RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

martes, 8 de diciembre de 2020

Nemonte Nenquimo: «la estrella» waorani que ganó el premio Goldman


Fuentes: Mongobay [Foto: Nemonte Nenquimo es la ganadora del Premio Goldman para Sudamérica y América Central. Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines]

Nemonte Nenquimo, una mujer waorani de 35 años, lideró el proceso legal que suspendió la explotación petrolera que amenazaba a su comunidad. Por esa victoria, ha sido reconocida como una de las activistas por los derechos indígenas más importantes del mundo. Su lucha es difícil y su figura divide incluso a activistas y líderes indígenas. Sin embargo, su risa cautiva a todos.

Nenquimo es una de las seis ganadoras del premio Goldman 2020. En septiembre fue reconocida por TIME como una de las 100 personas más influyentes del mundo y el 24 de noviembre, la BBC la incluyó en su lista de las 100 mujeres inspiradoras e influyentes en el mundo.

Si la esperanza pudiera reírse, sonaría como la risa de Nemonte Nenquimo. Ya sea a través de la pantalla de un computador o el parlante de un teléfono celular, el fuerte sonido de su carcajada parece una invitación de amistad imposible de ignorar, así como su lucha por la Amazonía. Nemonte Nenquimo, una mujer indígena waorani de 35 años, ha encabezado la protesta de su gente para que el Estado ecuatoriano respete los territorios y los derechos de las nacionalidades indígenas amazónicas.

En 2016 creó la Alianza Ceibo para atender las necesidades de comunidades a’i kofan, siona, siekopai y waorani. En 2019 encabezó la demanda que suspendió el proyecto de explotación petrolera del bloque 22 en la provincia de Pastaza, un foco de biodiversidad, que a la vez es fuente de petróleo. Esa es la defensa territorial a la que se ha avocado Nemonte Nenquimo, nombre melódico como una sonaja. La victoria legal que obtuvo podría sentar un precedente sobre la explotación petrolera en la Amazonía ecuatoriana y ha conquistado la atención del mundo entero.

Una lideresa de renombre internacional

A Nemonte Nenquimo acaban de darle el premio Goldmanel mayor reconocimiento ambiental que se entrega a nivel mundial. Antes que ella, lo recibieron personajes como: Alberto Curamil, Luis Jorge Rivera, Berta Cáceres, Ruth Buendía y Francia Márquez.

Nemonte Nenquimo, lideresa Waorani de la Amazonía ecuatoriana, con su hija Daime. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo, lideresa Waorani de la Amazonía ecuatoriana, con su hija Daime. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Curamil lo recibió en 2019 por dirigir a su comunidad mapuche en la detención de la construcción de dos proyectos hidroeléctricos en el sagrado río Cautín de Chile. A Márquez le fue entregado en 2018 por organizar a las mujeres afrocolombianas de La Toma y detener la extracción ilegal de oro en sus tierras ancestrales. En 2016, Rivera lo recibió por liderar una campaña para establecer una reserva natural en el Corredor Ecológico Noreste de Puerto Rico. Cáceres fue galardonada en 2015, un año antes de su asesinato, por emprender una campaña que presionó con éxito al mayor constructor de represas del mundo para que se retirara del proyecto de Agua Zarca. Y en 2014, Buendía lo recibió por unir al pueblo Asháninka en una campaña contra las represas a gran escala en Perú.

A Nemonte Nenquimo, cuyo nombre en wao tereo, su lengua materna, significa estrella, y a quien sus amigos más cercanos llaman Nemo, le entregan el Goldman de 2020 por la defensa de su territorio —específicamente por la victoria legal para evitar la explotación de los pozos petroleros en el bloque 22  de la Amazonía ecuatoriana—. “Ese premio no es para mí, es para todos porque solita no hubiera llegado”, dice Nenquimo, moviendo sus ojos inquietos, pintados con semillas de achiote, con un español fluido y a través de una pantalla —símbolo de estos tiempos pandémicos—.

Su esposo, Mitch Anderson, un estadounidense ambientalista  y director de la organización Amazon Frontlines, dice que el Goldman es una oportunidad para mostrarle al planeta la lucha de los pueblos indígenas: es la tercera vez que un activista ecuatoriano lo gana. En 1994 lo recibió Luis Macas por dirigir una lucha pacífica por los derechos indígenas y en 2008 lo recibieron Pablo Fajardo y Luis Yanza por liderar, durante décadas, el caso por daños ambientales causados por la operación petrolera de Chevron-Texaco en la Amazonía Norte del Ecuador.

Nemonte Nenquimo en su comunidad. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo en su comunidad. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Este reconocimiento ha vuelto a poner a Nemonte Nenquimo en el centro de las páginas de los medios, de los feeds de las redes sociales y de los horarios estelares de los noticieros. Hace unas semanas, el actor Leonardo DiCaprio escribió en la revista Time unos breves párrafos de por qué Nenquimo es una de las 100 personas más influyentes del mundo. En ese entonces, la lideresa indígena dijo que le llamaba la atención que el reconocimiento fuese solo para ella. “Los occidentales son egoístas y siempre reconocen solo a una persona”, dice Nenquimo, mientras deja ver el pequeño espacio entre sus dientes delanteros, por encima de su quijada en punta.

El rostro de una lucha colectiva

Abre sus ojos cafés para decir que la cultura waorani privilegia el colectivismo y ella siente que ni el Goldman, ni la presencia en la prestigiosa lista de Time, se los ha ganado ella sola. “Yo represento a millones de personas indígenas que luchamos por la naturaleza. Si me reconocen a mí, nos están reconociendo a todos”, afirma mientras reconoce lo abrumador que resulta estar en la mirada del planeta entero.

Nemonte Nenquimo asegura que le cansan las cámaras, la atención, los mensajes de WhatsApp y las llamadas. Cuando siente que ya no puede con la presión, se refugia en la naturaleza y se desconecta de todo y de todos. “Me gusta ir a donde hay cascadas. El golpe de la cascada saca el malestar y los malos pensamientos. Me ayuda a aclarar la mente, me fortalece”. Para ella, esa es su terapia: ir a la selva, pensar y respirar.

