RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

jueves, 9 de diciembre de 2010

Pobreza mundana, riqueza espiritual: Santa Clara de Asís (1194-1253)


Lo tenía todo para ser vivir una vida plena de lujos y comodidades. Pero la joven Clara Offreduccio tomó un camino más complejo. Lo dejó todo, absolutamente todo para vivir en la pobreza más cruda de este mundo. Fue, sin embargo, una de las mujeres más ricas de espíritu de su época y de todos los tiempos. Su determinación la llevó a ser la primera mujer que consiguió la aprovación de su propia regla monacal; para ello luchó toda su vida y sólo un día antes de morir conseguía una bula del Papa Inocencio IV que aceptaría las nuevas normas de las monjas de San Damián y el conocido como Privilegio de la pobreza.

Una vida regalada
Clara había nacido en el seno de una de las familias más nobles y ricas de la ciudad italiana de Asís. La fecha exacta de su nacimiento no está certificada pero podría haber sido el 16 de julio de 1193 o 1194. Nunca le faltó de nada. Las comidas en casa de los Offreduccio eran siempre abundantes, los vestidos que lucían ella y sus hermanas eran de los más bellos y mejor confeccionados de la ciudad. Y probablemente se iba a casar con algún noble tan rico como ella que afianzara esa vida regalada. Una vida que no parece ser que fuera acorde con los sentimientos de la joven. Desde bien pequeña mostró una piedad extrema hasta el punto de llevar un pequeño cilicio debajo de la ropa y ayunar constantemente en beneficio de los pobres a quienes daba sus alimentos.

Durante toda su infancia recibió una exquisita formación como se demostraría posteriormente con su conocimiento del latín y su excelente escritura. Pero también su aprendizaje iba destinado al de ser una gran dueña de su casa. En la Edad Media, las mujeres nobles eran una espléndidas directoras y organizadoras de lo que podríamos llamar la pequeña empera del hogar. La gestión y coordinación de sirvientes, comidas, y todo lo necesario para el perfecto funcionamiento de una casa noble recaían sobre la mujer mientras los caballeros pasaban mucho tiempo fuera en continuas guerras.

Este aprendizaje de la buena ama de casa angustió a Clara pues sabía en el fondo de su corazón que ella no iba a casarse en contra de la voluntad de su familia. No tenía muy claro qué sería de su vida y su futuro pero si tenía claro lo que no quería ser.

Francisco iluminó su destino
Hasta que llegó Francisco. Un joven mayor que ella, hijo de uno de los mercaderes de telas más próspero de la ciudad, dejó su vida disoluta de fiestas y juergas nocturnas para dedicarse a la vida en religión pero de un modo muy original. El fundador de los Hermanos Menores decidió desprenderse de todos los bienes mundanos y eligió vivir una vida de extrema pobreza.

Fue un escándalo pero extraordinariamente muchos jóvenes le siguieron y consiguió el apoyo del Obispo de la ciudad y después del mismísimo Papa. Clara observó atenta los pasos de Francisco mientras oía de fondo las voces críticas y de burla de muchos que no entendían su elección.

Tras varios encuentros con Francisco, Clara vio definitivamente que su vida estaba ahí. Iba a ser el alter ego femenino de Francisco.

Una huida valiente
Tras mucho meditarlo, finalmente Clara decidió que su vida en la casa familiar ya no tenía sentido y quizás presionada por un posible compromiso matrimonial, pues ya tenía más que edad para casarse, y planeó su huida. Era la noche del Domingo de Ramos de 1212. Aquel día se había celebrado en la catedral de San Rufino de Asís una de las celebraciones más importantes para las jóvenes casaderas de la ciudad. Era una tradición ancestral que las chicas en edad de contraer matrimonio recibieran de manos del obispo una simbólica palma. Clara dedía recogerla junto con las demás pero se quedó clavada en su banco incapaz de moverse. Ella no podía recibir aquello que significaba un futuro como esposa. Punto de todas las miradas, vio como el obispo se acercaba hacia ella y le daba de su propia mano aquella palma que para ella significaba algo totalmente distinto de las demás y parece ser que el religioso lo sabía.

Pasada la celebración, por la noche, consiguió llegar hasta San Damiano, cuna de los Hermanos Menores, donde, ayudada por Francisco y sus primeros seguidores, se desprendió de los bienes de este mundo y asumió el hábito franciscano. Moría Clara Offreduccio y nacía Sor Clara. 

