RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

sábado, 3 de noviembre de 2018

Hombres & Feminismo: Carta abierta a hombres feministas



Irakurketa Erraza
http://www.pikaramagazine.com

Adaptación del texto “Una carta abierta a los hombres (feministas)” de Alexander Ceciliasson a a los criterios de lectura fácil (LF) por Lectura Fácil Euskadi Irakurketa Erraza. Recomendamos su lectura en un ordenador por su mejor adaptabilidad.

 La actriz Emma Watson habló en la Asamblea de la ONU
(Organización de Naciones Unidas)
del papel de los hombres en el feminismo.
Mencionó una campaña llamada #HeForShe,
que significa en inglés El por Ella.
Y que trata ese tema: el compromiso de los hombres
en la lucha feminista.
Esto es algo que en el feminismo genera mucho debate.
No hay acuerdo en qué es ser un hombre feminista;
en cómo debe actuar, pensar, hablar y vivir.
Con este artículo quiero dirigirme a los hombres.
Yo soy un hombre blanco, heterosexual y sin discapacidades.
Y soy feminista.
¿Qué creo yo que debemos hacer los hombres
para apoyar la lucha por la igualdad
y participar del feminismo?
  • Parar
  • Retroceder
  • Callarnos
  • Hablar con otros hombres
Parar
Las mujeres y los hombres no somos tratados por igual
en ningún lugar del mundo.
En algunos, pueden tener los mismos derechos
Pero no tienen las mismas posibilidades:
-de moverse con libertad por el espacio público
-de conseguir puestos de dirección en empresas o instituciones
-de cobrar lo mismo por el mismo trabajo
Los hombre tenemos que reconocer y admitir
que las mujeres tienen menos posibilidades
porque nosotros tenemos más, tenemos demasiados privilegios.
Retroceder
No tenemos que dar más poder a las mujeres.
Los hombres tenemos que reducir nuestros privilegios,
no aprovecharnos de ellos.
Callarnos
En discusiones sobre feminismo no debemos hablar.
Porque los hombres (blancos) no sabemos lo que es
ser discriminados.
Todo se ve a través de los ojos de un hombre blanco
y no hemos vivido la experiencia de una mujer
o de otras personas que viven en situaciones de desigualdad.
Hablar con otros hombres
Los hombres tenemos que reflexionar sobre lo que decimos:
-en clase
-en discusiones en el trabajo
-en el gimnasio
-en foros en internet
y al hablar con otros hombres:
-rebatir comentarios machistas
-reaccionar ante el maltrato, los piropos a mujeres
-discutir cuando se culpabiliza a una víctima
-tratar sobre feminismo y la igualdad, la masculinidad y sus normas…
Hay voces dentro del movimiento feminista
que no está de acuerdo con estas propuestas.
Tienen miedo de que pueda hacer huir a aquellos hombres
que quieren apoyar la lucha feminista
y perderlos en la defensa de esta causa.
No comparto este argumento porque la lucha feminista
no tiene que hacerse más abierta o fácil
para que entre quien forma parte de la realidad
que genera esa desigualdad: el patriarcado.

Collage de Belén Lobos





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viernes, 2 de noviembre de 2018

Imprescindibles plurales


Por Marcela Orellana
Camino del lenguaje inclusivo, al @ lo sustituyó una x –alguien dijo que era una antigualla-. Todavía me cuesta la “e” y me pesa, porque al no ponerla siento que hay personas con nombre y apellido que pueden sentirse excluidas de mi mirada y de mis textos.
Por Marcela Orellana