Nenquimo creció en Nemonpare, una pequeña comunidad waorani donde viven no más de 10 familias grandes, y que está a dos días de caminata de Puyo, la capital de la provincia de Pastaza. Cuando nació, los funcionarios del Registro Civil, arquetipo estatal de la cultura mestiza, no quisieron inscribirla como Nemonte. Su hermano Oswaldo —a quien todos llaman Opi— dice que le pusieron Inés “para complacer a los blancos mestizos. Un nombre de cédula”. Pero en casa siempre fue Nemonte. La tía de su papá le puso ese nombre porque al verla supo que era “como una estrella y quería que llevara su sabiduría y su cultura”, dice Opi. Para él, aunque haya personas que critiquen a su hermana por el nombre de Inés, Nemonte siempre será ‘Nemo’ porque es el espejo de su esencia interior.

Nemonte Nenquimo es presidenta de la Conconawep desde diciembre de 2018. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo es presidenta de la Conconawep desde diciembre de 2018. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

En Nemonpare, entre los onkos —casas triangulares de troncos y palmas entretejidas— y las trochas hacia la selva, Nemonte Nenquimo vivió su infancia y adolescencia. Le gustaba sentarse con los abuelos —pikenani en wao— y cantar. “No podía estar quieta”, recuerda entre risas su hermano Oswaldo. Era la tercera de diez hermanos, y la primera mujer de todos ellos. “Fui como una mamá. Aprendí a cuidar y proteger a mis hermanos, a mis animalitos y a la naturaleza”, dice la lideresa indígena.

A los 15 años se escapó. Sin el permiso de sus padres, se fue hasta la capital del país, Quito, para estudiar en una escuela misionera. “Quería aprender español. A esa edad era muy curiosa de saber el mundo occidental”, dice. Pronto se dio cuenta que ese mundo que algún día le llamó la atención no era lo que imaginaba. “El ambiente era triste. Mi corazón era de volver a mi familia”, recuerda con una voz que se pasea entre la culpa y la nostalgia. Tres años después de vivir en Quito, volvió a su casa.

Ahora que asumió su rol como lideresa waorani, Nemonte Nenquimo viaja por todo el mundo: San Francisco, Ginebra, Río de Janeiro, Nueva York. “Yo escuchaba que Nueva York era muy bonito y que los ecuatorianos se iban allá para hacer una vida mejor”, dice del otro lado de la videollamada. “Pero yo no vi nada mejor, la gente ahí no vive bien, no vive tranquila”, asegura. Por eso, siempre vuelve a casa. “Donde sea que me reconozcan como líder o donde sea que me vaya, nada me va a cambiar. Amo quien soy, una mujer waorani”, afirma. Cuando sale a recorrer el mundo para contar su lucha, es como si llevara consigo su casa.

Una constante lucha por la naturaleza

En 2010 se vinculó a un proyecto de la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana (AMWAE) que buscaba detener el comercio de carne silvestre. En ese entonces, los indígenas waorani cazaban guantas, huanganas, pecarís, y chorongos dentro del Parque Nacional Yasuní para venderlos en el mercado de la comuna Pompeya, al pie del río Napo, al norte de la Amazonía. Las especies se estaban extinguiendo y, además, el comercio de carne silvestre podía ser profundamente problemático: tal como se comprobó con la aparición del COVID-19, la enfermedad causada por un nuevo coronavirus que salió de un mercado de venta de carne silvestre en China.

Nemonte Nenquimo después de una larga audiencia en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana, abril 2019. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo después de una larga audiencia en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana, abril 2019. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Ana Puyol, exdirectora de la Fundación EcoCiencia, estuvo involucrada en la iniciativa que planteaba reemplazar la venta de carne silvestre por prácticas sustentables. Así conoció a Nemonte Nenquimo y cuando la recuerda, piensa en su carcajada. “Era como si tuviera la risa muy cerca de ella siempre”, dice Puyol. También recuerda que, aunque los diálogos sobre la carne silvestre eran difíciles, Nenquimo siempre encontraba una forma de transmitir esperanza y alegría.

Como si le hubiera contado una anécdota graciosa, Puyol se ríe cuando le pregunto cuál es su principal recuerdo de Nemonte Nenquimo. “Su risa es increíble, siempre que la pienso me la imagino con su gran sonrisa. Hasta en el día más duro, siempre nos hacía reír”.  “Nemonte es una luz”, agrega.

La ganadora del Goldman 2020 recuerda los tiempos del proyecto junto a la AMWAE. Bajo la guía de la lideresa waorani Manuela Ima, las mujeres no solo lograron detener el comercio de carne silvestre sino que crearon un programa para hacer y vender artesanías y chocolates, y así ser más independientes. Nenquimo aprendió mucho de ellas.

Las Waorani cantan antes de entrar en la sala de audiencia para la lectura de la sentencia waorani en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana (2019). Foto: Mitch Anderson, Amazon Frontlines.

Las Waorani cantan antes de entrar en la sala de audiencia para la lectura de la sentencia waorani en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana (2019). Foto: Mitch Anderson, Amazon Frontlines.

Sin embargo, la lideresa produce afectos divididos: muchos waorani no la consideran una mujer waorani de verdad porque su mamá es sápara —otra de las 11 nacionalidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana—.

Pero Nenquimo dice que nunca se ha sentido menos waorani. “Yo considero ser mujer wao como mi papá. No sé nada de la cultura de mi mamá. En lo más profundo soy mujer waorani”, asegura con determinación.

En 2013 empezó a trabajar en la construcción de un sistema de agua lluvia limpia para su comunidad y allí conoció a Mitch Anderson, que llevaba dos años trabajando en la Amazonía de Ecuador. Los dos tenían una lucha en común por la dignidad de los pueblos indígenas y trabajaban juntos en proyectos para apoyar a las familias y a los niños. Así, en algún punto —que ninguno de los dos recuerda con exactitud— se enamoraron y se casaron.

Sin embargo, para algunas personas del mundo indígena su relación es problemática. Manuela Ima dice que, en la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana, Nemonte Nenquimo nunca podrá ser lideresa porque “para serlo tendría que estar casada con un wao y no lo está”. Alicia Cahuiya, otra lideresa waorani, dice que muchos en su comunidad no están de acuerdo con que una lideresa waorani esté con un “gringo”.

“Mi pareja respeta mi cultura y mis decisiones. Es alguien que tiene mucho respeto, mucho valor, y siempre está conmigo trabajando para proteger el territorio waorani”, asegura Nenquimo. Oswaldo, su hermano, se ríe y recuerda que cuando lo conocieron, pensaron:“¿Gringo aprenderá a vivir en la selva?”. Para responder esa pregunta lo llevaron a cazar con un machete y una escopeta. Regresaron 15 horas después con varios animales y Anderson les demostró por qué ‘Nemo’ se había enamorado de él —era diferente—.

