RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

miércoles, 3 de junio de 2015

UN GRUPO DE ABUELAS GRAFFITERAS ROMPEN ESTEREOTIPOS Y REVOLUCIONAN LAS CALLES DE LISBOA



lata 65 abuelas graffiteras (16)En las calles de Lisboa en Portugal, un grupo de abuelas graffiteras denominado ‘Lata 65′, está causando una gran controversia. Con el apoyo de diferentes artistas, estas señoras están aprendiendo lo que significa el arte callejero y se expresan a través de él pintado las paredes de su ciudad.
LATA 65 conecta el arte con diferentes generaciones, acercando a los ciudadanos mayores de Lisboa una forma relativamente joven de arte, el graffiti. “Lata” significa “puede” en portugués y como tal los organizadores, vinculados al Wool Festival, quieren que el proyecto pruebe que conceptos como Envejecimiento Activo y solidaridad son reales; demostrar que el arte urbano tiene el poder de fomentar y promover el acceso al arte contemporáneo; y sobre todo demostrar que la edad es sólo un número.
Las abuelas de Lata 65 han mencionado sentirse preparadas para presentarse en festivales, eventos y expos para dar a conocer su trabajo y la finalidad del mismo.



FUENTE ORIGINAL: https://educaciotransformadora.wordpress.com/2015/06/02/un-grupo-de-abuelas-graffiteras-rompen-estereotipos-y-revolucionan-las-calles-de-lisboa/

El Neomachista. 10 frases para detectarlo


Two businessmen with coffee cup looking at woman
En ocasiones resulta muy cansado cargar con la perspectiva de género a todas partes. Cuando se entra en contacto con el feminismo, cuando entra a formar parte de nuestra vida de verdad, cuando se mezcla con nuestra identidad y con nuestra personalidad, pocas veces hay vuelta atrás.
Las gafas violetas nos permiten no solo ver, sino observar, analizar, descubrir, cuestionar, señalar, y sobre todo, explicar. Aplicando la perspectiva de género, descubrimos explicaciones a muchas situaciones y hechos que, aparentemente, no tenían una respuesta evidente:  los puestos de poder, los estereotipos, el canon de belleza, el espacio público, la violencia de género, la brecha salarial y un largo etcétera precisan ser cuestionados y analizados desde la perspectiva de género.
Cuando aplicamos esta perspectiva  a un nivel macrosistémico, lejano y abstracto es más sencillo conseguir consenso, puesto que la desigualdad resulta más evidente y afecta menos (aparentemente) a la vida diaria. Reconocemos fácilmente y aceptamos que es cierto que no tenemos presidentas, que hay un tipo de violencia específica sobre las mujeres, o que las madres cargan con todo el peso de los cuidados. Pero ¿qué pasa cuando aplicamos esta perspectiva a nivel microsistémico, en lo cercano y tangible? Cuando cuestionamos y señalamos el machismo que nos afecta día a día, que está cerca, que forma parte de nuestra vida… es cuando toca lidiar con El Neomachista.
Manel Fontdevila
Hoy en día no es fácil declararse abiertamente machista, puesto que es una palabra que se relaciona con valores no deseados e incluso antiguos. Y eso no es por casualidad, es el fruto de la lucha de las mujeres durante siglos. Por eso el machismo se viste de nuevas formas, es menos evidente y trata de hacerse más sutil, pero su objetivo sigue siendo mantener los privilegios propios del patriarcado.
No es fácil lidiar día a día con El Neomachista. Pero como en muchas ocasiones es más fácil llegar a las personas a través del diálogo sereno, paciente, inteligente e incluso desde el humor, es bueno disponer de un decálogo de detección y respuesta ante sus comentarios. Con ustedes, El Neomachista:
1) Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad: Este es un error muy frecuente producto del desconocimiento. El feminismo es un movimiento que reivindica la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El machismo se conforma por actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer.
2) También hay violencia de género contra los hombres: la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre porque no existe un sistema ideológico y cultural que oprima al hombre, sino a la mujer. La violencia de género se da en la pareja o expareja, del hombre hacia la mujer y tiene sus raíces en el patriarcado, el androcentrismo, el sentimiento de posesión y la idea tradicional de amor romántico. Conforma un fenómeno social que se da en todas las culturas y que provoca sólo en nuestro país 50, 60 ó 70 mujeres asesinadas al año por sus parejas o exparejas. Supone por tanto una situación de emergencia que precisa respuestas educativas, sociales y políticas concretas.
Tuit polémico, machista e innecesario de la cuenta de la Guardia Civil en Twitter.
Tuit polémico, machista e innecesario de la cuenta de la Guardia Civil en Twitter.
3) Existen muchas denuncias falsas: Según la Fiscalía General del Estado, el porcentaje de denuncias falsas en materia de violencia de género es de un 0,018%. Esta cifra habla por sí misma.
4) Eres una feminazi radical: No existe tal cosa. La palabra feminazi ha sido inventada por el neomachismo para demonizar y ridiculizar al movimiento feminista. Esta palabra ha sido utilizada incluso por neomachistas de renombre como Arturo Pérez-Reverte para atacar al feminismo.
feminazi

