RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

viernes, 4 de abril de 2025

Las condiciones materiales que perpetúan la dominación sobre la mujer





¿Por qué la dominación sobre las mujeres sigue vigente a pesar de tantos cambios históricos? ¿Qué condiciones se resisten a transformarse, para así posibilitar nuestra emancipación? ¿Cómo el capitalismo consigue adaptar las relaciones de dominación anteriores para favorecer su ciclo de acumulación? ¿Qué podríamos hacer para derribar esas condiciones?

Es fundamental debatir sobre todas estas preguntas ya que la explotación, opresión y violencia contra las mujeres no son problemas nuevos, sino penosas continuidades ancladas al pasado. El que antes no existieran registros y estadísticas adecuadas, no esconde una realidad que era descarnadamente visible -y audible- en todos y cada uno de los barrios y veredas de Colombia. El menosprecio, los insultos y los malos tratos contra las esposas eran el pan de cada día en buena parte de los hogares del campo y la ciudad. Es, por tanto, una lacra que viene de muy lejos en el tiempo. No arranca con el imperialismo y sus influencias culturales, aunque a través de algunas de ellas se muestre de la forma más grosera. Tampoco comienza con el capitalismo, aunque se aproveche de las estructuras de dominación anteriores, configurándolas a su favor e intensificándolas en los aspectos que le interesa. Ni tan siquiera empieza con el sistema colonial, absolutamente machista y opresor.

La dominación sobre las mujeres es muy anterior a estas épocas históricas. En muchas sociedades anteriores al neolítico, donde incluso la propiedad era todavía comunal, existían ya formas de dominación masculina para controlar el papel de las mujeres en la reproducción de la comunidad. Por tanto hay que prevenir la tentación de buscar salidas hacia atrás, que además de ilusas son irremediablemente conservadoras y contrarrevolucionarias. En realidad, como pasa con el resto de las relaciones de dominación y explotación, su superación sólo se puede acometer enfilando camino hacia adelante, hacia una sociedad que acabe con todas las formas de explotación, opresión y discriminación.

Y es que la tarea política de la emancipación femenina -que va de la mano de la emancipación proletaria- no permite idealizar el pasado, ni naturalizar las viejas costumbres, si no que implica actuar con audacia y resolución, siguiendo la máxima de “Para atrás, ni para coger impulso”. Al fin y al cabo en eso consisten los proyectos revolucionarios, en transformar radicalmente el presente y el pasado para construir un futuro basado en relaciones libres e igualitarias que rompan el calabozo de las tradiciones milenarias, las ideas conservadoras y las prácticas añejas. Como dijo Marx al inicio del Dieciocho de Brumario, la tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de los vivos, y podemos afirmar sin temor a equivocarnos que esas tradiciones pesan doblemente sobre el cerebro y la espalda de las mujeres.

Pero, además de las condiciones que tradicionalmente habían apuntalado la opresión de la mujer y que siguen recargándose sobre nuestros hombros, con el desarrollo del capitalismo surgieron otras prácticas y medidas legales que buscaban mantener y redireccionar las relaciones patriarcales en su provecho. Estos determinantes de subordinación de las mujeres se afianzaron durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, cuando las mujeres fueron apartadas de la producción mercantil o relegadas en ella a un papel marginal, circunstancial e infravalorado.1 A la vez, se construyó un entramado social que volvió a encerrarlas parcialmente en el hogar, condenándolas al trabajo de la reproducción y cuidado del conjunto de la unidad familiar, trabajo que además de no remunerado, tampoco es reconocido socialmente. Este papel devaluado de la mujer le vino muy bien al capital, ya que a través del trabajo gratuito de la mujer en el hogar pudo comprar la fuerza de trabajo por debajo de su costo social de reproducción. Adicionalmente el capital usaba la fuerza de trabajo femenina como ejercito de reserva “basculante”, favoreciendo o dificultando su entrada al mercado laboral a través de diversas legislaciones, pero siempre manteniéndola como fuerza de trabajo de segunda categoría2. Al etiquetarlo como de segunda, los capitalistas pasaron a pagar un precio menor por el mismo trabajo, de tal forma que esa segregación laboral se convirtió además en una fuente de salvajes sobre-beneficios para los capitalistas.

Convertidas en una subclase dentro de la clase proletaria, utilizadas por el capital para abaratar la fuerza de trabajo y reducidas a ser un “cómodo” colchón con el que amortiguar los efectos más conflictivos de sus crisis periódicas, las mujeres no sólo quedaban bajo las sujeción y dominación del sistema capitalista de forma más precaria y deprimida, si no que además quedaban sometidas a la brutalidad y al menosprecio de las relaciones patriarcales dentro de la familia. Estas relaciones autoritarias y machistas dentro del hogar afianzan la devaluación y resometimiento histórico de la mujer a partir de una relación de complicidad entre el capital y los jefes varones de la familia. El capital convirtió entonces al proletario explotado, humillado y enajenado en la fábrica, en el “dueño y señor” de su casa y de su familia, consiguiendo que ese espacio social funcionara como válvula de drenaje para la frustración y la rabia del hombre proletario, transformándose en una especie de aliviadero doméstico de las contradicciones del capital.

Para las mujeres proletarias la situación era distinta, ya que fueron y siguen siendo explotadas y humilladas tanto en el lugar de trabajo como en el hogar, sin contar con ningún espacio en el que se compensasen sus sufrimientos. Al no tener ese espacio social donde resarcirse -ni individual, ni colectivamente-, se les impuso la idea de que su realización iba mediada por el matrimonio, la familia y el hogar. Es decir, se fechitizaron las mismas circunstancias que coartaban su emancipación.

Es claro que la configuración de las unidades familiares ha ido cambiando y con ello, en cierta medida, la forma en que se reproduce la sociedad y la clase proletaria. Las mujeres ahora tienen mayor posibilidad de inserción en la educación superior y en el mercado laboral. Además, las unidades familiares tienen menos hijos o deciden no tener ninguno, mientras que van aumentando y sucediéndose las uniones consensuales y las rupturas conyugales, en tanto los matrimonios ya no son “hasta que la muerte nos separe”- aunque muchos bestias feminicidas sigan pensado que sí-.

Sin embargo, estas circunstancias no han modificado mucho la situación de opresión de la mujer, sobretodo en los hogares proletarios más pobres. La mayor facilidad de disolución de los lazos conyugales -que debería haber contribuido a un gran avance en la emancipación femenina- se ha transformado en un incremento de la sobreexplotación que sufren las mujeres, ya que los padres en buena medida se lavan las manos respecto a la manutención y cuidado de los hijos, al igual que el Estado, que no implementa medidas suficientes de servicios sociales y de cuidado para garantizar la responsabilidad social en la crianza y educación de los niños y niñas. Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 20233, el 64% de los menores de 5 años no asisten a espacios colectivos de cuidado como hogares comunitarios, jardines o colegios, si no que pasan la mayor parte de su tiempo al cuidado de su madre, abuela u otra familiar cercana. Las mujeres cabeza de familia- madres solteras, separadas o viudas- que ya alcanzan el 45,4%4 del total de hogares de Colombia, viven la carga familiar de manera más angustiante, viéndose abocadas a vender su fuerza de trabajo en las condiciones más precarias, a gastar un porcentaje importante de su salario en guarderías y servicios para complementar el cuidado y a no disponer de tiempo de ocio para ellas mismas. El 69% de estas mujeres cabeza de familia no tienen cónyuge o pareja y para el 31% que sí la tienen, suele suceder que su la “jefatura de hogar” se traduce en que “los hijos son tuyos y tuya es la responsabilidad de cuidarlos”.

