El día 24 de marzo, cerca de las 8:00 de la noche, fue asesinada la lideresa social Carlota Salinas en el municipio de San Pablo en Bolívar, un municipio considerado como uno de los más afectados y con mayor número de víctimas del conflicto armado en Colombia y a su vez el primero en hacer parte de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial.
Según la Organización Femenina Popular (OFM), organización a la que estaba vinculada Carlota, hombres armados llegaron hasta su vivienda ubicada en el barrio Guarigua, la obligaron a salir para luego asesinarla con arma de fuego. En medio de la cuarentena, la defensora de DD.HH. dedicó su último día a hacer recolecta de alimentos para llevar a familias vulnerables del municipio, «solo el acto de ayer da cuenta del liderazgo y lo humana que era Carlota», la recuerda Gloria Suárez, representante legal de la organización.
La Organización Femenina Popular nace en 1972, en Barrancabermeja, como una propuesta de la Iglesia Católica para organizar a las mujeres en torno a la superación de la violencia intrafamiliar, el sometimiento de la mujeres y la injusticia social, desde entonces su trabajo se ha enfocado en la defensa de la vida y los derechos humanos integrales, reivindicando los derechos de la mujer.
Carlota Salinas, quien fue la coordinadora de Mujeres del Valle del Río Cimitarra, perteneció por más de 10 años a la OFM, donde promovió el trabajo de defensa de los derechos de las mujeres, «era una mujer solidaria, comprometida que siempre estuvo en las acciones en las que se rechazaba la violencia contra las mujeres».
Municipios como San Pablo, Simití y Santa Rosa del Sur son un punto estratégico, no solo por su potencial minero, también por el paso del río Magdalena y sus límites con la Serranía de San Lucas, conectando a Antioquia, Cesar y Santander. Aunque la firma del Acuerdo de Paz disipó la presencia de las FARC, desde entonces, las autodenominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) han intensificado su operar en medio de otros grupos ilegales como Los Rastrojos, Los Vagos y los Mellizos.
Para la representante legal, el asesinato de Carlota Salinas, en una época en la que se supone las personas permanecen en sus casas seguras y a salvo, evidencia que no hay realmente una respuesta adecuada de protección ni seguridad por parte del Estado para los líderes sociales, que en medio de una situación donde hay un riesgo sanitario, pasan a un segundo plano «mientras la persecución y los asesinatos siguen».
«Las mujeres de la organización están muy golpeadas, es una pérdida de una lideresa y de una defensora de la vida y de la comunidad de San Pablo»
A este hecho se suman el asesinato de los líderes indígenas Omar y Ernesto Guasiruma del pueblo Embera que permanecían en su hogar como parte de la cuarentena decretada por el Gobierno como respuesta al Covid 19 y a los homicidios de Marco Rivadeneira, líder social del Putumayo y ocurridos la semana pasada.
Poco después de efectuarse las acciones de protesta y concientización del movimiento feminista en Yucatán hacia la sociedad en general, los días 8 y 9 de marzo del año en curso, la activista y estudiante universitaria, Rosa Elena Cruz Pech, comenzó a recibir mensajes en sus redes sociales con amenazas de muerte, hostigamiento, acoso y violencia simbólica, además de persecución y vigilancia en su hogar y otros sitios de su concurrencia, así como, daños materiales a un vehículo propiedad de su familia. La activista ha denunciado de manera pública tales agresiones y amenazas, la Red Nacional de Defensoras de los Derechos Humanos en México (RNDDHM) junto a diversas colectivas y organizaciones feministas y sociales, han difundido comunicados y mensajes de apoyo, al igual que exigencias al gobierno del Estado de Yucatán y a las autoridades de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) para que tomen cartas en el asunto, se proteja la integridad física y moral de Rosa Elena y se proceda a efectuar los protocolos necesarios para la investigación correspondiente, por su parte, la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) dio a conocer un documento en el cual pedía se aclaren los hechos y se respete la integridad de la activista.
Ante tales hechos, desde ésta trinchera, nos súmanos a la urgente exigencia para que se acaben las amenazas y la violencia en contra de Rosa Elena, ponemos las manos con y por ella, levantamos la voz para que el gobierno del Estado de Yucatán y la Universidad Autónoma de Yucatán garanticen el cuidado absoluto de la integridad de Rosa Elena, y al mismo tiempo, hacemos un llamado para que todos y todas los colectivos y colectivas, organizaciones obreras, sindicales, campesinas, estudiantiles, artísticas, literarias, culturales, económicas y sociales, comprometidas con las mejores y justas causas de nuestros pueblos, sumen su voz y se solidaricen exigiendo también la protección necesaria y la investigación correspondiente que ponga fin a estas amenazas y hostigamiento claramente machista, patriarcal e inhumano.
De manera especial, queremos hacer llegar a los universitarios; estudiantes, profesores, académicos, administrativos y manuales, un exhorto a su conciencia, para que se pronuncien en contra de dichos actos y en favor de la vida de Rosa Elena, pues no olvidemos, que justamente, la UADY se edificó con el empeño y la voluntad de mujeres y hombres comprometidos con el mejoramiento social, sus bases ideológicas, su espíritu y su misión, deben siempre respetar su origen manteniendo su postura crítica y propositiva en torno a la necesidades sociales de nuestra entidad, seamos congruentes y ayudemos a poner fin al clima de violencia que vive en la sociedad y al interior de las instituciones. La compañera Rosa Elena ha demostrado con creces, ser una universitaria comprometida con las demandas que le rodean, siendo ella, pieza fundamental para la existencia de la campaña y el programa “UADY SIN ACOSO”, una propuesta sumamente trascendental que tiene por objetivo precisamente erradicar todas las formas de violencia que sufren las mujeres al interior de la Universidad. La lucha emprendida en el seno de la Universidad es continuada por Rosa Elena, diversas colectivas y grupos consientes, a través de la propagación de los derechos de la mujer, su activismo y compromiso no se circunscribe únicamente a las paredes institucionales, sino que se desbordan por los senderos de la reivindicación histórica que hoy abanderan miles de mujeres en el mundo.