San Damián
Una vida llena de milagros incluso antes de nacer
Los milagros atribuidos a Clara son muchos. La mayoría de ella quedaron recogidos en las actas del proceso de canonización que se inició poco después de su muerte. Pero la vida de Clara ya estaba marcada con el signo extraordinario de la santidad incluso antes de su nacimiento. Poco antes de nacer su hija, la noble Hortolana se encontraba rezando en su capilla cuando oyó una voz que le anunciaba la llegada de una niña que sería la luz que debía iluminar el mundo. Ante esta revelación, Hortolana cambió el nombre de Catalina por el poco común de Clara.

A partir de ahí, Clara sería hacedora de múltiples milagros. Muchos fueron la cura de enfermos, pero uno de los más llamativos sin duda fue la expulsión de los sarracenos en 1241 que llegaron a franquear los muros del monasterio antes de intentar entrar en la ciudad. Cuenta la historia que a pesar de estar gravemente enferma, se levantó y con la custodia en la mano se mostró ante los enemigos que huyeron despavoridos.

Un ejemplo que dura ocho siglos
El continuo trabajo, tesón y creencia firme en sus ideas llevó a Clara a luchar toda su vida por conseguir una aceptación oficial de su Privilegio de pobreza y de sus propias normas recogidas en la que sería la primera redactada por una mujer y aprovada por el mismísimo Papa. Después de una vida de renuncia, sacrificio y amor a sus hermanas, en el lecho de muerte recibió el gran regalo de ver convertida en realidad esa orden por la que luchó toda su vida. Clara moría el 11 de agosto de 1253.

El ejemplo de Clara ha sido válido durante más de ocho siglos consiguiendo a lo largo de los años convertir a su orden en una de las más extendidas por el mundo. En más de mil conventos repartidos por los cinco continentes viven casi veinte mil monjas clarisas que trabajan día a día por tener una existencia digna de su valiente y tenaz fundadora, Santa Clara.

Cuerpo de Santa Clara en la basílica de Asís que lleva su nombre
https://youtu.be/W47VV31LJxQ



 Si quieres leer sobre ella 

Clara de Asís, camino y espejo, Delir Brunelli
Género: Biografía
Un libro excepcional par aentender el mundo en el que nació Santa Clara





Santa Clara de Asís, Chiara Augusta Lainati
Género: Ensayo
Este libro nos acerca a la espiritualidad de Santa Clara





Clara de Asís: Amiga de la sociedad, hermana de la ciudad, Martina Kreidler-Kos
Género: Biografía
Bonita y rigurosa biografía de Santa Clara






Por Sandra Ferrer

La reina secreta: Madame de Maintenon (1635-1719)


Nació en la cárcel, vivió en Versalles y murió en la institución educativa femenina que ella misma había creado. Nació pobre; murió reina. Pero a los ojos del mundo, nunca lo fue.

Una infancia nada prometedora
Cuando Françoise d'Aubigné nació, el 27 de noviembre de 1635, su padre se encontraba en prisión acusado de falsificación y su madre vivía con él por propia voluntad. La mala cabeza de su padre llevó a la familia d'Aubigné a cruzar el Atlántico en busca de fortuna. Pero sólo encontró la muerte, dejando a toda su familia, que había vuelto a Francia, en la más absoluta de las miserias.

Françoise fue acogida por distintos familiares a lo largo de su infancia. Entre ellos, la madre de su madrina, Madame de Neuillant, que la introdujo en el fascinante y elegante mundo de la alta sociedad y le buscó marido, un protegido suyo. El esposo escogido no era la mejor elección para una joven como Françoise pero la alternativa del convento le hicieron aceptar a un hombre 25 años mayor que ella, tullido y con una riqueza más bien escasa.

De Madame Scarron a Madame de Maintenon
Su esposo, el poeta Paul Scarron no era el marido deseado para Françoise ni para nadie, pero la inteligente joven supo sacarle partido a esta relación. En el salón literario que había creado Scarron, Françoise conoció a personalidades de las letras y las artes del París de mediados del siglo XVII; aprendió a relacionarse con damas de la alta sociedad y tejió una tupida red de contactos que la llevarían directamente a Versalles. Entre ellos, Athenaïs de Montespan fue la dama clave. Amante del Rey Sol, al que le había dado hasta siete hijos ofreció a Françoise la posibilidad de ser su institutriz. Monsieur Scarron había muerto dejando a la joven viuda en una situación económica más que precaria. La perspectiva de vivir en la corte del monarca más espléndido de la época era algo que no podía eludir.