Nemonte Nenquimo en casa preparándose para ir a pescar, comunidad de Nemonpare, Pastaza, Amazonía ecuatoriana. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo en casa preparándose para ir a pescar, comunidad de Nemonpare, Pastaza, Amazonía ecuatoriana. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

En mayo de 2015, nació Daime Omere Anderson Nenquimo, la hija de la pareja. Daime significa arcoiris en wao tereo. Su llegada se convirtió en otra razón para que su madre insistiera en la protección de su territorio y su cultura. Quiere dejarles a sus hijos un ambiente sano, agua limpia, aire puro, y una selva como en la que ella creció: “sin petroleras y sin contaminación”.

Una victoria “histórica”

Mientras construían los sistemas de agua lluvia, en 2013, Nemonte Nenquimo y otros líderes de los pueblos a’i kofan, siona, siekopai y waorani notaron que compartían muchas cosas —resistencias, luchas y visiones—, y que juntos podían hacer más. En 2016 crearon la Alianza Ceibo, una organización que trabaja por la selva, la cultura y el bienestar de las cuatro nacionalidades indígenas. Un proyecto que también les ha traído reconocimientos y alegrías.

En junio de 2020, la alianza ganó el Premio Ecuatorial, un reconocimiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que premia iniciativas innovadoras para proteger la biodiversidad y enfrentar el cambio climático. Aunque Nemonte Nenquimo lideró Alianza Ceibo hasta 2018, ese trabajo marcó el inicio de su camino como la reconocida defensora del ambiente y los pueblos indígenas que es hoy.

Nemonte Nenquimo y la comunidad waorani en una marcha. Foto: Mateo Barriga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo y la comunidad waorani en una marcha. Foto: Mateo Barriga, Amazon Frontlines.

Cuando terminó su periodo dirigiendo la alianza, Nenquimo viajó desde Puyo hasta Nemonpare para visitar a su mamá. Allí, en una asamblea donde todos los candidatos eran hombres, la joven indígena se convirtió en la primera presidenta del Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani de Pastaza (Conconawep).

Desde ese puesto comenzó su lucha más importante, la cual había sido iniciada por la comunidad en 2012. En ese año, un grupo de técnicos de la entonces Secretaría de Hidrocarburos del Ecuador hizo una supuesta consulta sobre la explotación del bloque petrolero 22, que ocupa unas 200 mil hectáreas en la Amazonía ecuatoriana  —cerca de la mitad de la extensión de Quito—, y  es uno de los 13 proyectos de la llamada “Ronda Suroriente” que el gobierno ecuatoriano planeaba licitar a empresas nacionales e internacionales.

Según Gilberto Nenquimo, líder de la Nacionalidad Waorani del Ecuador (NAWE), la consulta de 2012 “fue una trampa”. El líder asegura que gente del gobierno llegó en helicópteros a varias comunidades waorani, les regalaron botellas de Coca-Cola y alimentos enlatados, y les dijeron que firmaran un papel que decía que el gobierno iba a trabajar para proteger la Amazonía. Los waorani firmaron, pero no sabían que el gobierno utilizó las firmas para decir que los indígenas estaban de acuerdo con la explotación petrolera.

Siete años después de la supuesta consulta, en 2019, Nemonte Nenquimo encabezó la acción legal contra el Estado ecuatoriano por ese “engaño”. La demanda decía que el Estado violentó el derecho del pueblo waorani de Pastaza  a la consulta previa, libre e informada sobre el plan de explotación del bloque 22.  Según la Constitución, antes de siquiera explorar la presencia de recursos no renovables en territorios indígenas, se debe hacer una consulta obligatoria y oportuna. Si la comunidad no da su consentimiento, no se puede explotar ese territorio.

Nemonte Nenquimo con miembros de su comunidad waorani. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo con miembros de su comunidad waorani. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

María Espinosa, una de las abogadas que apoyó el proceso legal, cuenta que preparar la demanda tomó dos años y recuerda un día en la casa de Nemonte Nenquimo en Nemonpare. “Estábamos ahí todos hablando con varias mujeres wao sobre el territorio y el valor que tiene para ellas y entonces Nemonte empezó a cantar”, dice Espinosa en una llamada telefónica. “Nos transmitió algo que sentí como un mensaje poderoso”, dice la abogada. En ese momento Espinosa supo que estaban yendo por buen camino y tenían que seguir adelante.

Andrés Tapia, comunicador de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae), recuerda a Nemonte Nenquimo con su hija siempre al lado. “Iba con ella a las marchas, a las asambleas y a las audiencias”, dice Tapia. Para Nenquimo, tener una hija pequeña nunca ha sido un impedimento para luchar. Al contrario, va con ella a todas partes porque quiere que “aprenda sobre su cultura y su lucha”. Mientras hablo con Mitch Anderson vía Zoom, Daime de cinco años, vestida de princesa, se acerca tímida a la pantalla y me saluda en inglés. Me cuenta que extraña a su mamá y dice: “I want to be like her” (quiero ser como ella).

Julio de 2019 fue el mes de la dicha waorani. La Corte Provincial de Pastaza determinó que la supuesta consulta de 2012 hecha a las comunidades no cumplió con estándares nacionales e internacionales. La decisión no solo protegió a las 200 mil hectáreas del bloque 22 sino también a las más de 4 millones de hectáreas de selva que se querían subastar con el proyecto Ronda Suroriente. Carlos Mazabanda dice que la victoria marcó un precedente para que todos los pueblos y nacionalidades indígenas del país puedan exigir que se respeten sus territorios y sus vidas.

Cuando Nemonte Nenquimo piensa en la decisión de los jueces, simplemente sonríe.

Fuente: https://es.mongabay.com/2020/11/nemonte-nenquimo-gana-premio-goldman-indigenas-waorani-ecuador/




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jueves, 3 de diciembre de 2020

Coronavirus y explotación sexual: La prostitución no paró en la pandemia: se convirtió en servicio a domicilio



Fuentes: Nueva tribuna

El negocio de la prostitución y la trata con fines de explotación sexual no cesó durante los meses del confinamiento, sino que se trasladó al ámbito «on line» y se convirtió en un servicio a domicilio, mucho más difícil de detectar para las ONG y los cuerpos y fuerzas de seguridad.