Lamentablemente aún estamos lejos de alcanzar esa reivindicación plena de la mujer en la sociedad, la muestra puntual de lo mucho que falta por avanzar, son las amenazas y agresiones que hora sufre Rosa Elena, como muchas otras mujeres en Yucatán y el mundo, la rabia irracional del machismo que se ve expuesto y siente amenazados sus privilegios se manifiesta con prácticas de violentas que se inician simbólicamente y que en muchos caso acaban trágicamente, por ello, todas y todos, debemos sumarnos a la defensa de la vida, de la dignidad e integridad de Rosa Elena, para así contribuir a que nunca más una mujer sea violentada, agredida, acosada ni asesinada en ninguna parte del país y el orbe, a la respuesta violenta del machismo patriarcal, opongámosle la solidaridad, la conciencia, la empatía y sobre todo, nuestro empeño por hacer de este mundo un lugar seguro, justo y humano para el bien de todas y todos.
Exigimos de forma inmediata se detengan las amenazas de muerte y violencia simbólica-emocional realizadas en contra de Rosa Elena Cruz Pech; actuación inmediata de las autoridades estatales, federales y universitarias en su favor y protección; investigación y castigo a los responsables. ¡Ni una más!
* Cristóbal León Campos. Integrante del Colectivo Disyuntivas
Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com
El fin de semana del 7-8/marzo hubo muchas concentraciones (4000 partidos de fútbol, 680 de baloncesto, un congreso de la ultraderecha, miles de personas en centros comerciales…) pero la única que se critica de forma explícita es el 8M.
Los sectores conservadores de nuestra sociedad, los mismos que ven un riesgo en lo público y “confinan” en aulas separadas a niños y niñas para que no se contagien de igualdad, intentan sacar partido de los efectos del virus contaminando el ambiente con manipulaciones y mensajes virales. En esto parece que siguen el principio hipocrático del “similia similibus curantur”, según el cual los problemas ocasionados por un humor se curan con aportaciones del mismo humor, de manera que, según esta ideología y su adoctrinamiento, lo que hay que hacer es aplicar lo viral frente al virus y frente a la incertidumbre de la realidad la manipulación de los hechos.
El objetivo es claro y así lo plantean en sus “video-virus” y “mensaje-virus”, hacer responsable de la pandemia al Gobierno de Pedro Sánchez, como hicieron en su día responsable de la crisis económica mundial a Rodríguez Zapatero.
Y para ello hacen uncollage interesado de trozos de verdad para crear una gran mentira, haciendo creer que la suma de verdades sólo puede ser otra verdad. No elaboran una crítica basada en distintas ideas ni aportan otras alternativas, se quedan en el cuestionamiento a tiempo pasado de las decisiones que en su día se adoptan sobre la base de los datos existentes, algo que siempre es fácil de utilizar para manipular a partir de su componente de objetividad.
Lo que se pretende es culpabilizar a los responsables gubernamentales para que haya un rechazo y un ataque directo hacia ellos y a las ideas que los sustentan. Y los elementos que utilizan para llevar a cabo la manipulación buscan la integración de tres referencias:
Destacar elementos esenciales de su ideología conservadora para fundamentar las críticas sobre ellos. Lo hemos visto en la crítica al feminismo y a la igualdad al achacar los problemas de la pandemia a la manifestación del 8M.
Utilizar elementos del pasado que se puedan usar para reforzar el razonamiento el presente, es lo que ocurre al comparar la gestión de la crisis sanitaria actual con la gestión de la crisis económica de 2008.
Empleo de los elementos propios de la situación actual para integrarlos en el contexto generado sobre los dos elementos anteriores.
La estrategia busca manipular la realidad a través de la integración de esos tres elementos, con el objeto de atacar a la posición interesada, en este caso al Gobierno y al feminismo, pero también a todas las ideas, valores, referencias o planteamientos que no coinciden con su ideología.
En la situación actual vemos que los elementos de los ataques se centran en los elementos antes citados:
Manifestaciones del 8M: Intentan responsabilizar de manera insistente de lo ocurrido a las manifestaciones del 8M, sobre todo en la Comunidad de Madrid, achacando casi en exclusividad la diseminación del virus a la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres. No dicen nada de los 4000 partidos de fútbol que se celebraron ese fin de semana, ni de los 680 de baloncesto, ni de los 1000 encuentros de otros deportes. Tampoco de las 18.000 misas, de la congregación de gente en cines, teatros y centros comerciales, y mucho menos del mitin de Vox en Vistalegre con dirigentes claramente bajo una sintomatología compatible con la infección por Covid-19. Lo importante es hacer creer que el problema fue el 8M para de ese modo reforzar el odio al feminismo, a las mujeres y a la igualdad. Su estrategia es tan manifiesta, que cuando se les dan estos datos para explicar que en ese momento las referencias no planteaban suspender estas actividades, dicen que se permitieron todas las demás para de ese modo poder celebrar las manifestaciones del 8M. No importa la realidad, lo importante es imponer su visión.
Elementos del pasado: El objetivo que pretenden con sus estrategias virales es el ataque, no entrar en el debate cuestionando determinadas decisiones por medio de un razonamiento fundamentado y aportando alternativas. No plantean propuestas en el momento de tomar las decisiones, tan sólo critican los hechos cuando ya han ocurrido. Su lugar es el pasado y por eso se mueven bien en ese tipo de argumentos, y para ello recurren a hechos anteriores que son presentados como eslabón para darle continuidad a su estrategia. Por eso, ante la crisis sanitaria del coronavirus, han recuperado a la crisis económica de 2008 bajo un mismo planteamiento: la incapacidad del Presidente del Gobierno del momento, antes Rodríguez Zapatero y ahora Pedro Sánchez, como responsable del problema, da igual que sea global, porque lo que se busca no sólo es la crítica personal, sino relacionar la incapacidad individual con las posiciones ideológicas de esas personas y hacer creer que el problema de fondo está en el socialismo y en la izquierda.