En su papel como institutriz, Françoise conoció una maternidad que nunca experimentaría en primera persona pero cuidó a los hijos del rey con Madame de Montespan como si fueran suyos. Luis XIV visitaba con frecuencia a sus vástagos; ahí fue donde conoció a la viuda de Scarron. Mientras crecía el interés por la cuidadora de sus hijos disminuída el afecto hacia Athenaïs.

El rey se acercó tanto a Françoise que llegó a donarle una suma importante de dinero con la que se compró las tierras de las que tomó su nombre definitivo: Madame de Maintenon.

Un matrimonio de conciencia
La relación de Luis con la nueva señora de Maintenon relegó definitivamente a Madame de Montespan. La muerte de la reina Maria Teresa en 1683 dejó el camino libre a Françoise. Pero el matrimonio morganático entre el rey y Françoise no fue un acontecimiento público. Los consejeros y confesores del monarca decidieron que lo más conveniente era una unión secreta, sin obligaciones públicas, un matrimonio “de conciencia”. Así fue como la nueva reina de Francia no fue ni la amante oficial ni la esposa pública del rey. Vivió lo que le quedó de vida al lado del Rey y viéndose acosada y acusada por el resto de la corte de Versalles. En efecto, su piedad, austeridad y disciplina hicieron que muchos vieran en Madame de Maintenon la instigadora de la revocación del Edicto de Nantes, un decreto firmado en 1598 por Enrique IV por el que se autorizaba en Francia una cierta libertad de culto. Aunque nunca se pudo provar si realmente influyó en esta y otras decisiones reales, lo cierto es que su actitud devota fue utilizada con mucho gusto por sus enemigos para denostarla.

Saint-Cyr: El inicio de la educación femenina
A la muerte del Rey Sol, acaecida en 1715, Madame de Maintenon se retiró a Saint-Cyr donde viviría los últimos cuatro años de su vida. Pensado quizás en su propia experiencia, Françoise sabía que las mujeres, si además de ser mujeres, eran pobres e incultas, tenían poco porvenir en la sociedad que les había tocado vivir. Es por esto por lo que creó la escuela femenina de Saint-Cyr en 1686 y se dedicó en cuerpo y alma a sus alumnas. Dirigiendo personalmente el proyecto educativo y escogiendo ella misma a las profesoras, Madame de Maintenon se implicó en la educación y formación de las jóvenes que acudieron a su institución.

Regreso a palacio
Madame de Maintenon murió el 15 de abril de 1719 y fue enterrada en la iglesia de Saint-Cyr, su último hogar. Al terminar el siglo, llegó la Revolución y Saint-Cyr desapareció como escuela femenina. Los revolucionarios, que habían profanado los cuerpos de la familia real en Saint-Denis, no se quedaron quietos ante los restos de Madame de Maintenon. Al fin y al cabo, para los más radicales sans-culottes, había sido esposa de uno de los más grandes tiranos de Francia. Después de vapulear el cuerpo de Madame de Maintenon, lo dejaron abandonado en el patio de Saint-Cyr donde alguien se apiadó de ellos y los guardó en un cajón. La demolición definitiva de la estructura del edificio de Saint-Cyr ciento cincuenta años más tarde hizo salir a la luz dicho cajón. En esa ocasión se decidió que Madame de Maintenon debía descansar definitivamente en la capilla del palacio de Versalles.

 Si quieres leer sobre ella 

La reina secreta, André Castelot
Género: Novela
Una exquisita novela sobre la vida y la época de Madame de Maintenon muy rigurosa con los hechos históricos





Amantes y reinas, Benedetta Craveri
Género: Ensayo
Recopilación de la vida de varias reinas y amantes relacionadas con la corona francesa. Entre ellas se encuentra Madame de Mainten





Por Sandra Ferrer

lunes, 6 de diciembre de 2010

La sibila del Rin: Hildegarda de Bingen (1098-1179)


Han pasado nueve siglos desde que Hildegarda iluminó su mundo medieval y durante todo este tiempo poco se ha hablado de ella. Buscando información sobre el misticismo en los siglos centrales de la Edad Media, me topé con la historia de esta mujer más que excepcional. Desde los muros de un convento y más allá de ellos, con el hábito de religiosa, Hildegarda ocupó su existencia en escribir sobre temas tan distintos como el cosmos, la medicina, la música o el amor místico de Dios.

Una vida predestinada al monacato
Hildegarda nació el 16 de septiembre 1098 en el seno de una familia de la nobleza local del Palatinado. Era la décima hija. Con ocho años fue confiada al monasterio de Disibodenberg donde vivía Jutta, quien sería su preceptora. Jutta enseñó a Hildegarda a leer y escribir. A los catorce años, la noble niña decidió convertirse en religiosa convirtiéndose en una monja más del monasterio benedictino. Cuando Hildegarda aun no había cumplido los cuarenta años sucedería a Jutta como abadesa del cenobio.



