RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

sábado, 5 de septiembre de 2015

¿QUÉ HA CAMBIADO DESDE QUE USO PRODUCTOS MENSTRUALES REUTILIZABLES?

Hace ya tres años que comencé a “tontear” con los productos menstruales reutilizables, y dos que mi relación con ellos es monógama. En este tiempo se han producido cambios tanto a nivel físico como a nivel psicológico, cambios que comparto con vosotros a continuación.



EL GRAN CAMBIO: PODER DORMIR TODA LA NOCHE DE UN TIRÓN

Mi flujo ha sido extremadamente abundante desde que he entrado en la veintena. Cuando usaba productos menstruales desechables la primera y segunda noche de regla eran una odisea. Me iba a la cama con un tampón o.B super plus (los más absorbentes que conocía) y una compresa por si acaso. Pero esto no era todo… a pesar de dormir con un tampón de máxima absorbencia (aun a sabiendas de que no era nada recomendable) necesitaba programar el despertador para levantarme cada 2 – 3 horas y cambiarme. Eso hacía que la primera y la segunda noche no pudiese dormir tranquila y que los días siguientes estuviese cansada.
Ahora que uso copa menstrual puedo dormir toda la noche de un tirón. Para ello elegí una copa de gran capacidad basándome en mis necesidades anatómicas y de flujo. Por ahora no he tenido ninguna fuga nocturna con la copa, aunque muchas mañanas si me he levantado con la copa a rebosar.

CAMBIARME CON MENOS FRECUENCIA

Como ya he dicho mi flujo es abundante, en los días más fuertes necesitaba cambiarme los tampones más absorbentes cada dos horas más o menos. Esto chocaba con mi ritmo de vida y trabajo, ya que no siempre podía acceder a un baño con esa frecuencia. Siempre llevaba una compresa o un salvaslip por si acaso, pero el miedo a manchar siempre estaba presente.
Con la copa he duplicado el tiempo que puedo tener entre cambio y cambio, con lo que no me tengo que preocupar de tener siempre un baño cerca. Al principio sí que me cambiaba con la misma frecuencia que lo hacía con los tampones, pero pronto descubrí que con la copa podía extender el tiempo entre cambio y cambio.

LOS COÁGULOS

Mi flujo aparte de abundante viene acompañado de coágulos de sangre. Con los tampones siempre tenía problemas de fugas porque los coágulos no eran absorbidos por el tampón, iban bajando a lo largo de su superficie y antes o después siempre acaban en el exterior.
Con la copa esto no me pasa. Los coágulos (que los sigue habiendo) simplemente pasan al interior de la copa y ahí se quedan.



LA PLAYA O LA PISCINA

Cuando usaba productos menstruales desechables no iba a la playa/piscina ni en los primeros días ni en los últimos. Los primeros dos días no iba porque entre el flujo abundante y los coágulos tenía miedo de que el tampón no me aguantase. Los últimos tampoco iba porque mi flujo era tan escaso que introducirme un tampón resultaba molesto.
Desde que uso la copa voy en cualquier momento de mi ciclo porque sé que tengo al menos cuatro horas de protección asegurada en mis días más fuertes y en los últimos no me reseca como hacían los tampones.
Además yo soy una habitual de la playa nudista, con lo cual la copa me ofrece la ventaja de una protección interna invisible. Esto no es una ventaja “irrefutable” de la copa pues yo tengo ido a la playa nudista con tampones sin ningún problema. Para hacer el hilito menos obvio lo escondía en la entrada de mi vagina y listo.

EL SEXO

Sí, el sexo con mi pareja también ha cambiado desde que uso este tipo de productos.

Cambio 1: hacer el amor sin manchar
Gracias a los tampones esponja puedo mantener relaciones sexuales en los días más abundantes de mi menstruación sin que la cama acabe pareciendo la escena de la matanza de Texas.

Cambio 2: no a la sequedad
Los tampones no absorben sólo la sangre menstrual, si no que absorben todo fluido que haya en la vagina, incluyendo la propia lubricación. Esto a mí me provoca una gran sequedad, no solo los días que usaba los tampones, si no hasta una semana después. Esa sequedad hacía que de vez en cuando sufriese pequeños rasguños cuando mi pareja me tocaba o me penetraba. Desde que uso la copa esto no ha pasado.

LAS COMPRESAS


Cuando usaba desechables odiaba las compresas. No me gustaba el tacto que ofrecían, el olor y el aspecto de la sangre en ellas… bueno, no me gustaba nada de las compresas. Las usaba por la noche como complemento al tampón porque las necesitaba y punto, durante el día procuraba calcular muy bien el tiempo entre cambio y cambio de tampón para que solo necesitase un pequeño protegeslip (de capa superior efecto algodón).


