sábado, 29 de abril de 2017

Feminismo e Islam. Wadia N-Duhni: Empecé a militar como feminista al cumplir los veinte años

Por Wadia N-Duhni
Me reconocí como feminista por primera vez al cumplir los veinte años, pero hoy sé que, aunque no fui consciente, lo era desde mucho antes. Con matices y en una versión particular, la femimora, pero lo era.
Pero yo era musulmana de origen árabe, nacida y criada en España, y sabía que aunque el patriarcado fuera una lacra universal, mi incursión en algunos grupos feministas occidentales crearía conflictos. Ser musulmana no sólo no me limitaba, sino que me impulsaba a luchar por nuestros derechos de género desde un compromiso religioso y, sin embargo, parecía que sí limitaba a las activistas de género coloniales y algunas academicistas que se atribuían el privilegio de repartir carnets de feministas y que no me consideraban “válida” o una “igual”. Así es como aprendí que el conflicto en realidad lo tenían ellas, no yo, y sólo algunas. En otros círculos feministas de lo más variopintos a nivel ideológico tuve una acogida muy calurosa y nuestro crecimiento y enriquecimiento fue tan bidireccional que pronto nos convertimos en manada. Y crecimos a la velocidad de la luz.Desde niña me fascinaba escuchar a mujeres empoderadas de todos los contextos sociales. De todas las razas, ideologías, creencias y clases sociales. Sentía adicción por aquellas mujeres que sabían lo que querían –o lo que necesitaban – y luchaban por sus ideales. A costa de todo y de todxs, pero no de sí mismas. Desde las que alcanzaban el éxito social, intelectual, artístico, deportivo, profesional; pasando por las amas de casa cuyo trabajo y rendimiento, de haber sido remunerado, no habría salario que les hiciera justicia; hasta mujeres pioneras como mi abuela, que mostraban vehementemente su disconformidad con los roles de género que había heredado. Mujeres que rompían sistemas normativos, discursos imperantes, esquemas de pensamiento o convencionalismos desfasados. Que cuestionaban el orden de las cosas sin que les temblara el pulso. Mujeres no solo conscientes del daño del patriarcado y del capitalismo, de las violencias y del uso de nuestros cuerpos como mercancía, sino con todas las herramientas para repararlo. Y redimirse.
También existía un conflicto entre feminismo e islam, aunque no fuera precisamente el de incompatibilidad –tan enfermantemente vigente en los medios de difamación masiva. Como medida aclaratoria a esta incongruencia mediática estaría bien recordar (a propósito del poder que el islam otorgó a la mujer en forma de derechos y que recogí de pasada en mi columna la semana previa) la cronología histórica en la que tuvieron lugar afirmaciones como “La mujer es la mitad de la sociedad que da a luz a la otra mitad, por lo que en realidad constituye la sociedad entera” por parte de sabios y eruditos islámicos de la talla de Ibn Qayyim Al-Jawziyyah (siglo XIII, para contextualizar, misma etapa histórica en la que por estos lares debatíamos si la mujer tenía alma).
A lo que iba: el conflicto básico que encontré entre feminismo e islam fue en el concepto de igualdad en materia de género al que apela el movimiento feminista. Como mujer y musulmana aspiraba a más, aspiraba que también se tuviera en cuenta nuestra herencia biológica a la hora de exigir derechos de género o incluso de asumir/eximir responsabilidades, ya que a efectos prácticos significaba que jugábamos –qué novedad – con desventaja desde nuestras premisas iniciales de enunciación.
Me explico: el islam tiene en consideración la carga biológica de la mujer a la hora de conceder derechos y deberes, carga que es, desde términos científicos, cuantitativamente superior a la del hombre. Las mujeres menstruamos, ovulamos, gestamos, parimos, amamantamos, criamos, atravesamos un complejo proceso de premenopausia-menopausia-posmenopausia; y todo ello tiene un fuerte impacto sobre nuestro cuerpo. ¿Por qué no también sobre nuestros derechos y responsabilidades? Nuestras hormonas constituyen todos los meses una revolución en sí misma desde que apenas tenemos doce años hasta que alcanzamos la menopausia. Me vienen a la mente los conceptos de igualdad, equidad y justicia. Parecen similares, pero no lo son. Parafraseando a Sara Chokrini, esas diferencias conceptuales ya se hacen latentes desde una edad muy temprana: “¿Recordáis cuando en las clases de educación física se nos exigía a nosotras una mejor nota en flexibilidad y a los chicos en resistencia? No era igual, era justo”.
Esa es la principal razón por la cual, por ejemplo, de acuerdo al islam, el hombre tiene a sus espaldas, por deber religioso, la carga financiera de la familia (debe encargarse de la manutención del hogar y el pago de facturas) y, sin embargo, en el caso de la mujer, trabajar es un derecho (solo si ella quiere), y no una obligación. A efectos prácticos esto quiere decir que en un matrimonio el sueldo del hombre es, forzosamente y por decreto divino, para lxs dos (e hijos si los hubiera) y el de ella, de haberlo, es sólo suyo –a menos que ella, en plena libertad, decida contribuir a subsanar gastos. De este deber religioso para el hombre y derecho para la mujer deriva, a su vez, la razón de la interpretación justa y no patriarcal del versículo coránico “Los hombres son responsables del cuidado de las mujeres en virtud de lo que Dios les ha concedido a ellos en mayor abundancia, y de lo que ellos gastan de sus bienes” (4:34). Es responsable, sí, pero sólo en un contexto económico, por las razones arriba mencionadas, y sólo en función de los medios que posee (físicos o materiales) como mantenedor. Eso no les hace, por consiguiente, superiores ni mejores que la mujer musulmana como han pretendido reclamar ilegítimamente las corrientes dominantes islamófobas al descontextualizar el versículo, y algunas lecturas retrógradas y tradicionalistas del Corán. Se entiende, pues, que a las mujeres musulmanas, en virtud a nuestra carga biológica, se nos exime de la carga financiera, a menos que también queramos asumirla.
Interesante, ¿verdad? Sigamos deconstruyendo.
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Fuente: http://diario16.com/empece-militar-feminista-al-cumplir-los-veinte-anos/

