RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

viernes, 14 de diciembre de 2018

Arcópoli denuncia el acoso homófobo contra el colectivo LGTB en Torrelodones a través de continuas pintadas


Por Arcópoli
Desde que el Ayuntamiento de Torrelodones firmó un convenio con Arcópoli y se está tratando de forma específica y visible la igualdad, se han producido 7 pintadas contra el colectivo LGTB en general,  la alcaldesa Elena Biurrun y la asociación en un claro discurso de odio por LGTBfobia para el que no quiere actuar la Fiscalía.
Ayer Torrelodones amaneció por séptima vez en menos de dos años con varias pintadas homófobas y machistas contra el colectivo LGTB y la alcaldesa de la ciudad. Las pintadas en la misma zona donde otras veces, que está pintada con los colores del arcoíris se dirigen al colectivo LGTB: ”fuera maricones” y a la alcaldesa “alcaldesa puta””buscanos”[sic].
La primera pintada se produjo en julio de 2017 y desde entonces han aparecido mensajes como “fuera maricones”, “degenerados a la hoguera”, “Rusia nos marca el camino”, “sodomitas”, “os vamos a matar”, “Viva Putin”, “no a la ley mordaza LGTB” o algunas directamente dirigidas a la alcaldesa como “alcaldesa hemos vuelto” o “búscanos” para dejar claro que son los autores de las anteriores y tratar de intimidar a la primera edil torresana. También ha habido referencias a Arcópoli como “Arcópoli not welcome”.
En todas las ocasiones el Ayuntamiento se ha puesto en contacto con Arcópoli para denunciar estas pintadas y hemos presentado escritos a la Fiscalía de Delitos de Odio de Madrid. El 2 de noviembre recibimos una respuesta de la fiscalía declarando que los mensajes pintados en la misma zona de siempre (zona que en las fechas del orgullo se pinta del arcoíris) con los mensajes:”LGTB not welcome”, “Alcaldesa hemos vuelto” y “Arcopoli not welcome” no son constitutivos de delito de odio ya que “no se da en el presente caso de forma directa o indirecta incitación al odio, hostilidad, discriminación o violencia al colectivo LGTB”. No lo valoran siquiera como “delito de daños” ya que “las pintadas se han podido borrar sin problemas” y lo tipifican como “deslucimiento de bienes públicos” que ya no está integrado en el Código Penal por lo que la fiscalía decidió archivar el caso y no realizar ninguna investigación. Desde Arcópoli nos parece indignante que un mensaje como “LGTB not welcome” no sea calificado como incitación al odio y denunciamos el doble rasero utilizado por la Fiscalía cuando las pintadas en Parla o en Algete que aparecieron este año sí fueron tipificadas como delito de odio.
Desde Arcópoli queremos destacar que seguiremos trabajando con mucho ahínco como hasta ahora con el gobierno municipal de Elena Biurrum para defender la igualdad y la libertad del colectivo LGTB. Queremos agradecer al gobierno municipal su total respaldo a las acciones de visibilidad y libertad del colectivo LGTB así como su compromiso con la equiparación de nuestros derechos, que convierten a Torrelodones en un municipio referente del trabajo LGTB.
Rubén López, portavoz del Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia ha declarado que “esta expresión del odio hacia el colectivo LGTB no solo no nos atemoriza sino que nos da más fuerza para ser más visibles y seguir con las formaciones y las charlas en los centros educativos. Y si la fiscalía sigue sin calificar como delito de odio estas pintadas amenazantes, lo llevaremos al defensor del pueblo. Además queremos expresar nuestra solidaridad con Elena Biurrun y todo el gobierno municipal por los ataques que están sufriendo por mostrar su claro y contundente apoyo al colectivo LGTB”.