Por tanto, a pesar de que el avance en algunas condiciones materiales deberían garantizar unas mejores condiciones de vida para las mujeres, vemos como esta mejoría no llega a todos los sectores. Las mujeres proletarias, a pesar de los cambios formales en la configuración de las unidades familiares siguen soportando la mayor parte de la carga, y sobretodo la más ingrata, de la reproducción de la clase proletaria.

Por estas razones, entre otras, las proletarias son protagonistas indispensables en el proyecto de superación del capitalismo, o sea en la construcción de una sociedad socialista. No por esos cuentos maternalistas y conservadores de una presunta superioridad natural o biológica de las mujeres, ni porque el supuesto “don” de dar vida o el papel de cuidadoras -impuesto históricamente- les hagan moralmente mejores. Lo que las convierte en un motor fundamental de transformación es el peso de unas condiciones materiales que perpetúan una opresión y explotación que es aún más cruenta y déspota contra las mujeres que contra el resto del proletariado. Esas circunstancias alientan a tensar los límites del capital, luchando por la transformación radical en la conformación y funciones de las unidades domésticas (familias), elemento clave para la reproducción de la propiedad privada, el mercado, la lógica de acumulación de capital y nuestras propias cadenas. Y ese impulso es mucho mayor en las mujeres proletarias que en los proletarios, ya que éstos tienden a acomodarse disfrutando de las ventajas que les otorga esa institución, sin reparar en el yugo colectivo que supone y retrasando así la emancipación colectiva del proletariado.

El papel de la “Sagrada Familia” y su entramado patriarcal en el sostenimiento del capitalismo

Para enfocar bien una lucha que apunte tanto a la superación de las relaciones patriarcales, como al debilitamiento de las bases de reproducción del capital, debemos entender en qué se basan esas condiciones que marcan el carácter diferencial y acrecentado de la opresión y explotación de las mujeres.

Estas circunstancias gravitan en torno al papel histórico asignado a la mujer en la reproducción social y física de la fuerza de trabajo y concretado en la institución familiar. Este papel a medida que se desarrolla el capitalismo, afianza e institucionaliza una división dentro de la esfera de la producción social, que se caracterizará en ir separando cada vez más: a) la esfera de la producción mercantil, que se considerará “producción social” y que se lleva a cabo en los espacios de trabajo asalariados; y b) la esfera de la reproducción de la fuerza de trabajo, que se considerará producción privada para uso doméstico y que se lleva a cabo en el hogar.

Esa escisión entre producción y consumo se mantiene a pesar de que cambien las conformación y tipología de las unidades familiares y refleja el doble carácter esclavizante del capitalismo, donde la clase proletaria está obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario y después es nuevamente obligada a comprar, con ese mismo salario, los bienes que ella misma ha producido, es decir, los frutos generados por la utilización de su fuerza de trabajo. El capitalismo precisa que ese ciclo se repita de forma continuada. Es decir, que constantemente se reproduzcan esas unidades familiares necesitadas de acudir diariamente al mercado laboral para recibir un salario por producir mercancías, parte de las cuales tendrán que comprar ellas mismas, ya que funcionan como medios de consumo con los cuales se regenera la fuerza de trabajo. Así se segmenta la vida misma de los proletarios y proletarias y se garantiza la realización de la ganancia capitalista, que no es otra cosa que la apropiación del plusvalor que produce la clase proletaria (o el excedente social si hablamos para el conjunto de la sociedad). Esto lo reconoce de alguna forma el Observatorio de familia del DNP, en su Boletín n.º 17 cuando afirma que “las familias están en el centro de la reproducción y transmisión intergeneracional de la desigualdad»5 , es decir y para matizarlo mejor, están en el centro de la reproducción y transmisión intergeneracional de las condiciones de sostenimiento del capitalismo, que es el que genera y perpetua la desigualdad social.

Cuando examinamos la unidad familiar desde el mercado de bienes y servicios, el lugar del trabajo remunerado o extradoméstico es el espacio relacionado con la producción de mercancías, mientras que el espacio doméstico está relacionado con el consumo. Sin embargo, cuando analizamos el mercado laboral y la mercancía “fuerza de trabajo” nos damos cuenta que ésta se produce y reproduce en una buena medida dentro de la esfera doméstica, pero se consume en la esfera de la producción mercantil. En consecuencia, la unidad familiar tal como existe en la actualidad sirve de mediación y anclaje entre el mercado de la fuerza de trabajo y el mercado de bienes de consumo, y lo hace a través de trabajo doméstico y del salario.

En esa división, entre la esfera de la producción mercantil y la esfera de la reproducción de la fuerza de trabajo en unidades privadas individuales (familias), intervienen y se afianzan muchas relaciones sociales esenciales para el sistema capitalista, como la propiedad privada y su transmisión, la relación salarial, el mercado y su papel de mediación entre la dos esferas, la explotación capitalista directa y la explotación indirecta a través de la succión de trabajo gratuito en el hogar, o a través de los arrendamientos y de los préstamos hipotecarios, entre otras.

Pero además, cuanto más se refuerza el carácter individual de esas unidades, más se dificulta la construcción de una organización proletaria fuerte y solidaria. En la política, el proletariado puede avanzar hacia la construcción de organizaciones políticas fuertes. En la economía, el propio desarrollo del capitalismo le hace avanzar hacia la socialización de los procesos productivos y permite a los trabajadores y trabajadoras agruparse en sindicatos para defenderse mejor de las arremetidas del capital. En contraste, en la vida familiar, el proletariado se encuentra dividido en millones de células aisladas, protegidas por muros mucho más sofocantes de lo que aparentan, recintos cerrados donde no entran las decisiones colectivas, ni la solidaridad. El hogar es el espacio de lo privado por excelencia, por eso al capitalismo le interesa revestir a la familia con el manto de lo sagrado, natural e intemporal, ya que las unidades familiares privadas son la materialización de la fragmentación de la clase proletaria y el estandarte del mantenimiento de la propiedad privada.

Las unidades familiares son además el espacio donde, casi sin reflexionar, el proletariado defiende la propiedad privada y la herencia; la jerarquía y el autoritarismo; la obediencia y sumisión; las dependencias y subordinaciones económicas; así como, los valores morales burgueses y la diferenciación social como elemento de antisolidaridad proletaria. Es decir, dentro de las unidades familiares, además de la comida, se cocina una parte importante de las condiciones de reproducción del capital. Y esto sucede porque las unidades familiares, en su anquilosamiento costumbrista de siglos o milenios y en su papel de transmisión generacional de los valores pasados, son el espacio donde lo seres humanos en mayor medida somos el producto y no los y las creadoras de nuestras condiciones de vida.

Además son uno de los espacios donde más se reproduce y normaliza la violencia. Recordemos que la mayoría de los asesinatos, violaciones y malos tratos contra las mujeres se llevan a cabo dentro del hogar, así como los abusos sexuales y la violencia física y sicológica contra niños, niñas y adolescentes. Adicionalmente, la familia es el primer y más importante espacio de adiestramiento en la aceptación de la jerarquía y la verticalidad, donde se normaliza como en ningún otro espacio, que el mantenimiento y respeto a la autoridad justifica el uso de sanciones, castigos e incluso de la fuerza.

