dirigirse a una mujer desconocida en el transporte público para cederle una silla y ella no solo no aceptó, sino que su reacción inmediata fue bastante agresiva.
 Entonces aquí el problema se mezcla de paso con otra afirmación típica contra el feminismo y es la de “siyo nunca he violentado a una mujer ¿por qué me tienen que tratar así?”. No me interesa cuestionar la veracidad de la idea de que un hombre cualquiera “jamás” haya violentado a una mujer, pero creo que la percepción de estos hombres probablemente cambiaría si vieran las cosas desde una perspectiva distinta.
Por ejemplo: nuestra experiencia en el espacio público está mediada por distintas cosas que hacen que nos convirtamos en blanco de formas de discriminación y violencia. Entonces, ser mujeres en el espacio público implica una cuota específica de situaciones, que generalmente nos obligan a formular todo tipo de estrategias con el fin de evitar que nos manoseen, tener que escuchar los mal llamados “piropos”, que nos cierren el paso al andar, que nos acorralen, que nos persigan o que nos violen2.
Mientras tanto, en escenarios como los del intercambio de ideas, en debates académicos o entre amigos y amigas, es bastante común que seamos interrumpidas. Por supuesto, esta no es una experiencia que vivamos únicamente las mujeres, pasa también con los niños y niñas por ejemplo y, en general, con quienes ocupan un lugar de “inferioridad” en determinadas situaciones sociales y relaciones inevitablemente mediadas por el poder.
Así, para mí no es poco común que un hombre intente explicarme cosas que sé hacer, o que me interrumpa constantemente cuando hablo. Cuando tomo un taxi, el taxista parece asumir que no tengo idea de a dónde voy o cuál es la mejor ruta para moverme y, si voy con un hombre, esperarán siempre las orientaciones de él y no las mías para saber a dónde vamos o cuál es el camino, aun cuando la mayoría de las veces yo sepa perfectamente a donde voy y qué ruta prefiero tomar.
Pero esos son en realidad ejemplos banales comparados con la realidad violenta que afrontan miles de mujeres, por vivir una realidad que las sitúa inmediatamente en un lugar subordinado. Las mujeres perciben en promedio salarios inferiores que los hombres por igual trabajo, son quienes siguen asumiendo la mayor parte de las cargas de trabajo dentro de los hogares, suelen ser las principales responsables del cuidado de otros dentro y fuera del ámbito privado, son –con mucho- las principales víctimas de violencia sexual y un largo etcétera de circunstancias que han dado lugar a la aparición de los feminismos.
Por eso, si bien es perfectamente posible que muchas mujeres actuemos a la defensiva o incluso de una manera agresiva en nuestra relación cotidiana con los hombres, no entiendo por qué eso se ha convertido en una razón para afirmar que el feminismo promueve el odio hacia ellos, en lugar de comprender que nuestras reacciones son consecuencia, no del feminismo, sino del machismo con el que tenemos que lidiar constantemente.
He visto a muchos hombres reaccionar de maneras tremendamente agresivas ante circunstancias mucho menos desagradables que las que he tenido que vivir como mujer en el espacio público y he visto también a esos mismos hombres sentirse ofendidos por nuestras actitudes como si fueran un disparate salido de la nada.
Esto no quiere decir tampoco que creamos que existe una conspiración maligna en donde hay unas personas –principalmente hombres-, que se levantan cada día pensando en cómo van a hacerles daño a las mujeres.
Que el patriarcado no solamente violenta a las mujeres
Está más que claro que las mujeres también podemos en determinadas circunstancias promover ideas o actitudes que contribuyen a reproducir el machismo (sobre esto volveré más adelante). Ni se trata de negar la existencia de violencias que afectan a los hombres o que vivimos las personas en función de razones distintas al género ¿de cuándo acá denunciar la violencia contra las mujeres significa al mismo tiempo negar que otras personas tienen que soportar también las consecuencias de la dominación?
Sin embargo, afirmar la especificidad de las violencias contra las mujeres, para muchas personas parece convertirse en una razón para deslegitimar nuestros argumentos en función del hecho de que se supone que existen otras formas de violencia o que el patriarcado no solo afecta a las mujeres3. Es verdad, pero eso no es equivalente a decir que todas las personas viven el machismo de la misma manera ni en igual proporción. La sistematicidad y la forma específica en que se presentan las violencias contra las mujeres y niñas, merece tomar medidas igualmente específicas. No es deseable que eso se traduzca en una manera de invisibilizar las consecuencias del machismo para otras personas y si algo semejante sucediera no debería convertirse en una razón para odiar o deslegitimar al feminismo. Significa en su lugar, la necesidad de asumir la complejidad de la situación y el reto que tenemos para pensar mecanismos que permitan a todas las personas defenderse o, mejor aún, no convertirse en víctimas de ninguna forma de violencia.
Para retomar algo que mencioné anteriormente, hay quienes critican también el feminismo en función de circunstancias como el que haya mujeres que ven a los hombres como objetos sexuales, como bienes de consumo, que critican a otras mujeres cuando no son sumisas ni se adaptan a determinados patrones y en fin… porque “hay mujeres que promueven el machismo y el patriarcado”.
De nuevo, es curioso escuchar este tipo de frases como una forma de criticar al feminismo. De hecho, ver el cuerpo de las personas como un objeto de consumo, además de ser una construcción propia de un modo de producción que mercantiliza absolutamente todos los aspectos de nuestras vidas, es también una práctica que se ha hecho posible en una sociedad machista que pervive con la idea de usar los cuerpos de las mujeres como si fueran cosas. Cuando una o varias mujeres llevan a cabo una práctica similar (si es que tal cosa fuera posible), eso no es consecuencia del feminismo.
Que el feminismo es lo mismo que el machismo, pero a la inversa
Claro, creer una cosa semejante parece una conclusión sencilla en un mundo que vive pensando todo en función de sus opuestos y que es incapaz de darse cuenta que el mundo que los feminismos proponen no es ni remotamente cercano a una sociedad en donde las mujeres pasen a ocupar el rol que los hombres han tenido históricamente, ni desea para ellos el tipo de vida que nosotras hemos tenido que llevar.
Así, aparece la idea de un machismo a la inversa que suele resumirse en términos como el de feminazi o el “hembrismo” y se ha convertido en una forma por excelencia para deslegitimar las reivindicaciones de los movimientos de mujeres y del pensamiento feminista por doquier. Esto se parece bastante también a ese fenómeno con tintes fascistas que quiere convencer a la gente de que existe algo así como un “racismo a la inversa” que se expresa cada vez que una persona negra ataca, hiere o mata a una persona blanca4. Así también, cuando una mujer lastima, hiere o asesina a un hombre se supone que estamos ante la prueba fehaciente de los peligros del feminismo: el feminazismo acecha. Como si cualquiera de esas situaciones fuera efectivamente consecuencia de un sistema histórico con raíces profundas que haya atacado, asesinado, violado, mercantilizado, explotado o que haya negado el acceso a derechos básicos a los hombres o las personas con piel blanca.
Anthony Morgan5 señala cómo, incluso si todas las personas negras y mestizas afirmaran odiar a las personas blancas, nada de eso afectaría las posibilidades que tienen éstas de conseguir un empleo, educación, ni aumentarían las posibilidades de que sean las principales sospechosas cuando un crimen sucede.
Así también, incluso si las mujeres afirmáramos odiar a los hombres, eso no revertiría ni tendría consecuencias inmediatas sobre su realidad material concreta. Vistos así, el feminazismo, el hembrismo, el machismo y el racismo a la inversa no son otra cosa que una invención ridícula que no logra comprender el carácter histórico del fenómeno que los feminismos o los movimientos antirracistas quieren acabar.
Por supuesto que eso no significa afirmar que todos los hombres son malos en sí mismos o que las personas que nacen con “piel blanca” lo sean. Estamos completamente sumergidas/os en una realidad que perpetúa privilegios para algunas/os y desventajas para otras/os.
Por eso, lamentablemente, en este mundo lo más probable es que además de vivir alguna forma de opresión, es casi seguro que todas las personas hemos ejercido alguna forma de violencia, estigmatización o exclusión contra otros y otras. No es posible ser absolutamente consecuente, pero es posible esforzarse por cambiar esas circunstancias.
Lo que tiene sentido es que exista el feminismo, que haya movimientos y reivindicaciones en contra de la discriminación racial, que haya quienes piensan en las consecuencias del poder colonial o el antiespecismo, pues ello implica asumir que siempre esté abierta la posibilidad de cuestionar nuestras prácticas y transformarlas, para que quienes nos sucedan tengan la posibilidad de vivir en una realidad cada vez más justa.