Una obra prolija
Tres libros de carácter místico, una gran obra de conocimientos médicos, más de 300 cartas y 78 piezas musicales hacen de Hildegarda una mujer extraordinaria.

Su obra más conocida fue la primera que empezó a escribir, Scivias, que se podría traducir como Conoce los caminos. Es este libro recopiló sus visiones y vivencias místicas que experimentó desde niña. Unos episodios que vivió en sus plenas facultades, sin perder los sentidos ni entrar en estados de éxtasis.Scivias fue su obra clave porque recibió la total aprobación del mismísimo Papa y dio a Hildegarda una destacada fama incluso entre los más poderosos.

El Libro de observaciones sobre las propiedades naturales de las cosas creadas es un sorprendente compedio de conocimientos médicos. Además de describir características de animales, vegetales e incluso del funcionamiento del cuerpo humano, Hildegarda recogió las causas y los remedios de ciertas enfermedades.

Consejera de campesinos y reyes
No es de extrañar que la prolija producción intelectual de Hildegarda la llevaran a recibir peticiones de consejos y ayudas de simples campesinos hasta grandes personajes de su tiempo como el mismísimo Federico I Barbarroja. Mediante una extensa producción epistolar, pero también en persona, Hildegarda se dirigió a aquellos que querían recibir su sabiduría. Cuatro fueron los viajes de peregrinación que realizó, algo poco usual en una monja abadesa.


Restos de Hildegarda en Eibingen

Una mística excepcional
Hildegarda vivió 81 años, algo poco usual en aquellos duros tiempos medievales. Esta humilde abadesa nos demuestra que aun siendo mujer en su tiempo donde la misoginia era lo común, consiguió hacer de su existencia algo maravilloso. Una mente preclara, una determinación sin igual, hicieron que Hildegarda una mujer extraordinaria, un ser humano que exprimió su vida y nos dejó una de las obras más extensas, variadas e inigualables de la cultura medieval. Moría el  17 de septiembre 1179.

Siglos después, el 10 de mayo de 2012, el papa Benedicto XVI la elevaba a los altares nombrándola doctora de la iglesia y santificándola de facto.

https://youtu.be/-_DM07FP7B4
<iframe width="450" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/-_DM07FP7B4" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
https://youtu.be/-_DM07FP7B4

 Si quieres leer sobre ella 
Hildegarda de Bingen, una conciencia inspirada del siglo XII, Régine Pernoud
Género: Biografía
Mujeres trovadoras de Dios, Georgette Epiney-Burgard y Emilie Zum Brunn
Género: Antología
En este maravilloso libro se recopilan parte de los textos de Hildegarda y otras místicas medievales: Beatriz de Nazaret, Matilde de Magdeburgo, Hadewijch de Amberes y Margarita Porete.



La mujer de las nueve lunas, Carmen Torres Ripa
Género: Novela histórica
Mujeres filósofas en la historia, Ingeborg Gleichauf 
Género: Biografías
http://www.hildegardiana.es/ 







 Películas que hablan de ella 

Visión

viernes, 3 de diciembre de 2010

La mirada de la loca: Juana I de Castilla (1479-1555)


Muchos reyes y reinas han pasado a la historia con apodos más o menos afortunados. El de la reina Juana, impuesto por el pueblo llano, es quizás uno de los más injustos. Pues muy probablemente no estuviera loca.

Su familia
Juana era hija de los Reyes Católicos. Nació el 6 de noviembre en 1479 en Toledo. Antes que ella habían nacido Isabel y Juan, por lo que nada hacía prever que terminaría heredando la múltiple corona de sus padres. Juana iba a ser junto con sus hermanas Isabel, Catalina y María y su hermano Juan un peón más en aquel gran ajedrez que era la Europa floreciente de finales del siglo XV.

Ella y Juan participaron en el sistema elaborado por el emperador Maximiliano, llamado de los “matrimonios cruzados”1. Juana se casaría con Felipe, conocido como el Hermoso, a la vez que su hermano Juan se casaba con Margarita de Austria. Isabel se había casado anteriormente con Manuel de Portugal al que llamaban el Afortunado. Este se casaría de nuevo tras enviudar de Isabel con su hermana pequeña María. Por último, la pequeña Catalina, hija póstuma de Felipe, quien llegaría a ser reina de Portugal.