5) El lenguaje inclusivo es una tontería, acabaremos diciendo sillas y sillos: El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental. Aquello que no se nombra, no se ve, y lo que no se ve, no existe. Nuestro lenguaje se ha regulado en base a los valores sociales y culturales dominantes patriarcales y androcéntricos, y es por esto por lo que debe ser cuestionado. Utilizar como argumento el femenino y el masculino en cualquier sustantivo es un intento de ridiculizar el lenguaje no sexista, que no tiene fundamento puesto que no hay que diferenciar el género en aquellos sustantivos que no tienen sexo biológico ni género.
6) Sois muy pesadas con eso del feminismo: sí, hay días que nos levantamos y nos da por pelear y reivindicar nuestros derechos y nuestro lugar en cualquier ámbito de nuestras vidas. Incluidos en aquellos contextos y situaciones en los que la desigualdad no es fácilmente apreciable.
micromachismo metro
La ilustración es de Javitxuela, @javi_txuela, que tiene también página de Facebook.
7) No es acoso, es un piropo: un piropo es algo agradable que se dice a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona a la que se le está diciendo o mostrarle afecto. Silbar y/o gritar por la calle a una mujer desconocida algo relacionado con su aspecto, su cuerpo y su ropa es acoso verbal.
Campaña "No me llamo nena" )Madrid 2014).
Campaña “No me llamo nena” (Madrid 2014).
8) Me da igual que sea un hombre o una mujer, lo que importa es la persona: este argumento es muy repetido en organizaciones políticas o sociales cuando se trata el tema de la paridad en listas o en cargos. Por cuestiones relacionadas con la educación, la socialización, los estereotipos y la falta de referentes es probable que el protagonismo, el liderazgo y el poder de las organizaciones acabe siendo masculino. Herramientas paritarias como las listas cremallera fomentan una participación más igualitaria y representativa.
9) También debería existir un día del hombre: el 8 de marzo fue declarado el día Internacional de la Mujer Trabajadora por la ONU en 1975. Conmemora las luchas de las mujeres obreras que reivindicaban sus derechos y la igualdad en la sociedad. Actualmente aún vivimos en una sociedad que oprime a la mujer y en la que la desigualdad en el ámbito laboral, económico, político y familiar sigue siendo evidente, por lo que seguimos peleando y reivindicando nuestros derechos cada día y, en especial, el 8 de marzo.
10) Ya hemos conseguido “la igualdad”: creer que las mujeres ya estamos en igualdad de condiciones en todas las esferas de la vida es un error frecuente. La infrarrepresentación política, la brecha salarial, las mujeres asesinadas por sus parejas, el techo de cristal o el sobrecargo de los cuidados nos indican todo lo contrario: vivimos en una sociedad desigual.
Cuando la perspectiva de género toca de cerca es cuando verdaderamente se evidencia la amenaza a los privilegios, es cuando duele y es cuando el cuestionamiento provoca respuestas a la defensiva de El Neomachista.
Por eso el feminismo molesta; por eso el feminismo, como dice Nuria Varela, es un impertinente que cuestiona el orden establecido. Pero es justo ahí, en la medida en que señala, cuestiona y nos permite explicar incluso las formas más sutiles de opresión, cuando el feminismo se hace necesario para avanzar hacia una sociedad igualitaria. Es por esto que el feminismo es necesario porque nos hace crecer, el feminismo es necesario para ser felices.

La mujer en la Filosofía

La historia de la filosofía está repleta de egregias figuras femeninas que, sin embargo, han pasado desapercibidas. ¿Por qué? Nos preguntamos en estas páginas. Por Carlos Javier González Serrano



Marie Le Jars de Gournay (1565-1645), mujer culta y ampliamente respetada en su tiempo (aunque más tarde fuera olvidada), gran seguidora de los escritos de Montaigne, aseguraba en su obra Sobre la igualdad de hombres y mujeres que “estrictamente hablando, el ser humano no es ni masculino ni femenino: los sexos distintos no están ahí para establecer y señalar una diferencia, sino que sirven solamente para la reproducción. La única característica esencial radica en el alma dotada de inteligencia”. Marie decidió permanecer soltera y, producto de su gran cultura y tesón para el estudio, fue artífice de uno de los salones franceses más eminentes en el que se reunían intelectuales de diverso calado donde se hablaba sobre literatura, política o filosofía. El mismísimo cardenal Richelieu fue un confeso admirador de Marie.
Apoyándose en algunas tesis del mencionado Montaigne (que llegó a tratar a nuestra protagonista como a una “hija adoptiva espiritual”), De Gournay centró su pensamiento en la reflexión sobre la muerte y en la necesidad de imprimir un sentido a nuestra vida. Pero, sobre todo, puso sobre el tapete la cuestión del género al afirmar que si bien hombre y mujer se diferencian físicamente, en su interior, sin embargo, albergan una característica idéntica: poseen un alma. Y es que no dudó en denunciar que si las mujeres no alcanzaban puestos más destacados en el panorama cultural de la Francia que le tocó en suerte vivir, era debido a la carencia de posibilidades para formarse.
Por esta razón, nunca dejó de animar a sus amigas y conocidas, a través de sus libros y en las reuniones que ella misma organizaba, a emplear su intelecto y a adquirir el aprendizaje necesario para situarse al mismo nivel intelectual que los hombres para, con el tiempo, demostrar la igualdad de los sexos a este respecto. En un breve texto titulado Quejas de las mujeres, harta de las falsas acusaciones que sobre ella se cernían (brujería, prostitución, demencia, “vieja solterona”, etc.) llegó a escribir que “más de uno dice treinta tonterías y todavía triunfa, por su barba o por el orgullo de sus supuestas capacidades”.