Rita Levi-Montalcini: “Cuando ya no pueda pensar, quiero que me ayuden a morir con dignidad”

Por Miguel Mora
Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. “Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo”. Para su centenario, la profesora no quiere regalos, fiestas ni honores. Ese día dará una conferencia sobre el cerebro.
Sobrada de carácter, deja ver su coquetería en las preciosas joyas que luce, un brazalete que hizo ella misma para su gemela Paola, el anillo de pedida de su madre, un espléndido broche también diseñado por ella. Desde sus ojos verdes vivísimos, Levi-Montalcini escruta a un reducido grupo de periodistas en la sede de su fundación romana, donde cada tarde impulsa programas de educación para las mujeres africanas.El 22 de abril cumplió 100 años Rita Levi-Montalcini. La científica italianapremio Nobel de Medicina, soltera y feminista perpetua -“yo soy mi propio marido”, dijo siempre- y senadora vitalicia produce todavía más fascinación cuando se la conoce de cerca. Apenas oye y ve con dificultad, pero no para: investiga, da conferencias, ayuda a los menos favorecidos, y conversa y recuerda con lucidez asombrosa.
Por las mañanas visita el European Brain Research Institute, el instituto que creó en Roma, y supervisa los experimentos de “un grupo de estupendas científicas jóvenes, todas mujeres”, que siguen aprendiendo cosas sobre la molécula proteica llamada Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que ella descubrió en 1951 y que juega un papel esencial en la multiplicación de las células, y sobre el cerebro, su gran especialidad. “Son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental”, dice.
Con ella está, desde hace 40 años, su mano derecha, Giuseppina Tripodi, con quien acaba de publicar un libro de memorias, La clepsidra de una vida, síntesis de su apasionante historia: su nacimiento en Turín dentro de una familia de origen sefardí, la decisión precoz de estudiar y no casarse para no repetir el modelo de su madre, sometida al “dominio victoriano” del padre; el fascismo y las leyes raciales de Mussolini que le obligaron a huir a Bélgica y a dejar la universidad; sus años de trabajo como zoóloga en Misuri (Estados Unidos), el premio en Estocolmo -“ese asunto que me hizo feliz pero famosa”-, sus lecturas y sus amigos (Kafka, Calvino, el íntimo Primo Levi), hasta llegar al presente.
Sigue viviendo a fondo, come una sola vez al día y duerme tres horas. Su actitud científica y vital sigue siendo de izquierdas. Pura cuestión de raciocinio, explica, porque la culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. “Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente”.
Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. “Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo”. Para su centenario, la profesora no quiere regalos, fiestas ni honores. Ese día dará una conferencia sobre el cerebro.
Pregunta. ¿Cómo es la vida a los cien años?
Respuesta. Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve.
P. ¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?
R. No. Era adolescente cuando decidí que nunca me casaría. Nunca habría obedecido a un hombre como mi madre obedecía a mi padre.
P. ¿Recuerda el momento en que decidió estudiar? ¿Qué dijo su padre?
R. Era el periodo victoriano. Mi padre era una persona de gran valor intelectual y moral, pero un victoriano. Desde niña estaba contra eso, porque veía a mi padre dominar todo, y decidí que no quería estar en un segundo plano como mi madre, a la que adoraba. Ella no mandaba. Dije a mi padre que no quería ser ni madre ni esposa, que quería ser científica y dedicarme a los otros, utilizar las poquísimas capacidades que tenía para ayudar a los que necesitaban. Que quería ser médica y ayudar a los que sufrían. Él me dijo: “No lo apruebo pero no puedo impedírtelo”.
P. ¿Qué momentos de su vida han sido más emocionantes?
R. El descubrimiento que hice, que hoy es más importante que entonces. Cuando cada experimento confirmaba mi hipótesis, que iba completamente contra los dogmas de ese tiempo, viví momentos emocionantes. Quizás el más emocionante. Por el resto, el reconocimiento de Estocolmo me dio mucho placer, claro, pero fue menos emocionante.
P. Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.
R. Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta. Hoy puede ser el fin de la humanidad. En todas las grandes tragedias se camufla la inteligencia y el razonamiento con ese instinto de bajo nivel. Los regímenes totalitarios de Mussolini, Hitler y Stalin convencieron a las poblaciones con ese raciocinio, que es puro instinto y surge en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento. El peligro es que aquello que salvó al australopithecus cuando bajó del árbol siga predominando.
P. En cien años usted ha conocido esos totalitarismos. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?
R. Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía.
P. ¿Qué aprendió de sus padres? ¿Qué valores le transmitieron?
