RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La sabia ecología del nacimiento






Nacer, vivir y morir, tres movimientos del canto de un alma en esta existencia. Venimos de una nada que apenas se puede nombrar, de una metafísica a una física que se gesta en lo oculto de un vientre materno. Tras nueve meses de milagro alquímico, la naturaleza abre una puerta. Un nuevo ser, único, llega a la existencia. Nuestro primer acto sobre la Tierra se ejecuta al ritmo sabio de oxitocinas y endorfinas, notas de una bioquímica primal, mamífera y amorosa. La mujer se ve sumida en un acto sumo de creación; su fisiología dirige cada gesto, cada paso, se contrae y se relaja en una cadencia exacta que ablanda tejidos, que dilata el útero, que descorre velos, puertas de acceso a un encuentro entre madre e hijo. Ambos, unidos en un momento sin tiempo, ejecutan la partitura exacta que la naturaleza gravó en las arcas de su cerebro, en la cámara oculta de su corazón. La mujer sabe parir, el bebe sabe nacer.... Pero nuestra cultura ha caído en un profundo olvido, y ya no sabemos ni nacer, ni vivir, ni morir. Descargar para seguir leyendo
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Biomímesis, la ciencia que imita a la vida




Con estas líneas, surgidas en medio de una primavera que rebosa belleza, proponemos poner al descubierto un principio verdaderamente sugerente y poderoso, capaz de transformar la actual relación entre la naturaleza y la sociedad; se trata de un cambio de enfoque radical (es decir, de raíz, fundamental) ante lo que ya pocos pueden negar: una crisis ecológica de dimensiones planetarias que es también política, económica, cultural y social; o, precisando un poco más, la crisis de lapostmoderna civilización tecnológica.

Estamos hablando de la biomímesis, (de bios, que significa vida y mímesis, imitación) un concepto que es toda una estrategia para uno de los muchos cambios que necesitamos emprender, pues, más allá de su uso por parte de la industria para diseñar un tren de alta velocidad a imitación de la cabeza de un pato, o un edificio bioclimático a imitación de los termiteros, de lo que se puede hablar en un sentido amplio es de imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera. Seguir leyendo

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martes, 3 de noviembre de 2015

Acoso sexual callejero: violencia disfrazada de piropo



Ilustración de Ina Emery
Llamemos a las cosas por su nombre: piropos, silbidos, miradas lascivas, gestos obscenos, bocinazos, jadeos, comentarios sexuales, tocamientos, persecuciones, fotografías y grabaciones de partes íntimas, masturbación pública, son prácticas de acoso sexual callejero, que suceden cotidianamente en los espacios públicos de nuestra región, principalmente contra mujeres adultas, jóvenes y niñas.

Perú se ha convertido este año en el primer país de América Latina con una ley específica sobre acoso sexual callejero que penaliza estos actos hasta con 12 años de prisión. “Es un hito importante debido a que, por primera vez, el Estado peruano reconoce de manera legítima el acoso sexual callejero como una forma de violencia”, explica Johana Fernández, coordinadora de proyectos de Paremos el acoso callejero, primer observatorio de la región dedicado exclusivamente a la prevención y erradicación de estas prácticas.

El caso de Perú es sin duda paradigmático en la región, dados los intentos de otros países como Paraguay y Panamá por ejemplo, donde proyectos de ley similares desataron una gran polémica, e incluso fueron bautizados como “leyes antipiropos” y, finalmente, desestimados. Estos proyectos contenían medidas de prevención y de protección a víctimas de acoso callejero.

Pero ¿por qué se trivializan con tanta facilidad estas prácticas violentas? Sencillamente porque aún no se visibilizan como violencia por el imaginario colectivo. El acoso sexual callejero no es una cuestión aislada, forma parte de un sistema estructural de violencia contra las mujeres y de género. Estas prácticas violentas son parte constitutiva de las relaciones históricas de poder desigual entre los géneros. En las sociedades patriarcales la relación jerárquica que sitúa lo masculino en una posición superior a lo femenino está mediada y sostenida por la VIOLENCIA. Y esta es una realidad de partida que ha de visibilizarse para lograr sociedades libres de violencia.

Poco a poco se dan pasos hacia la visibilidad de este tipo de violencia de género y la responsabilidad de todos y todas en su repudia y denuncia, especialmente de los hombres. Elreciente caso de Gerardo Cruz Barquero, joven de 22 años que filmó con su celular a un acosador que a su vez filmaba a una mujer a la altura de las nalgas caminando por una concurrida calle de Costa Rica, movilizó al país. Gerardo subió el video del acosador a las redes sociales logrando una gran repercusión pública y posteriormente fue apuñalado cerca de su casa, presumiblemente en represalia. Actualmente se recupera en el hospital después de una delicada operación. Organizaciones de mujeres y sociedad civil marcharon en su apoyo y contra el acoso callejero en San José y tuvieron lugar marchas paralelas en Washington y en Liberia.

