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viernes, 18 de mayo de 2018

Madrid se tiñe de negro contra la LGTBIfobia: “No son suicidios, son asesinatos”


Por Sara Montero.


Durante el último año se han registrado más de 300 agresiones LGTBIfóbicas en la Comunidad de Madrid, mientras el Gobierno autonómico sigue sin desarrollar por completo la ley trans, aprobada hace casi dos años.

Ni lentejuelas, ni tacones, ni siquiera colores. Este jueves, una marea negra ha recorrido Madrid, desde la plaza de la Villa a la de Pedro Zerolo, para protestar contra la LGTBIfobia. Por los suicidios de adolescentes, por las agresiones, por el miedo. Cientos de personas han salido a decir que están hartas bajo el lema “Contra sus violencias, rabia y disidencia”.


Las asociaciones convocantes habían pedido a los asistentes que vistieran de oscuro, camuflándose con la noche que acechaba al cielo al comienzo de la manifestación. En el día contra la LGTBIfobiahabía poco que celebrar. “Existen cuestiones que nos atraviesan. Hay personas que se suicidan por la presión social y no se está haciendo nada para eliminar el odio que lo provoca”, explica Daniel, miembro de la asociación Erre Que Te Erre. Durante el último año se han registrado más de 300 agresiones LGTBIfóbicas en la Comunidad de Madrid, mientras el Gobierno autonómico sigue sin desarrollar por completo la ley trans, aprobada hace casi dos años. Por ello, Daniel habla también de “transfobia institucional”, que se trasmite desde la política a “los registros civiles y la sanidad pública”.
Los manifestantes han exigido más visibilidad, pero libre de estereotipos y miradas plumofóbicas  “Queremos más rectores que sean maricones” y “más decanas, que sean lesbianas”, coreaban sobre esos espacios aún sin conquistar. Este es, sin duda, el año trans, un objetivo que se ha respirado en eslóganes que se han gritado durante la caminata: “¿Donde están las trans en el mundo laboral?”, se preguntaba esta “resistencia”.
Como ejemplo de la impunidad con la que la LGTBIfobia sigue campando a sus anchas, resaltan la última campaña de Hazte Oír, cuyas ideas el colectivo aún se esfuerza en combatir. “Mujeres con vulva, mujeres con vagina, hay muchas más mujeres de las que te imaginas”. La Conferencia Episcopal tampoco se ha librado de las críticas.
El enemigo a combatir: el miedo
Si hay algo que explique esta manifestación es ese recelo que se cuela en la rutina de estas personas y que les hace mucho más difícil el día a día. El temor, una sensación que Mauricio, un manifestante, describe a la perfección: “Yo vivo fuera de Madrid y siento miedo al volver a casa o al ir de la mano con un chico. Cuando viene alguien detrás, miras con desconfianza”, argumenta. Ellos tampoco se sienten seguros, a pesar de reconocer que sus compañeras lesbianas o transexuales se enfrentan a situaciones similares o peores.
Nada ha parado a esta marea negra. Ni siquiera las gotas que la ha interrumpido a la altura de Sol. “No está lloviendo, Madrid se está corriendo”, bromeaban, despertando alguna sonrisa entre los vecinos y turistas que miraban con curiosidad. Este riachuelo de indignación ha hecho otra parada al pasar por la comisaría de la calle Montera, al grito de “Dame con la porra hasta que me corra”.
Críticas al Orgullo capitalista
También ha habido una crítica fuerte a la mercantilización del Orgullo Gay. “Es una fiesta para reivindicar, no para que ganen dinero determinados negocios y discotecas”, explica Daniel. Es un sentimiento compartido a juzgar por algunas arengas: “Se defiende, el orgullo no se vende”.
Finalmente, la manifestación ha acabado en la plaza Pedro Zerolo, donde se ha producido uno de los momentos más emotivos. Se ha guardado un minuto de silencio por Thalía, la adolescente trans que se suicidó hace unos días en Móstoles. Las luces de los móviles han roto la oscuridad de toda la marcha. Minutos antes se había leído un manifiesto, en el que se recordaba “a esas compañeras que no resistieron” y también a esas personas ” a las que miedo a exponerse les impide salir hoy”. También han criticado la instrumentación que ha hecho el Estado de Israel de su causa, que ha usado para hacer un “lavado de cara” a la violencia que ejerce contra el pueblo palestino.
Durante el discurso, han puesto sobre la mesa las reivindicaciones pendientes: “Nuestros suicidios son sus asesinatos. Nuestra existencia pone el peligro del cisheteropatriarcado”. Este año, no quieren una fiesta rosa y plagada de purpurina, sino un “Orgullo disidente y combativo”.


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