R. Lo más importante era comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo. No existía la idea del cielo y el infierno. Éramos religiosos, pero la actitud ante la vida no tenía que ver con la religión. Existía el sentido del deber, pero sin compensación post mortem. Debíamos comportarnos bien, eso era una obligación. Entonces no se hablaba de genética, pero era ese espíritu. Sin premio ni miedo.
P. Su origen es sefardí. ¿Hablaban español en casa?
R. No, nunca tuvimos mucha relación con esa lengua. Sabíamos que veníamos de la parte sefardí y no de la askenazi, pero no se hablaba de ello, no nos importaba mucho ser de una u otra. Spinoza me hacía feliz, era un gran referente cultural, y todo lo que sabíamos procedía de los grandes pensadores hebreos, pero no había un sentido de orgullo, de ser mejores, nunca pensamos así.
P. ¿Basta un siglo para comprender a Italia?
R. Es un país maravilloso, por el clima, por la historia del Renacimiento, y por sus enormes contribuciones, su historia formidable de capacidad y descubrimientos. Me sentí siempre judía e italiana, las dos cosas al 100%. No veía dificultad en eso.
P. ¿Cómo ve a Italia hoy?
R. Tiene un fortísimo capital humano, capacidad innovadora y de convivencia, orgullo del pasado, y no se siente demasiado afectada por las cosas negativas, como la mafia. Siempre sentí que era un país del que era una suerte formar parte y haber nacido. Ser italianos era parte de nosotros, nadie nos preguntaba si éramos italianos o no. También era una suerte ser judía. No conocí la Biblia, no tuve una educación religiosa, y me reflejaba en el capital artístico y moral italiano y judío. No pertenecí a una pequeña minoría perseguida, sabía que eso ocurría, pero no me sentía parte de ello. Desde niña me sentía igual que los demás. Cuando me preguntaban “¿cuál es tu religión?”, contestaba: “Yo, librepensadora”, y nadie sabía qué era eso. Y tu padre qué es: ingeniero.
P. ¿Cómo vivió el fascismo?
R. No siento rencor personal. Sin las leyes raciales, que determinaron que los judíos éramos una raza inferior, no hubiera tenido que recluirme en mi habitación para trabajar, en Turín y luego en Asti. Pero nunca me sentí inferior.
P. ¿Así que no sintió miedo?
R. Miedo, no; desprecio y odio sí, netamente por Mussolini. A mi profesor Giuseppe Levi lo seguí paso a paso y era feliz por lo que él valientemente osaba hacer y decir. Nunca sentí la persecución porque mis compañeros de universidad católicos me consideraban igual. Y no tuve sensación de peligro. Cuando empezaron las persecuciones, eran tan inmundas las cosas que se decían que no me daba por aludida. Estaba ya licenciada en 1936, había estudiado con Renato Dulbecco, católico, y Salvatore Luria, judío, y no tenía sensación de ser distinta.
P. ¿Cree que hay peligro de que vuelva el fascismo?
R. Sí, en los momentos críticos prevalece más la componente instintiva del cerebro, que se camufla de raciocinio y anima a los jóvenes a razonar como si fueran parte de una raza superior.
P. ¿Ha seguido la polémica sobre el Papa, los preservativos y el sida?
R. No comparto lo que ha dicho.
P. ¿Y qué piensa del poder que tiene la Iglesia? ¿Es demasiado?
R. Sí. Fui la primera mujer admitida en la Academia Pontificia y tuve una buena relación con Pablo VI y con Wojtyla, también con Ratzinger, aunque menos profunda que con Pablo VI, al que estimaba mucho. No la tuve en cambio con aquel considerado el Papa Bueno, Roncalli (Juan XXIII), que para mí no era bueno, porque era muy amigo de Mussolini y cuando comenzaron las leyes antifascistas dijo que había hecho un gran bien a Italia.
P. ¿Ha cambiado mucho su pensamiento a lo largo de la vida?
R. Poco, poco. Siempre pensé que la mujer estaba destruida porque el hombre imponía su poder por la fuerza física y no por la mental. Y con la fuerza física puedes ser maletero, pero no un genio. Lo pienso todavía.
P. ¿Le importó alguna vez la gloria?
R. Para mí, la medicina era la forma de ayudar a los que no tenían la suerte de vivir en una familia de alto nivel cultural como la mía. Esa línea recta no ha cambiado. La actividad científica y la social son la misma cosa. La ayuda a las mujeres africanas y la medicina son lo mismo.
P. ¿El cerebro sigue siendo un misterio?
R. No. Ahora es mucho menos misterioso. El desarrollo de la ciencia es formidable, sabemos cómo funciona desde el lado científico y tecnológico. Su estudio ya no es un privilegio de los expertos en anatomía, fisiología o comportamiento. Los anatomistas no han hecho gran cosa, quitando algunos. Ahora ya no hay barreras. Físicos, matemáticos, informáticos, bioquímicos y biomoleculares, todos aportan cosas nuevas. Y eso abre posibilidades a nuevos descubrimientos cada día. Yo misma, a los 100 años, sigo haciendo descubrimientos que creo importantes sobre el funcionamiento del factor que descubrí hace más de 50 años.
P. ¿Hará fiesta de cumpleaños?
R. No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir…
P. Díganos el secreto.
R. La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.
P. ¿Está preparada?
R. No hace falta. Morir es lógico.
P. ¿Cuánto desearía vivir?
R. El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana.
https://laicismo.org/2017/rita-levi-montalcini-cuando-ya-no-pueda-pensar-quiero-que-me-ayuden-a-morir-con-dignidad/161649
Fuente Original: Miguel Mora en El País

