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sábado, 15 de febrero de 2020

Borrar el «sexo» y a «las mujeres», delirio y misoginia

Sexo & Género

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En los relatos queer el «sexo» no puede ser caracterizado como hecho biológico o «sexo natural». Y también se debe despojar al «sexo» de significado social. Desde posiciones feministas estamos obligadas a preguntarnos ¿Por qué la clase social, la raza y el «género» tienen significado social y el «sexo» no? Despojar al «sexo» de significado social es lo mismo que afirmar que la estratificación sexual no existe y el feminismo es una invención sin base real alguna.
Para que no haya margen de error en lo que quiero transmitir: imaginemos que alguien afirmara que la «clase social» carece de significado social, negaríamos entonces la estratificación y las desigualdades sociales y dejaríamos sin efecto la lucha del movimiento obrero; o supongamos que la «raza» carece de significado social ¿podríamos entonces perseguir el racismo? El negacionismo sobre el «sexo» evita hacer frente a la verdad incómoda planteada por el feminismo, la pervivencia de la injusticia sexual.
La injusticia sexual no se combate ignorando que el «sexo» sea un dato biológico, se combate no otorgando a datos biológicos disposiciones naturales de carácter o función social diferenciada. imaginemos que alguien afirmara que la «clase social» carece de significado social, negaríamos entonces la estratificación y las desigualdades sociales y dejaríamos sin efecto la lucha del movimiento obrero;
La negación del «sexo» comporta la negación de la categoría «mujeres». La amenaza a la que nos enfrentamos como feministas es que la eliminación de la palabra «sexo» o «mujeres» se está haciendo realidad en leyes, informes o documentos elaborados tanto a nivel de país, como alentados por organismos internacionales como la ONU, por ejemplo.
El ejemplo más extremo nos lo brinda Argentina con su propuesta de ley denominada «Asignación sexual compulsiva: eliminación de la categoría sexo en documentos y protección de la diversidad corporal»[1]. En el momento en que escribo, la ley se encuentra en trámite parlamentario.
Pero me quiero detener en ella porque, independientemente de cuál sea su destino, no dudo en que sea objeto de imitación en otros países. La secuencia política queer es muy evidente: primero, lograr a nivel nacional de país leyes de «identidad de género» para posteriormente, amparándose en las leyes sobre «identidad de género», proceder a promulgar leyes de borrado de la categoría sexo. De ahí mi interés en describir esta ley denominada «Asignación sexual compulsiva» El objetivo de la ley es eliminar la categoría «sexo» de cualquier documento público o privado, ya que la noción de «sexo» es falsa: «la asignación jurídica y registral de un «sexo» es inexacta (falsa), irrelevante jurídicamente, arbitraria, invasiva, discriminatoria, inútil y confusa».
Argumentan los redactores que «la falsa noción de sexo» ha derivado de la supuesta «naturalidad» del sexo, basándose en la biología y en paradigmas médicos/científicos. A su vez, nos hacen saber que el «sexo anatómico» es sólo el producto de una lectura ideológica. Llegados a este punto de lectura de la ley no puedo dejar de preguntar retóricamente, si el sexo es producto de una lectura ideológica ¿podría ser posible una lectura ideológica que nos liberara a las mujeres de parir con dolor, evitar la preeclampsia, menstruar durante largos años de nuestra vida y la endometriosis asociada, no sufrir cáncer de mama o de útero y por relajarnos un poco no tener celulitis? Frente a evidencias biológicas, científicas y médicas, los redactores de la ley basan su argumentación de «la falsa noción de sexo» en una única persona, Judith Butler.
La propuesta queer de proliferación paródica de los estereotipos genéricos con fines subversivos va camino de dejar de ser subversiva para transformarse en norma legal. Ya me referí en otros contextos a que Butler, pretendiendo desnaturalizar el sexo, naturaliza el género. Afirmé además que la versión butleriana del género perpetúa la invisibilidad de las mujeres. Y esto se refleja de modo harto elocuente en la propuesta legislativa de eliminar la categoría «sexo» de todo documento público o privado. Veamos con un poco de detenimiento el proceso de borrado de las mujeres. Dos son los principios c¡rectores que inspiran la propuesta legal:
a) La noción de «sexo» es falsa por lo tanto también es falso el binomio varón/mujer. b) Cuando un artículo de una ley «haga referencia a alguna falsa noción de sexo y/o género, ésta debe entenderse comprensiva de toda persona sin distinciones».
Estos dos principios reguladores dan paso a un galimatías jurídico y lingüístico cuando aborda la cuestión de las acciones positivas («afirmativas» en el texto). Más en el caso de las acciones afirmativas y las mujeres. Se informa en el texto legal que las leyes o normas específicas para las mujeres, como criterios de paridad, dispositivos contra la violencia ejercida sobre las mujeres, edad de jubilación, son tan «excepcionales que no justifican todo el andamiaje jurídico para portar de manera visible pretendidos datos sobre las características sexuales de una persona». Si partimos de una perspectiva feminista, cabe oponer a esta afirmación que la «excepcionalidad» denota carencia de un país en legislar sobre igualdad. Los redactores de la ley insisten, por el contrario, en que los «pretendidos datos sobre las características sexuales» no justifican el andamiaje jurídico relativo a leyes específicas, ya que niegan de antemano que el sexo sea la causa de la desigualdad e infrarrepresentación de las mujeres.
Así de un plumazo, los redactores de la ley erradican cualquier planteamiento crítico de las relaciones sexo/género, negando el primero y transformando el segundo en categoría constitutiva del yo. Niegan, pues, el feminismo como la teoría crítica de las relaciones sexo/ género. ¿cree el legislador que el patriarcado sólo se reproduce en la heterosexualidad? Porque el patriarcado es una constante que puede expresarse tanto en personas heterosexuales, como homosexuales, transexuales, transgénero o cualesquiera tipo o práctica sexual que nos queramos representar. ¿Qué deben hacer entonces las mujeres para denunciar la desigualdad estructural?, ¿cómo han de proceder para exigir acciones afirmativas? La respuesta que ofrece esta ley a las mujeres es producto, a partes iguales, del delirio y la misoginia. Intentaré describirlo del mejor modo, aunque no es fácil por la opacidad lingüística utilizada para no nombrar de modo explícito a las mujeres.
Se afirma en el texto que cuando un colectivo sienta ser discriminado será suficiente una declaración jurada. En el caso de que ese colectivo se encuadre en aquellos que han sido adscritos «compulsivamente» a «la falsa noción de sexo o género», se les insta a que «el objeto de la declaración jurada no sea la pertenencia al falso binomio «mujer» sino simplemente declarar la pertenencia a un colectivo históricamente vulnerado por pautas machistas, hetero-patriarcales y hegemónicas».
Así que como quien no quiere la cosa, el legislador nos propone a las mujeres que primero declaremos falsa la adscripción «mujeres». Después se nos sugiere, a las «sin nombre» a partir de ahora, que declaremos ser vulnerables por pautas machistas, hetero-patriarcales y hegemónicas. Amén de no quedarme claro qué significa «pautas hegemónicas», no se tampoco cómo denunciar el machismo que deriva de la creencia en que un sexo es superior a otro y el sexo como se nos informa es una «falsa noción».
Por otra parte, ¿cree el legislador que el patriarcado sólo se reproduce en la heterosexualidad? Porque el patriarcado es una constante que puede expresarse tanto en personas heterosexuales, como homosexuales, transexuales, transgénero o cualesquiera tipo o práctica sexual que nos queramos representar. Me imagino que ya habrán tomado nota que la palabra igualdad ni se la nombra, ni se la espera. Somos vulnerables. De hecho, la vulnerabilidad se está proponiendo como alternativa a la idea de igualdad.
Y a partir de ahora se nos dice explícitamente que las mujeres luchamos no contra la desigualdad, sino contra la vulnerabilidad mediante declaración jurada. A estas alturas a mí me suena que, con supuestos tintes progresistas, a las mujeres, una vez más, nos están pautando el camino. Estamos siendo puestas bajo tutela. ¿Nos vamos a dejar?
Nota:
(1) Si disponen de un momento, les recomendaría la lectura del proyecto en su totalidad: https://www.diputados.gob.ar/proyectos/proyecto.jsp?exp=7037-D-2018


