RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

domingo, 7 de junio de 2020

Argentina. Nuestro desahogo: no es un fiscal, es el Poder Judicial


En las últimas 48 horas, tres casos que tomaron estado público demuestran que la decisión del fiscal de Rawson Fernando Rivarola de catalogar el caso de una joven abusada por un grupo de jóvenes como “desahogo sexual doloso” no es aislada: corresponde a un patrón de la justicia patriarcal a lo largo y ancho de país, que no cataloga los femicidios como tales, encubre a los asesinos y consagra la impunidad. El análisis de dos abogadas penales especialistas: los derechos que los propios jueces y fiscales violan, y por qué la utilización de caratulas confusas busca invisibilizar la violencia machista.
Chubut
El miércoles 3 de junio, en un nuevo #NiUnaMenos, en las calles de Comodoro Rivadavia, Chubut, se marchaba y leía un comunicado que empezaba así: “Nos volvemos a encontrar en las calles y en las redes, desde cada espacio que habitamos para denunciar la violencia machista en todas sus modalidades, así como la complicidad del Estado”.
Ese mismo día, el fiscal jefe de la ciudad de Rawson Fernando Rivarola bajó la calificación legal de “abuso con acceso carnal” por la de “abuso sexual simple, agravado por la participación de dos o más personas” en la causa que año y medio atrás había iniciado una joven que denunció que fue abusada -en 2012- por seis jóvenes en una fiesta en la zona de Playa Unión. En la audiencia el fiscal describió el accionar de los imputados como “desahogo sexual doloso”.
Lejos de ser un problema exclusivo de Rivarola, la sintonía machista se repite en todo el Poder Judicial.
Salta y Tucumán
Un día después, el 4 de junio, la periodista tucumana Mariana Romero recordó en su cuenta de twitter la historia de Fátima Aparicio: el 8 de mayo de 2019 fue asfixiada y golpeada a martillazos por su ex pareja Luis Ernesto Rondón, que se había escondido en su departamento en Salta para atacarla y quien le pisó la cabeza cuando ella ya estaba desmayada hasta quebrarle los dos maxilares. Fue la perra de Fátima la que ladró hasta alertar a los vecinos que lograron detener a Rondón y asistir a Fátima hasta que fue derivada al hospital. Estuvo quince días en coma, y sobrevivió: en junio fue dada de alta.
En Salta tenía custodia policial, pero cuando llegó a Tucumán huyendo de esa violencia, la justicia le dijo que primero se tenía que hacer un examen psicológico. Rondón estaba con prisión preventiva acusado de femicidio en grado de tentativa. Escribió la periodista Mariana Romero: “Son las 11 y 20 de la noche. Dentro de 40 minutos, a Rondón se le vence la prisión preventiva. Su abogada, del Cuerpo de Abogados para Víctimas de Violencia contra la Mujer ya pidieron la prórroga. La Fiscalía también. Pero a las juezas de la Sala VI todavía no se les ocurrió ni siquiera responder. Por sí o por no. Resalto: las juezas, mujeres, son Stella Maris Arce y Alicia Freidenberg. Así que está noche, Fátima no duerme. Hace ya una semana escondió a los chicos y está custodiada por sus hermanas. Fátima no duerme, ni duermen sus hijos ni sus hermanas, ni los vecinos que la salvaron. Acá en Tucumán, esta noche, no duermo yo ni debería dormir nadie. En unos minutos, por falta de dos firmas de sus señorías, un monstruo puede quedar en libertad”.
Fátima aún aguarda este terrible suspenso.
Córdoba
El mismo día se conoció un informe de la provincia de Córdoba en el que se detallaba que durante el año 2019 se registraron 19 femicidios, según datos de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Con información agregada por el Centro de Estudios y Proyectos Judiciales de la provincia de Córdoba, el informe demuestra que solamente seis de la totalidad de las imputaciones contemplaban la violencia de género como agravante; de esas imputaciones cinco también contemplaban los vínculos. En otras seis imputaciones se aplicó únicamente la agravante por el vínculo. Hubo una imputación donde no se contemplaba como agravantes ni la violencia de género ni los vínculos. En cinco casos no se reportaron imputaciones y solo se informó la carátula de la causa. Por último, no se obtuvo este dato respecto de un sujeto activo. El informe demuestra así algo que se repite en todo el país: hay gran cantidad de femicidios en los que en las imputaciones no se toma en cuenta la violencia machista.
Desconocer el Derecho
La abogada Verónica Heredia, especialista en Derechos Humanos, atiende el teléfono desde la provincia de Chubut, desde donde traza la perspectiva: “Lo que pasó con el fiscal Rivarola pasa todos los días, en los escritos, en las audiencias. Lo que demuestra este caso muy fuertemente es que el sistema penal sigue diciendo barbaridades. Lo único que pasó acá de diferente es que tomó estado público. Es como los femicidios, las desapariciones forzadas, los abusos policiales: pasan todos los días. El derecho penal es la máxima expresión del machismo y el sexismo. Lo que dijo el fiscal no lo puede decir, y no es una cuestión ideológica: es porque está violando la ley, la Constitución, los tratados de Derechos Humanos, todo”.
El 4 de diciembre de 2019 la Legislatura de la Provincia del Chubut sancionó la Ley VIII nº 129, que dispone  adherir la provincia a la Ley Micaela que establece la capacitación obligatoria en la temática de violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y jerarquías en los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Provincia. Sostiene Heredia: “Esto es un claro ejemplo de cómo, a pesar de tener leyes, de tener toda la estructura constitucional, las convenciones, los tratados, está tan arraigado el machismo, el sexismo, que hoy junio 2020 no solamente un fiscal dice esto sino que todo un sistema también lo está protegiendo. Con lo que dijo el fiscal Rivarola viola el artículo 75, inciso 22 de la Constitución Nacional donde se constitucionalizan los tratados internacionales de Derechos Humanos, donde prohíben la discriminación desde todos los aspectos y específicamente la discriminación por género. La convención contra toda forma de discriminación contra la mujer también esta convencionalizada en el artículo 75, inciso 22 de la Constitución reformada en 1994. A partir de ahí todas las leyes que luego se dictaron donde han quedado establecidas las diferentes violencias que se ejercen contra la mujer y específicamente la violencia institucional: este es un claro ejemplo de violencia institucional contra la mujer. El fiscal al afirmar eso demostró su desconocimiento del derecho y eso es falta grave, que habilita su destitución”.
La máquina femicida
La abogada trans Cristina Monserrat es parte del Observatorio Lucía Pérez de violencia patriarcal. En el registro que el Observatorio lleva diariamente una de las columnas es la carátula de causa se ve que las carátulas son múltiples y que no hay un único criterio: el Poder Judicial aporta así un eslabón a la cadena de violencias. Invisibiliza lo que sucede, y garantiza impunidad no aplicando las condenas correspondientes.
“Hay una diversidad de caratulas bastante importante”, dice Cristina, y agrega: “Algunas con tipos penales, delitos, que tienen una sanción penal inferior a la prevista en el agravante del femicidio, del homicidio agravado, por haberse realizado en contexto en violencia de género”.
Cristina explica que para la tipificación de femicidio, la pena es perpetua. “El juez no puede decidir, como en el caso del homicidio simple, entre 8 y 25 años; es un abanico muy amplio para aplicar en función de las circunstancias del caso. En el femicidio no hay margen: hay perpetua o absolución”.
¿Cuándo debería caratularse como femicidio?
Si tenemos los tres elementos que tenemos del femicidio -victimario varón, victima mujer o alguna feminidad, y desarrollado en el contexto de violencia de género- el Ministerio Público Fiscal, los fiscales, deberían en principio caratular la investigación como «femicidio» u «homicidio en contexto de contexto de género».
¿Qué genera el uso tan diverso de carátulas?
Todos estos tipos de carátulas confusas lo que tratan es de invisibilizar la problemática. La carátula no solo tiene un efecto dentro del proceso judicial, porque este proceso no es cerrado, es público, entonces la carátula también trasciende a la comunidad, a la sociedad, y es importante que se comunique que es lo que está pasando. Obviamente son indicios; la prueba se va a producir en el juicio oral, el victimario tendrá presunción de inocencia hasta que tenga condena firme, dentro de todas las garantías de un sistema republicano, pero la carátula no puede sustraerse de la presunción de femicidio cuando se dan los tres elementos que tiene esta agravante. No puede ocultarse.
¿Existen protocolos para revertir esta situación?
Muchas jurisdicciones tienen protocolos para abordar su femicidio e investigación. El problema es que no todos lo cumplen.
www.lavaca.org/portada/no-es-un-fiscal-es-el-poder-judicial/