Elementos del problema presente: Para completar su ataque y su collage viral lo que hacen es tomar algún ejemplo de su capacidad de gestión y lo relacionan con la situación actual. Con la pandemia del Covid-19 ha sucedido al utilizar como ejemplo de buena gestión la respuesta ante la epidemia del ébola del Gobierno de Mariano Rajoy, cuando son realidades completamente diferentes desde el punto de vista epidemiológico. Y mientras que en el coronavirus de lo que se trata es de responder sanitariamente para tratar y detener una pandemia que afecta a la población española, en la del ébola se trataba, básicamente, de decidir si repatriar a personas y cadáveres para evitar que la infección llegara a España. Y todo ello se refuerza con datos sueltos de la crisis actual, como ha sido la diferente tasa de mortalidad en España y en Alemania, sin tener en cuenta las diferencias demográficas entre los países o el especial impacto de la infección en algunas residencias de ancianos en nuestro país, ni los distintos tiempos de evolución de la pandemia. Y hablan ese mayor porcentaje de mortalidad en España, pero no dicen nada de que el porcentaje de curaciones a día 24-3-20 es inferior en Alemania.
Y con ese tipo de argumentos manipuladores se llega al objetivo final, que no es la legítima y necesaria crítica al Gobierno, sino su ataque sobre una doble idea: por un lado la incapacidad esencial de las personas por formar parte del grupo del socialismo y la izquierda, y por otro, la responsabilidad directa en el resultado,como si hubiera sido algo buscado apropósito o por “imprudencia manifiesta”, llegando a hablar de “Gobierno criminal”.
Si se dan cuenta, hemos pasado de un “Gobierno ilegítimo” del 14M, repetido después con la moción de censura a Mariano Rajoy, a un “Gobierno Frankenstein”nacido del pacto del PSOE con Unidas Podemos, y ahora a un “Gobierno Criminal”. Toda una evolución argumental que revela de forma gráfica la estrategia de los sectores conservadores y machistas de nuestra sociedad, los mismos que no aceptan las diferencias sociales, salvo que estas se traduzcan en jerarquía y en la sumisión de los otros.
Estas estrategias llenas de silencios cómplices y pasividad recuerdan lo de “unos mueven el árbol y otros recogen las nueces” y reflejan la falta de valores democráticos en quienes se consideran los únicos legitimados para ostentar el poder y el Gobierno. Sin duda un error que puede dar rédito a corto plazo, pero que al final se traduce en distancia y abandono por parte de una sociedad que cree en la democracia y en la igualdad. Sólo hay que ver cómo estaba la derecha hace unos años y cómo está ahora.
El problema añadido está en que esos mensajes virales aumentan el odio y la virulencia en mucha gente, y todo ello es el cultivo del enfrentamiento y la violencia. El lenguaje belicista que se está utilizando también es un ejemplo de toda esta visión y es algo que debemos evitar para que todo se resuelva por los cauces democráticos y con el necesario debate y las oportunas críticas a las decisiones bajo argumentos y propuestas constructivas. Sólo de esa manera superaremos la situación y creceremos como sociedad.
Porque en estos tiempos oscuros, de guerra y de pandemias, de enterrar compañeras demasiado jóvenes, de miedo, caos y desesperanza, podemos sumirnos en ello o agarrarnos de la mano y convertir esa fragilidad en el amor más fuerte, en la fortaleza más invencible.
Los mensajes que recibo últimamente, como los de todo el mundo, hablan del virus Corona. Aquí a Rojava también ha llegado la situación de emergencia, aunque el caos del que me hablan las compañeras desde casa, hace años que está presente por medio de la guerra.
“La cosa aquí está muy mal, mucha gente está enferma y los hospitales a punto de colapsar. Así que hoy hemos sentido con todo el cuerpo y todo el alma cómo de frágil es la vida. Sin quererlo ni esperarlo de repente en la Europa ombligo del mundo hemos visto nuestra realidad temblar. Hemos visto qué fácil se tuercen las cosas. Y nada, que eso me ha hecho pensar en ti y en tus compañeras de allí todo el día”, me escribía una compañera.
Recuerdo varios momentos en Rojava que me hicieron sentir esa fragilidad. Tres especialmente.
El primero, que ya os lo conté, fue escuchando a una compañera cuando nos explicaba cómo se relacionaban desde el amor porque eran conscientes que cada momento que compartían quizás era el último. Y no eran palabras vacías. Recuerdo a otra compañera enseñándome fotos de su educación en las montañas, y cómo señalaba la fotografía de grupo, resiguiendo una a una sus caras con los dedos, como si las acariciase, y decía: “la mayoría han caído mártires”. No fue la única; era una escena que se repetía cada vez que alguna compañera nos compartía sus fotografías u otros recuerdos.
“Delante de la fragilidad de la vida hemos sentido el deber de protegerla.”
El segundo, aunque parezca una anécdota curiosa, chocó totalmente con mi idea europea de nuestros cuerpos, de la vida, de la muerte. Le preguntaba a mis compañeras del movimiento de mujeres jóvenes por qué se depilaban. No lo entendía, ya que iban siempre con pantalones largos, nadie les iba a ver si tenían pelos o no. La compañera me respondió que era por si caían șehîd (mártires), y toda mi concepción del mundo se hacía añicos frente a esa joven de 19 años, que contemplaba de una manera tan tranquila la posibilidad de morir, que se depilaba para ello sin darle mayor importancia.
El tercero, fue cuando volví a Kobane y al cabo de poco tiempo enterramos al compañero que un par de meses antes nos había explicado la historia de la resistencia de la ciudad frente a Daesh. Sin duda, habíamos enterrado a decenas y decenas de compañeras, pero el hecho de haberlo conocido fue un golpe de realidad. Volvía la muerte algo más cercano, nuestra vida algo más frágil, y a la vez lo afrontamos con una entereza, e incluso un orgullo, que nos hacía sentir cómo de fuertes éramos si veíamos más allá de nuestra existencia individual.
Porque en estos tiempos oscuros, de guerra y de pandemias, de enterrar compañeras demasiado jóvenes, de miedo, caos y desesperanza, podemos sumirnos en ello o agarrarnos de la mano y convertir esa fragilidad en el amor más fuerte, en la fortaleza más invencible.