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jueves, 13 de febrero de 2020

Pasos hacia una política antisexista

Debate feminismo & Prostitución
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Antonio Giménez Merino
www.mientras tanto.e

(A propósito del Manifiesto feminista por un debate sin censuras)

La capacidad para el diálogo y el contraste de ideas es una fortaleza del movimiento feminista. Cuarenta años después, en los que nos hemos tenido que enfrentar a muchos enemigos poderosos y a situaciones sociales muy delicadas, a mí me resulta absolutamente incomprensible el nivel de virulencia en temas como la prostitución o el sujeto del feminismo por parte de un sector del movimiento.(Justa Montero)
En la nota que encabezaba el número 185 de mientrastanto.e se daba noticia del debate abierto en el seno del feminismo acerca de prostitución en España. En este sentido, la revista se adhirió al “manifiesto por un debate sin censuras”, promovido por feministas del ámbito académico y activistas que llevan meses trabajando por el cese de la violencia contra las mujeres que ejercen la prostitución a través de los Debates Universitarios sobre Trabajo Sexual que se están desarrollando en 22 universidades españolas.

El manifiesto, con mil firmas mayoritariamente procedentes de personas y organizaciones del mundo académico y del activismo social, fue lanzado a la opinión pública el pasado 17 de diciembre, coincidiendo con los actos organizados por quienes trabajan en la industria del sexo con motivo del Día Internacional de la No Violencia contra las Trabajadores Sexuales.

Una iniciativa que llama a un debate sereno en torno a estas cuestiones, desde la convicción de que se han de poder ofrecer y representar los argumentos de las distintas posiciones y de que esto incluye necesariamente la voz de las trabajadoras sexuales que reclaman respeto y derechos. 

Las coacciones registradas durante la celebración de las actividades universitarias han sido intensas, como registran y analizan Emma Martín y Ruth Mestre en un artículo reciente publicado en la revista Viento Sur. En él destacan hasta qué punto la propia posición condiciona el análisis de estas cuestiones, “especialmente teniendo en cuenta que lo que se analiza no es la actividad de la prostitución, sino las representaciones ideológicas sobre lo que supuestamente es para quien emite el discurso”.

Así, quienes niegan la simple posibilidad de debatir dejan fuera de foco, por parecerles irrelevantes, las relaciones homosexuales y la prostitución de las personas transexuales, en una manifestación clara de violencia simbólica. Como también lo sería la victimización de las mujeres que comporta caracterizar la prostitución como la manifestación por antonomasia de la trata de personas, con la consiguiente reclamación de su prohibición.

La unilateralidad de estos puntos de partida sirve además para orillar el abordaje necesario de otras formas de trata y de explotación laboral no sexual igualmente relacionadas con el problema migratorio (en el sector servicios, en cadenas manufactureras, en la agricultura o en el trabajo doméstico), a las que en cambio las voces críticas no apelan, o no con la misma insistencia.

En opinión de quien esto escribe, la intensidad de los discursos identitaristas en las últimas décadas ha ido debilitando, hasta hacerlas casi invisibles, las cuestiones relativas a la clase (o si se prefiere, a la condición de pobre) que están por detrás de la mayoría de situaciones que empujan a una mujer a vender servicios sexuales.

Las prostitutas, como muchos otros grupos de mujeres marginadas (trabajadoras del hogar, gitanas, musulmanas, por ejemplificar) se han constituido como sujetos políticos violentados por su procedencia geográfica y social y por sus carestías materiales. Algo que tiene que ver con el estigma y la situación laboral que padecen y que en estos términos supone una manifestación clara de la feminización de la pobreza.

