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miércoles, 1 de febrero de 2023
Calendario Cíclico 2023
Activismo Menstruales
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jueves, 8 de marzo de 2018
Por qué la menstruación es también un factor de desigualdad de género
Más allá de la biología, los factores culturales y políticos que condicionan nuestros cuerpos menstruantes y nos juegan en contra.

Desde que menstruamos por primera vez, un saber popular que se sigue transmitiendo de generación en generación le hace saber a una niña que se convirtió en mujer. “Hacerse señorita” es la frase látigo. Y, en general, se celebra porque se entiende que la menstruación marca un pasaje a la adolescencia e inicia cambios en el desarrollo de senos, de las curvas. Pero ahondemos un poco más: ¿qué decimos que es la menstruación? Una preparación para la maternidad.
Hay personas que menstrúan y pueden no desear ser madres. Hay mujeres que no menstrúan y son tan mujer como cualquier otra, y hay personas que menstrúan y no desean ser mujeres, como los varones trans.
La menstruación es un hecho real del cuerpo sobre el que se sigue significando -desde la naturaleza- la condición de mujer. Y paradójicamente, eso mismo que nos hace mujeres desde un saber popular, es algo que debe ser ocultado muy bien de la percepción ajena. Lo ocultamos en el lenguaje, hablando en código con eufemismos como “Vino Andrés” y también buscamos productos de gestión menstrual que nos garanticen “protección femenina”, es decir, ausencia de manchas y “accidentes” en público.
¿Por qué? Porque nos avergüenza. Vivir con vergüenza esa experiencia es una construcción social que refuerza la idea de inferioridad de las personas que nacieron como mujeres y menstrúan, que afecta de una forma naturalizada la autoestima porque se les dice a las mujeres que sus cuerpos son inadecuados en el ámbito social si se nota que menstrúan. Todas estas construcciones sociales y culturales sobre la menstruación como equivalencia a mujer, a maternidad futura y a algo sucio y/o vergo

Vivir con vergüenza esa experiencia es una construcción social que refuerza la idea de inferioridad de las personas que nacieron como mujeres y menstrúan.
Pensemos que cuando hay una situación de emergencia o catástrofe, los Estados suelen entregar pañales para bebés pero no productos para la gestión de la menstruación.
Pensemos que las mujeres en situación de calle, las mujeres privadas de su libertad y las niñas, adolescentes y adultas más pobres, no suelen tener acceso gratuito a productos de gestión menstrual.
Pensemos que la menstruación es una causa de desigualdad económica porque quienes menstrúan pagan impuestos sobre esos productos cuando son de primera necesidad.nzante (tabú) son sólo un eje para comprender por qué puede ser un factor de inequidad de género. Pero hay otros argumentos por los que sostenemos esto mismo.
Pensemos: las instituciones públicas no están preparadas para la necesidad de los cuerpos que menstrúan. Suele haber dispensers de preservativos pero no de toallas y tampones.

La menstruación es una causa de desigualdad económica porque quienes menstrúan pagan impuestos sobre esos productos, cuando son de primera necesidad.
Pensemos que es una fuente de desigualdad en el acceso a la educación porque hay niñas y adolescentes que por no tener productos que efectivamente contengan y enmascaren esa sangre faltan a la escuela en esos días.
Pensemos que a muchas niñas aún se les transmite información errónea, incompleta o no se les transmite información alguna sobre la menstruación y reciben su menarca con angustia y una falta de información sobre sus cuerpos que vulnera sus derechos sexuales y reproductivos.
Y la lista podría seguir extendiéndose. Pero es tiempo de que el debate parlamentario trate los proyectos de ley relativos a la provisión de una educación completa sobre la menstruación, provisión gratuita de productos de gestión menstrual para poblaciones vulnerables, exención del IVA sobre esos productos, investigación sobre la seguridad de todos los productos de gestión menstrual y adecuación de los espacios públicos a esas necesidades. Estas también son políticas públicas aún pendientes.
* Por Eugenia Tarzibachi, Doctora en Ciencias Sociales y Psicóloga por la Universidad de Buenos Aires, especialista en Educación por la Universidad de San Andrés y especialista en Salud Integral Adolescente (UBA). También es autora del libro Cosa de Mujeres. Menstruación, Género y Poder(Sudamericana/Penguin Random House, 2017) nominado al Premio Ángeles Durán de la Universidad Autónoma de Madrid (España).
Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com
domingo, 18 de febrero de 2018
La menstruación y una historia no contada
Eugenia Tarzibachi encaró una investigación exhaustiva sobre las implicancias socioculturales, políticas y económicas de "hacerse señorita", y lo plasmó en un libro revelador.
1982. En una escuela primaria pública del centro de Rosario las maestras les piden a los varones de sexto grado que salgan del aula porque las chicas van a tener una clase especial. Nos quedamos algo sorprendidas por la propuesta. A los pocos minutos entran un hombre y una mujer con carpetas, cajas de cartón y un proyector. Son representantes de una empresa que vende toallas femeninas y vienen a contarnos que es esto de "hacerse señorita".
Recuerdo las imágenes reflejadas en la pared del aula, una demostración cuasi médica, con dibujos animados, del proceso de menstruar y, por supuesto, la comprobación en pantalla del poder de absorción de la toallita en cuestión. El líquido que se vuelca en "los protectores higiénicos" desde una especie de tubo de ensayo —para mostrar la eficacia del producto de la empresa— es azul.
Apenas comprendo de qué hablan. Algunas de mis compañeras se ríen nerviosas, otras cuchichean y señalan a una nena rubia y delgada que se sienta en la primera fila: "A ella ya le pasó". Pienso...¿qué será exactamente eso azul que, entiendo, saldrá de la vagina y que por lo que dicen es importante, un acontecimiento "feliz", un hecho trascendente de la vida femenina pero que es a la vez peligroso porque entonces, cuando te pasa, "te podés quedar embarazada"?
Salgo al recreo aturdida. Los chicos, en grupitos, nos miran y se burlan. En un bolsillo del guardapolvos, envuelto en un papel donde nada se transparenta, todas nos llevamos las toallitas que nos dieron de regalo. Años después el paquete sigue ahí. Creo que, finalmente, lo tiré en alguna de las tantas mudanzas. Pero durante mucho tiempo me encargué de mantenerlo oculto, escondido. Para que nadie pregunte, para no tener que explicar.
Quizá por situaciones como esta y otras tantas teñidas de vergüenza, confusión, miedo y hasta violencia, Eugenia Tarzibachi decidió investigar durante siete años sobre la menstruación, un tema tabú que tiene implicancias sociales, culturales y económicas, y que lejos de ser un asunto privado e individual es un tema de salud pública. Es político y social.
Cosa de mujeres. Menstruación, género y poder se llama el libro que tiene su tapa "manchada de sangre" y que publicó Sudamericana hace pocos meses. Un libro que genera como mínimo, curiosidad. "¿De verdad alguien se dedicó a escribir sobre la menstruación, me estás jodiendo?", comenta un compañero de trabajo que me observa leyendo, y obviamente hace el chiste inevitable: "Después se quejan de Arjona".
Preguntas necesarias
El ocultamiento de la sangre, la discreción y la asimilación al cuerpo que no menstrúa (a-menstrual) siguen siendo lo culturalmente aceptable. ¿Fue la industria productora de toallas y tampones la que hizo su mayor aporte para sostener la idea del cuerpo limpio, higiénico, no menstruante? Obviamente, y así lo relata la autora, el hecho de que podamos recurrir a estos "protectores" (antes de su existencia en el mercado las mujeres se colocaban trapos y los lavaban para reutilizarlos) trajo beneficios y alivio.
Pero ¿por qué seguimos ocultándolo? ¿Por qué, por ejemplo, en el baño, o en el dormitorio, e incluso cuando una mujer vive sola, guarda los productos para contener la menstruación en lo más profundo del placard o del cajón? ¿Por qué las niñas siguen aterradas pensando en lo que puede suceder si la toallita se les nota? ¿Por qué las mujeres sienten pánico de que "se les pase" y de manchar las sábanas o el pantalón? ¿Por qué persiste una asociación directa, maliciosa y descalificadora (que muchos varones utilizan) y cuando una mujer está inquieta, nerviosa o de mal humor tiran: te vino, ¿no?"
Hay varias escenas en la película chilena Sin filtro, protagonizada por una genial Paz Bascuñán, que hacen referencia al malestar que genera en las mujeres el hecho de que cada vez que reclamamos, exigimos o mostramos aquello que no nos gusta o perturba para los hombres o estamos locas o estamos menstruando. "¡No estoy con la regla!", grita con desesperación el personaje principal cuando se la increpa sobre la cuestión.
