jueves, 31 de diciembre de 2015

Yo decido mi identidad. Transexualidad en menores

Por Angel López López

Hay que romper barreras cimentadas sobre el rechazo a la diversidad en igualdad, mantener viva la memoria de personas como Alan, que nunca se pierdan en el olvido, y que estos desgraciados hechos nos catapulten hacia la consecución de un altavoz social y hacia la unidad entre personas que nos reconocemos iguales.
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En recuerdo de Alan
Hace pocos días hemos conocido la noticia del suicidio de Alan, un joven transexual de tan solo 17 años de edad y que vivía en Barcelona. Alan se quitó la vida al no poder soportar el acoso escolar y la presión social a la que era sometido, tras haber decidido tomar la identidad sexual con la que se sentía plenamente a gusto.
Numerosas concentraciones y manifestaciones de repulsa se han sucedido estos días en diversas ciudades del Estado español, e incluso la noticia de este caso particular ha tenido repercusiones internacionales.
Alan decidió poner fin a su vida, pero muchas personas sabemos que la transfobia es la verdadera asesina en estos casos. Esta transfobia tiene rostro de personas, de aquellas que deciden llevar una actitud intolerante y acosadora, y a quienes debemos parar los pies en nuestro día a día, siempre que detectemos el más mínimo indicio de esta realidad. Conscientes de esta situación, reconocemos que por delante tenemos una importante labor de pedagogía social y cultural, debemos acercar el discurso transfeminista y queer a las personas que nos rodean.
Hay que romper barreras cimentadas sobre el rechazo a la diversidad en igualdad, mantener viva la memoria de personas como Alan, que nunca se pierdan en el olvido, y que estos desgraciados hechos nos catapulten hacia la consecución de un altavoz social y hacia la unidad entre personas que nos reconocemos iguales.
Organizarse para luchar contra el estigma social.
En el último tiempo viene siendo cada vez más conocido el arduo trabajo que llevan a cabo colectivos transgénero como la Fundación Daniela, que acoge en su seno a distintos adolescentes y jóvenes transexuales, mostrando sus casos particulares como ejemplo social y lección de vida. Esta fundación ha realizado en alguna ocasión jornadas afectivo-sexuales, a una de las cuales personalmente acudí y comprobé la labor organizada que realizan estos jóvenes junto a profesionales de la psicología.
También destaca Chrysallis, asociación de familias de menores transexuales, es decir, un colectivo de madres y de padres de menores transexuales que han decidido unirse para romper estigmas sociales. Aportan información y recursos educativos como videos, cuentos y folletos, además de un contacto cercano a cualquier persona interesada en formarse.
Una sencilla y muy útil herramienta en este sentido es el documental grabado hace escasamente dos años: “El sexo sentido”, ayuda perfectamente a abrir los puntos de vista, a darse cuenta que es más común de lo que pensamos que un niño o niña con escasa edad, quizá cinco o seis años, sea plenamente consciente sobre la formación de su identidad. Nos pueden aportar pistas para actuar convenientemente, reunirnos con otras personas que puedan aconsejarnos y dotarnos de información sobre un tema tabú en nuestra sociedad… la transexualidad en menores.
La educación que tenemos por delante en este camino.
La transexualidad siempre se vincula a la salud mental, y no caemos en la cuenta de que la verdadera enfermedad social es la intolerancia. Sin embargo, para estudiar un caso de deseo voluntario de cambio de sexo, se deriva siempre al análisis de trastornos mentales como primer paso, y de manera secundaria se envía a la persona al endocrino.
La formación de la conciencia de sexo se puede ver enfrentada a los roles o estereotipos de género como construcción social, esto nos lleva a preguntarnos ¿cómo es un cuerpo prototipo? ¿Acaso la creación de estéticas diferenciadas no es la primera violencia a la que se ven sometidas las niñas y niños? No debemos caer en el error de pensar que la transexualidad es un capricho o una elección inmadura, cada persona en su proceso de formación y evolución decide qué hacer con su identidad.
En los casos de indicios de transexualidad en la infancia es imprescindible la comprensión familiar. Es necesario difundir la información existente y profundizar, pues en muchos casos algunos padres y madres no formadas lo suficiente llegan a confundir transexualidad con homosexualidad, es decir, se mezclan identidades con atracciones sexuales.
En los casos de niños y niñas transexuales, se pueden producir tensiones cuando llegan los cambios de la pubertad, actualmente la inhibición de la pubertad queda cubierta por la seguridad social. Sin embargo, no es hasta los 16 años la edad legal permitida para comenzar a hormonarse, y a los 18 años es la edad legal para la operación conocida como cambio de sexo, tratándose en realidad de un “tránsito social”,comenzando a vivir de acuerdo a su sexo sentido. Además, no existe una correspondencia clara entre la identidad sexual y la documentación oficial, el cambio de nombre sigue siendo un escollo en menores a día de hoy. Todos estos procesos y obstáculos en la pubertad de un adolescente o una adolescente transexual suponen un desgaste psicológico muy grande, tanto para ellas como para sus familias. Y a esto hay que añadirle la incomprensión social, el ensañamiento y las actitudes intolerantes en muchas situaciones de la cotidianeidad de estas personas.
A modo de breve conclusión, me gustaría indicar algunas de las estrategias pedagógicas que debemos enfrentar cuanto antes. La educación de los niños y niñas en un futuro por nosotras debería incluir las siguientes claves:

  • Eliminación de estereotipos y constructos sociales.
  • Romper el binarismo hombre-mujer.
  • Creación de espacios mixtos de libre ejercicio de la igualdad.
  • Total libertad, experimentación y no juzgar, sino acompañar en el aprendizaje.

Silencio cómplice





El periodista de La Nación Antonio de Turris asesinó a su esposa de 62 puñaladas en la madrugada de la Nochebuena. Los medios en general hacen poco eco de la noticia y justifican al femicida por su condición de enfermo terminal. Los nuevos artilugios para hablar del “exceso de pasión” y la necesidad de reafirmar el compromiso de Ni Una Menos de cara al 2016.