La progresiva separación entre un sector académico fuerte del feminismo y la producción de nuevas prácticas y nuevos discursos en el seno del activismo feminista, por un lado, y entre la vindicación histórica sobre la libertad de decidir y la consideración, en primera línea, de los impedimentos sociales y económicos que dificultan para la mayoría de mujeres el ejercicio de dicha libertad, por otro lado, estarían en la raíz del desacuerdo actual entre las distintas corrientes del feminismo.

Tal como recordaba recientemente Justa Montero en una entrevista concedida al magacine Píkara, “en este momento de extensión del feminismo también hay una vuelta a lo que en los ochenta llamábamos feminismo cultural, que considera que la opresión sexual es el factor determinante que explica la opresión de las mujeres. Esta corriente mantiene una visión muy reduccionista, binaria y uniforme de la sexualidad, del sujeto mujer y también del sujeto hombre”.

En la búsqueda de espacios de acuerdo, Teresa Maldonado (“El debate feminista sobre la prostitución”) ha llamado la atención sobre el riesgo de fractura que supone la intensa polarización del debate actual sobre la prostitución, recordando que “no es cierto que [las posturas abolicionista y pro-derechos] sean dos posiciones absolutamente irreconciliables, que no se pueda aspirar a la desaparición de la prostitución a la vez que se busca reconocer derechos a las prostitutas, no es cierto que defender los derechos de las prostitutas implique considerar la prostitución una forma de empleo entre otras”.

Por lo que demanda acotar terrenos de acuerdo por lo menos en dos puntos: “en la lucha sin cuartel contra la prostitución forzada y la trata y el tráfico de personas con fines de explotación sexual, por un lado y, por otro, en el reconocimiento efectivo de derechos para las mujeres (y personas en general) que ejercen la prostitución vinculándolo a la obtención de papeles por parte de las mujeres migrantes”.

Dejar atrás posiciones esencialistas y contextualizar el debate sobre la prostitución dentro del más amplio sobre la política de fronteras y sobre las formas de explotación laboral, en efecto, parece un requisito sin el cual será difícil salir del actual encasquillamiento del problema, que pone en riesgo el enorme e influyente caudal de los movimientos feministas de este país.

Sobre todo a la vista de la emergencia —en realidad previsible desde hace tiempo— de discursos neomachistas, unos directamente patriarcales y otros más camuflados en los ropajes liberales de la individualización de los problemas. Porque, en efecto, al lado de la extensión de opiniones abiertamente sexistas como las de Vox, que niegan la propia existencia de la violencia de género, también entre la conciencia masculina supuestamente culta encontramos discursos de este tipo.

La puesta en marcha de políticas de inversión de la discriminación por motivos de género, por un lado, y el endurecimiento de las penas por delitos sexuales, por otro, son percibidas por un público muy numeroso como una vendetta que pone en riesgo la impunidad de aquellos varones —los más— que siguen rigiéndose por prácticas sexistas difíciles de desarraigar o que simplemente no quieren ver los persistentes datos sobre desigualdad entre hombres y mujeres.

En cuanto al segundo de los factores mencionados, plantear soluciones penales a las violencias que padecen las mujeres desde una parte bastante amplia del feminismo —bien representado en la dirección actual del Psoe— se articula contrafinalísticamente con las tendencias autoritarias del estado neoliberal basadas en la difusión de la inseguridad y el miedo. Algo que resulta chocante con el hecho de que haya violencias al margen de las que se dan entre la pareja en las que el género también juega un papel fundamental pero que no son reconocidas en la estadísticas públicas, como ocurre con los abusos y las agresiones sexuales o con las padecidas cotidianamente por las trabajadoras del sexo.

Distintamente, sumarlas comportaría una visibilidad mucho mayor de un problema derivado de una raíz patriarcal común. Estas y otras expresiones de la desigualdad son susceptibles de forjar alianzas feministas robustas frente a la involución reaccionaria. Algo esencial para revertir los profundos recortes en las estructuras estatales para la prevención de estos problemas, para implementar de una vez programas educativos antisexistas, inspecciones más amplias del trabajo no remunerado en la empresa y en las familias —en gran parte feminizado— o alternativas laborales para las mujeres en situación de prostitución forzada —utilizadas como argumento principal del abolicionismo— que no denuncian por el riesgo de verse expulsadas del país.

Por todo ello, antes que pensar en la intensificación de la intervención penal o en prácticas prohibicionistas al servicio de la victimización simbólica de las mujeres, lo que hace falta es asegurar un terreno común contra el sexismo lo más amplio posible. Eso es lo que está pidiendo, sensatamente, el sector académico y activista del feminismo más consciente de la necesidad tanto de democracia interna frente a las nuevas tendencias reaccionarias como de generación de estrategias en la que se vean también llamados, como sujetos beneficiarios y no antagonistas, los varones.

En esta línea, en “Erradicar las violencias: cuestión de justicia”, Ana Castaño, de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía ha lamado a la implementación, por un lado, de medidas restaurativas que partan del acompañamiento de las víctimas y de sus demandas específicas —evitando su revictimización—, y por otro lado de medidas no meramente punitivas contra los violentos, “poniendo el foco en los detonantes que empujan a cada persona a la reproducción de violencias determinadas para poder atajarlas de raíz con herramientas específicas”.

Lo cual va más allá de la violencia de género al penetrar en el fenómeno de la violencia en general. De igual forma que en materia medioambiental la reversión de la catástrofe en curso depende de un cambio cultural profundo que nos permita apreciar las ventajas de vivir con menos, en el ámbito del género es preciso inventar políticas que permitan a todos apreciar las ventajas derivadas de relaciones más igualitarias.





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martes, 11 de febrero de 2020

Nuevas masculinidades, el rol de los hombres en la igualdad de género

#NuevasConstrucciones


RedaccionNuevoDiario
http://nuevodiarioweb.com.ar

Para los especialistas que abordan esta nueva construcción, el factor educación juega un rol de importancia fundamental.

“No se puede empoderar a las mujeres y a las niñas sin que participen también los hombres y los chicos”, reflexiona Michael Kimmel, sociólogo y director del Centro para el Estudio del Hombre y las Masculinidades, de la Universidad Stony Brook de Nueva York.