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sábado, 6 de junio de 2020

Irma Lemus: desplazada por amar y luchar por la tierra en Honduras (Audio)

El amor por la tierra y el compromiso por transformar la realidad de Honduras, la llevaron asumir trabajos que pusieron en riesgo su vida. Al denunciar de frente los abusos que cometen los grupos económicos, terratenientes, empresarios y autoridades en el Valle del Aguán.
A Irma Andrea Lemus la condenaron a muerte desde el 2012, por denunciar el acaparamiento de tierras y los daños sociales que provoca la minería en las comunidades.
Ahora en el exilio, sigue construyendo redes y denunciando la injusticia, porque el amor por su tierra y su gente no conocen fronteras.
En este Podcast, Radio Progreso te comparte el testimonio de Irma, una joven madre, feminista, ambientalista y defensora de derechos humanos, sobreviviente de amenazas a muerte, intento de secuestro y un atentando.
Irma Lemus, campesina y feminista hondureña.
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https://radioprogresohn.net/portada/irma-lemus-desplazada-por-amar-y-luchar-por-la-tierra-en-honduras-podcast/

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Dialogo en torno a Chthuluceno

En el feminismo actual, se podría hablar de posfeminismo, se puede nombrar a tres mujeres que resultan interesantes de cara a pensar el sujeto de la emancipación: Judith Butler despliega sus teorías recurriendo a los conceptos de Foucault, Derrida y Lacan; Gayatri Spivak que entrevera las teorías postcoloniales y el feminismo y Donna Haraway que une el feminismo con la filosofía de las ciencias y las técnicas.
Haraway mantiene una destacada presencia muy en especial en el mundo anglosajón, y su obra, debido a la amplitud de los campos abordados ( feminismo, tecnociencia, ciencia ficción, primatología) concita un gran interés tanto en los ámbitos académicos, es profesora emérita del Departamento de Historia de la Conciencia y Estudios Feministas de la universidad de California, Santa Cruz, como populares, a partir, en especial, de la publicación de su manifiesto cyborg.
Su formación en el campo de la biología se deja ver en sus concepciones, que se reclaman del ecofeminismo. Desde esta visión hace un llamamiento a las mujeres para que luchen por la salvación del planeta. Su postura está muy ligada a la reflexión sobre la tecnología , estando lejos de rechazar los avances de la ciencia y la tecnología y el sueño de un tiempo pasado mejor e impoluto. Ahí, en lo que se refiere a la figura emancipadora es en donde saca a la palestra el cyborg ( cybernetic organism), figura a la vez real y utópica. Tal noción supone un cruce entre hombre y máquina, cuyos componentes son naturales y artificiales, término utilizado en el campo de la robótica y con una amplia presencia en la literatura de ciencia-ficción. Para ella todos somos, en cierta medida, cyborgs , ya que siendo seres vivos también estamos compuestos, o recurrimos, a prótesis que nos sirve para cumplir ciertas funciones vitales ( ordenadores, vehículos, telecomunicaciones, etc.), que nos relacionan con el exterior que también está constituido de objetos técnicos. Su visión es holista ( podría decirse mística no en el sentido religioso sino en la tendencia a lograr una fusión con el mundo, con todos sus pobladores…en la obra que provoca estas líneas emplea el término de holobioma, prefiriendo no obstante la noción de holoente, ya que esta última expresión incluye no sólo a los seres vivos) y artefactualista ya que la realidad toda está formada, en mayor o menor medida, por artefactos…por este camino es en donde su postura se acerca, marcando ciertas distancias, con las posturas animalistas, en la medida en que la movilización social está compuesta – según su visión – por actores humanos y no humanos; así, por ejemplo, la lucha por la conservación de la Amazonia hace que coincidan los humanos, no humanos ( animales y vegetales) y objetos técnicos representada por las civilizaciones materiales indígenas.
Pues bien, una manera de acercarse a sus puntos de vista es presentada por la editorial Icaria, con la publicación de « El mundo que necesitamos» que recoge un diálogo entre ella y Marta Segarra. La conversación recoge el acto con el que clausuró el ciclo de debates de pensamiento del CCCB de 2018, Después del fin del mundo, y se centra en la aclaración de algunas de las ideas expuestas por Haraway en su libro Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. A pesar de las escasas setenta paginas del volumen, la lectura ha de ser, no queda otra, pausada ya que la amplitud de temas tratados y la relación que entre ellos se establece teje una red que , utilizando las metáforas tan caras a las contertulias, es la propia de las arañas o la de los cabellos de Medusa. El lema que podría encabezar el diálogo es: « en el amor y en la rabia, debemos pensar por un planeta habitable», frase que usa Haraway recurriendo a Emma Goldman y Virginia Woolf. Como señalo no es tarea fácil exponer todo el vaivén de ideas intercambiadas acerca del dominio del hombre blanco, adoptando un acercamiento epistemológico feminista, en la senda de Isabelle Stengers, y teniendo en cuenta los mitos indígenas, frente a las visiones impuestas por una racionalidad hegemónica y exterior a los problemas de la base, si hacer ascos a la necesidad de « arriesgarnos en el pensamiento político, intelectual, emocional y religioso[ lo que es] más urgente que nunca»…hasta llega a reivindicar la atención que se debe prestar a las posturas animistas postuladas por los indígenas. No se oculta el gusto de la pensadora por el uso de las metáforas ( araña, Medusa, compost…) y por el recurso a la etnología. Su sapere aude, no se limita a la razón normalizadora sino que se abre a otras razones, otras visiones, a las que se ha de prestar atención, sin considerarlas