RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

martes, 29 de agosto de 2017

Más que nunca, Juana, cuenta conmigo


Violencias machistas & Violencia judicial
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Nieves Salobral Martín y Laura Berro Yoldi
Rebelión

Las autoras nos indican de forma muy clara que el establecer medidas judiciales sin tener en cuenta el contexto social y cultural de violencia machista existentes lo que provoca es poner en riesgo la vida de la mujer víctima de la violencia machista y, además, en riesgo la vida de sus hijos/as, como es el caso en España de Juana Rivas y sus hijos/as.
#MásquenuncaJuanaCuentaConmigo

Hasta junio, 6 niñas y niños habían sido asesinadas este año por sus padres, una al mes. Multitud de Organizaciones feministas a lo largo y ancho del estado y municipios como el de Maracena, defienden que “Un maltratador nunca puede ser un buen padre, no se puede preservar la relación paternofilial en un contexto de violencia de género” (EFEMadrid, 3 Junio 2017). A pesar de que el empuje social, ha conseguido que las y los menores se incluyan como víctimas de la Violencia de Género, los Tribunales siguen teniendo dudas a la hora de aplicar las medidas de protección, especialmente los Tribunales civiles.

Esta vía judicial se ha convertido en preferida para muchos agresores porque se puede litigar de manera indefinida, y les permite continuar ejerciendo la violencia machista contra sus exparejas mujeres, aunque sea de una manera indirecta,como afirma María Naredo (Diario.es, 5 agosto 2017). Cuando se producen tantos juicios por custodias en estos casos, se revictimiza a las mujeres y sus hijos e hijas porque tienen que contar una y otra vez la violencia sufrida.

Además a los niños y niñas se les coloca en el centro del litigio y, posteriormente, los tribunales no toman en cuenta su testimonio para dictar la sentencia de guarda y custodia. Es más, se les puede poner en peligro, porque los agresores son capaces de llegar hasta el infanticidio, como se aprecia por las cifras inicialmente mencionadas.

Los Tribunales de Estrasburgo y la ONU ya han condenado las actuaciones del gobierno español por la contínua desprotección y vulneración de derechos a niños y niñas en los casos de violencia de Género, porque en las sentencias no se garantiza el “bien del menor”, tal y como dicta la Convención de Derechos del niño. Son los casos de Mª Paz Iglesias Casarrubios y sus hijas maltratadas por el padre (2016), en el que no se escuchó el testimonio de sus hijas, y el caso del asesinato de la hija de Ángela González (2015) en una de las visitas otorgadas al padre por sentencia judicial.

Cuando la Justicia no valora el contexto en el que vivimos, cuando privilegia a los agresores por el hecho de ser padres, y no tiene en cuenta las sentencias previas por Violencia de Género, pone en riesgo la vida de menores, les somete a una existencia marcada por continua la violencia. Y sobre todo, con este se estas sentencias se está premiando la violencia machista, y cede terreno ante el sistema patriarcal con mayúsculas.

El carácter estructural del patriarcado empapa todos los ámbitos de nuestra sociedad, incluido el judicial. Éste antepone la palabra de los padres varones, cuestionando o ninguneando incluso el testimonio de malos tratos y terror expuestos por menores y mujeres, pareciera que con el fin de mantener ante todo el Derecho de Patria Potestad a los hombres, aunque sean maltratadores.

El mensaje que llega es su derecho de padre ante todo, por encima del sufrimiento y posible peligro de los niños y niñas. A no ser que tengamos en cuenta este contexto cultural en cada paso que demos, en cada política o ley, o en cada sentencia que dictemos; el patriarcado y la violencia que conlleva continuará condicionando cada ámbito social, y todo lo que emane de los mismos y de las instituciones. Si queremos llegar a una sociedad donde la igualdad de género sea una realidad, está claro que las instituciones públicas no somos, ni podemos ser, equidistantes.

Para llegar a un horizonte igualitario es necesaria una formación de todo el funcionariado en perspectiva feminista, y específicamente en violencia machista. Es la única vía que hace posible comprender a fondo por qué los maltratadores nos son buenos padres, haciendo visible el horror que lleva a las mujeres a denunciarles, o para comprender que hay que escuchar efectivamente los testimonios de hijos e hijas y garantizar su bien, no el de los adultos varones.

El caso de Juana Rivas se enmarca dentro de todo lo anterior. Llevamos ya muchos meses oyendo y leyendo esta historia, que ha dado la vuelta a toda nuestra sociedad. Su periplo ha recibido un apoyo unánime de todos los grupos municipales del Ayuntamiento de Maracena, un apoyo masivo de las vecinas y vecinos de ese municipio, de decenas de organizaciones feministas y de mujeres, así como a través de 150.000 firmas de otras muchas que no teníamos otra manera de expresarla.