Poco más que niños grandes

Como explica el profesor mexicano Marco Arturo Toscano Medina, cuando la historia de la filosofía se ha hecho cargo de la mujer (aunque haya sido colateral y parcialmente), “da la impresión que se ocupa de una realidad que no es completamente humana”. Si tenemos en cuenta que la filosofía responde a la universal y perentoria necesidad humana de dar solución a los grandes interrogantes de la existencia, es difícil entender cómo hay quien ha intentado hacer de esta disciplina un campo destinado exclusivamente a los hombres. El problema es que, cada vez que las mujeres han intentado hacerse un hueco en la filosofía, prosigue Toscano Medina, han sido “condenadas a ser y existir en un mundo construido por el varón”, por lo que escapar de los fuertes prejuicios arraigados en la sociedad en cuestión ha supuesto un esfuerzo en ocasiones insuperable.
Immanuel Kant, por ejemplo, inmerso de lleno en el complejo contexto de la Ilustración, declaró en una clase del curso 1790–1791 que “las mujeres son siempre niños grandes, es decir, no se fijan nunca un objetivo, sino que se dejan caer ahora aquí, ahora allá, pero no contemplan objetivos importantes; esto último es tarea del hombre”. En aquella misma época, sin embargo, en la que el acceso de las mujeres a la cultura seguía sujeto casi por completo a la condición de que sus familias ostentaran un alto nivel económico, o que se decantaran por la vía religiosa de un monasterio, existían auténticas filósofas que se vieron condenadas a vivir bajo la sombra de las grandes figuras masculinas como el propio Kant, Fichte, Schelling o Hegel, entre otros ejemplos.

Libertad, igualdad y fraternidad... para ellos
Es el caso de Olympe de Gouges (1748–1793), autora de la primera declaración de los derechos de la mujer en 1791. En ella acusaba a la Asamblea Nacional de París de haber publicado una Constitución dirigida en exclusiva a los “hombres y ciudadanos”, en la que quedaban excluidas las mujeres.
Después de un matrimonio forzado con un viejo empresario, y tras quedar viuda, adujo sin temor que el casamiento supone “la tumba de la confianza y el amor”. En sus escritos, que tuvieron gran repercusión, trataba diversos temas (la religión, el matrimonio, el celibato, la sociedad, etc.). A pesar de que la revolución fuera acogida como un soplo de aire fresco por gran parte del pueblo francés frente a los abusos del Antiguo Régimen, bajo el estandarte del famoso lema revolucionario Libertad, igualdad, fraternidad, Olympe de Gouges pensaba que la situación de las mujeres, a pesar de todo, no había cambiado ni un ápice. Con una voluntad férrea, reclamó un trato de igualdad en cualquier aspecto para hombres y mujeres. Lo importante, pensaba, no es demostrar que la naturaleza de ambos sexos no difieren en lo esencial, sino obligar al Estado a que la ley les sea aplicada de igual forma: los derechos no son un privilegio que puedan dispensarse aleatoriamente. En su Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, Olympe llamaba la atención a sus compañeras de esta forma: “Mujer, ¡despierta! La campana que toca la razón resuena por todo el universo; ¡conoce tus derechos! El reino poderoso de la naturaleza ya no está rodeado de prejuicios, fanatismo, escepticismo y mentiras. Solo la ley tiene derecho a poner límites a esta libertad cuando degenera caprichosamente, pero debe ser igual para todo el mundo”. El punto clave de la libertad, aseguraba la enérgica Olympe, reside en que la sociedad admita que cualquier ciudadano, sea cual sea su condición o su sexo, pueda progresar sin impedimentos artificiales mediante la libre ejercitación de sus capacidades. Olympe de Gouges murió ejecutada en defensa de esa misma libertad, tras oponerse frontalmente a la represión jacobina que por aquel entonces comandaban Marat y Roberspierre. La acusación del tribunal revolucionario: reaccionaria.