Por su parte, el video de Aixa Rizzo Acoso callejero: Del piropo a la violación, en el que una chica argentina de 20 años relata su experiencia de acoso por parte de un grupo de obreros de una construcción frente a su casa, lleva más de medio millón de visitas y la ha convertido en la cara pública de la lucha contra esta violencia en su país. Semanas después fue presentado un proyecto de ley para sancionar con multas las conductas de acoso sexual, la recaudación sería destinada a políticas públicas de prevención.

Tenemos el poder de erradicar el acoso callejero, reza el lema del movimiento Hollaback,Atrévete, surgido en Estados Unidos con el objetivo de terminar el acoso sexual contra mujeres y personas LGBTI en las calles, mediante el apoyo de la tecnología, en especial de celulares e internet. La plataforma virtual de Hollaback, en la que las personas comparten sus historias de acoso callejero, se ha expandido alrededor del mundo y ya 84 ciudades en 31 países son parte del movimiento. Colombia, México, Argentina o Chile se han sumado y cuentan con redes de apoyo y recursos para las personas acosadas. Ejemplos como los anteriores confirman cómo las nuevas tecnologías pueden ser aliadas contra la violencia.

Dado que uno de los lugares de mayor incidencia de acoso es el transporte público, algunos de países de la región, como México, Brasil, Guatemala y Colombia han puesto en marcha medidas de respuesta, como los buses o vagones de metro exclusivos para mujeres, policías encubiertas y campañas de sensibilización. Según las expertas, la segregación de las personas debiera ser una medida temporal acompañada de acciones de prevención que permitan el cambio cultural necesario para la construcción de espacios libres de violencia.

El acoso sexual callejero debe ser socialmente rechazado, no puede ser “el precio que debemos pagar” por ser mujer o LGBTI. Toda violencia de género es inaceptable, es un problema público y requiere soluciones específicas.

Fuente: Revista Humanum

lunes, 2 de noviembre de 2015

Mujeres en Afganistán, 150 “huellas” de la violencia patriarcal

Los periodistas Gervasio Sánchez y Mónica Bernabé exponen fotografías de la mujer afgana en la Universitat de València


Un panel explicativo adjunto a 28 fotografías de mujeres con el rostro velado da cuenta de la realidad de los correccionales de menores en Afganistán. En estos centros y en las cárceles se encierra, entre otras personas, a mujeres violadas y a las que han huido de sus hogares por malos tratos o por un casamiento forzado. Además, las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas en Afganistán, constituyen un delito de adulterio o “zina”, castigado con penas de al menos cinco años de prisión. Una exposición de 150 fotografías del fotoperiodista Gervasio Sánchez y textos de la periodista Mónica Bernabé se acerca a las violencias cotidianas que sufre la mujer afgana. La muestra puede visitarse en la Universitat de València hasta el 14 de febrero de 2016.

Madre de cuatro vástagos y con una discapacidad, el hecho de caminar con una pierna ortopédica hizo difícil a Shamila trabar matrimonio. Le quedó la posibilidad de optar entre hombres mucho mayores que ella, de acuerdo con la mentalidad dominante en Afganistán. Cuando acudió al hospital debido a una herida en el pie a punto de gangrenar, el galeno le instó a que permaneciera ingresada. Shamila respondió que no contaba con el permiso de su marido, a lo que el médico asintió: efectivamente, necesitaba el consentimiento del cónyuge. El riesgo de perder una pierna no constituía un argumento de peso. La muestra incluye los retratos de dos chicas de 13 y 14 años forzadas a casarse, una de ellas con un varón de 80 años. Si decidiera romper con el marido, su padre seguramente le cerraría las puertas de casa, ya que el esposo le podría reclamar la dote (dinero, cabras u otras especies). Además, el hecho de que una mujer viva sola no es bien visto en el país.