Este especialista está convencido de que para alcanzar la igualdad de género es necesario educar, salir de las viejas ideas de lo que significa ser hombre, romper de una vez por todas con la herencia patriarcal.

La idea de nuevas masculinidades empieza por asomar como una demanda de estos tiempos y para empezar a plantear el tema en agenda, Nuevo Diario, dialogó con la trabajadora social y titular de la Dirección de Género, Claudia Cuestas y con el psicólogo social, Ramón Batalla, integrante del área mencionada.

“El concepto de nueva masculinidad o nuevas masculinidades, es un concepto en construcción aunque pretende o procura poder comunicar de manera sencilla lo que se refiere a los procesos de crítica de la masculinidad tradicional, dominante, hegemónica.

Esto implica el cuestionamiento de la construcción actual del varón y de la masculinidad así como los privilegios que de ello devienen. Para ser más profundos, se trata de reflexionar acerca de aquellos roles y estereotipos impuestos por un sistema patriarcal, en el cual se les exige a los varones ser proveedores, exitosos, no demostrar sentimientos perdiendo la emotividad y en algunos casos, hasta lo maravilloso de la crianza de hijos e hijas”, indicaron.

Sobre la interpelación que esta búsqueda aplica al contexto actual, los profesionales indicaron que, “esta concepción surge con la lucha feminista, donde se demanda a los varones revisar las prácticas de poder hacia las mujeres en un contexto de violencia machista sostenido a lo largo de la historia. En la sociedad actual participar más en las tareas de la casa, no ha cambiado la realidad respecto de la violencia hacia las mujeres, es por esto que las nuevas masculinidades buscan cambiar el modelo tradicional por un modelo igualitario que elimine los estereotipos de género y que respete la diversidad de las personas”.

Sin duda el tema, necesita de un abordaje por parte de cada uno de los actores de la sociedad, ya que incluso la ONU, determinó que la lucha por la igualdad de género no es solo un tema de mujeres, sino una cuestión de derechos humanos.

Políticas de Estado y necesidad de una revisión personal de conductas

¿Es acaso una voluntad personal la revisación de cada individuo sobre esta temática o debe el Estado involucrarse y definir lineamientos a seguir? El interrogante, así planteado abre el análisis, de Claudia Cuestas y Ramón Batalla. “No es un tarea fácil la de revisarnos, implica mirarnos hacia adentro y transformar estructuras.

Es tarea de las instituciones del Estado y de la sociedad toda, llámese sistemas de salud, educativo, abordar la temática.

La Dirección de Genero desde el área de Promoción, Prevención y Sensibilización, cuenta con un programa provincial de masculinidades, desde el cual se llevan a cabo talleres con varones y se proponen espacios de reflexión, para poder pensar juntos la idea de una nueva masculinidad, sosteniendo que todo lo aprendido se puede desaprender y que una vida libre de violencias es posible.

No es la imposición la que genera el cambio, sino la gestión real de opciones para la construcción de toda identidad”.

(Foto del blog Nuevo Diario)






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sábado, 1 de febrero de 2020

El anticapitalismo debe ser un principio feminista


En un primer análisis, debemos exponer el concepto de capitalismo y cómo se aplica a la sociedad. Según los diccionarios, “capitalismo” significa: un sistema económico basado en la legitimidad de los bienes privados y la libertad sin restricciones del comercio y la industria, con el objetivo principal de obtener ganancias ; o aún: sistema social en el que el capital está en manos de empresas privadas o individuos que contratan mano de obra a cambio de salarios.
Dado lo anterior, profundizaremos en el concepto presentado. Obviamente, los diccionarios no cuentan la historia detrás de cada palabra o definición, y por esa razón presentaré brevemente la historia del capitalismo: cómo surgió, cómo permaneció y cuáles fueron las consecuencias.
El origen del capitalismo: el capitalismo surgió en la Edad Media, más específicamente dentro del sistema feudal, en un contexto de explotación de individuos, como siempre ha sido; y, aunque el capitalismo, en su forma más pura, apareció en la Edad Media, es posible notar algunas huellas de ese modelo económico ya en el mercantilismo (un conjunto de prácticas económicas adoptadas por las naciones europeas en la etapa de transición de la producción feudal a El modo de producción capitalista). En consecuencia, el orden económico capitalista ha abandonado el seno del orden feudal; es decir, el régimen feudal fue reemplazado por el capitalismo. Sin embargo, como el propio sociólogo alemán Karl Marx observa en su trabajo “El capital”, para que el trabajador, un productor inmediato, pudiera disponer de su propia persona, necesitaba, en primer lugar, no estar sujeto a una tierra o a otra persona, ni podía convertirse en un vendedor libre de trabajo. Por lo tanto, el movimiento histórico que transforma a los productores en asalariados se da cuenta de la emancipación de su servidumbre. Sin embargo, esta emancipación nunca significó libertad, porque si se venden a sí mismos, es porque se ven obligados a hacerlo para sobrevivir; porque han sido eliminados (a través de métodos crueles de coerción) de todos los medios de producción.
La explotación feudal se convierte en explotación capitalista.
Mientras tanto, con el progreso del capitalismo, se formó una clase de trabajadores cada vez más numerosa, que fue, y es, explotada por la clase con la mayor concentración de capital. Así como Gianfrancesco Guarnieri informa en su trabajo “No llevan corbata negra”, al presentar la situación de pobreza y miseria de la familia de Octavio, uno de los personajes de la trama, que conoce su situación como proletario explotado y se involucra en huelga para tratar de cambiar la realidad en la que vive su familia, la explotación que los trabajadores enfrentan todos los días dentro del sistema capitalista.
Por lo tanto, el sistema económico social presentado crece con la explotación de una mayoría, basada en lo que Karl Marx llamó plusvalía, la base de la explotación de los trabajadores.
Plus valía (valor agregado): comprende el excedente económico o el aumento de valor durante la circulación de dinero, siendo así responsable de la acumulación de capital en manos de las minorías.