de segunda y descartarlas como suele ser lo habitual. Sus dardos, al pasar, hacia la hegemonía evangélica neorracista y neocolonial, representada por Trump ( aunque no es desde luego, señala Haraway, modelo de cristiano evangélico). Su respeto hacia las distintas voces y hacia la reclamación de los derechos de las minorías le hace no esquivar, de pasada, algunas opiniones con respecto a Catalunya subrayando que se ha de « tener en cuenta que el Estado español se ha consolidado alrededor de una monarquía católica y sus usos lingüísticos y administrativos, lo cual ha hecho que las diversidades lingüísticas y culturales de cada pueblo deban ser deudoras de un único Estado nacional…». Muestra su temor ante el uso de la violencia ante la tarea de hacer y rehacer mundos, subrayándose la importancia en su obra del término hacer; y se extiende en el imperativo de no matar, lo que no quita para que aún matando hay situaciones en las que sea necesario el hacerlo ( se refiere, en concreto, al caso de los abortos, o de las necesidades alimentarias).
La reivindicación de su cyborg como feminista antirracista , alejada la palabra de su inicial uso militar, le lleva establecer una concepción ampliada de los parentescos, más allá del ámbito familiar, para unir a humanos, no humanos, orgánicos como no orgánicos…en una concepción que unifica a todos los seres que pueblan la Tierra, llamando para ello a una respons-habilidad que supone « una declaración sobre la capacidad de responder, respecto a algunos límites y no a otros, sobre el cuidar y preocuparse los unos de los otros, fructificar entre sí tanto lo humano como lo no humano, y crear fronteras determinadas para excluir a algunos y no a otros», poniendo el ejemplo de la discriminación que se da en California con los migrantes. Reclamando para ello una especie de simpoiesis « para hacer frente a los problemas con los que vivimos de verdad», lo que supone una ética del Chthuluceno, no como una lista de deberes sino como una práctica que se desarrolle en sintonía con los demás. Las aclaraciones sobre el origen del nombre propio recién nombrado y que consta igualmente en el título de este artículo , no faltan desde el inicio: inspiración en una araña , Pimoa cthulhu que se convirtió en una especie de tótem , en un ser que ayuda a pensar, en parte, porque su hábitat natural son los bosques de secuoya roja, árboles cercanos a donde vivo; y en parte porque tiene estos dos nombres tan contradictorios e interesantes, que son, si me dejas expresarlo así, indígenas, pero no de una manera inocente», no eludiendo la referencia a Lovecraft, aunque en este Chtulu es patriarcal, y Haraway busca apoyo en Medusa que petrifica las miradas patriarcales…
En fin, estamos ante unas densas páginas en las que se presenta la lucha de las mujeres, mostrando la influencia de los feminismos no sólo en lo que hace a la distinción entre sexo / genero, sino en la honda huella que han dejado, y dejan, en la lucha por el planeta y en su mayor habitabilidad.


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viernes, 5 de junio de 2020

Violencia machista y coronavirus; Del 8-M al Ingreso Mínimo Vital, rebrota la caza de brujas contra el feminismo

El acoso a las feministas dentro y fuera de las redes sociales es, según diversas expertas, una estrategia con dos objetivos: deslegitimar al movimiento feminista y arremeter contra la izquierda. 
Otras miradas - Qué poco os importan las maltratadas y cuánto el 8M
Imagen de la manifestación del 8-M en Madrid.
A pesar de que el mismo día 8 de marzo y los anteriores se habían celebrado una infinidad de eventos, actos, concentraciones, fiestas y competiciones deportivas, poco después de que se decretara el estado de alarma sólo la manifestación feminista parece ser culpable de la expansión de la pandemia en nuestro país. Así lo han manifestado a diestro y siniestro dese hace semanas grupos y partidos de derecha y de extrema derecha como el Partido Popular y Vox.
Un informe de la Guardia Civil a la jueza que decidió abrir una causa con este argumento se desveló lleno de falsedades, mentiras y un afán por retorcer declaraciones de testigos para que justificaran las afirmaciones que desde hace semanas se vierten contra el movimiento feminista.
Pero este bulo no ha sido la única punta de lanza. El confinamiento impuesto a la población para frenar la propagación del virus puso de manifiesto de una forma cristalina hasta qué punto las costuras de la igualdad estaban llenas de hilachas y la necesidad de mirar cada acción y cada política con perspectiva de género. Un vocablo que sólo hace referencia a entender cómo la acción de las instituciones tiene un impacto diferenciado en hombres y en mujeres, pero que levanta urticaria entre los sectores más conservadores.
De esta forma, incluso la mención en redes sociales sobre la importancia de una renta vital mínima para equilibrar la balanza de género fue amplia y agresivamente contestada en diversas cuentas de feministas. 
«La derecha ha hecho del movimiento feminista un símbolo, un emblema, para matar dos pájaros de un solo tiro, de una parte, deslegitimar al feminismo y de otra arremeter contra la izquierda, porque la derecha sabe que la izquierda se aproxima todo lo que puede al feminismo para ganar legitimidad. Por eso la criminalización del feminismo forma parte del programa conservador y ultraliberal de la derecha», afirma la socióloga Rosa Cobos.
«El feminista es un movimiento de masas como no lo es ningún otro en este momento y esto asusta a la derecha más ultraliberal»
«El feminista es un movimiento de masas como no lo es ningún otro en este momento y esto asusta a la derecha más conservadora y ultraliberal porque saben de su capacidad de movilización y también saben que el feminismo tiene un fuerte sentimiento anticapitalista», añade esta catedrática de la Universidad de A Coruña.