“El único conocimiento que vale
es aquel que se nutre de incertidumbres.
El único pensamiento que vive es aquel que se mantiene 
a la temperatura de su propia destrucción.” 
Edgard Morin
Camino del lenguaje inclusivo, al @ lo sustituyó una x –alguien dijo que era una antigualla-. Todavía me cuesta la “e” y me pesa, porque al no ponerla siento que hay personas con nombre y apellido que pueden sentirse excluidas de mi mirada y de mis textos. Confieso que me cuesta y me doy tiempo. Pero también, camino de lo inclusivo vinieron los plurales agrandando el foco que ilumina la realidad y la vuelve realidades.
Los trajo, como un regalo a la conciencia, ese río impetuoso e imperfecto que es el habla. El primero que llegó con esa agua sagrada, en la cual confío como quienes se sumergen en el Ganges, fue “sexualidades”. Nada menos. En ese morfema final de plural “es” cabe el arco iris completo de la sexualidad humana. Una bandera con vientos de colores se despliega inmensa en un cielo de diversidades.
Por fortuna y naturaleza, el viejo y aceitadísimo mecanismo de la derivación empuja a las y los hablantes a agrandar lo nombrado. Y el universo se crece. El límite se desdibuja en una acuarela imprecisa hasta que un poquito más allá aparece, como la clara línea de un cartógrafo, la nueva frontera del viejo universo. Nuevo por universo. Nuevo por enriquecido. Por abarcador. Por vivo.
Y es en esa línea que palpita, donde los plurales dan paso a colectivos. Y no estoy hablando de gramática. Porque por un misterioso procedimiento, a diferencia de la bandada donde vuelan pájaros bastante parecidos o del cardumen, donde los peces tienen escasas diferencias, estos nuevos colectivos se parecen a las bibliotecas con libros de todos los colores, tamaños, idiomas, modalidades, géneros, edades y más, o a los bosques imponentes y olorosos capaces de perder a un explorador inexperto.
Así se me vinieron a la boca y al teclado los amares femeninos, masculinos y otros, como en los formularios. La invitación a detenerse releyendo esta última oración es un pasaje al cine, la literatura, el documental y las ciencias sociales. Y con los amares vinieron los saberes, diversos como el mundo y quienes lo habitamos, desde el académico más categórico y apegado a la epistemología al del krill hecho de minúsculos seres submarinos que perviven y sostienen otras vidas.
Se les unieron las textualidades en que las palabras y las no palabras despliegan el abanico de la comunicación humana dicha y escrita, literaria, emotiva e informativa, categorizada siempre de manera provisoria por saberes que intentan conocer y ordenar con instrumentos, cada vez más precisos, ese caldo bullente que sigue creando nuevas y más ubicuas formas de comunicación.
Y nacidos de las textualidades, concepto voluptuoso y sensible, con un movimiento incontrolable que reordena nuestros mundos internos, aparecieron los leeres y los escribires, tan diversos ellos en la realidad y tan unificados en el pensamiento colectivo. Diversos en sí por propósito, herramientas, contextos, características individuales de quien los ejecute. Falazmente unificados en ese dueto simplista de las dos terceras personas de presente de indicativo: lee y escribe. Como siempre, de todos los universos que se abren ante la mirada inquieta de quien se aproxima de puntillas, queda operar recortes sobre estos leeres y escribires para que crezcan saberes y decires tan políticamente incorrectos que el corrector acaba de subrayarlos con una sonora línea roja.
Sexualidades, amares, saberes, textualidades, leeres y escribires plurales tan incorrectos como las “e” que feliz los constituye son realidades que exigen respeto. El respeto de observarles, conocerles, difundirles y defenderles, experimentarles e incorporarles al habla personalísima y propia para que, como los ríos, horaden, de tanto ir, la solo aparente tierra firme de la lengua.

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Del género como ideología


Por Por Emmanuel Theumer para La tinta

El pánico moral desatado ante la “ideología del género” se expande como una celeridad que va del púlpito a un hashtag.
Por Emmanuel Theumer
En Perú, un movimiento reaccionario se alzó con el objetivo de frenar la implementación de la educación sexual. En Chile y México, el autobús naranja “Por la libertad” circuló por las principales centros urbanos, invirtiendo el famoso resabio de Simone de Beauvoir, “Si eres mujer, seguirás siéndolo”. En Colombia, el intento de Acuerdo de Paz con la FARC fue impugnado por facilitar el “homosexualismo”. En Brasil, una efigie prostibularia de Judith Butler fue quemada, acusada de brujería. En Guatemala, la iniciativa 52/72 se propone la penalización del aborto y un régimen de conyugalidad heterosexual. Rodeado de un séquito militar, su presidente enfatizó que el matrimonio es “entre un hombre y una mujer”, al momento de expulsar un organismo de la ONU, encargado de visar casos de corrupción en su gobierno. En España, el Foro de la Familia movilizó un millón de personas en contra del matrimonio igualitario en 2005. Pero cuando quisieron replicar lo propio en Argentina, cinco años después, no obtuvieron la misma capacidad de convocatoria. Recientemente, por vez primera, la Ley de Educación Sexual Integral está pronta a introducir el género y la diversidad sexual en su texto normativo, iniciativa que fue acusada de estar viciada de “ideología”. Un peligro inminente.