México: Denuncian irresponsabilidad del gobierno de Chiapas ante la AVG por feminicidios

Por Campaña Popular contra la Violencia hacia las Mujeres y el Feminicidio en Chiapas
Nos preocupa que pese al grave incremento de violencia contra las mujeres y los feminicidios en Chiapas, la autoridad asista sólo por cumplir con estas reuniones que son de carácter político, vital para atender la violencia directa y estructural que miles de mujeres denunciamos en esta entidad.
Dada la gravedad por el incremento de actos violentos y feminicidios en Chiapas compartimos algunas valoraciones con respecto al nivel de cumplimiento que observamos como Campaña a más de 5 meses de haberse declarado la Alerta de Género por la Secretaría de Gobernación (SEGOB) a través de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM).El pasado viernes 21 de abril una representación de la Campaña Popular contra la Violencia Hacia las Mujeres y el Feminicidio en Chiapas asistió a la reunión ordinaria del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario (GIM) realizada en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez en seguimiento a la Declaratoria de Alerta de Violencia de Género (AVG) contra las Mujeres en el estado.
  1. Pese a los compromisos adquiridos por las instituciones del gobierno estatal y federal para la implementación de acciones inmediatas para atender la AVG, señalamos la falta de compromiso en acciones claras y contundentes para atender las múltiples denuncias presentadas por hechos de violencia y feminicidio hacia las mujeres en las distintas regiones de Chiapas.
  2. Expresamos también nuestro desacuerdo en torno a no incorporar de manera oportuna y completa las observaciones que hemos hecho tanto las organizaciones peticionarias de la AVG como las que integramos la Campaña Popular.
  3. Lamentamos la falta de interés y ausencia del gobernador, Manuel Velasco Coello, y funcionarios con capacidad de decisión al no asistir a esta reunión ordinaria del GIM programada con suficiente antelación dada la importancia de atender el tema en el estado ordenado por la federación.
  4. Denunciamos que a más de 5 meses de la Declaratoria de AVG no se han instalado las mesas de atención de casos, salud y coordinación de municipios pesé a la urgente necesidad de atender los eventos de violencia contra las mujeres que se siguen sumando en la entidad.
  5. Nos sorprende la desarticulación entre dependencias del gobierno estatal y entre los representantes de los 7 municipios que presentaron programas de trabajo ya que no constituye acción estratégica para atender los problemas de fondo pero tampoco para resolver las emergencias que se están demandando.
  6. Llamamos a observar la posible instrumentalización y desvío de fondos en la realización de diagnósticos previos y creación de protocolos institucionales a nivel estatal cuando ya existen ordenamientos claramente establecidos en el Informe de la AVG y la Norma 046, por citar un par de ejemplos.
  7. Pedimos a la CONAVIM que asuma su papel de coordinación, seguimiento y vigilancia del GIM en seguimiento a la AVG ya que no puede reducir su intervención a la moderación de las sesiones ordinarias.
  8. Pese a que la AVG fue declarada para 7 municipios de Chiapas y todos los de la Zona Altos (16 localidades), nos preocupa la ausencia de todos los municipios de esta zona demostrando el desinterés y discriminación de integrar a estas localidades con presencia de pueblos indígenas dejando el vacío de posibles acciones orientadas a estas comunidades.
  9. Vemos con preocupación la falta de transparencia y compromiso al no estar representadas instituciones como la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para la asignación de recursos que garanticen la implementación de acciones a corto, mediano y largo plazo en Chiapas.
  10. Denunciamos que la falta de capacidad de los funcionarios delegados a las reuniones del GIM entorpece el avance sustancial de acuerdos mínimos ya que justifican su desconocimiento en la materia pretextando “respetar la autonomía municipal”.
Estas son tan sólo algunas de las valoraciones que adelantamos de la reunión de seguimiento que tuvimos la semana pasada en donde señalamos la irresponsable actuación de las autoridades del gobierno estatal para asumir en coherencia e integralidad la declaratoria de AVG para el estado de Chiapas.
Insistimos en que la declaratoria parcial de AVG para 23 municipios omite las graves violaciones a derechos humanos de las mujeres que se están cometiendo en el resto de municipios de la entidad que no fueron consideradas como parte de la Declaratoria; siendo esta una oportunidad para que el gobierno estatal reconozca y atienda de manera integral el alto costo humano que representa la violencia especifica, en todas sus formas, contra las mujeres en Chiapas.
Nos preocupa que pese al grave incremento de violencia contra las mujeres y los feminicidios en Chiapas, la autoridad asista sólo por cumplir con estas reuniones que son de carácter político, vital para atender la violencia directa y estructural que miles de mujeres denunciamos en esta entidad.
Finalmente, reprobamos el uso y abuso que el gobierno estatal, servidores públicos y personas de la política interna hacen de los recursos públicos para instrumentalizar a mujeres beneficiarias de programas asistenciales, como el Prospera, para fines político electorales violentando su derecho a decidir y participar libremente sin condicionamiento alguno.
¡No más violencia contra las mujeres!
Atentamente:
Campaña Popular contra la Violencia hacia las Mujeres y el Feminicidio en Chiapas. Mujeres y hombres de la regiones, norte, altos, sierra frontera, Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas (CDMCH), Brigada Feminista por la Autonomía, Casa Cereza, Casa de la Mujer de Palenque, Casa Gandhi, Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar (CAVIF), Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba), Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdoba, Centro de Investigación y Acción para la Mujer Latinoamericana (CIAM), COLEM Grupo de Mujeres de San Cristóbal, El Paliacate Espacio Cultural, Formación y Capacitación (FOCA), Colectivo Educación para  la Paz y los Derechos Humanos A.C. (CEPAZDH) Grupo de Mujeres de San Cristóbal de las Casas COLEM, Melel Xojobal, Promedios De Comunicación Comunitaria, Red de Mujeres Chiapanecas contra la violencia hacia las mujeres, Red Mesoamericana Mujer Salud y Migración, Save the Children, Semilla del Sur, Skolta’el Yu’un Jlumaltic, A. C. (SYJAC), Alianza Global Pediátrica, Estudiantes, fotógrafos, artistas, músic@s, medios libres y personas en lo individual.