La exposición fotográfica sobre la mujer afgana se compone de seis bloques: el matrimonio forzado e infantil; la huida, la drogodependencia, el suicidio, los “avances legales”, las consecuencias de la impunidad y la guerra; se incluye asimismo el testimonio de mujeres que han conquistado una cierta autonomía. La muestra es el resultado de cinco años de trabajo, entre 2009 y 2014, y ocho largas estancias en Afganistán de Gervasio Sánchez. El fotoperiodista es autor de libros fotográficos como “El cerco de Sarajevo”, “Vidas minadas”, “Kosovo, crónica de la deportación”, “Niños de la guerra” y “Los ojos de la guerra”, junto al periodista Manuel Leguineche, entre otros. En abril de 2011 fue galardonado con el Premio Internacional Julio Anguita Parrado (periodista que murió en abril de 2003 durante la guerra de Iraq). Constituyen la segunda pata de la muestra los textos de Mónica Bernabé, quien ha trabajado como freelance durante ocho años en Afganistán para el diario “El Mundo”, y es fundadora de la ONG “Asociación por los derechos humanos en Afganistán”. Es además autora del libro “Afganistán, crónica de una ficción” (Debate).

“El objetivo es demostrar que la violencia contra la mujer es un hecho estructural en Afganistán, con independencia de que estén o no en el poder los talibanes”, explica la periodista. De hecho, las fotografías corresponden a un periodo en el que no gobernaba este grupo “integrista”, y en el que además había desplazados en Afganistán unos 150.000 efectivos internacionales. Por otro lado, “hay que romper con el mito del burka”, subraya Mónica Bernabé. “En los ocho años que he vivido en Afganistán no me he encontrado con una mujer que me dijera que el burka es su problema, es más, en Kabul la mayoría de las mujeres no lo llevan”. Añade Gervasio Sánchez que la llamada comunidad internacional “se ha olvidado de proteger a las mujeres afganas; y puede que los principios de la Constitución, las leyes del país, el Corán y las tradiciones protejan a las mujeres, pero en la práctica esto es papel mojado, por ejemplo, cuando las violaciones de los derechos de la mujer se dan en el ámbito doméstico”.

La muestra incluye siete instantáneas, tomadas en el Hospital infantil Indira Gandhi de Kabul, cerca del cuartel general de la OTAN y a 500 metros de la embajada de Estados Unidos, de siete madres cuyas criaturas padecen malnutrición severa. El visitante de la exposición puede observar cómo a una niña de dos años le cae la piel a tiras. Gervasio Sánchez explica que la progenitora, que lleva a dos niños entre sus brazos, no quería dar a luz de nuevo, pero no sabía cómo hacerlo. “En Afganistán existe un gran desconocimiento sobre la planificación familiar”, destaca el fotoperiodista. Mientras señala dos fotografías de niños con grave desnutrición en el hospital de Kandahar, Sánchez subraya que la situación de pobreza impide en muchas ocasiones comprar leche para los bebés.

En el recorrido por las imágenes y los paneles se pueden encontrar testimonios de mujeres como Agha Bic, de 45 años, adicta al opio desde los 16. Empezó a tomar esta sustancia narcótica ya enferma, hasta el punto que vomitaba sangre por la boca. A la edad de 15 años su padre le casó por la fuerza con un hombre 40 años mayor, que nunca le quiso llevar al hospital. Fue su tío quien le administró el opio. Hace una década Agha Bic quedó viuda, y su padre decidió casarla de nuevo. Esta situación de violencia, opresión y asfixia conduce fatalmente a la oscuridad. Mónica Bernabé recuerda que Afganistán es el único país del mundo en el que el suicidio de las mujeres es superior al de los hombres. Según el Ministerio de Salud Pública de Afganistán, en 2013 unas 2.500 mujeres intentaron quitarse la vida, la mayor parte eran jóvenes entre 14 y 21 años que sufrían malos tratos en sus familias o se casaban a la fuerza.

La muestra incluye tres retratos de Sabza Gul, de 25 años, uno de ellos postrada y vendada en el hospital de Herat, después que su cuñado le prendiera fuego y ninguno de los familiares presentes durante la agresión le auxiliara. También se recoge el testimonio vital de Rokshane, de 16 años, quien huyó de la casa de su primo porque abusó sexualmente de ella. Al igual que el violador, Rokshane cayó en la adicción a las drogas. Fue condenada a pasar siete meses en un correccional. La periodista destaca casos como el de una mujer arrastrada, linchada y quemada viva en Kabul, durante más de una hora, delante de la policía. Estos ataques consentidos tenían lugar al tiempo que el artículo 22 de la Constitución de Afganistán, de 2004, reconocía la igualdad de hombres y mujeres ante la ley; y a la vez que en 2009 se aprobaba una Ley sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, explica Mónica Bernabé. “Hay avances legislativos pero después no se llevan a la práctica”.