Su herencia
Felipe el Hermoso y Juana
Su matrimonio, y la muerte de hasta cuatro miembros de su familia situados por encima de ella en la línea sucesoria hicieron que Juana y Felipe aglutinaran una enorme herencia territorial que recibiría porteriormente su hijo Carlos.

Primero fue su hermano Juan. Un joven enfermizo al que, según decían las malas lenguas, murió de amor. De hecho, a pesar de las advertencias de su madre, la continuada actividad conyugal parece ser que dejó mortalmente exhausto al débil príncipe heredero. La reina Isabel no perdió la esperanza, pues la princesa Margarita estaba embarazada. Alegría que duró poco pues lo que nació prematuramente fue un bebé muerto.

Poco después moría su hermana mayor Isabel tras dar a luz a Miguel, la nueva esperanza de la reina católica. Además, este nuevo heredero podía conseguir la unión de todas las coronas de la Península Ibérica. Pero el sueño de nuevo de desvaneció pronto. No pasó de tener unos días de vida. Ahora le tocaba el turno a Juana, algo que ni a Isabel ni a Fernando agradaba en demasía.

Su amor
En efecto, a pesar de su refinada educación, los sentimientos que se desataron al conocer a su marido hicieron de Juana una desdichada esposa celosa hasta la desesperación que puso en entredicho la impecable imagen de sus progenitores. Su marido no quiso renunciar a su vida disipada y disoluta que mantenía en la corte de Flandes; algo que Juana no pudo soportar. La actitud más que cercana con las damas de su entorno hicieron protagonizar a Juana episodios tan patéticos como cortar la larga melena de una cortesana o irrumpir en medio de un baile a voz en grito sin importarle la etiqueta ni el protocolo ni el rango que ostentada de Archiduquesa de Flandes y futura reina de España.
La prematura muerte de Felipe no mejoró esta situación. Durante muchos años acarreó con su cadáver allá a dónde iba y obligaba a su séquito a abrir el ataúd cada dos por tres para asegurarse de que seguía ahí, que ninguna otra mujer se lo había llevado.


Juana custodiando el féretro de su marido


Su reclusión
Primero su esposo consiguió apartarla del poder. Felipe no iba a ser un simple príncipe consorte y los continuos escándalos públicos provocados por sus celos le pusieron en bandeja el gobierno de Castilla; gobierno que duraría poco, pues dos años después de recibir la corona castellana, Felipe moría. A la muerte de su padre Fernando en 1516 tampoco se le permitió reinar en Aragón; en su testamento, el rey católico confirmó el pésimo estado mental de su hija apartándola de nuevo del poder. El golpe de gracia lo daría su propio hijo. Carlos gobernó los territorios heredados de los Reyes Católicos como verdadero rey mientras la reina legítima agonizaba de cuerpo y mente en un triste castillo en Tordesillas.

Su locura
Manipulada en sus más profundos sentimientos por su marido, usada cual títere por su padre y después por su hijo, no es de extrañar que Juana no consiguiera superar toda aquella presión y manipulación psicológica. En la supuesta locura de Juana se mezclan sus más íntimos sentimientos y su vida privada con la razón de estado.

A pesar de tener una gran cultura, Juana no heredó ni la habilidad maquiavélica de su padre ni la frialdad calculadora de su madre. Era, en definitiva, alguien que no estaba precisamente en el lugar adecuado ni en el momento preciso; molestaba a aquellos tres reyes y cada uno a su modo tuvo la frialdad de certificar ante la historia que su esposa, hija y madre estaba loca. Fue un modo fácil de sacarse de en medio a una reina sin perpetrar un magnicidio. A pesar de ello, Juana vivió toda su larga vida sabiendo quién era ella. Hasta el último momento firmó todos sus documentos como “Yo, la reina”. Murió el 12 de abril de 1555 en su reclusión de Tordesillas. 

Su mirada
En los retratos que podemos observar de Juana se nos muestra a una joven esbelta, con sus largos y negros cabellos, hermosa. Pero en la mayoría de ellos llama la atención la mirada. Una mirada distante, taciturna, triste. Incluso en el retrato hecho con ocasión de sus esponsales con Felipe no se nos muestra precisamente a una novia radiante y feliz. Pero no era la mirada de alguien que ha perdido el juicio. En sus cuadros vemos la pesadumbre y melancolía que sufrió Juana a lo largo de su vida.

______

1. Reinas y princesas del Renacimiento a la Ilustración, Bartolomé Benassar. Editorial Paidós.

 Si quieres leer sobre ella 

Biografías y ensayos

Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas, Manuel Fernández Álvarez
Sin ninguna duda, la mejor biografía de la reina Juana que he leído. No sólo explora su persona a nivel personal y público sino que introduce al lector en el siglo XVI.