El mensaje de mi compañera seguía:
“Hemos sentido miedo por nuestra gente, y por toda la gente que nos rodea (que también es nuestra gente).”
Podemos afrontar ese miedo, esa posibilidad de acriciar a nuestras amigas sólo en fotografías, construyendo relaciones de amor más profundo, no abandonándonos delante de la posibilidad de desaparecer. Frente a unas vidas que se pueden hundir de repente, sólo un vínculo de amor profundo puede tirar de nosotras para mantenernos a flote.
“Delante de la fragilidad de la vida hemos sentido el deber de protegerla.”
Como las jóvenes que convertían el hecho de poder morir cualquier día como individuos en el sentido histórico de luchar por defender su tierra. Porque quizás como personas nuestra vida es frágil, pero la historia de nuestro pueblo continuará siempre que la defendamos.
“Hemos visto cómo de pequeñas somos por separado. Y cuantas ganas tenemos de darle la vuelta.”
Porque el día que enterramos a nuestro compañero, tres jóvenes prometieron dar la vida por la revolución, no dejar de luchar ni un instante por la libertad. Y así el compañero no murió, sino que su lucha continuaba en la vida de tres jóvenes que a su vez no morirán porque impulsarán la lucha de otras tantas, volviendo la debilidad de nuestra existencia en una fortaleza colectiva.
Dándonos la mano para no dejar que el miedo nos separe sino que nos siga uniendo entre nosotras y a nuestra historia colectiva
Sí, le podemos dar la vuelta. Como hoy en Rojava, dándonos la mano al lado de una hoguera para celebrar el Newroz*, para no dejar que el miedo nos separe sino que nos siga uniendo entre nosotras y a nuestra historia colectiva; delante de un fuego que nos caliente frente al frío con que nos quieren congelar los corazones. Como también se mantiene viva y fuerte la llama revolucionaria, el calor de las manos que se unen, en todo el mundo. Cuidémonos y querámonos. Aunque cuidarse a veces signifique que nos separemos, porque la mejor manera de quererse es luchar por un futuro en que nuestras vidas valgan por sí mismas, y la lucha a veces nos lleva lejos, incluso al otro mundo; sólo ese vínculo de amor nos permite seguir conectadas pase lo que pase.
Porque no es que las compañeras no valoren sus vidas, sinó que siendo la vida de una tan frágil, podemos ver que lo importante va más allá de nosotras, que es lo que viene de antes y sigue después. Y que solas no somos nada, pero con nuestra gente, a la que amamos y por la cual luchamos – nuestras familias, nuestras amigas, nuestras vecinas…– nos convertimos en esa comunidad que se defiende y se convierte en los pueblos que escriben la historia y ya nunca mueren.
*Año nuevo del pueblo kurdo y otros pueblos originarios de Mesopotamia. Se celebra la noche del 20 al 21 de marzo.
Somos ‘mujeres libres’ Somos las guerrilleras kurdas Somos las bandas ‘gulabi’ de mujeres indias Somos las partisanas luchando contra el fascismo Somos las madres que luchan Somos la naturaleza, aquella que nos ama Somos las mujeres revolucionarias de antes y de ahora Somos las mujeres sabias, quemadas en la hoguera, resurgiendo de las llamas
Hoy celebramos nuestra identidad: La herencia de la lucha en el mundo. Somos mujeres internacionalistas en el Norte y Este de Siria, dentro de la revolución de Rojava. Hoy celebramos Newroz, una expresión de la lucha por la identidad kurda, una lucha por la libertad y por el derecho de existir. Es el comienzo de la primavera. Nuestros oídos y nuestros ojos se están abriendo y podemos ver como nuestro camino hacia la libertad está tomando una nueva ruta.
Mirando la historia del mundo, podemos ver como todos los seres vivos se han tenido que enfrentar a periodos de condiciones extremas. Muchas veces hemos sobrevivido y evolucionado. Somos parte de un ciclo de millones de años. Momentos en crisis, como el que vivimos hoy debido al corona virus, nos han dado la oportudidad de poder mirar y de poder crear. Las mujeres aquí han creado una revolución y una auto-organización de las cenizas de la guerra. La guerra siempre nos rodea, y tiene diferentes máscaras.
En circunstancias excepcionales, las profundas grietas y la falta de ética humana revelan las fundaciones del sistema patriarcal. (?) Mientras las instituciones y organizaciones del estado fallan en proveer, o aprovechan para ejercer control y opresión, nosotras reforzamos nuestras comunidades ya existentes y la unidad de las personas en todo el planeta. Haremos lo que siempre hemos hecho, como la sociedad fuerte que somos: pensar en aquellas que se encuentran en los campos de refugiados, en aquellas que se encuentran en las prisiones, en las mujeres que sufren violecia doméstica, en las que no pueden comer si no tienen trabajo. Aquellas a los que nadie cuida. En estos momentos de caos podemos abrir nuevas posibilidades de vida en nuestras mentes. Incluso si las circunstancias nos demandan mantener distancias, encontraremos maneras de quedarnos juntas.
Nuestras compañeras revolucionarias zapatistas en Méjico nos dicen:
Llamamos a no perder el contacto humano, sino a cambiar temporalmente las formas para sabernos comañeras, copañeros, compañeroas, hermanas, hermanos, hermanoas. La palabra y el oído, con el corazón, tiene muchos modos, muchos calendarios y muchas geografías para encontrarse y esta lucha por la humanidad puede ser uno de ellos
Mientras el sistema capitalista se desintegra, lo único que a nosotras nos puede salvar, es nosotras mismas. Mientras el mundo habla de cómo luchar contra el virus, nosotras hablamos de por qué estamos luchando. La libertad debe nacer dentro de cada una de nosotras, y se debe expressar en nuestra unidad, a pesar de las restricciones. La crisis del corona no puede abrirle las puertas al fascismo, al reenfuerzo de la represión, a la desigualdad y al aislamiento. Los estados de todo el mundo se están aprovechando de este momento, usando el miedo del pueblo para tomar más poder. Solo sobreviviremos si nos mantenemos en colectividad, de la manera que podamos.