Otra de las lacras que recoge la exposición son las minas antipersona. Una de las afectadas fue Zar Bibi, quien perdió las dos piernas al toparse, mientras caminaba por una era, con uno de estos artefactos. Tenía entonces 14 años, cuando las distintas facciones muyahidines se disputaban el control de Kabul. Afganistán era uno de los países más “minados” del mundo. Pese a todo, Zar Bibi aprendió a caminar con las dos piernas ortopédicas. También se muestran retratos y testimonios de mujeres que han logrado aligerar la soga patriarcal. Algunas, incluso, han llegado al parlamento, como Habiba Donesh, lo que le permite vivir en la capital, como diputada disponer de protección armada, y mantener la custodia de su hijo. Shamsia Hassan es una grafitera de 27 años, nacida en Irán en el seno de una familia pastún de refugiados afganos. Pinta en Kabul mujeres con burka rodeadas de burbujas, que representan “las palabras que las mujeres afganas quisieran decir, pero no les dejan”. Hay jóvenes en las ciudades principales que practican deportes como el boxeo o el fútbol, de clase media-alta y con formación universitaria o de grado medio, pero muchas de ellas se ven afectadas por males idénticos a los del resto del país.

Afganistán es un país de 31 millones de habitantes repartidos en una superficie de 653.000 kilómetros cuadrados. Estados Unidos y sus aliados invadieron Afganistán en 2001 con la excusa de combatir el terrorismo, sin embargo, recordaba el politólogo y lingüista Noam Chomsky en una entrevista a la revista “Afghan Zariza”, reproducida por “Resumen Latinoamericano” (abril de 2014), “aunque apartaron al grupo Talibán del poder y mantienen a decenas de miles de efectivos en ese territorio, la nación asiática continúa siendo un país inseguro”. El activista subraya que se produjo una violación “flagrante” del derecho internacional y los “principios morales fundamentales”. “Incluso los activistas antitalibanes condenaron los bombardeos estadounidenses, al acusar a este país de socavar sus esfuerzos para derrocar a los talibanes, pues Washington sólo pretendía demostrar su fuerza”, explica en la entrevista.

Viejas pellejas: tradiciones y vanguardias



Periódico Diagonal

La asexualidad, la incapacidad intelectual o el carácter bondadoso y frágil son características asociadas a la vejez. Numerosas mujeres, anónimas y famosas, las ponen en entredicho.