Contra el silencio
Si viajamos por un momento hasta la actualidad descubrimos, tras la aparición de los grandes grupos feministas del siglo XX, que lo que llamamos “masculinidad” y “feminidad” no son notas esenciales de la naturaleza humana, como pensaban Kant, Rousseau o Schopenhauer, sino constructos sociales o culturales que pueden ser modificados con el esfuerzo de una sociedad. Aquella expulsión premeditada de las mujeres del mundo de la cultura, afirma la profesora Rubí de María Gómez, “se expresa como omisión histórica que ha borrado los rastros dejados por mujeres. Afirmarse como mujer no significa dejar de ser parte de la humanidad”. Desde muy pronto, en mitos difíciles de fechar, el Sol fue identificado con el varón, junto a las características de la fuerza, la actividad y la responsabilidad, mientras que a la mujer se le adscribían notas más oscuras (Luna), como la falta de creatividad o la irracionalidad. Hasta bien entrado el siglo XX, escribe María Rosa Palazón, “el principal negocio femenino fue, pues, seducir para engendrar”.
Para evitar estridencias que pudieran afectar al tranquilo devenir masculino de la historia de la filosofía, la estrategia a seguir fue clara: silenciar el ejercicio intelectual de las mujeres. “Ha llegado el momento –continúa Palazón– de no seguir esgrimiendo la igualdad abstracta, inmersa en los marcos teóricos y la praxis en uso. Poco habremos avanzado si nuestro único objetivo es que las mujeres ocupen los oficios y los puestos de mando antes reservados para los hombres, respetando el mismo estatus opresor, injusto, enajenante y enajenado”.
Ya en el siglo XIX existieron algunas mujeres que, tras la aventura ilustrada en la que la filosofía prosiguió su recorrido eminentemente masculino, fueron conscientes de su condición y decidieron tomar parte activa en ella a través de la política y la filosofía. Hedwig Dohm (1831–1919), que vivió cerca y conoció de primera mano la élite intelectual de Berlín, fue una de ellas. Es necesario que se escriba menos teoría sobre las mujeres; ya era hora de que los postulados que quedaban expuestos en los libros se pusieran en práctica: lo relevante es examinar la vida cotidiana de cualquier mujer para darse cuenta de que su situación no es comparable a la de los hombres.

La conquista del voto
El período de la Ilustración no debía pasar en balde. Sus principios debían aplicarse sin excepción a todos los seres humanos: el derecho a la educación solo puede ser universal, la desigualdad es producto de la diferencia existente en el proceso de socialización entre mujeres y hombres. Solo de este modo, a través del desarrollo intelectual, pueden aquellas interesarse por la política e intervenir, así, en los temas que incumben a los miembros de cualquier sociedad. Para ello, sin embargo, era necesario el sufragio universal. A este respecto, Dohm escribía en uno de sus tratados, titulado La naturaleza y el derecho de las mujeres: “Exigimos el derecho al voto como nuestro derecho. Pero ¿por qué tengo que demostrar primero que tengo este derecho? Soy un ser humano, pienso, siento, soy ciudadana del Estado. ¿Por qué se equipara a la mujer con los idiotas y los criminales? No, con los criminales no. Al criminal se le priva de sus derechos políticos solo temporalmente; de modo que tan solo la mujer y el idiota pertenecen a la misma categoría política”.
No fue hasta finales del siglo XVII cuando se publicó por vez primera un libro bajo el título de Historia de las mujeres filósofas (en la actualidad se puede encontrar en la editorial Herder), escrito por Gilles Ménage y dedicado, según el autor, a “la más sabia de las mujeres actuales y del pasado”: Anne Lefebvre Dacier, una intelectual francesa, editora y traductora de clásicos griegos y latinos. Cuando Umberto Eco echó un vistazo a la obra, explicó que, tras haber hojeado al menos tres enciclopedias actuales sobre filosofía, no encontró ninguno de los nombres que cita Ménage en su llamativo libro. El autor italiano aseguró tras este análisis que “no es que no hayan existido mujeres que filosofaran; es que los filósofos han preferido olvidarlas, tal vez después de haberse apropiado de sus ideas”.

Usurpando, que es mujer

Lo cierto es que Eco no andaba desencaminado. Una de las primeras mujeres conocidas bajo el título de scientific ladies (apelativo surgido en Inglaterra en el siglo XVII) fue Anne Finch Conway (1631–1679), quien, a pesar de sus achaques crónicos de migraña y de las dificultades económicas familiares, se dedicó fervientemente al estudio. Solo se conserva uno de sus escritos: Principios de la más antigua y más moderna filosofía, donde presenta la naturaleza (en oposición al sistema de Descartes) como un gigantesco organismo vivo, y no como una inerte máquina. Todos los cuerpos están repletos de vida, de manera que la oposición cartesiana de cuerpo y alma es, a ojos de Anne, innecesaria y superflua. El cuerpo es una suerte de espíritu concentrado, mientras que el espíritu, a su vez, es un cuerpo etéreo. Llamativamente, Conway llamó a cada una de estas sustancias vivas que pueblan el universo y que actúan en la naturaleza de un modo que resulta muy familiar: “mónadas”, cada una de las cuales son indivisibles, y que, además, encierran en su totalidad la complejidad del mundo. Sin embargo, el concepto de mónada ha pasado a la historia de la filosofía como un concepto propio del sistema de Leibniz, quien no tuvo reparos en explicar en distintos lugares de su obra que las ideas de Conway le habían influenciado hondamente.

La extraña pareja... igualitaria

Otro ejemplo del influjo que las mujeres han tenido en la historia de la filosofía es el de Harriet Hardy Taylor Mill (1807–1858), esposa de uno de los pensadores más estudiados en las facultades de Humanidades y Ciencias Económicas,
John Stuart Mill. Este, concienciado de la injusta situación que vivían las mujeres casadas, renunció a todos los derechos que el contrato matrimonial le otorgaba sobre Harriet. Ambos se influyeron mutuamente y de su trabajo conjunto emanaron algunas de las tesis más importantes del pragmatismo de John: todos los seres humanos albergan el mismo derecho a su realización personal para, así, obtener la felicidad; la lucha por la igualdad y la emancipación de las mujeres; el derecho de autodeterminación, etc. En uno de los escritos de Harriet leemos: “Por qué cada mujer tiene que ser mero accesorio de un hombre, sin que se le permita tener intereses propios: la única razón que se puede dar es que así lo quieren los hombres. Los que tienen el poder consiguen que los súbditos consideren durante mucho tiempo como sus virtudes apropiadas aquellas cualidades y aquella conducta que agradan a los gobernantes”.