El problema es la solución. Cada lucha trae fuerza y aprendizaje. Nuestro sistema de defensa está en la naturaleza. La vida no puede ser preescrita en forma de ‘estilo de vida’ o de medicinas químicas. Eso es contrario a los miles de años de conocimiento que en el pasado yacía en las manos y en los corazones de las mujeres.
Salud es cuidar de nuestra comunidad, es amar nuestra existencia y la tierra que pisamos. La vida rodeándonos. Salud es los valores que nos unen, es el balance de la biodiversidad. La salud de nuestra sociedad se enfrenta ahora a una nueva amenaza que en parte viene de la manera en la que vivimos: de la separación con la naturaleza y con nosotras mismas. En esto estamos juntas, en solidaridad con aquellas que perdieron su vida y con aquellas que luchan. Todos los días y en todas partes.
Abrazos revolucionarios, con un profundo cariño y respeto.
Som les ‘Mujeres libres’ Som les lluitadores de la guerrilla kurda Som les bandes ‘gulabi’ de dones índies Som les partisanes lluitant contra el feixisme Som les mares que lluiten Som la naturalesa, aquella que ens estima Som les dones revolucionàries, les d’abans i les d’ara Som les dones sàvies cremades a la foguera, resorgint de les flames
Avui celebrem la nostra identitat: l’herència de la lluita al món. Som dones internacionalistes al nord i l’est de Síria, dins la revolució de Rojava. Avui celebrem el Newroz, una expressió de la lluita per la identitat kurda, una lluita per la llibertat i pel dret a existir. És el començament de la primavera. Les nostres oídes i els nostres ulls s’estan obrint i podem veure com el nostre camí cap a la llibertat està prenent una nova ruta.
Mirant la història del món, podem veure com tots els éssers vius s’han hagut d’enfrontar a períodes de condicions extremes. Sempre ens en hem sortit i evolucionat. Som part d’un cicle de milions d’anys. Moments de crisis, com el que vivim avui a causa del coronavirus, ens han donat la oportunitat de poder mirar i de poder crear. Les dones aquí s’han autoorganitzat I han construit una revolució a partir de les cendres de la guerra. La guerra sempre ens envolta, i té diferents màscares.
En circumstàncies excepcionals, les profundes esquerdes i la falta d’ètica humana mostren els fonaments del sistema patriarchal, basat en el benefici economic. Mentre les institucions i organitzacions de l’Estat fallen a l’hora de proveir o aprofiten per exercir control i opressió, nosaltres reforcem les nostres comunitats ja existents i la unitat de les persones a tot el planeta. Farem el que sempre hem fet, com la societat forta que som: pensar en aquelles que es troben als camps de refugiades, a les que es troben a les presons, a les dones que pateixen violència masclista dins la llar, les que no poden menjar si no tenen feina. Aquelles de les que ningú té cura. En aquests moments de caos podem obrir noves possibilitats de vida a les nostres ments. Fins i tot si les circumstàncies ens fan haver de mantenir les distàncies, trobarem maneres de quedar-nos juntes.
Les nostres companyes revolucionàries zapatistes a Mèxic ens diuen:
«Fem una crida a no perdre el contacte humà, sinó a canviar temporalment les formes per saber-nos companyes, companys, germanes, germans. La paraula i l’oída, amb el cor, té moltes formes, molts calendaris i moltes geografies per trobar-se i aquesta lluita per la humanitat pot ser una d’elles».
Mentre el sistema capitalista es desintegra, l’únic que ens pot salvar som nosaltres mateixes. Mentre el món parla de com lluitar contra el virus, nosaltres parlem de per què estem lluitant. La llibertat ha de néixer dins de cada una de nosaltres, i s’ha d’expressar en aquesta unitat, malgrat les restriccions. La crisi del corona no pot obrir les portes al feixisme, al reforçament de la repressió, a la desigualtat i a l’aïllament. Els Estats de tot el món estan aprofitant aquest moment, fent servir la por de la gent, per augmentar el seu poder. Només sobreviurem si ens mantenim en col·lectivitat, siguin quines siguin les maneres en que puguem fer-ho.
El problema és la solució. Cada lluita porta força i aprenentatge. El nostre sistema de defensa és a la naturalesa. La vida no pot ser preescrita en forma d’ «estil de vida» o medicaments químics. Això és contrari als milers d’anys de coneixement que en el passat estava a les mans i als cors de les dones.
Salut és cuidar de la nostra comunitat, és estimar la nostra existència i la terra que trepitgem, la vida que ens envolta. Salut és els valors que ens uneixen, és el balanç de la biodiversitat. La salut de la nostra societat s’enfronta ara a una nova amenaça que, en part, ve de la manera en la que vivim: de la separació amb la naturalesa i amb nosaltres mateixes.
En això estem juntes, en solidaritat amb aquelles que van perdre la seva vida i amb aquelles que lluiten. Cada dia i a tot arreu.
Abraçades revolucionaries, amb profunda estima i respecte.
«Si no tengo para comer, ¿qué hago?» se pregunta Stefanía, una colombiana que ejerce la prostitución. Ninguna de las medidas adoptadas por el Gobierno hasta la fecha sirven para aliviar la situación de vulnerabilidad en la que viven y que se ha acrecentado exponencialmente desde que se decretaran las medidas de confinamiento.
«La semana anterior al confinamiento fue buena. Hice unos 830 euros que me sirvieron para mandar dinero a mis padres, pagar mi habitación y comprarme algunas cosas de comida e higiene. Ahora sólo me quedan 50 euros y me tocará llamar a algún cliente de confianza que con migo ha sido bueno».
Quién habla es Stefanía, el nombre ficticio de una mujer de 23 años que hace seis meses llegó de Colombia para ganarse la vida. Cuando le preguntamos por teléfono si no tiene miedo de contagiarse o contagiar a alguien, responde: «Si estuvieras en mi lugar, ¿tú que harías? ¿Cómo como? ¿Como pago? ¿Cómo comen mi mamá y mi papá? Tengo que comer vivir y mantener a mi familia en Colombia que dependen de mí».