Al principio con la copa siempre tenía alguna fuguilla debido a que no sabía cómo colocármela bien por lo cual los pantiprotectores seguían siendo obligatorios. Gracias a una amiga me animé a probar unos salvaslip de tela y me gustaron lo suficiente como para pedir más e incluso aventurarme con compresas lavables.
Con las toallas femeninas de tela la sensación es muy diferente. Son mucho más transpirables que las desechables, por lo cual no hay esa sensación de “efecto invernadero” en la entrepierna. La sangre tampoco huele como con las desechables, no es que huela bien, simplemente tiene su olor ferroso característico. Además son mucho más flexibles y se adaptan mejor a la anatomía y movimientos del cuerpo de la mujer.


EL NO SANGRADO NOCTURNO

Al pasarme a compresas de tela me aventuré a probar como es dormir sin nada en mi interior. Curiosamente cuando uso las toallas lavables como medio de protección nocturna no sangro, por la mañana me levanto con la compresa completamente limpia o con apenas una gotita o dos. Eso sí, en menos de 5 minutos desde que me levanto sangro todo lo que habría sangrado por la noche.
Como esto solo me pasa si uso compresas de tela y no copa menstrual he intentado buscar una explicación a este “fenómeno”. Creo que lo que pasa es que mientras duermo con la compresa mi cuerpo inconscientemente aprieta los músculos del suelo pélvico, “cerrando” la salida de la vagina. Así la sangre se va acumulando dentro de la vagina. Al despertarme relajo los músculos del suelo pélvico y la sangre acumulada sale al exterior en poco tiempo. Por ahora esto es sólo una hipótesis, veremos si algún día encuentro como comprobarla.

MI ARTE QUITANDO MANCHAS

Yo siempre enjuago mis compresas de tela nada más las retiro, por lo cual tengo no tengo muchos problemas con las manchas de sangre. Aun así desde que las uso he aprendido cientos de maneras diferentes de quitar manchas de sangre, trucos que en muchos casos también valen para otro tipo de manchas.


LA RELACIÓN PSICOLÓGICA CON MI PERIODO

Antes de pasarme a las copas y toallas de tela yo odiaba mi regla. Nunca quería que llegase porque sabía que iba a tener que estar pendiente de cambiarme continuamente, que me iba a causar molestias… No es solo que no me gustase tener la regla, es que incluso me avergonzaba de ella y nunca dejaba que mis compañeras de casa o mi pareja viesen un envoltorio de tampón o de compresa en el cubo de la basura.
Ahora que uso productos menstruales reutilizables no es que desee menstruar a diario, pero desde luego mi relación con la regla ha cambiado. He tomado conciencia de que la regla es un síntoma de que todo va bien con mis hormonas sexuales, con lo cual agradezco que me venga en intervalos más o menos regulares. Ahora tampoco tengo miedo de manchar, he encontrado la copa y las toallas adecuadas para mi cuerpo y mi flujo. Tampoco me avergüenzo ya de menstruar: creo que al tener que conocer mi anatomía vaginal para elegir una copa, mi patrón de sangrado para elegir la compresa adecuada y al lavar mis compresas de tela he visto que la menstruación no es algo “vergonzoso” si no algo natural, que no hay que esconder.

Estos son los cambios más importantes que he experimentado desde que dejé atrás las compresas desechables y los tampones. ¿Qué cambios habéis experimentado vosotras?

jueves, 3 de septiembre de 2015

La memoria de Mahler, Natalie Bauer-Lechner (1858-1921)


Natalie Bauer-Lechner fue una reputada violinista de su tiempo. Pero no pasó a la historia por su talento como intérprete sino por su relación con el gran compositor Gustav Mahler. Dos años mayor que él, Natalie fue su compañera durante doce años en los que plasmó sus experiencias en distintos diarios y cartas que, recuperadas en parte, permiten reconstruir la vida y la obra de Mahler, convirtiéndose en una fuente excepcional para los amantes de la historia de la música. 

Natalia Anna Juliana Bauer-Lechner nació el 9 de mayo de 1858 en Viena. Era la hija mayo de los cinco hijos de Rudolf Lechner, un propietario de una librería en la capital austriaca y su mujer, Julie Winiwarter. Después de recibir una educación básica en su propia casa con tutores particulares, Natalie ingresó en el Conservatorio de Viena del que se graduó en 1872. En los años siguientes, Natalie continuaba visitando el conservatorio donde por aquel entonces su hermana Ellen estudiaba para acceder a sus servicios. Gustav Mahler había ingresado en el Conservatorio en 1875 donde permaneció tres años. Fue allí donde se conocieron pero sus vidas aún tardarían en unirse. 