En este sentido, después de ejemplificar el concepto de capitalismo, es necesario analizar la situación de las mujeres en dicho sistema; Para ello, es importante hacer hincapié en su papel en las sociedades anteriores, con el fin de hacer un análisis en profundidad de la opresión de la mujer.
Durante la formación de las primeras civilizaciones, al contrario de lo que muchos creen, los individuos vivieron bajo un régimen muy similar al matriarcado; las mujeres tenían cierto prestigio y no había desigualdad entre los sexos.
“La existencia de un matriarcado en la era primitiva es un error: no hubo una relación recíproca entre los sexos”. — Simone de Beauvoir, El segundo sexo.
Aunque no hay desigualdad entre los sexos, la afirmación de la filósofa Simone de Beauvoir es correcta. La mujer nunca fue vista, por el hombre, como un ser humano; no se ve como el “sujeto”, sino como el “otro”.
Aun así, en este período, considerando que todas las sociedades se basan en el trabajo, las tareas se dividieron entre hombres y mujeres en función de las características biológicas de los dos grupos, teniendo en cuenta, principalmente, la fuerza física. Pronto, las mujeres eran responsables de la recolección y la producción (agricultura), y los hombres eran responsables de la caza.
Siguiendo esta línea de razonamiento, explica por qué la mujer tenía el prestigio que tenía: la recolección y producción era la fuente más segura de alimentos que existía, a diferencia de la caza, que era una fuente rica en nutrientes pero imprecisa; a menudo los hombres regresaban con las manos vacías y la gente se alimentaba de lo que la mujer plantaba y cosechaba. En este contexto, se infiere que fue de las mujeres que hubo todo el progreso histórico (domesticación de animales, desarrollo de la agricultura, invención de equipos para preparar alimentos cuando se descubrió el fuego); es decir, las mujeres construyeron las bases para una sociedad desarrollada y elevada.
Por otro lado, algunos dicen que esta división del trabajo indicó la opresión femenina; Sin embargo, como muchos colegas, afirmo que esta afirmación es solo un error: lo que atormenta al ser humano no es el trabajo, sino su explotaciónEn la sociedad mencionada, tanto las mujeres como los hombres realizaban trabajos cansados ​​para mantener a la población e, incluso, la mujer era independiente en ella.
Sin embargo, han surgido nuevas condiciones de vida en esta sociedad, dando lugar a una nueva fuerza productiva: la división del trabajo entre los sexos da lugar a una división social del trabajo; y los hombres son responsables de esta transformación. En el momento en que el hombre se apropió de los medios de producción, la mujer quedó relegada exclusivamente a sus funciones biológicas como madre (¿no parece ser similar a algo que ya hemos mencionado dentro del contexto capitalista?); los hombres tomaron las riendas de la sociedad y destruyeron el “matriarcado”, instalando una sociedad de clases gobernada por el patriarcado.
El hombre no hizo más que tomar posesión de lo que ya tenía; ley armonizada con la realidad. — Simone de Beauvoir.
Por lo tanto, si durante el pre-capitalismo las mujeres tuvieron acceso a la tierra y otros bienes comunes, ahora se las despoja no solo de la tierra sino también del trabajo asalariado; y sus cuerpos llegan a ser vistos como instrumentos para controlar la población y la productividad de la sociedad (maternidad) hasta nuestros días.
De esta manera, se sabe que la opresión que sufrimos las mujeres está directamente relacionada con el surgimiento del capitalismo, a pesar de que no es la fuente de esta opresión. Como demostró Silvia Frederici, en su trabajo “Calibán y la bruja”, la Inquisición, la caza de brujas, por ejemplo, fue solo otro instrumento para disciplinar los cuerpos de las mujeres, que gestan y disciplinan otros cuerpos, para el nuevo sistema de explotación del trabajo.
“Los hombres perdieron la tierra, pero ganaron sirvientes”. — Silvia Frederici, Calibán y la bruja.
A lo largo de la historia humana, la situación de las mujeres siempre ha sido la misma: la de subordinada, incansablemente sumisa al sujeto. La mujer es el instrumento a través del cual se transmite la propiedad.
De hecho, existe la explotación del proletario en el sistema capitalista, pero existe la explotación de las mujeres. La mujer normalmente enfrenta un doble día de trabajo, además de tener que trabajar además de los niños y las tareas domésticas para mantener el hogar; y se pone aún peor cuando se habla de mujeres racializadas y/o periféricas, que se enfrentan a una realidad totalmente diferente de otras mujeres. Además, el salario que reciben las mujeres por desempeñar la misma función que un hombre siempre es inferior al que él recibe. El hecho es que debido al capitalismo, las mujeres enfrentan no solo todas estas condiciones de explotación, que los hombres no atraviesan, sino que también son más susceptibles a seguir otros caminos como una forma de sobrevivir, como la prostitución y la subrrogación.
¿Puede el capitalismo realmente ser nuestro aliado en la lucha por la liberación de las mujeres?
A continuación se presentan algunos datos que demuestran algunos de los daños causados ​​por el capitalismo en la vida de las mujeres:
  • Según una encuesta realizada por el Foro Económico Mundial, las mujeres reciben el 63% de los salarios de los hombres por hacer el mismo trabajo.
  • Según una encuesta realizada por la Fundación Getúlio Vargas (FGV), el 50% de las madres entre 25 y 35 años pierden su trabajo durante los dos años posteriores a la baja por maternidad.
  • En 2012, según un estudio de la fundación francesa Scelles, más de 40 millones de personas en el mundo fueron prostituidas. Las mujeres que representan el 75% de ese número, con edades comprendidas entre 13 y 25 años.
  • Según el DataPopular Institute, en una encuesta realizada en 2018, las mujeres gastan el 30% de sus salarios en estética.
  • En algunos países, como Corea del Sur y Japón, las mujeres pueden tomarse un día libre durante la menstruación. En India, sin embargo, la ausencia del trabajo debido a la menstruación, o por cualquier otro motivo, se castiga con una multa. Algunas mujeres hacen histerectomía (extirpación del útero) para poder trabajar en los campos de caña de azúcar; otras eligen tomar drogas ilegales diseñadas para aliviar los calambres menstruales para que puedan trabajar en la industria de la confección.
En cuanto a la subrrogación, aquí hay un punto importante, aunque complicado, para analizar la relación de poder en la sociedad; Al igual que la prostitución.
Los hombres que compran mujeres para prostituirse pueden compararse con los hombres que compran servicios de reproducción a mujeres. En resumen, podemos definir que el sustituto es (más) una forma de comercializar el cuerpo femenino, mostrando cómo los hombres siempre están por delante de las mujeres.