Madrugada del 24 de diciembre. Un hombre de 67 años asesina de 62 puñaladas a su pareja, una mujer de 62 años en la casa que comparten. Se llama femicidio y, en el año de Ni Una Menos, es una noticia de impacto. En días festivos, cuando productores y redactores rascan el fondo de la olla en busca de noticias, lo previsible era que corrieran los móviles en vivo a apostarse en la puerta de la casa de Baliña al 1100, en Banfield, para llenar horas y horas de televisión. Pero claro, el femicida es un periodista de La Nación –aunque todos los medios hayan hablado de ex periodista– y la víctima, entonces, después de muerta, vuelve a desaparecer: apenas una noticia perdida en la vorágine de otras, la invisibilidad se convierte en otra forma de violencia. El espiral se hace aún más bochornoso por la justificación: el asesino estaba “deprimido” porque tenía un tumor cerebral descubierto hace pocos meses.El nombre propio tiene acá mucho, muchísimo que ver: Antonio de Turris es presentado como “ex” periodista de La Nación, pero hasta el 7 de septiembre pasado firmaba notas en el diario fundado por Bartolomé Mitre. Mientras tanto, seguía siendo docente del máster de periodismo que el mismo diario tiene junto a la Universidad Torcuato Di Tella. Y hasta pocos meses antes del femicidio condujo el programa Dominó, en la televisión por cable, junto al periodista de Clarín Ismael Bermúdez. Es decir que si alguien es un femicida, violento, capaz de asestar 8 puñaladas en el pecho y en la espalda a su mujer, pero es también un periodista con trayectoria, que llegó a ser secretario de Redacción del diario más tradicional del país, su crimen será suavizado, puesto en suspenso, bajo la excusa de una enfermedad terminal que habría causado una depresión en el victimario. “Pobre Antoñito, se habrá vuelto loco”, llegó a decir Mauro Viale en su programa de América.
Porque aunque hoy sea ya políticamente incorrecto hablar de crimen pasional, se usan otros artilugios: “Tenían una relación muy mala desde que le habían diagnosticado la enfermedad”, consigna una de las pocas notas sobre el tema. Se llama violencia machista. No puede llamarse de otro modo si termina con una mujer muerta en manos de su marido. Desfigurada, relató alguien que pudo ver las fotos.
Al “prestigioso periodista” no le va a ser fácil escudarse en la emoción violenta. Apenas empezó a escuchar los gritos, la hija del hombre, una mujer de 30 años con retraso madurativo, corrió a la casa de enfrente a buscar a su tía, la cuñada del femicida. La vecina le gritó a Claudia: “Corré, corré” para que escapara. Ella lo intentó, pero se resbaló. Allí aprovechó él para asestar las puñaladas, y de paso, mientras la mataba, lastimar el rostro de una mujer que hacía de la imagen su herramienta de trabajo.
Ella tenía un nombre, una profesión. Asesora de imagen, con su propia consultora, era también periodista, colaboradora asidua de los medios de comunicación, como columnista y como entrevistada. Claudia Servino escribía en la revista Susana, en publicaciones de editorial Perfil y en Oh la la. Justamente, fue en La Nación donde conoció a su verdugo. Durante años convivieron. Las personas allegadas a Claudia sabían que las cosas estaban mal en los últimos tiempos. “Ella estaba preocupada, lo cuidaba, lo protegía”, cuenta una allegada sobre la relación de Claudia con su asesino tras el diagnóstico de su tumor cerebral, que en principio se pensó que era un ACV. Nunca supo de un episodio de violencia, ni la Fiscalía tiene consignadas denuncias anteriores. Pero sí que Claudia había llegado a pedirle a una familiar si podía ir a vivir a su casa por un tiempo. “Nadie pensó que hubiera un peligro tan inminente”, dijo Ignacio Molina, el hijo de una de las amigas más cercanas de Claudia. Que la violencia machista está impregnada en cada una de las acciones cotidianas es algo que por mucho que se diga, habrá que seguir machacando para desmontar costumbres como la justificación. Porque aparece de la manera más impensada: “¿Qué le habrá pasado (al asesino)?” Es una pregunta que muchos se habilitan ante el horror de un cuerpo destrozado a puñaladas.
También es sabido que los medios son una caja de resonancia de esa violencia, en la reproducción de estereotipos y algo más: la amenaza, la disciplina, el ejemplo, formas de una violencia expresiva que llama al orden a las díscolas cuando se atreven a cuestionar el orden establecido, la propiedad privada sobre sus cuerpos.
Claudia Servino no ocupó los centímetros de diarios ni los minutos de televisión que sí se dedicaron a la adolescente Angeles Rawson o a Claudia Schaefer, asesinada por su marido en el country de Martindale. En algún punto, tanto el exceso como el defecto pueden ser funcionales a borrar aquello estructurante que tiene el patriarcado. Cuando sobran las imágenes, las palabras, las especulaciones, se habilita la vía del morbo, que es también una especie de llamado a la acción para el machismo imperante. Porque siempre la pregunta que queda flotando en los medios –en la mayoría de ellos– es qué habrá hecho ella para que él reaccione así.
En Claudia, en cambio, lo que hace más ominoso este crimen es el silencio, apenas roto por alguna noticia al pasar, por unos pocos centímetros en los principales diarios del sábado, como si el objetivo fuera que la cuestión se olvide rápido. Que todo vuelva a la normalidad de las buenas conciencias. Eso les pesa a quienes quisieron a Claudia, a quienes saben que ya no volverá, pero no se resignan a ver victimizado a su asesino. “Queremos que haya justicia. Si es cierto que es tan terminal el estado de salud del asesino, que sea condenado antes de morir”, pidió Molina.
La fiscal que tiene a su cargo el caso, Fabiola Juanatey, lo caratuló como “homicidio agravado por el vínculo”, según el inciso 1 del artículo 80 de Código Penal, que impone prisión perpetua. Ante lo irreparable, el hermano de Claudia viajó desde Río Cuarto (Córdoba), donde vive, para presentarse como querellante en la causa.
Conocido el final de esta historia, parecen aún más llamativas las notas firmadas por el asesino en el diario La Nación, donde se erguía en guardián de las instituciones de la patria. No llamarían la atención por su originalidad, pero sí porque a la luz de lo ocurrido, esas instituciones, esas leyes en las que se amparaba para pedir alternancia, no le importaban tanto como parecía. “La Argentina está como está no precisamente porque su clase política haya derrochado capacidad de gestión, vocación de servicio y honestidad. ¿Por qué no probar con una alternancia mayor, que, al fin y al cabo, es la esencia de la democracia? En el país hay democracia, pero no hay república”, dice en el artículo firmado el 7 de septiembre, en vísperas del primer debate de los candidatos a presidente. Como las feministas decimos desde los años 60, lo personal es político. Es la paradoja que mana de semejante manifiesto en la pluma de una persona capaz de ensañarse con su pareja hasta matarla de 62 puñaladas.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10280-2016-01-01.html