El 27 de diciembre de 1875 se casó con Alexander Bauer, un químico y matemático vienés viudo y con tres hijas. La vida tranquila de Natalie como mujer casada terminó cuando se divorció de su marido en 1885. Natalie se centró en su trabajo como profesora de violín y como miembro del prestigioso cuarteto de cuerda femenino Soldat-Röger String Quartet. 



Fue entonces cuando respondió a una invitación que tiempo atrás le había hecho Mahler de marchar juntos de Viena y le siguió a Budapest, donde se había convertido en el Director de la Opera Real. Con la pareja se instaló Justine, una hermana del compositor quien estaba sola al haber muerto sus padres poco tiempo antes. Fueron años felices para Natalie y Gustav en los que ella mantuvo un diario privado en el que plasmó su vida con el músico y la evolución de sus composiciones. Su relación terminó doce años después cuando, en 1902, Alma Schindler se cruzó en la vida de Gustav.




Natalie Bauer-Lechner vivió los últimos años de su vida sola y volcada en las luchas feministas en defensa del sufragio de las mujeres. En 1918 fue encarcelada por sus textos lo que mermó dramáticamente su salud. Falleció el 8 de junio de 1921.


Por Sandra Ferrer

¿Qué es el aborto masculino?

¿Habían escuchado hablar sobre el “aborto masculino”? Según la investigación de la Red Latinoamericana de Acogimiento familiar y una nueva mirada feminista, los hombres abortan.
El tema está muy bien expuesto en el blog  http://www.managuafuriosa.com, realizado por jóvenes que se presentan a sí  mismos así: “Somos un colectivo de jóvenes generando información sobre iniciativas culturales, proyectos de artistas emergentes y movimientos culturales y creativos de Nicaragua. También realizamos talleres de comunicación digital y dinámicas de reflexión para generar nuevos espacios de socialización. Al mismo tiempo, realizamos cineforos con películas nicaragüenses para reflexionar sobre nuestra realidad y nuestro entorno en centros comunales, casas de la cultura y espacios públicos en barrios y comunidades”.
A continuación el posteo:
Andrea es una muchacha de veinte años, estudia una carrera universitaria en la que le va muy bien. Es feliz, nos cuenta en una cafetería universitaria, le gusta ser como es, pero reconoce que se ha preguntado muchas veces cómo habría sido su vida si hubiese tenido un padre. Sabemos que tuvo uno en los primeros momentos de su gestación, pero éste, como ella misma dice, se “echó para atrás” cuando su mamá le dijo que estaba embarazada.
Este hecho, “echarse para atrás”, es lo que algunas feministas empiezan a llamar “aborto masculino”, como dice la teóloga María López Vigil, “es como yo llamo a la paternidad irresponsable”. El término “aborto” parece explicarse por si solo al adjudicársele por completo la responsabilidad a las mujeres, al ser las únicas que pueden interrumpir biológicamente un embarazo. Se habla de aborto o de abandono por parte de las mujeres, según López Vigil, “es una idea que la realidad diaria desmiente: en nuestro país las mujeres son quienes sacan adelante a sus hijas e hijos con una enorme generosidad, esfuerzos y responsabilidad, mientras los padres de esas hijas y de esos hijos los ‘abortaron’ en la práctica: no reconociéndolos, abandonándolos y despreocupándose totalmente de su suerte”.
El estudio de la Red Latinoamericana de Acogimiento familiar hace hincapié en cómo la sociedad califica de “inhumanas” a las madres que no cumplen con la labor maternal, adjetivo que no se relaciona con el abandono de las responsabilidades paternas. “La inequidad de género tiene mucho peso en esta región, persistiendo sobre las mujeres una sobre-exigencia a partir del ‘mito del instinto maternal’ y la legitimación del abandono y la violencia ejercida por los varones en un contexto de fuerte machismo”, cita el estudio.
En América Latina, uno de cada tres hogares tiene al frente a una mujer sola, la mayoría abandonada por hombres irresponsables. En América Latina faltan padres. Lo demuestra el número creciente de madres solteras. En la mayoría de países, una de cada tres madres es “soltera”. En América Latina, se practican cinco millones de abortos cada año. La inmensa mayoría son abortos masculinos, abortos provocados por la irresponsabilidad de los hombres, por su violencia, por su sexualidad basada en el abuso de poder. Las iglesias y los gobiernos que tanto persiguen el aborto de las mujeres, que las penalizan y condenan, harín bien en luchar por prevenir y erradicar el aborto masculino, el principal causante de casi todos los abortos.