El logro de la liberación de las mujeres nunca ha sido tan difícil de lograr … El liberalismo ha ganado fuerza dentro del feminismo y ha cambiado la forma de pensar de muchas mujeres. En este contexto, el capitalismo parece querer nuestra libertad: las camisetas con frases feministas, eslóganes y anuncios llamados “empoderadores”, etc. finalmente se hicieron realidad. Sin embargo, este discurso es solo una forma de controlar a las mujeres nuevamente.
Durante el tiempo en que las mujeres estaban ocupando espacio en el mercado laboral y, finalmente, teniendo su emancipación y libertad económica, se estableció una dictadura: la dictadura de la belleza; es decir, el mito de la belleza surgió para oprimir a las mujeres durante siglos, a fin de no liberarse de la opresión de la que es responsable el patriarcado, junto con el capitalismo.
Cuando la libertad femenina era inminente, surge el mito de la belleza para privarnos y evitar que se convierta en realidad. — Naomi Wolf.
Naomi Wolf, en su trabajo “El mito de la belleza”, presenta cómo surgió e instaló esta opresión en la sociedad, para tener tanto éxito que todavía está presente en la actualidad. Como se muestra en el libro, el capitalismo tiene un papel fundamental en este momento: es por su influencia que las mujeres recurren a numerosos métodos para ser aceptadas dentro de un estándar estético, y olvidarse de la lucha feminista.
Entonces, conociendo todo el daño y la explotación que el capitalismo somete a las mujeres, ¿este sistema se habría convertido en nuestro aliado tan rápido? No El sistema capitalista no quiere nuestra libertad, porque está aliado con el patriarcado. De esta manera, cualquier movimiento que esté a favor de la liberación de las mujeres pero que no tenga como base el anticapitalismo no es una lucha por la cual las mujeres debemos luchar; porque, mientras exista el régimen capitalista, la mujer seguirá siendo el “otro”, y no el “sujeto”.
Es importante recordar que, bajo el capitalismo, la existencia de circunstancias que no permiten a las clases oprimidas ejercer sus derechos no es un caso aislado. Por lo tanto, para lograr una libertad concreta para las mujeres, es necesario liberar a todas las clases oprimidas; Se necesita la lucha de clase y raza dentro del movimiento feminista para que las corrientes del patriarcado se rompan realmente.

medium.com/@kalindalamar/el-anticapitalismo-debe-ser-un-principio-feminista-11ab9976c804


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Una voz anarquista en la revolución rusa


Goldman & Revolución Rusa
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Jesús Jaén
Viento Sur

En el 80 aniversario de la muerte de Emma Goldman

“Ninguna revolución podrá resultar exitosa como factor de liberación, a no ser que los medios usados para impulsarla sean idénticos en espíritu y tendencia a los propósitos pretendidos” (Emma Goldman "Mi desilusión en Rusia", agosto de 1925)

Hace ochenta años que murió en Toronto Emma Goldman, una de las figuras revolucionarias más importantes del movimiento libertario de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Sus últimos años estuvieron vinculados a España a través de la CNT-FAI, apoyando a sus compañeros anarcosindicalistas en plena guerra civil. Emma nació en 1869 en el seno de una familia lituana y a los 16 años emigró a los Estados Unidos, donde se vinculó a las luchas obreras a través del fuerte movimiento anarquista de aquellos años. Trabajó como obrera en talleres de costura y como enfermera. Pero donde destacó es como una gran agitadora.
Después de ser encarcelada y declarada “enemigo público número uno”; fue deportada a Rusia a bordo de un barco el 21 de diciembre de 1919, (junto con otros doscientos cuarenta y ocho prisioneros (entre los que también se encontraba su pareja, el anarquista Alexander Berkman). En enero de 1920 llegaron a Finlandia y desde allí a Petrogrado. En Rusia se encontraron un país asolado y devastado por el hambre, la guerra y una revolución agotada.
Emma Goldman llegó a la revolución rusa con los brazos y el corazón abiertos, pero poco a poco, fue tomando conciencia de que la política de los bolcheviques no era la que ella había defendido en América, ni en la se podía confiar para alcanzar la emancipación de las clases trabajadoras que ella con tanta pasión y ardor, había estado defendiendo junto a los sindicatos obreros en los Estados Unidos. Allí fue reconocida como una de las mejores agitadoras del movimiento anarquista, una feminista defensora de los derechos de las mujeres y una impulsora de las primeras organizaciones obreras.
Este artículo no pretende ser un resumen de toda su vida ni de toda su obra, solo nos centraremos en dos años que pasó en Rusia. He decidido realizar este pequeño homenaje porque considero que Emma Goldman (como me dijo un amigo); es una de las grandes mujeres olvidadas. Como Louise Michel o André Léo. Ahora que el movimiento feminista lucha por sus derechos es bueno recordar la figura de Emma Goldman ochenta años de su muerte.

