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jueves, 28 de enero de 2016

Ecofeminismos en un clima de negociaciones

La Cumbre del Clima de París concluyó sin la más tímida referencia al ecofeminismo, corriente que relaciona la opresión del patriarcado capitalista a las mujeres con la presión que ejerce hacia la naturaleza. Las activistas feministas hablaron de contaminación, de semillas, de gestión del agua, de migraciones… y de su rol como líderes en estas luchas.

Presentación sobre el papel de la mujer en la lucha contra el cambio climático en el pabellón indígena de la cumbre./ Luna Gámez
Presentación sobre el papel de la mujer en la lucha contra el cambio climático en el pabellón indígena de la cumbre./ Luna Gámez
Si hubiese más mujeres líderes no habríamos llegado a la crisis climática en la que estamos. Así arrancó la ponencia de Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda y Alta Comisionaria de los Derechos Humanos para la ONU, durante las negociaciones de la Cumbre del Clima de París (COP21) que tuvieron lugar el pasado diciembre.
A pesar del enorme esfuerzo de muchas organizaciones feministas que reclamaban un enfoque de género transversal en todas las políticas climáticas, este principio se balanceó entre paréntesis hasta el final del acuerdo y quedó finalmente fuera del segundo apartado, objetivos del acuerdo climático, y del noveno sobre financiamientos. “Si los derechos de las mujeres no son explícitamente garantizados y financiados, se desvanecen”, apeló al gobierno francés, Catherine Coutelle, Diputada y presidenta de la delegación parlamentaria de derechos de la mujer, el 15 de diciembre durante la primera sesión de la Asamblea Nacional francesa tras el cierre de la COP21.
En el París de 1970, Françoise d´Eaubonne, escritora y feminista, usó por primera vez el término ecofeminismo al considerar que el patriarcado -que existe desde que se apropió de la fertilidad y la fecundidad- sería el detonante, en su forma capitalista, del desastre ecológico actual, del acelerado crecimiento demográfico y de la explotación indiscriminada de recursos naturales. Para d´Eaubonne, desde el momento en el que “el feminismo liberase a la mujer, liberaría a toda la humanidad”.
Cuarenta años más tarde, la mayor ronda de negociaciones internacionales concluyó con escasa representación femenina, con un día de conferencias dedicado al clima y a la mujer pero sin la más tímida referencia al feminismo o al ecofeminismo como tales. “Dado el uso que el patriarcado ejerce de la mujer y de la naturaleza, algunos pueden percibir el ecofeminismo como un riesgo”, afirma Alicia Puleo, feminista, filósofa y profesora de la Universidad de Valladolid. Para ella, este movimiento “une dos causas fundamentales en este siglo que son cumplir con los derechos de las mujeres y alcanzar la sostenibilidad, y una mayor justicia con ese mundo que llamamos naturaleza”.
Más allá de las negociaciones y las corbatas, el ecofeminismo florece silencioso pero tenaz.
Mesa redonda 'Mujeres y Clima' organizada por la Marcha Mundial de las Mujeres durante la Cumbre./ L. G.
Mesa redonda ‘Mujeres y Clima’ organizada por la Marcha Mundial de las Mujeres durante la Cumbre./ L. G.
Relatos de una misma lucha: ecología y feminismo
Tan pronto como nos sentamos en un café del centro de París, Anny Poursinoff, ecologista, feminista y ex diputada del Partido Verde, se apresura en aclarar, que “nosotras las mujeres no somos por esencia protectoras de la naturaleza” y añade que, aunque la ecología y el feminismo están muy próximos, ella prefiere no ser etiquetada como ecofeminista, ya que en entre las activistas francesas se utiliza poco este término.
Durante siglos el patriarcado usó como discurso de legitimación la definición de la mujer creadora ligada especialmente a la naturaleza. Sin embargo, Puleo rechaza esta idea y no cree que haya una parte de la humanidad más cercana a la naturaleza, “en todo caso hay una parte de los sexos que decidió en un momento determinado alejarse de la naturaleza y autodefinirse como un sujeto dominador y racional”. Ella entiende el ecofeminismo como un movimiento más radical, profundo, audaz y utópico en el sentido de plantear horizontes de otros mundos posibles luchando contra distintas dominaciones y deconstruyendo el sentido esencialista que el antropocentrismo le dio a la mujer.
Y es que no podemos hablar de un único ecofeminismo. Tal y como estas posiciones nos presentan, existen dos corrientes ecofeministas: la clásica o esencialista, que consideran que la mujer está más próxima de la naturaleza por el hecho de ser también creadora vida, y la constructivista que cuestiona el actual modelo económico, político y social que relega ciertos sujetos a la sumisión de un poder hegemónico. Pero si en algo están de acuerdo ambas vertientes, es en que desafiar al sistema patriarcal es un acto de lealtad necesario para el planeta y para las generaciones futuras, según reconoce María Xosé Agra Romero, profesora de filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela.
Maira Leusa, indígena Munduruku afectada por la construcción de una represa en Brasil: "El gobierno nos engaña y estamos en París para luchar"
Maira Leusa, indígena munduruku afectada por la construcción de una represa en Brasil: “El gobierno nos engaña. Estamos en París para luchar”./ L.G.