El camino por andar

Aunque hemos repasado solo algunos de los ejemplos menos conocidos, es indudable que el campo de la filosofía realizada por mujeres está repleto de ejemplos aún por descubrir esperando a que alguien les dé voz. A modo de homenaje y como invitación para la investigación de los lectores de Filosofía Hoy, también debemos mencionar por su importancia a Hipatia, Diotima, Fintis, Marguerite Porète, Christine de Pizan, Teresa de Ávila, Margaret Cavendish, Emily Dickinson, Rosa Mayreder, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai, Lou Andreas-Salomé, Simone Weil, Indira Gandhi, Simone de Beauvoir, Sarah Kofman, Natalia Ginzburg, Victoria Camps o Martha Nussbaum, sin olvidar a aquellas que, con la ayuda de la literatura, hicieron del mundo un lugar más habitable, como las hermanas Brönte, Safo, Jane Austen, Gabriela Mistral, Flora Tristán, George Sand, Ana María Matute o Virgina Woolf. Y es que “un día existirá la muchacha y la mujer cuyo nombre no signifique meramente una oposición a lo masculino, sino algo por sí, algo que no se piense como un "completamiento" y un límite, sino solo vida y existencia: la persona femenina” (Rilke). ❖ Carlos Javier González Serrano

OLIVA SABUCO: LA PIONERA DE LA MEDICINA A LA QUE SU PADRE QUERÍA ROBAR SUS IDEAS




Habitualmente hablamos de escritoras olvidadas o de escritoras a las que les han intentado robar sus ideas o sus escritos o de aquellas que firmaron con la identidad de un pariente varón para poder publicar en su momento. Habitualmente (por no decir siempre) cuando hablamos de esas mujeres nos quedamos con las escritoras que crearon ficción o literatura, pero en la historia de la escrita hay muchas más mujeres que esas. También pioneras de la ciencia que dejaron por escrito sus descubrimientos, filósofas y toda clase de ensayistas. Y, ahora, vamos a hablar de una de ellas.
Hemos tropezado con la historia de Oliva Sabuco en Guardar la casa y cerrar la boca, el libro en que Clara Janés da unas pequeñas pinceladas para demostrar que la historia de las mujeres escritoras no solo no se limita a las que siempre mentamos sino que no es tampoco una cosa de un par de siglos.
Oliva nació en 1562 y era la quinta hija (de un total de ocho) de Francisca Cózar y Miguel Sabuco Álvarez, procurador y letrado y del que se cree que podría haber sido también boticario. Era una mujer culta, como demuestra el hecho de que en 1587 publicase su Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos. El libro iba precedido por una dedicatoria al rey, al que lo ponía bajo su protección (algo que valdrá en el futuro).
El libro intentó ser atribuido después a su propio padre… por culpa del propio padre de Oliva, que intentó hacer pasar la obra como propia (posiblemente, apunta Janés, empujado por su segunda esposa, que quería hacerse con los beneficios que podría proporcionar el texto). El padre le dio un poder en el mismo año en el que salió el texto a su hijo Alonso para que pudiese imprimir el libro en Portugal. En ese poder señalaba que el autor real de la obra era él. “Puse y pongo por autora a la dicha Luisa de Oliva mi hija, solo por darle el nombre y la honra”, decía.
El padre no consiguió finalmente salirse con la suya y el libro tuvo que aparecer siempre firmado por la propia Oliva porque el rey emitió un privilegio que lo protegería durante la vida de su autora.
Fotos  jaymantri.com y Wikipedia
http://www.libropatas.com/libros-literatura/oliva-sabuco-la-pionera-de-la-medicina-a-la-que-su-padre-queria-robar-sus-ideas/

10 películas argentinas sobre violencia de género

#NIUNAMENOS

En el marco de la campaña que ha convocado en todo el país a una gran movilización el 3 de junio contra la violencia de género y el femicidio, proponemos una selección de filmes locales que muestran distintas situaciones en donde las condiciones de vida y la integridad física de sus protagonistas son puestas en peligro sólo por ser lo que son: mujeres. El cine es una herramienta fundamental para conocer las múltiples facetas de la violencia contra las mujeres y por eso proponemos este listado, que permite dialogar y debatir sobre esta problemática.

1
La patota

Daniel Tinayre/1960.
A la espera del inminente estreno local de la remake hecha por Santiago Mitre y flamante ganadora de dos premios en la última edición del Festival de Cannes, vale recordar la versión original de Daniel Tinayre protagonizada por Mirtha Legrand. Cuenta la historia de Paulina, una cándida profesora de filosofía criada en una familia pudiente, que en el intento por cumplir con su vocación docente en un colegio masculino nocturno ubicado en un barrio pobre, y por ende “peligroso”, es atacada sexualmente por una patota. Ese terrible hecho desencadena una serie de decisiones, por lo menos polémicas, por parte de Paulina, justificadas por su visión cristiana y samaritana del mundo. Otro aspecto discutible, por no decir criticable, es que la violación de la protagonista se produce por error: los atacantes en realidad querían aprovecharse de una prostituta y eso aparece no tan mal visto en la película. En La patota la violencia de género está bien presente no sólo en lo argumental sino en una postura ideológica que aún hoy se mantiene. Ver ficha. 