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Sufragistas



Público.es


La película del mismo título que acaba de estrenarse en los cines españoles nos cuenta en imágenes, por bendita primera vez, la epopeya de las sufragistas inglesas que en reclamación de su derecho al voto lucharon durante 70 años para lograr convencer a los diferentes legisladores de su Majestad británica de que también eran seres humanos.Lo hicieron en las peores condiciones que puede hacerlo una clase en lucha, es decir no solo se enfrentaron a los patronos, a los gobiernos y a las fuerzas de represión que cargaron con toda crueldad contra las rebeldes, sino, más penosamente, contra sus propios maridos, padres, hermanos, amigos y colegas. No solo la policía las hirió con porrazos y disparos en las manifestaciones callejeras, en los intentos de huelga y en el enfrentamiento con los empresarios, sino que fueron víctimas sistemáticamente de los abusos sexuales y violaciones de los patronos y de sus “compañeros” de trabajo, y de la tiranía de sus maridos, que la ley permitía.
No solo sufrieron físicamente los golpes y las heridas y la alimentación forzada mediante sistemas medievales que les insertaban a la fuerza gomas en la nariz y en la boca por las que mediante un embudo les introducían alimentos líquidos, sino también fueron maltratadas psicológicamente mediante las humillaciones, los insultos y el menosprecio de sus familiares y de los otros obreros. No solo fueron heridas en su cuerpo sino también en su alma, en su dignidad, lo que no ha sufrido nunca el Movimiento Obrero, que a pesar de sus derrotas ha sido siempre respetado, hasta por sus enemigos. Durante 78 años los periódicos del muy poderoso Imperio británico no las mencionaron por otro nombre que el de “las locas”.
La película relata la decisión tomada por un pequeño grupo de obreras –y eso que siempre se ha intentado desprestigiar al Movimiento Feminista de aquella época acusándolo de elitista y formado por señoras burguesas- de lanzarse a realizar algunas acciones violentas, ante la imposibilidad de lograr por medios pacíficos que la Cámara de los Comunes aprobara una nueva Ley electoral que permitiera el sufragio a las mujeres. En el momento de la película las inglesas llevaban cincuenta años desarrollando una campaña legal, mediante manifestaciones, asambleas, reuniones, escritos, artículos de prensa, conferencias, debates en el Parlamento, sin que obtuvieran ningún avance en sus pretensiones.
Ni los testimonios que algunas obreras deponen en una Comisión del Parlamento sobre la explotación y el maltrato que sufren –comienzan a trabajar en la lavandería a los siete años– conmueve el pétreo corazón de los señores diputados ni del Presidente del Gobierno. Es esta nueva negativa y el fracaso que conlleva la que las induce a quemar buzones de correos y la casa de veraneo del Presidente.
Son tantas las vejaciones, la descarnada explotación que sufren, las enormes diferencias de salario con los obreros, los partos sobrellevados en la propia lavandería –la protagonista nace de tal guisa, y los bebés se escondían en el suelo entre las máquinas–, las enfermedades que padecen y la escasa expectativa de vida que tenían las lavanderas, que aquella breve explosión de violencia es minúscula en comparación con la que el poder ejerce impunemente contra ellas. Y Emily Davidson llega al propio sacrificio cuando se tira sobre uno de los caballos del Derby real en plena carrera, esgrimiendo la pancarta de “Votes for Women”, muriendo en el acto.
Gracias repetidas debemos darle a la directora y a todo el equipo que ha llevado al cine esta pequeña parte de la heroica epopeya que vivieron las sufragistas inglesas, ya que ningún otro director ni productor se ha sentido nunca emocionado por la gesta de las mujeres, tantos como invierten fortunas en relatarnos estupideces machistas y batallas masculinas que son las únicas que merecen su reconocimiento.
Así mismo las mujeres estadounidenses lucharon para conseguir el sufragio desde 1848, como se reclama en el Manifiesto de Séneca Falls de ese año, hasta 1920 en que finalmente se les “concede”. Setenta y dos años de reclamaciones, manifiestos, marchas imponentes, presentación de enmiendas en el Congreso, artículos, mítines, conferencias. Como las inglesas, tres cuartos de siglo en los que muchas fueron barridas por la caducidad de la vida, encarceladas, apartadas de la familia y de su inserción social, abandonadas por el marido o expulsadas del domicilio conyugal, a las que se les quitó la potestad sobre sus hijos, los padres las repudiaron y el patrono las despidió de su trabajo. Se vieron en la miseria, durmiendo en la calle, recogidas en alguna iglesia por curas más compasivos que los políticos, y viviendo de la ayuda que les prestaban las asociaciones que luchaban por obtener el estatus de ciudadanas.
Debemos a estas mujeres, y a nuestras precursoras españolas, que no por ser menos y menos arriesgadas, dejaron de sufrir marginación y exclusión social, insultos y desprecios por su defensa del feminismo, todo nuestro homenaje, nuestro agradecimiento, la imprescindible necesidad de que se investigue y se relate con veracidad la epopeya de nuestras antepasadas, que lograron cambiar la situación de servidumbre que padecían las mujeres de sus países, y cuyas ventajas hoy disfrutamos sus nietas y sus bisnietas. Lamentablemente la película olvida en sus letreros finales a España donde en 1931 la III República aprobó el derecho a votar y ser votadas para las mujeres.
Pero sobre todo les debemos proseguir la tarea iniciada por ellas, en muy peores condiciones que las que sufrimos nosotras. Porque cierto es que hoy podemos votar –si el marido nos lo permite, y solo lo que este dice, como vi que sucedía en las primarias de Sevilla y en las elecciones en Madrid-, que existen leyes laborales y derechos civiles que explicitan la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, pero no se quien puede estar tan engañado que piense que no se producen explotaciones, abusos y desprecios contra las mujeres por serlo y contra las obreras por su condición. Sin tener en cuenta –que es mucho no tenerla- la montaña de asesinadas que se ha formado en estos últimos años, y de apaleadas, violadas y abusadas.
En otro artículo, El mapa de la explotación femenina daba unos retazos de la situación laboral de las olivareras de Andalucía, de las plataneras de Canarias, de las camareras de hotel en toda España, de las limpiadoras industriales y domésticas, de las obreras en las fábricas textiles, en las industrias conserveras, en las del tabaco, en las de explosivos, pero a ellas hay que agregar decenas de otros sectores productivos que padecen iguales sufrimientos e injusticias.
Porque ya es hora de visibilizar las explotaciones de las amas de casa, y para ello nada mejor que comenzar con la sentencia recientemente dictada por el Tribunal Supremo contra la empresa Uralita por la contaminación de asbesto sufrida por las esposas de los obreros, al lavarles la ropa de trabajo.
He aquí una escandalosa –si este país fuese capaz de escandalizarse por algo– prueba de la explotación que padece la mujer que sólo realiza el trabajo de su casa.
Esposas y madres que invierten de 50 a 90 horas semanales en las tareas de fregado, lavado, compra, cocinado, limpieza, alimentación y cuidado de hijos y mayores, sin disponer ni de salario ni de días de descanso ni de vacaciones ni de seguridad social ni indemnizaciones por accidentes o enfermedad común ni jubilación. Solamente la esclavitud tenía las mismas condiciones de trabajo. Y además comparten, como las esposas de los trabajadores de Uralita, muchos de los riesgos laborales de sus maridos, sin que hasta esta histórica sentencia se les haya reconocido, ni en la legislación ni en las declaraciones políticas ni en las tareas sindicales.
Obreras, campesinas, empleadas de servicios, mineras, secretarias, esposas y madres, la mayoría de las mujeres en España siguen padeciendo similares explotaciones a las que denuncia la película Sufragistas.
Y nosotras, sus nietas y bisnietas, ¿estamos a la altura de aquellas heroicas pioneras? Nosotras, las dirigentes de grupos feministas, las políticas de diversos partidos, las profesoras universitarias, las técnicas de igualdad (ahora hasta les pagan), las asistentes sociales, las participantes en tertulias, las escritoras y las politólogas, ¿nos ocupamos realmente de las miserias que padecen nuestras hermanas? La opresión social, el acoso sexual, las diferencias salariales, ¿son motivo principal de nuestras denuncias, escritos, tertulias, asambleas, conferencias y cursos? En las Universidades, ¿no se dan más cursos acerca del amor cortés y el simbólico de la madre que sobre la explotación laboral femenina? ¿No están más interesadas las más mediáticas de las feministas en legalizar la prostitución y divagar sobre la teoría queer?
Y en cuanto a las estrategias actuales para remover las conciencias de los políticos y lograr que aprueben las imprescindibles leyes contra el terrorismo machista, sobre la igualdad salarial y la protección en el trabajo, ¿qué pensamos hacer desde el Movimiento Feminista, aparte de reunirnos las siempre convencidas y cabildear con los partidos, algunas con el único propósito de conseguir un hueco en los sabrosos despachos del Parlamento, del Senado y de los Ayuntamientos?
¿Cuántas serían hoy las decididas a quemar los buzones de correos y la residencia de veraneo de Mariano Rajoy en protesta y denuncia de las injusticias y explotaciones que están sufriendo las trabajadoras?
Y que las feministas no arguyan que hoy las mujeres no viven como hace dos siglos, porque muchas, varios millones, lo siguen haciendo, y quienes se escandalicen con mis declaraciones son las señoritas que comen cada día, disfrutan de piso, coche, vacaciones y empleo remunerado, e investigan y escriben estúpidas tesis doctorales sobre el pornoterrorismo –que les publican los señores, encantados con esta deriva del feminismo.
Porque aquellas, las que no saben si comerán cada día, apaleadas primero por el padre y más tarde por el marido, las despedidas del empleo y desahuciadas de su casa, después de ser abusadas sexualmente por el empleador, que arrastran consigo varios hijos mocosos y descalzos, de refugio en refugio, no han notado mucha diferencia de su situación con la de sus abuelas. Y aún más triste, quizá las de hoy estén viviendo peor que sus madres.
Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2015/12/30/sufragistas/

martes, 29 de diciembre de 2015

Recordando a Fatima Mernissi



Jadaliyya.com

Traducido del inglés por Sinfo Fernández.

