RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

jueves, 15 de enero de 2015

MARIA MANDEL (1912-1948)

Mirarla directamente a los ojos o provocar el más mínimo enfado en ella era la muerte segura. Medio millón de personas, entre ellos mujeres y niños, perdieron la vida a causa de la voluntad asesina de una sola mujer. Ella, Maria Mandel, como otras y otros al servicio de la barbarie nazi, lo hacían por órdenes superiores, como si esto fuera razón y justificación suficiente. Su presencia provocaba terror en aquellos que cayeron bajo sus redes y su agresividad gratuita. No sólo se dedicó a sembrar el horror entre los prisioneros, sino que también ayudó a otros monstruos del Holocausto a ejecutar experimentos médicos con seres humanos. No es extraño que Maria Mandel pasara a la historia como "la bestia de Auschwitz". Una bestia que se deleitaba oyendo tocar a la banda de música del campo mientras la muerte y la crueldad salía de su propia mano.

Maria Mandel nació el 10 de enero de 1912 en la ciudad austriaca de Münzkirchen en el seno de una familia de artesanos. Su padre, Franz Mandl, era zapatero. Maria, la pequeña de cuatro hermanas, tuvo una infancia feliz y recibió una buena educación. Cuando terminó sus estudios en su ciudad natal, Maria se fue a estudiar en el Colegio de Bürgerschule.

Terminados los estudios, su búsqueda de trabajo fue infructuosa por lo que pronto volvió al hogar familiar donde durante un tiempo ayudó a su padre en el negocio zapatero. Pero su relación con su madre, Anna, se fue degradando con el tiempo hasta que su relación, totalmente insostenible, la obligó a marchar de nuevo. Corría el año 1929 y la joven encontró en Suiza un trabajo como cocinera. Pero María no lograba encontrar su sitio en el mundo y pasó los años siguientes dejando distintos trabajos y acudiendo en distintas ocasiones al lado de sus padres, sobre todo cuando su madre Anna enfermó gravemente. 

Pero en 1938, cuando acababa de salir de su enésimo fracaso laboral, Maria encontró la solución en un familiar suyo que la ayudó a ingresar en octubre de aquel mismo año en el centro de internamiento de Lichtenburg como guardiana (Aufseherin). Cuando Lichtenburg se quedó pequeño para acoger al gran número de prisioneros, se creó el cercano campo de Ravensbrück, reservado sólo para mujeres, al que fue trasladado Maria Mandel.

Maria había encontrado sin duda alguna aquello que le "gratificaba". Sus superiores pronto quedaron asombrados por la capacidad de ejecutar sus funciones con gran eficacia. El resultado fue su ascenso a supervisora (Oberaufseherin) en un tiempo relativamente corto. Los "méritos" de Maria Mandel no fueron otros que ensañarse con las presas con la mayor de las violencias sin mostrar sentimiento alguno de arrepentimiento. No sólo se dedicaba a maltratar a sus "mascotas", como ella las llamaba, con golpes y palizas, sino que las martirizaba con normas tan crueles como obligarlas a ir descalzas por el campo y desfilar de esta guisa durante horas.

Ya en Rabensbrück, Maria Mandel empezó a participar en experimentos médicos con las reclusas que se convertían en "conejillos de indias" humanos a los que sometía a todo tipo de atrocidades para realizar sus "experimentos médicos". Las consecuencias normales, sufrimientos atroces, el resultado más común, la muerte. 

Pocos meses después de entrar en Rabensbrück, en octubre de 1942, fue trasladada a Auschwitz donde entró con el mismo rango, el de Oberaufseherin donde recibió el encargo de crear un campo para las mujeres, el de Birkenau del que fue la líder (Lagerführerin).


Auschwitz II Birkenau

Las instalaciones que mandó construir Maria eran más inhumanas, si cabe, que las que había en Auschwitz I. A los malos tratos físicos de los que ella se encargaba personalmente, se unían las bajas temperaturas, la humedad, la falta de agua corriente... Las muertes por tifus, hipotermia e infecciones varias, estaba a la orden del día. Ni que decir tiene que Maria nunca perdió un sólo minuto en encontrar una solución digna para sus víctimas.

Maria Mandel, amante de la música clásica, fue la responsable de organizar la primera Orquesta de Mujeres de Auschwitz en la que sus miembros fueron tratados un poco mejor que el resto de mujeres del campo. Dicha orquesta debía tocar a la entrada del campo, durante las selecciones a la cámara de gas o a la llegada de algún miembro importante del Reich.