Y un audio revelador: el diálogo radiofónico ficcionado con Jesucristo, a partir del libro Otro Dios es posible, de María y José Ignacio López Vigil.


Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com

martes, 1 de septiembre de 2015

La violencia contra las mujeres

Leer los periódicos se convirtió en un problema de salud mental. Como dice mi hija: el noticiero es peor que una película de terror porque relata hechos reales y no historias de imaginaciones enfermizas. Una tras otra, nos enteramos de noticias de muertes de jóvenes causadas por peleas violentas con sus parejas; de secuestros de mujeres por mafias transnacionales de trata y esclavitud en un comercio que rinde millones; de niñas y adolescentes arrancadas de sus familias y comunidades y sometidas a torturas y estupros por grupos fundamentalistas. Nos informamos que vivir en América Latina es tan peligroso para las mujeres como en los países en guerra con terrorismo activo y que Bolivia es el segundo país más peligroso para las mujeres.
La sensación es que estamos en guerra, una guerra cotidiana de unos contra otras. Constatamos que la vida de las mujeres sigue siendo un objeto para los hombres, algo que pueden poseer, controlar y usufructuar; disminuida a juguetes de poder o convertida en mercancía. 
El comportamiento violento de los hombres contra las mujeres es un problema colectivo y no de individuos aislados o de una situación fortuita causada por el efecto del alcohol o una fatalidad sin responsable. Con excepción de individuos con problemas congénitos, como los psicópatas, los victimarios son producto de la formación en sociedad, de los valores y principios en que, continuamente, son socializados. 
La convivencia en la familia, la escuela, los grupos de amigos, los ambientes de trabajo y  los espacios públicos y privados moldea cotidianamente formas violentas de relacionamiento íntimo que, en casos extremos, llegan a la muerte. Y en estos eventos trágicos, la cuestión de si fue premeditado, intencional o accidental es una cuestión adicional al hecho innegable de que se trata del desenlace de una relación violenta. 
La violencia física es uno de los eslabones de una cadena mucho más amplia y más sutil que incluye violencia psicológica y emocional, las cuales se expresan en formas de interactuar, de hablar, de lidiar con los problemas y de encarar momentos de conflicto en que prima la actitud prepotente, dominadora e irrespetuosa. La responsabilidad directa en la muerte de la pareja o expareja está precisamente en la secuencia de actitudes que no precauteló la seguridad física de la otra y que llevó a su fallecimiento. Por supuesto que el hecho se agrava muchísimo si, además, se comprueba que hubo intencionalidad y alevosía. 
La acumulación de las muertes de mujeres nos muestra un problema muy profundo. Las cifras abrumadoras de mujeres pegadas, traumadas, violadas, esclavizadas y muertas expresan un patrón de comportamiento violento constituido socialmente. Es una identidad colectiva de "ser hombre” que se afirma en la mirada de uno consigo mismo, mediada por el espejo del consentimiento y aprobación de otros y otras. 
La identidad machista se expresa en comportamientos que niegan el respeto por las mujeres en tanto seres de igual valor y status. Es una actitud que busca afirmar poder, control y superioridad; es una práctica de desprecio por la vida singular, autónoma y en igualdad de condiciones de las mujeres. 
Las falencias del sistema de justicia y la mala gestión de políticas públicas son parte de la perpetuación e impunidad de la violencia contra las mujeres. Y, consecuentemente, requiere la atención pública y su exigibilidad. Sin embargo, las reformas legales y de política pública, aunque necesarias, no son suficientes para una transformación profunda hacia una convivencia democrática, equitativa y libre de violencia. 
Es hora de preguntarnos si en nuestras vidas en familia, en los círculos de amigos, en las relaciones de trabajo, en los espacios públicos afirmamos el valor del respeto por las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres; si exigimos los mismos derechos y deberes para ambos; si practicamos la solidaridad entre mujeres; si estamos atentos a las actitudes que ningunean las opiniones de las mujeres o si denunciamos las actitudes que denigran o menoscaban la dignidad y el bienestar de las mismas.
 
Fernanda Wanderley es socióloga e investigadora.

La Polaca, la mujer que desnudó la trata en la Argentina de los ‘30

Cómo operaban las redes de trata en la primera mitad del siglo XX

La valentía de una mujer puso al descubierto una red de proxenetas y un decreto de expulsión de extranjeros firmado por el dictador José Félix Uriburu. Gracias a sus testimonios, se reveló el Buenos Aires prostibulario de las primeras décadas del Siglo XX.