Fatima Mernissi, escritora, profesora, socióloga y figura central del feminismo árabe, falleció el lunes 30 de noviembre en Rabat a la edad de setenta y cinco años. Mernissi era profesora en la Universidad Mohammed V de Rabat e investigadora en el Instituto Universitario de Investigaciones Científicas de la misma ciudad. Fatima Mernissi seguirá siendo fuente de inspiración para muchos de nosotros cuyas vidas marcó con su cálida presencia, amplia generosidad e hilarante sentido del humor. Mernissi vivía en su apartamento de Rabat rodeada de generaciones de académicos, activistas, músicos y visitantes de todo el planeta. Les inspiraba y a su vez encontraba aliento en sus luchas, en sus voces, vidas y creatividad.Fatima Mernissi seguirá siendo una personalidad inspirativa especialmente para las mujeres cuyas vidas estuvieron marcadas por la convergencia del colonialismo, nacionalismo, formación de la nación-Estado, modernización, feminismo, islamismo, neocolonialismo y revolución. Su incursión en estos legados y corrientes políticas le sirvió para detectar temas importantes para sus investigaciones académicas, sociología pública, libros y novelas. Al reinventarse constantemente a sí misma –a través de sus pequeños papeles como actriz, su estilo de escritura y sus ideales-, no hacía sino generar nuevas audiencias. Como navegaba a través de corrientes ideológicas, siempre escribió contra corriente, ampliando el ámbito de la creatividad y del debate desde el centro del escenario y detrás de las bambalinas.
Fatima Mernissi celebraba la aparición de “nuevos talentos” transformando su hogar en una plataforma de talleres y reuniones de intelectuales, activistas y políticos. Su práctica feminista no brotaba de políticas partidistas específicas ni de espacios feministas de segregación de géneros, sino que fue creciendo desde su aceptación de la filosofía islámica y su articulación del principio coránico del yadal comunicativo (debate y argumentación) y, más recientemente, de su encuentro con el sufismo y su nexo de amor y conocimiento compasivo. Tender puentes, inventar, subvertir y siempre trascender son términos que condensan el gran legado intelectual y huella humana de Fatima Mernissi, una travesía excelentemente puesta de manifiesto en sus novelas de fama mundial “Sueños en el umbral: Memorias de una niña del harén” (1995) y “El harén en Occidente” (2002).
Desde la publicación de su primer libro “Más allá del velo: Dinámicas hombre-mujer en la sociedad musulmana” (1975), Mernissi documentó los puntos de inflexión específicos en la historia de los debates políticos e intelectuales que las sociedades musulmanas generaron en su relación con las modernidades occidentales en todas sus intervenciones y agresiones coloniales. La I Guerra del Golfo fue uno de esos puntos de inflexión. En Marruecos, esa guerra se sintió como una herida muy grave que generó una protesta que llevó a más de un millón de personas a las calles de la capital. El libro de Mernissi de 1992 “Islam y democracia: Temor al mundo moderno”, supone una poderosa reacción a la guerra de EEUU contra Iraq y a la complicidad de los dirigentes árabes con ella. El libro presenta una crítica incisiva del “fundamentalismo”, del gobierno autocrático y de los profundos “temores” de la modernidad occidental a través de una revisión de la tradición intelectual islámica del debate político y del pensamiento racional.
Mernissi fue una voz pionera al definir de forma nueva la sharía y la tradición textual islámica de la retórica profética –el hadiz- como interpretativa, contingente y sujeta al escrutinio humano. Su amorosa incursión en la vida del profeta Muhammad, expuesta en su libro “El velo y la elite masculina: Una interpretación feminista de los derechos de la mujer en el Islam”, generó uno de los paradigmas más potentes en los estudios feministas al abrir ampliamente al escrutinio feminista el ámbito del hadiz y de los estudios islámicos. Este libro desafía la percepción de la mezquita como espacio exclusivo de los hombres para la oración, afirmando que la mezquita había sido en sus inicios una plataforma abierta a los debates políticos y contestación feminista de las revelaciones coránicas, jurisprudencia islámica y prácticas patriarcales establecidas. La centralidad del islam como tradición de producción de conocimiento, de búsqueda del conocimiento, de superación de fronteras y transgresión de la mujer está excelentemente representado en el uso que Mernissi hace de Simbad y Sherezade. Los dos fueron figuras emblemáticas en su escritura y conocimiento de la expresión, superación de fronteras y producción de conocimiento.
Mernissi fue la piedra angular de una serie de debates, especialmente sobre las mujeres, el islam, la democracia y la modernidad. En sus obras, y a pesar de su poderosa e incisiva voz, podemos escuchar a todas las mujeres: la campesina, la obrera, el ama de casa, la activista y la escritora. Su impacto en la teoría feminista y los estudios de género se deriva de este cambio paradigmático. Mernissi no reclama espacio o derechos para la mujer. En cambio, y a través de sus escritos, Mernissi muestra que las mujeres han estado siempre tomando ese espacio y sin tener que pedir permiso. Fue también a partir de esta visión que entendió el ascenso de las fuerzas más conservadoras en el islam político. El islam político no debe interpretarse únicamente como una valoración totalmente patriarcal de la sharía, sino como el temor a la presencia masiva de la mujer en los espacios públicos y a su compromiso irreversible con las estructuras de adquisición y producción de conocimiento y con las instituciones del Estado moderno. Hace dialogar a esas fuerzas conservadoras con las primeras reflexiones, debates y contestación de los textos fundacionales del islam por parte de las mujeres musulmanas, así como con el mutilado punto de vista occidental acerca de las vidas y falta de poder de las mujeres musulmanas.
Aunque Mernissi inauguró una nueva fase de investigación y escritura feminista en el mundo del islam, nunca entró en controversias. Era una fuerza unificadora que unió a hombres y mujeres al servicio de los proyectos feministas. Mernissi fue la fundadora de varias series de influyentes libros colectivos, incluyendo “Enfoques, el Islam humanista y semblanzas de mujer”, todos ellos escritos por hombres y mujeres académicos.
En una reciente entrevista que le hizo Al Jazeera , le preguntaron si estaba constantemente en conversación con “el vendedor ambulante, el habitante de la ciudad, el artista underground y las facciones marginales de la población marroquí”. Su respuesta fue:
“Nací en Fez, en la misma barriada donde se encuentra la Universidad al-Qarawiyyin (fundada por Fatima El-Fihriyya en el año 859 de nuestra era). Esta universidad cuenta con diecisiete puertas que están constantemente abiertas al barrio y a los mercados circundantes. El vendedor ambulante, el tendero y la gente normal y corriente están ocupados en sus actividades durante parte del día, y pueden entrar en al-Qarawiyyin para rezar y buscar conocimiento cuando quieran hacerlo. Los maestros (ulama) están dando clase todo el día y cada uno es libre de elegir de quién buscar el conocimiento. Mi abuela solía llevarnos con ella a escuchar sus clases favoritas. Cuando no le gustaba lo que oía, se trasladaba sencillamente a otra clase. Por tanto, nací en un mundo en el que no había rupturas entre la calle y la elite intelectual. El conocimiento no estaba privatizado y las puertas estaban siempre abiertas a todos y todas” . (Traducción de la autora)
Las propias puertas de Mernissi están ahora cerradas. Pero su recuerdo permanecerá en todos los que fuimos caminando a través de sus puertas abiertas. Miles de nosotros aprendimos, en la intimidad de su compañía, a valorar el intelecto de una mujer además de las formas de ver y estar en el mundo. Cosechó toda una serie de tributos, como puede comprobarse en las numerosas respuestas a mi entrada sobre su muerte en Facebook:
Era una fuerza increíble de la naturaleza y un ser humano maravilloso.”
“Fue a través de su obra como me introduje en los estudios de género a finales de la década de 1980.”
“Fue la primera feminista a la que leí en mi juventud (no a Greer, no a Friedan, ¡a ella!) y, desde entonces, ha ido conmigo… Que su ruh (alma) sea recibida en el yannat (paraíso).”
“Muchos de nosotros no podríamos estar aquí sin ella.”
“¡Mis condolencias por la pérdida de semejante tesoro!”
“¡Descanse en paz!”
“Leámosla una y otra vez.”
“Si no los has leído aún, consigue una copia de sus recuerdos, tan bellamente descritos, en ‘Sueños en el el umbral’, que, entre otras cosas, rememora la llegada de los soldados estadounidenses a Marruecos durante la II Guerra Mundial y deconstruye la idea occidental sobre el harén. ¡Descanse en paz!”
No puedo terminar sin recordar el amor de Fatima por la artesanía y fabricación de joyas para regalar durante las largas tardes veraniegas en Rabat. Sabías que estabas embarcándote en un largo viaje de amistad con Fatima cuando aparecía con sus cuentas, piedras y pedacitos de plata y te pedía que eligieras las que más gustaran para hacerte un regalo. Fatima modelaba en el estilo moderno de las mujeres profesionales aunque inspirándose en la propia joyería tradicional marroquí y en los dos principales atuendos marroquíes utilizados por las mujeres durante siglos: el caftán y la fuqiya. Ella misma hacía esas prendas acortándolas y llevándolas encima de blusas y pantalones de estilo europeo, dándoles una nueva vida, así como a los miles de puestos de trabajo dedicados a esas artesanías.
Fatima Mernissi ha desaparecido. Pero su rico legado, su trabajo visionario y su poderoso impacto continuarán inspirando a generaciones. Como una de mis estudiantes estadounidenses expresó en un correo de condolencia que me envió: “Aunque me siento profundamente triste, estoy también muy orgullosa de conocer la obra de Fatima Mernissi. Y tengo que darte las gracias por ello. Muchísimas gracias por brindarme sus ideas; trataré sinceramente de hacer cuanto pueda para que su legado no sea olvidado ni subestimado”.