Pedagogía del opresor

En los últimos años, ha cobrado fuerza la aparición de un movimiento organizado transnacionalmente, tal como ha demostrado David Paternotte, interesado en realizar una cruzada moral contra la “ideología del género”. Esta política reaccionaria se organiza en defensa de un orden presentado como natural, que se vería comprometido por buena parte de la protesta sexual activada por feminismos y movimientos LGBT, a saber, derechos sexuales y (no) reproductivos (legalización del aborto), educación sexual, matrimonio igualitario, reconocimiento a la identidad de género y adopción de infantes, por mencionar lo mínimo.
Retóricamente, la “ideología de género” alimenta la vuelta a un origen reparador para garantizar un futuro admisible y lo hace operando no solo mediante un fundamentalismo religioso, sino también, dicho con Juan Marco Vaggione, a través de un “secularismo estratégico”, una operación argumentativa que no escatima en beber de saberes presentados como científicos y jurídicos para organizar su contienda.
Dos momentos históricos signan el montaje reaccionario ante la apropiación feminista-trans de la categoría género. La IV Conferencia de la Mujer en Beijing (1995), que en su plataforma introdujo un llamado hacia políticas públicas con enfoque de género. La declaración de los Principios de Yogyakarta (2007), que estableció estándares legales para el reconocimiento de la identidad de género autopercibida. Mientras en el primer caso primó una versión estructural-funcionalista de subyugación de las mujeres cis, el segundo abrió una concepción fluida de modos de vivir y experimentar el género que no necesariamente se ajustan a la bicategorización moderna-colonial implantada por Occidente.
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En 1997, Dale O´Leary, una reportera cercana al Opus Dei que asistió a Beijing, introdujo la categoría “ideología del género” en The gender agenda. Redefining equality. En 1998, Alzamora Revoredo, de la Conferencia Episcopal Peruana, publicó La Ideología de Género. Sus Peligros y Alcances. Los preceptos generales quedaron establecidos y, desde entonces, existen innumerables publicaciones que se caracterizan por su reiteración. En 2016, Agustín Laje y Nicolás Márquez publicaron El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural, un libro de dudosa fiabilidad intelectual en la que tergiversan múltiples líneas de pensamiento feminista, trans y queer, elaborando una suerte de “patchwork” que les permite descontextualizar un conjunto de experiencias socio-históricas diversas y discontinuas. En todos los casos, la sororidad feminista, las prácticas sexuales no-reproductivas y la afirmación de género fueron asociadas a la caída de la nación, la enfermedad, los tiempos finales.
Sin embargo, desde los años setenta, fue la propia teoría feminista la que identificó al género como una ideología con el objetivo de trazar una plataforma de acción política. Las lecturas feministas de Louis Althusser -filósofo marxista y femicida- fueron cruciales al comprender que el género, en tanto organización imaginaria de relaciones sociales entre los sexos, opera como una ideología. También al poner el acento en la necesidad de un funcionamiento subjetivo de la ideología, esto es, una interpelación primaria que convoca a los sujetos a devenir “varones” o “mujeres” bajo una mutua exclusión entre identificación y deseo (a un sexo-un género-un deseo). El análisis del género como ideología otorgó rigor teórico a una comprensión de lo personal como efecto de una organización político-sexual. Mejor aún, dicho por Teresa de Lauretis, si lo personal es político, entonces, no hay distinción entre tales esferas. Los agenciamientos sexodisidentes -incluidos los feministas- encontraron aquí su terreno de contestación.
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Foto: M.A.F.I.A.

¿Alguien quiere pensar en los niños?