  • Del libro "La Polaca" de Myrtha Shalom
  • Del libro "La Polaca" de Myrtha Shalom
  • Del libro "La Polaca" de Myrtha Shalom
Por: Milva Benitez y Martín Cortés
En mayo de 1930, la vida porteña de los bajos fondos salió a la luz. Los diarios publicaron el relato de una viuda polaca obligada a prostituirse en los burdeles de la Zwi Migdal. Tenía 29 años y dijo que se llamaba Raquel Liberman*. Adoptó ese nombre para proteger a sus hijos de la vergüenza y de las represalias de sus captores. Ellos integraban una organización de cientos de personas dedicada a explotar los cuerpos de mujeres que convertían en esclavas sexuales.
Liberman llegó a la Argentina en 1924. Fue una de los tantos inmigrantes europeos que escapaban del hambre de posguerra. Los gobiernos latinoamericanos favorecían esa política migratoria para agilizar el proceso de formación de una economía de mercado. En el barco, un judío polaco le habló a Raquel en idish, su idioma materno. Cuando llegó a Tapalqué, en el centro de la provincia de Buenos Aires se casó con un hombre enfermo que murió al poco tiempo. Se quedó sola y con dos niños a cargo. La hermana de su marido la llevó a  Buenos Aires, junto a su esposo buscaron al hombre que la había contactado en el barco y “la vendieron”.
Zwig Migdal
El de Raquel fue el destino de otras muchas migrantes. El matrimonio radicado en la tierra promisoria de Tapalqué trabó lazos con la red de tratantes que operaba los prostíbulos de la Sociedad Varsovia, “un artístico camouflage de la beneficencia”, como describía por ese entonces El Diario, dirigido por Manuel Lainez.
La organización, que se fundó en 1906, cambió el nombre en 1926 por el de uno de sus primeros integrantes: Zwi Migdal. En sus actas declaraba la “beneficencia” como su fin social. Pero la declaración de Liberman ante el juez Carlos Rodríguez Ocampo abrió el grifo. El juez ordenó el allanamiento de la sede que la sociedad tenía en calle Córdoba 3280 y los documentos hallados dejaron al descubierto una red de esclavistas sexuales.
Se libraron más de 450 órdenes de detención contra conocidos delincuentes de Buenos Aires, del interior de la provincia y de Rosario. Las autoridades policiales llegaron a Tapalqué en búsqueda de los cuñados de Raquel. Los prostíbulos en ciudades y pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires no eran extraños: había en Chacabuco, Campana, Nueve de Julio y San Fernando. El Diario Crítica se hizo eco: decían que el propio Rodríguez Ocampo les había pedido que hicieran pública la noticia de que “todas las víctimas serán debidamente protegidas” de los “los traficantes amorales”. Poco a poco, la causa que involucraba a hombres adinerados se fue desgajando. Las crónicas de la época hablan de cientos de detenidos y el procesamiento de 108 proxenetas.
Expulsados
El escándalo le dio al gobierno del dictador José Félix Uriburu la punta de lanza para una intensa propaganda antisemita: recurriendo al miedo en clave chauvinista, asimilando el proxenetismo, las ideologías agitadoras y la pobreza espiritual y material a los judíos. En una época acelerada por cambios económicos y sociales, los oligarcas procuraban introducir a la Argentina en el mundo con el papel estelar de ser su granero, sin perder a la vez sus privilegios de clase. Y las masas que se iban agolpando alrededor de los núcleos urbanos tenían todo el interés en derribar esos privilegios.
Si en Brasil fue “Orden y progreso”, en nuestras pampas Julio Argentino Roca enunció “Paz y administración”. El problema no era ninguno de los dos términos, sino el “y”, su articulación. Ante el aluvión de inmigrantes con formación política de izquierda, experiencia militante y orígenes obreros, el Congreso sancionó en 1902 la Ley de Residencia. Con ese simple instrumento los dirigentes del país se arrogaban el derecho de expulsar a los “elementos indeseables” sin juicio previo, con la sola intervención de la policía y la estampa de un decreto presidencial.
El documento
Infojus Noticias accedió a un decreto** del 17 de febrero de 1932 mediante el cual el Ministro del Interior, Octavio Pico, y el presidente de facto Uriburu expulsaron a cientos de extranjeros. En el expediente hay un sumario con los antecedentes de cada uno de los “indeseables” que sería alejado de estas tierras. Según la policía, que era quien se encargaba de confeccionar las listas y sumariar, “todos ellos son extranjeros perniciosos para el orden público y se han demostrado como elementos inadaptados. Trátase de personas que en su mayoría han estado en continuo trato con las diversas secciones de la División de Investigaciones”.