Es una de las principales conclusiones del estudio sobre el impacto de la COVID en las víctimas, elaborado por Diaconía y presentado este miércoles durante el seminario «Rompe la cadena. La trata de seres humanos en tiempos de pandemia».

Los proxenetas han buscado alternativas para sortear el confinamiento y recurrieron a internet para captar clientes y enviar a las mujeres a los domicilios particulares

La encuesta realizada a 12 entidades que trabajan con víctimas de trata con fines de explotación sexual pone de manifiesto que los proxenetas buscaron alternativas para sortear el confinamiento y recurrieron a internet para captar clientes y, posteriormente, enviar a las mujeres a los domicilios particulares.

Martina Kaplún, coordinadora de la investigación y técnica en Diaconía, ha explicado que muchas mujeres paralizaron su actividad y quedaron en una situación de extrema vulnerabilidad, sin recursos económicos, muchas de ellas encerradas en clubes o pisos, confinadas con sus explotadores y sometidas a graves situaciones de violencia, así como de restricción de alimentos.

La situación en los pisos de acogida de estas mujeres tampoco fue bueno, ya que muchas revivieron durante esos meses el encierro al que se habían visto sometidas como víctimas de trata.

Los trámites burocráticos se detuvieron, dejaron de emitirse tarjetas de residencia, y muchas de las mujeres que habían conseguido un empleo lo perdieron, incluso las actividades formativas se suspendieron.

Tras el confinamiento, el negocio de la prostitución y la trata «ha vuelto a la normalidad muy rápidamente» y ha empezado a funcionar adaptándose a las restricciones, cambiando la licencia de bar de copas por la de hotel o buscando alternativas como la apertura de terrazas.

Sin embargo, se ha reducido el número de mujeres que ejercen la prostitución en la calle, clubes y locales de alterne y se está acentuando la tendencia al traspaso a lugares más discretos y privados, como los pisos.

«Es el concepto de prostitución deslocalizada que se realiza a través de contactos en internet y servicios a domicilios, lo que es grave porque dificulta la detección de situaciones de abuso y responde a una estrategia de los proxenetas de esconder su mercancía para que sea más difícil de localizar para las organizaciones y cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado», advierte.

Además, el estudio ha permitido constatar las escasas medidas de protección frente al coronavirus con las que cuentan las mujeres obligadas a prostituirse, que son conminadas por clientes y proxenetas a prescindir de la mascarilla.

También se ha comprobado la falta de información sobre la covid-19 y la existencia de discursos negacionistas entre ellas, que seguramente se deben a un interés de los explotadores por negarles la información y poder controlarlas mejor.

Muchas mujeres han adquirido importantes deudas con sus proxenetas durante el confinamiento y el dinero que no pudieron ganar durante esos meses lo tienen que recuperar ahora

Kaplún ha destacado, además, que muchas de ellas han adquirido importantes deudas con sus proxenetas durante el confinamiento y el dinero que no pudieron ganar durante esos meses lo tienen que recuperar ahora.

En el Día Internacional de la Abolición de la Esclavitud, también Proyecto Esperanza y SICAR cat han denunciado que la esclavitud sigue vigente en el mundo y que siete de cada diez víctimas son mujeres y niñas, pues sus «finalidades de explotación están fuertemente feminizadas».

Trata con fines de explotación sexual en pornografía, esclavitud sexual, matrimonios forzados, gestación de bebés para su posterior venta o adopción ilegal, criminalidad forzada o explotación laboral en el empleo del hogar son algunas de ellas.

Estas organizaciones han incidido en que España es origen, tránsito y destino de la trata de seres humanos y han instado al Gobierno a impulsar la necesaria ley integral contra la trata.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/prostitucion-explotacion-sexual-confinamiento-pandemia-servicio-domicilio/20201202182209181918.html





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La pugna interna en el feminismo


Fuentes: Rebelión

El carácter masivo y unitario del feminismo, al mismo tiempo que diverso y plural, está atravesado, además de por unas tendencias sociohistóricas y del contexto económico e institucional, por un aspecto específico que conviene explicar: la formación de la representación de la dinámica transformadora feminista, con sus procesos colectivos de articulación y liderazgo, el sentido de su orientación, los intereses grupales y las características culturales o ideológicas. Su reto es la formación de representaciones democráticas, plurales y unitarias.

Hago el análisis desde la sociología sobre los movimientos sociales, la acción colectiva y el cambio social, junto con la sociología de género. Como movimiento social y cultural el movimiento feminista, en sentido amplio, conlleva una dinámica autónoma de la esfera político, partidista e institucional. Pero, evidentemente, está penetrado y condicionado por múltiples intereses y demandas de ese ámbito, así como, más en general, por las influencias ideológicas y culturales, las dinámicas asociativas del conjunto de actores sociales y las trayectorias progresistas (o reaccionarias). El intenso debate de ideas, las polémicas entre las élites feministas más activas, a veces, agrias y sectarias, así como los forcejeos para conseguir reconocimiento social (o visibilidad pública) obedecen a la pugna por el estatus organizativo sociopolítico e institucional y la influencia mediática, cultural y de poder, relacionadas con el sentido, la capacidad y la cohesión de las bases sociales y representaciones feministas.

Se enmarca en el declive de una élite hegemónica en el periodo anterior, particularmente en los ámbitos institucionales, académicos y mediáticos, vinculada al aparato socialista (aunque no solo ni toda ella), que defino como socioliberal y formalista por sus escasos resultados para el avance real igualitario y emancipador de las mujeres, particularmente en la última década por su adaptación a la dinámica neoliberal dominante. Así, reacciona con argumentos sectarios y doctrinarismo esencialista ante la disputa de sus privilegios y su preponderancia anterior, utilizando un discurso excluyente para legitimarse como monopolio representativo de las mujeres. Se atrinchera frente al desborde de las nuevas élites, algunas con una larga experiencia de trabajo feminista de base, reforzadas por la nueva ola de activación feminista.