Por todas estas razones es que las unidades familiares domésticas son tan fundamentales para la realización y reproducción del ciclo del capital, y de ahí la importancia de luchar en pro de la superación de ese espacio.

Este reto lo podemos identificar desde los primeros socialistas que identificaron claramente la relación entre la dominación de la mujer y el sostenimiento del sistema capitalista; y también en consecuencia entre la liberación de la mujer y la construcción del socialismo. En “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, Engels no trata este asunto como “un problema ético de inclusión”, como parecen comprenderlo algunos ahora, sino en su relación directa con las bases constitutivas del capitalismo. Es decir, en su relación con el mantenimiento de la propiedad privada, de las clases sociales, del fetichismo de la libertad individual y de la contradicción “producción social vs. consumo privado”, que sustenta el régimen del trabajo asalariado y, por tanto, la reproducción del capital, como acabamos de explicar.

Ya en 1921 Lenin afincó la idea de que bajo el capitalismo las mujeres son doblemente explotadas y oprimidas. “Las mujeres son explotadas por el capital de forma más acentuada, son oprimidas por unas leyes que les niegan la igualdad formal con el hombre, pero sobretodo se les mantiene en la «esclavitud casera», son «esclavas del hogar», viven agobiadas por la labor más mezquina, más ingrata, más dura y más embrutecedora: la de la cocina y, en general, la de la economía doméstica familiar individual…. El tránsito es difícil, pues se trata de transformar las normas» más arraigadas, rutinarias, rudas y osificadas (a decir verdad, no son “normas” si no bochorno y salvajismo).”

La revolución soviética inmediatamente proclamó leyes en pro de la igualdad entre hombres y mujeres, que ningún otro país había promulgado antes. Además dio pasos cardinales al abolir la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas o al ser el primer país en reducir la jornada laboral a ocho horas diarias. “Ocho horas de trabajo, ocho horas de sueño, ocho horas de tiempo libre” era la vieja consigna del movimiento obrero. ¿Pero cómo ese logro iba a beneficiar a las mujeres si en sus ocho horas de tiempo libre tenían que dedicarse a las tareas del hogar? Sin duda para avanzar en el camino de la emancipación completa y efectiva de la mujer, para su liberación de la «esclavitud casera», se debía pasar de la pequeña economía doméstica individual a la economía grande y socializada. Lo que Lenin defiende en ese discurso no es sólo la incorporación de las mujeres a las fábricas, si no además la transformación de las unidades domésticas en economía socializada, lo que se conoce como “socialización del trabajo doméstico”.

Lenin identificara claramente el papel de la mujer en la familia como una traba fundamental en la superación del capitalismo y en el logro de la emancipación. “La mujer continúa siendo el esclavo doméstico a pesar de todas las leyes liberadoras, puesto que la pequeña economía doméstica la oprime, la ahoga, la embrutece, la humilla, atándola a la cocina, a la habitación de los niños, obligándola a gastar sus fuerzas en tareas terriblemente improductivas, mezquinas, irritantes, alelantes, deprimentes. La verdadera liberación de la mujer, el verdadero comunismo comenzará allí y cuando comience la lucha de masas (dirigida por el proletariado que posee el poder) contra esta pequeña economía doméstica o, más exactamente, durante su transformación masiva en gran economía socialista.”

Socialización del trabajo doméstico y generalización de los medios de consumo colectivos6

Socializar el trabajo doméstico significa en primer lugar “sacarlo de la casa”, del ámbito privado y recluido donde se lleva a cabo. Implica, por tanto, realizarlo en colectivo, convertirlo en industria social7 . Ese paso inicial es fundamental para romper con el aislamiento social de las mujeres que realizan día tras día, año tras año, el mismo trabajo simple, alienante e intrascendente, encerradas entre cuatro paredes. 8

La condición más subyugadora y opresiva del trabajo doméstico privado no es su falta de retribución, si no que se realiza en condiciones de aislamiento y que impide la interacción social directa. Mas que una cárcel, es una celda de aislamiento donde están condenadas a hacer diariamente un trabajo ingrato que no termina y que no es valorado socialmente. Es como si se repitiera el mito griego de las “Danaides”9, en el que cincuenta hermanas defienden el derecho a disponer de su vida, su sexualidad y su propio cuerpo, resistiéndose con todas sus fuerzas a la esclavitud del matrimonio; motivo por el que son condenadas en el Inframundo a llenar día tras día, eternamente, un tonel sin fondo con agua, usando jarras agujereadas. De la misma forma es que el trabajo doméstico sabotea el potencial creador, productivo y revolucionario de las mujeres.

Socializarlo significa que esas mismas actividades que cada día se realizan de forma individual, aislada, sin medios técnicos y que suponen sobrejornadas excesivas que consumen nuestra energía y vida, sean asumidas por el conjunto de la sociedad, de forma racional, tecnificada y planificada. Supone convertir el trabajo aislado, que se realiza de forma servil y arcaica, en industrias públicas (o público-cooperativas) que incorporen todos los avances técnicos-científicos y que pueden suponer interesantes experiencias de aprendizaje colectivo de planificación. Según el DANE las mujeres dedican 50.4 horas semanales al cuidado no remunerado, lo que supone más horas que la jornada laboral semanal misma. Por tanto, al socializar el trabajo doméstico se podría ahorrar más del 30% del tiempo social de trabajo de toda la sociedad para usarlo en mejorar el sector de la educación, la cultura, la salud, la producción agrícola, la industria, etc. mejorando enormemente la productividad social, y así generando condiciones reales para incrementar el tiempo lúdico-creativo.

La socialización del trabajo doméstico se puede plasmar de muchas formas: a través de lavanderías, restaurantes, fábricas de comida procesada, guarderías con instalaciones modernas y bien acondicionadas, ludotecas, sistemas de transporte escolar y extraescolar, gimnasios, espacios de cuidado y recreación para las personas mayores, entre otras muchas.

Es cierto que estos espacios ya existen dentro del capitalismo, pero una parte importante funcionan dentro de la esfera mercantil privada, por lo que en ellos prima el lucro y muchas veces la especulación. Por esta razón, los sectores sociales que más los necesitan no pueden utilizarlos porque son muy costosos o porque no hay suficiente y adecuada oferta pública.

Por ejemplo, la cobertura en Centros Día y teleasistencia para adultos mayores sólo llega al 8% y está concentrado en las ciudades10, mientras que el 80% del cuidado sigue siendo informal (familias, principalmente mujeres) (ENUT 2022). Por otra parte, según el DANE las guarderías públicas solo cubren 1.2 millones de niños, dejando por fuera al 60% de hogares de estratos 1-2 que demanda estos servicios11. En las ciudades grandes y los centros rurales la situación es peor. Según Informe de Cobertura Educativa 2023 de la Secretaría de Educación de Bogotá «En 2023, se disponía de 12,000 cupos en guarderías públicas (jardines infantiles oficiales y hogares comunitarios), frente a una demanda estimada de 150,000 niños en edad de 0 a 5 años no cubiertos por el ICBF o colegios privados». Por otro lado, la oferta de preescolares públicos es mayor, pero pocos tienen horario extendido, ofreciendo la mayoría atención en jornada única de 5 horas en la mañana o en la tarde, lo que difícilmente se adapta a las necesidades de las madres. En el resto de actividades como restaurantes, lavanderías, gimnasios o ludotecas la oferta pública es casi inexistente.