*Zakia Salime es profesora adjunta de Sociología y Estudios de Género y de la Mujer en la Universidad Rutgers. Da clase de feminismo(s) comparativo(s), género, globalización, movimientos sociales, desigualdades internacionales y poscolonialismo. Es autora de “ Between Feminism and Islam: Human Rights and Sharia Law in Morocco ”.
Fuente: http://www.jadaliyya.com/pages/index/23388/remembering-fatema-mernissi   

lunes, 28 de diciembre de 2015

El feminismo y el nuevo escenario político




Mujeres en red


En el nuevo escenario político no sé quién ha ganado, pero sí sé que ha perdido el feminismo. No encuentro diferencia alguna entre los usos de la “vieja política” y la “nueva política” por lo que hace a dar visibilidad a mujeres feministas que, se y me consta, militan en formaciones políticas de izquierdas, aunque hoy está categorización, me quieran hacer creer, esté en desuso. Y aquí comienza el primer problema. Si la distinción “ser de izquierda” o “ser de derecha” ya no es efectiva para responder a las expectativas de la ciudadanía ¿por qué habría de servir la etiqueta “feminista”? Así es que si celebramos el fin de las ideologías, celebramos con idéntica inconsciencia el fin del feminismo. Decretar la “muerte de las ideologías” ha sido algo propio del pensamiento conservador, pero que esta supuesta defunción se convierta en santo y seña del pensamiento progresista sólo me revela ansiedad por el poder y renuncia a los principios.Por ello cabe hacerse una pregunta: ¿Qué ha sido del feminismo y las feministas en el escenario de representatividad política surgido tras el 20-D? La respuesta a esta cuestión puede incomodar a alguien, amén de catalogarme como persona mayor, pero como mayor que soy pretendo “asaltar la realidad y no los cielos”. Lo cierto es que en todos los partidos políticos del amplio espectro de izquierdas -no puedo renunciar tan fácilmente a categorías que ayudan a definir la realidad- se puede observar que han diluido al feminismo, como teoría política, para convertirlo en peculiaridad de algunas individualidades, perdonable a veces, pero mayormente molesta. El procedimiento tomado por parte de los partidos políticos verdad es que varía dependiendo de si estos son de viejo o nuevo cuño.
Los partidos clásicos, PSOE e IU, han optado por recurrir a criterios de renovación, independencia y cambio para intercambiar a mujeres feministas de larga trayectoria por otras que no destacan, precisamente, por sus servicios a la causa feminista. Tanto en el PSOE como en IU se deja a las “feministas de a pie” sin referentes en la representatividad política debido a una interpretación interesada y sesgada de la ley de Igualdad. Por otra parte, en el emergente PODEMOS no son aplicables, lógicamente, criterios de renovación cuya consecuencia sea la intercambiabilidad de sus mujeres. Si PODEMOS se presenta como “lo nuevo” se nos obliga a suponer idéntica frescura en las mujeres que obtienen representatividad política gracias a esa marca. Pero a las “feministas de a pie” se nos hace difícil suponer frescura en quienes abordan la prostitución desde un perfil bajo, eludiendo compromiso alguno a favor de la abolición. Y más difícil se nos hace suponer innovación política en quienes han afirmado que el aborto no es un tema “que construya potencia política”.
PD: En cada una de las formaciones políticas anteriormente citadas se pueden reconocer visos de inconsistencia feminista, pero más grave resultaría la tentación de abandonar la pedagogía feminista que no sólo puso contra las cuerdas a un ministro hasta hacerlo dimitir, sino que más recientemente frustró la carrera desbocada a la Moncloa del también emergente Ciudadanos. Sirva de aviso a navegantes.
Fuente: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2226

domingo, 27 de diciembre de 2015

La dama de las camelias, Marie Duplessis (1824-1847)


En 1848 se publicaba La dama de las camelias, una de las novelas más conocidas de Alejandro Dumas hijo. Para dar vida a su protagonista, Margarita Gautier, Dumas se basó en su propia historia de amor con una cortesana parisina que se hizo a sí misma, superó su condición humilde y terminó convirtiéndose en condesa. En el camino, robó el corazón no sólo del gran escritor, otros hombres de letras y genios de la música o del arte caerían rendidos a sus pies. 


Rose-Alphonsine Plessis nació el 15 de enero de 1824 en Nonant-le-Pin, Orne, en la Baja Normandía. Su padre, Marín Plessis, era un vendedor ambulante de paños, hijo de una prostituta y un sacerdote al que nunca conoció. Su madre, Marie-Anne-Michelle Deshayes, a pesar de descender de una familia aristocrática, había perdido su fortuna y su poder durante la Revolución Francesa. La infancia de Alphonsine y su hermana Delphine, no fue fácil. Además de vivir en la pobreza, ellas y su madre tuvieron que soportar el alcoholismo y la violencia de su padre. Agotada, su madre decidió abandonar a su marido y sus hijas y en 1829 se marchó a trabajar como ama de llaves de una amiga de su madre. Marie-Anne pensaba recuperar a sus hijas pero nunca volvió a verlas. Una tuberculosis terminó con su vida poco tiempo después. 

Con la muerte de su madre, las niñas quedaron a cargo de una tía materna. Cuando Alphonsine tenía unos once años, fue violada por un trabajador de la casa por lo que fue devuelta rápidamente a su padre. Junto a Marín las cosas no mejoraron para la pequeña Alphonsine. Sin ningún tipo de escrúpulos, empezó a ganar dinero a cambio de ofrecer los servicios de su hija a distintos hombres.



Alphonsine pasó varios años sufriendo estas vejaciones provocadas por su propio padre hasta que consiguió escapar de su lado. Tenía quince años cuando, después de trabajar en un mesón y una fábrica de paraguas, arribó a París junto a una compañía de circo de gitanos. En la capital francesa continuó buscándose la vida trabajando en distintos comercios hasta que su suerte cambió. Primero fue el propietario de un restaurante en la Galería Montpensier quien se prendó de su belleza y decidió convertirla en su protegida. Así que la instaló en un apartamento y le dio un sueldo con el que poder vivir. 