La vida y la época de Juana la Loca, José Luis Olaizola
Biografía precisa y muy bien documentada de Juana y su entorno político.







Reinas de España, María José Rubio






Ginecología y vida íntima de las reinas de España (I), Enrique Junceda Avelló








Novelas

Loca de amor, Catherine Hermary-Vieille
Una de las primeras novelas que leí sobre Juana. Es deliciosa, rigurosa y amena.






Juana la Loca, Guillem Viladot
Novela escrita en primera persona que nos adentra en los más profundos sentimientos y pesares de la reina. Imprescindible para entender la verdadera personalidad de Juana.






Juana la Reina, loca de amor, Yolanda Scheuber







 Películas que hablan de ella 

Juana la Loca

jueves, 19 de agosto de 2010

Violencia simbólica, la que no se ve



Es una forma de agresión que todavía resulta difícil de distinguir y percibir, porque está inmersa en lo cotidiano y, a través de sus mensajes, naturaliza situaciones que no son naturales, como la violencia o la falta de respeto a las mujeres. 

Por Ana Roberts.

Los medios de comunicación nos tienen acostumbradas a cientos de imágenes que, si nos detuviéramos a pensar, nos sublevarían. Pero las vemos, en algunos casos, sin pronunciar palabra y sin tener demasiada conciencia de la violencia que esconden. Podemos ver en televisión a un grupo de mujeres que bailan mientras un hombre entra en escena pasando por encima de ellas como si fueran parte de la escenografía, a un periodista de espectáculos que le exige a cualquier mujer que se le cruce por el camino que le dé “un pico”, a alguien que le corta con una tijera la “pollerita” a una mujer mientras ella se ríe entre incómoda y seductora; o una publicidad en la que el marido le grita desde el baño a su mujer que se acabó el desodorante de ambientes y ella corre –sonriente, claro– a traerle uno nuevo.
También podemos salir a la calle y ver carteles con publicidades en las que un joven se encuentra entre dos mujeres y se pregunta por qué elegir entre “la rubia y la morocha” si puede quedarse con las dos. Pero eso no es todo. Prendemos la radio y en cualquier dial podemos escuchar una conversación, que pretende ser divertida, en la que un periodista o un conductor nos cuenta que su compañera luce hoy un escote para el infarto y nos invita a imaginarla mientras ella ríe a carcajadas, no sea cuestión que la tilden de “mala onda”.
Todo esto que algunas veces percibimos y otras muchas no; que por momentos nos puede incomodar, pero que desestimamos con un “es normal, es lo natural… tampoco voy a exagerar”, que dejamos pasar más de lo que creemos tiene un nombre: “violencia simbólica”. La mayoría de las veces son las mujeres las víctimas de los mensajes que las relegan, las reducen a meras expertas en productos de limpieza, a gastadoras compulsivas, a objetos del deseo de los hombres o a mujercitas que sólo están allí para satisfacer los deseos del varón.
Durante una charla con Sophia, Daniela Allerbon, licenciada en Economía con un posgrado en Gestión Política y Cultural y miembro del Consejo Nacional de la Mujer, nos explica por qué se habla tan poco de la violencia simbólica, cómo opera, por qué a veces nos cuesta identificarla y cómo podemos defendernos de ella.

–Daniela, ¿qué es la violencia simbólica y por qué se habla tan poco de ella?

–En primer lugar, es importante distinguir entre distintos tipos o niveles de violencia: la violencia física, la violencia psicológica y la violencia simbólica. La física es cualquier forma de agresión o maltrato que produce un daño físico; es claramente identificable porque deja marcas visibles. La violencia psicológica, en cambio, produce un daño emocional y una disminución de la autoestima; busca degradar o controlar las acciones de la mujer mediante amenazas, intimidaciones, humillaciones, manipulación o aislamiento, entre otras formas. La violencia simbólica es la que utiliza patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos para transmitir y reproducir la dominación, la desigualdad y la discriminación, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad. Es la más difícil de distinguir y percibir.

–¿Por qué?

–Porque la violencia física es evidente: hay un moretón que se puede ver o un golpe que puede ocasionar una lesión y se puede comprobar, y existe un consenso casi unánime en condenarla. A la violencia psicológica hay cada vez más consenso para condenarla, pero todavía existe una dificultad para reconocer la manipulación o la amenaza velada, y además exige una conciencia mayor de la mujer que la sufre. De todas maneras, una vez desenmascarada, resulta evidente e igualmente condenable que la violencia física. En el caso de la violencia simbólica es diferente, porque está metida en el lenguaje cotidiano y, aunque el principal canal o vehículo de transmisión sean los medios de comunicación, atraviesa todas nuestras expresiones culturales, cada una de nuestras palabras.