Ella conoce al maltratador, al padre de sus hijos, ha vivido las agresiones de este hombre. Ante un proceso judicial irregular nada garantista de los derechos de sus hijos, que la obligaba a devolverlos a este agresor, se ha visto obligada a tomar la decisión de huir. Ella ha hecho lo que consideraba que tenía que hacer para visibilizar el derecho de estos niños a vivir sin violencia, y desde los tribunales se la obliga de nuevo a entregar a sus hijos al agresor.

¿Algo más tienen que decir las instituciones del poder judicial sobre “el interés superior” de estos niños?. ¿Consideran las instituciones públicas a los hijos e hijas de padres agresores víctimas a proteger o es pura retórica?.

Hay muchas mujeres en la situación de Juana, aunque ella ha tenido la fuerza y el apoyo para atreverse a salir a la luz pública y defender como ha podido los derechos de sus hijos.

Ahora necesita más apoyo que nunca, por eso, todas y todos tenemos que estar del lado de Juana. Para que ella y todas las Juanas puedan visibilizar la violencia que sufren, y lograr justicia para ellas y para sus hij@s.

#MásquenuncaJuanaCuentaConmigo


Nieves Salobral Martín, militante feminista
Laura Berro Yoldi, concejala de Igualdad y LGTBi del Ayuntamiento de Pamplona

lunes, 28 de agosto de 2017

ONU RESALTA LA FUNCIÓN DE LA MUJER EN MEDIOS

Willy Chipana Mamani / Cambio
La coordinadora de proyectos y programas de la ONU Mujeres, Elizabeth Salgueiro, resaltó ayer las políticas de comunicación señaladas por el Gobierno para promocionar la participacion de la mujer en los medios de comunicación.
La ejecutiva lamentó que los medios no sintonicen ese mensaje porque aún predominan las ideas patriarcales en las universidades y la familia, donde lo masculino se impone sobre lo femenino. Salgueiro indicó que los medios  deberían reflejar la labor de las mujeres en la economía, la sociedad o en la elaboración de planes territoriales y no mostrarlas como objetos sexuales.   
?Hay una participación importante de la mujer en los medios de comunicación, pero muchas veces la imagen y el tratamiento de las noticias es bastante pobre?, manifestó.
La presidenta de la Asamblea Legislativa Departamental de Cochabamba, Leonida Zurita, coincidió con Salgueiro, señaló que las damas accedieron a las tecnologías de información gracias a las políticas gubernamentales. ?En comunicación se trabajará en esas áreas para tener una mayor participación?, expresó.
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http://www.noticias.bo/noticias/ONU-resalta-la-funcion-de-la-mujer-en-medios/

sábado, 26 de agosto de 2017

No soy machista, pero…

Machismo & Justificaciones


TribunaFeminista

La autora nos hace una acertada reflexión sobre la cantidad de expresiones justificativas que se usan (sobretodo por los hombres) en lo cotidiano desde "supuestas" posiones igualitarias que demuestran que en su base lo que hay es machismo.

Si hace unos días hablábamos, desde estas mismas páginas, de todos los “peros” habidos y por haber que se añaden a la frase “soy feminista”, como si fuera preciso andar todo el día justificándose o pidiendo perdón por no hacer otra cosa que luchar por la igualdad, hoy le hincaré el diente a otros “peros” que le andan a la zaga. Seguro que les suena. Seguro que lo han oído o leído alguna vez, en conversaciones de café, comentarios en redes sociales, tertulias televisivas y hasta en artículos pretendidamente sesudos. Y es que ser machista no está bien visto, desde luego. Por eso aquí nadie es machista. Faltaría más.

Eso sí, hay que dejar claritas algunas cosas para que nadie se lleve a engaño. Y ya se sabe, cuando tanto hay que aclarar es porque la cosa no está tan clara como parece.  Así que, tratando de dejar las cosas tan limpias y claritas como si las hubieran lavado con Perlan, nos encontramos estas cosas:

  • No soy machista, pero me hacen gracia algunos chistes que cuentan.
  • No soy machista, pero me gusta ver las fotos de tías que envían en los grupos de whatsap.
  • No soy machista, pero no veo nada de malo en que las camareras vayan ligeritas de ropa.
  • No soy machista, pero me gusta ver las azafatas en short premiando a los deportistas.
  • No soy machista, pero reconozco que hay mujeres que van provocando.
  • No soy machista, pero disfruto viendo un buen culo si me lo ponen a tiro.
  • No soy machista, pero no estoy de acuerdo con las cuotas.
  • No soy machista, pero pienso que exageran con eso de las canciones.
  • No soy machista, pero no doy importancia a que los niños jueguen con coches y las niñas con muñecas.
  • No soy machista, pero reconozco que mi mujer lleva la casa como nadie.
  • No soy machista, pero no me gusta que los niños jueguen a cosas de niñas.
  • No soy machista, pero me parece bien que los niños vayan de azul y las niñas de rosa.
  • No soy machista, pero creo que las mujeres crían mejor a los niños.
  • No soy machista, pero el lenguaje inclusivo me parece una sandez.
  • No soy machista, pero empleo el término “nenaza” como un insulto.
  • No soy machista, pero no veo la necesidad de andar todo el día exaltando a las mujeres.
  • No soy machista, pero creo que no es necesaria una ley de violencia de género.
  • No soy machista, pero afirmo que la violencia no tiene género.
  • No soy machista, pero sé que hay un montón de denuncias falsas de las que nadie habla.
  • No soy machista, pero me pone de los nervios el dineral que gastan en cosas de mujeres.
  • No soy machista, pero no me gustan las etiquetas.
  • No soy machista, pero tampoco soy feminista.

Y eso no es todo. Para acabar de rizar el rizo, esa última afirmación puede venir acompañada de un impagable “soy persona” con el que nos obsequió una famosa, como si se pudiera ser machista o feminista sin serlo –jamás he sabido de un calamar o un cactus machista o feminista-.
O, mejor todavía, con el colofón de “estoy en contra de los ismos”, como si cosas como el expresionismo, el imperialismo, el periodismo o el constitucionalismo fueran un espejismo que merece ser arrojado por el abismo.

Y es que en esto del machismo con peros, viene a cuento más que nunca aquello de “excusatio non petita, acusatio manifiesta” que, perdóneseme la pedantería, viene a ser algo así como que cuanto más te justificas, menos justificación tienes.

La cosa es mucho más simple. Si alguien no es machista, no hace ni dice cosas machistas. Ni siquiera las consiente. Como no consentiría que se metieran con un negro o un homosexual por el hecho de serlo, para luego arreglarlo con una sonrisita diciendo “no soy racista, pero..” o “no soy homófobo, pero…”. Aunque también en estos casos haya quien usa de los peros tratando de justificar lo injustificable.

O se quiere la igualdad, o no se quiere. No hay más. No vale querer la igualdad pero sólo a cachitos, o a ratos, o cuando no me toca las narices. O se es machista o no se es. Y no hay peros que valgan. O tal vez haya uno.

No somos machistas, pero si consentimos actos machistas tal vez lo seamos sin saberlo. Pensémoslo antes de volver a poner el dichoso “pero” tras afirmar que no somos machistas.

Autora: Susana Gisbert Grifo Fiscal de violencia sobre la mujer en España. Escritora. 