  1. En realidad, hay muchas más cosas a las cuales me gustaría referirme, pero dada la extensión que debe tener este artículo, al menos por ahora abordaré solo algunas. ↩
  2. Sobre la experiencia de las mujeres en el espacio público, es muy interesante el trabajo que se encuentra en la tesis de grado de la arquitecta Claudia Ban Toledo: “La mujer en el espacio público. Urbanismo con perspectiva de género”, en donde quiso  investigar sobre la experiencia de las mujeres en el ámbito urbano, partiendo por analizar la experiencia de las mujeres en el espacio público y su baja o nula participación en la definición del ordenamiento territorial y cómo esto incide negativamente sobre su calidad de vida en la ciudad. Este es el punto de partida a partir del cual Claudia Ban se plantea alternativas para pensar una ciudad con perspectiva de género. Ver: https://issuu.com/claudiabant/docs/la_mujer_en_el_espacio_p__blico._ur  ↩
  3. De paso también parece que al feminismo le correspondiera resolver lo que pasa con las opresiones que viven los hombres y el resto del universo porque vivimos en un mundo profundamente desigual, estigmatizador y violento ↩
  4. “Dear White people, please stop pretending reverse racism is real”: https://www.vice.com/en_us/article/kwzjvz/dear-white-people-please-stop-pretending-reverse-racism-is-real ↩
  5. Abogado y defensor de derechos humanos canadiense. En un artículo para el portal Vice, a propósito del “reverse racism” afirma: “(…) even if all people of colour straight up said they hate white people, it wouldn’t affect a white person’s ability to get a job, an education, or increase the odds that they’d get carded or charged for a crime. “If all white people had that view (of black people), that would have a very dramatic life impact on the material reality of all those people.”. Ver: https://www.vice.com/en_us/article/kwzjvz/dear-white-people-please-stop-pretending-reverse-racism-is-real ↩


viernes, 4 de agosto de 2017

Inca, doctora y paladina del quechua


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La antropóloga cuzqueña Carmen Escalante es la primera doctoranda que defiende su tesis en la lengua de sus antepasados.


EN MARZO de 2017 la antropóloga cuzqueña Carmen Escalante, profesora de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, defendió en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla la tesis doctoral Rugido alzado en armas. Los descendientes de incas y la independencia del Perú. La noticia en sí no tendría mayor trascendencia de no ser porque la doctoranda era ella misma descendiente directa del inca Yáwar Huácaq, porque las fuentes de su investigación eran documentos coloniales atesorados por su familia desde 1545 y porque defendió su tesis en quechua, el antiguo runa simi de los incas.
Así, ante un tribunal compuesto por profesores de las universidades de Murcia, La Sorbona y Loyola Andalucía, Carmen Escalante pronunció su discurso en quechua mientras proyectaba la traducción española del texto. Su gesto tuvo un enorme valor simbólico por tres razones: primero, porque le dio visibilidad a un idioma que todavía hablan en los Andes 10 millones de personas; segundo, porque en su propia alma mater no habría podido defender su tesis en la lengua de los incas y —tercero— porque hablar en quechua en la vieja metrópoli era una suerte de justicia poética para sus antepasados.
En 1550 Francisca Pizarro Yupanqui —nieta del inca Huayna Cápac e hija natural del conquistador Francisco Pizarro— fue enviada a Trujillo de Extremadura y obligada a contraer matrimonio con un tío carnal. En la fachada del palacio de la Conquista todavía permanece una escultura de doña Francisca, quien acabó convertida en personaje de Tirso de Molina. Por otro lado, en 1603 Ana María de Loyola Coya —nieta del inca Sairy Túpac e hija del gobernador Martín García de Loyola— fue enviada a Valladolid e instada a casarse con Juan Enríquez de Borja, con quien fundó el marquesado de Oropesa. Los hijos del matrimonio emparentaron así con los fundadores de los jesuitas y los incas del Cusco. Ambas mujeres fueron desterradas para que su descendencia nunca llegara a ser agente de conflicto, pero también se fueron de los Andes hablando quechua, un idioma que desapareció con ellas y que otra mujer inca no volvió a usar en España hasta la defensa de la tesis doctoral de Carmen Escalante.
Según el catedrático Juan Marchena —director de tesis de la antropóloga cuzqueña—, la defensa de Rugido alzado en armas no sólo ha supuesto la primera sustentación doctoral en quechua de Europa, sino el comienzo de una serie de defensas que van a permitir que doctorandos americanos puedan sustentar sus doctorados en sus respectivas lenguas aborígenes. Juan Marchena se muestra exultante, pues para septiembre está prevista la defensa de una tesis en aimara.
Mientras tanto, Carmen Escalante ha regresado a sus investigaciones cotidianas en Cusco, donde ha reeditado la Autobiografía de Gregorio Condori Mamani (Ceques. Cusco, 2014), un clásico quechua escrito al alimón con su marido, Ricardo Valderrama, antropólogo eminente, profesor de la San Antonio Abad del Cusco y él mismo descendiente del inca Túpac Yupanqui. Los incas ya no combaten, pero se doctoran, enseñan en la universidad y defienden el quechua.

http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/inca-doctora-quechua/?id_externo_rsoc=FB_CM

jueves, 3 de agosto de 2017

¿Qué es ser un machista de izquierda?

Machismo de derechas & Machismo de izquierdas
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Danilo Castelli
http://www.revistaanfibia.com/

¿Acaso es más solidario el machista de izquierdas que sus iguales de derecha? En este texto se analizan las actitudes que, bajo un paraguas pseudo bien pensante, esconden los mismos sesgos discriminatorios hacia las mujeres.

Este listado contiene pensamientos y actitudes de machismo de izquierda. Algunas mías; y otras que he visto en distintas personas. ¿Cuándo soy, entonces, un machista de izquierda? :

Cuando siempre tengo preparado el término “burgués”, “pequeñoburgués”, “liberal” y “posmoderno” para descalificar al feminismo que me incomode, corresponda o no la caracterización.