Fue entonces cuando Alphonsine empezó a descubrir el París de la Comedie Française y de la alta sociedad. Era cuestión de tiempo que robara el corazón de algún hombre destacado. El afortunado fue nada menos que un conde, Antoine Alfred Agénor de Guiche, futuro duque de Gramont, príncipe de Bidache y ministro de asuntos exteriores de Napoleón III. Alphonsine decidió cambiar su nombre. Atrás dejaba a la pobre infeliz que había nacido en la miseria para dejar paso a Marie Duplessis. Pero, a pesar del cambio de nombre y de la educación que le ofreció su amado conde para convertirla en una dama elegante conocedora del más exquisito protocolo y de los rudimentos de la danza o la literatura, la familia de De Guiche descubrió que en realidad no era más que una mujer de baja condición y le obligaron a abandonarla. 



Por suerte, Marie Duplessis supo aprovechar el tiempo y el conde fue rápidamente sustituido por otros hombres que se rindieron a sus pies y aceptaron dilapidar sus fortunas a cambio de su exquisita compañía. La lista de conquistas culminó en 1841 cuando conoció al conde François-Charles-Edouard Perregaux, con quien se casaría cinco años más tarde. Pero antes de convertirse oficialmente en condesa, Marie se había hecho un nombre en París, donde, convertida en la cortesana mejor pagada, se la conocía como "La divina Marie". Marie convirtió su hogar, un lujoso apartamento en el Boulevard de la Madeleine, regalo del embajador de Rusia en Francia, en un reputado salón literario por el que pasaron hombres de la talla de Alejandro Dumas padre o Charles Dickens. 

En 1844, Marie conoció a Alejandro Dumas hijo, con quien mantuvo una relación amorosa que no llegó a celebrar el año pero que marcaría para siempre al escritor. Marie sería inspiración para dar vida a su Margarita Gautier, protagonista de La dama de las camelias, obra que, a su vez, sería fuente de inspiración para el libreto de la famosa ópera de Verdi, La Traviata. Antes de contraer matrimonio con el conde Perregaux, Marie aún mantuvo otras sonadas relaciones, como la que vivió junto al compositor Franz Liszt. 

Cuando en febrero de 1846 se casaba con el conde de Perregaux, Marie Duplessis hacía tiempo que se encontraba enferma de tuberculosis. Su matrimonio, y su vida como condesa, duró escasamente un año. El 3 de febrero de 1847 fallecía la condesa Marie Duplessis, otrora la humilde Alphonsine Plessis.


Por Sandra Ferrer

jueves, 24 de diciembre de 2015

Las mujeres sienten el cambio climático en carne propia





Ecoportal


El vínculo entre mujeres y cambio climático es un asunto transversal que merece mayor reconocimiento, pues es omnipresente y afecta a distintos ámbitos, desde la salud y la agricultura hasta el saneamiento y la educación.
En los países en desarrollo, las mujeres son testigos del nexo entre el recalentamiento planetario y las cuestiones de género en carne propia. A menudo, su supervivencia depende mucho de la tierra y de los recursos hídricos, lo que las deja en situación vulnerable.El cambio climático no es solo un asunto ambiental, sino de justicia social, igualdad y derechos humanos, todos asuntos vinculados a cuestiones de género.
La perspectiva femenina debió integrarse totalmente al Acuerdo de París, surgido de la COP21, en especial el empoderamiento de las mujeres, además de prever una respuesta y otras cuestiones de género como la vulnerabilidad de las mujeres rurales.
La COP21 (21 Conferencia de las Partes) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tuvo lugar del 30 de noviembre al 12 de este mes en la capital francesa.
En las etapas de preparación del borrador, las cuestiones de género se trataron como un elemento accesorio que podía retirarse y casi todas las partes las ignoraron y se equivocaron.
Asia, el Caribe y África son tres de las regiones más vulnerables a la variabilidad climática y, si bien son responsables de una pequeña parte del recalentamiento planetario, las mujeres soportan la peor parte de sus severas consecuencias.
Millones de personas en Asia son extremadamente vulnerables al fenómeno, en especial las mujeres, debido a los roles tradicionales de género. En muchas áreas rurales, su movilidad es muy limitada, pues no se ve con buenos ojos que trabajen fuera del hogar.
Mientras los hombres de las regiones afectadas por la variabilidad climática suelen emigrar a las ciudades o a otras regiones menos vulnerables en busca de trabajo, las mujeres se quedan a cuidar del hogar y de los hijos comunes. Esa reclusión se traduce en dependencia económica y falta de acceso a la información, como alertas tempranas, lo que contribuye a su enorme vulnerabilidad.
En ese continente, las mujeres suelen encargarse de actividades más sensibles al clima, como recolectar agua y preparar la comida, lo que eleva su vulnerabilidad.
Investigaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han concluido que las mujeres y las niñas son las encargadas de ir a buscar agua, para lo que tienen que recorrer largas distancias.
Con la creciente frecuencia e intensidad de las inundaciones, es común que las mujeres tengan que atravesar habitualmente terrenos anegados para buscar el agua y preparar los alimentos, lo que las expone a riesgos, desde ahogarse, pasando por mordeduras de serpientes, hasta enfermedades cutáneas.
En la otra mitad del mundo, las mujeres soportan situaciones similares. En el Caribe, muchos hogares son principalmente matriarcales, y ellas son las que más necesidades tienen de medidas de adaptación y mitigación del recalentamiento planetario.
También son responsables de las tareas del cuidado de las personas del hogar y sufren el impacto de la inseguridad alimentaria y la escasez de agua. Las mujeres rurales son particularmente vulnerables, en especial las pequeñas productoras, las agricultoras marginadas y las trabajadoras rurales.
Ya sea que la escasez de agua y de alimentos se deba al aumento del número y de la intensidad de los huracanes o de la sequía, las posibilidades de llevar adelante una vida decente no son altas ni mejoran. Comprender esa situación es importante para el buen diseño y la ejecución de estrategias de adaptación.
“La agricultura necesitaba mayor visibilidad en las negociaciones”, observó la presidenta de la Red de Productoras Rurales de Jamaica, Mildred Crawford.
“Las mujeres juegan un papel en la cadena alimentaria y necesitan fondos para asistir a los pequeños agricultores a fin de mitigar y adaptarse al cambio climático. Los grupos de mujeres ya están organizados, así que los incentivos les pueden servir para controlar el desperdicio de carbón en sus comunidades”, añadió.
El Caribe atraviesa su peor sequía de los últimos cinco años.
Según Mary Robinson, ex primera ministra de Irlanda, quien también se desempeñó como alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el borrador del Acuerdo de París debía concentrarse en cuestiones de género para garantizar a las mujeres el acceso a fondos para el clima, tecnologías renovables y capacidad de adaptación.
De hecho, las campañas climáticas no deben concentrarse solo en la reducción de emisiones, comercio de carbono y transferencia de tecnología, sino que deben tratar de ir más allá.
Además, deben tener en cuenta que la mayor parte de los agricultores en los países en desarrollo son mujeres y, la adaptación las involucra especialmente. Los asuntos de género son transversales, no se usan por conveniencia.
Las mujeres de los países en desarrollo deben estar empoderadas para desempeñar papeles más significativos en la lucha contra el cambio climático, pues tienen mucho que perder.
Kalyani Raj, integrante responsable de la Conferencia de Mujeres Todo India, arguyó que es crucial dar voz a la población femenina más vulnerables e incluirla en la planificación de políticas.
“Muchas mujeres desarrollaron enfoques de adaptación a muy pequeña escala, conocimientos tradicionales y soluciones de las comunidades indígenas que no se amplifican”, explicó. “Las políticas deben concentrarse en ampliar eso, en vez de proponer medidas uniformes para adaptarse al cambio climático”, añadió.
En África, el impacto del cambio climático sobre las cuestiones de género se relaciona principalmente con la agricultura, la seguridad alimentaria y los desastres naturales.
Según el Informe Económico de 2011 del Banco de Desarrollo Africano (BDA), las mujeres representan 40 por ciento o más de los trabajadores del sector agrícola en 46 de los 53 países del continente. Ese sector de la economía se considera vulnerable porque generalmente no incluye empleos formales con contratos e ingresos seguros.
“Los pobres son especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático, y la mayoría de las 1.500 millones de personas que viven con un dólar al día o menos son mujeres”, señala el Estado de la Población Mundial de 2009, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas.
Además, en una muestra de 141 países se concluyó que, entre 1981 y 2002, el sesgo de género en las personas fallecidas por desastres naturales están directamente vinculadas a los derechos económicos y sociales de las mujeres. En esos casos, en las sociedades menos equitativas, mueren más mujeres que hombres.
El reclamo de las mujeres rurales es una realidad que debemos afrontar. Sin embargo, debemos reconocer que no son solo víctimas, son poderosos agentes de cambio.
La población femenina debe estar incluida en los procesos de decisión para que pueda contribuir con su experiencia y conocimientos únicos, pues toda intervención vinculada al cambio climático que excluya su perspectiva, así como cualquier política que omita las cuestiones de género, está destinada al fracaso.