Fuente:http://www.tribunafeminista.org/2017/08/no-soy-machista-pero/ 

Soy chilena y soy negra, soy Afrochilena. Testimonio


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Soy chilena y si, soy negra. Mi mamá es blanca y chilena, mi padre es negro y cubano. Mi familia por parte de madre viene de un pasado subyugado en las salitreras, donde tuvieron que migrar desde la pampa nortina a la ciudad en barco. Mi familia por parte de padre viene de un pasado oprimido por la comercialización de esclavos africanos en Cuba, también en barco. Ser negra (‘mulata’ como se dice mal comúnmente) en un país como Chile ha sido la lucha más grande de mis apenas 21 años.
Durante mi educación pre-básica nunca encajé: era la única negra en la sala y además nunca usé delantal rosa como mis compañeras pues el mío era amarillo, ni usaba zapatitos con velcro porque, por mi pie plano, debía usar bototos, ni tampoco tenía el pelo liso pues el mío era muy rizado… ninguna Barbie se parece a mí – pensaba. Luego, en la primaria sufrí de bullying en el mismo colegio, todo se centraba en bromas por mi color de piel, mi pelo afro y por ser alta. En ese tiempo estaba de moda un cantante negro de samba que salía en un famoso programa juvenil de TV nacional. Me recuerdo caminando por el colegio cabizbaja mientras a mi alrededor muchos me gritaban su nombre.
Yo no entendía… porque en mi hogar siempre se me mostró el mundo como un contexto rico en multiculturalidad que nutría la diversidad. Mi papá siempre me hablaba de la esclavitud, mi madre siempre me decía que genéticamente todxs veníamos de África, me mostraba mucha música, danzas y mi abuela que sabe mucho de historia universal, siempre me contaba de luchas sociales. En mi mente de 8 años, no entendía por qué mis compañeritos en la escuela me señalaban, sin embargo, notaba un contraste entre lo que sucedía en mi casa y el colegio, en casa me decían que era por su ignorancia. Ese mismo año mi madre decidió que viajáramos juntas a Cuba para que conociera a mi familia paterna.
Apenas salimos del avión, sentí el húmedo calor en mi piel como una bocanada de aire tibio, a mi alrededor vi a un guardia muy alto, con su piel muy oscura casi azul y brillante, al instante mire mi piel y extasiada en asombro le digo a mi madre: ¡Mamá acá soy blanca! Ella se emocionó y me abrazo, porque claro, yo estaba encantada de la variedad de tonos de negritud, había un universo entero de colores. De bienvenida todos mis primos y primas, tíos y tías, negros y negras, nos esperaban en casa de mi abuela, ese mismo día todos los niños jugamos a pies descalzos bajo el aguacero tibio en la calle. Fue en la casa de mi abuela donde residimos alrededor de 1 mes y donde me identifiqué en su risa a todo volumen y en su alegría, en nuestra piel, en nuestro pelo afro, ella nos compartió la cultura espiritual afro, nuestra raíz yoruba. Allá nadie me señalaba, allá fui feliz. Toda la vida le agradeceré a mi mamá ese viaje.
Cuando llegué a Chile mis compañeros se extrañaron más todavía conmigo, pues volví con mi piel más negra aún, con trenzas y hablando bien cantao’. Entonces vi la verdad. Supe y entendí por qué era motivo de burla, una palabra: negra, me señalaban por ser negra. Al poco tiempo, me cambiaron de ese colegio a otro donde supuestamente, no me iban a molestar porque allí había muchxs niñxs migrantes, a mi pesar, la historia se repitió pues seguía siendo la única negra de la escuela. Todos los días me jabonaba fuerte para quitarme el color, me cortaba los rulos a machetazos con la tijera frente al espejo, ponía sobre mi cabeza un paño largo con el que simulaba el movimiento del pelo liso, yo solo soñaba con tenerlo para ser ‘bonita’, no quería ser diferente.
Posteriormente, también en otro colegio, durante toda la secundaria, hubo una profesora de química que en plena clase, con todas mis compañeras, presentes hacia comentarios sobre mi pelo, incitándome a alisarlo para verme más ‘ordenada’ mientras lo comparaba con el cabello liso de las demás y haciendo comentarios descalificadores hacia el país de mi padre, del cual ella sabía que yo tenía descendencia directa. Creo que para la mente estereotipada de esa ‘educadora’ mis facciones y biotipo no cumplían con el molde blanco neoliberal.
Finalizando la secundaria y cursando mi etapa universitaria, comencé a notar que para los hombres de acá les era muy EXÓTICO encontrarse con una ‘negrita’ en las fiestas o en su sala de clases y entonces comenzaban con la cacería para satisfacer sus dudas sobre las mujeres negras, ya saben, todo eso de que somos mejores en la cama, que somos más calientes, que tenemos mejor culo. Y nuevamente comprendí otra arista: ser mujer negra es sinónimo de ser objeto sexual.
Actualmente, de profesión me dedico al área de las energías renovables, es un rubro donde en mi país hay muchos más hombres que mujeres y de las pocas mujeres que hay, ninguna es negra. Así que adivinen a quien todo el mundo se da vuelta a mirar cuando entro a los seminarios o reuniones: a mí. Mientras estoy ahí sentada, siempre me pongo a pensar en que la sociedad se impresiona frente a una mujer negra intelectual. Sobre todo, porque en mi país RECIÉN se está viviendo un rico intercambio cultural racial con afrodescendientes y negrxs de países como Colombia, Haití, Venezuela, Senegal, República Dominicana, entre otros y constantemente, las personas me preguntan de donde soy, como llegue o si hablo español: Soy de Chile – respondo y extrañados me vuelven a preguntar ¿Ah, entonces naciste acá? … ¡Pues claro! ¿Te lo estoy diciendo o es que te asombra que sea negra y chilena? – pienso para mis adentros. A veces me subo a la micro y señoras me dicen que me devuelva a mi país… ¡Qué país! pienso yo, ¡Si nací en el mismo que usted!
Ya estoy cansada de que me extranjericen en mi propio país, solo por mis rasgos. Lo cual, es una situación muy paradójica, pues en Chile también llegaron esclavos negros, incluso muchos dejaron una fuerte descendencia en la zona norte, pero la historia se ha encargado de censurarlo de manera tal, que las personas aquí creen que es tierra SÓLO de blancos, invisibilizando todo rasgo afro e indígena.
Poco a poco… he comenzado a reencontrarme en mis raíces, a bailar danzas afrolatinas, a usar mis cuerdas vocales y cantar, aprendí a usar turbante y a cuidar mis rulos con mucho amor. Poco a poco me he ido empoderando. Hoy decido no justificar jamás mi negritud, ni ponerme a explicar por qué soy negra y hablo como chilena, porque mi piel no es un error, mi pelo no es un error, yo estoy bien, tu racismo e ignorancia son lo que está mal. Soy mujer, soy chilena y soy negra, soy AFROCHILENA.