Cuando coincido con la gente de derecha en preguntar “¿por qué feminismo y no igualismo?”, lo cual indica que ni siquiera me importa el tema para hacer una búsqueda en google pero me siento amenazado o desplazado por un movimiento que pregona la libertad y el poder para las mujeres.

Cuando minimizo o rechazo las luchas feministas diciendo “el verdadero problema es el capitalismo” (y de esa manera demuestro mi ignorancia sobre cómo se articulan capitalismo y patriarcado y sobre la influencia reaccionaria que tiene el machismo sobre la clase trabajadora).

Cuando coincido con la derecha en naturalizar la heteronormatividad y los roles de género.

Cuando no puedo dejar pasar la ocasión de decir “el verdadero problema es de clase” cada vez que se dice algo desde una perspectiva de género.

Cuando, así como los machistas de derecha quieren negar el patriarcado al buscar ejemplos de mujeres que agreden hombres o falsas denuncias o situaciones donde los hombres sufren más que las mujeres, yo busco situaciones de feminismo burgués o blanco o misándrico para justificar que la izquierda no tiene nada que aprender del feminismo.

Cuando soy muy revolucionario hablando de capitalismo y socialismo pero me convierto en “pragmático y realista” hablando de machismo y feminismo.

Cuando digo que el socialismo no tiene nada que tomar del feminismo porque “la cuestión de la mujer” ya estaba planteada en algún texto socialista de siglos pasados.

Cuando en vez de escuchar a una compañera para aprender, espero a mi turno para hablar. Cuando digo que como el socialismo está contra toda opresión no hace falta ser feminista.

Cuando hago “mansplaining”, o sea explicarle de manera condescendiente a una mujer lo que ella ya sabe (a menudo, interrumpiéndola), asumiendo que sin mi explicación no caza una.

Cuando cometo “gaslighting”, es decir, manipular el sentido de realidad de una mujer, poniendo en duda su memoria, percepción o cordura, porque no dice lo que yo quiero escuchar.

Cuando solo veo al machismo en sus manifestaciones más visibles y explícitas (feminicidio, trata, violencia doméstica, violaciones, discriminación laboral) y me niego a verlo en sus manifestaciones más sutiles (acoso sexual callejero, inequidad en el reparto de las tareas domésticas, microviolencias, violencia simbólica).

Cuando denuncio con fuerza los actos de machismo cometidos por burgueses, políticos, figuras públicas y hasta dirigentes de otros partidos pero me hago el distraído sobre el machismo en mi clase social, en mi laburo, en mi organización.

Cuando solo denuncio el machismo y la homo/transfobia de políticos, empresarios, comunicadores, policías u otros agentes directos de la opresión y nunca interpelo al machismo de los varones de clase obrera en general, ni el de mis compañeros de partido en particular.

Cuando descalifico las luchas feministas que me molestan apelando al “feminismo de antes” o haciéndome el erudito sobre el “feminismo de la tercera ola”.

Cuando creo que la solución del machismo pasa únicamente por realizar ciertas reformas institucionales y un poco de “concientización”, y excluyo la revisión de mis privilegios masculinos y mi propia autotransformación.

Cuando intelectualizo las discusiones desde un lugar de “objetividad científica” como excusa para no empatizar con el punto de vista “demasiado subjetivo” de las víctimas del machismo.

Cuando le doy más valor a mis opiniones sobre el género y la diversidad sexual que a las experiencias de mujeres y gente LGBT. Cuando la juego de “escéptico” como excusa para no investigar concretamente sobre el tema ya que… ¿quién necesita datos si ya tiene la teoría revolucionaria? Marx, Lenin, Bakunin, entre otros, ya dijeron todo lo que había para decir sobre la emancipación humana.

Cuando ridiculizo las reivindicaciones feministas/LGTB por “exageradas”, sin hacer el mínimo esfuerzo por ponerme en el lugar de las personas marginadas. Por ejemplo cuando se minimiza el acoso callejero o la falta de libertad de parejas gay a darse muestras de afecto en público porque no son reivindicaciones “obreras”.

Cuando ante un caso de acoso sexual callejero me fijo la clase social de víctima y victimario para decidir si lo repudio o no. Como si el acoso callejero de un obrero a una mujer de “clase media” fuera un episodio más de la lucha de clases y no de la violencia machista…

Cuando demuestro incomodidad y me pongo hostil ante la crítica radical del machismo, tomándome todo a personal y diciendo cosas como “yo no tengo la culpa de siglos de opresión”.

Cuando todas mis posiciones sobre el tema están diseñadas para no quedar pegado a la derecha, pero sin que eso implique un compromiso real de mi parte.

Cuando me creo con el derecho de emitir cualquier opinión ignorante, prejuiciosa, y paranoica sobre temas de sexo-género, y tomo la actitud de hablar sin estudiar ni investigar ni preguntar lo que se critica.

Cuando investigo solo lo suficiente para aprenderme algunos términos (como “feminismo de la tercera ola”) y aparentar erudición con el objetivo de conservar mis opiniones previas.

Cuando señalo el hecho -verdadero- de que hay machistas en las organizaciones de izquierda porque sus miembros también vienen de la sociedad capitalista y patriarcal a la que combaten, pero lo hago para justificar ese machismo en los compañeros y no para arrimar mi hombro a la tarea de desafiarlo y erradicarlo.

Cuando digo “después de la revolución vemos”.

Cuando ante una expresión de odio y de ira por los asesinatos y el discurso que minimiza la violencia hacia la mujer y la gente LGBT, me pongo desde un lugar progre a dar sermones del tipo “esa no es la manera, hay que educar”. Total, yo no soy quien debe convivir con la impotencia y con la tristeza de pertenecer al grupo vulnerado.

Cuando pongo más énfasis en criticar al feminismo por cómo comunica sus ideas que a la cerrazón mental machista de la mayoría de los varones, producto de privilegios y no solo de “ignorancia”.

Cuando me enojo con las propuestas de discriminación positiva o cupo para mujeres y gente LGBT y las rechazo con argumentos meritócratas que creo no-burgueses (idoneidad, esfuerzo, lucha).

Cuando, desde mi comodidad como mayoría simbólica, rechazo las medidas de cupo femenino en la política diciendo “que haya más mujeres en la política no va a mejorar la situación de las mujeres trabajadoras”.

Cuando me quejo “me discriminan por ser hombre” porque las mujeres tienen espacios propios donde no se permiten hombres, negándome a entender por qué ni para qué los necesitan. Lo mismo con “me discriminan por ser hétero” en referencia a espacios exclusivamente LGBT.

Cuando hago ultimátums para optar entre lucha feminista y lucha de clases.

Cuando digo que el estudio de teoría feminista y su aplicación para la transformación personal y de las relaciones sociales son cosas de “clase media acomodada”. Como si el grado de embrutecimiento mental y emocional de la clase obrera fuera un rasgo plebeyo a glorificar por los revolucionarios. Como si la violencia en las relaciones familiares y de pareja sumada a la violencia al distinto nos quitase un montón de energía para la lucha por nuestra liberación.

Cuando doy rodeos intelectuales con muestras de erudición para esquivar planteos que me interpelan personalmente.

Todo esto no es ningún secreto. Lo han vivido muchas mujeres, gays, y gente trans: no hay nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda. 


Fuente:http://www.revistaanfibia.com/ 

Sobre el autor: Danilo Castelli, programador y estudiante de sociología.