Dos años después de su llegada a Auschwitz, Maria Mandel, quien se había ganado la Cruz al Mérito Militar de Segunda Clase, fue trasladada a Mühldorf, un subcampo de Dachau. Allí sólo estuvo unos meses pues en abril de 1945 ante la inminente llegada de los aliados, decidió huir a su ciudad natal.

Pero el 10 de agosto de aquel mismo año fue detenida por norteamericanos que la mantuvieron encerrada durante un año. En octubre de 1946 fue extraditada a Polonia y en noviembre de 1947 fue juzgada en Cracovia en los primeros juicios de Auschwitz. Maria Mandel fue condenada a la horca. Su ejecución se hizo efectiva el 24 de enero de 1948. María murió habiendo dejado tras de sí una ingente montaña de muertes inocentes. Aunque ella nunca dejó clara su participación en la selección a las cámaras de gas y aseguró que si había golpeado a alguien lo había hecho de manera justa y sin ensañarse con nadie. Los testimonios de la pesadilla que se encargó de construir decían todo lo contrario.


 Si quieres leer sobre ella 


Guardianas nazis
Mónica G. Álvarez






Escrito por Sandra Ferrer

Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com

lunes, 12 de enero de 2015

La emperatriz criolla, Josefina Bonaparte (1763-1814)


Una mujer que nació en las lejanas colonias y llegó a París frunciendo el ceño ante aquel mundo extraño, terminó convirtiéndose en la emperatriz de los franceses que habían luchado en una revolución a favor de las libertades republicanas y acabaron sometidos a los dictámenes de un soldado convertido en emperador. Josefina de Beauharnais fue amada por Napoleón y por el pueblo de Francia mientras ella disfrutaba de una vida de lujos sin conseguir dar un vástago al emperador, al que nunca pareció querer demasiado. Coronada emperatriz en uno de los actos más fastuosos de la Francia post-revolucionaria, Josefina terminó siendo repudiada por el corso y viviendo una vida tranquila en su lujosa propiedad de Malmaison. Su belleza y su estilo marcaron una época.

La niña de las Antillas
María Josefina Rosa Tascher de la Pagerie nació el 23 de junio de 1763 en Les Tris-Îlets, en la isla de Martinica, entonces parte de las posesiones coloniales francesas. Rosa, como se la conoció durante muchos años, era descendiente de la nobleza francesa que había recabado en esta isla de las Antillas Menores. Su madre, Rose Claire des Vergers de Sannois, descendía del primer colono de Martinica, mientras que su padre, Joseph Gaspard Tascher de La Pagerie, poseía una extensa y rica plantación de caña de azúcar. 

A pesar de que Rose fue educada en un colegio de monjas, fue desde pequeña una niña libre cuyos modales "asalvajados" debería pulir años después en el París de finales del siglo XVIII.

La señora de Beauharnais
El 13 de diciembre de 1779 Rose se casaba con un adinerado vizconde, Alejandro de Beauharnais en una pequeña iglesia de París. La boda había sido concertada por una tía de Rose y se había convertido en una gran ayuda económica para la familia Tascher y su plantación, con grandes pérdidas a su espalda. Pocos meses antes de la boda, Rose y su padre había llegado a un París bullicioso y muy distinto de la vida en ultramar. 

Para convertir a la joven criolla en una dama digna de la nobleza parisina, la familia Beauharnais se encargó de facilitar a la nueva vizcondesa la formación adecuada para su nuevo rango.

Rose y Alejandro de Beauharnais tuvieron dos hijos, Eugène y Hortense, a pesar de las largas ausencias del vizconde en eternos viajes por Europa y distintas relaciones extramatrimoniales que le darían otros hijos. Cuando Hortense nació de manera prematura. la que era entonces amante de Alejandro le convenció que una criatura prematura era más que probable que fuera fruto de algún amor ilegítimo. El vizconde aceptó la mentira de su amante y expulsó a su esposa y sus dos hijos que se trasladaron a vivir a una abadía.

La nobleza entre rejas
Empezaba entonces una época turbulenta para los vizcondes. Litigios por la custodia de Eugène, un constante peregrinar por los hogares de distintos familiares, una triste visita a su Martinica natal y, finalmente, su implicación en los hechos de la Revolución Francesa.

Alejandro se había unido a la milicia revolucionaria en la que ascendió de manera vertiginosa. Tan rápido como cayó en manos del Comité de Salvación Pública en los oscuros meses del dominio del Terror en 1794.

En la temible prisión de Carmes, Alejandro se encontró poco tiempo después con la que aún era su mujer, acusada de cometer actos contrarrevolucionarios al intentar ayudar a una prima suya. Pero la relación entre ambos hacía tiempo que se había enfriado. Josefina se sintió atraída por un joven General llamado Lazare Hoche al que no olvidó durante mucho tiempo.