Mercedes Argudin Pacheco
Mercedes Argudin Pacheco
Chile. Foto de Andres Urzua








Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com

viernes, 25 de agosto de 2017

Louise Michel, la combatiente de la Comuna de París

Mujeres & Comuna de París


Josefina L. Martínez
Rebelión

Maestra, poeta y libertaria, esta menuda mujer representa el espíritu de una revuelta en la que las mujeres no solo conquistan el derecho a la educación, al divorcio y al trabajo, sino también a combatir codo a codo con los hombres.

“Cuando la multitud hoy muda Ruja como el océano Y a morir esté dispuesta La Comuna resurgirá Volveremos multitud sin número Vendremos por todos los caminos Espectros vengadores surgiendo de las sombras Vendremos estrechándonos las manos La muerte llevará el estandarte La bandera negra velo de sangre Y púrpura florecerá bajo el cielo llameante.” 
(Louise Michel. Canción de las prisiones, mayo de 1871)

Durante la semana del 20 de mayo de 1871, el ejército de Versalles (la burguesía francesa aliada a los prusianos) avanza contra la Comuna de París. En el cementerio de Montmartre, en el corazón de la Comuna obrera, una mujer calzada con botas de soldado dispara su fusil. La metralla sostenida que retumba sobre su cabeza le hace pensar en un océano descargando su furia desde el cielo. Los obuses hacen temblar la tierra y las flores de las tumbas vuelan por el aire. Louise Michel se escabulle por un agujero de la tapia, solo para volver enseguida con refuerzos.

De los 50 hombres que la acompañan, pronto queda la mitad; poco después, quince; finalmente, solo tres siguen defendiendo la barricada sobre la calle Clignancourt. París arde en llamas la noche del 24 de mayo. Los fuegos pueden verse desde lejos: la calle Royale, Rivoli, las Tullerías, el Hôtel-de-Ville, el teatro lírico, la orilla izquierda, se destacan por el rojo crepitar sobre el cielo negro. Si la Comuna no va a sobrevivir, no se entregará a Versalles sin luchar. En aquellos días, Louise Michel siente que el tiempo es flexible. “Todo lo ocurrido se acumula, como si en esos días hubiéramos vivido mil años.”

Esta mujer menuda, de 40 años, representa el espíritu de la Comuna de París, donde las mujeres no solo conquistan el derecho a la educación, al divorcio y al trabajo, sino también el derecho a combatir codo a codo con los hombres.

Las mujeres de la Comuna 

Tras la caída del Segundo Imperio de Luis Napoleón Bonaparte, con la derrota en la guerra franco-prusiana en septiembre de 1870, París proclama la República.

Con la ciudad sitiada por el ejército de Bismarck, el gobierno francés de Adolphe Thiers termina firmando la capitulación de Francia, aceptando la ocupación de la capital por los prusianos. Pero la Guardia Nacional parisina, formada en su mayoría por obreros y artesanos, se niega a rendirse al enemigo. Thiers se retira a Versalles y el pueblo de París toma el control de la ciudad.

El 18 de marzo, el ejército de Versalles intenta aplastar la rebelión y arrebatar los cañones en manos de los parisinos. Ese día, fueron las mujeres las primeras en salir a las calles, en una insurrección que da comienzo a la Comuna de París. Así lo cuenta Louise Michel: “Todas las mujeres se hallaban ahí. Interponiéndose entre nosotros y el ejército, las mujeres se arrojaban sobre los cañones y las ametralladoras, los soldados permanecían inmóviles. La revolución estaba hecha”. Poco después se convocan a elecciones para elegir los representantes de la Comuna de París, el primer gobierno obrero de la historia.