Alerta: feministas trabajando

En marzo de este año 4 mujeres crearon un grupo de Facebook en Córdoba al que llamaron “Feministas Trabajando (mujeres, trans, tortas)”. El grupo intentaba replicar un fenómeno similar en Buenos Aires que hoy se expande a lo largo y ancho del país. ¿Cuáles son sus fines? Conectar a mujeres y abrirles el camino para trabajos y oficios tradicionalmente ocupados por hombres, facilitar el acceso al mercado laboral y compartir experiencias autogestivas. En sólo 5 meses y algunos días, el grupo suma más de 13 mil integrantes.

Por Redacción La tinta
Nos contactamos con sus creadoras Julieta, Ayelén, Daniela, Elena y Sofía. Hoy son quienes administran el grupo y se ocupan de que las reglas y propósitos se respeten, por lo demás, son las impulsoras y canalizadoras de las ideas que allí surgen.
—¿Cómo surge la iniciativa de un grupo “Feministas Trabajando” para Córdoba? ¿Tiene alguna relación con los grupos en otras ciudades del país?
—El grupo nace como una réplica del Feministas Trabajando de Buenos Aires. Leímos una nota en un diario, nos enteramos de que existía, y no dudamos de crearlo en Córdoba. Cuando lo creamos pensamos en los oficios tradicionales estaban todos ocupados por hombres. Pensamos en la posibilidad de que quien te arregle las cosas en tu casa no sea un hombre cis, en que no sea un taxista con un discurso machista el que te lleve a x lugar. También pensamos en facilitar el acceso de muchas al mercado laboral, logrando de esta manera una igualdad real.
El grupo creció de forma impensada y muy rápido, tomando la forma de una bolsa de trabajo, creándose una red con los oficios y servicios que busques (cocinerxs, niñeras, peluqueras, tatuadores, etc) donde las que ya formábamos parte agregamos a quien pensábamos que le podría interesar el grupo. También en el grupo se informan de búsquedas laborales existentes en el mercado, o de cómo podemos arreglar nosotras cosas de nuestras casas, vehículos, etc.
Por el momento no creamos ningún vínculo con otros grupos de otras ciudades del país, pero si nos escribieron de otros pueblos de la provincia comentándonos de la posibilidad de replicarlo. Hoy también existe el grupo en el Valle de Punilla, en Villa María y en Río Cuarto.
Feria-Feminista-Cordoba-Feministas-Trabajando-03
En el grupo se dan cotidianamente, discusiones que exceden a veces la temática para la que fue creado, y una de ellas tiene que ver con la discusión sobre los términos que usamos para nombrarnos, ¿por qué “feministas” trabajando, y no mujeres, cuando algunas integrantes del grupo no se identifican como tales?
—Si bien el grupo nació como mujeres trabajando, quienes lo comenzamos a habitar preferimos llamarlo Feministas Trabajando, y que lo integren no sólo mujeres cis, sino personas trans, lesbianas, o de identidades disidentes. De esta manera la bolsa de trabajo permite crear oportunidades laborales para quienes cuentan con dificultades a las horas de salir a buscar trabajo, al encontrarse fuera de la cis-hetero-norma.
En el grupo no se aceptan actitudes de discriminación de ningún tipo a nuestras identidades y sí tenemos como filtro la vinculación con el feminismo, desde el lugar que cada unx elija.
El énfasis en ‘feministas’ y no ‘mujeres’ exclusivamente, es porque también entendemos que las categorías de género binarias (hombre-mujer) no son determinantes ni taxativas (aunque el mundo se maneje así) y creemos que desde el lenguaje también aportamos a la deconstrucción del mundo machista patriarcal que vivimos, por eso preferimos reconocer que las identidades son amplias y diversas y no solo ‘mujeres’.
El concepto de “sororidad” surge bastante en las discusiones el grupo, y es un principio que se acuña como eje del grupo, ¿cómo lo interpretan ustedes? ¿Qué implicancias creen que tiene para el desarrollo del grupo? 

—El concepto de sororidad tiene muchas ramificaciones. En realidad viene de la palabra “sor”, que es la manera de nombrar a las mujeres dedicadas a la religión. Sin embargo, mucha gente interpreta la sororidad como una especie de solidaridad o empatía que deberíamos sentir las mujeres hacia las demás mujeres por el sólo hecho de serlo. Nosotras creemos que esto debería ampliarse en relación a las identidades que exceden el ser mujer. Asimismo, la generalización de que deberíamos generar un vínculo con todas las mujeres por el sólo hecho de serlo nos parece bastante esencialista, ya que el hecho de ser mujer no quita ciertas prácticas o actitudes que pueden ser machistas, patriarcales, violentas o homofóbicas.


¿Tienen ustedes como administradoras alguna instancia de discusión y planificación para la acción? ¿Hay algún intento de mediación política para las discusiones del grupo o éstas se desarrollan de manera más espontánea?
—Nosotras nos comunicamos, entre administradoras, vía whatsapp. Intentamos meternos lo menos posible las interacciones en el grupo. Solamente nos ocupamos de moderar las publicaciones que se hacen ya que al contar con más de 12 mil miembrxs muchas veces quienes se suman al grupo, no leen las reglas entonces publican cosas fuera de tema. Así es que regulamos las publicaciones para que no se pierda la finalidad del grupo, que es ser una bolsa de trabajo para feministas. Sólo nos encontramos con planificaciones un poco más detalladas a la hora de pensar las ferias y cómo mejorar la última edición para que cada vez salgan más interesantes.
—A principios de agosto, se desató una ola de sorteos y regalos que cada una de las integrantes aportó como gesto hacia el grupo, y algunos de estos sorteos tenían más de 2000 participantes. ¿Qué piensan del fenómeno de sorteos de la semana pasada? ¿Cómo surgió? ¿Se establecieron reglas o formatos? ¿Qué les dicen estas acciones sobre las integrantes del grupo?
—Surgió de una publicación en la cual se agradecía la abundancia que había llegado a la vida de esta persona por la grupa, y decía que iba a agradecer en forma de un regalo a ser sorteado para devolverle a la grupa. Una segunda se copó a hacer lo mismo y una tercera y así. Al rato ya no todas agradecian específicamente la abundancia, sino que simplemente les parecía buena idea y aprovecharon para sumar sus emprendimientos. Además sirvieron como herramienta de difusión y promoción de los emprendimientos.
En estos días muchas personas se sumaron (a un ritmo mayor que el habitual) y se llegó a perder otras publicaciones, ahí fue cuando nos metimos a ordenar, pedir primero que se frenen y después poner un día al mes específico para los sorteos, para que la grupa se mantenga funcionando bien, de acuerdo al objetivo primero.
La realidad es que se creó como una ola muy grande y si bien la celebramos también entendemos la necesidad del equilibrio, no es necesario impedir los sorteos pero si moderarlos.
Feria-Feminista-Cordoba-Feministas-Trabajando-04
El fenómeno no sólo se da en lo virtual, sino que a mediados de año, las compañeras se encontraron cara a cara en la primera feria feminista, que se volvió un espacio muy demandado entre feriantes y participantes. ¿Cómo surge la idea? ¿ Quiénes y de qué manera la organizan? ¿Cuántas feriantes participan? ¿qué cosas consideran que surgen en ese espacio tan particular?
—Respecto a las ferias, surgen de las conversaciones que se fueron dando dentro de la misma grupa; muchas ideas de encontrarse, armar un catálogo de las ofertas de trabajo, armar algo! Siempre que se dan espacios grupales online, se replican las ganas de vivirlos en la vida real. Se manifestaron intenciones de feria y nosotras la tomamos, le dimos fecha, lugar y un poquito de organización sobre cantidad de puestos y baños secos. El resto lo hizo cada feriante y cada persona que la difundió, que asistió y que apostó al espacio.
Estamos siempre abiertas a las sugerencias y a correcciones. Por ejemplo después de la segunda feria que hizo mucho frío, se propuso una feria bajo techo que se llevó adelante bajo el nombre de ‘Feria Clandestina’, porque se realizó en un galpón que no estaba habilitado. Ahí nosotras por ejemplo no participamos más que difundiéndola y asistiendo ese día. Lo lindo de la grupa es eso, que cada quien puede proponer y llevar a cabo, siempre hay otras personas interesadas apoyando.
Otro ejemplo de la organización es que solicitamos la colaboración de $30 por puesto para abonar el alquiler de los baños secos, y en la última feria de esa recolección sobraron $270 que se usaron para abonar la publicidad de facebook de esta tercer feria, a llevar adelante el 06 de agosto en Plaza Seca. La decisión de qué hacer con el dinero que había sobrado, la pusimos a discusión en la grupa, para que la opinión de la mayoría sea la que se realice.