El 23 de julio de 1794 Alejandro de Beauharnais moría guillotinado. Pocos días después un golpe de estado terminaba con el Reinado del Terror y Josefina salía de prisión.




La emperatriz de Francia
Tras su liberación, Josefina se recuperó junto a sus hijos en casa de su cuñada Fanny mientras seguía manteniendo contacto con Lazare Hoche. En aquel tiempo, la viuda de Beauharnais empezó a destacar en los círculos de poder. Fue en casa de Teresa Cabarrús, a quien había conocido en prisión, donde coincidió con el hombre que cambiaría su vida. 

Corría el mes de septiembre de 1795 y el entonces general Napoleón Bonaparte tenía seis años menos que Josefina de la que quedó prendada desde el primer momento y a la que no dudó en cortejar.




Cuatro meses después Napoleón conseguía un compromiso de matrimonio de Josefina que se hizo efectivo el 9 de marzo de 1796. Y como ya sucediera con su primer marido, el general marchaba lejos de París a los pocos días del enlace. Y también se repetía la historia de las amantes y las acusaciones de infidelidad hacia ella. 


Aun así, Napoleón seguía enamorado de su esposa a la que dispuso convertirla en emperatriz aún teniendo en contra a su propia madre, María Leticia Ramolino, quien no asistió a la ceremonia de coronación en Notre Dame celebrada el 2 de diciembre de 1804.

Su vida como emperatriz de Francia se sumió en una auténtica espiral de gastos y lujos excesivos. En su propiedad del castillo de Malmaison, que adquirió en aquellos años, Josefina Bonaparte coleccionaba ropas, joyas, y todo tipo de objetos lujosos.

Pero el matrimonio entre Napoleón y Josefina duró solamente seis años. Cuando el emperador se convenció de que su mujer no iba a darle un heredero al trono decidió divorciarse de ella. Acababa de empezar el año 1810.

Josefina se trasladó entonces a vivir a su propiedad de Malmaison donde gracias a una renta que recibía de su ex-marido, continuó con su vida de lujo hasta que cuatro años después, su vida terminaba.

Josefina Bonaparte fallecía el 29 de mayo de 1814.

 Si quieres leer sobre ella 


Napoleón y Josefina: cartas, en el amor y en la guerra
Ángeles Caso







Los reyes cornudos y las reinas livianas 
Don Pedro







Por Sandra Ferrer

jueves, 8 de enero de 2015

10 MUJERES QUE CAMBIARON EL MUNDO

Históricamente, y desde diversas posiciones sociales, las mujeres han realizado aportes sustanciales para el desarrollo de una conciencia ecológica. Estas colaboraciones, de relevancia científica y filosófica, han logrado el desenvolvimiento del conocimiento para así entender mejor nuestra relación con la naturaleza y el ambiente. En esta ocasión, destacamos 10 de las cientos de miles de importantes trabajadoras e intelectuales que cada día luchan para cambiar el mundo :)

ROSALIND FRANKLIN



Biofísica y cristalógrafa inglesa nacida en 1920, con la conocida Fotografía del ADN (o Fotografía 51), brindó allí una de las mayores contribuciones para el avance de la humanidad: la comprensión de la estructura de la cadena de ADN; una mirada minuciosa sobre la conformación fundamental de cada ser vivo. Sus investigaciones han posibilitado durante años el desarrollo de técnicas moleculares para la curación de enfermedades, así como un mayor entendimiento de los seres vivos y sus procesos celulares.

HIPATIA



Filósofa y maestra neoplatónica griega, quien viviese entre el año 370 y el 415 en Alejandría, se destacó en el campo de la astronomía y las ciencias exactas. Es conocida como una de las primeras mujeres que dedicó su vida al conocimiento de la naturaleza y la comprensión del universo desafiando un ámbito que, en esa época era solo territorio de los hombres. Fue una de las primeras investigadoras del planeta, el espacio y su funcionamiento, escribiendo sobre geometría y álgebra, diseñando o mejorando instrumentos como el astrolabio y el densímetro. Su muerte se da a manos de una turba de cristianos, quienes consideraban sus posturas como paganas.

RACHEL CARSON



Es ciertamente la voz del ecofeminismo. Bióloga y divulgadora estadounidense nacida en 1907, quien a través de su obra Primavera Silenciosa, dio voz y activó por primera vez en la historia una auténtica conciencia ambiental, que se formó en ella al trasladarse al campo y notar los nocivos efectos de los pesticidas sobre la vida silvestre y el ecosistema. Su libro, que se convertiría en una referencia global para posteriores estudios, generó en primeras instancias la oposición del gobierno estadounidense e industrias pero motivó la creación del movimiento ecologista.