Como ya había ocurrido durante la Revolución francesa de 1789, las mujeres participaron activamente en la Comuna, formando asociaciones como el Comité de Vigilancia de las Ciudadanas y la Unión de Mujeres para la Defensa de París. Según Michel, más de 10.000 mujeres “diseminadas o juntas, combatieron por la libertad en los días de mayo”. “Con la bandera roja al frente habían pasado las mujeres; tenían su barricada en la plaza Blanche. Estaban allí Elisabeth Dmitrieff, la señora Lemel, Malvina Poulain, Blanche Lefebvre, Excoffons. André Leo estaba en las de Batignolles.”

En la plaza Blanche se mantiene una barricada defendida por un batallón de 120 mujeres. En el bulevar Sebastopol varias mujeres trabajan llenando sacos de tierra y cestas de mimbre. Las petroleuses, las incendiarias. Así llaman sus enemigos a las mujeres de la Comuna. Cada mujer que atraviesa las calles con ropa humilde y con un cacharro entre las manos es sospechosa. En Francia regía en aquellos años el Código napoleónico, que imponía a las mujeres la condición de menores de edad, sometidas al padre o al marido, sin derecho a ninguna actividad independiente, sin derecho al voto, ni al divorcio.

Las mujeres obreras se ven sometidas a una doble explotación y opresión. Por eso la Comuna de Paris trae la esperanza de un mundo nuevo para las mujeres del pueblo. En el muro del cementerio del Père-Lachaise, que hoy se conoce como el muro de los comuneros, cientos de luchadores fueron fusilados. Otros miles, deportados y exiliados Louise Michel, maestra abnegada, escritora y poeta, ocupa su puesto de combate en las barricadas. Defiende la París obrera que desde el 18 de marzo ha tomado en sus manos su propio destino. La Comuna ha creado una nueva forma de gobierno, con delegados electos y revocables que cobraban un salario obrero. Ha condonado las deudas a los inquilinos, expropiado los talleres abandonados para cederlos a cooperativas obreras.

La Comuna ha establecido la igualdad de las mujeres ante la ley, separando la Iglesia del Estado y expropiando al clero; un conjunto de medidas que no había tomado ninguna república liberal. La Comuna había defendido París, entregada por Thiers a los prusianos. La heroica Comuna había desafiado a la Europa del orden y el capital, eliminando “el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura”, al decir de Marx en el Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, escrito entre abril y mayo de 1871.

La represión y el exilio


Según las fuentes históricas, más de 30.000 personas fueron asesinadas en la semana sangrienta de mayo, cuando la represión se ensañó en las calles de París. En el muro del cementerio del Père-Lachaise, que hoy se conoce como el muro de los comuneros, cientos de luchadores fueron fusilados. Otros miles, deportados y exiliados. Louise Michel logró escapar, pero su madre fue detenida por la policía en su lugar, por lo que Louise se entregó para salvar su vida. Junto con decenas de presas fue hacinada en prisión, donde escuchaban por la ventana los fusilamientos de otros comuneros.

El juicio, en diciembre de 1871, se transforma en una tribuna para reafirmar su compromiso con la Comuna y con la lucha. “No quiero defenderme, no quiero ser defendida”, exclama Louise Michel, “pertenezco por entero a la revolución social y declaro aceptar la responsabilidad de todos mis actos; la acepto sin restricción”, relata Lissagaray en su historia de la Comuna. La heroína de Montmartre es deportada a la isla de Nueva Caledonia, colonia francesa en el Pacífico. El viaje a bordo del Virginie es también un descubrimiento; Michel señala que en esa travesía, reflexionando sobre la experiencia de la Comuna, se hizo anarquista. En la lejana isla del Pacífico, Louise Michel convive con los canacos, tribus originarias sometidas a la opresión francesa. La maestra enseña a los niños canacos y se convierte en defensora de su causa. “Una noche de tormenta durante la insurrección canaca, oí llamar a la puerta de mi compartimento en la choza. ¿Quién es? pregunté. Taïau, respondieron. Reconocí la voz de nuestros canacos, los que nos traían los víveres (taïau significa amigo).

En efecto se trataba de ellos, venían a despedirse de mí antes de alejarse a nado bajo la tempestad para unirse a los suyos y combatir a ‘blancos malvados’, decían ellos. Entonces, dividí la banda roja de la Comuna, que había conservado a través de mil dificultades, y se la di como recuerdo”. Después de varios años en Caledonia, Louise Michel puede volver a Francia en 1880. Allí retoma su actividad política -- por lo que pronto vuelve a ser encarcelada-- participando en movilizaciones contra el desempleo y en mítines y conferencias. Muere en enero de 1905, a los 74 años.