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lunes, 10 de diciembre de 2018

Condena mínima de cinco años tras drogar, violar y robar a una prostituta en Madrid


Por Kaos. Estado Español
La Audiencia Provincial condena por abusos a un hombre que drogó a una mujer para después violarla. Jueces y fiscal entienden que no es agresión porque los efectos de la droga hicieron innecesaria la violencia.
Un hombre ha sido condenado a cinco años de prisión por drogarviolar y robar en Madrid a una mujer con la que había contactado a través de internet para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero: tanto los jueces de la Audiencia Provincial como la Fiscalía entienden que es un delito de abusos, y no agresión sexual, porque el efecto del medicamento que introdujo en su bebida hizo innecesario cualquier tipo de violencia.
Los hechos, según la sentencia a la que ha tenido acceso la Cadena SER, ocurrieron en enero del año pasado. El agresor había contratado los servicios sexuales de la víctima a través de una página web y se encontraron en un piso donde ella se prostituía con más mujeres: en un despiste, el acusado aprovechó para echar Zolpidem en la cerveza de la víctima y, una vez inconsciente, la violó sin ponerse preservativo. Se marchó del lugar robándole más de 400 euros y dos teléfonos móviles.
En un primer momento la Fiscalía llegó a pedir nueve años y medio de prisión para él por abusos y hurto, pero finalmente la sección sexta de la Audiencia Provincial de Madrid ha optado por una de las condenas más bajas: cuatro años y medio por los abusos sexuales – el mínimo legal son cuatro años – y medio año más por el robo, dejando en total cinco años de cárcel y la obligación de indemnizar a su víctima con 6.000 euros además de otros cinco años más de libertad vigiada.
La sentencia no refleja en sus argumentos por qué apuesta por la condena menos grave para esta versión de los abusos sexuales con penetración – que arranca en los cuatro años y llega hasta los diez – pero sí especifica que le impone la pena “en su tramo mínimo”, la mitad de lo que había pedido la Fiscalía.

Violación o abuso
La sentencia finalmente le condena por un delito de abusos sexuales en la versión agravada para los casos en los que hay penetración, explicando por qué es considerado un abuso y no una violación: los fármacos que usó el acusado anularon la voluntad de la víctima, no existiendo necesidad de usar la violencia que exige la agresión sexual.
La sentencia refleja cómo la Fiscalía terminó solicitando una condena de más de nueve años de cárcel por abusos sexuales en sus conclusiones definitivas, al final del juicio, pero también cómo en un primer momento lo hizo por violación en su escrito de conclusiones provisionales.



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domingo, 9 de diciembre de 2018

¿Por qué necesitamos alternativas al desarrollo?

Por: Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, y Alberto Acosta


¿Por qué necesitamos alternativas al desarrollo?