MARIE CURIE



Es la química más célebre y conocida, nacida el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, Polonia. Premio Nobel de Física y Química, sus investigaciones sobre la radioactividad hicieron posible la percepción de lo invisible, la ampliación del conocimiento sobre la profundidad y potencia de la naturaleza, y poner de manifiesto el lugar que ocupa el ser humano en este sistema; mostró la potencia destructiva de la manipulación de los elementos de la naturaleza, llegando a morir a causa de uno de ellos. Marie Curie abrió el camino a más mujeres en áreas como la física y la química al lograr ser la primera mujer profesora de la Universidad de París.

JANE GOODALL



Activista, naturalista y primatóloga nacida en Londres en 1934, dedicó su vida al estudio profundo del comportamiento de los chimpancés, cuyos descubrimientos permitieron entender no sólo el comportamiento de esta especie, sino su relación con el comportamiento de la humanidad ante la naturaleza, así como también fueron el impulso que la guió para para promover y educar a las personas hacia el cambio de un estilo de vida más sostenible.

VANDANA SHIVA



Física, escritora, filósofa y activista medioambiental nacida en la India en 1932. Realizó investigaciones sobre la tala indiscriminada de árboles en su país y participó en la resistencia no violenta para impedir el desmatamiento de los bosques. También creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, que protege cultivos que estaban siendo empujados a la extinción además de aportar herramientas para la creación de una agricultura ecológica, que evita el uso de semillas genéticamente modificadas. Su trabajo también busca impulsar a las mujeres a recuperar el papel tradicional que desempeñaban en el mundo cuidando las semillas para generar una economía agraria.

WANGARI MAATHAI



Nacida en Kenia, estudió biología en los Estados Unidos y se convirtió en activista política y luchadora por el cuidado del medioambiente. Llegó a ser ministra de Medio Ambiente. Fue la primera mujer africana en obtener el Premio Nobel de la Paz por su amplia contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz en el mundo,y fue la creadora del Movimiento Cinturón Verde, responsable de la plantación de más de 30 millones de árboles en su país natal. Una de sus obras más reconocidas como activista fue el impedimento que logró salvar el Parque Uhuru de Nairobi, que pretendía ser destruido en la construcción de un complejo de edificios.

BLANCA JIMÉNEZ CISNEROS



Ingeniera Ambiental e investigadora contemporánea nacida en México. Ha impartido cursos de contaminación ambiental, sistemas de mejoramiento ambiental, energía y medio ambiente, y temas selectos de ingeniería. Ha desarrollado e investigado sobre tecnologías para la detección de tóxicos en aguas residuales y el establecimiento de normas y criterios para el tratamiento y reutilización de estas aguas en la agricultura. Ha realizado trabajos de detección y control de contaminantes.

JULIA HILL



Activista ecológica norteamericana nacida en 1974, ganó fama por vivir en un árbol como forma de resistencia pacífica a la deforestación de más de 100 árboles y la eliminación de las especies que en ellos habitan. Tras dos años de larga lucha y permanencia logró que la empresa Pacific Lumber Company desistiera de la destrucción, salvando así un ecosistema boscoso por medio de una actividad creativa y pacífica. Esta acción inspiró el Libro El legado de Luna (escrito por ella misma), el documental Butterfly y el episodio de la doceava temporada de Los Simpson “Lisa the Tree Hugger”.

ADA LOVELACE



Conocida como la Condesa de Lovelace, fue una matemática y científica inglesa nacida el 10 de diciembre de 1815. Es conocida como la primera programadora de la historia al haber descrito la antigua maquina analitica de Charles Babbage, ademas de haber desarrollado instrucciones para hacer cálculos en esta, convirtiéndola en la creadora del primer lenguaje de programación. Si bien la maquina no se construyó durante la época en que ella vivió, posteriormente se aplicó la técnica de Babbage y las descripciones de Lovelace para construir un prototipo que, en efecto, funcionó. Este avance permitiría en la segunda mitad del siglo veinte, la invención de máquinas para realizar cálculos, ancestros de los actuales computadores.

Escrito por Luz Werner para EcoSiglos.

http://www.ecosiglos.com/2013/07/10-mujeres-que-cambiaron-el-mundo.html

La dulce y femenina DEPENDENCIA


Si un extraterrestre, en este caso una extraterrestre, pusiera sus pies en nuestro país y diera un somero repaso a la prensa y demás medios de incomunicación de los últimos años, legaría rápidamente a una conclusión: la reforma del régimen ha dado sus frutos, al menos en lo tocante a solucionar los problemas específicos de la mujer, ya que éstos no aparecen por ningún lado.