Película completa.


2
La sartén por el mango

Manuel Antín / 1972.
Esta película basada en una obra de teatro de Javier Portales y con un elenco de futuros nombres fuertes (Claudio García Satur, Víctor Laplace, Betiana Blum, Ana María Picchio, Enrique Liporace) merece una mención a más de cuarenta años de su estreno. No hay demasiadas películas argentinas realizadas dentro de apenas cuatro paredes, en la que la abundancia de diálogos no abrume y que tenga el sinceramiento de sus personajes como eje dramático. Cuatro amigos se juntan en un departamento para la despedida de soltero de uno de ellos, típica noche de trampa de los muchachos de clase media acomodada que cuentan con cuatro mujeres dispuestas a divertirlos. Pero una de ellas muere en plena fiesta, lo cual desata una crisis en las relaciones amistosas. El secreto que se mantiene durante un trecho de la película, (perdón por develarlo) es que la muerte de la mujer fue planeada por uno de ellos para manipular la situación a su antojo. No abundan en nuestro cine películas con femicidios de esta naturaleza, y menos aún casos en el que se ahonden los motivos para cometerlos. En La sartén por el mango el asesinato de una mujer es ni más ni menos que el dispositivo que activará las cuentas pendientes entre cuatro hombres. Ver ficha.

Película completa.


3
La malavida

Hugo Fregonese/1972.
Apenas regresado de su experiencia en Hollywood y Europa, el director Hugo Fregonese realizó en nuestro país la primera película en abordar el tema de la prostitución argentina de principios de siglo XX. Narra el enfrentamiento entre una organización polaca y una banda liderada por un francés por quedarse con el negocio de la trata de mujeres. Referencias claras a la mafia marsellesa y a la infame ZwiMigdal, organización judío-polaca que durante su apogeo llegó a regentear alrededor de 2000 burdeles en el país. La película cuenta el ascenso de un cafishio criollo (Victor Laplace) y su protegida y amante (Soledad SIlveyra). Y entre asesinatos, ajuste de cuentas y compadreadas recrea con bastante rigor modos, personajes y eventos de esa época. A saber: la connivencia entre la mafia y los niveles más altos del poder, el rechazo de la comunidad judía a la ZwiMigdal (que en la película aparece como Polska), el accionar de los diputados socialistas Alfredo Palacios y Mario Bravo contra la trata de mujeres, la investigación pionera de un periodista francés, el surgimiento de los prostíbulos en Isla Maciel, el cine pornográfico que se realizaba allí, la venta de mujeres llegadas del Este de Europa como si fueran hacienda y la relación entre la trata de personas y el contrabando de drogas en Rosario. Mucha información que el interesado podrá ampliar con libros como La polaca de Myrtha Schalom, El infierno prometido de Elsa Drucarof y la películaEl camino del Sur de Juan Bautista Stagnaro. Ver ficha. 

Película completa.


4
El caso María Soledad

Héctor Olivera/1993.
El caso que en agosto de 1990 sacudió a la sociedad argentina fue uno entre los tantos que se dieron en Catamarca y en tantas provincias con poderes semi-feudales, pero que salió a la luz gracias al empuje de la monja Marta Pelloni y de los padres y amigos de María Soledad Morales, la joven estudiante de secundaria muerta en una fiesta privada de los hijos del poder. En 1993 Héctor Olivera dirigió una película protagonizada por Valentina Bassi que reconstruye los hechos hasta donde se podía: todavía el caso no había sido llevado a la justicia (esto sucedió entre 1996 y 1998) y los nombres de muchos personajes debieron ser cambiados porque la causa estaba abierta. Aun así, el filme de Olivera refleja la desesperada situación y el hartazgo que experimentaba la sociedad catamarqueña y lo que toda la opinión pública sospechaba: que se trataba de un femicidio perpetrado y protegido en las esferas más elevadas del poder político. Ver ficha. 

Película completa.


5
Patrón

Jorge Rocca/1993.
En esta injustamente olvidada película (tal vez porque fue hecha algunos pocos años antes del surgimiento del nuevo cine argentino), el poder patronal aparece emparentado con el sometimiento femenino. Se trata de una adaptación del magnífico cuento homónimo de Abelardo Castillo incluido en el libro Cuentos crueles. Walter Reyo interpreta a un poderoso y brutal hacendado, que sintiéndose ya viejo busca tener un hijo varón para que herede su fabulosa riqueza, decide casarse con la joven hija de un peón que murió hace un tiempo, personaje interpretado por Valentina Bassi. Decimos que decide casarse y no que propone casamiento, ya cualquier deseo del patrón no encontrará más que un sí como respuesta. La historia está ambientada en el ámbito rural en una época que podría ubicarse cerca de la mitad del siglo XX, y desarrolla con cuidada estética y rigor narrativo una relación matrimonial en la que solo cuenta la voluntad del hombre y patrón, y en la que la mujer es útil únicamente por tener un vientre fértil. Ver ficha. 

Fragmento.