La naturaleza seductora de la retórica del desarrollo, a veces llamada desarrollismo, ha sido internalizada –naturalizada- prácticamente en todos los países.  Décadas después de que la noción de desarrollo se expandiera alrededor del mundo, solo un puñado de países que antes fueron llamados “subdesarrollados” o “en vías de desarrollo”, son hoy “países desarrollados”. Otros luchan para emular la matriz económica de los países del Norte, a un enorme costo ecológico y social. El problema no reside en la falta de implementación, sino en la concepción del desarrollo como un proceso de crecimiento económico lineal y unidireccional, impulsado por la mercantilización y por los mercados capitalistas.
A pesar de los numerosos intentos por resignificar el desarrollo, este continúa siendo algo que administran los “expertos” buscando crecimiento económico, y medido por el Producto Interno Bruto (PIB), un pobre y engañoso indicador de progreso en términos de bienestar. En realidad, el mundo en general experimenta el “maldesarrollo”, no menos en los mismos países industrializados con estilos de vida que se suponía debían servir como faros para los países más “atrasados”.
Una gran parte de estas múltiples crisis reside en la concepción misma de “modernidad”-sin querer decir que todo lo moderno es destructivo o inicuo, ni que toda tradición es positiva. En efecto, elementos modernos como los derechos humanos y los principios feministas están siendo liberadores para muchas personas. Cuando hablamos de modernidad nos referimos a la visión dominante del mundo que emergió en Europa desde la transición de la Edad Media al Renacimiento, hasta el periodo moderno. Las prácticas culturales y las instituciones que fundan esta visión del mundo, toman al individuo como un ser independiente de lo colectivo, y le da predominancia a la propiedad privada, los mercados libres, el liberalismo político, el secularismo y a la democracia representativa. Otra característica clave de la modernidad es la universalidad –la idea de que todos vivimos en un único mundo ahora globalizado, y fundamentalmente, la idea de que la ciencia es la única verdad confiable y de que es constitutiva del “progreso”.
Entre las primeras causas de estas crisis está la premisa monoteística de que un “Dios” padre hizo la tierra para el beneficio de “sus hijos” humanos. Esta actitud es conocida como antropocentrismo. Al menos en Occidente, evolucionó en un hábito filosófico de enfrentar a la humanidad contra la naturaleza; dió cabida a dualismos similares como la distinción ente humanidad y naturaleza, sujeto y objeto, lo civilizado y lo bárbaro, la mente y el cuerpo, hombre y mujer. Estas categorías ideológicas clásicas legitiman al mismo tiempo la devastación del mundo natural y la explotación de las diferencias de sexo-género, raciales y civilizatorias.
No hay ninguna garantía de que el desarrollo vaya a resolver las discriminaciones y violencias tradicionales contra las mujeres, los jóvenes, los niños y las minorías intersexuales, contra las clases sin tierra y sin empleo, contra razas, castas y etnicidades. A medida que el capital global desestabiliza las economías regionaDesarrollo y sostenibilidad: Ajustando lo inajustable
El debate del siglo XX sobre la sostenibilidad estuvo fuértemente influenciado por el argumento de los Límites al crecimiento del Club de Roma. Regularmente se reiteraría en conferencias alrededor del mundo el desajuste entre “desarrollo y medio ambiente”, y el reporte Nuestro Futuro Común (1987) lo señalaría contundentemente. No obstante, los análisis de las Naciones Unidas y de la mayoría de estados nunca han incluido una crítica a las fuerzas sociales estructurales que subyacen a este siniestro ecológico. El enfoque ha sido siempre en hacer el desarrollo y el crecimiento económico “sostenible e incluyente” a través de las tecnologías apropiadas, los mecanismos del mercado y las reformas de política institucional. El problema es que este mantra de la sostenibilidad fue engullido por el capitalismo desde muy temprano, y luego vaciado de su contenido ecológico.
En el periodo posterior a la década de 1980, la globalización neoliberal avanzó agresivamente a través de todo el globo. Las Naciones Unidas cambiaron el foco a un probrama de “alivio de la pobreza” en los países en desarrollo, sin cuestionar las fuentes de la pobreza en la economía impulsada por la economía del opulento Norte global. De hecho, se argumentó que los países necesitaban alcanzar un estandar de vida alto antes de que pudieran emplear recursos en la protección del medio ambiente. Este desecho de los debates previos sobre los límites abrió el camino para el concepto ecológico modernista de “ecología verde”.