La Pellejos era una señora a la que todos los críos teníamos miedo en el bloque de viviendas vacacionales de Torredembarra, un pueblo costero de Tarragona que el espíritu ibérico urbanístico transformaría con el tiempo en una miniciudad. En el patio de los apartamentos se hablaba de la OTAN y del misterio de aquella mujer que vivía sola y a la que los adolescentes de la pandilla llamaban “la bruja”. No tenía marido. No tenía hijos. Tampoco nietos. Pero tenía instrumentos de cuerda. Era 1986 y a mí me inquietaba y atraía por igual la casa de La Pellejos. Otra chica y yo la espiábamos a escondidas, pero nunca llegamos a ver nada “raro”. Nunca nos atrevimos a hablar con ella. Mi familia dejó de veranear en Catalunya y yo me olvidé de aquella señora. A veces pienso que La Pellejos fue la bajista estadounidense Carol Kaye, y que no hablar con ella fue mi gran oportunidad perdida.Hoy formo parte de un grupo de música punk rural que todavía no ha hecho su presentación oficial en los escenarios. Vitoriana, María, la Maña y yo montamos el grupo en Braojos de la Sierra (Madrid) el 8 de abril de 2013, después hacer juntas varias performances dentro del proyecto Ayer es hoy. Nuestra banda se llama El Día Que Murió la Thatcher porque empezamos a ensayar la misma jornada en la que el neoliberalismo europeo perdió a su máximo exponente, otra vieja que rompió, a su manera, el mandato sociocultural de la juventud y la belleza.
Tomemos los setenta años como punto de partida de la vejez, como expuso en su minucioso estudio sociológico del mismo título la francesa Simo­ne de Beauvoir. Gran parte de los cambios sociales conseguidos en torno a la imagen de las personas viejas y a la visibilización del edadismo (discriminación por edad) se deben al movimiento y pensamiento feministas. En diciembre de 2009, el Encuentro Estatal Feminista de Granada incluyó la vejez como eje temático. Aquellos debates desgranaron la construcción social de la vejez, y plantearon la necesidad de redefinir los roles tradicionales asignados a las personas mayores en relación con la familia, la pareja, el trabajo remunerado, el dinero y la sexualidad.
Las formas de reinventar la vejez entroncan con la creatividad, las redes de apoyo mutuo, y la creación de comunidades. Que se lo digan hoy al movimiento de Yay@flautas“La vejez es un regalo que no puede malgastarse cuidando a los nietos, pagando los alquileres de los hijos, y llevando la misma vida que cuando trabajabas en la ciudad”, dice hoy una de las Thatcher, aunque ella dedica el cotidiano a cuidar a sus hijos, nietos y bisnietos. Tenemos el edadismo incrustado en nuestra piel. Es el miedo a envejecer y también el miedo a la muerte.
Señoras de pelos largos y canos, interesantes y seductoras, sin necesidad de ser una Sofia Loren ni una Juana de Grandes, habitan pueblos y comunidades de todo el planeta, chamanas y estrategas expertas, dispuestas a transmitir conocimientos, técnicas y placeres.
Cuerpos hermosos de mujeres mayores, como los que retrata la artista estadounidense Aleah Chapin: “La vejez en todo su esplendor y la belleza imperfecta contrariando los mandatos del Photoshop”. Pellejos y arrugas bonitas, una sensualidad profunda que aparece después de la efímera tersedad y que dota de otro tipo de glamour a los seres viejos que han evolucionado, privilegiados, en un planeta en guerras donde relativamente pocos llegan a los 70.
“En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos”, dijo la escritora austríaca Marie von Ebner Eschenbach.
Esther Ferrer, Susanne Linke, Charo Francés, María Bonomi, Iben Nagel Rasmussen, Arianne Mounskine, Brigitte Fontaine, Helene Cixous, Rena Mirecka, Fina Miralles, Las Chicas de Oro, Tina Turner o Vanessa Redgrave –la lista de artistas mayores podría ocupar toda la página– encarnan con su prácticas artísticas y culturales la frase “envejecer es un logro, no un cataclismo”, y negocian el sentido del envejecimiento a partir de posiciones vitales e intelectuales muy diferentes a las estructuras sociales en las que nacieron.
El mundo está poblado de personas viejas (como de costumbre, más visibles ellos) que hacen arte, cultura, ciencia y política. Y también está poblado de tabúes. La sexualidad de la gente vieja es un tabú. La imagen del ‘viejo verde’ convive con el imaginario puritano de la abuelita asexual. El deseo de las personas mayores se silencia o estigmatiza. Este­reo­tipos falsos que responden a una división sexual de la sexualidad, valga la redundancia. Pero las realidades son tan variadas como las personas (sin importar su edad) y van desde el “a mí no me han comido el coño nunca y quiero probarlo antes de morir”, pasando por el “cuando eres vieja tardas más en correrte, dura más y es más interesante”, hasta el “¿por qué no organizamos orgías con el Imserso?”. El libroRelatos Marranos, antología editada por Pollen Edicions o el sensual videoclip de Loretta Lynn con Jack White cantando Portland, Oregon pueden ayudarte a cambiar la mirada.
Otro mito igual de penetrante: los “abuelitos” y “abuelitas” no pueden ser vanguardia intelectual de nada y tampoco bajar línea política a la mesa familiar. Para este apartado, se aconseja el cómic de Raquel Franco y Cristina Bueno Las abuelas dan el golpe, en el que cuatro colegas deciden atracar un banco en medio de la crisis del capitalismo. También Arrugas, cómic de Paco Roca que después se hizo película y que narra las aventuras cachondas de unos viejos que viven en un geriátrico.
En materia de creatividad y vejez (tema tan serio como los 10.000 millones de euros que “deberá” España a la Troika en enero de 2016), sobresale el documental Young at heart, tra­ducido al castellano como Cora­zones rebeldes, que Ste­vem Walker grabó en 2007 sobre el Young@Heart, un coro mo­der­no en Northampton (Mas­sa­chu­setts, EE UU) formado por gente vieja de entre 75 y 95 años que se autodenominan “mayores portándose mal” y que siguen triunfando con sus versiones de Jimi Hendrix, Radiohead o Sonic Youth.
El espíritu edadista muestra su cara más gris en las conversaciones sobre médicos, pastillas y dolores. La vejez no es una enfermedad, sino “una obra de arte en sí misma” que puede provocar a un continente entero. Ahí están las piezas teatrales La visita de la vieja dama de Friedrich Durrenmatt o Los Días Felices de Samuel Beckett.
Mitos rotosVayamos al último grupo de mitos de viejunos: la bondad y la fragilidad. Pobrecitas las abuelas que dan codazos para agarrar el asiento en el bus o colarse en una fila. Violencia Rivas (Peter Capusotto) es la vieja incorrecta precursora del punk que más mola de la Argentina internetera. En alguno de sus crapuleos quizás conoció a Grace, de la película Saving Grace (traducida al castellano como El jardín de la Alegría), una señora mayor muy british que se montó un invernadero de marihuana para superar los apuros económicos heredados del marido.
Lina Morgan, ¿qué dirías tú desde el cielo sobre el precio que pagan las mujeres mayores por ser como son, guerreras, solteras, amantes, artistas en la España cañí y amén del 2015? “Carmen Sevilla se hacía la tonta con sus ovejitas, pero era más lista que el hambre”, dice una Thatcher fan de Amparo Baró y de Concha Velasco, aunque le horrorice el anuncio de las compresas para escapes de pipí, “por no haber apretado el coño más veces”.
Envejecer en el siglo XXI es un privilegio, y sin embargo crecemos con el miedo a la vejez (y a la muerte), ignorándola o estigmatizándola. Muchas personas se reconocen en “la pesadilla de levantarte un día y ver tu cara de viejo”. Es una cuestión de tiempo. Es un proceso. Y entonces ves a las abuelas de la Plaza de Mayo, a las mayores de Les Quilles en Benasque, a las Old Women Movement de California, a Lynn Margulis (saludos cósmicos) o a Margarita Salas, y lo flipas. Y piensas: joder, yo quiero ser como ellas. Yo quiero llegar a vieja y hacer lo que me dé la gana. Quiero ser una vieja pelleja.
Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/28104-viejas-pellejas-tradiciones-y-vanguardias.html