Las mujeres que eligieron ser cultas para ser libres


‘Mujeres en Vanguardia’ celebra el centenario de la Residencia de Señoritas con 400 piezas que resumen su historia.
‘Mujeres en Vanguardia’ celebra el centenario de la Residencia de Señoritas con 400 piezas que resumen su historia.
Maruja Mallo con Josefina Carabias, apoyadas sobre su óleo ‘Antro de fósiles’.
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Maruja Mallo con Josefina Carabias, apoyadas sobre su óleo ‘Antro de fósiles’. Guillermo de Osma
Lorena G. Maldonado
Fueron mujeres en una época en la que a la mujer sólo se le dejaba ser hembra. Niñas bien, iconos pop, sexo fuerte intelectual. Se arremangaron las faldas y se colaron en fiestas reservadas a la testosterona: atriles, laboratorios, escaños. Ya no querían ser musas. Ahora, ellas con la témpera, con la ley, con el tomo de filosofía, con el poemario. Las chicas de la Residencia de Señoritas -cara B de la mítica de Estudiantes- eligieron ser cultas para ser libres.
Fue en 1915 cuando la pedagoga y humanista María de Maeztu inauguró el primer centro oficial español para fomentar la formación superior de la mujer adoptando a 30 alumnas entusiastas. Se instalaron en el hotelito de la calle Fortuny (en Madrid) que habían ocupado sus compañeros antes de que se les quedara pequeño y se mudaron a los Altos del Hipódromo. Su actividad didáctica fue frenética, pero, además, Maeztu se encargó de perfilar a la joven moderna de comienzos del siglo XX ofreciéndole deportes, viajes, conferencias e incluso intercambios en colleges estadounidenses (para disgusto de las autoridades católicas del momento, que se hacían el rosario de ida y vuelta para que las niñas no sacaran los pies del tiesto).
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Una clase de matemáticas en la Residencia de Señoritas hacia 1933.
La directora contó con el apoyo de Alberto Jiménez Fraud -su homólogo en la residencia masculina-, de la Asociación de Educación para la Mujer -creada en 1879 por Fernando de Castro- y con el International Institute for Girls in Spain, que aportó proyección extranjera e ínfulas de unas libertades que aquí no habían aterrizado.
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Las chiquillas no tenían más de 16 años y ya eran peligrosas: algunas incluso soñaban con ir a la Universidad. Sabían que la emancipación había que trabajarla de dentro hacia fuera. “Al principio fue complicado: se requería de un permiso paterno para poder acceder, y María de Maeztu, para tranquilizar a los tutores, quiso hacerles ver que la madurez académica no era incompatible con los parámetros de una vida moral”, explica Almudena de la Cueva, comisaria de la exposición Mujeres en Vanguardia, que celebra el centenario de la residencia.
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Delhy Tejero, número 6 de la serie La Venus del bolchevique, ilustración para la revista Crónica. Colección Javier Vila Tejero
“Impuso horarios a las internas y, al observar la reticencia de ciertos padres a que las niñas durmieran allí, no hizo obligatorio el internado. También había quien temía que sus hijas pisaran las aulas de la Universidad, así que la directora concertó un método por el que algunas de las señoritas recibían clases preparatorias en la Residencia y sólo iban a las aulas a examinarse”. Maeztu se movía por atajos para edificar su “casa de muchachas aplicadas al estudio”, y bien dejó claro que no deseaba “un casino de intelectuales ni un plantel de sufragistas”. Su afán por inculcarles “un hondo sentimiento de honor, dignidad y espíritu crítico” provocó que fueran la semilla de todo lo conquistado después: luchadoras con hábito a las que no les estorbaban los pechos.
Había algo de rebeldía en esas niñas de pelo corto y abrigo largo que irrumpían en las clases acompañadas de un profesor y ocupaban pupitres apartados de los varones. Mujeres extravagantes hacia adentro que un día firmaban su matrícula universitaria y otro ondeaban un título con su nombre, sin que ningún novio les prestase el apellido. Estudiar las hacía sexys -por autónomas- sin necesidad de ser hermosas, y ese germen académico se extendió muy pronto: “Llegaron tantas que Maeztu empezó a dividirlas en grupos, y al poco, las clases se expandieron por edificios cercanos”, sostiene De la Cueva.
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Alumnas de la Residencia de Señoritas estudiando. Estampa
Al cierre del centro, en 1936, ya eran 300 por promoción. La muestra Mujeres en Vanguardia -organizada con el apoyo de Acción Cultural Española (AC/E)- puede verse desde hoy hasta el 27 de marzo de 2016 en la Residencia de Estudiantes. Acoge más de 400 documentos, libros, fotografías, archivos sonoros y obras de arte de instituciones como el Museo Sorolla, el Reina Sofía, la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón o la Biblioteca Nacional de España, entre muchos otros. La Residencia de Señoritas se constituyó como un ecosistema independiente, un ring del pensamiento moderno que entrenaba a sus chicas para convencer fuerte ahí afuera. Y sus combatientes, tanto profesoras como alumnas, fueron de excepción.
De tal maestra tal alumna
Hubo docentes de la potencia artística y experimental de Maruja Mallo, pintora surrealista codeada allá en París con René Magritte, Max Erns, Joan Miró o Paul Éluard -el propio André Breton compró en 1932 su obra espectral Espantapájaros-. Sufrió por Rafael Alberti, influyó en Miguel Hernández, fue precursora del arte pop estadounidense y García Lorca aseguró que “toda la belleza del mundo cabía en su ojo”. O María Goyri, ávida investigadora humanista. Un informe franquista, en 1937, la tildó de “persona de gran talento, de gran cultura, de una energía extraordinaria, que ha pervertido a su marido [Ramón Menéndez Pidal] y a sus hijos; muy persuasiva y de las personas más peligrosas de España. Es sin duda una de las raíces más robustas de la revolución”.
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Maruja Mallo, La verbena, 1927. Reina Sofía
También Zenobia Camprubí impartió clases en la Residencia. Mamó del feminismo estadounidense durante sus años universitarios en Columbia y lo trajo aquí como una víscera caliente para liderar el Lyceum Club Femenino. Fue escritora de ego compatible con su amor a otro escritor -Juan Ramón Jiménez-, por quien se desdobló en traductora, secretaria y agente. María Zambrano -Premio Príncipe de Asturias y Premio Cervantes- fue profesora de Filosofía de las niñas; Gabriela Mistral y Clara Campoamor colaboraron en su aprendizaje. Hasta Marie Curie acabó alojándose unas noches en la institución después de una conferencia.
Con estas influencias, no es raro que el centro pariese alumnas como las pintoras Delhy Tejero y Menchu Gal; la periodista pionera Josefina Carabias, la abogada Matilde Huici o la mismísima Victoria Kent, que reformó todo el sistema penitenciario y fue la primera mujer española en intervenir en un consejo de guerra. Por las obras de estas mujeres arrolladoras -y por las de otras anónimas gigantes- pasea Mujeres en Vanguardia.
Pausa y legado
Cuando todo comenzaba a parecer posible, llegó la Guerra Civil como una apisonadora. “María de Maeztu presentó su dimisión tras el fusilamiento de su hermano Ramiro a manos del bando republicano”, suspira la comisaria. “El Comité de residentes y antiguas residentes se trasladó a Valencia siguiendo al gobierno de la República, pero allí la idea ya no sobrevivió”. Muchas de ellas emigraron, otras soportaron un “exilio interior que duró varias décadas”. Unas pocas regresaron siendo “auténticas desconocidas”. “Se habían formado con unas expectativas que fueron truncadas”, recuerda la experta. La Residencia de Señoritas pasó a llamarse Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús y fue liderada por Matilde Marquina García, miembro de la Falange.
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Hermina Adrados y Pilar Rosado de la Iglesia, delante de los edificios de la Residencia. Archivo familiar Bonet Rosado
Nada fue en vano, sin embargo. “Dejaron un férreo legado. Sólo era cuestión de volver a la carga”, sonríe De la Cueva. Y así lo hicieron sus hijas, y las hijas de sus hijas, que han colaborado, gustosas, en la exposición. A pesar de que en España nunca hayamos tenido presidenta del Gobierno. A pesar de la herencia de la Ley Sálica para acceder a la Corona. A pesar del embudo laboral que dificulta a la mujer alcanzar puestos directivos. A pesar de la brecha salarial. Cuentan que un día, un ministro del momento visitó la Residencia y, sorprendido por los métodos pioneros que empleaban, le preguntó a Jiménez Fraud: “¿Pero usted cree que esto es España?”. Jiménez le miró: “No, pero lo será”.