Por eso es fundamental que en el conjunto de las reivindicaciones de los movimientos sociales se incluya la exigencia de que estos servicios públicos se masifiquen, incrementen sus coberturas y horarios y sean de carácter publico y gratuito, además de ofrecer salarios dignos y plenas garantías laborales y de derechos sociales a quienes trabajen en ellos. Es importante constatar y continuar denunciando que una parte importante de la oferta de servicios públicos de cuidado se basan en la sobreexplotación, tercerización y desconocimiento de derechos de las personas que laboran en ellos.12 Igualmente, en el caso de los Hogares comunitarios por ejemplo, se sigue reproduciendo la forma de trabajo individual, aislada, sin medios técnicos y con sobrejornadas excesivas, sólo que con un salario que para colmo está en lo más bajo de la escala salarial13.

La verdadera socialización del trabajo domestico debe hacer parte de una política más general de incremento de los medios de consumo colectivos. Es decir, la socialización del trabajo doméstico y de las unidades familiares está inscrito dentro de la tarea de generalizar la socialización de los medios consumo colectivos. Es decir, que no estén mediados por el intercambio mercantil, si no que tenga carácter público y gratuito. Y aquí hay que recordar que el que los Bienes de Consumo Colectivo sean de prestación gratuita no significa que sean un regalo -ya que todos los bienes y servicios son producto del trabajo colectivo de la clase proletaria- si no que su disfrute no está mediado por el intercambio mercantil.

De esta manera, no sólo se avanzaría en romper las cadenas de dominación económica que aún pesan sobre las mujeres, sino también en atenuar la dependencia de las comunidades proletarias de los circuitos mercantiles del capital privado. Además, se limitarían las desigualdades económicas y sociales, con lo que aumentarían las condiciones para la solidaridad intraclasista y el fortalecimiento de las organizaciones proletarias. Pero, lo más importante es que con estas propuestas se contribuye a combatir un eslabón fundamental del ciclo autoreproductivo del capital, ya que se batalla contra la fragmentación de la esfera de la producción y la esfera del consumo, a través de la cual los capitalistas mantienen al proletariado dependiente de la relación salarial y del mercado.

Por tanto, igual que debemos recordar que un feminismo que no enfrente la explotación del proletariado y luche contra el capital, nunca será una verdadera lucha por la emancipación; también debemos recordar que ningún proyecto proletario podrá superar el capitalismo si subordina o posterga la lucha por la emancipación de la mujer, ya que esa lucha es una transformación proletaria fundamental en sí misma.

Susana Gómez Ruiz, Centro de Pensamiento y Teoría Crítica PRAXIS

Notas:

1El Código Napoleónico en Francia (1804) estableció que las mujeres casadas debían obediencia a sus maridos y limitaba su autonomía legal, incluyendo la capacidad para trabajar sin autorización marital. Este modelo se extendió después al resto de Europa donde las mujeres casadas tendrían restricciones legales para firmar contratos laborales o administrar propiedades sin permiso del esposo. Estas legislaciones restrictivas empeorarían con el auge del fascismo y con las políticas pronatalistas que se impondrían después de las dos guerras mundiales.


2https://www.centropraxis.co/post/la-emancipacion-de-las-proletarias-es-tambien-la-lucha-de-la-clase-proletaria

3(https://www.dane.gov.co/files/operaciones/ECV/bol-ECV-2023.pdf)

4Boletin ECV 2023, DANE.

5DNP, Observatorio de familia. Boletín n.º 17. Familias y matriz de la desigualdad social en Colombia. Pág 4 (https://observatoriodefamilia.dnp.gov.co/Documents/Boletines/Boletin%2017.pdf)

6Se utiliza el término Medios de Consumo Colectivo para referirse no sólo a los bienes, servicios y actividades que intervienen en la reproducción de los seres humanos, si no a los espacios y relaciones sociales a través de las que se lleva a cabo. Así, no sólo incluye los Bienes de Uso Colectivo actuales como servicios públicos, educación, salud,etc. si no todas las actividades de consumo y reposición de la vida que hoy aún se realizan de forma privada y fragmentada.

7https://www.aporrea.org/endogeno/a139570.html

8Susana Gómez, “La socialización del trabajo doméstico y la generalización de los medios de consumo colectivos como estrategias para eliminar el patriarcado y construir el modo de vida socialista”, El Papel de la Comuna en el proceso de emancipación, pp.10-30, 2011, Ediciones Insumisas.

9La obra del dramaturgo griego Esquilo escrita hacía el 500 a. C. con título “Las Suplicantes” es una corta e interesante obra de teatro que además de relatar el mito de las Danaides y su lucha por “la causa de las mujeres”, defiende el poder político de la Asamblea Popular por encima del rey y de los gobernantes.

10DNP. Documento CONPES 4080 de 2022: Política Pública Nacional de Equidad de Género para las Mujeres. Capítulo 4, página 67.

11 DANE. Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ENCV 2022): «El 40% de los hogares con niños menores de 5 años en estratos 1-2 acceden a guarderías públicas, frente a una demanda potencial del 100%».

12https://www.observatoriosocioterritorial.org/post/bolet%C3%ADn-no-5-conflictos-sobre-el-trabajo-y-la-gestio-n-popular-del-territorio-en-bogota-sabana

13Susana Gómez, «No me llames madre en mi horario de trabajo” , Correo del Orinoco, 20 de enero de 2015, p.22 (https://www.noticiasdiarias.informe25.com/2015/01/opinion-no-me-llamen-madre-en-mi.html)






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sábado, 22 de marzo de 2025

Netumbo Nandi Ndaitwah presidenta de la República de Namibia

Una mujer del sur global toma el poder. Investidura presidencial 21 de marzo de 2025.




Avanzando en el conocimiento de las historias y el rol protagónico de las mujeres en el continente madre, África, presento esta nota informativa dedicada a Netumbo Nandi Ndaitwah. Se preguntarán ¿Quién es ella? Les contaré y en el transcurso del artículo por añadidura ofreceré algunos argumentos acerca de por qué es necesaria la escritura comprometida dedicada a las mujeres que lideran nuestra geopolítica de la emancipación.

Netumbo Nandi Ndaitwah es una lideresa política de los pueblos del sur global, de África, nacida en Namibia. El 27 de noviembre de 2024 resultó electa como presidenta de la república de Namibia en primera vuelta, con mayoría absoluta y el 58,07 % de los votos. Es la primera mujer en ocupar el cargo de Jefa de Estado de Namibia y ésta es la tercera nación africana que cuenta con una mujer como mandataria nacional, luego de Tanzania [1] y Malawi.

Otro dato revelador es que Netumbo Nandi Ndaitwah es la segunda mujer electa en el continente, la primera fue Ellen Johnson Sirleaf, de eso ya hace 14 años y salvando las distancias ideológicas. Lo que nos lleva a un hallazgo de enorme significado para nuestra geopolítica de emancipación, es la primera mujer de la tendencia de liberación africana en ser presidenta de su nación. 

Namibia es un país que no solo fue arrollado por el coloniaje y la vorágine del desarrollo capitalista, en su faceta de bestialización, por medio del genocidio y el sistema de segregación racial (mejor conocido como el apartheid).  Tuvo que librar la lucha armada, transitar el proceso de descolonización y edificar su independencia en 1990, a partir de la organización política y la irrestricta solidaridad internacional de Cuba como vanguardia del Tercer Mundo y la Unión Soviética.