«Yo no vine a esto», explica, «pero sin papeles nadie me daba trabajo. Venimos engañadas porque nos aseguran que aquí hay trabajo y te puedes ganar la vida, pero las oportunidades no existen. Sólo hay una salida y terminas en la prostitución».
«Lo que estamos viendo en nuestro día a día con las mujeres en prostitución y trata es que la desesperación las lleva a esto. No tienes nada que echar al estómago y piensas en tu salud. Pero tu salud también es comer. Ellas no han sido tenidas en cuenta en las ayudas económicas que han anunciado ni nos han dotado a las ONG que trabajamos con ellas de los mínimos fondos para poder asegurar su comida, que sería un primer paso para no pensar en buscar clientes», afirma Hodan, técnica de intervención de género en Médicos del Mundo.
«Si optara por esta opción», reconoce Stafanía, «tendría que buscarme un lugar donde ejercer, porque el club en el que trabajo ahora está cerrado por la cuarentena». Afirma que no se hace rica. Sólo consigue lo justo para comer, enviar lo justo a su familia y sobrevivir. Viven al día para pagar la deuda, muchas de ellas y para enviar dinero a los que dependen de su trabajo.
Ninguna ayuda a la vista
Ninguna de las medidas adoptadas hasta ahora por el Gobierno sirven para aliviar las condiciones en la que viven las mujeres en situación de prostitución y trata. Este colectivo tan vulnerable y en su gran mayoría en situación administrativa irregular, ha quedado excluido, incluso, de las medias adoptadas para aliviar la situación de los hogares, que prohiben a las compañías suministradoras cortar el suministro de luz, agua o gas a los hogares mientras dure la crisis. Por su situación, la mayoría tampoco tiene acceso al Sistema Público de Salud.
«Las mujeres prostituidas afrontan un estado crítico ante la alarma que vive el país por Covid-19», alertan desde Médicos del Mundo, que denuncia la precaria situación de estas mujeres, la falta de medidas de protección frente al virus y una terrible situación económica. A tal punto llega ésta, que en algunos casos se ven empujadas a seguir prostituyéndose.
«Todas las medidas sociales adoptadas por el Gobierno para paliar esta emergencia están destinadas a personas en situación regular. Pero incluso las mujeres en prostitución que estén en esta situación, no pueden demostrar ingresos ni en la mayoría de los casos pedir ayudas al alquiler», afirma Elisa García, portavoz de Médicos del Mundo en Madrid. Muchas, tal como explican desde esta organización, alquila una habitación sin ningún tipo de contrato formal ni puede demostrar ingresos. Por lo que están en riesgo de acabar en la calle y no tener acceso a ninguna de las medidas de ayuda que se han establecido.
Por eso, explican, algunas reconocen que están aceptando clientes habituales. «Porque necesitan comer o enviar dinero a su familia que suele estar en otro país, porque la mayoría son cabezas de familia de la que depende una red familiar. Se ven obligadas a elegir entre contagiarse o subsistir. Con necesidades económicas tan acuciantes la capacidad de elección está totalmente mermada», comenta García.
Esta situación se agrava aún más en el caso de las víctimas de trata, que tienen deudas con sus explotadores y que temen que éstas se incrementen debido al confinamiento. La mayoría viven en pisos gestionados por los proxenetas o en los clubes, lo que conlleva gastos. Si esta situación de confinamiento se alarga, muchas van a ver incrementada su deuda exponencialmente y las que no la tengan por trata la van a adquirir, aumentando la dependencia con sus explotadores.
Dudas sobre el cierre de los burdeles
Tal como afirman fuentes de Médicos del Mundo, más de 60 mujeres en situación de prostitución y trata a las que han contactado afirman que tanto pisos como clubes se mantienen cerrados, dato que confirman los propietarios. «Pero tenemos nuestras serias dudas de que esto sea así y que en realidad no se estén abriendo a prostituidores conocidos o clientes habituales de la zona, porque algunas mujeres nos cuentan que por las tardes les pedían que bajaran al bar a tomarse algo y así no estaban tan encerradas. También estamos atentas a artículos que afirman que se están haciendo fiestas privadas en diversos pisos.
Ante esta situación de precariedad y falta de recursos, exigen que se tomen medidas más amplias y que se consideren a las mujeres en situación de prostitución y de trata población vulnerable para que puedan beneficiarse de las políticas públicas de apoyo económico y poder acceder a los diversos sistemas de servicios sociales o Institutos de la mujer. Esta petición se extiende a la necesidad de apoyo psico-social urgente, puesto que en la mayoría de los casos se trata de personas que carecen de redes sociales o familiares, confinadas en prostíbulos o pisos, lo que añade estrés y ansiedad a una situación de por sí ya difícil.
Fuentes del Ministerio de Igualdad contactadas por este diario, han afirmado que no hacen declaraciones sobre las medidas a adoptar y que todas las decisiones y anuncios se llevan a cabo desde el gabinete de crisis del Gobierno en torno a la emergencia del coronavirus.
En las últimas semanas, la emergencia del coronavirus (COVID19) puso sobre la mesa una institucionalidad desgarrada y visibilizó un entramado de desigualdades geopolíticas y sexogenéricas, todo esto, en el marco de un nuevo ciclo de la crisis del capitalismo contemporáneo.
Desde fines de la década del ochenta, nuestro continente dio paso a una serie de reformas económicas ideadas en los laboratorios del floreciente pensamiento neoliberal, principalmente en Estados Unidos y Gran Bretaña. A la cabeza de los Chicago Boys de Chile, Latinoamérica abrió sus economías realizando una serie de reformas constitucionales que a la postre posibilitarían la reducción de derechos sociales a través del desmantelamiento de cierta institucionalidad estatal, cuyo rango de acción habría sido definido en el (ahora pisoteado) contexto de las economías de bienestar. Una bala en la cabeza de Salvador Allende precedió el largo camino de los Chicago Boys. Desde entonces, se han tornado cotidianas las reformas previsionales, y es creciente el proceso de privatización de la educación y la salud. En la década del noventa las reformas económicas estuvieron abocadas a modificar la relación entre los Estados, los mercados y la sociedad. En la actualidad, el correlato de esta situación ha sido la dependencia casi total al mercado global de servicios, una tendencia progresiva a la concentración de la riqueza y la pauperización de las condiciones mínimas de vida. La flexibilidad laboral y la tercerización, profundizan desigualdades de géneros, clase y raza. La masa laboral activa en los años de los Chicago Boys se pensiona si puede. Es decir, poco a poco hemos asumido que la tercera edad dependa de sus hijxs, trabaje hasta el fin de sus días o viva en mendicidad, aun cuando cuenten con un mínimo pensional del que las siguientes generaciones ya no habrán de disfrutar. Este es el gran contexto del que partimos para vislumbrar las contradicciones de la mayor parte de la población latinoamericana después de que la Organización Mundial de la Salud declarara al COVID-19 como una pandemia mundial.