Si bien es cierto que estos grupos provienen y simpatizan con iglesias católicas, evangélicas, pentecostales; ni el extendido mote de fundamentalismo ni de “anti-derechos” permite comprender los alcances de este movimiento, que suele recurrir a canales institucionales de agonización del conflicto político-sexual así como ofrecer veridicción científica absoluta. Calificarlos de grupos “anti-género”, como es frecuente en Europa, es privilegiar su artefacto discursivo que, al negar el género, actualiza su operación ideológica. Este movimiento no es anti-género, es un movimiento restaurador de un ordenamiento del género. Tales restauradores del orden no esconden su nostalgia por un paraíso perdido, un estado de naturaleza que, paradójicamente, revela toda su artificialidad en el propio conflicto social, tanto por las resistencias sexuales personales y colectivas como en las cruzadas que intentan volver a religar el orden de las cosas autoevidentes.
Pocos hashtag como el generado en Perú, #ConMisHijosNoTeMetas, guardan la cualidad de tensionar las transformaciones en el gobierno de la sexualidad y la producción socio-histórica de la infancia, incluidas sus formas jurídicas y clínicas (desde el “derecho del niño a la identidad”, pasando por la categoría de “incongruencia de género” del actual CIE-11). En primer lugar, porque el sintagma se arroga un patronato y patria potestad del menor, en Argentina ya derogados, que desconoce los términos de la Convención de los Derechos del Niño, cuya reglamentación normativa, en países como el nuestro, subió sus estándares de protección al prevalecer el derecho de éste cuando medie un conflicto con un tercero. Sean estos los embajadores de la heterosexualidad compulsiva, la profilaxis o la gestación forzada. En segundo lugar, porque la defensa de una inocencia original de “mis hijos”, vínculo definido por jerarquización, es el efecto de un acabado ideológico por excelencia. Como figura a disciplinar y normalizar el niño convoca a una comunidad educativa, tanto la familia como a la escuela. Conviene recordar que, durante largo tiempo, la cultura escolar se sostuvo bajo el ideal naturalizado de familia nuclear heterosexual, auspiciando la utopía civilizatoria del progreso a través de la escolarización. La materialización espacial del clóset, del secreto que organiza lo decible, necesitó históricamente de la escuela. La sexualidad atrapada de la señorita maestra depende de una versión aséptica, garantizada en la cancelación del cuerpo sexuado a través del uniforme escolar y su mutua correspondencia al infante, objeto de cuidado, de extensión protésica de las dotes maternales. La nuestra es una disputa por la desterritorialización de un histórico currículum oculto, el de la incitación jerarquizada de la diferencia sexual y la heterosexualidad obligatoria.
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Foto. M.A.F.I.A.

Presente extendido: educación sexual para decidir

Luego de que, en agosto de 2018, una mayoría circunstancial del Senado optó por sostener una ley centenaria de penalización del aborto, el Congreso argentino avanzó hacia un dictamen de reforma de la ley 26.150 de Educación Sexual Integral. El impulso dado por los Frentes de Educación Sexual Integral y Frentes de docentes por el derecho a decidir fue contundente. De aprobarse, la normativa a tratar está pronta a reconocer el respeto a la identidad de género y la orientación sexual, un arreglo curricular conforme a saberes científico y laicos de importancia pública que, al mismo tiempo, reconoce los saberes de las culturas de pueblos originarios. Esto supone una expansión de la frontera de saberes pedagógicos hacia una comprensión pluriversal de la autodeterminación corporal.
Sin embargo, los restauradores del orden, de momento, impidieron la incorporación del fallo FAL y el Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo al proyecto de reforma. En cada uno de estos embates, no se trata tanto de lograr una versión armónica de la “sexualidad enseñable” como de asumir la conflictiva movilidad y parcialidad de lo que contará como contenido curricular. ¿No fue esto lo que aprendimos de la fisura curricular que provocaron cientxs de jóvenes portando pañuelos verdes en sus mochilas escolares?
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Foto: Eloísa Molina para La tinta
*Por Emmanuel Theumer para La tinta.

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jueves, 1 de noviembre de 2018

"CRY BABY" JANIS JOPLIN, Subtitulada en español.