Turquía: agendas feministas en tiempo de guerra


Decenas de miles de personas hicieron temblar Estambul
 en junio de 2013. /
 ALAN HILDICH
Turquía está en guerra. Una guerra que no es oficial, que no se nombra como tal sino que se vende como una ofensiva contra el terrorismo y contra el Estado Islámico. Una guerra sospechosamente cercana a las elecciones del próximo 1 de noviembre, las primeras en las que el presidente de la república, Recep Tayyip Erdogan, del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), podría perder definitivamente la mayoría absoluta de la que gozaba y que no le permitiría, como es su voluntad, realizar un cambio en la Constitución para perpetuarse en el poder a través de una república presidencialista. Una guerra que paraliza cualquier otra agenda social, cualquier reivindicación que no sea la paz. Asomarse a la historia de las movilizaciones y su sociedad en Turquía es recorrer las tensiones de un territorio donde la presencia de grandes banderas turcas no deja lugar a dudas de la necesidad que tiene el Estado de autoafirmarse. Kurdos o armenios son sólo algunos de los pueblos y nacionalidades que viven en el territorio turco. Junto a ellos, movimientos sociales como los feminismos, formaciones como el Partido De­mo­­crático de los Pueblos (HDP) o colectivos LGTBI, tienen un objetivo común: la paz. Todos y todas sufren la guerra, son víctimas de las políticas del AKP, cada vez más conservadoras, autoritarias y neoliberales, amparadas en una siempre amenazadora jerarquía eclesiástica, en este caso islámica.

¿Cómo hacer frente a una guerra y a la vez tener una agenda feminista o LGTBI que te permita luchar contra la violencia machista o reivindicar el reconocimiento de los derechos de las lesbianas? “Hay un vínculo muy claro entre la violencia, los asesinatos y la guerra”. Quien habla es Deniz Bayram, del movimiento de feministas socialistas, quienes a pesar de tener un nombre tan connotado nada tiene que ver con un partido político. De hecho se definen como autónomas. Son unas 200 mujeres en toda Turquía. Su poder de convocatoria es muy grande. Desde el inicio de los ataques contra el PKK y el HDP salen una vez a la semana a la calle para exigir el fin de la violencia, mientras hacen y distribuyen materiales de denuncia y organizan diferentes campañas. De cara a las elecciones están ocupando muchos espacios públicos para exigir el fin de los ataques y han relanzado su campaña “Necesito paz”.

En todas sus acciones intentan establecer el vínculo con la violencia machista, ya que las cifras que arrojan las estadísticas turcas, que ni siquiera son oficiales, son más que preocupantes. Al igual que lo son las políticas de Erdogan para promover la igualdad de las mujeres o luchar contra los asesinatos: prácticamente inexistentes. En Turquía no hay datos fiables sobre el numero de mujeres asesinadas víctimas de la violencia machista. Algunas organizaciones que recogen las cifras de la prensa hablan de 281 mujeres asesinadas en 2014. La mayoría de casos son catalogados como crímenes pasionales. “No hay datos porque al Estado no le interesa, no está en la agenda”, nos cuenta Deniz Bayram. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 42% de las mujeres turcas ha sufrido violencia física o sexual. Un informe del Ministerio de Familia y Políticas Sociales turco afirma que más de 17.000 mujeres solicitaron protección policial contra cónyuges en 2014, una protección que en muchos casos llegó tarde. “Los jueces no ven que el asesinato de mujeres es algo sistemático, lo analizan como algo puntual, como casos aislados”, explica Deniz. “Por eso no hay un programa de apoyo potente a las mujeres si, por ejemplo, quieren abandonar sus hogares”. Uno de los puntos de inflexión, en el que las mujeres volvieron a tomar la calle con rabia, fue el caso de Özgecan Aslan. Una chica de 19 años a la que asesinaron en febrero de 2015 en un minibús cuando trataba de defenderse de una violación.