Como es de conocimiento corriente para el feminismo, la CEPAL cifra en alrededor del 30% la brecha salarial entre hombres y mujeres. Según el mismo organismo, las mujeres latinoamericanas perciben un 34% menos de ingresos (salariales o pensionales), dada la división familiar de la renta y el trabajo de cuidados de menores, enfermxs, y ancianxs.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), teniendo en cuenta la edad laboral, para el 2018 la participación de la fuerza de trabajo masculina en la región era del 75%, mientras que en las mujeres rondaba apenas el 50%. Esto no quiere decir que las mujeres trabajen menos que los hombres. Por el contrario, una de cada dos mujeres latinoamericanas está expuesta al desempleo o la informalidad. De hecho, «la desocupación de las mujeres subió 1,6 puntos porcentuales, por encima de la variación de los hombres que aumentó en 1,3 puntos porcentuales», según José Manuel Salazar, director regional de la OIT. Valga anotar que estas estadísticas adolecen de una perspectiva sobre la carga socioeconómica del trabajo doméstico. Sumemos al panorama el hecho de que siete de cada diez mujeres se desempañan en el sector servicios o comercio. Dos rubros cruzados por la informalidad parcial o total.
Teniendo en cuenta este horizonte, en medio de la crisis social, económica y política que atraviesa la región desde el año 2017 -para poner un estimativo de corto plazo-, las medidas para frenar la pandemia COVID-19 dejan sinsabores y preguntas que cuesta resolver con la misma urgencia.
Esta semana se decretaron cuarentenas en casi todos los países latinoamericanos y caribeños. Sin embargo, 140 millones de personas en la región dependen del sector informal. Teniendo en cuenta las cifras abordadas, debemos asumir que la mayoría de las mujeres se ven imposibilitadas de llevar a cabo tales medidas. Dado que en nuestro continente la mitad de las mujeres dependen de las economías de subsistencia, un día sin trabajar implica un día en que sus familias no pueden comer.
UN PANORAMA LATINOAMERICANO
Perú es uno de los países que tiene la tasa de informalidad más alta, aunque esta es incluso superior en países como Guatemala y Honduras, donde ronda el 80% según la OIT; o en Bolivia, donde asciende al 83%. Martín Vizcarra, presidente del país andino, anunció este lunes una bonificación de US$108 para que los sectores más desposeídos no tuvieran que verse expuestos al virus en el quehacer de sus trabajos precarios. Sin embargo, el monto está muy por debajo del salario mínimo mensual, estimado en US$263. Según el portal del Foro Económico Mundial, el bono no habría estimado el gasto en alquileres.
En un artículo titulado Las mujeres y la tierra, la propiedad y la vivienda, ONU Mujeres apela a la implementación de medidas urgentes en materia inmobiliaria. Mujeres, ancianxs, y enfermxs son los sectores más golpeados por la especulación de la tierra y la vivienda. Si se tiene en cuenta que las mujeres son propietarias de menos del 1% de la tierra, y un número apenas mayor de viviendas urbanas, debemos concluir que el gasto en alquileres tiene un peso abrumador sobre sus economías dado que, como se dijo anteriormente, trabajan y cargan sobre sus hombros la dependencia económica de la tercera edad, enfermxs e infantes.
En síntesis, medidas como las tomadas por el gobierno peruano (entre otros gobiernos) –como militarizar las calles para obligar a las personas a no moverse de casa-, no prevén el impacto de la inmovilidad sobre las economías familiares, cuya participación mayoritaria depende de los aportes de mujeres. Éstas, para evitar el riesgo de contagio, deben recluirse dos semanas en sus casas, no pudiendo hacer frente a las tareas de cuidados, el costo inmobiliario y la recesión laboral.
Sobre el impacto del COVID-19 en el sector de la salud en Uruguay, la médica y feminista uruguaya Virginia Cardozo explica que las medidas drásticas afectarán especialmente a las mujeres, que ya son el grueso de profesionales sanitarios que se enfrentan al sufrimiento y a las muertes: «Del total del personal asistencial en Uruguay, 76% son mujeres y 24% varones. En aquellas disciplinas que mantienen contacto más directo con la población –medicina general, medicina familiar y comunitaria, pediatría y profesiones no médicas– el índice de feminización es aún mayor. En los cargos de mayor responsabilidad jerárquica, por supuesto que el porcentaje de varones aumenta, desempeñándose en tareas que implican menor contacto directo con usuarios y usuarias de los servicios de salud».
Según La Diaria –diario feminista uruguayo-, el impacto de la infección por Covid-19 tiene mayor riesgo de repercusiones graves en la salud de los adultos mayores y en pacientes con múltiples patologías. Estas personas requerirán un aumento de los cuidados, elemento a tener en cuenta en un país con un envejecimiento activo de la población. Los cuidados en estos casos se encuentran mayoritariamente en las órbitas de las familias, por medio de cuidadoras informales que cumplen con tareas de alimentación, higiene, administración de medicamentos, vestimenta o acompañamiento a servicios de salud; 64% de las personas que se dedican al cuidado de adultos mayores son mujeres, y una buena parte de ellas inmigrantes.