En esta misma línea coincide Isabel Mastrodomenico, directora de la Agencia Comunicación y Género, al afirmar que esta reacción que estamos viviendo tiene que ver con el hecho de que “nuestra insitencia ha generado conciencia en la ciudadanía».

Esta experta resalta que el acoso, la difamación y la burla hacia las feministas no es algo nuevo. Todas las defensoras de los derechos de las mujeres en todos los tiempos han sido difamadas y fruto de escarnio «y para constatar esto no hay más que ver las campañas que se emprendieron contra las sufragistas, que ridiculizaban a sus maridos y que las presentaban como mujeres malvadas. Que nos empiecen a señalar como responsables del contagio masivo del virus no deja de ser una estrategia más de los que están en contra de los avances del movimeito feminista».
«En ningún otro lugar se ha usado la celebración de estas marchas como un argumento político contra el feminismo»
Para Mastrodoménico, esta insistencia sobre los terribles efectos del 8-M en la expansión de la pandemia tiene un marcado sello de la ultraderecha española. Explica que las manifestaciones multitudinarias por el Día Internacional de la Mujer se produjeron en multitud de ciudades del mundo entero, incluidas las principales capitales europeas, «pero en ningún otro lugar se han usado estas marchas como argumento político para culpar al feminismo de la pandemia, ni siquiera en América Latina».
«Es tan contradictorio el discurso de la ultraderecha que les ha explotado en su misma cara. Se quejan de las manifestaciones feministas pero luego salen a manifestarse en plena pandemia. O se quejan de las feministas mientras ellos estaban en la convención utraconservadora en la que sus líderes estaban enfermos y contagiaron a un montón de personas», añade Mastrodoménico.
La filósofa Ana de Miguel está convencida de que buena parte de las críticas que está recibiendo el movimiento feminista proceden de «una estrategia política que identifica el feminismo con la izquierda en el poder y todo vale para ensuciar y liar a la gente contra el ‘gobierno ilegítimo'». Sin embargo, estos ataques «hunden sus raíces en una constante de nuestra cultura, el desorden que procede de que las mujeres se salgan de su sitio o lugar natural, que no es otro que el de hacer la vida agradable a los hombres. Lo dice la Ilíada, lo dice la Biblia y lo dicen los ‘transgresores sexuales’ y la izquierda patriarcal. Lo dicen Rousseau, Freud, la sección femenina y hasta Perico de los Palotes. Las mujeres hemos sido creadas para hacer la vida agradable a los demás. Y punto».
Mayor beligerancia hacia las feministas
«Hoy existe una mayor beligerancia hacia colectivos y mujeres feministas», afirma la jurista experta en violencia de género Paula Fraga. Y la sitúa en dos momentos clave: «Cuando VOX, una fuerza política explícita y abiertamente misógina consiguió 52 escaños en el Congreso, que supuso una legitimación política de ideas que ya deberían estar superadas«. El segundo momento se produjo con una situación de crispación sociopolítica, propiciada en buena medida por la crisis y las consecuencias económicas del coronavirus».
La ultraderecha en lugar de soluciones busca culpables y cómo no, cargan contra quienes siempre lo hacen, contra el movimiento feminista. No es más que una burda estrategia para desacreditar, pero la promueven desde sus escaños y desde sus altavoces mediáticos y esto tiene reflejo social. Así, las feministas estamos siendo de nuevo acosadas y amenazas en redes y fuera de ellas», afirma esta jurista.
Para Paula Fraga, este intento de desacreditar al feminismo «no solo procede de la ultraderecha, sino también de sectores que se dicen de izquierda y progresistas y no son menos virulentos y que llegan a amenazar de muerte».  Esta experta hace referencia a planteamientos realizados desde movimientos ligados a la teoría queer, que «utilizan las mimas tácticas de silenciamiento que aquellos a quienes dicen combatir, fundamentalmente la injuria, el acoso y la amenaza». Una teoría que califica como «acientífica, sexista y antifeminista» y que «se manifiesta a través de las leyes de identidad (de género)». añade.



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jueves, 4 de junio de 2020

El victimismo fascista


Patriarcado pop. Sobre la construcción del hombre blanco heterosexual como sujeto/víctima