Entre los expulsados hay activistas políticos, principalmente anarquistas y comunistas, que en esos años tuvieron su mayor actuación en la organización de la clase obrera. Pero también hay 62 extranjeros acusados de ser parte de una organización dedicada a la trata de personas, en ese momento nombrada como trata de blancas porque entre sus víctimas contaban a polacas y rusas.
De la cantidad total de expulsados, 16 son polacos y 17 franceses aunque no todos pertenecían a Zwi Migdal o a Los Marselleses, otra gran red internacional dedicada a la trata de personas. También hay 8 italianos, 4 rusos, 3 uruguayos y de otras nacionalidades de Europa del este.  La mayoría tenía entre 30 y 40 y regenteaban más de 30 prostíbulos que en su mayoría (20) se ubicaban en los que hoy son los barrios porteños de Almagro y el centro de la capital. De éstos, dos cabaret eran explotados por los  “cafishos” de la Migdal: el de Serrano 2422 y el de Entre Ríos 610.
La red
La necesidad de Zwig Migdal de construir una fachada venía de la enorme estructura que tenía atrás. Eran necesarias muchas personas que cumplieran diversos papeles para lograr un tráfico de mujeres. Si bien no era atípico el uso de la violencia como herramienta de captación, el engaño asociado a condiciones de extrema vulnerabilidad marcaban a las víctimas. En los países de origen, según relata Albert Londres en su libro El camino de Buenos Aires, “recolectaban su ‘cargamento humano’” en los pobreríos de la Europa de entreguerras…en Bulgaria, Polonia, Rumania. Las buscaban jovencitas. Las compraban a sus padres, o las pedían en matrimonio, para subirlas a los barcos", anunció el periodista en esa época.
La historia de Liberman dice mucho al respecto. Julio Alsogaray de la comisaría 7ma., uno de los pocos agentes de la ciudad que no frecuentaba los prostíbulos e intercambiaba favores con las madamas a cambio de protección, recibió el testimonio de la mujer que los diarios nombraban como La Polaca. Ella contó el viaje en el barco, el engaño de su cuñada para que viniera a Buenos Aires, su primer y frustrado intento de huir cuando —tras pagar por su liberación— se casó con Samuel Korn, también polaco, pero con carta de ciudadanía argentina. El hombre era socio de la Migdal y volvió a “tomar posesión de ella”, le sacó todo el dinero que había ahorrado para sus hijos y nuevamente la obligó a prostituirse.
En estos pagos la estructura poseía “comisionistas”. Eran personas que se encargaban de ubicar mujeres recién llegadas en prostíbulos de la capital y en el interior, además de conseguir locales para hacer funcionar los “lenocinios”. Las corrientes migratorias y la impunidad de los bajos fondos permitían a estos hombres moverse por Europa, Argentina, Uruguay y Brasil, según el momento. Un inglés de 57 años, por ejemplo, fue expulsado por el decreto y en él se informa que la policía británica ya lo había detenido por proxenetismo en su país. En América, tanto Argentina como Brasil tenían una legislación que permitía expulsar extranjeros, y nunca dudaron en hacerlo. Tal es el caso de un proxeneta ruso, expulsado de Brasil en 1914 y de Argentina en 1932, o de un italiano de 40 años, que al momento de su expulsión ya había sido declarado amoral en el país vecino.
La herramienta de expulsión en mano de los Ejecutivos se develaba ineficaz para la persecución del delito: de una tierra a otra los proxenetas conocían en el negocio, solo era cuestión de trazar nuevos lazos. Las estrategias no esquivaban la complicidad de funcionarios. Ramón R., un uruguayo de 34 años llevó a su esposa Eleuteria C.B. a Montevideo para darle la identidad falsa de su hermana difunta: nadie iba a sospechar de proxenetismo entre hermanos.
Las redes de trata explotaron a miles de mujeres y una de las pocas denuncias que conocemos fue la de Raquel Liberman. Muchas otras podían intentar escapar, aunque en  Buenos Aires estaban solas y les retenían la documentación, en los prostíbulos las “ablandaban” a fuerza de golpes y violaciones. Según el decreto, no era extraño, como no lo es hoy, que se diera una división sexual del trabajo al interior de la red. Los escalones más bajos pertenecían, por supuesto, a las mujeres prostituidas. Y eran ellas las que, buscando escapar a ese sometimiento sexual constante, escalaban posiciones para ser madamas. Es el caso de las hermanas Hava. K y Brandla. K, de 51 y 48 años respectivamente. Llegadas a Argentina durante los años ’20, habían trabajado siempre de prostitutas para la Zwig Migdal y “últimamente”, según el decreto, Hava había logrado ser “portera” de uno de los prostíbulos de la organización.