Hablar del tema es lo que nos propone Tarzibachi. Cuestionarnos y cuestionar, aprender, indagar, observar, entender por qué y para qué, y entonces desenmascarar, denunciar, reconsiderar. El hecho de menstruar, oculto y envuelto de prejuicios, le ocurre a la mitad de la población mundial unas 450 veces en la vida. ¿Cosas de mujeres?

La mirada de las empresas productoras de toallas y tampones apunta casi exclusivamente a lo científico, pero nunca se muestra sangre.
Experiencias
Ya en la introducción a la que Tarzibachi eligió llamar "Poner el cuerpo", la escritora, doctora en ciencias sociales, especialista en educación y licenciada en psicología, usa el relato personal para demostrar cuánto nos afectó y nos afectan la falta de información, el desinterés por la educación sexual integral, las construcciones patriarcales repetidas por los siglos de los siglos. "A mis 12 años y luego de menstruar por primera vez hice desaparecer el flamante vello de mi sexo con la ilusión de hacer desaparecer la menstruación y algo más. Me refiero a las connotaciones socioculturales asociadas a la menstruación y al sexo como evidencia fáctica que, desde ese momento, parecían resignificar mi identidad de género. Sentí el peso con que mi cuerpo quedaba marcado a partir de un acontecimiento involuntario, como es la primera menstruación. Recibí la menstruación con algo más que sangre, un malestar físico constelado entre el dolor de cintura, extrema sensibilidad de un par de senos que creían y espasmos intensos en el abdomen bajo. Retrospectivamente entiendo que ese sangrado se enlazó a la feminidad de una manera maciza y abrupta (...) Sangre y feminidad irrumpieron juntas de una manera violenta y esa tarde yo me había cortado todo el vello de mi sexo como un modo de resistir el hecho de tener que hacerme señorita a fuerza del mandato social".
En el libro, la autora entrevistó a mujeres que relataron sus vivencias, en particular las de la primera menstruación. Habló con mujeres de sectores medios y populares que fueron adolescentes en los 70. Todas asociaron menstruación con mujer y naturaleza.
Otro eje que decidió explorar fue: ¿qué piensan, por ejemplo, de las mujeres que usan ciertos anticonceptivos y no menstrúan? "Una de las cuestiones más llamativas es la diferencia encontrada entre la explicación sobre qué es la menstruación en mujeres de sectores medios y bajos. Las de sectores medios reprodujeron casi literalmente el discurso biomédico que la industria y la institución escolar ayudaron a difundir", menciona Tarzibachi en el libro.
Y cita algunos ejemplos. "Es algo natural que significa que estás preparada para recibir un hijo", señaló Mariana, de 70 años, psicopedagoga. "Es normal. Las veces que estuve embarazada son las únicas que no menstrué", Gabriela, 65 años, docente. "Es un circuito orgánico. Un nido preparado se desarma y las células son expulsadas... entre ello viene, sale sangre", Fernanda, geóloga e investigadora.
Admito que mientras leía este capítulo me sorprendí al encontrarme reflejada en esos relatos. La historia del nidito, de la fecundación que no llega, de que el sangrado demuestra básicamente que no estás embarazada la usé hace poco para explicarles a mis hijos preadolescentes, varones, qué es esto de menstruar, una pregunta que surgió espontánea, entre otras cosas, por que decidí empezar a dejar las cajas de tampones y los paquetes de toallas a la vista de todos los que en mi casa entren al baño, al dormitorio o me abran la cartera buscando plata o caramelos. ¿Desde cuándo? Desde que en noviembre escuché a Eugenia Tarzibachi en una entrevista en la radio. Entiendo que el mío fue un acto pequeño, pero contundente, y no se imaginan qué liberador.
El recorrido
Tarzibachi responde a la pregunta: ¿qué van a encontrar los lectores en esta publicación?. "La historia y el presente de lo que nos fue pasando con este sangrado. La primera parte cuenta la historia de un matrimonio perfecto, en sociedades que consideraban a la menstruación un tabú. Esas sociedades se casaron con una industria de toallas y tampones que dijeron ¡genial! podemos hacer plata con ese tabú y la necesidad de ocultar esa sangre. El libro muestra qué otras tecnologías están disponibles en el mundo. Algunas como las copitas menstruales, las esponjas marinas, los anticonceptivos que suprimen el sangrado y los tampones con vibrador". Y continúa: "La menstruación no es sólo cosa de mujeres. El Estado debería dar suficiente información sobre la menstruación. Pensemos que aún muchas mujeres no saben qué les pasa, ni tienen cómo contener esa sangre. También deberían entregarse productos gratuitos para el sangrado en niñas y mujeres en situación de vulnerabilidad social. No pueden seguir siendo de lujo sino de primera necesidad".