I Won’t Hurt You (1964). ROSALYN DREXLER
En septiembre de 2016, durante una campaña de recaudación de fondos para causas solidarias con el colectivo LGTB+ en Nueva York, Hillary Clinton emitió un discurso en el que consideraba que la mitad de los posibles apoyos que tenía Donald Trump podían ser tirados a un basket of deplorables (cesta de desgraciados), al ser todos ellos unos racistas, sexistas y xenófobos insalvables. En pocas semanas, camisetas, carteles, memes y hashtags con la expresión inundaban los medios y las manifestaciones, con un gran número de personas que se identificaban a sí mismas, orgullosamente, como los deplorables. Un año más tarde, cuando la candidata demócrata publicó sus memorias sobre lo acontecido en la campaña presidencial, reconoció públicamente que aquello fue uno de los motivos que provocó que perdiera las elecciones.
Más allá de la condescendencia que supuran las palabras de Clinton, reconocer que aquello fue lo que dio la victoria a los conservadores es, en realidad, reconocer su superioridad estratégica y aceptar que su moralidad es aceptable. ¿Por qué? Porque, más allá de que insultar a su rival fuera o no un error, lo cierto es que los conservadores hubieran actuado del mismo modo, porque la victimización era parte intrínseca de su estrategia. Y así lo ha sido siempre cuando se trata del fascismo. 
Cuando nació en el periodo de entreguerras, los grandes líderes de esta representación política buscaban su apoyo precisamente en los grandes perdedores de su época: obreros cuyas vidas se pauperizaban por los enormes costes que suponían las reparaciones de la Gran Guerra y el Crack del 29. Mussolini se presentaba a sí mismo como aquel que haría justicia por las exigencias coloniales frustradas para Italia al no haber sido atendidas tras los acuerdos internacionales que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial. Hitler hablaba de un modo que sus palabras, haciendo un paralelismo, venían a decir principalmente “make Germany great again”. Se dirigían al descontento popular de unos países en los que los problemas socioeconómicos y la creciente organización de la resistencia comunista estaban poniendo en entredicho la infalibilidad del progreso y la ciencia, abanderados por el capitalismo y el imperialismo. Las grandes empresas se vieron obligadas a apoyar a los partidos fascistas ante la amenaza roja que ponía en peligro su estatus. Ya sabemos qué fue lo que pasó. 
El fascismo y la emocionalidad triunfan porque no exige intelectualidad ni crítica, están al alcance de cualquiera al apelar a la nostalgia
El fascismo juega con su máximo atractivo, la emocionalidad, para promover agendas que, en realidad, poco tienen que ver con la mejora de la vida de gran parte de la gente a la que se dirigen. Pero triunfan porque no exigen intelectualidad ni crítica, están al alcance de cualquiera al apelar a la nostalgia y a un vago sentimiento de injusticia que cualquiera que haya vivido en una sociedad de clases alguna vez ha sentido. En su momento, identificaron a la clase trabajadora como depositaria de ese mensaje, se apropiaron de símbolos, entidades y parafernalia obrera (el rojo y el negro por parte de la falange, los sindicatos verticales, etc.). Además, le dieron un nuevo significado a su enemigo, de los líderes capitalistas que se apropiaban de la plusvalía o las viejas estructuras de poder que se encargaban de que sus vidas estuvieran condenadas a la miseria, a los judíos o la conspiración masónica. El fascismo de hoy en día, en una sociedad que se niega a sí misma como “de clases”, no puede buscar en “los obreros” la esencia de su discurso. Si no se puede aceptar la desigualdad económica por nacimiento y se hace gala de que vivimos en un mundo libre, es necesario que los nuevos conservadores busquen nuevas maneras de dirigirse a sus simpatizantes si quieren ganar adeptos.
En este caso, se trata de un mundo libre en el que el esfuerzo y la competencia son los encargados de tu triunfo y el ser pobre se limita a una opción elegida por los vagos. Y lo encuentran en la identidad del hombre blanco heterosexual, la cual, desde un punto de vista está, efectivamente, bajo ataque. Sin embargo, no del mismo modo en el que lo está la clase obrera, ni mucho menos por las mismas fuerzas. Cuando el feminismo habla de una metafórica “destrucción del hombre”, lo hace en términos de liberación de los clichés de comportamiento a los que se les somete. En ningún caso se habla de un ataque personal a quienes entran dentro de esta categoría. El ataque al que se somete a ese hombre no es personal, sino sistémico, ya que en realidad se trata del patriarcado y de sus consecuencias: cultura de violación, masculinidad tóxica, homofobia, etc. Pero, no obstante, quienes no han tenido tiempo, interés o posibilidad de entender el análisis sobre las desigualdades de género y las cadenas que la educación patriarcal nos impone, sienten las críticas hacia esa identidad como críticas a sí mismos. Se sienten atacados cuando un análisis feminista de la cultura, la economía o las conductas señalan la masculinidad como origen de gran parte de las desigualdades y las violencias que se perpetúan. Nunca antes en la historia se popularizó tanto una crítica integral como la que hace el feminismo, por lo que esta novedad, como casi todo lo nuevo, provoca recelos en quienes no comprenden sus motivos. Se producen metonimias, se confunde el continente con el contenido, y cuando las feministas señalan que Han Solo actúa como un macho tóxico, los hombres que se identifican con una masculinidad aparentemente deseable como la suya, consideran que lo que las feministas quieren no es interpretar los orígenes y significados de nuestra socialización, si no destruir nuestros ídolos de la infancia y hacer desaparecer todo aquello en lo que los hombres se reflejan.
Para los conservadores, azuzar este falso sentimiento de verse amenazados resulta tremendamente útil. Principalmente, porque quienes sí que están bajo la amenaza que supone una política feminista son precisamente los líderes de esos partidos y, en general, todo aquel que ostente un poder basado en la desigualdad de cualquier tipo. Pero además, jugar al “que viene el monstruo del hembrismo a por ti” da jugosísimos resultados electorales. 