fuente: http://miradordeatarfe.es/?p=8015

martes, 25 de abril de 2017

The Story of Microfibers

Feminista, intolerante y radical


Feminismo radical
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Mónica Baró Sánchez
Rebelión

Sobre la concepción radical del feminismo y la tolerancia de la sociedad ante las violencias machistas.

Nada justifica la violencia contra mujeres y niñas. No la justifica la embriaguez, ni el estrés, ni el miedo a perder, ni un escote, ni un vestido corto, ni el dolor, ni las inseguridades. Tan pronto comenzamos a encontrar justificaciones para la violencia, comenzamos también a naturalizarla. Expresiones como: “es que él tuvo un mal día”, “es que tiene muchas frustraciones”, “es que ese es su carácter”, “es que lo provocaste”, entre tantas otras con las que en ocasiones se intenta trivializar una agresión física o verbal, no son ni tan inofensivas como parecen en la cotidianidad, ni tan conciliadoras. Son expresiones que, muy discretamente, contribuyen a reforzar las desigualdades entre géneros, en la medida en que legitiman la idea de la superioridad del hombre con respecto a la mujer e incentivan la tolerancia al maltrato físico y psicológico. Sí es necesario ser radicales ante las distintas manifestaciones de la violencia.

Y eso no significa que las mujeres debamos devolver las ofensas y los golpes, mucho menos que debamos ofender y golpear primero; porque estaríamos invirtiendo los roles y no superaríamos la dinámica de la dominación. Ser radicales significa no tolerar, no justificar. Así de sencillo. ¿Por qué una mujer violentada debería comprender y perdonar a su agresor, olvidar o superar lo que pasó, “poner de su parte”, no tomárselo personal, aceptar el mundo como es, asumir que “el hombre es hombre”, preguntarse qué hizo mal, sentirse culpable?

Podemos tolerar las imperfecciones o el sol de agosto, pero no lo que atenta contra la dignidad y el bienestar de un ser humano. No se trata de confrontar fuerzas. No se trata de venganzas. No se trata de enfrentar el odio que destruye con un odio superior. No se trata de resentimientos. No se trata ni de fobia al falo, ni de envidia al falo. Se trata de ir creando una cultura de paz entre géneros, donde unas y otros, sin dejar de reconocer lo que nos diferencia, podamos ejercer nuestras libertades en igualdad de condiciones. Pero la tolerancia a la violencia, lejos de promover una cultura de paz entre géneros, lo que promueve es una cultura de sumisión de la mujer al hombre violento.

Una cultura de sumisión que niega y desvirtúa algo tan básico como el derecho de una persona violentada a defender su vida y que, además, trae consigo un mal peor: la impunidad. Y la paz no se sustenta sobre la prevalencia de la impunidad sino de la justicia. No dependerá de la capacidad que desarrollen las mujeres para someter sus cuerpos y destinos a la voluntad de los hombres.

Dependerá de que aprendamos a concebirnos y relacionarnos como personas libres. “El problema no es que haya unos asesinos que matan, sino que hay las condiciones que permiten que haya asesinos que maten”, advierte la investigadora mexicana Marcela Lagarde, en una entrevista concedida a la agencia Adital en 2010. Porque las muertes provocadas por la violencia de género no son muertes casuales ni impredecibles. Son muertes que revelan la discriminación que, desde hace siglos, enfrentan las mujeres de distintas partes del mundo.

A pesar de las múltiples conquistas del movimiento feminista internacional, en 2013 la Organización Mundial de la Salud publicó un informe donde consideró la violencia contra la mujer como un problema de salud de proporciones epidémicas, que afecta a más de un tercio de la población femenina del mundo. Y en América Latina y el Caribe, de acuerdo con estadísticas difundidas en 2016 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribemueren cada día al menos doce mujeres por el hecho de ser mujeres.

Sin embargo, si bien el feminicidio constituye la expresión más extrema de la violencia contra la mujer, si no comprendemos que tan grave como el asesinato es el golpe y que tan grave como el golpe es el insulto y que tan grave como el insulto es todo lo que inferioriza, nunca cambiaremos las condiciones que, como explicara Lagarde, permiten que ocurran los feminicidios. La cosmovisión que subyace en la golpiza de un hombre a una mujer es la misma que subyace en el acoso sexual a mujeres en espacios públicos: la mujer no es una persona sino un objeto del que adueñarse para obtener satisfacción.

En cada contexto prevalece la misma mirada discriminadora. Además, casi siempre el hombre que llega al punto de asesinar a una mujer con la que mantiene o mantuvo algún tipo de relación afectiva es porque antes la golpeó, la violó, la humilló o la amenazó, sin que sus acciones recibieran una condena social o jurídica lo suficientemente efectiva como para impedir que continuaran los abusos. Cuando la muerte, sea de una víctima o de su victimario (en la minoría de los casos), se convierte en el límite de la violencia contra mujeres y niñas –no las instituciones estatales, no las autoridades, no las leyes, no los líderes políticos, no los medios de prensa, no las organizaciones sociales- es porque el sistema que organiza un país está fallando en su misión de salvaguardar las vidas.