Curioso. La mirada de las empresas productoras de toallas y tampones apunta casi exclusivamente a lo científico, pero nunca se muestra sangre.
Los varones, por ejemplo ¿tienen idea del precio de las toallas o tampones que las mujeres deben utilizar muchas veces por día todos los meses y durante una pila de años? ¿Cuánto influyen los preconceptos sobre la menstruación en nuestra identidad, en nuestra sexualidad? ¿Qué interpretaciones hacen la mayoría de las personas sobre el hecho de menstruar? Ningún tema menor.
Dice Tarzibachi: "Es una cuestión tan universal como ocultada, y también olvidada por las políticas públicas. Cuando comencé la investigación, que me llevó siete años, quienes más hablaban sobre el tema eran médicos y empresas productoras de toallitas y tampones; por un lado, la medicina dice que la menstruación es lo que nos prepara a las mujeres para ser mamás y por otro lado señala que no estamos embarazadas cuando aparece. Las empresas, por su parte, nos muestran un líquido azul, vendiéndonos estos productos como protectores para que estemos limpias (enfatiza la palabra limpias). Entonces, nos convertimos en mujeres desde que sangramos pero a la vez eso que nos hace mujeres nos da tanta vergüenza que tenemos que esconderlo lo mejor posible. Me parece que hay otros modos de abordar el tema y que las políticas públicas no se ocupan adecuadamente. Elegí investigar porque creí y creo que hay una historia no contada".
Una historia larga, compleja y repleta de prejuicios que es importante revisar.
Eugenia Tarzibachi / Bio

Eugenia Tarzibachi es la autora del libro Cosa de mujeres. Menstruación, género y poder (Sudamericana/ Penguin Random House, 2017) nominado al Premio Angeles Durán de la Universidad Autónoma de Madrid, y publicó diversos artículos académicos y de difusión masiva desde la perspectiva de género. Es doctora en ciencias sociales y psicóloga por la Universidad de Buenos Aires, especialista en educación por la Universidad de San Andrés y especialista en salud integral adolescente. En 2016 fue distinguida por la Library of Congress de Estados Unidos por su investigación doctoral. Recibió becas de investigación e intercambio académico por mérito académico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, de la UBA, la Universidad de San Andrés (Argentina) y la UAM (España). Combina la investigación aplicada con sus tareas como psicóloga clínica, profesora universitaria, coordinadora académica de la diplomatura universitaria en Género, Salud y DDHH y consultora. Es parte de la Junta de Directoras de la Society of Menstrual Cycle Research y miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos.
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jueves, 1 de febrero de 2018
CONCURSO DE FOTOGRAFIA: Mujer vs Naturaleza
OBJETIVOS:
Poner fin a la separación entre género, medio ambiente y política nos exige a recuperar las vivencias de las mujeres en su contexto, nos obliga a que las mujeres empecemos a escribir nuestra historia. Historias de vida que deben de partir de la realidad que ellas viven y su entorno.
Con tal motivo quieremos hablarles de la relación entre mujer y medio ambiente. Aunque habitualmente se piensa que las diferencias de género únicamente se producen en el ámbito social, hay que decir que éstas también existen en la relación con la naturaleza. Está constatado que las mujeres tienen un "impacto en el medio ambiente menor que los hombres" supuestamente, debido a las diferencias en los patrones de consumo y estilos de vida, independientemente de si son ricas o pobres, si son del campo o citadinas. Se cree que las mujeres son más vulnerables al cambio climático, pero mostramos una resiliencia. Hay que decir además que no todas las mujeres experimentamos la degradación ambiental de igual manera, ni los problemas ambientales impactan a todas por igual, sino que es necesario atender a la pertenencia étnica, la parte social, el relacionamiento que tenemos con otros seres vivos, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas que tomamos y la edad entre otros factores.