Los belicosos grupos feministas de los primeros años de la <<transición>> se han reciclado con una rapidez pasmosa: una vez que el régimen reformo ciertos artículos, completamente obsoletos, de Código Civil y Penal, que levantó las trabas para el acceso de la mujer a todas las profesionales (¡lo bien que le sienta el uniforme a las picoletas!) y que, acuciado por la necesidad de integrarse en la moderna Europa, generalizó la planificación familiar, poco les quedaba por reivindicar a las aguerridas feministas burguesas. Una de sus últimas aspiraciones, el <<derecho>> a hacer el servicio militar y  a entrar en el Ejército, emulando a sus colegas sionistas y yankis, fue sepultada por la avalancha de jóvenes objetores e insumisos. La famosa cota del 25% en los partidos institucionales y en la vida pública les dio el puntillazo final: las más destacadas entre ellas han acabado disfrutando de una poltrona en el parlamentaria, ministerial, etc. Y si por casualidad oímos ahora hablar a las feministas, suele ser con ocasión de alguna manifestación por los derechos de los homosexuales o, bien, otorgándose una representación que nadie les ha dado, para exigir, en foros internacionales organizados por las agencias imperialistas, la esterilización de las mujeres del Tercer Mundo.

¿Quiere decir esto que todas las mujeres que participaron en aquellos años en el movimiento feminista se han integrado en el régimen o se dedican a echarle una mano al capitalismo financiero? Ni mucho menos. La mayoría de ellas ha pasado a engrosar las filas de esta multitud de desencantados, de gente que tenía una cierta esperanza de que se produjera un cambio real y que ahora se ha sumido en la impotencia y en el silencio. Pero siguen ahí y la experiencia de ese período no va a resultar en balde, pues al menos ha quedado bien claro hasta dónde puede llegar la burguesía con sus <<reformas>>.

En lo que respecta a nosotros, si la extraterrestre de marras echara una ojeada a  nuestra prensa, a la del Partido, su impresión no sería diferente, pues raro es el número de RESISTENCIA que en esta última etapa ha dedicado un artículo a la cuestión femenina. Parece como si a <<la mitad del cielo>> se la hubiera tragado la tierra. ¿Quien es el responsable de esa dejadez más que nosotras, las militantes comunistas?¿Acaso no hemos olvidado no ya de la lucha por nuestra emancipación, sino de las espantosas condiciones de vida y de trabajo que soportan la mayor parte de las mujeres de nuestro país? Y si no las hemos olvidado, porque las vivimos y palpamos a diario, entonces ¿a qué estamos esperando?¿a que nos digan, nos aconsejen, nos ayuden?¿quien tiene que empujarnos?¿Los hombres?¿No va siendo hora de acabar con esa dependencia de la que tanto nos lamentamos, pero en la que nos sentimos tan cómodas?

Hablamos muy a menudo de la dependencia económica como causa fundamental de la degradante situación que se encuentra la mujer en España. Lo cual es cierto. Sin embargo, el problema de la dependencia es mucho más complejo y no se puede circunscribir únicamente a la cuestión económica. Reparemos en el caso más extremo. Según estimaciones oficiales, unas 200.000 mujeres sufren malos tratos en nuestro país (en 1993 hubo 40 víctimas mortales a causa de las palizas que les propinaron sus parejas). La mayoría de esas mujeres son dependientes económicamente, lo que explica, en principio, que no puedan abandonar el domicilio conyugal. Pero resulta que también hay un buen número de ellas -en una proporción que más o menos coincide con el 30% de mujeres que participaron en la producción social- que sí son dependientes económicamente. ¿Qué es lo que las mantiene en condiciones de tan escandalosa subordinación?¿No será que además de la dependencia económica existe otro tipo de dependencia, mucho más sutil, mucho más arraigada, puesto que forma parte de lo que se ha dado en llamar la identidad feminidad?