6
Antigua vida mía

Héctor Olivera/ 2001.
Basada en la novela homónima de Marcela Serrano, versa sobre la sólida amistad entre dos mujeres, sostenida aún en circunstancias trágicas. Ana Belén es Josefa, una cantante famosa que se entera de que su mejor amiga Violeta (Cecilia Roth) es enviada a la cárcel por asesinar sin móvil aparente a su esposo (Juan Leyrado), un prestigioso escritor. Indagando que hay detrás de este asesinato Josefa descubre que la aparente vida ideal de Violeta con su marido no era tal; ella estaba embarazada y aún así él la sometía a brutales golpizas. Como la amistad no juzga, Josefa acompañará a su amiga entendiendo que ella ha defendido su embarazo hasta el asesinato. Es ésta una de las escasas películas (y novelas) en que la violencia de género se desarrolla en el seno de las clases medias y cultivadas. Ver ficha. 

Escena.


7
La mosca en la ceniza

Gabriela David/ 2009.
Dos muchachas son llevadas engaño mediante desde su pueblo de Misiones a Buenos Aires para ser explotadas sexualmente. Una de ellas es Pato (Paloma Contreras) que se resiste a aceptar la situación. Por el contrario, su amiga Nancy (Maria Laura Caccamo) opta por obedecer con la esperanza de que uno de sus clientes la ayude a salir. Un contundente filme de la tempranamente fallecida Gabriela David que aborda la trata de mujeres de un modo frontal, sin desviarse en exploraciones psicológicas y sociales de sus personajes sino ubicándolos en su lugar y con sus correspondientes responsabilidades y complicidades: clientes, vecinos, policías, todos ellos saben muy bien lo que sucede detrás de esa puerta de un refinado barrio porteño. Ver ficha.

Película completa.


8
La plegaria del vidente

Gonzalo Calzada/2011.
En 1997, la aparición de los cadáveres de tres prostitutas originó en Mar del Plata la leyenda del “Loco de la ruta”, un personaje que según la causa judicial iniciada en 2001 podría tratarse más de una invención de las propias policía y justicia marplatenses que de un asesino serial. Y más aún, la lista de mujeres asesinadas sería mucho más extensa, tratándose del caso de femicidios en cadena más impactante de los últimos años, perpetrados con una saña aterradora. Tomando como eje una novela alusiva de Carlos Balmaceda, esta película dirigida por Gonzalo Calzada explora el caso introduciendo en la trama a cuatro personajes alrededor de la causa: un detective, un periodista, una forense y un vidente. Apegado a los hechos desde su lado policial, (es un filme de género policial) La plegaria del vidente no deja de señalar en ningún momento las responsabilidades y connivencias institucionales detrás de los asesinatos y su posterior investigación. Ver ficha.

Trailer.


9
Salsipuedes

Mariano Luque/ 2012.
Parte del muy buen cine que se está produciendo actualmente en Córdoba es esta ópera prima de Mariano Luque, que utiliza el nombre de una localidad cordobesa para graficar la situación de opresión a la que está sometida su protagonista femenina. Ella se llama Carmen y llega a un camping junto a su marido Rafa. Pronto veremos que algo no anda bien. Hay huellas de una violencia añeja, institucionalizada dentro de una pareja que no es tal, sino una relación totalmente desigual sostenida por el autoritarismo impuesto por el hombre. Lo más notable de la película es que esta violencia doméstica se manifiesta en actos mínimos, en una aparente tranquilidad que se desmadra cada tanto en griteríos, insultos y violencia física. Y sobre todo en un lapidario manto de silencio que todo lo justifica. Ver ficha. Ver película en línea.

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10
Refugiado

Diego Lerman/2014.
Una de las películas más recientes del cine argentino en tratar el tema de la violencia familiar, que además lo hace de un modo sumamente original. Julieta Díaz interpreta a una madre que embarazada huye junto a su pequeño hijo del acoso violento de su esposo, un hombre al que apenas oímos hablar y del que apenas vemos parte de su cuerpo, nunca su rostro. De esta amenazante presencia escapan los dos personajes, y de este modo se construye una suerte de road movie que al margen de la gravedad de la situación abunda en momentos de humor y de sincera emoción. El gran logro de Lerman está en la evasión de los lugares comunes, y esto lo logra llevando a la pareja por diversos lugares, un encadenamiento de refugios entre los cuales se encuentran las instituciones abocadas a la protección de mujeres en riesgo y las instancias judiciales. Otro factor novedoso que suma a la película, inspirada en un caso real, es el lugar que ocupa la visión de los hechos por parte del niño fugitivo, testigo del desmembramiento de su familia a causa de la violencia de género. Ver ficha. 

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#NiUnaMenos: “Las mujeres somos las víctimas del sistema patriarcal"



APU

Entrevista a María Florencia Alcaraz, periodista especializada en temas de género y violencia institucional e integrante del colectivo organizador de la concentración del 3 de junio.