–¿Por ejemplo?

–Es violencia simbólica un aviso publicitario que pone a la mujer como única responsable del cuidado de la casa, de los hijos, de la limpieza y, sobre todo, cuando la muestra como un mero objeto de deseo. Es violencia simbólica un cartel en un aeropuerto que para indicar un baño pone sólo el ícono masculino; es violencia simbólica cuando se dice “los hombres” en lugar de decir “varones y mujeres”. Se genera violencia simbólica cuando a una mujer se la considera “sujeto” y se la respeta sólo cuando es madre y se habla del “coraje de las madres” en lugar del “coraje de las mujeres”. Así, se utiliza un lenguaje que no nos contiene, que no nos tiene en cuenta.

–Como una publicidad de electrodomésticos que decía algo así como “amas de casa eran las de antes” y mostraba a una mujer muy sexy, acostada sobre un lavarropas.

–El mensaje era simple: “Antes la mujer se tenía que pasar horas lavando y planchando, y ahora tiene tiempo para arreglarse y ponerse sexy”. ¿Para quién? Otra vez, ¡para el hombre! Porque si fuese un mensaje dirigido realmente a una mujer, tal vez sí la mostraría con tiempo para ponerse linda; pero para estar bien con ella, desarrollarse, hacer lo que le gusta, y no para posar con lencería “súper hot” como súmmum de la liberación femenina.

–¿Los medios son los responsables de esta violencia?

–Sí. Aunque los medios reproducen este lenguaje que existe en la sociedad, ellos tienen un peso importante porque lo legitiman. Pero también es necesario reconocer que la responsabilidad es de todos. En primer lugar, de los que reproducimos en nuestras conversaciones cotidianas la idea de que la mujer debe quedar relegada, ocuparse sólo del colegio, de los chicos, o cocinar para el marido. Una de las consecuencias de esta discriminación es que las mujeres sientan que deben trabajar como nadie en su empresa para que no las descalifiquen “por ser mujer”, aunque de hecho vayan a ganar en promedio un 20% menos que el varón por el mero hecho de ser mujeres. Por eso, nuestro primer objetivo es desnaturalizar este lenguaje.

–¿Qué querés decir con “desnaturalizar”?

–En primer lugar, hacer visible lo que es invisible; “visibilizar” esa violencia; mostrar ese lenguaje que contiene todo el tiempo marcas que nos excluyen, que nos relegan y que hace que “naturalicemos” una situación social de violencia, de dominación, donde nosotras siempre somos “lo que no se ve”, el resto, el complemento, el opuesto del varón, lo que no se nombra con nombre propio, “lo incompleto”. Desnaturalizar es, en definitiva, generar conciencia en todas y en todos. Que se den cuenta de que no es “natural” que el hombre sea violento como nos dice una publicidad de desodorante masculino, o que es “cazador de mujeres”, o que el varón desde chiquito está determinado a la acción y la mujer, a ser la princesita de la casa que se queda sentadita frente al espejo para que la miren.

–Hay ejemplos más burdos, como el que vimos recientemente en una revista…

–Sí. Te referís a la producción de fotos de Victoria Vanucci en la que ella aparece semidesnuda y ensangrentada porque se dice que el marido le pega. Desde el Consejo de la Mujer expresamos nuestro repudio hacia esa producción de fotos que, además, iba acompañada de una cita textual que decía: “Amo el dolor”. Consideramos que esa producción humilla a la mujer y atenta contra su dignidad. Además, denunciamos que ese medio incurre en violencia mediática y simbólica, en el marco de la Ley 26.485 –Ley Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que desarrollan sus Relaciones Interpersonales–, porque frivoliza una situación de violencia familiar y legitima y naturaliza la agresión. El medio no sólo reproduce la violencia que podía sufrir esa modelo, sino que la legitima como si de fondo se oyese “Pero si le gusta…”, que es el eterno discurso machista sobre la violencia: “Pero si le gusta que le pegue, si le gusta que le grite”.

–Tengo entendido que también hicieron algo similar con una campaña publicitaria de desodorante masculino.