La dependencia es uno de los rasgos característicos de la infancia, propio de la situación de indefensión y desamparo en que se encuentran los niños desde que nacen hasta la adolescencia. Sin embargo, mientras al niño, ya desde su más tierna edad, se le educa para que en su día sea capaz de desenvolverse por si mismo en la vida, de enfrentarse y resolver los problemas que esta plantea, a la niña, independientemente de que reciba una formación profesional como futura trabajadora, se le inculca una serie de valores que la va atrofiando psicológicamente: la pasividad, la sumisión, la subordinación, <<virtudes>> imprescindibles para cumplir con el papel que, supuestamente, le ha asignado la naturaleza. Ese papel, que la psicóloga Emilce Dio Bleichmar define así: << una mujer se mide por su capacidad de creación (maternidad), de desarrollo (crianza, amor) y mantenimiento (pareja, familia)>>, la convierte en un ser completamente dependiente de las relaciones afectivas. Estas no son para ella una parte más de las relaciones humanas, la parte que corresponde a la necesidad que toda persona tiene de ser comprendida, reconocida, amada, etc, sino que conforman la causa de todos sus afanes; el otro o los otros (la pareja o los hijos) se erigen en el eje y en el proyecto de su vida. No es de extrañar, pues, que muchas mujeres, al ver amenazadas sus relaciones, sean capaces de los  mayores desatinos con tal de conservarlas. Romper con esa dependencia, con eses <<pacto>> con la naturaleza, es un proceso muy doloroso, peor que una mutilación. Paradójicamente, el afán por conservar, al precio que sea, las relaciones amorosas o afectivas y por mantener el núcleo familiar, se convierte en su contrario, en fuente de continuos conflictos.

LA FAMILIA TRADICIONAL ES DEVORADA POR LA AVIDEZ CAPITALISTA


Sobre las obvias diferencias biológicas que existe entre el hombre y la mujer y,  fundamentalmente, sobre la base de la dependencia económica de esta, << se ha eregido, en el curso de la historia, una vasta superestructura cultural por la cual se fomenta el desarrollo en la mujer y en el hombre, no sólo de tipos físicos sino de rasgos de temperamento, carácter, inclinaciones, gustos y talentos que se suponen biologicamente inherentes a cada sexo. Se consideran como características sexuales secundarias, inamovibles, fatales y ahistóricas>>(1).

La ideología patriarcal, que ha enfrentado radicalmente a los dos sexos, tiene como fin garantizar una mano de obra semiesclava para la reposición privada de la fuerza de trabajo.Esta ideología justifica la deformación, la explotación y la opresión de la mujer a la vez que impide su toma de conciencia. Naturalmente, las castas reaccionarias tienen mucho interés en mantener esta situación  y procurar que la mujer siga siendo el elemento más reaccionario de la familia; para ello se han valido de la educación, del confesionario, de toda clase de literatura barata y oscurantista, de seriales radiofónicos y televisivos, todo con el objetivo de que a través de la figura de la madre se transmitiera la ideología reaccionaria. Además, desde que el proletariado hizo su aparición como clase, la esposa-madre, gracias a esa ideología y al atraso secular que arrastran las mujeres, se convirtió en el principal freno para la incorporación del resto de los miembros de la familia a la lucha social. Recordemos cuando, años atrás, en la época de Franco, el simple hecho de participar en una huelga por cuestiones laborales era castigado con el despido, la inclusión del huelguista en las listas negras e incluso la cárcel. En muchos hogares se vivían auténticos dramas a causa de ello. Sin embargo, la mujer no hacía otra cosa que desempeñar el papel que la sociedad le ha asignado: el de proteger la familia, y si para ello era necesario vivir mísera e indignamente, se vivía.

Más recientemente, con la aparición de la crisis, de las reconversiones salvajes y los despidos masivos, hemos asistido al fenómeno inverso. Miles y miles de mujeres se han organizado en plataformas, coordinadoras, etc. Allí donde la industria de todo un pueblo o de toda una comarca se veía amenazada por el cierre, las mujeres han estado en la primera fila de la lucha. Sería simplista pensar, como señaló alguna despechada feminista, que su participación en esas luchas no tenía otro sentido que el de <<apoyar>> a sus compañeros o hijos, pero tampoco podemos perder de vista que las razones que impulsaron a esas mujeres a lanzarse a la calle eran las mismas por las que antes se oponía a la lucha: por conservar el nivel de vida adquirido anteriormente ( y que viene dado por la situación laboral del marido) y por defender el porvenir y la estabilidad de toda la familia. La experiencia les ha enseñado que allí donde hace su aparición el paro, la familia estalla por todas partes. Otra cosa es que su participación en esas luchas haya tenido efectos muy positivos para ellas: por primera vez salían del estrecho marco del hogar, formaban parte de un colectivo, luchaban codo a codo  con otros miles de trabajadores y trabajadoras y, sobre todo, comprobaban en su propia carne quién era el causante de la mísera condición a la que se veían abocadas ellas y todas sus familias.