*La historia de Raquel Liberman está recogida en la novela de Myrtha Schalom  "La Polaca", Galerna, Buenos Aires, 2013.
**Decreto del 17/02/32, caja 149 del fondo Ministerio del Interior. Secretos, confidenciales y reservados. Archivo General de la Nación. Departamento Archivo Intermedio.
http://www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/la-polaca-la-mujer-que-desnudo-la-trata-en-la-argentina-de-los-30-1109.html

Antes de Martin Luther King, ellas ya estaban haciendo la revolución


Mujeres y negras, pero sobre todo libres y valientes: 6 rostros imprescindibles de la lucha por los derechos civiles


El sábado pasado se cumplieron 50 años del asesinato a sangre fría de Malcolm X. El domingo, Selma competía como mejor película en los Oscar, recordando al mundo aquellas importantes marchas ciudadanas lideradas por Martin Luther King ese mismo año, 1965. De pronto Estados Unidos parece que Estados Unidos se despierta y recuerda la importancia de sus líderes negros y del movimiento que ayudaron a cimentar.
Pero no olvidemos que no hicieron todo su trabajo solos. Antes de que ellos llegaran, hubo muchos otros revolucionarios. Y también muchas revolucionarias. Mujeres fuertes y decididas, involucradas en los eventos de su tiempo, que se negaron a aceptar las duras condiciones en las que les tocó vivir. Y gracias a cuyo trabajo infatigable comprendemos que un mundo mejor debe ser siempre conquistado en igualdad. Recordémoslas.
Harriet Tubman (1822-1913)
Araminta Ross nació en Maryland, Nueva Inglaterra, siendo ya una esclava. Sus padres y sus ocho hermanos también lo eran. En 1844 se casó con un hombre libre, del que tomó su apellido. Cinco años después, muerto su amo de entonces, escapó. Recorrió a pie 150 kilómetros hasta llegar a Pennsylvania, a través de una red clandestina de casas y caminos conocida como la Underground Railroad. Era la misma red que ella y otros activistas utilizarían durante años para ayudar a escapar hacia el norte a más de un centenar de esclavos. Como mujer libre, Harriet luchó en la Guerra Civil Americana del lado de los abolicionistas y en sus últimos días todavía aún tuvo tiempo de participar en el movimiento por el voto de la mujer.
Tenía derecho a una de dos cosas, la libertad o la muerte; si no podía tener una tendría la otra”.
Lucy Parsons (1853-1942)
Dijeron de ella que era “más peligrosa que mil manifestantes”. Y es que Lucy Parsons lo tenía todo para asustar al poder: era mujer, negra, sindicalista y anarquista. También se la recuerda como una poderosa oradora. Junto a su marido Albert Parsons fundaron el periódico The Alarm. La ejecución de él, acusado de haber conspirado en la famosa matanza de Haymarket, sólo la convenció para radicalizar aún más su discurso a favor de los derechos obreros. Participó en la fundación del sindicato Industrial Workers of the World y hasta su muerte fue arrestada muchas veces por dar discursos públicos o repartir literatura anarquista.
Oh miseria, he bebido de tu copa de pena hasta los posos. Pero sigo siendo una rebelde”.
Rosa Parks (1913-2005)
A veces, un gesto muy pequeño puede inflamar las conciencias de todo un país. El 1 de diciembre de 1955 Rosa Parks hizo uno de esos gestos. No se levantó de su asiento del autobús cuando un pasajero blanco se lo requirió. Estaba violando la ley de segregación racial del estado de Alabama, y fue llevada a juicio por ello junto con otras mujeres que por aquel entonces habían empezado a rebelarse. Por el camino se convirtió en uno de los grandes símbolos de la lucha por los Derechos Civiles, colaborando con líderes del movimiento como Edgard Nixon o Martin Luther King, y trabajando durante años tanto para la NAACP como para los Panteras Negras.
“La gente dice que no me levanté del asiento sólo porque estaba cansada. Eso no es cierto, si estaba cansada de algo, era de rendirme”.
Maya Angelou (1928-2014)
La vida de Marguerite Annie Johnson fue un tumulto. En los 86 años que pisó la tierra le dio tiempo de ser poeta, cantante, bailarina, activista y actriz, publicar discos, escribir tres libros de ensayos, vivir en California, Nueva York, El Cairo o Accra y hacerse amiga íntima de Malcolm X, Martin Luther King y Oprah Winfrey. No nos extraña que acabara escribiendo hasta 7 autobiografías. En sus obras literarias trató temas como la desigualdad racial, la libertad,el amor, la identidad o la familia.
“Me encanta ver cómo una chica joven coge el mundo por las solapas. La vida es una perra. Tienes que salir ahí fuera y patearle bien el culo”.
Assata Shakur (1947)
Nació Joanne Chesimard, pero cuando se afilió al Black Panther Liberation Army cambió su nombre por el de Assata Olugbala Shakur. Ha sido una importante activista por los derechos humanos la mayor parte de su vida. En 1973 fue acusada del asesinato de un policía de Nueva Jersey y condenada a 26 años de prisión. Después de fugarse, acabó en Cuba donde reside desde 1984. En 2013 el FBI la situó en la lista de los terroristas más buscados y puso precio a su cabeza: 1 millón de dólares. Aunque ella ha reclamado infatigablemente su inocencia, y ya tiene 67 años, su condición legal actual es dudosa. Se declara “una esclava fugitiva del siglo XX”. Y sí, era medio tía del fallecido rapero Tupac Shakur.
“He declarado la guerra a los ricos que prosperan en nuestra pobreza, los políticos que nos mienten con una sonrisa en la cara, y todos los robots sin mente ni corazón que los protegen a ellos y a su propiedad”.
Angela Davis (1944)
Como Rosa Parks, Angela también nació en Alabama. Creció en un barrio llamado Dynamite Hill, conocido por sus conflictos raciales. Aquel nombre explosivo fue premonitorio. Tras formarse en filosofía en Nueva York, Frankfurt y París, volvió a Estados Unidos para ser profesora en la UCLA, miembro del Partido Comunista y colaboradora de los Panteras Negras. Tan peligrosas amistades le llevaron a ser involucrada en un asesinato que no cometió y a pasar más de un año en la cárcel en 1970, hasta que la presión popular obligó a cambiar el veredicto. Desde entonces no ha parado de viajar, escribir, dar clases, y ofrecer conferencias, siempre desde el apoyo a la izquierda radical.
“La revolución es una cosa seria. Lo más serio en la vida de un revolucionario. Cuando uno se compromete, debe ser para toda la vida”.
Hasta sus compañeros de revolución quisieron silenciarlas. Pero su grito era demasiado fuerte y llega hasta nosotros