APU: ¿Por qué se marcha el próximo 3 de junio bajo la consigna #NiUnaMenos?María Florencia Alcaraz: La naturaleza del reclamo es visibilizar estos temas y darle carácter nacional a la convocatoria. Es un mensaje al Estado pero también a la sociedad en general, que tiene que ver con nuestro derecho a decir NO, a vivir de una manera mucho más digna. Más allá de las políticas concretas que proponemos y que vamos a plasmar en un documento, buscamos que el problema de violencia contra la mujer se entienda como un problema de derechos humanos.
Viene de un colectivo de personas, activistas, que vienen trabajando el tema de la violencia contra las mujeres. El primer encuentro de este grupo se dio en el marco de una maratón de lectura el año pasado, y en marzo de este año se repitió en el marco de los 10 años de la desaparición de Florencia Penacci. Coincidió con el hallazgo del cuerpo de Daiana García, y el reclamo tomó mucha más visibilidad porque se acercaron otros familiares de víctimas, como el papá de Wanda Taddei o la mamá de Lola Chomnalez. De allí quedó un grupo humano, trabajando en red, por un lado. Y por otro lado, lo que sucedió con los últimos crímenes y particularmente, cuando aparece el cadáver de Chiara, un grupo de periodistas empiezan a publicar en las redes sociales, indignadas por lo que veía pasando, y una de ellas, Marcela Ojeda, plantea hasta cuándo vamos a seguir sin hacer nada. Y de eso surge la convocatoria, que se multiplicó en ya casi 100 lugares de todo el país, en Uruguay y en Chile.
APU: ¿La violencia contra las mujeres es ajena a otras problemáticas sociales, como la violencia institucional?
MFA: Nosotros tuvimos varias reuniones y a partir de eso consensuamos un documento en el que hacemos el reclamo de medidas pero también con un claro corte político, y con la perspectiva de derechos humanos. A mí no me gusta hablar de “violencia de género” porque estás invisibilizando a las víctimas y a los victimarios. Hablamos de violencia contra las mujeres y ahí acotamos sentido; estamos diciendo que las mujeres somos las víctimas del sistema patriarcal (y cuando digo mujeres, incluyo a la población trans y travesti). Y por otro lado, vemos a los varones como victimarios. Esto que me planteas está claro en el documento. Nosotros no somos, como se pretende desde un machismo cool, “feminazis”, no pedimos un punitivismo feminista extremo. Pedimos que haya igualdad de condiciones, y que se entienda este problema como un problema de equidad. Los varones violentos tienen que ver con esta representación cultural que nosotras llamamos patriarcado y que es un sistema, pero también tiene que ver con que no aprendieron otra forma distinta, alternativa, a este vínculo. Por eso l mensaje es para los varones pero también para las mujeres, que muchas veces somos machistas y reproducimos esa cuestión patriarcal. Como cuando vas a comer a un lugar, al que le acercan la cuenta, o al que le dan de probar el vino es al varón. Eso sería violencia simbólica y da cuenta de la desigualdad.
APU: ¿Qué esperan que pase el día después de esta convocatoria? A juzgar por la repercusión se descuenta que será masiva...
MFA: Más allá de la visibilización mediática, nos interesa que este reclamo sea canalizado y que estén ahí las organizaciones sociales, y de derechos humanos, que vienen trabajando este tema, para que se sienten con los funcionarios a proyectar políticas públicas que generen una transformación desde la educación, desde la justicia, desde el legislativo con las leyes que tienen que ver con este tema. Aclaro que nuestro reclamo no tiene como destinatario solo el Estado, que fue el que impulsó leyes muy importantes en materia de violencia contra las mujeres y sin embargo faltan controles, monitoreos con registros oficiales de femicidios. Reclamamos la ley para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer, y la adjudicación de presupuesto para llevar a cabo estas políticas. Hay una deuda muy grande del Poder Judicial, que tiene que dejar de revictimizar a las víctimas y entender que las víctimas de la violencia machista necesitan un acompañamiento especial; que no hace faltan que hagan dos denuncias para decir lo que tienen que decir, que no son ellas las que deben estar monitoreadas por la justicia con un botón antipánico. Los que tienen que estar monitoreados son los varones que golpean y amenazan a las mujeres.
Fuente: http://agenciapacourondo.com.ar/sociedad/16377-niunamenos-las-mujeres-somos-las-victimas-del-sistema-patriarcal.html

martes, 2 de junio de 2015

“YO ABORTO, TÚ ABORTAS ¿TODAS CALLAMOS?” Experiencias y defensoría feminista del aborto inducido en Chile (2015)




Tesis para optar al grado de Magíster en Estudios de Género y Cultura en América Latina, Mención en Humanidades
Sofía Haydée Campos González
Profesora guía: Margarita Iglesias Saldaña



Resumen

En la sociedad chilena, el aborto inducido aún se considera no sólo un tabú y una transgresión a la naturaleza femenina, sino que también representa una práctica punible en todas sus formas, siendo relegada a las sombras y al silencio.
Esta investigación, pretende acercarse y mostrar esa realidad desde dos frentes fundamentales para la discusión:
La experiencia sobre los cuerpos femeninos y el accionar feminista, asumiendo la problemática desde una perspectiva de género y feminista que considera que la mujer es mucho más que un cuerpo reproductor de vida.
A través cuatro testimonios de aborto con misoprostol en un contexto de clandestinidad y de las propuestas, acciones y reflexiones de cinco agrupaciones que defienden el aborto como un derecho de las mujeres a vivir proyectos de vida autónomos y liberándolas de la maternidad obligatoria, se intenta devolver el protagonismo a las sujetas excluidas de esta problemática: las mujeres.

Conceptos clave: misopostrol – feminismo – aborto inducido – maternidad – género

Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com