Como bien decíamos este domingo 06 se realizará la tercer edición de la feria, desde las 14 hs. Contamos con 220 feriantes, de todos los rubros habidos y por haber, y con talleres a la gorra (de fotografía, origami, tango) también música y algunos shows de grupos musicales que tocarán a la gorra también.


¿Piensan ustedes que este fenómeno podría haber surgido en otro momento histórico en Argentina? ¿Cómo leen el contexto nacional, y cordobés, para las mujeres?
—Creemos que claramente el grupo es una cristalización urgente de una necesidad social de reivindicación del lugar de las mujeres y las personas disidentes. De la mano de la movida del “Ni una menos” y de otros impulsos que a lo largo del país comienzan a cuestionar el hetero-patriarcado surgen también iniciativas de este tipo, relacionadas con la solidaridad y la construcción colectiva de una lucha codo a codo.
A nivel nacional y cordobés, creemos que el contexto se presenta sumamente hostil para las mujeres e identidades disidentes. Las políticas de los gobiernos neoliberales que insisten en fomentar la individualidad, la propiedad privada y el enriquecimiento de pocas personas a costa del resto, sólo conllevan para las mujeres el detrimento de sus derechos y libertades. Tanto la feminización de la pobreza como la dificultad para acceder al mercado laboral y el recorte de políticas públicas que aborden de manera integral problemáticas como la interrupción voluntaria del embarazo, la violencia de género y la educación sexual integral, convierten a las mujeres y las identidades disidentes en las principales víctimas de la negligencia y mal accionar del estado.
—¿Ven ustedes alguna deconstrucción del concepto de “trabajo” en el grupo? ¿Cómo se abordan las estrategias, acciones y procesos en relación al trabajo por parte de las mujeres del grupo?
—Lo que notamos es que mientras que algunas personas ahí ya trabajaban de forma autogestiva, otras se animaron a emprender y vieron que la relación de dependencia no es el único camino y se independizaron o están en eso. Así también, como muchas personas nos contaron personalmente o en el grupo, se ha formado una red de profesionales y clientes que se fortalece a medida que crecemos horizontalmente, en lugar de simplemente meternos en el sistema vertical del mercado.
La otra – y ahí no es tanto trabajo sino más bien consumo – se generó en muchas, el hábito de comprar menos en super o shopping y antes buscar de alguien que hace, ya sea en feministas trabajando, o en otros espacios que apuestan a la autogestión.
Feria-Feminista-Cordoba-Feministas-Trabajando-02
La solidaridad feminista nos obliga a unirnos frente a las lógicas capitalistas de consumo y producción. En un mundo patriarcal y hostil para las mujeres, y en épocas de crisis que nos pegan siempre más duro a nosotras, el encontrarse es una necesidad para las disidentes del machismo imperante.
*Por Redacción La tinta.
https://latinta.com.ar/2017/08/alerta-feministas-trabajando/

15 recomendaciones sobre cómo criar a una hija feminista

Enséñale a rechazar el tener que gustar a todo el mundo


 La misma semana en la que el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, decía que el lugar de su esposa estaba “en la cocina, en el salón y en la otra habitación”, Chimamanda Ngozi Adichie, novelista nigeriana cuyas obras han sido traducidas en más de 30 idiomas, ganadora de numerosos premios y colaboradora de periódicos como The New Yorker y Financial Times, publica en su perfil de Facebook un regalo para su amiga que acaba de ser madre de una hija: 15 recomendaciones sobre cómo criar a una niña feminista:

1.Sigue siendo tú. La maternidad es un regalo maravilloso, pero no es lo único que va a definirte a partir de ahora. Eres más que una madre.

2. Háganlo juntas, en equipo. ¿Recuerda cuando en la escuela aprendíamos que un verbo era una palabra que expresa acción? Pues bien, un padre es un verbo igual que lo es una madre.

3. Enséñale a tu hija que los roles de género son una tontería. Nunca le digas lo que puede o no puede hacer “porque eres una niña”.

4. Ten cuidado con lo que llamo el “feminismo light”. Es la idea de la igualdad femenina condicionada. Recházala por completo. Porque es una idea hueca, tranquilizadora pero falta de sustancia. Ser feminista es como estar embarazada. O lo estás o no lo estás. O crees en la igualdad total de las mujeres o no lo crees. Sin medias tintas.

5. Enseña a Chizalum (la hija de su amiga) a leer. Enséñale a amar la lectura.

6. Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguajes es el repositorio de todos nuestros prejuicios, creencias, lo que damos por asumido. Pero para enseñarle esto, tendrás que empezar por cuestionar tu propio uso del lenguaje.

7. Nunca hables del matrimonio como un logro personal.

8. Enséñale a rechazar el tener que gustar a todo el mundo. Su tarea no es hacer que todo el mundo la quiera sino ser una persona completa por sí misma, una persona que es honesta y que se preocupa por la igualdad entre las personas.

9. Proporciónale un sentido de identidad de forma intencionada. Porque la identidad construida por una misma importa.

10. Involúcrate con ella, y con cómo quiere mostrarse a los demás.

11. Enséñale a cuestionarse nuestro uso selectivo de la biología para justificar normas sociales.

12. Habla con ella sobre sexo, y hazlo pronto. Probablemente no sea fácil, pero es necesario.

13. Asume que va a enamorarse, así que estate atenta.

14. Cuando le hables sobre opresión, ten cuidado en no convertir a las y los oprimidos en santos.

15. Háblale sobre las diferencias. Enséñale que ser diferente es lo ordinario, lo normal. Enséñale a no adjudicarle valor a la diferencia. Y la razón para no hacerlo no es por ser justa o amable, sino, simplemente por ser humana y práctica.