A las mujeres víctimas de violencia de género no las matan solo sus victimarios. No las matan solo el miedo, la pérdida de autoestima, el silencio, el desamparo. Las matan también la tolerancia y la indiferencia de la sociedad ante la violencia que sufren constantemente. Aunque ocurra primordialmente en espacios privados, en la intimidad de las familias y parejas, la violencia contra mujeres y niñas no es una problemática personal de quienes la padecen. Es una problemática social, que requiere la organización de una estructura con la que se pueda enfrentar la violencia tanto individual como socialmente. Todos debemos ser responsables de preservar la vida de cada víctima y contribuir a que se imparta justicia.

El sistema patriarcal sin dudas constituye una cultura muy compleja, cuyos sentidos se encuentran entretejidos con el resto de los sentidos que conforman la identidad cultural de una nación. Y todas las personas, tanto mujeres como hombres, reproducimos el patriarcado una que otra vez. (Aunque ciertamente hay quienes se esmeran reproduciéndolo.) Sin embargo, el hecho de que sea parte de nuestra identidad cultural no significa que debamos resignarnos a su presencia; que debamos, por ejemplo, resolver el acoso sexual a mujeres con un displicente “así somos los cubanos”. La esclavización de afrodescendientes durante muchos años fue parte de la identidad cultural de Cuba -al igual que de tantos otros países de América, del Caribe, de Europa. Así éramos los habitantes de esta Isla: esclavistas o esclavos, descendientes de esclavistas o esclavos, violadores de esclavas o esclavas violadas, cazadores de esclavos o cimarrones, aspirantes a esclavistas. Afortunadamente, hubo movimientos abolicionistas e independistas a los cuales la esclavitud le pareció una abominable manera de ser cubanos y creyeron que la libertad era la manera correcta, digna, de ser cubanos.

“La masculinidad violenta se aprende, no nace”
, precisa la investigadora cubana Clotilde Proveyer, en una entrevista que concediera en 2008 al Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y Caribe. En otras palabras: ninguna persona nace con los paradigmas de lo que es lo masculino y lo femenino incorporados en su código genético. Esos paradigmas se incorporan progresivamente en la experiencia vital. La violencia no es una cualidad inalienable de los hombres, como mismo la sumisión no es una cualidad inalienable de las mujeres. Resulta bastante raro encontrar prejuicios en un niño, sea hacia el color de la piel, la manera de vestir o el género de alguien. Un niño no suele sentir conflictos, por ejemplo, ante una pareja homosexual. Y no porque no entienda que conforman una pareja distinta a la mayoría de las parejas sino porque no se siente amenazado por lo distinto.

Lo que le importa es la calidad del afecto que recibe. Valora a cada persona por sus actos y por la manera en que le trata. Las personas aprenden a ser violentas en los distintos espacios de socialización de los que van formando parte en el transcurso de la vida -la familia, la escuela, la comunidad, el centro de trabajo, las organizaciones políticas- y en el consumo de productos culturales y mediáticos que reproducen el paradigma de la desigualdad. Aprenden que la mujer es quien cuida de los hijos y el hombre es quien provee el sustento económico de la familia, no necesariamente porque sea lo mejor para la familia sino porque se entiende que esa distribución de roles es lo que hace hombre al hombre y mujer a la mujer. Aprenden a ser violentadas una y otra vez. No obstante, también hemos aprendido que las mujeres pueden usar pantalones, montar bicicleta, defender sus opiniones políticas, pilotear un avión o presidir un país y continuar siendo mujeres.

Que los hombres pueden vestirse con una camisa rosada, sacarse las cejas, arreglarse las uñas, ocuparse de los quehaceres domésticos, tejer las trenzas de sus hijas o llorar con una película y continuar siendo hombres. Entonces, si hemos conseguido aprender y, sobre todo, cambiar tanto, es porque podemos superar el patriarcado y encontrar maneras dignas de ser y relacionarnos. De eso –no de monstruos que salen con luna llena- es de lo que se trata el feminismo. Si las mujeres y hombres feministas son intolerantes ante la violencia que provoca dolor y muerte, es porque son radicales en el respeto hacia la vida.

(Sobre la Autora: La Habana, 1988. Periodista y educadora popular. Ha trabajado en la redacción internacional de la revista Bohemia y en el Instituto de Filosofía de Cuba. Actualmente, trabaja en la revista digital Periodismo de Barrio). 

sábado, 22 de abril de 2017

Ecofeminismo: uma breve introdução

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O ecofeminismo é uma vertente feminista que busca ligações entre as problemáticas ambientais e as problemáticas de gênero. Proveniente da década de 1970, na França, só ganhou visibilidade no Brasil durante a ECO-92 com iniciativa do Planeta Fêmea - movimento político feminista que buscou mudanças que corrigissem o desequilíbrio gerado no Planeta Terra. Seus princípios englobam grandes esferas, tais como: política – questiona-se a hierarquia criada entre homens e mulheres, que justificaria a exploração feminina e ambiental; econômica – contesta-se o tratamento da natureza como recurso ilimitado a fim de obtenção de lucros; e política-científica – uma vez que há  a desvalorização e até mesmo a exclusão do conhecimento feminino na ciência.

Alguns dos ideais iniciais da vertente buscavam a luta pela democracia direta, a idealização de tecnologias com menor dano possível ao ambiente e a superação da dominação patriarcal. Nesse contexto, havia uma grande crítica às dicotomias polarizadas, com uma ponta exercendo domínio sobre a outra, por exemplo, campo x cidade, conhecimento bucólico x conhecimento intelectual e espaço reprodutivo x espaço produtivo. Essa crítica opunha-se à supervalorização dos bens materiais em detrimento das outras esferas. Assim, a primeira “utopia” ecológica feminista converge ideologicamente com pensamento ecológico socialista.