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Pescando fósiles, Elizabeth Philpot (1780-1857)


Elizabeth Philpot es una de esas mujeres dedicadas al mundo de la ciencia cuya vida y obra pasó desapercibida para la historia. Poco se sabe de ella, si no hubiera sido por su amistad y colaboración con Mary Anning, otra gran coleccionista de fósiles. Ambas se conocieron en Lyme Regis y, a pesar de su diferencia de edad y de clase, su pasión por descubrir el pasado las unió para el resto de sus días. 

Elizabeth Philpot nació en el seno de una familia acomodada del Londres de finales del siglo XVIII. Después de la muerte de sus padres, su hermano les buscó un lugar para vivir, pues la casa familiar pasaba directamente a él y no a sus hermanas. Así, Elizabeth, Mary y Margaret se trasladaron a vivir a Morley Cottage en Lyme Regis, una localidad de Dorset, al sur de Inglaterra. Las hermanas Philpot dedicaban buena parte de su tiempo a buscar fósiles en los acantilados de la zona. Su extensa colección la exponían a menudo en su casa para que pudiera ser contemplada por los visitantes del lugar. Mientras ellas tenían el mundo de la paloentología como algo con lo que disfrutar, una niña de Lyme Regis, Mary Anning, lo hacía para ganar dinero para su propia familia. 

A pesar de que Elizabeth tenía veinte años más que Mary y que provenían de mundos sociales distintos, pronto se hicieron amigas y disfrutaron de su pasión común por los fósiles. Un día de los muchos que ambas salían a buscar restos del pasado, Mary descubrió en un belemnite una cámara con tinta seca que Elizabeth consiguió recuperar. Al mezclarla con agua, la tinta se pudo utilizar para algunos de sus dibujos. La técnica de recuperación de la tinta seca sería imitada por otros buscadores del lugar. 




Elizabeth Philpot se especializó en la búsqueda de restos de fósiles de peces y mantuvo contacto constante con algunos de los paleontólogos y geólogos destacados de su tiempo, como William Buckland o Henry de la Beche. Sin embargo, en un tiempo en el que las mujeres tenían prohibido el acceso a la Sociedad Geológica, el trabajo de Elizabeth Philpot, como el de Mary Anning, nunca fue del todo reconocido. 

El legado de Elizabeth Philpot descansa hoy en día en el Museo de la Universidad de Oxford y en el Museo Philpot, construido por uno de los sobrinos de las hermanas en Lyme Regis. Una especie de pez fósil, el Eugnatus philpotae, fue bautizado así por el paleontólogo suizo Louis Agassiz en su honor.  

 Si quieres leer sobre ella 

Las huellas de la vida, Tracy Chevalier








Por Sandra Ferrer