En épocas de crisis, mientras que millones de obreros y de obreras son expulsados de las fábricas, cunden por doquier trabajos marginales, se extiende la economía sumergida, aparecen los contratos temporales y a tiempo parcial, etc. Las mujeres son la principal fuerza de trabajo de esa nueva <<economía>> y sus míseros ingresos constituyen, a menudo, el único medio de subsistencia de toda la familia. Los papeles se invierten, creandose situaciones insostenibles. <<Estas condiciones que degradan a los dos sexos, y en ellos a la humanidad, son la última consecuencia de nuestra elogiada civilización... esa total inversión de la condición de los sexos solamente puede provenir de una causa: que los sexos, desde el principio, han sido puestos falsamente frente a frente>>(2). El capital ha colocado a la mujer en una situación desesperada pero, sobre todo, se ha jugado una mala pasada a si mismo. Los capitalista necesitan de la familia como base social, económica, de reproducción y reposición de la fuerza de trabajo, pero su voracidad les lleva a destruírla. El primer paso hacia su disolución se dio con la incorporación de la mujer a la producción; la crisis del sistema capitalista está haciendo el resto. En muchos países capitalistas desarrollados, buena parte de las <<familias>> son ya monoparentales, es decir, están compuestas únicamente por la mujer y los hijos; la tasa de natalidad es negativa...

La situación de los hogares en los que todavía no se han invertido los papeles porque el hombre ha logrado conservar su puesto de trabajo no es mucho mejor. La sobreexplotación sin límites, la ausencia de los derechos laborales más elementales, llegan a afectar al equilibrio psicológico del obrero, que acaba descargando su impotencia y su ira en la mujer y en los hijos. <<En el fondo son criaturas: pegan tres voces, se ponen flamencos, hinchan el pecho... sin que en realidad sepan ir a ninguna parte fuera de casa, porque en el trabajo bien que les hacen bajarse los pantalones un montón de veces>>, reconocía lucidamente una pobre mujer comentando el exasperado ambiente en su hogar. Tanto ella como el resto de las mujeres que viven y padecen en esas angustiosas condiciones saben que las broncas e incluso los palos que reciben, y que deberían ir dirigidos contra el patrón, son el precio a pagar por seguir manteniendo el ya frágil núcleo familiar. O eso o incitan a sus maridos e hijos y se incorporan ellas mismas a la lucha contra los capitalistas y su Estado. No hay otra salida.

DISPARAR SÍ, PERO NO EQUIVOCAR EL BLANCO


El camino de la lucha es, precisamente, el que hemos elegido nosotras, un camino largo y tortuoso, pues cuando la mujer rompe las cadenas que tradicionalmente la atan <<e inicia la lucha por su emancipación, inevitablemente tiene que superar muchos más obstáculos que el hombre>>(3). El hecho de habernos sacudido el yugo familiar, de haber <<roto>> el cordón umbilical con nuestros hijos, de habernos incorporado activamente la resistencia política y armada contra el Estado monopolista e imperialista y a la lucha por el socialismo supone un verdadero salto, pero aún quedan muchos pasos por andar.

Nos rebelamos a menudo contra la idea tradicional de que a causa de nuestro temperamento <<emocional, apasionado, irracional, visceral,etc.>> somos <<incapaces>> de afrontar ciertas responsabilidades, pero tendemos a aceptar un papel de segunda fila, a acomodarnos en él. Ya basta de esperar aunque lo hagamos inconscientemente, que nos autoricen, nos permitan, nos estimulen. No podemos seguir, sobre todo en nuestro caso, responsabilizando al hombre por lo que nos falta, lo que no nos otorga, lo que no nos da, lo que no nos deja. Eso no es dependencia económica, ni afectiva, es dependencia a secas. Los comunistas, a la vez que libramos un combate encarnizado contra el sistema capitalista, combatimos también las lacras y prejuicios que la burguesía ha logrado inculcar a los trabajadores y que, irremediablemente, tienen su reflejo en el Partido. A nosotras nos toca la doble tarea de sacudirnos la secular inseguridad y pasividad que nos acompaña y ese <<miedo patológico a la independencia>> que nos atenaza; además, debemos enfrentarnos a la incomprensión e incluso al sarcasmo de nuestros compañeros de lucha que también, como no, arrastran su buena dosis de prejuicios. ¿Cuántas veces, nos vemos tachadas de <<feministas burguesas>>? El simple calificativo de mujer <<independiente>> suele levantar ampollas. Lo cual, en cierto modo, es lógico, puesto que las mujeres de la burguesía, una vez alcanzada su <<liberación>> y su <<independencia>>, han logrado que la emancipación de la mujer se identifique con la famosa <<superwoman>>, la mujer que no depende de nada ni de nadie, ni siquiera necesita del varón para procrear. Este prototipo de mujer que compite en protagonismo televisivo con otros modelos más tradicionales y al que aspiran no pocas mujeres de la pequeña burguesía y por desgracia incluso de la aristocracia obrera, es justamente el modelo más acabado de las nuevas dependencias: sujeta a las modas que propaga la burguesía, adicta a la sociedad de consumo, esclava de su físico y de los institutos de belleza, su exacerbado individualismo le lleva a renunciar a la maternidad o, en todo caso, a parir un desgraciado <<muñeco>> con el que compensar sus frustraciones e histerias.