Hacer pasar al feminismo como una contrapartida del “machismo”, considerado abiertamente como algo malo, en general, en la cabeza de casi todos los ciudadanos occidentales, sirve para construir esta identidad de hombre bajo amenaza y sospecha, que a la postre sirve para construir programas políticos encabezados con la derogación de la Ley Contra la Violencia de Género –por discriminar al hombre frente a la ley, mientras se esconden los intereses reales de esos partidos, los cuales suelen distar bastante de cualquier beneficio real para muchos de sus votantes. Lo que buscan es enfatizar las injusticias y las diferencias económicas y simbólicas y mantener las mismas estructuras de poder. 
Victimizarse puede llegar a ser una forma poderosa de construir una comunidad. Quejarse constantemente de la desgracia puede ser en sí mismo una identidad
Sin embargo, victimizarse puede llegar a ser una forma poderosa de construir una comunidad. Quejarse constantemente de la desgracia de uno mismo puede ser en sí mismo una identidad. Y no es que los hombres blancos heterosexuales, en su mayoría, no tengan motivos para hacerlo. Es más bien que las causas y causantes de esas quejas son reinterpretadas por el fascismo para dirigirlas a sus potenciales enemigos políticos. Para cultivar esa identidad de hombre como víctima se han venido usando “cifras objetivas” como la menor esperanza de vida en hombres que en mujeres, la superior tasa de suicidios, mendicidad y muertes laborales, o la violencia sufrida (aunque el hecho de que esa violencia sea ejercida en el 95% de los casos por otros hombres no se recalque nunca). Lo irónico es que la mayoría de estas quejas, que sí están fundamentadas con datos y son, en la mayoría de los casos, reales, no buscan el origen de las mismas. Y es que, a poco que se analice, podemos darnos cuenta que derivan de forma muy evidente en comportamientos típicos de la masculinidad tóxica: “Los hombres son más violentos”, “los hombres son más aptos para los trabajos duros”, “los hombres no lloran ni piden ayuda”, etc. Construir un mundo de supremacía sobre el cuerpo de las mujeres, jerarquizado y dirigido al conflicto violento. Construirlo como forma de acceder al poder, para después victimizarse por sus traumáticos daños colaterales en la vida del género dominante, es un poco como meter palos en las ruedas de tu propia bicicleta. Si los neomachistas entendieran que el feminismo hace mucho que ha analizado estas cuestiones y se preocupa por ellas, podrían encontrar la llave para escapar de su jaula. Se aferran a un sentimiento de desamparo frente a las instituciones, que podría ser compartido por prácticamente cualquiera que no tenga más que su cuerpo y su mente para ganarse la vida. Pero quienes quieren disfrutar de los privilegios del patriarcado no están interesados en promover cambios de mentalidad que puedan poner en peligro su posición. Por ello, utilizan medias verdades y falacias de todo tipo, aferrándose a la “desigualdad del hombre y la mujer ante la ley” (como si ella no hubiera existido para beneficio del hombre durante toda la historia). Hablan de custodias exclusivas para la mujer, de las ubicuas denuncias falsas, de la menor concesión de bajas por paternidad o de que existen más convictos hombres que mujeres. Todo esto se promueve para cultivar ese sentimiento de injusticia, ignorando historia, contexto y socialización, deformando el foco de análisis en situaciones específicas a gusto del consumidor de esa identidad. No importa que no se pueda demostrar ni la veracidad ni el origen de estas cantinelas, importa que apelen al resentimiento de aquellos que vivían en una sociedad en la que se les prometía todo desde pequeños y ahora ven que Santa Claus no existe. Resulta mucho más seductor focalizarlo en las mujeres, aquellas que histórica y económicamente tienen menos capacidad de crear discurso. Las atacan como causantes últimas de la frustración a la que se ven sometidos estos hombres. Funciona porque no se enfrenta con los verdaderos causantes de la desigualdad, que tienen más armas para defenderse, y porque no precisa de ningún análisis sesudo, sino únicamente exige la repetición de monsergas más o menos consabidas, disfrazadas previamente bajo una pintura de “incorrección política” o de “lo que nadie quiere oír o se atreve a decir”. Apelar a los hombres como “perdedores” , “segundones” o “fracasados” se hace inculpando a la “ideología de género que tiene comprados a medios y políticos” y a que “el feminismo está de moda y da dinero”. Este es el motivo por el cual las mujeres se adhieren a organizaciones de este tipo para recibir cuantiosos beneficios a costa de exprimir el trabajo de los hombres. Es un discurso mascado y escupido para agitar a los contrariados con el sistema que carecen de tiempo o ganas para pararse a analizarlo.
El nuevo fascismo acusa a la izquierda de ‘coleccionar opresiones’, abanderando su superioridad moral. Pero su estrategia de victimizar a los hombres no dista mucho de ella
Por ello, los fascistas pueden permitirse caer en mentiras, desacreditaciones y contradicciones. ¿Os suena la paradoja de El emigrante de Schrödinger ? Aquel que viene en invasión para aprovecharse de un sistema de prestaciones que le permite hacer el vago (y que los ciudadanos no gozan de él porque lleva desmoronándose con recortes desde hace décadas), pero que a la vez te roba el trabajo (aunque muy rara vez emigrantes y habitantes del país de acogida compartan trabajo). El nuevo fascismo acusa a la izquierda de “coleccionar opresiones” y hacer gala de ellas, abanderando su superioridad moral. Pero en realidad, su estrategia de victimizar a los hombres no dista mucho de ella. Jugando en sus mismos términos, los conservadores consiguen así desactivar el análisis de la izquierda en términos simbólicos y, a ojos de la mayoría, ponerse a su mismo nivel. Por ello, utilizar la moral para justificar la lucha contra la desigualdad puede llegar a ser contraproducente. En un mundo en el que el 99% de la población está sometida a los intereses del 1%, enfrentar a las mayorías, haciendo que carezcan de un análisis de clase, género y raza que implique a todas en la necesidad de cambiar y mejorar el mundo, es apostar a caballo ganador. Nuevamente, la alianza entre patriarcado y capitalismo, la excusa de que somos gente libre compitiendo en el libre mercado.
Por ello, no podemos renunciar a explicar todo sistema de opresión, sea simbólico y económico, porque centrarnos en que hay gente que lo pasa mal por culpa de otros está siendo ahora mismo aprovechado por aquellos que sí que tienen conciencia de clase, aterrorizados de que sus privilegios se hayan puesto en entredicho gracias a los avances sociales que ha causado el feminismo.
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8-M y coronavirus El movimiento feminista no retrocede ante la extrema derecha: «El machismo también es una pandemia que hay que combatir»