Tribuna Feminista/ SemMéxico, Cd de México, 3 de agosto 2017.
http://www.semmexico.com/nota.php?idnota=2575

MIRADAS ECOFEMINISTAS PARA TRANSITAR A UN MUNDO JUSTO Y SOSTENIBLE

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Mujeres, desarrollo y medio ambiente: Hacia una teoría ecofeminista de la justicia

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Ecofeminismo: la perspectiva de género en la conciencia ecologista

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Libertad, igualdad, sostenibilidad. Por un ecofeminismo ilustrado

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miércoles, 2 de agosto de 2017

Bolivia & Feminicidios: El escarpado camino de la justicia contra el feminicidio

 Zulema Alanes Bravo
El 11 de julio la fiscal Karina Cuba no estaba presente cuando se pronunció la sentencia absolutoria del acusado por el feminicidio de María Isabel Pillco pero todos apuntaron a ella. Dos años y nueve meses antes acusó a David Viscarra por la muerte de su pareja de 28 años. En un caso de feminicidio el sistema penal no devuelve la vida, pero tiene la obligación de hacer justicia y el primer eslabón para lograrlo es la fiscalía
Cuba sabe cómo funciona el sistema. Trabajó como supernumeraria, fue pasante de diligencias, asistente de fiscal y secretaria de tribunal. El caso i4LP1414895 fue el segundo feminicidio a cargo de esta fiscal, pero el primero con sentencia absolutoria y la gota que hizo rebalsar las dudas sobre el debido proceso en el sistema de justicia. Y el primero que será sometido a una auditoria jurídica porque si concurren el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión parcial o total de las autoridades encargadas de sancionarlo, el feminicidio es un crimen de Estado.
Desde que conoció la resolución de la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados que instruyó auditar el juicio penal por este feminicidio, la fiscal ha tomado este caso como un asunto personal porque 40 días antes de la sentencia pronosticó un fallo absolutorio y denunció: "hay parcialización de los jueces".


Para bien o para mal, Karina Cuba, es una de las fiscales más visibles del Ministerio Público en la sede de Gobierno. Respetada y odiada. Valorada y cuestionada. Los extremos se aproximan a la hora de destacar su disciplina y su dedicación al trabajo. Como coordinadora de la Fiscalía Especializada en Víctimas de Atención Priorizada (FEVAP) debe supervisar el trabajo de un equipo de 10 fiscales y el curso de unas 17 mil demandas penales, pero en medio de las cientos de miles de páginas de los expedientes que saturan las estanterías y se esparcen por los pisos de sus oficinas, 114 son de feminicidio, representan la menor carga procesal pero una de la más importantes porque son el recordatorio de que la desigualdad entre hombres y mujeres mata

FEVAP en la ciudad de La Paz. Foto: ANF

Cada fiscal debe ejercer la acción penal y dirigir la investigación y actuación policial de todos los delitos tipificados como violencia de género (Ley 348) y de trata y tráfico de personas (Ley 263), de 1.500 a 2.000 expedientes, sobrecarga judicial que limita a lo estrictamente necesario la atención de cada caso, impide cumplir los plazos procesales y asistir a las audiencias, y es también excusa para la retardación de justicia.
Los asesinatos de mujeres en ciudad Juárez, México, dieron origen a la tipificación del feminicidio como toda violencia letal que ocasiona la muerte de una mujer por ser mujer. Marcela Lagarde –mexicana, antropóloga, izquierdista, feminista– decidió transformar la consternación y el dolor en denuncia y exigencia de justicia. Hace una década denunció el genocidio de mujeres y definió el feminicidio como una barbarie asociada a prácticas sociales que permiten atentados violentos contra su integridad, su salud, sus libertades y su vida. En la justificación de la ley que promovió en su país –la primera en Iberoamérica– explicó que estos asesinatos "tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y desechables. Y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres".
Arte: ANF
En Bolivia el feminicidio se tipificó como delito bajo presión ciudadana, en marzo de 2013, tres semanas después del asesinato de la periodista Hanalí Huaycho a manos de su esposo, el policía Jorge Clavijo, denunciado como agresor ante sus superiores en al menos 14 oportunidades. La Policía, brazo operativo en la lucha contra la violencia machista, no lo amonestó nunca; 15 puñaladas aceleraron la aprobación de la ley 348 (Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia).
Aunque ya son 15 los países que en América Latina sancionaron el feminidicio con las penas máximas –en Bolivia 30 años de prisión sin derecho a indulto–aún no lograron dimensionar la magnitud del problema, ni adecuar la institucionalidad para enfrentarlo, ni superar las prácticas que obstaculizan el acceso a la justicia.

Los asesinatos de mujeres en ciudad Juárez, México dieron origen a la tipificación del feminicidio.

Foto: Cimacnoticias
En 2016, la abogada de la Comunidad de Derechos HumanosMónica Bayá, participó en el estudio de la Alianza Libres Sin Violencia que revisó 400 expedientes judiciales para medir el desempeño de los servicios de atención a las mujeres en situación de violencia y concluyó que "muchos servicios no están disponibles". La Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV), el organismo especializado de la Policía “sólo tiene 70 oficinas en 65 de los 339 municipios”. Las gobernaciones no le transfieren recursos para equipamiento y funcionamiento, “en Santa Cruz, durante meses la FELCV atendía en penumbras, hasta que una empresa privada pagó el costo del cableado eléctrico”.
En todo el país, sólo 281 municipios tienen Servicios Legales Integrales Municipales (SLIM), la mayoría comparte responsabilidades con las Defensorías de la Niñez y Adolescencia (DNA). La Fiscalía está en todas las ciudades capitales, pero en contados poblados rurales, en la mayoría no existen fiscales ni tribunales, obligando a los litigantes a un ir y venir incesante, del campo a la ciudad, de la ciudad al campo. Para Bayá, “sin acceso a los servicios, el resultado es la impunidad, la 'normalización' de la violencia”.
En una de sus primeras misiones como fiscal de Coroico, Nor Yungas, Karina Cuba comprobó que “es difícil garantizar debida diligencia a 108 Km de la ciudad donde está la estructura del sistema judicial”. Y más al sur, en el municipio de La Asunta, Jhonny Mallea, responsable del SLIM lamentó que la justicia no llegue porque las oficinas de fiscales, jueces y forenses están a 200 Km de las víctimas: “Tres feminicidios y más de 15 procesos penales por violación sin juicio ni sentencia hace más de dos años”. Teresa Caballero viajó cerca de 9.000 Km desde España a Bolivia para reclamar por el feminicidio de su hija. Aracely Aguilera fue asesinada a golpes por su concubino el 30 de octubre de 2016 en Muyupampa, un municipio de Chuquisaca. Ya perdió la cuenta de las veces que recorrió 353 Km hacia Sucre, la capital de la justicia, para evitar que se burle su demanda.
En la ciudad de Santa Cruz la Casa de Acogida ‘Ana Medina’ está bajo llave. Hace un año, la Ley Municipal 304 autorizó su funcionamiento. “Se llama Ana Medina porque no queremos que se repita un feminicidio más en nuestra ciudad”, dijo entonces Angélica Sosa, presidenta del Concejo Municipal. Levantaron el nombre de Ana Medina en vano. Las autoridades municipales pusieron un candado a su promesa de “atención oportuna, inmediata, eficiente, eficaz y sin discriminación a todas las mujeres que fueran víctimas de violencia de género”. Contando a Ana Medina, la joven afroboliviana de 23 años que murió dos semanas después que su marido le rociara gasolina y le prendiera fuego, el 2016 Santa Cruz enterró a 21 mujeres víctimas de feminicidio. El último reporte de prensa, asegura que en lo que va de este año ya son 24 víctimas. La presidenta del Concejo Municipal no se dio por enterada que en su municipio se sigue matando a las mujeres. Y la Casa de Acogida ‘Ana Medina’ está bajo llave.
Casa de Acogida Ana Medina / Video: ANF
En la avenida Hernando Sanabria, Tercer Anillo de esa ciudad de más de un millón 600 mil habitantes, no hay tiempo para la demagogia. Un equipo de 11 mujeres brinda atención integral a sus pares en situación de violencia. Desde hace más de dos décadas la Casa de la Mujer habilitó un refugio transitorio para quienes “huyen de los golpes y temen por sus vidas”. Es literalmente un refugio, un espacio pequeño, abierto las 24 horas del día y los 365 días del año, con ocho catres con colchón doble, “para improvisar cuando su capacidad es sobrepasada. Una vez albergamos a 4 mujeres con sus 17 hijos”, recordó Paola García, una de las abogadas del equipo jurídico. “La violencia no da tregua, y cualquier signo de agresión debe ser considerado potencial riesgo de feminicidio”. El 2016 la FELCV registró 11.900 denuncias de mujeres que sufrieron diferentes formas de violencia en Santa Cruz.
La legislación por sí sola no garantiza que las instituciones públicas como los municipios, las fuerzas policiales, las fiscalías y los tribunales sean responsables de la seguridad y la justicia para las mujeres, es necesario que los recursos para su protección y los instrumentos para la investigación y enjuiciamiento de los delitos estén disponibles.