Además, está la particularidad de la existencia de un amplio abanico descentralizado de experiencias, grupos y personalidades. Hay una ausencia de articulación asociativa estructurada, con credibilidad y autoridad colectiva, ya que los mecanismos coordinativos y representativos son muy puntuales e inestables. Ante la evidencia de esta pugna por el control y la gestión (sociopolítica, cultural e institucional) de este amplio e influyente proceso sociopolítico se desarrolla una dinámica nada serena y argumentada. Mientras hay un relativo consenso, más o menos ecléctico entre las mayorías de las bases feministas, entre determinadas élites se tiende a la descalificación sumaria, o sea, a la pura lucha por el ventajismo relacional inmediatista, muchas veces impotente para consolidar unas posiciones democráticas y razonadas que justifique su representatividad y su credibilidad pública. El marco es la ausencia de jerarquías formales, al mismo tiempo que la presencia de pretensiones elitistas permanentes de preponderancia organizacional y cultural.

Nada que envidiar a los peores procesos tanto de las izquierdas y fuerzas progresistas como de las derechas, poco edificantes en talante democrático, respecto de la regulación pluralista de los conflictos y divergencias respetando un marco unitario frente al adversario común y la argumentación razonada. La amplia cultura democrática y participativa de la activación feminista de millones de personas se contrapone con las prácticas excluyentes, fanáticas e intransigentes de determinadas élites, sobre todo de las que se resisten a dejar de serlo, pero también de algunas que aspiran a serlo, como se refleja en el estilo insultante utilizado en distintos medios y redes sociales.

La paradoja es que este intenso y prolongado ejercicio sectario, visto en perspectiva, favorece las posiciones privilegiadas de la corriente socioliberal o institucional, con mayor acceso mediático y es la que inició su ofensiva deslegitimadora. No es una buena experiencia de aprendizaje y formación de liderazgos y representaciones alternativos en la base social respectiva y para el impulso y la reafirmación del feminismo en su conjunto. Es una debilidad en la construcción unitaria y plural del conglomerado asociativo feminista que lo debilita en su función transformadora igualitaria y emancipadora frente al auténtico adversario común: el machismo como orden social institucionalizado e imbricado con los grupos de poder.

Por otro lado, hay que reconocer que esta debilidad en la articulación y representación de un amplio movimiento social como el feminismo, incluidas sus pugnas más sectarias, no es exclusivo de él. O sea, no es específico de las mujeres o, al contrario, tampoco es incompatible con ellas. Hay que desechar interpretaciones deterministas sobre sus causas: en el primer caso, por la supuesta inmadurez o irracionalidad de las mujeres; en el segundo caso, por una supuesta esencia femenina más tolerante. Es necesario un enfoque relacional, comparativo y sociohistórico. La pugna interna (y externa) tiene que ver con la distancia entre por un lado, el carácter, la dimensión y el impacto de un gran proceso sociopolítico y transformador feminista y, por otro lado, la fragilidad derivada de la dispersión organizativa, la capacitación de liderazgos sociales, la relevancia de esa tarea sociopolítica transformadora y los intereses y posiciones de estatus que conlleva.

Por tanto, esa conflictividad interna es similar, en contextos parecidos, a la configuración de trayectorias populares, representaciones sociales y políticas y liderazgos organizativos o ideológicos en distintos movimientos sociales y dinámicas político-electorales, especialmente cuando hay procesos profundos de cambio, de reorientación cultural o político-ideológica y recomposición de élites representativas.

Esta tensión y sus reequilibrios de espacios y liderazgos también afectan a las derechas y los grupos de poder, a veces de forma mucho más cruenta, como en las guerras interimperialistas y luchas nacionales o sus actuales tensiones con las ultraderechas. Pero ellas tienen la ventaja relativa de que el poder establecido, normalmente desde posiciones no públicas, condicionan o disciplinan a su representación social y política.

La diferencia con el campo popular, específicamente con las formaciones políticas y los movimientos sociales más relevantes, como es el caso del actual movimiento feminista, es que es más fundamental la democracia participativa, la deliberación y decisión colectivas y unitarias. En ese sentido, para ser efectivos necesitan más la democracia y su unidad y, por tanto, resolver mejor la legitimidad representativa de cada sensibilidad o élite diferenciada.

Sin embargo, a veces, en sus pugnas elitistas se utilizan sus limitados recursos de poder o capacidad burocrática y organizacional. Ello puede conllevar, si no hay una fuerte cultura democrática y ética de fondo, a mayor énfasis en lo discursivo y, al mismo tiempo, en una actitud prepotente. Es un plano relacional y comunicativo diferente al de las derechas cuya manipulación sociocultural y crispación institucional antipluralistas las ejercen con todo su poderío fáctico cuando se cuestionan sus posiciones hegemónicas y de poder por los desafíos progresistas y de participación popular democrática. Pero esa práctica sectaria refleja los límites democráticos y éticos de variadas élites que pugnan por la representación y los liderazgos populares, incluido en este caso algunas del movimiento feminista.

Antonio Antón. Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid (Autor de Identidades feministas y teoría crítica)

@antonioantonUAM



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lunes, 30 de noviembre de 2020

Normalidad & Posmachismo : No sólo genios


Fuentes: https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2020/11/30/no-solo-genios/

La estrategia de separar al Maradona jugador del Maradona hombre, es la misma que utiliza el machismo al separar al «hombre maltratador» del «hombre padre» cuando dice que «un maltratador no tiene por qué ser un mal padre».


Las críticas que desde el feminismo se han hecho sobre Diego Armando Maradona por los episodios que lo relacionan con la violencia de género y los contactos sexuales con chicas que podían ser menores de edad, han generado a su vez una reacción contra quienes cuestionan el recuerdo del jugador, sin pararse a ver cuál es la base de ese cuestionamiento del ídolo.

Los reproches hacia el reconocimiento a Maradona se dirigen al hombre que utilizó su posición para hacer uso de las conductas de poder que la sociedad otorga a los hombres, a todo aquel que lo decida, cada uno dentro de las circunstancias que definen su situación y, por tanto, con formas muy distintas de llevarlas a cabo, pero no son diferentes a lo que el modelo de sociedad androcéntrico facilita a los hombres desde la “normalidad”. Ninguna de las conductas criticadas a Maradona es exclusiva de él ni de la gente de alto status, son muchos los hombres que las llevan a cabo con independencia de su nivel económico o situación, aunque lo hagan en escenarios muy diferentes. Lo que hizo Maradona con los pies fue único, pero lo que hizo con las manos no.

Lo que se pone en cuestión es esa normalidad en la que se produce la violencia contra las mujeres, no la excepcionalidad de la grandeza del un hombre o jugador concreto ni su capacidad profesional.