En la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible de 2012, la vacua ideología de la sostenibilidad fue el marco que orientó de las discusiones multilaterales. En preparación de Río+20, la UNEP publicó un informe sobre la “economía verde”, definiéndola como “una que resulta en un mejor bienestar humano y en equidad social, y al tiempo reduce los riesgos medioambientales y la escasés ecológica”. En linea con la política pro-crecimiento de los defensores del desarrollo sostenible, el informe definió todas las formas vivientes del planeta como “capital natural” y como “activos económicos fundamentales”, intensificando así la mercantilización comercial de la vida en el planeta.
El modelo internacional del capitalismo verde que subyace a la declaración Transformar nuestro mundo: la agenda 2030
para el Desarrollo Sostenible 
revela las siguientes fallas:
  • No hay un análisis de cómo las raíces estructurales de la pobreza, la insostenibilidad y la violencia multidimensional están históricamente fundamentadas en el poder estatal, el monopolio corporativo, el neo-colonialismo, y las instituciones patriarcales.
  • Enfoque inadecuado en la gobernanza directa y democrática con mecanismos de toma de decisiones responsables por parte de la ciudadanía y de comunidades informadas en escenarios cara a cara;
  • Reiterado énfasis en el crecimiento económico como el motor del desarrollo, contradiciendo los límites biofísicos y con adopción arbitraria del PIB como indicador de progreso;
  • Confianza continuada en la globalización económica como estrategia económica clave, debilitando los esfuerzos de la gente por la autonomía y la autodeterminación;
  • Sostenida subordinación al capital privado, y falta de voluntad para democratizar el mercado a través de los trabajadores-productores y el control comunitario;
  • La ciencia moderna y la tecnología son erigidas como panaceas sociales, ignorando sus límites e impactos, y marginalizando “otros” conocimientos;
  • La cultura, la ética y la espiritualidad son marginadas y puestas al servicio de las fuerzas económicas;
  • Promoción del consumismo sin regulación y ausencia de estrategias para reversar la contaminación desproporcionada del Norte global al planeta a través de los desechos, la toxicidad y las emisiones climáticas.
  • Las arquitecturas neoliberales de la gobernanza global se apoyan cada vez más en valores tecnocráticos de la administración por parte de los estados y de las burocracias multi-laterales.
El marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ahora global en su alcance, es un falso consenso
No nos proponemos despreciar el trabajo de la gente que está encontrando nuevas soluciones tecnológicas para reducir problemas, por ejemplo, en energías renovables, ni nos proponemos menospreciar los muchos elementos positivos contenidos en el marco de los ODS. Más bien, nuestro objetivo es señalar que en ausencia de una transformación socio-cultural fundamental, la innovación tecnológica y administrativa no nos sacará de la crisis. A medida que estados-naciones y sociedad civil se preparan para cumplir los ODS, es un imperativo establecer un criterio que ayude a las personas identificar lo que es verdaderamente transformativo. Esto incluye un desplazamiento hacia enfoques de buen vivir basados en la democracia directa y radical, la localización y democratización de la economía, justicia social y equidad (género, castas, clases, etc), recomunalización de la propiedad privada, respeto por la diversidad cultural y de conocimientos incluyendo su descolonización, regeneración de la resiliencia ecológica de la tierra, y la reconstrucción de nuestra relación respetuosa con el resto de la naturaleza.
Este artículo es un extracto de la introducción del libro próximo a ser públicado: “Pluriverse: A Post-Development Dictionary”, de Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, y Alberto Acosta (editores), y publicado por los autores mencionados en Tulika, Delhi.
Ashish Kothari  trabaja con Kalpavriksh y Vikalp Sangam en India, y es co-editor del libro Alternative Futures: India Unshackled.
Ariel Salleh es un académico-activista australiano, autor de Ecofeminismo como política y editor de Eco-Sufficiency and Global Justice.
Arturo Escobar enseña en la Universidad de Carolina del Norte y es el escritor de La invención del Tercer Mundo: construcción y deconstrucción del desarrollo.
Federico Demaria trabaja con la Universidad Autónoma de Barcelona, y es el co-editor de Degrowth: A Vocubalary for a New Era.
Alberto Acosta es un economista y activista ecuatoriano, expresidente de la Asamblea Constitucional de Ecuador.
Traducido por: Sergio Carvajalles, convirtiendo las comunidades en poblaciones de refugiados, algunas personas lo enfrentan identificandose con el poder de macho de la derecha política, junto con la promesa de “retomar los trabajos” de los migrantes… Un pelígroso giro hacia el autoritarismo está teniendo lugar en todo el mundo, desde la India hasta los Estados Unidos y Europa.
FUENTE; https://lasiniestra.com/por-que-necesitamos-alternativas-al-desarrollo/?fbclid=IwAR0a4rV36JdjPI4emW7228qH9xpkQvJ5axL8i78LARJS_ELALoau9h8fu6Y