La Organización Popular del Sudoeste de África (SWAPO, en inglés) es el partido político que lideró este proceso de emancipación nacional y ha gobernado a Namibia desde 1990. Fundada entre otros fines para combatir todas las tendencias reaccionarias del individualismo, tribalismo, racismo, sexismo y regionalismo; cooperar en la mayor medida posible con todos los movimientos genuinos de liberación nacional, gobiernos progresistas, organizaciones e individuos en todo el mundo hacia la eliminación completa del sistema colonial del imperialismo; trabajar por la creación de una sociedad sin clases, no explotadora y no opresiva y velar por que el gobierno popular trabaje en estrecha cooperación con todos los estados amantes  de la paz en pos de la paz y la seguridad mundial [2].

Netumbo Nandi Ndaitwah es miembro principal del comité central del partido, en el 2017 fue electa vicepresidenta y actualmente es la presidenta del partido.

Contarles sobre esta lideresa, es referirnos, por tanto, a la generación victoriosa de líderes y lideresas que lograron imponerse sobre las atrocidades del coloniaje y el capitalismo. Es abordar las luchas que se han dado en África por la autodeterminación de los pueblos, el antimperialismo, los derechos humanos y las reparaciones.

Este último campo de disputa sigue vigente para los pueblos arrollados por el coloniaje. Sin embargo, el caso de Namibia nos muestra evidencia de un avance significativo en la lucha por las reparaciones, concretamente cuando Alemania reconoció, un siglo después, el genocidio cometido (1904-1908), del cual propuso pagar alrededor de 1.000 millones de dólares. El canciller alemán Heiko Maasen en 2021 expresó «A la luz de la responsabilidad histórica y moral de Alemania, pediremos perdón a Namibia y a los descendientes de las víctimas» [3]. Reparaciones que todos los pueblos del sur debemos reclamar para construir nuestro bienestar arrebatado por el desarrollo de la sociedad occidental.

La historia política de Namibia muestra cómo los pueblos del sur global han venido construyendo su propia emancipación frente la intervención extranjera y el imperialismo. Así que estamos muy orgullosas y comprometidas con Netumbo Nandi Ndaitwah y su pueblo, quienes nos demostraron que sí se puede vencer. 

La militancia de NNN, como también se le conoce, ha sido muy activa. En su adolescencia se indignó por los crímenes de flagelación infringidos por el sistema de apartheid, llevándola a colaborar activamente para erradicar este horrendo crimen. Es así que tenemos que su activismo se edifica desde una edad muy temprana, cuando integró las filas del movimiento independentista. A los 14 años militaba en SWAPO (1966), destacó por sus gestiones diplomáticas dentro de dicha organización. Fue encarcelada junto a otros de sus camaradas. Para 1974, se fue en exilio a Zambia, Tanzania y otros países.  Presidió la Liga Juvenil de la SWAPO en Zambia. A su vez, presidió la Organización Nacional de la Mujer de Namibia (NANAWO). Lideres políticos transcendentales de este continente como Julius Nyerere elogiaron la firmeza de la defensa de Namibia de esta extraordinaria mujer del sur. 

Tiene una amplia formación académica. En la Unión Soviética recibió formación política como la mayoría de los defensores del Tercer Mundo. Estudió administración y gestión pública así como relaciones internacionales en el Reino Unido, efectuó un máster en estudios diplomáticos y tiene una experiencia destacada en el ejercicio político. En el 2020, la Universidad de Dar Es Salaam de Tanzania le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Letras por su “contribución a la lucha por la independencia del país y su liderazgo en diplomacia internacional, igualdad de género y panafricanismo” [4].

Ha tenido una trayectoria profesional y política destacada ocupando cargos públicos de relevancia estratégica como diputada, consejera presidencial para asuntos de la mujer, ministra de la mujer y bienestar infantil, información y turismo, vice primera ministra y canciller y vicepresidenta de la República.

Su ascenso político estuvo avalado por el líder anticolonial y presidente de Namibia Hage Geingob quien falleció en febrero de 2024. Según el director del Instituto de Investigación de Políticas Públicas (IPPR) de Namibia, Graham Hopwood, es una política histórica de SWAPO y cuenta con un liderazgo “que inspira en varios sectores del partido gobernante”. Se le considera una funcionaria pública responsable trabajadora, pragmática y honrada [5].

A sus 72 años es la mujer africana más importante en llegar a poder por parte de los movimientos anticoloniales, antimperialista y de izquierda. Además de liderar el partido de gobierno de un país africano. A quien hay que apoyar y extender nuestra alianza estratégica para construir ese mundo multicéntrico y pluripolar.

Namibia significa enorme, así nos explica uno de sus idiomas originarios, el Oshiwambo.  Su población es de aproximadamente tres millones de habitantes, cuenta con uno de los desiertos más antiguos y grandes del planeta (Desierto de Namib). Es un país estratégico para la geopolítica energética por su potencial en hidrocarburos y minería (diamantes, uranio, metales básicos, petróleo y minerales raros).

La presidenta expresó luego de conocerse los resultados electorales, que su pueblo votó por la paz, la estabilidad y el empoderamiento de la juventud. Y es vital significar que este proceso político a través del liderazgo de una mujer enarbola las banderas de la paz y la estabilidad para construir gestión pública. Un mensaje importante a la comunidad internacional que debe ser concretizado, el mundo necesita la paz para poder construir inclusión. La geopolítica de la emancipación una vez más da muestra a través de este país africano de que solo la paz puede lograr entendimiento y dirimir las diferencias frente a la guerra y la aniquilación imperialista de nuestra civilización.

La historia del liderazgo político de la mujer en el mundo tiene un nuevo hecho que registrar desde la perspectiva de la geopolítica de emancipación. Este próximo 21 de marzo de 2025 Netumbo Nandi Ndaitwah toma posesión del cargo de presidenta de la República de Namibia para el periodo 2025-2030. Es una fecha histórica y coincide con el 35 aniversario de su independencia. La República Bolivariana de Venezuela estará representada por una importante delegación presidida por el Canciller Iván Gil, quien además está acompañado por el Viceministro para África Yuri Pimentel.

Namibia es una aliada de la República Bolivariana de Venezuela. Netumbo Nandi Ndaitwah ha jugado un rol protagónico en el estrechamiento de la relación bilateral. Tanto a nivel de partidos, SWAPO y PSUV, como del liderazgo juvenil de ambas organizaciones (JSWAPO y JPSUV) tienen nexos de amistad y solidaridad importantes, caracterizados por visitas, firma de acuerdos, entre otros intercambios. Ejemplo de esta hermandad, destaca el hecho de que, el 3 de marzo de 2021, el presidente Nicolás Maduro Moros otorgó en vida la Orden Francisco de Miranda al Padre fundador de Namibia, San Nujoma, y también condecoró con la misma orden a la entonces canciller Netumbo Nandi Ndaitwah. El líder histórico Nujoma expresó a propósito de la condecoración que:

«Acepto este premio con humildad en nombre del pueblo namibio y de otras personas progresistas del mundo, especialmente de quienes nos apoyaron en nuestra lucha por la libertad y la auténtica independencia»[6]

A su vez, el 12 de septiembre de 2024, el mandatario venezolano en el marco de la clausura del Congreso de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (JSPUV), otorgó post mortem al presidente de Namibia, Hage Geingob, la mención Espada Libertadores y Libertadoras de Venezuela en su primera clase, condecoración recibida por la hija del mandatario, Nangula Geingob.