Son muchos los hombres que han cometido delitos o han desarrollado actividades ilícitas desde posiciones de referencia y poder, nadie los ha cuestionado más allá de la crítica o condena a dichos actos. Tampoco nadie ha hablado de claroscuros en sus vidas, todo estaba claro, su función profesional y sus actividades ilícitas.  

Con Maradona también ha estado todo claro, como con Harvey Westein, Roman Polanski, Plácido Domingo, Dominique Strauss-Kahn, el reciente escándalo del escritor francés Gabriel Matzneff… sin embargo, cuando nos referimos a la violencia de género con frecuencia se habla de “claroscuros”, no porque no esté todo claro, sino porque se intentan crear zonas de oscuridad donde mantener los episodios de la violencia para no cuestionar al personaje. 

De Maradona no se ha cuestionado, en sentido de rechazo a los homenajes, el consumo de drogas, sus comportamientos o sus negocios, lo que se ha cuestionado desde el feminismo son los episodios de violencia de género que han trascendido. Y se cuestionan porque el personaje público no sólo es inseparable de esas conductas en privado, sino porque las ha hecho y se han valorado por parte de la sociedad teniendo en cuenta su condición de personaje público, no como si fuera un ciudadano más.

Porque es ese Maradona al que se admira, a todo él, aunque no se comparta lo que hizo en privado y se ponga el énfasis en lo que fue y significó su carrera como jugador de fútbol. Pero si Maradona sólo hubiera sido un grandísimo jugador, como lo fue Pelé, Johann Cruyff o Alfredo Di Stefano, se le recordaría como se les recuerda a ellos, no como el hombre que fueron, sino como los jugadores que compitieron.

A Maradona se le recuerda del todo, no a trozos, y es en ese todo donde lleva la necesaria crítica a sus conductas respecto a las mujeres. Hacerlo no es un ataque, sino una responsabilidad para que otros hombres vean en él el ejemplo del jugador no el del hombre, y para que se entienda que la violencia de género se ejerce desde la normalidad que define al hombre que la lleva a cabo, no sobre circunstancias excepcionales ni contextos extraños

El problema de la violencia de género está en su aceptación bajo argumentos de todo tipo, algo que debemos erradicar. Por eso es necesario que la sociedad sepa que un gran profesional no es incompatible con el hecho de que sea un maltratador, y así evitar caer en la trampa que presenta esas dos situaciones como incompatibles, o en la de justificar una conducta con la otra, como si lo “malo” de la violencia se pudiera compensar con lo “bueno” de los logros profesionales y lo que conllevan. Maradona habría sido el mismo grandísimo jugador sin los episodios de violencia de género conocidos; habría sido el mismo genio sin ese “mal genio”.

Pero nada es casualidad, esta es una de las estrategias del machismo para mantener en vigor su modelo con la violencia contra las mujeres oculta entre las circunstancias. Por eso se intenta separar la violencia de todo lo demás, hasta el punto de afirmar, como vemos con frecuencia, que “un maltratador es un buen padre”, o negar la agresión sexual del caso de “la manada”, como se hizo, porque entre los cinco agresores había un soldado y un guardia civil.

Separar la violencia del hombre que la ejerce es mantener la violencia contra las mujeres, y la masculinidad que lleva a muchos hombres a maltratar.


Fuente: https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2020/11/30/no-solo-genios/



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domingo, 29 de noviembre de 2020

Recomiendo: 0 Menos ansiolíticos y más perspectiva de género: mujeres invisibles para la medicina


Fuentes: Público

El género pasa factura, médicamente hablando. Medicina sin carencias para tratar a la mitad de la población. De eso trata Mujeres invisibles para la medicina, de Carme Valls.

Más que un libro es un ensayo. Mujeres invisibles para la medicina (2020) tampoco habla estrictamente de salud, aunque sin duda, la doctora Carme Valls (Barcelona, 1945) toca, en cada una de las casi 500 páginas del volumen que ahora publica, temas relacionados con el bienestar físico y psíquico de las mujeres. Pero además habla de feminismo. Lo hace poniendo el cuerpo de las mujeres en contexto, es decir, en la sociedad de hoy día, con la carga de los cuidados a sus espaldas, que pesan y enferman (física y psicológicamente).

Su libro, publicado por Capitán Swing, es una ampliación del publicado en 2006 y recoge 20 años de trabajo mirando cómo responde el cuerpo de la mitad de la población, algo que la medicina tradicional ha ignorado durante siglos. «La primera constatación pública de sesgos de género en la asistencia e investigación médica la realizó la cardióloga americana Bernadine Healy, que alertó de la mala praxis en la atención cardiovascular de las mujeres debido a que no se había tenido en cuenta la presencia de estas en la mayoría de los trabajos de investigación sobre problemas cardiológicos realizados antes de 1993. Este es el primer sesgo de género en medicina: no incluir mujeres en los trabajos de investigación o no diferenciar por sexo los resultados», apunta Carme Valls en esta edición de Mujeres invisibles para la medicina.

Llama la atención que el libro arranca con un extenso capítulo dedicado a la salud mental para tratar y hablar de adolescentes; de violencias en plural contra las mujeres de todas las edades, un asunto que para la doctora debe ser visto como un tema de salud pública; de la sexualidad en todas las facetas de la vida; de la maternidad y del envejecimiento medicalizado de las mujeres.

«Hay que dejar de considerarnos como seres nerviosos y, por naturaleza, locas»

«Para cualquier queja a las mujeres se nos trataba con ansiolíticos sin buscar qué motivos se esconden tras esa medicalización. Porque sí, un antidepresivo puede funcionar pero hay que hacer cambios en la vida y el trabajo, acabar con las brechas de género, con los suelos pegajosos, con la precariedad y dejar de considerarnos como seres nerviosos y, por naturaleza, locas«, responde al teléfono para Público.

Mirada con perspectiva de género

No hay vuelta de hoja, para tratar el bienestar de las mujeres, hay que analizar los mandatos de género y estereotipos de la sociedad, constata la escritora. Sin esa mirada es imposible abordar la dependencia amorosa, la sensación de culpa y que sigamos entendiendo el cuerpo como un campo de batalla. Porque no tratar todos esos conceptos enferma de una y mil maneras, desgrana Valls durante las páginas del libro. Hace falta relacionar todos esos aspectos para ver, por ejemplo, que la anorexia y la bulimia son unas enfermedades «hijas del tiránico culto al cuerpo». Y de ahí pasar a produndizar en qué sabemos del sexo de las mujeres, también invisibilizado, desconocido (todavía para muchas mujeres) e infraestudiado (para la mayor parte de la sociedad, incluida la ciencia).

