Una escalofríante práctica han denunciado las jóvenes lesbianas en Perú y organizaciones en defensa de los derechos de la comunidad LGBT. Además, aseguran, estos ataques son invisibilizados por el Estado y permanecen impunes.
“Quería ‘curarme’ a la fuerza. Lo entendí así pues me decía que no estaba bien ‘ser como eres’ y que ‘una mujer que llora por otra, no es correcto’. Nunca más quise saber de él. Tenía miedo, mucho miedo”, resume una de las víctimas, violada por un vecino y amigo de la familia. La joven aseguró que el hecho ocurrió “mientras estaba llorando en mi cama, sola, la puerta estaba sin seguro, así que entró. Se acercó a mi cama y me preguntó si estaba bien. Le contesté que sí, que vaya a la sala, que me alistaba en un momento. El resto es historia”. Su experiencia terminó, además, en un embarazo.
Además, hay otros problemas: este tipo de abusos no suelen ser denunciados, con un porcentaje de 5% de denuncias en total, sin conocer el total de castigos correctivos. “En radio Yaraví, dos conductores de un programa narraron cómo una persona conocida había contratado a un hombre para violar a su hija lesbiana. Ella tuvo un hijo y, según ellos, logró curarse. Entre burlas y risas, comentaron sobre este delito que ha quedado impune”, relató una joven lesbiana de Arequipa en otro de los testimonios recogidos en el Informe sobre Derechos Humanos de Personas Trans, Lesbianas, Gays y Bisexuales en el Perú 2014 – 2015.
Para los colectivos en defensa de los derechos de la comunidad LGTBI, las mujeres lesbianas viven expuestas en Perú a repetidas amenazas y violencia. En tanto, el Estado peruano no contempla una ley que proteja su integridad, mientras que en 2013, el Congreso rechazó la idea de tipificar los crímenes de odio en contra de homosexuales. Por ahora, activistas y organizaciones internacionales en defensa de los DD.HH reiteran su preocupación por la impunidad ante los ataques homofóbicos y la propia indiferencia del Estado.
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