No, no es ese el tipo de independencia del que hablamos y al que aspiramos. Pero bien es cierto que caemos muy fácilmente en los tópicos al uso. Por ejemplo: hace ya algún tiempo se dedicó un número extraordinario de la desaparecida revista <<Área Crítica>> al tema de los malos tratos a la mujer. En su redacción colaboraron algunas militantes del Partido. Pues bien, en su conjunto, el monográfico era una pena, no sólo por el batiburrillo en el que se mezclaban desde  <<casos puntuales>> de malos tratos, abusos sexuales de patronos y capataces sobre sus empleadas y los diferentes tipos de tortura que sufren las mujeres revolucionarias que caen en manos de la policía política o de la guardia civil, sino porque, al finalizar su lectura, obligatoriamente se llegaba a una conclusión, a la misma que ya anunciaba el editorial que la encabeza: <<hay un feminismo revolucionario que quiere liberar a la mujer para que ningún hombre vuelva a tratarla mal... sin llevarse su merecido>>(4). La verdad, para semejante viaje no hacen falta tantas alforjas.

No nos equivoquemos de blanco. Hay que hacer un esfuerzo por sacudirse todas las <<virtudes>> que la reacción ha imbuido en la mujer a lo largo de los siglos; hay que combatir a la ideología patriarcal que propaga nuestra inferioridad; hay que desenmascarar la ideología burguesa que oculta las causas de la opresión y explotación que padecemos y mistifica el camino de nuestra emancipación.



(1) I. Larguía y J. Dumoulin: <<Hacia un concepción científica de la emancipación de la mujer>>
(2) F.Engels: <<La situación de la clase obrera en Inglaterra>>
(3) Carmen Jimenez Castro: << La mujer en el camino de su emancipación>> Editorial Contracanto
(4) AREA CRÍTICA nº 29, diciembre 1988

M.Queralt, "RESISTENCIA"

domingo, 4 de enero de 2015

La primera abogada, Sarmiza Bilcescu (1867-1935)


La primera mujer que consiguió un doctorado en derecho fue la rumana Sarmiza Bilcescu y lo obtuvo en la Universidad de París después de luchar contra la misoginia y las continuas trabas con las que se encontró por el simple hecho de ser mujer. Sarmiza, que había vivido en su propia piel la injusticia de la inexistencia de mujeres en la universidad, nunca se dedicó a la abogacía, sino que dedicó toda su vida a defender los derechos femeninos.

Sarmiza Bilcescu nació el 27 de abril de 1867 en Bucarest, en el seno de una buena familia. Su padre, Dumitru Bilcescu había sido el responsable de las finanzas durante el reinado del príncipe Barbu Știrbey. Su madre, una convencida feminista fue quien acompañaría en 1884 a su hija hasta París donde Sarmiza consiguió una plaza en la universidad. Cuando Sarmiza se presentó a los responsables universitarios, no lo tuvo fácil para poder acceder a las aulas. Fue gracias a su determinación y a que no se rindió ante la hostilidad con que se la acogió que Sarmiza consiguió hacerse un lugar en la universidad y ganarse el respeto de profesores y alumnos.

Tres años después, en 1887, cuando Sarmiza Bilcescu se licenciaba en derecho pasaba a la historia al convertirse en la primera mujer europea que lo había conseguido. En 1890 se doctoraba con una tesis titulada Sobre la condición jurídica de la madre

Un año después recibía una muy buena oferta para trabajar en el Colegio de Abogados Ilfov. Pero Sarmiza, quien se casó años después con un ingeniero llamado Constantin Alimănişteanu, nunca llegó a ejercer la abogacía. Consciente de las dificultades de las mujeres de su tiempo, como ya lo pusiera por escrito en su tesis doctoral, decidió dedicar sus esfuerzos a la causa feminista. Sarmiza y otras mujeres rumanas fundaron la Sociedad Rumana de Señoritas desde la que inició una campaña de concienciación social acerca de la necesidad de dar las mismas oportunidades educativas a niños y a niñas y ayudó a crear ayudas económicas para que las niñas pudieran ir a la escuela. Las madres y las mujeres adultas que no habían tenido la misma suerte que ella también recibieron su apoyo.

Sarmiza Bilcescu fallecía el 26 de agosto de 1935.

POR SANDRA FERRER