Carme Valls, política, médica y escritora.  Cedida

«No se han enterado de cómo son las cosas. Y quieren que seamos como ellos. La sexualidad no es una erección«, advierte desde Barcelona. En su libro, rico en citas de profesionales del mundo de la ciencia, de la filosofía, la sociología, el feminismo y las letras, Valls lo evidencia con múltiples referencias científicas. Citamos una, la de la la profesora Marta González García publicada en La medicalización del sexoEl viagra femenino: «Los intentos de biomedicación de la sexualidad femenina, lejos de ofrecer respuestas convincentes a la pregunta del deseo de las mujeres, confirman una vez más la iluminadora idea de Kate Millet: lo personal sigue siendo político«. La doctora afirma que se sigue sin estudiar el deseo de las mujeres. Y en este sentido, alerta a las jóvenes, más libres y conocedoras de su sexualidad que las generaciones anteriores pero todavía dependientes de la mirada del otro.

Invisibilización de la mujer y de sus patologías

La invisible salud de las mujeres da nombre al segundo bloque del libro. En él subraya esa carencia de la medicina: estadísticamente no contemplaba a las mujeres. Y, cuando se ha empezado a hacer, y desdoblando las enfermedades con cifras de hombres y mujeres, no se han profundizado en las causas de las diferencias.

Otro factor que destaca la escritora es las pocas mujeres con voz en la ciencia. En ese sentido, la pandemia del covid y el número de expertos hombres opinando sobre el tema es una evidencia. Pero invisibilizadas también han estado las mujeres mayores, que sufren una doble marginación, la del edadismo y la de una sociedad patriarcal, señala Valls. Tampoco se han estudiado la salud laboral de ellas, ni el «dolor invisible».

«Las mujeres mayores sufren una doble marginación, la del edadismo y la de una sociedad patriarcal»

A pesar del mucho camino que falta para que la medicina y la sociedad asuma esa perspectiva de género para respoder a todas y todos, la escritora y feminista cierra el volumen con una sana invitación a disfrutar la vida, a pesar de los años, sin dependencias. Pide también a las mujeres que se empoderen y aprendan a disfrutar. Y para quien no sepa, apunta algunas claves: la transgresión, el autoconocimiento, saber ser libres y desarrollar gustos que nos estimulen la sensualidad.

La receta para cara cambiar esa ciencia que obvia a la mitad de la población es sencilla, en teoría. Bastaría incluir perspectiva de género, explica durante la entrevista, algo que todavía falta en las facultades. «Igual que el inglés». Porque al final, es más grave para la salud de esa media mitad de la humanidad que quien nos pregunta cómo estamos siga medicándonos como si fuésemos hombres y sin entender los problemas y enfermedades específicos de las mujeres.

Para cerrar, le preguntamos por la polémica entre género y sexo. Científicamente, señala, no se pueden obviar las diferencias y es necesario un debate sereno. «Es un tema muy profundo. La libertad debe ser informada y lo que no podemos aceptar es el odio ni las imposiciones de ningún lado», zanja.

LULA GÓMEZ  @lulagomez

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/mujeres-invisibles-medicina-mujeres-medicina-pastillas.html




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Violencia Sexual & Arabia Saudí: Activistas de derechos humanos sauditas detenidas en su país son víctimas de abusos sexuales

Fuentes: https://vientosur.info/

En un informe de 40 páginas titulado “Una mancha sobre las y los líderes mundiales y el G20 en Arabia Saudita: la vergonzosa detención y tortura de las mujeres saudíes”, Helena Kennedy describe la violencia utilizada por los interrogadores contra las activistas encarceladas, algunas de las cuales fueron “colgadas del techo” y “torturadas con descargas eléctricas”.

Varias activistas famosas están ahora encarceladas en Arabia Saudita, incluidas Loujain al-Hathloul, Aziza al-Yousef, Eman al-Nafjan, Nouf Abdelaziz, Mayaa al-Zahrani, Hatoon al-Fassi, Samar Badawi, Nassema al-Sadah y Amal al-Harbi.1

Según el informe de la abogada Helena Kennedy, miembro laborista de la Cámara de los Lores y una de las activistas más dinámicas del Reino Unido, las presas fueron “obligadas a ver pornografía frente a sus interrogadores”, “obligadas a tener relaciones sexuales [con sus carceleros] y besarles”.

“Al menos una fuente informó que Aïda al-Ghamdi [madre del disidente Abdallah al-Ghamdi exiliado en Londres] fue obligada a ver pornografía y varias fuentes informaron que Loujain al-Hathloul y Eman al-Nafjan habían sido obligada a besar y realizar otros actos sexuales con los interrogadores ”.

“Amenazadas de violación”

Las presas también fueron “amenazadas con violarlas”, según el mismo informe.

El informe precisa que los interrogatorios fueron supervisados ​​por Saoud al-Qahtani , miembro del círculo íntimo del príncipe heredero Mohammed bin Salman , acusado de haber orquestado el asesinato del periodista Jamal Khashoggi .

Haciendo eco del desmembramiento del periodista disidente en el consulado saudí en Estambul, se dice que Saud al-Qahtani le dijo a una de las prisioneras: “Haré con vosotras lo que quiera, luego os disolveré y echaré por el WC”.

Una de las activistas afirmó que sus sesiones de interrogatorio fueron supervisadas por el hermano menor del príncipe heredero, Khalid bin Salman, embajador saudí en Washington de 2017 a 2019.

Este último habría presumido ante las presas: “¿Sabes quién soy? Soy el príncipe Khalid bin Salman, soy el embajador en los Estados Unidos y puedo hacer lo que quiera con vosotras”.

Las prisioneras fueron trasladadas a menudo entre la prisión de Dahaban, cerca de Jeddah, a un “centro de detención no oficial”, según el informe.

La abogada y activista Helena Kennedy pidió un boicot a la cumbre del G20 organizada por Arabia Saudita el 21 de noviembre a menos que las activistas sauditas sean liberadas.

A principios de este mes, el embajador saudí en el Reino Unido dijo que las activistas podrían recibir indulgencia y ser liberadas antes de la cumbre virtual del G20, pero las y los activistas de derechos humanos rechazaron sus comentarios y dijeron que era ” truco mediático ”.