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Ain't Got No, I Got Life - Nina Simone (LYRICS/LETRA)




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Reseña: Las mentiras científicas sobre las mujeres






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Capitalismo & Feminismo: Silvia Federici: "Los capitalistas se organizan internacionalmente, nosotras debemos hacer lo mismo"



Andrea D'Atri
http://www.laizquierdadiario.com

En encuentros y actividades organizadas por la Fundación Rosa Luxemburgo y la editorial Tinta Limón, Silvia Federici está presentando, en estos días, su libro "El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo".

Con un amable castellano, Silvia Federici recibió a un grupo de periodistas de medios alternativos y comunitarios en la sede que la Fundación Rosa Luxemburgo tiene en el barrio de Chacarita. Italiana de nacimiento, pero residente en Estados Unidos desde 1967, a dónde marchó para estudiar Filosofía, Federici tuvo una activa militancia en los años ’70 y hoy sus libros son verdaderos best-sellers para una generación de jóvenes feministas. Son bien conocidas sus críticas al marxismo y a los partidos de izquierda, hoy concentradas en El patriarcado del salario, aunque no deja de señalar los aportes que las lecturas de Marx han hecho al feminismo y las luchas de las mujeres. Heredera de una corriente de pensamiento autonomista y recorriendo, luego, otros caminos propios y particulares, Federici inscribe su preocupación por el reconocimiento del trabajo reproductivo de las mujeres, en un feminismo anticapitalista. 

Conversando con periodistas de medios alternativos 

Desde el inicio de la conferencia de prensa, se deslinda de lo que ella define como un "marxismo ortodoxo que siempre miró sólo la fábrica y el proletariado industrial, invisibilizando a otros movimientos y sujetos sociales." Pero yo tenía la oportunidad de hacer una única pregunta, así que en vez de usar ese tiempo en responder su crítica al marxismo, me preocupé porque mi interrogante obtuviera una respuesta de su parte que resultara realmente provechosa. Mientras tanto, las compañeras periodistas continuaban este diálogo sobre su nuevo libro y sobre distintos temas de la coyuntura nacional e internacional. Una de ellas preguntó si era posible un feminismo que no fuera anticapitalista. "Hay muchos feminismos, y muchos no son anticapitalistas. En los últimos cuarenta años, desde mediados de los ’70, el feminismo se fue institucionalizando, se hizo un feminismo de Estado, un feminismo de la ONU que se presenta ahora como quién nos emancipa. Ese feminismo dominante es pro-capitalista neoliberal. 

Impone una agenda domesticada, usando nuestro propio lenguaje para fundamentar la incorporación de las mujeres a la economía neoliberal, siendo las más precarizadas bajo la mistificación de la emancipación." Prosiguió: "Un feminismo que parta de la experiencia de las mujeres en su trabajo de reproducción, su trabajo doméstico, tiene que ser anticapitalista. El capitalismo sólo fue capaz de dar prosperidad para algunos sectores y por determinado tiempo limitado, mientras para la mayoría de las mujeres, nada." Con Silvia Federici hemos polemizado en un artículo titulado "Nosotras, el proletariado", precisamente, por la supremacía que le adjudica al trabajo reproductivo en el funcionamiento del capitalismo, al que considera más fundamental aún que a los mecanismos de extracción de plusvalía en el ámbito del trabajo extradoméstico. "El trabajo doméstico tiene una contradicción interna", dijo Federici, "porque reproduce la vida, pero en las sociedades capitalistas ese trabajo sirve para reproducir la existencia del capital, mediante la reproducción de la fuerza de trabajo. 

Es el trabajo más importante de la sociedad." Otras compañeras se adentraron en algunos de los temas que fueron debatidos durante este año en el movimiento de mujeres de Argentina, en las grandes movilizaciones del 8 de marzo y por el derecho al aborto. Hubo quien comentó sobre cómo el gobierno de Macri se había reapropiado de una agenda feminista, de manera oportunista y otra que preguntó cuál debería ser el rol de los compañeros varones en las marchas de mujeres. "Los varones que apoyan, al fondo de la marcha", respondió sonriendo Silvia Federici y eligió hablar de otra ubicación, de la ubicación política: "Deben elegir dónde se ubican en esta lucha de las mujeres: si lo harán para reafirmar las jerarquías o para abolirlas". 