Autodefensa feminista

En los últimos años los asesinatos machistas han tomado una nueva dimensión. Las mujeres han pasado a la autodefensa y en muchos casos parece que han hecho propio el “ante la duda, tú la viuda”. Un ejemplo es el caso de Cilen Doğan, de 28 años, que el pasado mes de julio mató a su marido por abusar de ella y querer forzarla a prostituirse. Su caso copó las portadas de todos los medios turcos, sobre todo porque no mostró ningún tipo de arrepentimiento. Junto a Cilen hay más casos. Por eso una de las nuevas líneas de trabajo de los feminismos en Turquía es lograr que el ser víctima de violencia de género sea un atenuante en el caso de haber matado a tu marido. Algo que ocurre en el caso de los hombres cuando alegan enajenación o arrepentimiento tras los asesinatos.

A pesar de este panorama, la situación para las mujeres no es buena y desde hace 10 años “todo va a peor”, nos explica Deniz. El viceprimer ministro Bülent Arinç ya se encargó de poner negro sobre blanco sobre su postura cuando afirmó que las mujeres “no deberían reír en público”, ni “tener actitudes provocativas” y “preservar su castidad”. Todo un compendio de ideología que tiene su reflejo en las políticas en torno a los derechos sexuales y reproductivos. En 2012, Erdogan llamó asesinas a las abortistas e intento prohibir el aborto salvo en caso de violación. El movimiento feminista lanzó una fuerte campaña y consiguió paralizar la reforma de la ley. El aborto es legal en Turquía, “pero eso no significa que sea fácil y que no esté criminalizado”, explica Deniz. Los hospitales no practican abortos y los médicos se acogen a la cláusula de conciencia. “Se hacen listas negras de mujeres que han abortado y de médicos que han practicado abortos y llaman a las familias para ensuciar su imagen”, cuenta Deniz.

La idea de familia conservadora y nuclear es central en toda la política turca, lo que afecta a todas aquellas propuestas de vida y organizaciones que desafíen este modelo. Es el caso deLambda, una organización que defiende los derechos LGTBI. Desde su fundación en 1993, el Gobierno turco intenta quitarles su registro como asociación. Usan el argumento de que Lambda está en contra de “los valores de la familia turca” presentes en la Constitución del país.

En 2003, este colectivo comenzó a organizar la marcha del Orgullo en Estambul. El primer año fueron unas 40 o 50 personas, ahora cada vez mas gente y más ciudades celebran movilizaciones por el Orgullo. En 2014, participaron unas 80.000 personas y el símbolo del arcoiris llenó de forma inesperada una de las principales plazas de Estambul, Gezi, todo un símbolo de resistencia y de unión entre los diferentes movimientos sociales después de que en 2013 fuera ocupada para detener la construcción de un centro comercial. En Lambda luchan por visibilizar la diversidad sexual aunque comparten los mismos problemas de los colectivos feministas. “La guerra paraliza todas nuestras actividades, nos centramos en la paz. Desde hace meses cada tarde bajamos a la calle para recoger firmas y entregárselas al Gobierno”, cuenta la activista Yeşim Başaran.


Fuente:Periódico Diagonal

domingo, 1 de noviembre de 2015

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma

“Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad, un procedimiento, no obstante, trabajoso y, por lo tanto, impopular” Carl Jung.