A principios de noviembre, Human Rights Watch pidió a los países miembros del G20 que “presionen a Arabia Saudita para que libere a todas las personas detenidas ilegalmente y acepten la rendición de cuentas por los abusos infligidos” antes de la cumbre.

Campaña contra el G20 saudí

HRW lanzó su campaña # G20SaudiArabia para la ocasión, “instando a las y los líderes del G20 a responsabilizar a sus anfitriones saudíes por sus violaciones de derechos humanos, después de haberles enviado cartas con la misma solicitud en julio y agosto”.

El 5 de noviembre, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer pidió la “liberación inmediata” de la activista Loujain al-Hathloul, que se encuentra en huelga de hambre desde el 26 de octubre, alarmado por el deterioro de su estado de salud.

En un comunicado, el comité de la ONU, un organismo compuesto por expertos independientes, pidió la liberación inmediata de al-Hathloul y todas las demás mujeres activistas detenidas.

Loujain al-Hathloul inició su huelga de hambre el 26 de octubre y el deterioro de su estado de salud es “profundamente alarmante”, según estos expertos.

El comité dijo que estaba “seriamente preocupado por la información reciente sobre las condiciones de la detención prolongada de la Sra. Al-Hathloul, incluidos los informes de que no se le permite tener contacto regular con su familia”.

Loujain al-Hathloul, de 31 años, ha hecho campaña durante mucho tiempo por el derecho de las mujeres sauditas a conducir y por el fin de la tutela que pone a las mujeres a merced total del hombre.

Fue arrestada junto con otras activistas en mayo de 2018, poco antes de que se levantara la prohibición de conducir a las mujeres sauditas.


Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Fuente:  https://www.publico.es/internacional/mujeres-arabia-saudi-amnistia-internacional-g20-no-dejen-enganar.html



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viernes, 20 de noviembre de 2020

Machismo & Terror: El terrorismo y el género


Fuentes: https://miguelorenteautopsia.wordpress.com

Análisis del autor sobre el negacionismo de las Violencias Machistas por parte de la ultraderecha en España para seguir manteniendo la desigualdad de poder entre hombres y mujeres


ETA, una banda terrorista y cruel del pasado, asesinó en 42 años a 855 personas. La violencia de género, una violencia cruel y terrible del presente, ha asesinado a 1072 mujeres en 13 años, y a 37 niños y niñas en siete; sólo en el contexto de las relaciones de pareja. A pesar de esta objetividad, los mismos que echan en cara al Gobierno “pactar” con los que llaman “herederos de ETA”, son los que niegan la existencia de la violencia que hoy, y cada día, sufren las mujeres, sus hijos e hijas.

Una violencia de género que en sus diferentes formas ha golpeado a más de la mitad de las mujeres de nuestro país, concretamente al 57’3%, según la Macroencuesta 2019, y que cada año lo hace sobre más de 2 millones como maltrato en la pareja, sobre unas 400.000 como violencia sexual (dentro y fuera de la pareja), y sobre más de 2 millones como acoso sexual.

Cualquier crítica que se haga sobre ETA es comprensible a raíz de lo que supuso la banda terrorista, lo que resulta sorprendente es que quienes hacen esa crítica sobre la banda terrorista que dejó de existir hace 9 años, sean los mismos partidos y posiciones que niegan la existencia de una violencia que ha asesinado a más mujeres que la banda criminal en la cuarta parte del tiempo de su existencia, y que todavía hoy sigue existiendo, agrediendo y matando a las mujeres.

Unas posiciones y partidos que, además, presentan las leyes democráticas dirigidas a erradicar la violencia de género como una amenaza para los hombres, y hablan de que son criminalizados al mismo tiempo que niegan la amenaza y el terror que viven muchas mujeres.

La violencia, como bien recoge la OMS, no solo es el uso de la fuerza física, sino que sobre ella está la utilización del poder. Y ese poder como capacidad de imponer, determinar, controlar o de amenazar a través del posible recurso a la agresión, es el que condiciona la vida de las mujeres en las relaciones de pareja y en la sociedad. Todo ello gracias a la construcción de una cultura machista que da por válidas y generales las referencias impuestas por los hombres para su beneficio particular, como, por ejemplo, contar con la comprensión, justificación y minimización de la violencia que usan contra las mujeres.

Por eso, ahora que hemos conocido el impacto del confinamiento y de la restricción de la movilidad en nuestras vidas, deberíamos de ser capaces de empatizar con las mujeres, y comprender sus miedos e indignación cuando todavía tienen que escuchar como consejo para que no ser agredidas, expresiones del tipo, “esas no son horas para una mujer”, “esos no son sitios para una mujer”…

La sociedad ha establecido durante siglos un confinamiento social y un toque de queda funcional para las mujeres, bajo la advertencia de que superar esos límites se puede traducir en violencia de género contra ellas, especialmente dentro de la esfera de la violencia sexual, y contar luego con un argumento para responsabilizarlas por haber superado los límites establecidos. En ningún caso se cuestiona la construcción machista de esos límites ni a los hombres que actúan bajo esas referencias, como hemos visto en numerosas ocasiones, entre otras, por ejemplo, en el caso de “la manada” con los ataques y críticas a la víctima, y con toda la campaña en apoyo y defensa de los cinco hombres violadores, incluso desde instituciones como el Parlamento de Andalucía y la Universidad de Santiago de Compostela.

El rechazo a los hechos y las condenas individuales no cuestiona la construcción cultural que da lugar a ellos, sino que son utilizadas como justificación para reforzar un modelo de sociedad que posibilita la violencia de género, y que luego se da por satisfecho cuando condena a unos pocos hombres; puesto que la mayoría de los casos no se denuncian, y de los que se denuncian la mayoría no termina en condena.

El negacionismo de la ultraderecha con el acompañamiento de la derecha demuestra la construcción cultural machista que hay detrás de todo ese entramado, y la estrategia para que no se alcance la Igualdad con el objeto de que el modelo de poder androcéntrico no se vea debilitado ni agitado.

Resulta inadmisible la negación de la violencia de género que hacen desde esas posiciones, y que quien actúa desde las instituciones democráticas presente a una ley orgánica aprobada por unanimidad como una amenaza para los hombres y la convivencia. Sin duda, esta situación describe muy bien la ideología y los intereses de estos partidos, y de muchos que los apoyan desde su machismo interesado y beligerante.

No será terrorismo en sentido tradicional, pero sí es terrorífico para una democracia.


Fuente: https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2020/11/19/el-terrorismo-y-el-genero/



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