También aprovechó para hablar de la violencia machista: "La violencia contra las mujeres es un sabotaje de la lucha anticapitalista". Aunque la lectura de sus libros, incluido El patriarcado del salario, me había despertado varios interrogantes, a mi turno tuve que decidirme por una única pregunta y planteé que, en general, se habla de los efectos negativos de la asalarización de las mujeres, porque se incorporan a trabajos muy precarios y además cargan con la doble jornada que representa el trabajo reproductivo no remunerado; pero que, actualmente, la mitad de la clase trabajadora asalariada son mujeres. 

¿Qué efectos puede tener, no sobre las mujeres que es lo que ya conocemos, sino sobre el conjunto de la clase trabajadora, sus luchas, sus organizaciones, su burocracia sindical y sus representaciones –que siempre fueron masculinizadas-, que la mitad de la clase sean mujeres? Tenía en mente el impacto que, en Argentina, está teniendo el movimiento de mujeres –mayoritariamente juvenil- entre las trabajadoras de la salud, docentes, trabajadoras de diferentes gremios y ramas de la producción y los servicios que están enfrentando el ajuste impuesto por el gobierno nacional y el FMI. Pensaba en cómo, a su vez, ellas interpelan a sus compañeros de trabajo. 

"Un efecto ya inmediato es el nuevo interés de muchas mujeres sobre la socialización del trabajo reproductivo; porque se ha quebrado la ilusión de que salir de la casa para hacer otro trabajo extradoméstico es emancipatorio. En los ’70 hubo un período en que las mujeres que salían a trabajar fuera de su hogar, reclamaban tiempo para amamantar, reformas en la organización del trabajo en función de sus capacidades reproductivas. Pero mientras tanto, se estaba desmantelando la gran industria como la habíamos conocido hasta el momento. 

Esta temática de cómo unir las dos partes del trabajo, productivo y reproductivo, vuelve a tener importancia. Estamos asistiendo a una gran crisis de la reproducción. El derecho al aborto y a la maternidad, el rol reaccionario de la Iglesia católica y los sectores fundamentalistas, el avance de la derecha en el continente, la depredación de la naturaleza y muchos otros temas se fueron desplegando a lo largo de casi dos horas de conferencia de prensa. Cuando compararon a Bolsonaro de Brasil con Trump, aprovechó también para desligarse del Partido Demócrata norteamericano. "El peligro de la derecha, como la que representa Trump, es que se termina idealizando lo anterior, como Obama, del Partido Demócrata. Lo peor de las últimas décadas en Estados Unidos, lo hicieron los demócratas. 

La alternancia en el poder de estos dos partidos es funcional al sistema." Terminó la conferencia de prensa. Mientras las periodistas salían de la sala, Silvia permaneció en su silla. Pensé que podía aprovechar la ocasión para hacerle una pregunta más de la que tenía permitida. Me invitó a sentarme a su lado y seguimos conversando por más de media hora. Le planteé que me inquietaba su afirmación sobre los comedores comunitarios y otras organizaciones impulsadas por mujeres, que permiten paliar el hambre en las barriadas populares. Que si bien permitían restablecer nuevas formas de relaciones y lazos comunitarios, como ella decía, se trataba de organizaciones para la resistencia, que surgían de las necesidades más acuciantes, de la emergencia que impone el ajuste estructural de la economía; que, entonces, teníamos que pensar cómo pasar a la ofensiva, sin idealizar las formas organizacionales a las que nos empuja la miseria capitalista para sobrevivir. 

Me dijo que estaba de acuerdo con que eran formas de resistencia que surgían como consecuencia de la emergencia de la crisis y me preguntó: "Pero, acaso, ¿no viven permanentemente en situaciones de emergencia las mujeres bajo este sistema?" Añadió: "Sé que, una vez que se estabiliza la situación económica, muchas mujeres vuelven al lugar donde estaban antes. Pero creo que la lucha debe ser constituyente, construir nuevos entramados y redes, desplegar la creatividad. Porque de esa manera, lo nuevo se va construyendo en la lucha misma y no hay que esperar a algún futuro lejano." No me dejó muy convencida; pero seguimos hablando de política. 