La legislación por sí sola no garantiza seguridad y justicia para las mujeres.

Foto: ANF
Ciudad de La Paz, 5:30 a.m, 21 de abril del 2017. Jorge Calisaya Nina, imputado por intento de feminicidio, está prófugo. Tres posibles escondites fueron detectados por efectivos de la FELCV en la Estación Policial Integral (EPI) de San Antonio, un macrodistrito con más de 120 mil habitantes. Karina Cuba, con lentes y pelo recogido, pantalones abrigados, botines sin taco y una chamarra con el distintivo oficial del Ministerio Público dirigió el operativo.
El padre de la víctima guarda silencio. La Ley 348 establece que quienes coadyuvan en la búsqueda de justicia deben abstenerse de realizar comentarios y apreciaciones personales que mellen la dignidad de la víctima, que pongan en duda la palabra de los familiares o que los desalienten a continuar con el proceso.
El operativo siguió su curso. Un sargento cuarentón, un oficial de civil, dos mujeres policías, una fiscal, un padre ansioso y una periodista que solo puede observar. El policía que conducía la patrulla policial advirtió al padre: "Usted de lejitos. Que no lo vean, pueden tomar represalias"La primera casa era una madriguera. Habitaciones irregularmente distribuidas, una por cada familia, seis en total. Diez adultos y ocho niños. Un baño común al frente de la puerta de ingreso. Mucha resistencia y una advertencia: “Se entenderán con nuestro abogado”. La segunda vivienda, totalmente vacía. Ahí fue la golpiza que 18 días antes por poco mata a Shirley Limachi, ahí fue donde su pareja le arrancó el cuero cabelludo, una habitación ahora cerrada con candado, en un terreno que se cuelga del cerro. La casa que la madrastra abrió de par en par fue la tercera vivienda sin rastros del sospechoso.
Don Agustín Limachi, el padre que demanda justicia, un artesano que fabrica soldaditos de plomo en miniatura para la feria de Alasitas, se encogió frustrado en el asiento trasero del auto policial. Contó que un año atrás fue la primera golpiza, pero la jueza Cynthia Delgadillo dejó libre al agresor, según sospecha, en colusión con “El Diablo”, un tristemente célebre abogado de golpeadores y feminicidas. Para entonces, la jueza ya estaba procesada a demanda de varios litigantes por graves faltas disciplinarias. Hoy sigue ejerciendo sus funcionesShirley huyó a Cochabamba, pero volvió a los seis meses. No pasaron muchos días y la violencia se interpuso nuevamente en su camino, esta vez con agravantes. Jorge Calisaya Nina sigue burlando a la policía. La detención de su madre no logró que se entregara. Shirley fue dada de alta. La primera semana de julio su familia denunció que está desaparecida. Muchas veces la acción de la policía es insuficiente, o tardía.
Anuncio de búsqueda de Shirley Milenka
Para la fiscal Cuba este fue un operativo de rutina que le recordó que en todas las etapas del proceso hay obstáculos, que muchos actuados se demoran, que “no todos los investigadores son diligentes, hay quienes se excusan incluso con conminatorias, los más probos y especializados son cambiados de destino, no siempre hay una adecuada valoración del riesgo ni se brinda el auxilio inmediato”.

Caravana de despedida a Andrea Aramayo

Foto: ANF
El sábado 8 de julio la Virgen de los Deseos, la casa del movimiento feminista Mujeres Creando, volvió a abrir sus puertas para una Venta de Garaje. Una vez más convocó al amplio tejido de solidaridad y compromiso que ha logrado consolidar en más de dos décadas de activismo, esta vez, "En busca de Justicia para Andrea". Lleno total para adquirir productos –nuevos, seminuevos o simplemente utilizables– pero sobre todo para ayudar a recaudar fondos para costear el largo proceso penal que la justicia ha instaurado contra William Kushner tras la muerte de Andrea Aramayo.
“Las dos grandes mentiras de la 348 son la gratuidad y la celeridad”, dijo Helen Alvarez, la madre de Andrea Amarayo que desde el 19 de agosto de 2015 no cesó en su búsqueda de justicia y “eso cuesta tiempo y dinero”. Desde gastos menores –llamadas, memoriales, fotocopias, transporte– hasta costos onerosos –abogados, peritos, pruebas periciales– a los que se suman “los descuentos por días no trabajados, porque nadie te paga mientras estás en audiencia, testificando o buscando a los testigos, esperando en los juzgados (…) claro, si tienes la suerte de no estar desempleada”.

Foto: ANF
En no pocos casos, a los costos procesales su suman las cuentas hospitalarias. Benito Peñaranda, ha pasado más de un mes en el hospital con un diagnóstico de pancreatitis aguda (dolor abdominal, náuseas, vómitos y fiebre), es trabajador por cuenta propia y cada día inactivo es un día sin ingresos, un día sin recursos para pagar el transporte del investigador, para imprimir fotografías, para las fotocopias que debe reproducir cada vez que cambian al fiscal o al investigador, para ir y venir de La Paz a El Alto, al menos dos o tres veces por semana "porque si uno no va, todo se detiene". Debe encarar dos procesos simultáneos, uno por feminicidio y otro por trata y tráfico, porque el día que mataron a su hija Evelyn, el 6 de octubre de 2015, se llevaron también a su nieta, la pequeña Keyla, y no pierde la esperanza de encontrarla viva. “Nada es gratis” dijo y se lamentó porque cada vez aporta menos para el sostenimiento de la familia y porque “la justicia no es para los pobres”.
"La justicia no es para los pobres"
Es imposible costear un juicio, salvo que haya una chequera millonaria, sin una red de ayuda solidaria que empieza en la familia, se extiende a los amigos, vecinos, conocidos. Porque adicionalmente, “existen también otros cobros irregulares, que pueden calificarse como corrupción, que condicionan la realización de determinados actos procesales” dijo Mónica Bayá, la abogada que revisó 400 expedientes, “es un secreto a voces” que permanece muy bien guardado porque “las víctimas tienen temor a las represalias y a que la denuncia de la extorsión perjudique su proceso”. La fiscal Karina Cuba también admitió que “la corrupción existe, pero no deja huella, si lo hiciera la mayoría de los servidores públicos ya no estarían en sus puestos”.