POR EJEMPLO:
Aun hay quien niega la conexión que tenemos las mujeres y naturaleza. Creemos, sin embargo, que esa conexión existe y se manifiesta a través de los ciclos de la mujer y los de la naturaleza: los ciclos de la sangre (menarquía, menstruación y menopausia), los ciclos de la luna y el sol, los ciclos de las estaciones y los ciclos gestacionales. La naturaleza es cíclica. Lo femenino es cíclico. La mujer y la naturaleza llevan en su interior la génesis y la regeneración, son la expresión del ciclo de la vida. Por tanto, la idea de que tanto las mujeres como la naturaleza son biológicamente esenciales a la vez que socialmente construidas, al menos para nosotrxs no son incompatibles entre sí. Ha sido la construcción social y subjetiva del patriarcado y del capitalismo la que ha despreciado la conexión de la mujer con la naturaleza, abandonándola, como símbolo de culto primitivo y olvidando los ciclos de ambas, para conceptuar la naturaleza, la sociedad y el cuerpo de la mujer como una máquina. La mitología, la arqueología y la antropología, sin embargo, nos muestran que en diferentes épocas históricas, gran parte de la humanidad ha sido matrilineal, con culto a lo sagrado femenino. A pesar de esta evidencia género, medio ambiente y política han sido separados, sin tener en cuenta la relación que existe entre la pobreza, la desigualdad social y de género y la degradación ambiental. Es éste, pues, un debate pendiente e imprescindible para el cambio a un presente y hacia un futuro más sostenible y más igualitario.
EN QUE TRABAJAR EN LA IMAGEN:
Poner fin a la separación entre género, medio ambiente y política que exige recuperar las vivencias de las mujeres en su contexto, obliga a que las mujeres empiecemos a escribir nuestras historias. Historias de vida que deben de partir de la nuestra realidad y las que ellas viven, de los significados que atribuyen a su lucha cotidiana, de cómo ven su medio ambiente, de valorar sus conocimientos y experiencias, su lucha contra la relegación al ámbito de lo privado y su lucha contra la brecha salarial. Una característica común a los modelos de experiencias de mujeres es que tienen como hilo conductor la ética, y son capaces de crear un modo de vida pensando en el lugar donde lo crean y como conservar su entorno para su perdurabilidad en el tiempo. Estos modelos creados por mujeres muestran modelos de vida distintos, que asumen una nueva realidad y ponen la atención en las necesidades y prioridades reales.
QUE BUSCAR:
Aquellas mujeres de nuestro entorno por ejemplo: familiar, de tu ciudad o comunidad, de tu país o de los países limítrofes. Aquellas que con una imagen cuenten su historia.
Que vayan con el tema del concurso: MUJER VS NATURALEZA
No olvides de poner una leyenda concreta de lo que estas fotografiando para que nos contextualicemos el porque. Y todos tus datos personales que quieres que se conozcan.
REQUISITOS DE CONCURSO:
- Inscribirte al concurso entre el 19 al 24 de febrero (debes mandarnos tu nombre completo, a que te dedicas, que te gusta, cuantos años tienes, el nombre de tu ciudad y país, tu whatsapp, que quieres mostrarnos en tus fotografias) todo esto enviarnos al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com
- Te enviaremos unas preguntas para que respondas y nos reenvíes con las respuestas y ya estas inscrita
- Puedes enviar como máximo 2 fotografías
- Puedes escoger realizar en blanco y negro o a color
- Las fotografías deben contar con una historia (escribir una leyenda corta explicando)
- Las fotografías deben llamar la atención del jurado, por ejemplo que entre en reflexión o que salgan de lo común
- Enviar Fotografías al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com (como segundo paso)
- Enviar tus fotografías en físico y con un CD o USB, te la daremos la dirección del lugar, debes cumplir con los requisitos (como tercer paso)
- Concurso durara 7 semanas (desde el 03 de marzo al 21 de abril 2018) cada semana iremos recordándote en cuenta regresiva del concurso.
CONSEJOS:
- No te salgas del tema. Por muy buena que sea tu foto, si no tiene que ver con el tema, estás perdiendo el tiempo
- Plantéate si realmente merece la pena participar o no. A veces, invertimos un montón de tiempo seleccionando y preparando las fotos para participar en un concurso, gastamos dinero para envío en físico, y tal vez el concurso no esté a la altura de lo que te supone a ti participar, en lo que se refiere a tiempo y dinero.
No se aceptarán imágenes que no reúnan un mínimo de calidad.
Se valorará la idea expresada por la obra respecto a los objetivos del
concurso, así como la expresión artística de la misma y su calidad
fotográfica.
CONDICIONES DE PRESENTACIÓN DE LAS OBRAS
Las obras deberán presentarse en formato papel y digital, con las
siguientes condiciones:
- Fotografía en soporte papel: Dimensiones de 20 x 30 cm., montada sobre soporte o sin montar.