  • La Comisión 8-M y otros colectivos feministas entienden que «la batalla que se está librando en torno» al movimiento y su manifestación «tiene más que ver con el clima de crispación política» que con el trabajo de las activistas
  • «Ellos han puesto el foco en el 8-M porque es algo de lo que pueden responsabilizar al Gobierno», sostiene la periodista y antropóloga Nuria Alabao
Manifestación del 8M en Madrid.
Manifestación del 8-M en Madrid. E.P.
Con el inicio de la pandemia, la mirada de la ultraderecha buscó un objetivo concreto: el movimiento feminista. La celebración de la marcha del 8-M, que congregó a más de cien mil personas en Madrid, ha sido utilizada por la extrema derecha institucional y social para cargar contra la gestión de la crisis. Esta batalla se ha desplazado ahora al terreno judicial y ha aterrizado en el Juzgado de instrucción número 51 de Madrid. Su titular, Carmen Rodríguez-Medel, investiga al delegado del Gobierno en Madrid por permitir la manifestación.
La Comisión 8-M lo tiene claro: «No somos parte de ese juego. No queremos serlo. Y no vamos a entrar en él». Lo dicen a través de un comunicado en el que recuerdan que el movimiento «se ha convertido en la excusa para un discurso reaccionario que trata de opacar tanto lo que ya era invisible como cualquier posibilidad de debatir sobre ello». Los ataques, advierten, «no son sólo simbólicos», sino que han cristalizado en una serie de ataques por parte de «quienes estaban intentando manipular la realidad con informes falsos y maniobras políticas». Algunas activistas, denuncian, han sufrido «prácticas que se saltan las garantías de un estado de derecho». Y añaden: «Se nos ha presionado para que fuésemos a hacer declaraciones policiales en pleno estado de alarma. Se nos ha señalado con nombres y apellidos».
La Comisión 8-M recuerda que quienes les «han puesto en la diana ni siquiera entienden qué es el 8-M». «Somos mujeres comunes organizándonos para luchar por lo común. Somos un movimiento social, horizontal, asambleario. Somos tú y yo, somos nosotras. Y, sobre todo: no salimos a la calle solo el 8 de marzo. Y esto es, quizá, lo que más les asusta». En todo caso, las activistas dicen estar «acostumbradas» a que se las «criminalice». «También sabemos que, cuando se empieza a criminalizar las luchas sociales, ese camino no tiene fin. En un momento como este, salvaguardar los derechos fundamentales también es la garantía de que podamos seguir hablando de lo esencial, y trabajando por ello».
Yolanda Díaz es activista y una de las promotoras de la iniciativa Emergencia Feminista. En conversación con infoLibre insiste en que «es todo ruido» y forma parte de una estrategia bien conocida para las feministas: «Una vez más, culpabilizan a las mujeres». Pero ellas, afirma, llevan «más de tres siglos luchando por los derechos de las mujeres y a muchas les ha costado la vida». Recuerda que el discurso y los movimientos de la extrema derecha demuestran «más que nunca el machismo y la homofobia», pero sobre todo persiguen un fin: «Nos quieren ver temerosas, pero las mujeres somos valientes». «Quieren que nos quedemos en el ámbito privado y que sólo ellos tengan el poder». Pero el movimiento feminista no prevé desviarse del camino. «Nuestra senda va a ser la misma: seguir luchando». También durante el confinamiento, señala, mostrando su «disconformidad dentro de casa, a través de las redes y en las calles». A juicio de Díaz, «el ruido siempre ha existido, para tapar lo verdaderamente importante», pero no entra en los planes del movimiento amilanarse. «Los asesinatos machistas siguen, el machismo sigue y nosotras vamos a seguir diciendo que el virus del machismo es la pandemia que se debe combatir«.
«Este baile no va con nosotras». Lo resume así Marisa Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres. «A las posiciones de la ultraderecha siempre le ha venido muy bien el discurso agresivo contra las mujeres«, de manera que el «uso específico del 8-M tiene más que ver con ese posicionamiento ideológico» y no con que «las manifestaciones tuvieran efectos relacionados con la pandemia». En Madrid, recuerda, la movilización congregó a «cerca de 120.000 personas que en ningún caso es comparable con los dos millones que nos subimos al metro ese día».
En todo caso, insiste Soleto, «la batalla que se está librando en torno al 8-M tiene más que ver con el clima de crispación política que con nosotras» y aunque entiende que el resultado no «beneficiará al movimiento feminista», se pregunta si realmente «alguien cree que esto puede ser perjudicial para todo el trabajo» hecho hasta ahora. «Yo en marzo de 2021 estaré manifestándome y conmigo al menos otras 120.000 más», augura.
La extrema derecha y la crispación
Aunque las movilizaciones feministas se celebraron en decenas de países, únicamente en territorio español se ha vinculado, vía judicial, la expansión de la epidemia con la realización de las marchas. Diferentes colectivos feministas de dimensión internacional desconocen acciones similares en otros países y tampoco el Instituto Europeo por la Igualdad de Género (EIGE) tiene noticias al respecto, aunque está investigándolo. El uso de la denuncia como herramienta de la extrema derecha se ha consolidado en suelo español por parte de partidos como Vox o agrupaciones como Abogados Cristianos.
El equipo de Santiago Abascal ha encontrado en la vía judicial un instrumento al que aferrarse para ejercer su particular oposición, sin mirar los resultados: el partido ultra ha presentado decenas de querellas contra representantes políticos que han quedado en el archivo. Abogados Cristianos también ha ocupado titulares de manera habitual por constituirse como una máquina de presentar denuncias, esta vez relativas a delitos contra sentimientos religiosos.
Nuria Alabao, periodista y autora del capítulo Género y fascismo: la renovación de la extrema derecha europea, contenido en el libro Un feminismo del 99% (Lengua de Trapo, 2018), recuerda que «esta estrategia está muy vinculada con Vox», que a su vez procede de una «escisión neocon del PP». En ese sentido, destaca que existe un antecedente en cuanto a tensión emocional, en marzo de 2004, tras los atentados de Atocha en Madrid. Entonces «hay un intento, en un momento de tensión emocional muy fuerte, de utilizar eso para excitar los ánimos en una especie de necropolítica». En aquel momento, analiza Alabao, se utiliza una suerte de «teoría de la conspiración para introducir dudas sobre la autoría de los atentados», con el objetivo de «impugnar el resultado de unas elecciones que habían dado la victoria al PSOE».
A día de hoy, tanto las manifestaciones ultra como la batalla judicial «no llevan el membrete de Vox, pero la tonalidad de las expresiones sí lo son». El objetivo, entiende, pasa por «agitar los ánimos» para lograr sus objetivos políticos. «Ellos han puesto el foco en el 8-M porque es algo de lo que pueden responsabilizar al Gobierno«, desgrana la periodista, pero «no llegarán muy lejos» porque aunque la celebración de las marchas «pueden ser discutibles, no podían prohibirse en aquel contexto». En todo caso, continúa, a la formación de Santiago Abascal «le viene muy bien porque es el único partido español manifiestamente antifeminista».
Sin embargo, la conexión de las filas ultra con otros movimientos europeos, especialmente del este, es evidente. Estos sectores han tenido sus propias expresiones misóginas durante la pandemia. La diferencia esencial tiene que ver con quién ostenta el poder: en Polonia y Hungría, con la extrema derecha en el Gobierno, la estrategia ha venido a golpe de legislación. En el primer país a través de la puesta en marcha de una ley restrictiva contra el aborto y en el segundo contra las personas trans.
Lo recuerda Violeta Assiego, activista y abogada por los derechos humanos. «El movimiento fascista, o los fundamentalismos contemporáneos, están centrando sus ataques en los derechos de las mujeres y las disidencias sexuales, pero está tomando un cuerpo diferente en cada país», dice al otro lado del teléfono. En España «lo hace por la vía judicial y contra el 8-M», pero en otros países la estrategia se adapta a las circunstancias propias. «Mi sensación es que el 8-M es el escenario que están utilizando aquí los fundamentalismos contemporáneos para desestabilizar al Gobierno», por tanto la peculiaridad en suelo español es que la ultraderecha «está tratando de recuperar el poder político» y lo hace intentando matar dos pájaros de un tiro: perjudicar al Gobierno y «desactivar la confianza de la gente en un movimiento imparable que está conquistando muchos espacios». Si la extrema derecha estuviera en el poder, sospecha la abogada, «impondría medidas que sí vemos en otros países».