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miércoles, 5 de diciembre de 2018

martes, 4 de diciembre de 2018

Los mitos de la violencia sexual

Mitos & Violencia de género


Bárbara Tardón
https://blogs.20minutos.es

Los mitos como elementos claves del sistema patriarcal, legitimadores y mantenedores de la Violencia de Género, de la Violencia Sexual.

 “El mito es un habla despolitizada”. La afirmación que en 1953 realiza el filósofo y semiólogo Roland Barthes es extrapolable a la realidad presente de las mujeres, víctimas y supervivientes de violencia sexual en el Estado español, por el escenario de desprotección y garantía de sus derechos.
Los mitos sobre la violencia sexual empañan cualquier intento de alcanzar la justicia y la reparación frente a los derechos humanos vulnerados. Sostienen la discriminación y la aúpan hasta la estratosfera. Parecen inmortales e intocables. He de confesar que incluso yo misma me he sentido atrapada a veces por esos mitos. El estereotipo de género es como si te enganchara, como si no fuera nada. Pero lo es todo.
Sin rodeos, puedo concluir -después de más de un año investigando para la Sección Española de Amnistía Internacional sobre la violencia sexual en el Estado español-, que el mito, el estereotipo o el prejuicio de género se encuentra estampado de forma generalizada en cada una de las instituciones cuyo deber es acompañar y restituir los derechos humanos de las víctimas de violencia sexual. El estereotipo de género se cuela y se arrastra por las comisarías, por los juzgados, por los hospitales y medios de comunicación, por las calles de nuestras ciudades. Donde menos te los esperas, ahí están.
¿No será que es una discusión entre novios?-, le comentó una trabajadora social de un hospital a una mujer entrevistada para nuestra investigación, después de ser violada por su ex novio.
Vaya niña más ligerita!- afirmó una abogada de un condenado por acoso sexual en relación a una niña de 15 años que terminó suicidándose tras el acoso.
En la práctica, lo que hemos comprobado también al entrevistar a las víctimas, supervivientes y familiares de violencia sexual es que “el habla despolitizada” (el mito), casi de forma involuntaria -y en muchas ocasiones de manera muy consciente- está generando efectos directos no sólo en las mujeres que han vivido o vivirán violencia sexual, nos perjudica a todas…al configurar una realidad inventada y construida que lo que consigue es justificar y normalizar las violencia sexuales con un gran objetivo: desacreditar a las víctimas, restar responsabilidad a los agresores y normalizar la violencia sexual.
No hay que olvidar que los mitos y estereotipos de género son unos de los máximos responsables de la existencia de la cultura de la violación y por lo tanto, de forma evidente, van a alimentar y reforzar la ideología patriarcal, sosteniendo la discriminación histórica y estructural que sufren las mujeres frente a los hombres. Así lo hemos comprobado, cuando al acompañar a algunas víctimas, nos han trasladado en su desesperación por ser creídas, cómo era posible que quien las tienen que proteger duden de ellas, las juzguen o en el peor de los casos, las acusen de mentir para obtener réditos personales.


Los mitos y los estereotipos de género no dejan de ser instrumentos dirigidos a perpetuar la subordinación de las mujeres para controlar su libertad sexual y por tanto sus derechos sexuales y reproductivos. Y aunque parece que mutan según los tiempos, en el fondo, después de las más de 80 entrevistas realizadas para esta investigación lo que hemos podido comprobar es que realmente son “inmutables”, son los mismos que hace 50 años, que hace 200 años: “no es el prototipo de víctima de violación”, “no hay marcas físicas que evidencien que ha habido una agresión sexual”, “estaba ligando con él”, “qué esperas estando drogada y bebida”, “¿qué ropa llevabas?”, etc.
Una lista interminable


A día de hoy, recién concluida nuestra investigación y profundamente impactadas por las historias que hemos escuchado, me he planteado dos objetivos, parece casi un fin vital: romper el silencio para interpelar con la acción y la palabra a los responsables (siguiendo las palabras de Audre Lorde), con la finalidad de hacer que los derechos humanos de las mujeres sean realidad. Y en segundo lugar, aunque pueda parecer nimio, me he propuesto interpelar y desintegrar uno por uno, allá donde vaya, cada unos de esos mitos con los que convivo. Espero que este informe nos ayude con ello. Lo necesitamos con urgencia.

Manifestación contra la violencia sexual y judicial hacia las mujeres.  
Foto: Francisco Ruano / Amnistía Internacional


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sábado, 1 de diciembre de 2018

¿Custodia compartida? & Estrategia neomachista La casa por el tejado



Miguel Lorente Acosta
https://miguelorenteautopsia.wordpress.com

Sobre la verdadera estrategia que esconde el posmachismo en su aireada exigencia en pedir la oblitagoriedad de la custodia compartida.