- Cada imagen deberá presentarse también en formato digital. Se aceptarán imágenes exclusivamente en formato .jpg, con un tamaño mínimo de 1500x2300 píxeles, un peso máximo del archivo de 10 Megabytes (Mb) y con al menos 200 píxeles por pulgada (p.p.p.) de resolución. Se presentarán grabadas en soporte CD o USB y el nombre de cada archivo del CD o USB. Debe estar bien identificada para que no tengamos problemas que se mezclen o que no sepamos las dueñas.
- Fotografía en soporte digital: Únicamente se aceptarán imágenes en formato .jpg, con un tamaño mínimo de 1.500x2.300 píxeles, un peso máximo del archivo de 10 Megabytes (Mb) y con al menos 200 p.p.p. de resolución.
- Cada participante podrá presentar su trabajo realizada con cualquier técnica fotográfica, en color o blanco y negro. Deberán ser originales e inéditas; no se admitirán obras que hayan sido premiadas en otros concursos o exhibidas públicamente.
- Las fotografías no podrán ser alteradas electrónicamente ni por cualquier otro medio, no aceptándose fotomontajes. Únicamente se permitirán correcciones de color y luminosidad.
POR NUESTRA PARTE:
- Abran jueces imparciales y justos a su tiempo daremos los nombres.
- Recibiremos tus fotografías con sus leyendas solo en el mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com y también debes enviar a la dirección que te indicamos en cuanto te inscribas y respondas a un cuestionario esto lo harás luego en físico y cuando nos llegue en físico te avisaremos a tu mail y whatsapp.
- Concurso durara 7 semanas (desde el 03 de marzo al 21 de abril 2018) cada semana iremos recordandoles la cuenta regresiva del concurso.
- Las 30 mejores fotografías se expondrán en unan galería de la ciudad de La Paz - Bolivia (que te informaremos por mail una vez terminada las fechas del concurso)
- Y las mismas fotografías ganadoras estarán en la pagina del facebook (https://www.facebook.com/EcofeminismoBolivia2007/) y el blog (https://ecofeminismobolivia.blogspot.com)
CONSIDERACIONES GENERALES
La participación en la convocatoria significa la plena aceptación de
sus Bases del mismo.
Glosario:
menarquía
- nombre femeninoMEDICINAAparición de la primera menstruación.
menstruación
nombre femenino
- 1.Proceso fisiológico por el que las mujeres y las hembras de ciertas especies animales expulsan periódicamente por la vagina un óvulo maduro no fecundado con sangre y otras materias procedentes del útero.
"la menstruación tiene lugar desde la pubertad hasta la menopausia; se produce la menstruación todos los meses, siempre que el óvulo no haya sido fecundado"sinónimos: período, regla - 2.Flujo sanguíneo procedente del útero que, durante algunos días de cada mes, expulsan de forma natural las mujeres y las hembras de ciertas especies animales.
"esta mujer tiene una menstruación muy abundante"sinónimos: período, regla
Origen
Derivado (s. xviii) del latín menstruum, formado a partir de mensis ‘mes’. De la raíz indoeuropea de mes(V.).
menopausia
nombre femenino
- 1.Desaparición de la ovulación y por tanto de la menstruación y de la capacidad de reproducción de la mujer; cuando es natural, normalmente tiene lugar entre los 40 y los 50 años.
- 2.Período en la vida de la mujer en el que deja de menstruar con regularidad.
"durante la menopausia, la mujer sufre una alteración en su sistema hormonal; dos tercios de las mujeres han sufrido un embarazo no deseado cuando están llegando a la menopausia"
Origen
Compuesto (s. xix) del griego mén, menós ‘mes’, ‘menstruo’ y pâusis ‘cesación’. De la raíz indoeuropea de mes (V.).
matrilineal
- adjetivo[filiación, organización social] Que está basado solo en la línea de ascendencia materna.
martes, 24 de septiembre de 2013
Hablemos del tabú de la menstruación
La menstruación es un tabú. Aceptémoslo. No es algo de lo que se hable públicamente y, sobre todo, es algo que hay que ocultar. Estoy menstruando, pero por favor, que nadie se dé cuenta. Todo esto empieza en casa, continúa en la escuela, en los medios de comunicación y en la sociedad en general. Para empezar, tu madre nunca te habló abiertamente de su menstruación. Sabes algo de tampones y compresas, pero poco más. Luego un día, de repente, tienes las bragas manchadas de sangre. Se lo dices a tu madre entre asustada y avergonzada, sin saber muy bien cómo va a reaccionar. Ella te dice: “Ya eres una mujer”. Y te da una compresa.