Namibia es un pueblo de dignidad, esperanza y vanguardia. Viene de la lucha por la liberación nacional de los pueblos africanos, del espíritu libertario de Bandung, es miembro del Movimiento de Países No alineados y ha sido solidaria con la causa saharaui, cubana y, por supuesto, la bolivariana. El líder histórico de Namibia, Nujoma, expresó en su momento que “El pueblo namibio enfatiza la importancia de la soberanía de Venezuela y llama a la comunidad internacional a no interferir en los asuntos internos de Venezuela”. Honor y gloria al legendario de los pueblos del sur, Nujoma, quien falleció el 8 de febrero de 2025.

Todo el mejor de los éxitos para este mandato feminista y antimperialista de Namibia.

Viva Netumbo Nandi Ndaitwah!

¡Viva la presidenta de Namibia!

Notas:

[1] https://www.ktalnews.com/news/u-s-world/ap-namibia-will-have-its-first-female-leader-after-the-vp-wins-presidential-election-for-ruling-party/.

[2] Estatuto del partido SWAPO.

[3] Cómo fue el «genocidio olvidado» de Namibia, cometido por Alemania y reconocido un siglo después. Tomado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57282350.

[4] Universidad de Dar Es Salaam, Tanzania. https://www.udsm.ac.tz/honorary-degrees

[5]Ortiz, Robert. Netumbo Nandi-Ndaitwah por el Centro de Estudios Internacionales, Barcelona. https://www.cidob.org/lider-politico/netumbo-nandi-ndaitwah

[6] Nujoma humbled by Venezuela recognition https://neweralive.na/nujoma-humbled-by-venezuela-recognition

Yasmín Corrales, internacionalista e investigadora.




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jueves, 13 de marzo de 2025

Por las mujeres, por el futuro, por la humanidad…

En las marchas del pasado 8 de marzo, tanto en América Latina como en Europa, fue notorio el énfasis en las consignas contra la ultraderecha. Es indisoluble el vínculo entre la lucha contra el patriarcado y la lucha por el avance político.

La violencia de género, la brecha salarial (igual salario por igual trabajo sigue siendo una meta por lograr) y todas las indeseables derivadas del patriarcado, se alimentan también del atraso político.

El genocidio en Palestina, el saqueo, el abuso imperialista, la discriminación a las minorías y la sobreexplotación a los trabajadores y trabajadoras migrantes, no son problemas ajenos al movimiento feminista.

No lo es, por tanto, la pretensión del poder estadounidense de sumar al sometimiento a Europa y a la siembra en los países subdesarrollados de gobiernos presididos por ridículos especímenes fascistoides la anexión a Estados Unidos de los otros dos países de América del Norte, la adquisición de Groenlandia y el control sobre las más importantes vías interoceánicas del planeta.

El intento de aplicar la vieja doctrina del Destino Manifiesto utilizando modernos misiles y bombas de racimo, perjudica al movimiento feminista y a todo proyecto contra la injusticia y la desigualdad.

El avance político y las conquistas sectoriales que, en lo relativo a la organización de la vida en sociedad y en familia, los filósofos y sociólogos de hoy clasifican como avance antropológico, no se contraponen. La afirmación contraria es sostenida por grupos comprometidos con el sistema que intentan perpetuar el atraso que constituye la división sexista del trabajo.

Inessa Armand, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y otras feministas comprometidas con el avance político, participaron en la lucha por el voto femenino entendiendo que esa reforma abonaría la lucha por el desmonte de la sociedad de clases.

Rosa Luxemburgo concluye con una sentencia un artículo publicado en 1912: “Luchando por el voto de la mujer, aceleramos al mismo tiempo la hora en que la actual sociedad se desmorona en pedazos bajo el martillo del proletariado revolucionario”.

En su artículo, la feminista polaca asesinada en 1919, coloca antes de la sentencia una cita con un certero comentario:

“Hace 100 años, el francés Charles Fourier, uno de los primeros grandes propagadores de los ideales socialistas, escribió estas memorables palabras: ‘En toda sociedad, el grado de emancipación de la mujer es la medida natural de la emancipación general’. Esto es totalmente cierto para nuestra sociedad. La actual lucha de masas en favor de los derechos políticos de la mujer es solo una expresión y una parte de la lucha general del proletariado por su liberación. En esto radica su fuerza y su futuro. Porque gracias al proletariado femenino, el sufragio universal, igual y directo para las mujeres supondría un inmenso avance e intensificación de la lucha de clases proletaria. Por esta razón la sociedad burguesa teme el voto femenino, y por esto también nosotros lo queremos conseguir y lo conseguiremos”.

A más de doscientos años de la cita de Fourier y de un siglo de publicación del artículo El voto femenino y la lucha de clases, en una composición social más compleja, es preciso reconocer la problemática de género sin desconocer la lucha de clases. Hay que puntualizar, como lo hizo Rosa Luxemburgo, que la lucha por la equidad de género es también tarea de los hombres conscientes.

Rosa Luxemburgo, como otras teóricas, definió a la mujer obrera como ente económico independiente, en contraste con la mujer burguesa, que, a su juicio, era mera consumidora de plusvalía e instrumento de la reproducción de las relaciones sociales capitalistas.

Silvia Federici, una feminista de este tiempo cuyos escritos son valiosos, aunque algunos contienen afirmaciones muy cuestionables, en su libro El patriarcado del salario, se refiere al trabajo doméstico en los siguientes términos:

“En el caso de las mujeres, intentar educar a los hombres ha provocado que nuestra revuelta se haya privatizado y se luche en la soledad de nuestras cocinas y habitaciones. El poder educa. Primero los hombres tendrán miedo, luego aprenderán, porque será el capital el que tenga miedo. Porque no estamos peleando por una redistribución más equitativa del mismo trabajo. Estamos en lucha para ponerle fin a este trabajo y el primer paso es ponerle precio”.

FEMINISMO Y LUCHA DE CLASES NO SON CONCEPTOS CONTRAPUESTOS

Los criterios dieciochescos del presidente argentino Javier Milei y del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, la mal disimulada misoginia de Donald Trump y el nombramiento por el francés Emmanuel Macron de ministros de Justicia con historial de acciones contra las mujeres (Gérald Darmanin, acusado de violación, y el fenecido Eric Dupond-Moretti, conocido por sus declaraciones machistas), muestran que las agresiones contra las mujeres son toleradas con mucha frecuencia por las instituciones vigentes.

Tiene un contenido manipulador, además de maniqueísta, el cartel que circula en las redes con la inscripción de que la lucha es de clases y no de género. La equidad de género es una meta de todas las personas que luchan contra la discriminación, y el desmonte de la sociedad de clases no se logra manteniendo subordinada a una parte importante de la humanidad.

La Eurostat, oficina de estadística de la Unión Europea, estima que en esa parte del mundo las mujeres cobran un 12% menos que los hombres. El estudio es del año 2023. En América Latina, según el Banco Mundial la brecha salarial supera el 16 por ciento.

Un estudio del Foro Económico Mundial revela que, en el año 2024, las mujeres representaron el 42% de la mano de obra mundial y el 31,7% de los altos cargos, por detrás de los hombres en casi todas las industrias y economías. A esa fecha, aunque las mujeres ocupan el 50% de los puestos de nivel inicial, siguen sin tener acceso a la alta dirección, con sólo el 25% de los puestos directivos.