 El Tribunal Supremo ha resuelto que una madre y sus hijos abandonen la casa donde vivían tras el divorcio, porque en ella vive también su nueva pareja. Argumenta que el domicilio donde antes vivía con su exmarido deja de ser “familiar” cuando se forma una nueva relación de convivencia.
La sentencia responde a una demanda histórica promovida fundamentalmente por padres que tras el divorcio no aceptaban que sus exparejas rehagan su vida afectiva, y que entienden la separación como un nuevo escenario de control y poder sobre la mujer, para lo cual es importante que sea ella quien tenga la custodia de los hijos e hijas, puesto que consideran que actúa como una dificultad para rehacer sus relaciones afectivas.
Esta percepción clásica ha cambiado bastante, pero las ideas que la sustentan no tanto. Quizás muchos de los que ahora se felicitan por la decisión del Supremo desconozcan la evolución seguida en esta materia, y no recuerden una época no muy lejana cuando los exmaridos se negaban a pagar la pensión por alimentos y no había manera en la práctica de actuar contra ellos. Después la ley cambió para obligarlos y facilitar el embargo de sus cuentas o bienes si no lo hacían, pero muchos de ellos, en lugar de entender su error, lo que hicieron fue simular que estaban en paro, cobrar de manera “no visible”, justificar un salario inferior para pasar menos cantidad de dinero… todo lo que hiciera falta menos asumir sus responsabilidades como padres, una situación que no ha desaparecido en la actualidad. Y claro, para todo ello el argumento no puede ser que les importa muy poco que sus hijos tengan dificultades, sino que se justifican al decir que lo hacen porque “la mala de su exmujer”  se gasta su dinero en zapatos, ropa o con su nueva pareja.
Si tenemos en cuenta estos antecedentes y la estrategia que sigue el machismo para ocultar la realidad de la violencia de género, al tiempo que busca imponer la custodia compartida en cualquier circunstancia y de espaldas al interés de esos hijos e hijas, que según dicen es lo que les mueve, la pregunta que surge es sencilla. ¿Si no fueran mujeres quienes están a cargo de la mayoría de las familias tras la separación, habría sido igual la sentencia del Tribunal Supremo?
Según la Encuesta Continua de Hogares de 2017, realizada por el INE, hay 1.529.900 familias formadas por madres y sus hijos e hijas, frente a las 312.600 constituidas por padres con sus hijas e hijos; es decir, el 83% de las familias monoparentales en realidad son “monomarentales”. Y esto no es por casualidad.
Desde el machismo se dice que en los Juzgados se les da la custodia a las madres “de forma automática” “por ser mujeres”, cuando en realidad las decisiones judiciales se adoptan en interés del menor a partir de la experiencia y de las responsabilidades asumidas durante la convivencia por cada uno de los progenitores. La paternidad empieza durante la convivencia, no tras la separación, y además de las averiguaciones judiciales que se realizan en cada caso, todos los estudios demuestran que, cada día, las mujeres dedican más tiempo que los hombres a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos e hijas, lo mismo que son ellas las que piden reducción de jornada para esas tareas de cuidado, y solicitan días u horas libres para poder atender situaciones imprevistas relacionadas con la educación o la salud de los niños y niñas. Y todo eso sucede cada día, es decir, todos los días, no sólo cuando se produce la separación.