Tú, por supuesto, no le dices nada a nadie. Hay que ocultarlo, así que mejor no ponerse faldas ni pantalones cortos, no ponerse ropa blanca y nada de ir a la piscina o a la playa. Si te encuentras más cansada o falta de energía, lo ocultas, que nadie se entere. ¿La mujer débil? ¡No! Yo soy una mujer fuerte, tengo que levantarme y demostrárselo al mundo. Ningún niño ni hombre cercano puede enterarse de que estoy menstruando. Puede que hasta crean que la menstruación es un líquido azul, tal y como muestran alegremente en los anuncios de televisión.
{Imagen de Güatafoc}
La actitud que tomamos las mujeres ante la menstruación nos está haciendo mucho daño, porque no estamos permitiendo a nuestro cuerpo descansar, no estamos respetando las necesidades cíclicas, sino que las intentamos ocultar y tapar para, una vez más, encajar en esta sociedad lineal donde hay que mostrarse “perfecta”. La ginecóloga Miriam Al Adib Mendiri lo explica muy bien en un artículo que ha publicado en su blog “Mujer al día en ginecología”. Aquí abajo pego un extracto del artículo que me ha parecido muy interesante por ser muy realista y que habla de la actitud que mostramos las mujeres ante la menstruación:
-El modelo de mujer “en-mi-cuerpo-todo-sigue-igual-nadie-me-nota-nada“: se centra en no aceptar los cambios normales y que, además, nadie me note nada (o sea, empezamos mal: se centra más en “el otro” que en una misma).
Así por ejemplo, para vendernos esas compresas súpermegachulis esos tampones megaideales nos imponen esa imagen de mujer que está superguay con esa ocultación casi obsesiva de su menstruación, y no me refiero tanto a ocultar el sangrado en sí, sino que consiguen ocultar que probablemente puedan necesitar otras cosas, como por ejemplo un poco de más descanso o de calma durante la regla, estas mujeres cara a la galería conservan las mismas ganas de hacer las mismas cosas que seguramente a la mayoría les apetecería hacer en otro momento. Algunas de ellas, en esos anuncios, hasta llegan a tener unas ganas locas de bailar toda la noche embutida en un minitrapo blanco (=vestido?) en plan restriegue con el musculitos de turno, y ya sabéis como acaba el anuncio, no? “conseguido! el chico está coladito por mis huesos y además ni ha notado mi menstruación” (o sea: mujer objeto, y encima negando sus no-ganas para tanto “bailoteo”. Aunque para gustos los colores, a la mayoría de las mujeres no les apetece bailar toda una noche el día que le baja la regla y menos embutida en un minitrapo. A esta mujer falta decirle: “guau! apúntate un pin, nadie ha notado que tienes la regla!”. Son miles de anuncios publicitarios que transmiten este tipo de mensajes, por no hablar de la cantidad de anuncios que nos dan a entender que la menstruación es algo tan desagradable y maloliente que hay que “camuflar” con esos superolores de las compresas o toallitas perfumadas.
Así por ejemplo, para vendernos esas compresas súpermegachulis esos tampones megaideales nos imponen esa imagen de mujer que está superguay con esa ocultación casi obsesiva de su menstruación, y no me refiero tanto a ocultar el sangrado en sí, sino que consiguen ocultar que probablemente puedan necesitar otras cosas, como por ejemplo un poco de más descanso o de calma durante la regla, estas mujeres cara a la galería conservan las mismas ganas de hacer las mismas cosas que seguramente a la mayoría les apetecería hacer en otro momento. Algunas de ellas, en esos anuncios, hasta llegan a tener unas ganas locas de bailar toda la noche embutida en un minitrapo blanco (=vestido?) en plan restriegue con el musculitos de turno, y ya sabéis como acaba el anuncio, no? “conseguido! el chico está coladito por mis huesos y además ni ha notado mi menstruación” (o sea: mujer objeto, y encima negando sus no-ganas para tanto “bailoteo”. Aunque para gustos los colores, a la mayoría de las mujeres no les apetece bailar toda una noche el día que le baja la regla y menos embutida en un minitrapo. A esta mujer falta decirle: “guau! apúntate un pin, nadie ha notado que tienes la regla!”. Son miles de anuncios publicitarios que transmiten este tipo de mensajes, por no hablar de la cantidad de anuncios que nos dan a entender que la menstruación es algo tan desagradable y maloliente que hay que “camuflar” con esos superolores de las compresas o toallitas perfumadas.