Audiencia conclusiva del juicio por el feminicio de Maria Isabel Pillco

Foto: ANF
Reynaldo Ramírez fue condenado a 30 años de cárcel por un feminicidio que no cometió. La noticia conocida el 2 de julio puso en el ojo de la tormenta a jueces, fiscales y policías. Se aceleraron los trámites para liberarlo y el Ministerio de Justicia le aseguró un puesto de trabajo para compensarlo. El 11 de julio, la historia de esta injusticia se filtró en la audiencia conclusiva del juicio por el feminicidio de María Isabel PillcoY el acusado fue declarado inocente. Los siguientes días, los operadores de justicia fueron puestos bajo sospecha. Y sobre llovido mojado, un frustrado atraco que dejó un saldo de cinco muertos, develó consorcios y contubernios entre jueces, fiscales, abogados y pistoleros.
El nombre de Iván Perales, uno de los jueces que dictó la sentencia absolutoria de David Viscarra, apareció en medio de esas oscuras componendas. No es la primera vez que se duda de la justicia, pero estas historias cruzadas de ilegalidad y colusión han acentuado la desconfianza en todo el sistema y en todos los procesos, pero particularmente en la forma como se juzgan los crímenes contra las mujeres.
Fiscal Karina Cuba. Foto: ANF
Hay muy pocos expedientes de feminicidio sin tacha y muchas voces aseguran que el sistema judicial no ha asumido los retos que le ha impuesto el nuevo ordenamiento jurídico para la lucha contra la violencia de género. En el juicio bajo acusación de feminicidio de María Isabel Pillco los jueces José Luis Quiroga e Iván Perales amenazaron con detener a la madre de la víctima por supuesta obstrucción del proceso porque sus abogados no se presentaron a una audiencia, instruyeron reprimir –"con gases lacrimógenos si es necesario"– a activistas que se sumaron al reclamo de justicia, declararon no habido al testigo clave y nunca decretaron la conminatoria para que se presente, impusieron un abogado de oficio a la acusación aunque éste les advirtió que desconocía el caso; revictimizaron a los padres de la víctima y permitieron la revictimización de la víctima, suspendieron sin previo aviso la última inspección técnica ocular y la convirtieron en audiencia conclusiva; consintieron la ausencia de los abogadosde la acusación en los alegatos finales.
Familiares y activistas exigen justicia para Fabiola Cáceres. Foto: ANF
En la fase de investigación por la muerte de Fabiola Cáceres, ocurrido el 31 de julio de 2016, la abogada de la acusación cuestionó la actuación de la fiscal Karina Cuba y del forense Edgar Gisbert, y obligó a la fiscalía a revocar el sobreseimiento y ratificar la acusación contra uno de los imputados. La jueza Cynthia Delgadillo fue imputada a denuncia de Juana Quispe Poma por favorecer con la libertad provisional pura y simple al feminicida de su hija Lourdes Tarquino asesinada el 2 de agosto de 2014. La justicia aún no actúa contra la madre del acusado por el feminicidio de Aracely Aguilera, la funcionaria de la Gobernación de Chuquisaca que involucró en vida a la difunta en un negocio de Bs239.568, su madre, Doña Teresa Caballero, denunció: "A mi hija la mató su concubino y su suegra la usó como palo blanco" y, a nueve meses de la tragedia, sigue reclamando que le entreguen a sus nietas pero la Defensoría de la Niñez no hace cumplir el Artículo 36 de la Ley 348 que confiere la custodia de los huérfanos a los parientes por línea materna.
En marzo de 2016 el expolicía Franklin Tola Mamani fue sentenciado por el feminicidio de Noelia Muriel Escobar en Cochabamba. Se defendió en libertad pues luego de su imputación sólo permaneció dos semanas en la cárcel, un juez lo favoreció con medidas sustitutivas. Fugó el día de la lectura de su sentencia. El 23 de marzo de 2016 la justicia instruyó a la Interpol su captura internacionalTodo hace ver que su excamaradas no tienen la intención de encontrarlo, en laweb de la Interpol no figura ni entre los prófugos ni entre los más buscados.
El sistema penal “es un juego de estrategias, no la búsqueda de la verdad y la justicia” afirmó Helen Alvarez que reportó 48 audiencias, de una hora a hora y media, una vez por semana, durante el primer año del juicio Kushner-Aramayo. Y añadió que en ese juego de estrategias “se dan cosas que ya son delincuenciales, como comprar testigos, alterar las pesquisas de los investigadores, activar las influencias y los contactos, ganar prestigio para cotizarse en el mercado de la injusticia, donde víctimas y acusados no somos más que clientes de un sistema corrompido”, por eso, desde hace un año, reclamó junto a Mujeres Creando la auditoria jurídica de todos los feminicidios. Y desde la Comunidad de Derechos Humanos, Mónica Bayá coincidió en que no hay justicia confiable con “irregularidades en las investigaciones, demora y lentitud en las pericias, inactividad en los expedientes, negligencia en la recolección de pruebas, extravío de información y desaliento de los testigos”.

Exposición CIDEM sobre violencia hacia las mujeres. Foto: ANF
Las mujeres asesinadas en Bolivia tenían distintas edades, eran mujeres adolescentes, jóvenes, y mayores; de todas las clases sociales y estratos socioeconómicos, aunque la mayoría eran pobres, algunas mujeres tenían buenos ingresos; algunas eran analfabetas, otras eran modelos, estudiantes, técnicas, universitarias, posgraduadas y con excelencia académica; eran cónyuges, ex esposas, concubinas, novias, ex novias; eran hijas, hijastras, madres, hermanas, nueras, primas, suegras, vecinas, empleadas, jefas, estudiantes, desempleadas, campesinas, obreras; a la mayoría las asesinaron en sus casas; todas fueron maltratadas, atemorizadas y vivieron con miedo y humilladas; a unas las mataron a golpes, a otras estranguladas, decapitadas, acuchilladas, baleadas; algunas fueron mutiladas, atadas, descuartizadas, quemadas; todas estaban desprotegidas y aterradastodas fueron agredidas y violentadas hasta la muerteLa mayoría de sus crímenes están impunes.
Exposición CIDEM sobre violencia hacia las mujeres. Foto: ANF
Con el feminicidio el cuerpo femenino se convierte en un número de expediente, un nombre sin historia, sin valía, sin derechos ni justicia, un subregistro en las estadísticas oficiales. "Los hechos de violencia son reservados" respondió por escrito la oficina de prensa de la Fiscalía General del Estado y se negó a proporcionar información desagregada por edad, hijos, estado civil, ocupación, procedencia, etcétera. Pero ya es un dato oficial que cada tres días el feminicidio cobra la vida de una mujer en Bolivia. Y es también oficial que los crímenes de odio contra las mujeres aumentan año tras año, de 2013 a junio de 2017la violencia machista mató a 350 mujeres (26, 77, 93, 104, 49) … Por eso tan cierto el reclamo de Elena Apilanez, la activista de Ni Una Menos Bolivia: ¡Paren esta barbarie patriarcal!
"¡Paren esta barbarie!"

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