No deja de sorprender que los argumentos del machismo cuestionen la violencia de género cuando se dice que las mujeres son maltratadas y asesinadas “por el hecho de ser mujeres”, que nieguen el acoso cuando son hostigadas “por el hecho de ser mujeres”, que duden de la discriminación y la brecha salarial cuando se demuestra que les ponen dificultades y les pagan menos “por el hecho de ser mujeres”,o que ataquen las políticas de acción positiva para corregir su infra-representación en puestos de responsabilidad debido a los obstáculos y exigencias que les hacen “por el hecho de ser mujeres”. Para el machismo esa referencia de que determinadas conductas y situaciones se producen “por el hecho de ser mujeres” les resulta una tontería o una simpleza, pero en este caso son esos mismos argumentos machistas los que dicen que en los juzgados les entregan la custodia de los hijos y de las hijas “por el hecho de ser mujeres”. Nada coherente, como el machismo mismo, pero ya se sabe que la “palabra de hombre” siempre tiene el acompañamiento de la credibilidad.
Por eso no deja de sorprender el razonamiento de la sentencia del Tribunal Supremo, pues da la sensación de que más que mirar por el interés de los menores en verdad refleja ese malestar hacia la mujer que rehace su vida e inicia una nueva relación de pareja, y la “comprensión” del mosqueo del hombre que ve que todo eso sucede “en su casa”. Si el padre tiene una responsabilidad con sus hijos e hijas y como consecuencia de ella ha de pasar una cantidad de dinero para su cuidado y necesidades, el hecho de que la mujer viva o no con su pareja en el mismo domicilio es intrascendente sobre las responsabilidades del padre. Y si el padre, como consecuencia de que la decisión judicial que ha otorgado el uso del domicilio a la madre por ser ella quien obtiene la custodia, tiene que buscar una nueva residencia y asumir un alquiler, además de pagar la hipoteca de una casa que es suya, aunque ahora la usen sus hijos y su madre con ellos, también es independiente de que la pareja de la mujer viva en la casa o no.
Aunque todas estas situaciones tras las separaciones y divorcios han de resolverse mejor, no lo dudo, lo que resulta sorprendente es que se traten de presentar como consecuencia de la “maldad de las mujeres”, y que se vea a la Igualdad como responsable de la “injusticia” que viven los hombres. La Igualdad es la solución, no el problema, si los padres asumieran sus responsabilidades en igualdad desde el principio, dedicaran el mismo tiempo que las madres al cuidado y al afecto, dieran prioridad a sus hijos e hijas sobre otras responsabilidades del trabajo o de ocio… la custodia la tendrían ellos, bien de manera exclusiva o de forma compartida, sin necesidad de imponerla, tan sólo continuando con lo que hacían durante la convivencia.
Que el 83% de las familias formadas por un solo progenitor con sus hijos e hijas las formen las madres no es casualidad ni producto del azar, sino la consecuencia de una sociedad impregnada por la cultura del machismo que lleva a los resultados que luego critican sin pararse a cuestionar las causas. 
Resolverla exige levantar la Igualdad desde los cimientos de la identidad y la convivencia, no empezar la casa por el tejado.