-El modelo de mujer “superwoman-yo-puedo-igual-que-ellos” que entra en la rueda de la competitividad, que literalmente llega a igualarse a los hombres a costa de renunciar a su particular fisiología femenina también ha hecho mucho daño. Insisto, las mujeres tenemos que contar con nuestra particularidad cíclica (y sobra añadir que aquellas que nos convertimos en madres además pasamos por muchos otros cambios en el embarazo, parto y puerperio). Deberíamos vivir más conectadas con nuestros procesos naturales aceptando la normalidad de los mismos, pero claro, la sociedad de la competitividad nos lo pone muy complicado. He frecuentado conversaciones entre mujeres en plan “concurso”: a ver quien ha conseguido aguantar más tiempo trabajando estando embarazada o a ver quien se ha incorporado antes al trabajo, como si fuera un logro haber pasado un embarazo haciendo todo lo mismo que fuera del mismo, como si no hubiera pasado nada. En nuestro país hemos llegado a ver a una ministra haciendo gala de ir “embarazadísima” a ver a las tropas españolas donde ya sabéis y otra (del partido contrario) apenas terminado de parir se reincorporaba a su trabajo, ohh!! qué responsables con su “misión”, y lo peor, es que estas acciones se entienden como buen ejemplo a seguir, la cultura del deber y el trabajo (en términos de producción y competitividad) tal y como la concebimos en nuestra sociedad no acompaña para nada a las mujeres. Hace que existan dos bandos: las “flojas” (que no logran poner a raya sus procesos naturales) y las “superwoman” (que consiguen poner a raya su condición femenina y disimularlo todo). Y qué me decís de algunas mujeres del mundo de la moda rápidamente vuelven a las pasarelas para “demostrar” que sus cuerpos siguen igual de perfectos. Evidentemente el embarazo si va bien es un proceso natural, no estamos enfermas, se puede hacer más o menos lo que sueles hacer antes, pero de ahí a pasar al otro extremo de “a ver cuanto que aguanto haciendo ciertas cosas que no cumplen con los cuidados básicos de una embarazada” hay un largo trecho. En mi caso, confieso, lo he vivido en mi trabajo (solamente en mi primer embarazo, aprendí la lección para el resto) esa presión (de la que ni yo misma era consciente) de tener que aguantar haciendo guardias de 24 horas, todas las demás lo hacían, yo no podía ser menos, claro (ahora me parece absurdo)… Ciertos trabajos como por ejemplo trasnochar haciendo guardias de 24 horas no son los ideales, y no hace falta ser ginecóloga para entenderlo así, basta con un poco de sentido común. Sin embargo parece que en ciertos contextos está bien valorado y bien visto este tipo de acciones que no nos ayudan nada a las mujeres.
No se trata ni de considerarnos enfermas y que no nos pueda ni rozar el aire, pero tampoco irnos al otro extremo de “luchar” contra lo que nos pide nuestro cuerpo. Es más sencillo: comprender y aceptar que en cada momento necesitamos cosas distintas, esto no es bueno ni malo, hay que entenderlo como normal y ya está, y no sentirnos mal por tener menos ganas de trabajar el día que baja la regla, ni sentirnos melindrosas por estar con nauseas en el embarazo ni considerarnos enfermas por ello ni mucho menos.
No se trata ni de considerarnos enfermas y que no nos pueda ni rozar el aire, pero tampoco irnos al otro extremo de “luchar” contra lo que nos pide nuestro cuerpo. Es más sencillo: comprender y aceptar que en cada momento necesitamos cosas distintas, esto no es bueno ni malo, hay que entenderlo como normal y ya está, y no sentirnos mal por tener menos ganas de trabajar el día que baja la regla, ni sentirnos melindrosas por estar con nauseas en el embarazo ni considerarnos enfermas por ello ni mucho menos.
–El lenguaje: el lenguaje coloquial está cargado de frases hechas que no nos deja muy bien paradas. Por todos es conocido las formas a las que denominamos a la menstruación: con eufemismos “esos días”, o directamente con menciones patologizantes “ponerse mala”. Me impresiona como las mujeres histerectomizadas explican la cirugía que les han hecho así: “me vaciaron todo” (una frase muy mutilante, no?). Cuando una mujer está pasando una etapa en la que se siente más irritable si tiene más de 45 enseguida se le dice con su toque despectivo: “es que estás menopausica”. Y ya si nos metemos en la esfera sexual son alucinantes los términos despectivos del lenguaje para referirse a la sexualidad femenina, de eso se puede hacer una larga lista…
| {Imagen de www.menstrupedia.com} |
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