Traducido por Verónica Firme
Ecoportal.net/Inter Press Service - IPS Venezuela
http://www.ipsnoticias.net

martes, 22 de diciembre de 2015

MI HIJA

“Cuando ese deseo no está, la concepción es tan violenta como la violación”

Entrevista a Karina Dianderas, psicóloga clínica con víctimas del conflicto armado en Perú




El embarazo por violación sexual deja secuelas psicosociales en las mujeres. Psicóloga peruana, que trabajó en la unidad de salud mental de la Comisión de la Verdad en Perú, hace algunas recomendaciones para Colombia.

  
Fotografías: Centro de Atención Psicosocial (CAPS) del Perú.
Karina Dianderas, psicóloga clínica peruana, empezó su trabajo comunitario con víctimas del conflicto armado en al año 1995 en Junín (Perú) donde se perpetraron masacres, en su mayoría por Sendero Luminosoi.
FSJ: ¿En qué consistió su trabajo durante el proceso de Rendición de Sendero Luminoso y en la Comisión de la verdad y reconciliaciónii?
KD: Mi trabajo con las víctimas del conflicto armado interno empezó antes de que Sendero Luminoso fuera derrotado. Trabajé con comunidades andinas en procesos orientados a la recuperación social y mental. Cuando se creó la Comisión de la verdad y reconciliación fui la responsable de salud mental en la sede regional centro.
FSJ: ¿Hubo un componente psicosocial durante la existencia de la Comisión de la verdad y reconciliación?
LKD: No había un componente psicosocial. Hubo una unidad de salud mental desde que la comisión empezó. Lo primero que se hizo fue capacitar a los comisionados, a los responsables de las áreas y diferentes sectores que trabajaban allí.
FSJ: ¿Qué concepto de salud mental utilizaban en la Comisión?
LKD: Que el efecto de la violencia está en el individuo pero tiene un impacto en todas las áreas de su vida y, por ello, tienes que mirar todas las áreas de funcionamiento de las personas.
Siento que acá, en Colombia, todos tienen miedo de hablar de salud mental porque lo relacionan con la psiquiatría.
FSJ: ¿Las comunidades con las cuales ha trabajado hablan de salud mental?
LKD: El concepto de salud mental no existe, como tal, en las comunidades andinas ni entre las minorías étnicas. Existe la idea del estado de bienestar, la capacidad de sentirse y estar bien.
Cuando uno trabaja allí se construye la concepción de salud mental con ellos, lo hacemos a través del arte. Les pedimos, por ejemplo, que dibujen un río; les preguntamos qué puede traer un río, algunos dibujan piedras, basura, casas, puentes, árboles y les preguntamos qué significa lo que han dibujado.
Empiezan a hablar. Las piedras son dificultades; los peces son oportunidades para salir adelante; el puente significa comunicación con alguien o que puedo salir de este lugar que no me gusta. Construimos juntos el concepto de salud mental y decimos: esto es salud mental y ellos van comprendiendo la noción.
FSJ: ¿Qué labor ha desarrollado con mujeres víctimas de la violencia sexual durante el conflicto armado peruano?
LKD: Las he tenido en consulta, en terapia individual y trabajé con ellas durante la Comisión de la verdad y reconciliación. El trabajo de una Comisión de la verdad es descomunal, creo que recibimos aproximadamente 17 mil testimonios en dos años.
Había un equipo de entrevistadores y no era suficiente. Las entrevistas duraban horas, y si no se terminaba, ellas volvían o los entrevistadores las visitaban.
Cuando había casos difíciles, mis compañeros me pedían que fuera. Por ejemplo, en el caso de una mujer torturada, a quien amenazaron con violarla y la desnudaron forzadamente.
Cuando llegué a hablar con ella hice la entrevista orientada a su ser de mujer, era distinto para ella hablar con una mujer, me contó que la violaron y me quedé con ella hasta muy tarde.
Fueron muy pocas las mujeres que en sus testimonios decían: me han violado. Ellas contaban todo excepto la violación. Obtuvimos los testimonios de violaciones de manera indirecta; los hombres decían: a todas las mujeres las violaron.
Testimonio directo hubo, pero muy poco; es algo muy íntimo, a la mujer le es difícil hablar, especialmente con entrevistadores hombres.
La Comisión de la verdad y reconciliación no reparaba. Ofrecerle acompañamiento a una persona era repararla, no se podían hacer procesos terapéuticos con quienes daban su testimonio. Pero sí capacitamos a los entrevistadores, pues se requerían técnicas muy finas de entrevista para que la persona se fuera, por lo menos, como había venido.
FSJ: ¿Definían la violencia sexual como tortura?
LKD: En el informe de la Comisión se considera la violación sexual como un hecho de tortura.
FSJ: ¿Las secuelas emocionales de una violación son transmitidas entre generaciones?
KLD: Nosotros entrevistamos a una mujer que fue abusada sexualmente por siete soldados, a los 15 años de edad, en el marco del conflicto armado, y quien ha tenido un proceso terapéutico largo. A ella le negaron el derecho al aborto y la abogada que llevó su caso le recomendó no dar en adopción a su bebé. Ahora su hija, de 30 años, presenta secuelas.
¿En qué sentido hay secuelas en los nacidos de violación sexual? Hay una condición importantísima para darle un significado de ser humano a una criatura: el deseoiii. Desear un hijo va a hacer que la mujer le dé significado a esa criatura. Cuando ese deseo no está, la concepción es tan violenta como la violación.
En este caso, no se desarrolló el lazo afectivo entre la madre y su hija. Ella quería entregarla en adopción y su abogada le sugirió no hacerlo porque si lo hacía no tendría prueba de la violación. En este caso, la hija producto de esa violación es la prueba. Esa niña fue conservada porque tenía un carácter probatorio judicial.
Otro aspecto es la persona con quien has concebido la criatura. La mujer que fue abusada tiene la imagen de la persona que invadió lo más íntimo de su ser; cuando ve la criatura, ve la imagen del terror y esto no favorece que desarrolle el vínculo con el bebé. (En el caso de esta mujer peruana siete soldados la violaron, no se sabe quién es el padre de la criatura).
FSJ: Esta mujer fue abusada sexualmente, no le permitieron abortar, no le permitieron darla en adopción; es decir, la forzaron a ser madre…
KD: Forzada a ser madre y a retenerla. Una adulta, la abogada, le dice a una niña de 15 años -luego de una experiencia de desprotección de la cual nadie la protegió- que así va a conseguir sus derechos.
FSJ: ¿Cómo se relacionan madre e hija?
LKD: Como no desarrolló un vínculo con su madre, la hija tiene actitudes violentas con sus propios hijos.
FSJ: En Perú ¿Una hija o hijo, producto de una violación, es sujeto de reparación?
LKD: Sí pero la figura no está bien. La madre es la víctima directa, ella es víctima porque es hija de una víctima.
FSJ: ¿Cuál fue la motivación para publicar el libro Llover sobre mojadosecuelas psicosociales del embarazo por violación sexual?
LKD: Ofrecer argumentos en el debate sobre el derecho al aborto cuando hay una violación sexualiv y aportar evidencia científica sobre la maternidad forzada.
Hicimos el análisis de 10 peritajes psicológicos –para cortes nacionales e internacionales- de mujeres abusadas sexualmente durante el conflicto, y otras en diferente contexto. Se titula Llover sobre mojado porque hay doble violación, el embarazo forzado es la segunda violación.