A la condición laboral hay que añadir la persistencia de leyes que niegan a la mujer derechos como el de decidir sobre su propio cuerpo. Estas leyes son más o menos importantes en cada país dependiendo de la definición del poder permanente a nivel nacional.

En países como República Dominicana y El Salvador, donde la Iglesia Católica y otras denominaciones religiosas están integradas al esquema de dominación política, la legislación en materia de derechos sexuales y reproductivos y la práctica institucional en esa materia conservan un anacronismo cruel y hasta criminal.

La bandera de la equidad de género debe ser alzada por todos los hombres y mujeres conscientes, para quienes también es ineludible el compromiso de denunciar que es falso el feminismo reduccionista y que es creación del conservadurismo rancio la contraposición entre feminismo y lucha de clases.

Gobernantes como el salvadoreño Daniel Noboa y el dominicano Luis Abinader hablan sobre la condición de las mujeres para disfrazar con frases vacuas su compromiso con el atraso en todos los órdenes. Igual ocurre con los dirigentes corporativos (hombres y mujeres). La denuncia pertinente no es, pues, tomar en las manos el maniqueísta cartel que se ha hecho viral en las redes o enarbolando el falaz discurso de que ser feminista es atacar a los hombres.

El feminismo es lucha contra la explotación, el saqueo y el abuso. Es militancia antifascista y anticapitalista… Es asumir la tarea de hacer visible la injusticia y, por supuesto, de combatirla.








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sábado, 8 de marzo de 2025

«El movimiento feminista sigue muy oculto y muy poco consultado como fuente»

Entrevista a la periodista Marta Brancas, militante feminista



Fuentes: https://www.pikaramagazine.com

Repasamos con la periodista Marta Brancas, militante feminista, las transformaciones que ha vivido el periodismo feminista en las últimas décadas.

Marta Brancas (Málaga, 1951), periodista e historiadora, es parte de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia-Bizkaiko Emakumeen Asanblada (AMB-BEA). Ha dedicado su carrera profesional al periodismo feminista y a la recuperación de la memoria histórica de las mujeres. Es una vieja conocida de esta revista y parte activa del movimiento feminista de Bilbao.

No sabía que habías nacido en Málaga.

Sí, mi padre trabajaba en Mijas. Eso me salvó de algunos asuntos durante la dictadura porque cuando pedían el carné no ponía nada de Bilbao.

¿Qué valoración haces del auge del periodismo feminista en los últimos años?

La situación es muchísimo mejor en ciertos sentidos. Ahora hay prensa que se nombra directamente feminista. Antes era muy difícil meter cosas de género en los medios, pero se ha peleado mucho para que las mujeres podamos ser fuentes. No ha sido así con el movimiento feminista que sigue muy oculto y muy poco consultado como fuente. El tema del tratamiento de la violencia contra las mujeres ha sido un éxito, entre comillas.

En las décadas de los años 80 y 90 hubo mucha prensa editada por el movimiento feminista. De alguna manera, se han perdido este tipo de publicaciones.

Sí, totalmente. Prácticamente no quedan. Esto tiene que ver con la mejora y la apertura de los medios al mundo de las mujeres y, algo, al feminismo. En aquel momento no se veía ninguna posibilidad. En los 80 no había nada: una página de ‘la mujer’ o una sección en algunos periódicos, pero muy tomado por los pelos. La dificultad era enorme. En ese momento, los periódicos de las organizaciones de mujeres eran más bien panfletos que se sacaban en ese formato. Algunas publicaciones, como Geu Emakumeok [periódico de la AMB-BEA]  evolucionaron y se abrieron a más organizaciones, a más mujeres, a más temas… para que no todo fuera información sobre las campañas que estaban haciendo las propias organizaciones. Por distintas razones eran muy difíciles de mantener. Es una pena porque hubo cantidad de publicaciones y no están todas guardadas.

Eran publicaciones hechas por las propias militantes.

Siempre había alguna periodista que sabía dirigir, que valoraba y estimulaba a otras para escribir otro tipo de textos que no fueran panfletos, pero era caro, las periodistas tenían otros trabajos…

¿Crees que la desaparición de estos medios se debe a la profesionalización?

De alguna manera, sí; pero no solo se ha profesionalizado el periodismo. Se ha profesionalizado el feminismo: hay cantidad de asesoras que hacen planes de igualdad, que asesoran a empresas, a organizaciones; técnicas de igualdad… Muchas mujeres del feminismo de finales de los 70 se metieron en política, en los sindicatos, que tienen sus propias secciones. Por una parte, está muy bien, pero, por otra, deja mucho que desear. El movimiento feminista y las organizaciones que somos el hueso de la aceituna no somos fuente de información y si lo somos es en momentos muy puntuales y somos un poco mal tratadas. Recuerdo, cuando la huelga de 2019, haber tenido una reunión potente con todas las periodistas de EITB​ para contarles cómo iba a ser. Nos preguntaban qué podían hacer y les decíamos que el 8 de marzo son todos los días. Hay que tener iniciativa y, desde luego, se ha notado muchísimo. Antes no había nada. No te puedes imaginar. ¿Tú te acuerdas de eso?

La verdad es que no.

Era una sequía total.

Hay una crítica, legítima bajo mi punto de vista, del movimiento a la profesionalización del feminismo, pero tengo la sensación de que se critica a las comunicadoras feministas, pero no a las abogadas feministas, ni a las arquitectas, por ejemplo.

Sí y no. Ahora no sé, pero por lo que he podido seguir, en la universidad no hay una especialización de periodismo feminista. Así como hay periodismo deportivo, político, no hay un periodismo feminista. Las mujeres que se dedican a ello siguen teniendo que pelearse los espacios. Está mal visto, como está mal visto en la sanidad que los médicos práctiquen abortos. Yo creo que la crítica que hace el movimiento feminista es que hay poca relación de las periodistas con el feminismo. Antes de las III Jornadas Feministas de Euskal Herría [celebradas en Leioa en 1994] desde el Geu Emakumeok organizamos reuniones con periodistas de todos los medios para explicarles qué íbamos hacer, qué se podía escribir, cómo podían colaborar, apoyar. Eso no existe ahora. No existe un puente entre el periodismo feminista y el feminismo. Creo que la desconfianza viene de ahí.

¿Cuál podría ser ese puente?

Reuniones de mujeres periodistas, espacios de encuentro… para ver los problemas que hay con los medios, para apoyarse unas a otras, para pasar contactos, tener una base de datos de feministas.

Pero existen redes de periodistas, existen bases de datos y, sin embargo, al movimiento feminista le sigue costando la relación con los medios. Las dinámicas de los medios, las prisas, la necesidad de declaraciones, parecen incompatibles con las dinámicas del movimiento.

Sí, ese es el tema, pero eso se construye con tiempo, pero, claro, el periodismo forma parte de la industria de la información y tiene sus riesgos. El movimiento feminista tiene los suyos.

ormaste parte de Andra, un periódico feminista que quizá no tenga el reconocimiento que merece.