Emociones encontradas

Escribe Emma en su libro Mi desilusión en Rusia:
“El Petrogrado que yo encontré en 1920 era un lugar bastante distinto. Estaba casi en ruinas, como si un huracán lo hubiera barrido por completo. Las casas parecían viejas tumbas rotas de descuidados y olvidados cementerios. Las calles estaban sucias y desiertas. Toda forma de vida se había apartado de ellas. La población de Petrogrado antes de la guerra era de dos millones, en 1920 era de quinientos mil.”
Una de las cuestiones más controvertidas para ella fue comprobar que en muchos lugares, los anarquistas eran perseguidos por el gobierno soviético. Los trabajadores de las fábricas del Báltico y los marineros de Kronstadt le expresaron su amargura por el retorno a una situación que ellos calificaban de esclavitud. Cuando Emma se lo comentaba a los compañeros bolcheviques con los que convivía, estos le decían: “la libertad de expresión está muy bien, pero durante un período revolucionario no nos la podemos permitir plenamente”. El mismo Lenin lo había dicho en numerosas ocasiones, al referirse a una situación en la que no tenían a favor a la inmensa mayoría del campesinado y los peligros de la revolución eran numerosos. Los enemigos brotaban por todas las esquinas, fueran antiguos aristócratas o burgueses, o incluso miembros de los partidos socialistas revolucionarios o mencheviques. Era evidente que se vivía una situación excepcionalmente dramática, los bolcheviques seguían confiando en la revolución después de haber ganado la guerra civil contra los ejércitos blancos.
Emma cuenta que la pregunta que se repetía en los círculos bolcheviques era “¿para cuándo será la revolución en América?, dejando ver que toda la esperanza de la Rusia revolucionaria estaba puesta en la inminencia de una revolución en los países más avanzados. Sin embargo, ésta no se iba a producir; los espartaquistas liderados por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht habían sido vencidos y sus dos principales dirigentes asesinados. El resto de Europa y América salió de la primera guerra mundial en medio de una grave crisis social y económica pero sin revoluciones socialistas. La Rusia revolucionaria se estaba quedando aislada.
Emma veía lógico que, en una situación tan grave, el pueblo y las clases trabajadoras pasaran penurias; pero lo que no le resultaba lógico -desde un punto de vista anarquista-, era la falta de libertad para los partidos, la prensa o los sindicatos comprometidos con otra idea de la revolución social opuesta al partido bolchevique. Tampoco le parecía normal que los principales miembros del partido bolchevique o del Estado socialista tuvieran privilegios sobre el resto de la población. Emma estaba particularmente sensibilizada con la actitud de los dirigentes de las Checas.
Emma Goldman y Alexander Berkman sintieron enormes simpatías por la revolución rusa y no poca admiración por los bolcheviques, pero las primeras impresiones se fueron disipando poco a poco. Es cierto que habían conocido muchos militantes bolcheviques abnegados, también era histórico el hecho de que pudiera existir la primera República de los trabajadores en el mundo… pero no era esa la sociedad que ellos tenían en mente cuando, desde América, habían publicado la “enorme hazaña de los bolcheviques”.

1920: la militarización de la industria y el debate sobre los sindicatos

En diciembre de 1919 Trotsky lanza un debate al comité central tratando de trasladar los éxitos militares del ejército rojo, al terreno de la economía. Trotsky propone un debate que no trascienda a la sociedad pero Bujarin lo filtra a Pravda. La idea de Trotsky consiste básicamente en militarizar el trabajo hasta alcanzar una mayor productividad y, para eso, propone un estado de excepción en el mundo laboral suprimiendo todas las libertades sindicales y empleando si fuera necesario al ejército. Lenin no concuerda plenamente con Trotsky pero sostiene la forma de nombramientos de jefes y gerentes en las empresas, la supresión del control obrero, y defiende que el papel del sindicato en la transición al socialismo es de educadores al servicio del Estado socialista.
Por supuesto que estos planteamientos y otros similares no fueron bien acogidos por los trabajadores ni por los sindicatos. Crearon un malestar profundo, pero la falta de recursos, el hambre, las enfermedades, el gélido invierno, la desmoralización y el agotamiento, no dejaban mucho margen para las protestas y las huelgas. Como producto de esa situación en el seno del partido se creó la Oposición Obrera liderada por Kollontai y el dirigente metalúrgico A. Shiliapnikov.
Emma Goldman pasó todo ese tiempo visitando fábricas, ocupándose de mejorar las condiciones de las familias y de los trabajadores, pero chocaba una y otra vez con el muro de la administración socialista, la burocracia y la desidia. Ya en 1920 relata la lucha de sectores de trabajadores en contra de las medidas del gobierno. Un ejemplo es el sindicato de impresores que fue intervenido por el gobierno y su junta directiva enviada a prisión. También el sindicato de panaderos había sido suprimido y reemplazados por comunistas: “me habían dicho que los panaderos eran unos pancistas, unos shkurniks, porque andaban promoviendo huelgas, y solo los contrarrevolucionarios pueden desear hacer huelgas a la república de los trabajadores.”