En la vida cotidiana y en la naturaleza, a menudo podemos ver que existe una polaridad, una dualidad entre las cosas que nos hace distinguir muchas veces lo uno de lo otro como polos opuestos. Esto lo hemos asociado a diferentes contextos como, por ejemplo, el sol y la luna, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, el amor y el odio, un dios y un diablo, etc., todas comparaciones que determinan dos aspectos que marcan una separación y una diferenciación entre ambos. Sin embargo, esto no es más que una ilusión, una falsa idea de separatividad en la cual ha caído toda la humanidad, resquebrajándose y encerrándose en pequeños fragmentos individuales aparentemente sin conexión. 
De esta misma forma también nos hemos mutilado a nosotros mismos, encasillándonos en etiquetas y clasificaciones en todo orden de cosas pormiedo a lo que está permitido y lo que no. La idea de perfección, los juicios y castigos ante determinadas acciones nos han hecho desarrollar una careta que mostramos ante el mundo, pero también nos ha obligado a temerle a nuestra sombra personal, a aquello de nosotros mismos que no deseamos que otros conozcan, porque puede cambiar la pulida imagen exterior que deseamos proyectar hacia los demás; porque sentimosculpa y vergüenza ante los aspectos aparentemente disociados de nuestra personalidad. Estos rasgos que rechazamos en nosotros mismos son desterrados a la sombra, ese poder oculto y oscuro de la naturaleza humana que se alberga en la profundidad de nuestro inconsciente. A mayor distancia entre nuestra máscara y nuestra sombra, mayores serán los efectos disonantes entre  ambas.
Nuestra sombra se encuentra tan adherida a nosotros que es imposible separarnos de ella para poder observarla, la única forma de verla indirectamente es mediante los atributos y acciones de los demás, donde nuestraadmiración o rechazo desproporcionado hacia una cualidad determinada de un individuo o grupo, significa que estamos tratando de expulsar la sombra que llevamos dentro proyectándola en otros; un mecanismo automático por el cual actuamos sin darnos cuenta de lo que sucede en nuestro interior. Pese a lo difícil que pueda resultar identificar estas situaciones, está en nosotros hacernos conscientes de este proceso para contribuir a nuestro crecimiento y desarrollo personal. El reconocido psiquiatra Carl Jung  decía: “uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad, un procedimiento, no obstante, trabajoso y, por lo tanto, impopular”, si logramos comprender esto, podremos darnos cuenta de que aquello que nos disgusta o admiramos de sobremanera en otras personas sólo es parte del reflejo de ese lado negado en nosotros mismos, donde ese elemento que perturba nuestra personalidad, aquellas cualidades inaceptables y las conductas más oscuras de nuestro yo, no son más que aspectos reprimidos de nuestro ser.
Si no somos capaces de aceptarnos tal como somos, si rechazamos aquellos rasgos que consideramos negativos en nuestra personalidad, no podremos comprender ni admitir nuestros propios límites y seguiremos proyectando en los otros y en el mundo entero todas aquellas cosas que no deseamos ver en nuestro interior. Esto finalmente se transforma en acciones y sentimientos dañinos para las personas, situación que podemos ver actualmente en nuestra sociedad, donde como resultado de nuestra sombra colectiva surgen las peores atrocidades y contradicciones de la humanidad a través de la amoralidad en los negocios, el dominio sobre la naturaleza, la codicia por el dinero y el poder, la aceleración y deshumanización de los trabajos, el materialismo, el deseo de controlar lo incontrolable, el miedo a la muerte, etc. Todas estas situaciones son parte de un mismo origen y cada uno de nosotros es responsable de desarrollar su propia consciencia individual y aceptar esa sombra encadenada y olvidada en los adentros de su ser.
Es importante que nos demos cuenta de que el Todo no es más que la suma de las partes, que en conjunto somos una totalidad entrelazada y que existe un principio de polaridad, donde los aspectos aparentemente opuestos sólo son los dos extremos de una misma cosa, tal como señala el libro ‘El Kybalion, Tres Iniciados´: “Todo es dual; todo tiene polos; todo tiene su par de opuestos; semejante y desemejante son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado: los extremos se encuentran; todas las verdades no son sino medias verdades; todas las paradojas pueden ser reconciliadas”.
Cada uno de nosotros, como la luna, tiene un lado iluminado y brillante que está descubierto ante el mundo pero cuyo antagonista es la oscuridad y las sombras que ocultan algo más allá de nuestro conocimiento. Mientras sigamos negando las cualidades desagradables que deseamos ocultar, éstas seguirán mostrándose en otros y continuarán moldeando nuestros pensamientos y nuestras acciones. Resulta imposible comprendernos como unidad, si no aceptamos nuestro yo total. Por este motivo en el templo de Apolo en Delfos aún podemos ver grabada la sabia frase “Conócete a ti mismo”, pues la única manera de comprender nuestro ser de forma integral es aceptando aquel yo opuesto a nuestro yo ideal, esa sombra que causa tanto temor dentro de nosotros y la cual hemos ignorado, castigado y  enjuiciado sin contemplación. Más si prestamos atención, si logramosiluminar la oscuridad, si logramos mantener una relación de armonía entre lo que mostramos a los demás y lo que no asumimos de nosotros mismos, nuestra sombra deja de ser un monstruo y se transforma en el redentorque puede transformar tanto nuestras vidas como a la humanidad.
FUENTE ORIGINAL: http://mundonuevo.cl/noticia/177/lo-que-niegas-te-somete-lo-que-aceptas-te-transforma