Andra fue un milagro. Supuso resistir el periodo más duro de [el Gobierno de José María] Aznar, resistir al conmigo o contra mí, de “todos sois terroristas y horribles”. A ver, se pudo hacer, ¿sabes por qué? Porque, entre otras cosas, todas nos conocíamos de Geu Emakumeok. Nos conocíamos, nos habíamos ayudado, escribíamos en la última etapa de Geu. Entonces fue más fácil. Claro, al sacarlo en papel fue una chulada. ¡Venga, a competir con El Correo!Estábamos en los quioscos. Tuvimos colaboraciones magníficas de mucha gente de todo el Estado. Andra llegaba a muchas mujeres y tuvo mucha influencia en la opinión. En ese momento había desparecido la prensa feminista, la de los boletines, la de las organizaciones. Tampoco existía ya Vindicación Feminista. Quedaban las publicaciones de las instituciones. Emakunde, por ejemplo, publicaba una revista en papel, a toda pastilla, pero era institucional. Andra fue un periódico feminista independiente hecho por mujeres totalmente. Es verdad que solo duró tres años, pero fueron años muy importantes. Fue la única forma de resistir. Estoy encantada de haber podido participar en ese proyecto.

¿Crees que Andra ha tenido alguna digna heredera?

¿Qué quieres que te diga?

La verdad, Marta.

En papel, de aquel estilo, no hay nada. Lo que hay ahora es todo en internet. Pikara Magazine es una heredera, pero lo habéis hecho de cero sin tener genealogía feminista. Erais muy jóvenes y las  jóvenes…, en fin, inventan la rueda cada vez.


Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2025/03/el-movimiento-feminista-sigue-muy-oculto-y-muy-poco-consultado-como-fuente/


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#8M2025: Ni la Tierra ni nuestros cuerpos son territorio de conquista


Fuentes: https://www.ecologistasenaccion.org

Como cada año, celebramos el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, destacando y visibilizando la lucha y la reivindicación de los derechos de las mujeres y otras disidencias —personas con subjetividades que desafían los mandatos de género establecidos— para que podamos vivir una vida plena, de autonomía, justicia social y libertad en armonía con el planeta.


ivimos tiempos de grandes desafíos. Mientras la agenda internacional está protagonizada por el genocidio del pueblo palestino; por las medidas del presidente de EE.UU., Donald Trump; la devastadora guerra por el control de los recursos en la República Democrática del Congo —cuyo origen se remonta al expolio durante la colonia—; la persecución de pueblos originarios —como el pueblo mapuche— y el avance de la ultraderecha —que pone en el punto de mira a las personas migrantes y habitantes del Sur global, mujeres o personas LGTBIQ+— en nuestro territorio también vivimos momentos convulsos.

Muchas organizaciones, entre ellas Ecologistas en Acción, hemos denunciado los discursos de odio, la violencia racista y la islamofobia, así como las condiciones de explotación laboral —especialmente de personas migrantes— que se suman a las denuncias de algunos colectivos por agresiones sexuales y explotación sexual.  También nos han sacudido las noticias de agresiones sexuales en diferentes ámbitos, desde la política y el deporte, incluidos nuestros propios entornos activistas.

Frente a todo ello, lejos de paralizarnos, actuamos. Sabemos que el feminismo ha sido capaz de librar verdaderas revoluciones desde la desobediencia civil, la acción pacífica, el internacionalismo, la sororidad y el trabajo en red. Estamos comprometidas con el movimiento feminista, autónomo y diverso, por la equidad y contra la discriminación por razones de género, identidad y orientación sexual.

Por eso, este 8 de marzo de 2025 Ecologistas en Acción nos reafirmamos como ecofeministas haciendo nuestro el lema de las compañeras del Sur global: “Ni la tierra ni nuestros cuerpos son territorio de conquista”. Con esta idea compartida queremos decir:

Que nuestro territorio está conformado por el espacio físico y simbólico en el que desarrollamos nuestras vidas en relación con el resto de personas y del mundo vivo; y que nuestro primer territorio habitado es nuestro propio cuerpo. Por ello exigimos que sea tratado con respeto y dignidad. Ni los cuerpos de las mujeres ni los territorios son propiedad exclusiva de nadie, sino espacios de autonomía, de creación y cuidado de vida, de lucha y de reivindicación.

Que las relaciones de opresión sobre la naturaleza tienen la misma raíz que la opresión contra las mujeres. Sabemos que el sistema neoliberal se sustenta en guerras extractivistas; que el capitalismo y el patriarcado son depredadores, cuyo fin es apropiarse de los recursos naturales menguantes del planeta y aniquilar las formas de vida y culturas locales en el Sur y en el Norte globales; y que oculta sistemáticamente los espacios y a las personas que sostienen la vida, despoja a los pueblos, destruye territorios y criminaliza las resistencias

También sabemos que la violencia contra las mujeres es universal: ocurre en todos los territorios habitados y es la violencia más extendida en todas las sociedades, a pesar de que desempeñamos los trabajos de sustento y cuidado de la humanidad y del resto del mundo vivo, aunque no siempre es una opción elegida.

Por ello, CAMINAMOS con la certeza de saber que las violencias que el patriarcado ejerce contra nosotras no serán un obstáculo para frenar nuestra rebeldía y nuestra resistencia feminista.

Defendemos la alegre rebeldía, y con ella este 8 de marzo:

REIVINDICAMOS más ecofeminismos porque ninguna vida vale menos que otra.

MANIFESTAMOS nuestro compromiso con la igualdad y los derechos humanos de las mujeres diversas y las disidencias.

REITERAMOS que solo desde una mirada ecofeminista podemos acabar con el sistema capitalista y patriarcal.

MANIFESTAMOS nuestra solidaridad con todas las mujeres de todos los colectivos y entidades.

INVITAMOS a seguir luchando para conseguir organizaciones libres de cualquier violencia o discriminación.

APOYAMOS a las víctimas de agresiones sexuales y de violencia contra las mujeres, que somos casi todas y, especialmente, a las mujeres a las que estas agresiones han acabado condicionando la vida y a las que ni siquiera pueden denunciar la violencia sufrida.

RECLAMAMOS bajo estas premisas y en coherencia con los principios ideológicos de Ecologistas en Acción, la igualdad de derechos para todas las personas.

Este 8M también queremos RECORDAR que:

  • Las organizaciones sociales son fruto y reflejo de las sociedades donde se crean; sociedades sustentadas en estructuras, legislaciones, códigos de conducta y costumbres que se han construido y se construyen desde el patriarcado.
  • La cultura y los comportamientos machistas se siguen (re)produciendo, a pesar de siglos de lucha feminista. Se cuela en nuestra manera de pensar, de actuar y de relacionarnos. La violencia organizativa es una expresión más del sistema en el que hemos sido socializadas y en el que vivimos; una violencia que discrimina y abusa de las mujeres y se manifiesta de variadas formas y en todos los ámbitos. Probablemente, ninguna organización se libre. La nuestra tampoco.

Ecologistas en Acción es una entidad horizontal, con mucha trayectoria de trabajo contra las dinámicas y la desigual distribución del poder. Las mujeres, y también muchos hombres, estamos vigilantes para que nuestra organización no se deteriore por dinámicas patriarcales adoptando actitudes proactivas ante ellas para identificarlas, no consentirlas y erradicarlas en última instancia.

En todo este contexto global y local, complejo e incierto, las miradas ecofeministas son un lugar diferente desde el que mirar. Un lugar que sitúa las vidas dignas de todas las personas como una prioridad de un contexto natural, que compartimos con el resto de seres vivos, y que se encuentran en un momento de contracción y cambio. Los ecofeminismos aportan análisis y propuestas imprescindibles para que esta prioridad pueda materializarse.

Este 8M, invitamos a las personas feministas y ecofeministas del Estado español a celebrar juntas nuestros derechos en el Día Internacional de las Mujeres.


Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/333836/






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