Le pregunté su opinión sobre el fenómeno Sanders en las últimas elecciones norteamericanas. Me quiso alertar de que Bernie Sanders no era verdaderamente socialista y le aclaré que yo no creía eso, pero que me parecía interesante el surgimiento de una generación de jóvenes norteamericanos abiertos a escuchar algunas ideas que, para Estados Unidos, parecían bastante radicales. "Sí, eso es cierto. Pero Sanders terminó apoyando a Hillary Clinton y el peligro es que, de ese modo, toda una generación caiga en el escepticismo y el cinismo". 

Enseguida me preguntó cómo podía ser que nadie dijera más nada contra el Papa, en Argentina, cuando se sabe que Bergoglio fue indagado por casos de robos de bebé durante la dictadura militar, como también por la desaparición de dos sacerdotes de la orden jesuita. Le dije que el Papa tenía una influencia muy directa en la política nacional, que mantiene vínculos con funcionarias y funcionarios del gobierno, pero también con sectores políticos y sindicales del PJ y el kirchnerismo, con movimientos sociales. Ya estaba al tanto de que se había hecho una movilización de sectores sindicales y políticos del arco opositor, hacia la Basílica de Luján para pedir pan y trabajo. Le parecía un grave error. Para ella, criada en la Italia de posguerra, la Iglesia es sinónimo de fascismo. 

Conversando con sindicalistas 

Al día siguiente, Silvia Federici se reunió con mujeres sindicalistas. Las organizadoras tuvieron la amabilidad de invitarme, una vez más. Federici volvió sobre los mismos tópicos, aunque esta vez, a diferencia de la conferencia de prensa, se trató de una conversación colectiva. Nuevamente se diferenció de la izquierda partidaria, señalando que contrariamente a lo que decían las corrientes políticas, que el sujeto primario era el obrero industrial, ella sostiene que "la cadena de montaje capitalista comienza en nuestras cocinas y nuestras camas." Remarcó que el trabajo doméstico es fundamental. "¿Por qué siendo tan importante, está invisibilizado? Por eso, porque es muy importante. 

Porque los patrones se verían obligados a pagarlo, no podrían acumular tanta riqueza como acumulan si fuera reconocido." Sin embargo, contra la posibilidad de interpretar que la lucha feminista es una lucha contra los varones, añadió: "Los reales beneficiarios de este trabajo son los hambreadores, los capitalistas." "Cambiar esta situación implica darle más poder a las mujeres, cambiar las relaciones con los hombres. A través del salario, el capital ha delegado en los hombres, el poder de controlarnos y controlar nuestro trabajo. La violencia doméstica siempre ha sido tolerada por el Estado, en gran medida, porque es parte del disciplinamiento del trabajo doméstico." Para Federici, este planteo que hicieron en los años ’70, cuando conformó con otras feministas la Campaña Internacional por el Salario para el Trabajo Doméstico, era "una medida para cambiar las relaciones de poder entre hombres y mujeres y empezar una lucha, pero teniendo más poder. No era la revolución. Algunas feministas nos acusaban de institucionalizar el lugar de la mujer en la casa, su encarcelamiento en el hogar. Pero nuestra respuesta era que las mujeres obreras nos decían que ya estaban encarceladas." 

Luego se refirió al papel que jugaron las profesoras y maestras en las recientes huelgas docentes en Estados Unidos. Ellas luchaban no sólo por sus reivindicaciones sino también porque se preguntaban "qué vamos a hacer con nuestros estudiantes, que no comen". Volviendo sobre el tema de los sindicatos, añadió: "Los hombres y las mujeres migrantes han encabezado las luchas en Estados Unidos, por la sindicalización. Sólo el 9% de los trabajadores norteamericanos están sindicalizados. 

Los únicos sindicatos fuertes son los de maestras y maestros. Y es un sector estratégico porque son un punto de unión entre el mundo del salario y el mundo del hogar." Quise retirarme antes de que la acusaran a Silvia de "trosquearla" con estas aseveraciones. 

Mientras me alejaba por la avenida Paseo Colón, me resonaba algo en lo que Federici había sido explícita y que, a pesar de nuestras diferencias, también compartimos: "El feminismo debe ser internacionalista. Los capitalistas se organizan internacionalmente, nosotras debemos hacer lo mismo." 







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