–Sí, también se emitió un comunicado repudiando esa campaña, que para el Consejo de la Mujer es un caso emblemático. Se denunció que infringe la Ley 26.485 y se convocó a la empresa a conversar en el marco del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión. La campaña consiste en un conjunto de publicidades en el que el hombre se muestra como un “cazador” de mujeres. Además, se completa con un juego interactivo disponible en una página web, en la que el hombre suma puntos dando garrotazos a las mujeres para cazarlas. En este caso, la mujer es siempre el objeto de placer, el objetivo de su caza, y el mensaje fundamental es que el hombre es un cazador por instinto… El contenido de toda esta campaña propone la violencia física como una modalidad de trato entre varones y mujeres, posiciona a las mujeres sólo como objetos de conquista para el varón y los estigmatiza a ellos mismos como seres que sólo se relacionan con las mujeres con fines sexuales.

–Un lugar también incómodo para el varón…

–Por supuesto, no es válido pensar que todos los varones son violentos, o que todos quieren verse siempre como cazadores, o mostrar la violencia y la dominación como instintos naturales del varón. ¡La violencia no es natural!

–¿La violencia de género afecta sólo a las mujeres?

–Evidentemente, no. La violencia de género no es sólo un tema de las mujeres. Basta pensar en cómo este tipo de mensajes y publicidades van configurando la mentalidad de los más chicos. Hay una publicidad infantil de un chocolate, que muestra a una familia con dos hijos y una nena y los va describiendo a cada uno; a los varones los muestra jugando, peleando, activos, deportistas, y a la mujer… ¡sentada frente a un espejo vestidita de princesa! La madre dice: “¡Y ella es mi princesa!”. Está bien, puede ser un halago, pero el reverso de esto es: “Ella no va a ‘ser’ nada, va a ‘ser’ siempre y únicamente un objeto para mirar, admirar o, en todo caso, utilizar para el placer”. Tal vez alguien pueda tacharnos de exageradas pero es real: la violencia simbólica opera de esta manera, se vuelve constitutiva del lenguaje, y después nos parece “natural” que a una mujer le corten la pollera en televisión.

–Pero el discurso funciona.

–Sí… porque vende, porque alimenta de alguna manera el sentimiento de poder masculino, de dominación. Atención, no es que los medios lo inventen –ya hablamos de una violencia física y psicológica que existe en la sociedad–, sino que reproducen alegremente, con frivolidad, lo que se ve como natural en el entorno. Ahí es donde tenemos que actuar y donde, de hecho, actuamos al impulsar la ley que intenta ser un instrumento a través del cual se pueda sancionar como delito a esta violencia simbólica que circula “naturalmente” a través de los medios y se filtra continuamente en nuestro lenguaje. Tengo entendido que en Inglaterra le exigieron levantar a la empresa de desodorante masculino la campaña publicitaria sobre cazadores, pero ellos prefirieron pagar la multa y seguir adelante con la campaña. ¿Por qué? ¡Porque vendía muy bien!

–¿Desde cuándo tenemos esta ley que combate la violencia simbólica?

–El 1 de abril de 2009 el Congreso Nacional promulgó la Ley Nacional Nº 26.485. Esta ley sirve para proteger a las mujeres de situaciones de violencia en todos los ámbitos en los que actúen. Es una ley más abarcativa. Antes teníamos leyes parciales, como la ley de violencia familiar. Ahora, con la Ley 26.485 tenemos una ley más exhaustiva que permite una protección más amplia de la mujer e incluye por primera vez la violencia simbólica.

–¿Está en vigencia?

–La ley está en vigencia porque ya fue promulgada y se acaba de firmar el decreto para su reglamentación. O sea que ya puede ser aplicada y, entre otras cosas, se puede sancionar a los que la incumplan. Entiendo que el decreto reglamentario saldrá próximamente.

–¿Cómo podemos colaborar desde lo cotidiano para ser más conscientes y no reproducir esta violencia simbólica?

–En primer lugar, desde cada una de nuestras conversaciones cotidianas, evitando reproducir con nuestro lenguaje la idea de que la mujer debe quedar relegada, ocuparse en exclusiva de la crianza los chicos, del marido, estar sometida a distintos tipos de violencia, sin poder pensar en un proyecto propio más allá de la maternidad, sin atreverse a desear. Por otra parte, denunciando a las empresas cuando a través de la publicidad para vender sus productos transmitan mensajes discriminatorios y violentos, y también a los medios de comunicación que reproducen esta violencia. Tenemos que hacer visible esa violencia, tener conciencia y no tomar como natural, como dado, lo que solemos ver en los medios o en la sociedad.

FUENTE: http://www.sophiaonline.com.ar/violencia-simbolica-la-que-no-se-ve/