Fuente: https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/11/26/la-casa-por-el-tejado/


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Mujer trabajadora: Doblemente explotada, doblemente revolucionaria

A erradicar el patriarcado del mundo sindical
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Catalina Rojas
Rebelión


Para desarrollar un sindicalismo clasista y antipatriarcal debemos comenzar por comprender la condición de existencia de la mujer trabajadora: doblemente explotada por la alianza entre el capitalismo como sistema de explotación de clase y el patriarcado en tanto estructura de dominación de género, y a su vez, oprimida por esta configuración económica, política y social.La mujer de la clase trabajadora siempre ha debido trabajar, la idea de que la mujer debía salir de la casa al mundo laboral es una mirada propia de la mujer burguesa pues la mujer de la población siempre ha enfrentado una doble jornada: en el hogar por medio del trabajo doméstico que cumple con la función de reproducir mano de obra (procreación) y reconstituir fuerza de trabajo (alimentación, aseo, cuidado de hijos), y fuera del hogar por medio del trabajo asalariado.
En el capitalismo el trabajo femenino se masificó y comenzó procesos de formalización, desenvolviéndose principalmente en áreas que han sido la “extensión” de labores domésticas como empleada doméstica, aseo, venta comida, cuidado enfermos, entre otros. Estos trabajos llamados “feminizados” son los que social y económicamente han sido considerados secundarios, de allí que muchos se desarrollen en el plano de la informalidad, es decir, sin contrato y sin derechos laborales, de manera independiente o ambulante, altamente precarizados y desprovistos de protección social, lo cual también se ha manifestado en salarios más bajos que los trabajos considerados de primera categoría, principalmente masculinizados.
La afiliación sindical, al igual que la participación laboral, se concentra en el sector de servicios sociales como educación y salud; en segundo lugar, servicios personales como hoteles y restaurantes; y en tercer lugar sectores de producción, específicamente el sector financiero. En el año 2002, las mujeres representaban alrededor del 20% de la afiliación sindical aumentando a un 35,1% en 2013 /1. Pese a estas cifras, existe una subrepresentación femenina en las dirigencias sindicales. Al comparar la distribución por género de afiliación y dirigencias, en sindicatos base una de cada cuatro dirigentes sindicales es mujer, disminuyendo a una de cada cinco dirigentes en federaciones y confederaciones sindicales.
El problema de la menor presencia femenina en dirigencias sindicales es resultado de: en primer lugar, las condiciones materiales, vale decir el trabajo doméstico como expresión de doble explotación le resta tiempo objetivo para poder organizarse. En segundo lugar, la opresión social y cultural de la mujer ha generado barreras que operan en la subjetividad y relaciones sociales impidiendo la búsqueda de formas que permitan mayor participación de las mujeres. Por otro lado, no se han desarrollado formas de trabajo y respuestas organizativas para propiciar la participación de la mujer. A cambio de ello, surgen discursos para justificar la marginación femenina mujer en el plano organizativo, tales como “no ha desarrollado todas las capacidades” o “no está preparada”. Esto de la mano con la subestimación de sus capacidades como dirigente, relegándola a cargos de secretaría o beneficencia social.
Por último, la opresión sexual de la mujer también ha incidido en transformarse en una barrera para su participación. Este tipo de opresión ha hecho de la mujer un objeto, viéndose expuesta al acoso laboral y sexual en el plano laboral y organizativo, discriminando sus capacidades y viéndose obligada a adaptarse a la lógica masculina del sindicalismo en algunos casos, y en otras irrumpir con lógicas nuevas, lo cual ha significado una serie de conflictos e impedimentos para su desarrollo.
En base a lo anterior, es posible plantear que algunas líneas de trabajo desde el sindicalismo antipatriarcal son contribuir en el desarrollo de conciencia de la doble explotación de la mujer trabajadora en lugares de trabajo, apoyo en la conformación de sindicatos en empresas feminizadas y la formación sindical de las mujeres, además de la necesaria articulación territorial entre la organización sindical, poblacional y estudiantil.
Por otro lado, debemos avanzar en la socialización del trabajo doméstico, instalando demandas reivindicativas en los diferentes planos de derechos sociales como salud, vivienda, educación, entre otros. Algunas demandas para instalar en el contexto capitalista actual son: sala cuna y cuidado infantil universal para hombres y mujeres (asalariadas y no asalariadas), colación para todos y todas las trabajadoras independiente de su calidad contractual, mejoras en políticas de salud pública como por ejemplo cobertura de hospitalización domiciliaria, cuidados del adulto mayor y postrados. Estas demandas son ejemplos de cómo la clase puede ir avanzando en reivindicaciones que tiendan a socializar el trabajo doméstico, acabando con la doble explotación de la mujer, y la centralización de estas tareas al ámbito privado, apuntando a responsabilizar al Estado y a las empresas sobre el costo de la reproducción del trabajo. Asimismo, acabar con el trabajo doméstico como doble explotación de la mujer trabajadora permite articular el conjunto de demandas del pueblo, evidenciando como el patriarcado se expresa de forma transversal en el sistema capitalista, y que la lucha por su erradicación es una lucha integral contra este sistema.
Por último las y los compañeros clasistas deben asumir que el trabajo doméstico es una tarea colectiva en el hogar independiente del género y generar condiciones y respuestas organizativas para la participación de las mujeres en el plano social y político. En el plano organizativo se debe instalar el antipatriarcado y las formas de censura y sanción a quienes incurran en estas prácticas tal y cual como se hace con quienes generan un sindicalismo burocrático, entreguista y alejado de los intereses de la clase.
Contra el capitalismo patriarcal, mujer trabajadora a lucha.
La autora es Presidenta Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras a Honorarios del Servicio de Salud Metropolitano Central y Tesorera Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras


1/ Riquelme y Abarca. “Más mujeres en los sindicatos. Sectores con alta sindicalización femenina”. Dirección del Trabajo, 2015.

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