En el caso de Venezuela, el bloqueo impuesto por Estados Unidos (y la corporación farmacéutica Bayer-Monsanto) ha golpeado fuertemente la salud. En palabras de Nicolás Maduro, el 75% de los ingresos de la Nación Bolivariana son destinados a la inversión social en vivienda, educación, salud, cultura y alimento. Lo cierto es que al día, por ejemplo, muchas personas gestantes tienen que buscar alternativas en sus partos para poder dar a luz, siendo imposible garantizar insumos de urgencia como la penicilina en casos de cesáreas u otras intervenciones. En este contexto de crisis económica y sanitaria, «El FMI dejó 1 billones de dólares para ayudar a los países golpeados por la pandemia COVID-19. Venezuela acudió al FMI para pedir $ 5 mil millones, destinados a importar suministros para abordar la pandemia. El FMI se negó», comenta el analista internacional Vijay Prashad.
No es la primera vez que la llamada ayuda internacional demuestra intenciones meramente utilitarias e irresponsables en momentos de extrema crisis. Países intervenidos como Haití guardan en la memoria la repercusión de los efectos intervencionistas de los países centrales. Huelga recordar en estos días que el país caribeño sufrió la peor crisis sanitaria inmediatamente después del terremoto, dado que en el mismo 2010 un destacamento militar de la ONU proveniente de Nepal difundió el brote epidémico del cólera en la región de Artibonito, a tan solo cien kilómetros de la capital Puerto Príncipe. El saldo de la tragedia fue de 9000 muertos. El silencio cómplice de los encargados de la ayuda humanitaria no hizo más que condenar a la muerte a miles de seres humanos. Hoy, en la Perla del Caribe se registran dos muertes de un ciudadano belga y otro francés, respectivamente. Dos muertes llaman la atención de las autoridades internacionales por el hecho de provenir del arco de países intervencionistas, sin que se lea ni asuma la responsabilidad correspondiente, sin embargo, de la fragilidad de las instituciones sanitarias producidas por la intervención imperial en dicha nación hermana. Como en tantos otros países, son las brigadas de salud de Cuba en Haití las que siguen haciendo frente a la desgracia de la muerte por la inanición sembrada bajo el yugo neoliberal.
En Chile, hasta la semana pasada la agenda mediática no había podido instalar el tema del Coronavirus. Incluso el gabinete del presidente Piñera fue abucheado por insinuar la proscripción del Plebiscito Constituyente en caso de una posible expansión del virus.
Desde el 18 de octubre del 2019 la sociedad chilena ha decidido poner fin al sueño precipitado de los Chicago Boys. No es raro encontrar en las plazas, al calor de las barricadas, gentes en sillas de ruedas tirando piedras, o enardecidas ancianas vociferando contra las AFP (sistema previsional privado, impulsado por el equipo económico del gobierno chileno en tiempos de Pinochet). Contrario a lo que pasó en España, donde mermó la convocatoria del 8M ante la posible expansión del virus, Chile vivió la mayor concentración feminista en toda su historia. Una militante de la Coordinadora Feminista 8M comentaba a la Cátedra Feminista Martina Chapanay que «con corona o sin corona la gente en Chile muere esperando una cama en un hospital; o peor, se mueren endeudados por tratarse una pulmonía. Los únicos exentos de morirse en la miseria son los carabineros (…) Pinochet pidió que se les dejara afuera de las AFP cuando el neoliberalismo reestructuró la salud y las pensiones».
En las últimas horas las fuerzas políticas consensuaron una nueva fecha para llevar el urgente plebiscito adelante, el cual se desarrollaría el 25 de octubre. Casi un año después de empezadas las revueltas en la cuna del neoliberalismo en Nuestra América.
En Argentina, mientras el gobierno nacional buscaba coordinar una estrategia con los gobiernos locales, e impelía a los y las trabajadoras a quedarse en casa, Beatriz Machado fue atropellada y asesinada por la policía de la Ciudad de Buenos Aires, por decisión política del Jefe de Gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta. El caso de Beatriz es un ejemplo claro de la avanzada punitivista en medio del desconcierto generado por las medidas sanitarias del legislativo. Mientras las instituciones, empresas y locales comerciales llamaban a la cuarentena a sus trabajadores, Beatriz Machado, pensionada de 73 años, se veía forzada a defender su puesto de trabajo en la Plaza de Once. La mujer que vendía medias fue reprimida con saña por la policía federal. Beatriz sintetiza la cruda realidad de buena parte de las mujeres de nuestro continente.
Beatriz son las siete de cada diez mujeres que trabajan en condiciones de marginalidad; Beatriz es la pensionada que tiene que trabajar en la calle, ante el desguace inhumano del sistema previsional; Beatriz es la abuela de alguien que no puede pagar para cuidarla; Beatriz es la vida de la mayoría de las mujeres quienes pandemia o no, tienen que salir a defender su trabajo, con el único objetivo de defender su vida de la muerte, aun cuando esta termine ganando la partida.
Con su trabajo colectivo, las cooperativas de mujeres de Tirbespiyê hacen una contribución importante a la economía social de la ciudad del norte de Siria. Muchas personas han tomado el ejemplo del modo colectivo de producción de las cooperativas y han hecho otras iniciativas ellos mismos. Ahora hay oficialmente 16 cooperativas de mujeres en la región de Cizîrê. La cooperativa de mujeres de Tirbespîye fue fundada en 2017 y produce verduras. Hasta ahora, la cooperativa ha cosechado 41 toneladas de verduras y las ha traído al mercado.
Mientras tanto, se han fundado más cooperativas de mujeres en la ciudad. Este año se fundó una cooperativa de 10 mujeres. Se les brindará 125 hectáreas de tierra para el cultivo de hortalizas. Otra cooperativa cultiva 250 hectáreas de tierra con pepinos, berenjenas y cebollas.
Behîra Ibrahim, de la dirección del comité de economía de las cooperativas de mujeres, explica que un objetivo es contribuir a la economía. Ella enfatiza el éxito de las cooperativas de mujeres y subraya que apoya la creación de nuevas cooperativas.
La miembro de la cooperativa Xedîce Ehmed dice que hacen todo el trabajo de forma colectiva y comienzan a trabajar temprano en la mañana. Este año planean llevar cebollas y ajos al mercado a un precio razonable.