Por ser uma corrente feminista que enfatiza a diferença do feminino em relação ao masculino, acredita-se que as contribuições femininas podem ir muito além da ruptura com a atual sociedade machista, com a valorização das características únicas das mulheres a fim de alcançar a igualdade de gênero. Dentro da vertente do ecofeminismo, diversas subdivisões são encontradas, algumas das principais são:

  1. Ecofeminismo clássico: acredita em uma visão essencialista da mulher, maternal, pacifista e conservadora da natureza, em que a ética feminina de proteção dos seres vivos se opõe à essência agressiva do homem que leva o mundo à destruição ambiental, à violência e às guerras;
  2. Ecofeminismo espiritualista: baseado na cosmologia hindu, da Ásia, e na Teologia da Libertação, da América Latina, retoma o “princípio feminino”, isto é, a crença na essência feminina ligada ao meio ambiente (fertilidade, maternidade, proteção). Critica o desenvolvimento do capitalismo, enraizado no patriarcado, no racismo, no elitismo;
  3. Ecofeminismo construtivista: Teoriza que, devido ao processo de socialização da mulher no decorrer do tempo com responsabilidades domésticas, de reprodução e cuidados, ocasionou-se um desenvolvimento “obrigatório” na mulher de certa “consciência ecológica”. Esta relação entre o feminino e o ambiente não está associada a características inatas, mas é produto da divisão sexual do trabalho, que conferiu mais poder à produção do que à reprodução. As lutas socioambientais e feministas tornam-se interseccionais.

Ecofeminismo espiritualista e Vandana Shiva

Vandana Shiva é um dos maiores nomes ecofeministas. Ativista ecológica, referente nome na Física Indiana e PhD em filosofia, tornou-se importante militante pelos direitos ambientais e das mulheres. Parte da crítica do sistema patriarcal capitalista que mantém mulher e natureza “presas” e submissas ao poderio masculino.

Para a autora, o vasto conhecimento ambiental feminino fora desprezado. Anteriormente a relação com o ambiente era apenas para a estabilidade e sobrevivência, e não primordialmente comercial, mas essa relação passa a ser excessiva – considerada como “roubo” a natureza – tendo como principal símbolo a monocultura. Essa prática resultaria na redução de empregos, terras e acesso mínimo das mulheres ao poder. Não apenas símbolo de mudanças excludentes das diversas formas de cultivo seria, acima de tudo, a demonstração da intervenção do homem na natureza visando lucro.

Vandana Shiva se centra em temas como monocultura, preservação de sementes, escassez da água, desmatamento, destruição da biodiversidade e saúde, visto que muitas decisões tornaram-se unilaterais, desconsiderando a humanidade, os princípios de justiça e igualdade e priorizando apenas a produção e o capital.

Seus trabalhos são reconhecidos mundialmente e seu feminismo ajudou muito o Oriente, pela sua participação, por exemplo, no Movimento das Mulheres de Chipko, que buscava de maneira sustentável salvar as florestas. Para esse fim, as mulheres costumavam formar barreiras com seus corpos em torno de árvores para evitar seu corte e protestar contra os despejos tóxicos, gerando certo reconhecimento para as mesmas e visibilidade para a sua conexão com a agricultura. Salientou também a importante economia rural, sendo fundamental papel pacífico natural da mulher que normalmente não era notado, sempre às sombras do patriarcado.

A crítica do “princípio feminino” pelo ecofeminismo construtivista

Existem grandes críticas à produção da Vandana Shiva, principalmente à questão espiritual referente ao “princípio feminino”, crença hindu que enfatiza a essência imutável e inerente das mulheres como primordialmente reprodutoras e distante das relações econômicas de produção, políticas e sociais históricas. Devido à maternidade, todo um estereótipo biologicamente determinista feminino é relacionado à fertilidade dos solos pertencentes à “mãe-Terra”.

Essa corrente é considerada retrógrada por muitas pesquisadoras do meio construtivista, como Val Plumwood, Bila Sorj e Sandra Mara Garcia. Elas criticam os pressupostos ecofeministas clássicos e espiritualistas, pois a essencialização da mulher, que atribui a esta categoria uma unidade, uma distinção atemporal, transcultural e fixa, deixa de lado a problematização da divisão sexual do trabalho, que confinou a mulher ao espaço doméstico e à reprodução de forma obrigatória. Para as autoras não existe uma essência feminina, e fatores como idade, raça, etnia, classe e religião devem ser analisados quando falamos sobre mulheres, pois elas são diversas. Sendo assim, associar comportamentos e atitudes (maternais, frágeis, protetoras, sensíveis...) a fatores biológicos é um equívoco.

A destruição ambiental atual e seus meios

Acredita-se que os desequilíbrios ambientais são decorrências do modelo de vida de consumo e exploração majoritária do Norte em relação ao Sul. As mulheres, nessa medida, apesar de prejudicadas no Sul, seriam grandes alimentadoras do sistema no Norte, gerando lucro para essa região. A indústria da moda, por exemplo, é uma das maiores contribuintes da poluição - algo que pode ser facilmente entendido pela sustentação dos padrões de beleza.

A fim de reverter a situação revoltante, organizações – não necessariamente ecofeministas, mas com princípios equivalentes – basearam-se no empoderamento feminino como meio de transformação, pois a lógica do capitalismo tem se demonstrado incompatível com as exigências ecológicas para a sustentabilidade da vida no planeta, não sendo possível ecologizar o capitalismo, nem acabar com a dominação e exploração das mulheres sem superar as estruturas capitalistas patriarcais que a mantém.

Deste modo, tanto a solução para a crise ambiental, quanto à libertação das mulheres não devem ser tratadas como problemas isolados. A luta pelo meio ambiente é também uma luta feminista: da libertação da destruição e opressão sobre a natureza sedimenta-se a oportunidade de libertação feminina. O ecofeminismo pressupõe a ação conjunta dos movimentos sociais contra seus opressores: o capitalismo, o patriarcado, o racismo. É sobre respeito à natureza, a produção da vida e do equilíbrio, propiciando a valorização da mulher com a garantia dos seus direitos em uma sociedade justa.

Referências
- http://www.uel.br/eventos/sepech/sepech08/arqtxt/resumos-anais/IriePSouza.pdf
- http://www.emater.tche.br/docs/agroeco/revista/n1/11_artigo_ecofemi.pdf
- http://www.redalyc.org/html/381/38135331002/
- https://www.espacoacademico.com.br/058/58angelin.htm


Por  Júlia Cardoso