FSJ: ¿Las mujeres violentadas sexualmente se recuperan?
LKD: No se recuperan totalmente. Vemos que una mujer se siente aliviada, la damos “de alta” y, de pronto, le ocurre algo y vuelve a empezar. En mi opinión, en Colombia el programa de “reparación mental” tiene que ser abierto, no limitado en número de sesiones ni de tiempo; mientras la persona esté viva va a tener la manifestación de la secuela. La persona es funcional pero no se recupera de las secuelas.
FSJ: ¿Qué tipo de acompañamiento ofrecen ustedes en el Centro de Atención Psicosocial (CAPS) de Perú?
LKD: Cada caso es diferente, pero, en general, utilizamos la psicoterapia. Por medio de ésta escuchas a la persona, recibes lo que tiene que decir, le devuelves algunas observaciones.
Es como estar frente a los caminos. La psicóloga levanta la lámpara para que la persona vea los caminos y decida por cuál transitar; la acompañas un poco, pero no le dices qué hacer. La persona se apropia del método y continúa.
FSJ: ¿Qué aspectos del acompañamiento que han brindado en Perú, a las mujeres víctimas de violencia sexual, podrían ser útiles en Colombia?
LKD: Escuché en el Seminario Internacional Tejiendo Esperanzasv, acerca de la importancia de no establecer una patología ni medicar a las víctimas. Desde nuestra experiencia, más de 20 años trabajando con ellas, implementando nuestro enfoque psicosocial -individual, familiar y comunitario- encontramos que ellas requieren un espacio individual para procesar los temas.
Algunas necesitan acompañamiento a lo largo de los años pero acá le tienen terror a eso. Sin embargo, han ocurrido hechos tan terribles que tienen un fuerte impacto en la salud mental y requieren medicación.
Además creo que se necesita personal especializado no cualquier psicólogo sino psicoterapeutas. Por la magnitud del proceso colombiano -que supera el peruano-se requieren procesos comunitarios; además del individual.
FSJ: ¿Qué retos observa en materia de salud mental durante el posacuerdo en Colombia?
LKD: Lo que cruza nuestras intervenciones es el componente clínico. La resiliencia, los recursos emocionales que poseen las personas son formas válidas de cuidarse pero se corre el riesgo de idealizar a la víctima.
FSJ: ¿A qué se refiere con idealizar?
LKD: La persona es resiliente pero eso no quiere decir que algo no se está resquebrajando y necesitas ayudarle a mirarse en un espejo para que lo recomponga.
FSJ: ¿Qué otros retos existen?
LKD: Nosotros tomamos las distintas formas que tienen las culturas para curarse e incorporamos lo nuestro para que haya el proceso intercultural. Los sueños, por ejemplo, y su lenguaje simbólico, son un recurso en las comunidades andinas, ellos se sienten aliviados. Con mi perspectiva clínica lo interpreto.
Si una persona cuenta su sueño es porque confía, el otro escucha, demuestra que le importa y quiere ayudarle. Ahí hay un componente relacional y el resultado de esa interacción es lo terapéutico.
Entre el chamán y la persona que lo busca se da ese proceso terapéutico, sin necesidad de tener título de psicólogo. Yo dotó al chamán de recursos para que pueda hacer eso mejor y me nutro de su conocimiento. Actúo como facilitadora y aprendo de ellos.
FSJ: ¿Qué impacto ha tenido la psicología comunitaria en Perú?
LKD: Cuando ha habido violencia se pierde la confianza. Si logras que una persona de la comunidad confíe se restablece la confianza en lo comunitario. En este proceso aprendemos otra forma de relacionarnos, una relación de cuidado y respeto, que empiezan a volcar entre ellos.
Nos convertimos en el nosotros, no es la psicóloga ayudándolos ni el experto que lleva el conocimiento; nos convertimos en facilitadores, los miembros de la comunidad diseñan, analizan y dirigen su proceso.
Eso lo expresé a miembros de los Centros Dignificarvi en Bogotá. Nosotros supervisamos cómo implementamos nuestro trabajo, esto nos ayuda para continuar con el proceso terapéutico individual y comunitario.
En los Centros dignificar hablé sobre la importancia de no establecer una relación de poder y desigual; debemos bajar al nivel de la comunidad, eso permite construir una relación de confianza.
Liliana Karina estudió psicología en una universidad peruana, de mujeres, enfocada en la práctica en consultorio privado. Sin embargo, una oportunidad de trabajo con huérfanos y viudas le cambió la vida. Desde entonces se dedica a la psicología comunitaria. “No es posible no conmoverse frente al dolor humano”, asegura.
Notas:
i Sendero Luminoso http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20II/CAPITULO%201%20-%20Los%20actores%20armados%20del%20conflicto/1.1.%20PCP-SL/CAP%20I%20SL%20ORIGEN.pdf
ii http://www.cverdad.org.pe
iii “(…) es ella quien debe dar cabida a un elemento que siempre, en algún sentido, tiene una dimensión parasitaria, es decir, la de un organismo extraño que se alimenta de su cuerpo. Su actitud o su deseo inconsciente es lo que determinará si ese organismo será un esbozo de sujeto con intenciones y anhelos, o una amenidad que progresa sin su consentimiento. Llover sobre mojado, secuelas psicosociales del embarazo por violencia sexual. Centro de Atención Psicosocial (CAPS). Página 47.
iv “En Colombia, la Corte Constitucional a través de la Ley 1719 del 2014, estableció una serie de obligaciones de las instituciones para garantizar acceso a la administración de justicia y tratamientos de salud efectivos en favor de las víctimas de algún tipo de abuso sexual, especialmente aquellos casos que tuvieran relación con el conflicto (...) Una de esas medidas establecía que las entidades de salud debían tener facultades para establecer un modelo de atención integral para atender a quienes sufrieran ese tipo de agresiones. Además, el plan debía incluir tratamientos para la interrupción voluntaria de embarazos, comoquiera que, en casos de violación, su práctica es legal”. Aborto en casos de violación no es sólo una opción. Tomado dehttp://www.semana.com/nacion/articulo/aborto-corte-ordena-asesoria-obligatoria-si-hay-violacion/453127-3
v Seminario Internacional Tejiendo Esperanzas, atención Primaria en Salud con Enfoque Psicosocial a víctimas del conflicto armado, retos del sistema de salud colombiano frente a las nuevas necesidades de atención psicosocial en el marco de la construcción de la paz y el postconflictohttp://www.saludcapital.gov.co/Paginas2/Seminario_Internacional_Tejiendo_Esperanzas.aspx
vi Los centros "Dignificar" fueron creados en el marco de La Ley 1448 de 2011 (Ley de víctimas y Restitución de tierras), en ellos encontrará la oferta institucional Distrital y Nacional de las entidades que tienen responsabilidades para el restablecimiento de sus derechos. http://www.victimasbogota.gov.co/?q=centros-dignificar
Fernanda Sánchez Jaramillo, periodista, magíster en relaciones internacionales y trabajadora comunitaria.
@vozdisidente
* Quinta entrega de la beca periodismo y salud mental del Centro Carter, violencia sexual y salud mental. Experiencia peruana en la atención psicosocial de la violencia sexual contra las mujeres, recomendaciones para Colombia.