Su espíritu indomable sigue siendo la imagen viva de la Comuna.



jueves, 24 de agosto de 2017

El feminismo moderno: por qué debemos aprender de las mujeres kurdas

Feminismo & Kurdistán


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Kurdistán-América Latina

" Las feministas kurdas están enseñando una lección al mundo entero y podríamos aprender mucho de ellas en términos de defender los derechos y la progresión social."

Mientras que Occidente, y especialmente Europa, parece indeciso y aparentemente indefenso en la guerra contra el terrorismo, combatir a ISIS es la prioridad en Siria e Irak, donde la heroica resistencia kurda, con una enorme participación femenina, da prueba del feminismo auténtico y revolucionario. Ayşe Deniz Karacagil, la activista turca cuya historia había sido ilustrada por el cómico italiano Zerocalcare en “Kobane Calling”, murió el 29 de mayo en Raqqa.

Ella estaba luchando en el YPJ, las Unidades de Protección de Mujeres, un inesperado ejemplo de democracia, que desafortunadamente sigue siendo un modelo único en toda el área de Oriente Medio. A Ayşe se le dio el apodo de “la chica con el pañuelo rojo” durante las protestas de Gezi en 2013, donde fue arrestada, etiquetada como terrorista y sentenciada a 103 años de prisión. Después de huir inicialmente a las montañas, se unió a las fuerzas kurdas en la lucha contra el autoproclamado Estado islámico. Al hacerlo, contribuyó a la defensa del enclave autónomo de Rojava, también conocido como Kurdistán sirio, un experimento inspirador y utópico comprometido con el secularismo absoluto, la democracia y la igualdad de género.

La Jineology, también conocida como la ciencia de las mujeres, es una de las creencias fundamentales de la revolución social en Rojava. Su concepto innovador fue defendido por primera vez por Abdullah Öcalan, líder del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), y representa un paso adelante para el movimiento de liberación de las mujeres. De hecho, introduce una nueva forma de feminismo basada en la famosa declaración de Öcalan: “Un país no puede ser libre a menos que las mujeres sean libres”, que se opone al paradigma sexista basado en la dicotomía sujeto-objeto, que puede resumirse como “los hombres actúan, las mujeres son”.

Llevó algún tiempo para que las mujeres adquirieran poder político y militar y para organizarse de manera autónoma en un ejército adecuado, pero finalmente lograron establecer una organización paraguas y democrática. Estas mujeres encarnan los contrastes que definen esta parte del mundo: divididas por frentes de guerra y valores irreconciliables, a pocos kilómetros de distancia, existen realidades opuestas y no pueden dejar de chocar entre sí. Por un lado, nos sorprende la existencia de la Brigada Al-Khansaa, una escuadra de policía religiosa asalariada, acusada de castigar a cualquier mujer que desafía la Ley Sharia, y tan cruel como cualquiera de sus contrapartes masculinas. Las mujeres pro-ISIS empiezan a sentirse empoderadas y pasaron de ser justas jihadistas a desempeñar papeles más activos y operativos. Irónicamente, ISIS está ganando cierto atractivo al ofrecer una nueva interpretación del concepto de “chica-poder”, que parece ser particularmente atractivo para algunos de ellos. Afortunadamente, por otro lado, otras mujeres están tomando el objetivo y liderar los ejércitos.

En mayo de 2016, fue la mujer kurda Rodja Felat quien llevó a 15.000 mujeres y hombres dispuestos a morir por su libertad en un primer asalto para liberar Raqqa. De hecho, ser capturado vivo por ISIS es, sin duda, mucho peor que la muerte misma. ¿Cómo podemos olvidar a Ceylan Özalp, la combatiente YPJ de 19 años que, al darse cuenta de que se estaba quedando sin munición, utilizó su última bala para matarse? ¿Y qué hay de Dilar Kanj Khamis -más conocida por su nombre de guerra Arin Mirkan-, la primera combatiente kurda que se inmoló contra una serie de yihadistas que la rodeaban en la colina de Mishtenur, en Kobanê? Ni siquiera las mujeres yezidíes, una comunidad religiosa kurda, se han librado de abusos sexuales y brutales asesinatos tras la expansión del califato en Siria e Irak.