1921: Kronstadt

Los sucesos de Kronstadt van a suponer un punto de inflexión en el proceso que se había abierto en febrero de 1917 con la caída del zarismo. Para Emma Goldman, el aplastamiento de la rebelión de Kronstadt será el final de su relación con los bolcheviques. Los hechos que se produjeron son muy conocidos; la situación en Petrogrado era insostenible para miles de obreros y sus familias. En febrero de 1921 numerosas fábricas fueron a la huelga, los marineros de Kronstadt que habían sido decisivos en octubre de 1917 para la llegada al poder de los bolcheviques, se solidarizaron con el movimiento y comenzó una rebelión. Los puntos que pedían eran casi los mismos que el programa de los soviets cuatro años antes: elecciones libres para los soviets, libertad de expresión y prensa para los partidos socialistas, anarquistas o campesinos; libertad de reunión para los sindicatos obreros, liberación de los presos políticos; abolición de los politotdel (comisarios políticos dentro del ejército), etc, etc. Se creó un comité formado exclusivamente por obreros y marineros de Kronstad, en él estaban representadas diferentes tendencias políticas.
El 4 de marzo se realizó una asamblea entre los máximos representantes bolcheviques, entre ellos Zinoviev, con obreros en huelga y marineros, pero lejos de llegarse a un acuerdo, las posturas se fueron radicalizando. Por su parte Emma Goldman y Alexander Berkman fueron propuestos por los trabajadores para mediar en el conflicto, pero el 7 de marzo de 1921, el ejército rojo empezó a bombardear Kronstadt. Diez días más tarde y después de rendirse a las tropas de asalto, comenzó una matanza injustificada. Victor Serge y muchos miembros del partido quedaron horrorizados. En 1937, veinte años después del triunfo de la revolución, escribió estas líneas:
“Hubiera sido fácil evitar la revuelta escuchando las quejas de Kronstadt, discutiéndolas, dando así satisfacción a los marinos. El comité central cometió el error enorme de nombrar como portavoz a Kalinin que se comportó como un burócrata incapaz y duro, solo supo amenazar, se hizo abuchear. Hubiera sido fácil, incluso cuando la batalla ya estaba empezada, evitar lo peor: era suficiente aceptar la mediación ofrecida por los anarquistas Goldman y Berkman, que tenían un contacto seguro con los insurgentes. Por razones de prestigio, por exceso de autoritarismo, el comité central se negó. En todo esto fue grande la responsabilidad de Zinoviev, presidente del soviet de Petrogrado, que acababa de engañar a la organización del partido, a todo el proletariado de la ciudad, a toda la población anunciando que el general Kozlovski se había apoderado de Kronstadt a traición. Hubiese sido fácil, humano, más político y más socialista, después de la victoria militar conseguida sobre Kronstadt por Vorochilov, Dybenko y Tukhatchevski, no recurrir a la masacre... La masacre que siguió fue abominable”.
Sofocada la rebelión de Kronstadt, los bolcheviques celebran su X congreso que supondrá una vuelta más de tuerca. La Oposición Obrera es acallada, se prohíben todas las tendencias dentro del partido, y se otorgan plenos poderes al comité central. Además se aprueba una nueva política económica (NEP), que supone un retorno a la iniciativa privada y al mercado.
Ante toda esta nueva situación, Emma Goldman, dice:
“Kronstadt rompió el lazo que me unía a los bolcheviques... En adelante no podía seguir teniendo nada que ver con ellos”.
Emma reflexiona sobre el fin y los medios

Emma tenía la opinión de que Lenin y los principales dirigentes de la revolución de octubre compartían con los jesuitas el famoso lema que Maquiavelo había hecho famoso: “El fin justifica los medios”. Tenía demasiados datos como para pensar que todo lo que había ido sucediendo esos años no era producto de la casualidad o de errores puntuales. Había llegado a la conclusión de que se trataba de un pensamiento coherente que ponía por delante de la libertad y de los derechos sindicales el papel director del partido y del Estado.
La creencia de que los bolcheviques se sentían los únicos capaces de llevar adelante el socialismo, y que todos los demás estaban profundamente equivocados o incluso eran cómplices de la burguesía, se iba haciendo cada vez mayor. Emma, como otros militantes anarquistas y libertarios, encontraba cada vez mayor relación entre el jacobinismo y el bolchevismo. Entre el papel de Lenin y Trotsky en la revolución rusa y el de Robespierre y Marat en la revolución francesa a partir de 1793. El mismo Lenin se lo había comentado en una entrevista personal en el Kremlin cuando la dijo que las libertades formales eran un prejuicio burgués.
Trotsky también lo había escrito en un folleto titulado Su moral y la nuestra. En ese folleto decía que hay dos tipos de moral, una la burguesa y otra la moral revolucionaria. Decía que los actos llevados a cabo por el gobierno revolucionario de los soviets, como la toma de rehenes, la pena de muerte, los interrogatorios de las checas, la represión de Kronstadt, etc, etc.; eran absolutamente necesarios para sacar la revolución adelante. La moral y la libertad son conceptos relativos dependiendo quién los defienda y al servicio de quienes estén.
Para Emma Goldman ésta era una divergencia básica. No se podía prescindir de la libertad y mucho menos a costa de la libertad de las clases trabajadoras o campesinas. No se podía aceptar una doble moral (una burguesa y otra revolucionaria) aplicada a conveniencia. No se podían poner los intereses de un partido y de un Estado por encima de la lucha de clases y menos aún, del proletariado. Por eso escribía con rabia:
“Esta perversión de los valores éticos pronto cristalizó en la consigna del Partido Comunista que todo lo dominaba: el fin justifica los medios. No hay mayor falacia que la creencia de que los objetivos y los propósitos son una cosa y que los métodos y las tácticas son otra diferente...Toda experiencia humana nos enseña que los métodos y los medios no pueden ser separados del objetivo último. Los medios empleados se convierten, a través del hábito individual y de la práctica social, en parte integrante del propósito final...”
“El hoy es el padre del mañana. El presente proyecta su sombra sobre gran parte del futuro...Los valores éticos que la revolución va a implantar en la nueva sociedad deben venir generados por las actividades revolucionarias del así denominado período de transición.”
Emma abandonó Rusia con su pareja A. Berkman, vivió y siguió manteniendo sus convicciones anarquistas y colaboró con distintos movimientos obreros. En 1936 cuando estalló la guerra civil española, se unió a la causa de la revolución social. Viajó varias veces a España para colaborar con la CNT-FAI. Durante ese período pareció recobrar su antigua energía como anarquista social pese a que se encontraba enferma y abatida por la muerte de Berkman. Escribió artículos y asistió a numerosas reuniones tratando de difundir la lucha del anarcosindicalismo español mediante una revolución desde abajo, impulsando las colectivizaciones en la industria y en el campo; y denunciando el papel del estalinismo. Murió en Toronto en 1940 y está enterrada en Chicago junto a los anarquistas de Haymarket ahorcados el 11 de noviembre de 1887.
Creo que hay personas que transcienden a su propia ideología, este es el caso de Emma Goldman. Su vida y sus ideas estuvieron siempre en consonancia, vivió como pensó y pensó como vivió. Creo que Emma Goldman sentía un profundo amor por la libertad y la igualdad, pero ella no entendía esos dos conceptos como algo separados. Para Emma no podía haber igualdad sin libertad ni libertad sin igualdad. Estos son los dos grandes legados de una mujer y una anarquista de otra época.
Jesús Jaén es miembro del Movimiento Asambleario de Trabajadores de la Sanidad


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