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Ni una menos

Especial informativo de Radio Universidad de La Plata. FM 107.5
El grito de Ni una menos levantó las raíces de la vida a lo largo y ancho de Nuestra América, como una alerta sin fronteras. El epicentro de la movilización que en principio buscaba evidenciar las prácticas de la muerte asociadas al dominio patriarcal, fue una reacción concreta al asesinato de Ángeles Rawson en el 2016. Desde aquel oscuro 3 de junio, Latinoamérica se ha visto sacudida por las movilizaciones constantes y una organización cada vez más grande y radical de mujeres, cuerpos femeninos y disidentes en respuesta a la visceralidad del patriarcado neoliberal que nos habita. Recordemos que el nombre de la campaña se debe al poema  «Ni una muerte más» de la poeta Susana Chávez escrito en 1995. Susana fue asesinada en Ciudad Juárez en el 2011. Según los jueves responsables del caso, el asesinato no habría tenido que ver con su militancia feminista. Con el progresivo avance del movimiento Ni una menos vemos que el caso de Susana en México y de Ángeles en Argentina son la consecuencia directa de la alianza entre los sistemas patriarcales, jurídicos y económicos. Es decir, el feminicidio es un efecto estructural del diálogo entre las esferas de poder.
En países como México, Colombia, El Salvador, Haití y Brasil, la violencia contra los cuerpos femeninos está directamente asociada al desarrollo de las estructuras paraestatales, funcionales al narcotráfico y a injerencia extranjera en las entidades estatales y empresariales. Así lo afirma Sabine Lamour, referente feminista haitiana al denunciar a los encargados de la supuesta ayuda humanitaria internacional, en su asociación con las violaciones y torturas a las mujeres e infancias en Haití, después del terremoto. Como en Colombia, los invasores extranjeros son los modelos dominantes de las masculinidades que apuntan a doblegar los cuerpos de las mujeres, entendidos como territorios y espacios que condensan las resistencias soberanas.
En los países revolucionarios la defensa por la vida de las mujeres y disidencias también define quiebres al interior y exterior de los propios procesos de resistencia. Este es el caso de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Los dos últimos han empezado a movilizarse en torno a la campaña Ni Una Menos a partir del 2016, solamente un año después de su surgimiento en Argentina. La historiadora y exguerrillera sandinista Dora María Téllez ha sido una de las más importantes referentes revolucionarias en llevar las reivindicaciones contra la violencia hacia las mujeres en Nicaragua. Afirma que «El gobierno debería tener una responsabilidad en la protección de la vida de la mujer” y que las tendencias patriarcales de la revolución son el efecto no autocrítico del proceso, marcando así continuidades fatales con el sistema político que se propuso derrotar. Por su parte, el movimiento feminista cubano ha exigido al presidente Miguel Díaz-Canel, se proponga actualizar el sistema penal para materializar políticas públicas a favor de la vida de las mujeres. Cuba carece de una ley específica de violencia de género y de un modelo integral de atención a las víctimas y sobrevivientes*.
DIANASACAYAN Instagram posts (photos and videos) - Picuki.com
Diana Sacayán – Militante trans (1975-2015)
En conclusión la ola feminista en Nuestramérica ha pateado con fuerza las puertas de las instituciones para reclamar la responsabilidad política de los poderes locales y extranjeros en la peor pandemia que azota nuestros territorios, es decir, el margen de expropiación patriarcal en su peor manifestación: nuestras muertes. Por lo pronto, el movimiento de mujeres busca profundizar sus luchas articulando con las disidencias una agenda común que afronte la violencia letal de la homofobia y la transfobia. Según el Observatorio de Personas Trans Asesinadas (TMM de sus siglas en inglés, Trans Murder Monitoring) el 78 % de los asesinatos a personas trans a nivel mundial fue registrado en los países de América Central y América del Sur, encabezados por Brasil y México.
 (…)
Mujer instante,
hacha
que arrastras,
que cortas lenguas esparciéndolas
en la mano de Dios que se retuerce de risa contigo.
Fugitiva de tu captura saldré
sabiendo perfectamente
que eres invencible.
Susana Chávez, “Ni una muerta más”, Ciudad Juárez 1995.
Recordamos sus palabras y las anudamos con aquellas otras que dicen “Nombremos a todas y existiremos siempre”
Porque derrotamos al patriarcado en cada latir, porque reavivamos la esperanza de la vida en medio de la convulsión neoliberal, porque nos recordamos antes de ser esclavas y colonizadas: La Revolución es feminista.
*Para más información Gabriela Mejías Gispert en La Joven Cuba




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