En el centro de la ciudad de Raqqa, de hecho, se asignaron dos mercados para la venta de mujeres y niñas, mientras que muchas otras víctimas se suicidaron tras ser violadas o torturadas por militantes. En 2014, por ejemplo, Nadia Murad, nominada al Premio Nobel de la Paz, fue secuestrada y utilizada como esclava sexual, antes de escapar y llegar a Alemania. Es difícil de creer, pero asombrosamente claro, que los fenómenos aparentemente opuestos descritos anteriormente son en realidad dos caras de la misma moneda. Las mujeres yihadistas se ocupan de la opresión a expensas de otros, mientras las mujeres de Rojava luchan por la libertad y la igualdad. Hoy en día, en el caos de la guerra civil de Siria, las mujeres kurdas luchan por defender su derecho a hablar y, motivadas por el deseo de un cambio concreto -o incluso de venganza personal en algunos casos-, buscan desesperadamente la emancipación que nunca han tenido.

La creación del experimento Rojava parece un espejismo entre los países del Medio Oriente, y derrotar a ISIS no será el fin de la guerra para estas mujeres: sus esfuerzos se dirigirán a la plaga del matrimonio de menores de edad, la poligamia y la mentalidad patriarcal para romper siglos de opresiva tradición. De hecho, no sólo tratan de superar una sociedad de honor-vergüenza, sino que también están sentando las bases para una progresión masiva con respecto a las estructuras sociales, culturales y políticas. Las clases en las que las mujeres aprenden acerca de la emancipación y grupos de apoyo para mujeres víctimas de abusos son ejemplos brillantes de esta revolución.

La defensa de los derechos de la mujer no debe darse por sentado, ni siquiera en los países occidentales, donde el futuro de nuestros valores fundamentales debería suscitar un debate serio. De hecho, el sueño del multiculturalismo mal manejado apenas los ha desafiado y uno de los objetivos del movimiento del siglo XX, la libertad de elección, parece casi olvidado, por lo que el feminismo moderno termina apareciendo como un legado apagado, lleno de estereotipos.

La Jineology transmite ideas poderosas que cualquier mujer puede abrazar. La importancia de la autodefensa, por ejemplo, se ha vuelto increíblemente relevante dado el número de mujeres que sufren violencia todos los días. Aprender a superar cualquier forma de opresión es un buen punto de partida para romper la dependencia de las mujeres de los hombres.

Las feministas kurdas están enseñando una lección al mundo entero y podríamos aprender mucho de ellas en términos de defender los derechos y la progresión social. Nuestra lucha ahora es difundir la voz de Ayşe, Ceylan, Dilar y cualquier otra mujer valiente, y dejar que algunas de sus historias sean escuchadas y recordar que su batalla debe ser en realidad la batalla de cada mujer.

Los mártires nunca mueren, pero los logros de nuestras abuelas y madres por lo menos merecen ser genuinamente, con orgullo y ferozmente defendidos.





Fuente:https://rojavaazadimadrid.wordpress.com/2017/08/22/el-feminismo-moderno-por-que-debemos-aprender-de-las-mujeres-kurdas/ 

miércoles, 23 de agosto de 2017

La Ecología de Marx. Materialismo y naturaleza - John Bellamy Foster


Fragmento de la introducción (pags. 17-18)

El argumento que expone el presente libro se basa en una premisa muy sencilla: en que para entender los orígenes de la ecología es necesario comprender las nuevas visiones de la naturaleza que surgieron con el desarrollo del materialismo y de la ciencia entre los siglos XVII y XIX. Y además, en vez de limitarnos a presentar al materialismo y la ciencia como los enemigos de concepciones de la naturaleza anteriores y supuestamente preferibles, algo que es común en la teoría verde contemporánea, en lo que aquí hacemos hmcapié es en cómo el desarrollo del materialismo y de la ciencia promovieron -de hecho hicieron posible-- los modos de pensar ecológicos.

La discusión general se estructura en torno a la obra de Darwin y de Marx, los dos grandes materialistas del siglo XIX. Pero es sobre este último sobre el que se centra el presente libro, ya que su propósito es entender y desarrollar las visiones ecológicas revolucionarias que tienen hoy gran importancia para nosotros, adoptando un enfoque que vincula la transformación social con la transformacion de la relación humana con la naturaleza de maneras que actualmente consideramos ecológicas. La clave del pensamiento de Marx a este respecto, afirmamos, reside en la forma en que éste desarrolló y transformó una tradición epicúrea existente en relación con el ma
terialismo y la libertad, lo que tuvo una importancia integral para el surgimiento de gran parte del pensamiento científico y ecológico moderno. 

En esta introducción voy a intentar clarificar estos temas separando al principio las cuestiones del materialismo y la ecología -aun- que el tema fundamental de este estudio es su necesaria conexión y comentando brevemente el problema al que en última instancia se dirige este análisis: la crisis de la socio-ecología contemporánea.


Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com