Para la filósofa india Vandana Shiva las mujeres son las que mejor conocen la cara siniestra de la modernización lo que lleva al ecofeminismo a denunciar la feminización de la pobreza. Shiva critica contundentemente al neoliberalismo y lo responsabiliza de la destrucción del planeta. “Las mujeres africanas son las que se encargan de todos los cuidados, de ir a buscar agua y de asegurar que al final del día haya comida en la mesa”, cuenta Sophie Dowllar, dirigente de la Marcha de las Mujeres en Kenya que viajó hasta París para defender los derechos de la mujer frente a la crisis climática. Dowllar afirma que en África la pobreza tiene cara de mujer ya que ellas son las más vulnerables como resultado de las tradiciones impuestas por el patriarcado, “todo es política y silenciar a las mujeres es una decisión política”, añade.
La gran sonrisa de la filósofa Alicia Puleo se apaga cuando reconoce que las cuestiones de las mujeres son secundarias, nunca se las considera medulares a pesar de que hay estudios sociológicos e informes científicos que demuestran que ellas son las más afectadas del deterioro ambiental. “Por características biológicas las mujeres, las niñas y los niños son desgraciadamente más sensibles a los agrotóxicos”, afirma Puleo, quien además reconoce que en algunos países empobrecidos son ellas quienes se ocupan de obtener los recursos del medio ambiente y cuando este se deteriora, las mujeres son las primeras en sufrir los inconvenientes.
Tarcila Rivera Zea es una líder indígena quechua de Perú que se define como activista por los derechos de las mujeres indígenas desde hace más de 30 años. Las expresivas arrugas de su rostro dan fe de su lucha. Tarcila es presidenta de la asociación Chirapaq, que significa “centellar de estrellas” en su lengua, y considera que las mujeres indígenas están siendo las primeras afectadas por los climas extremos “porque nosotras tenemos que recoger las plantas medicinales y muchas están desapareciendo por los cambios de temperaturas (…) hay momentos que tampoco podemos seleccionar las semillas porque no hay cosecha y sin semillas no podemos plantar al año siguiente”.
Indígena de Mongolia participa en un gran ritual colectivo para pedir respeto a los derechos de las mujeres indígenas en el Acuerdo de París./ L.G.
Indígena de Mongolia participa en un gran ritual colectivo para pedir respeto a los derechos de las mujeres indígenas en el Acuerdo de París./ L.G.
Indígenas de Mongolia, Estados Unidos, Suecia o Perú participaron en ese ritual en el río Sena./ L.G.
Indígenas de Mongolia, Estados Unidos, Suecia o Perú participaron en ese ritual en el río Sena./ L.G.
A pesar del impacto del cambio climático sobre las mujeres, la presencia femenina durante la Cumbre del Clima solo fue mayoritaria en las intervenciones que trataban específicamente de la mujer. Pocas conferencias o debates sobre finanzas climáticas, energías renovables o creación del mercado de carbono abordaron el enfoque de género o contaron con alguna ponente mujer.
Esta discriminación y la urgencia ante el cambio climático deja aflorar la lucha del ecofeminismo con más fuerza que nunca ya que muchas de las activistas presentes en París reconocieron que en contextos con pocas mujeres ser líder es más complicado para ellas. Anny Poursinoff, con 25 años de sindicalismo a la espalda y otros 25 de actividad política en el Partido Verde francés, ha luchado toda su vida para que en estos escenarios institucionales se respete al menos la paridad entre hombres y mujeres, ya que “sin eso la única forma de llegar a ser líder en un contexto de hombres, es comportarse como ellos”, afirma.
“Cuando eres líder y mujer tienes que estar todo el tiempo mostrando que vales, es un desafío constante dentro y fuera de la comunidad, pero cuando una mujer se convierte en líder es más fuerte que los hombres”, cuenta sin disimular su orgullo Mina Setra, una mujer indígena menudita y de palabra fuerte, líder de la defensa por los derechos humanos en Indonesia.
Para muchas mujeres, alcanzar el liderazgo de un movimiento social es una forma de empoderamiento frente al patriarcado. “Movilizarse es empezar a pensar en términos disruptivos con respecto al orden existente, quebrar el conformismo (…) pero al ver que incluso en el seno de este lugar puede haber diferenciaciones, surge el fenómeno de la discordancia que lleva a que prenda la chispa del feminismo”, afirma Alicia Puleo y explica que en el seno de muchas movilizaciones, desde las que defienden el medio ambiente hasta las que surgieron en el seno del 15M, acaban desarrollándose luchas emancipadoras al calor de las cuales siempre ha germinado el feminismo.



Derecho a la tierra
Las mujeres, que representan el 70% de la población del planeta, son más vulnerables a los efectos del cambio climático. Ellas son responsables por el 80% de la producción alimentaria y se encargan de casi la totalidad de los cuidados domésticos y familiares, sin embargo solo el 16% de ellas son propietarias de tierras.
A estos riesgos, la exdiputada francesa Anny Poursinoff añade que las mujeres son las más expuestas a abusos y violaciones en momentos de migraciones, un fenómeno cada vez más frecuente como consecuencia de las catástrofes naturales. En los últimos siete años se registró una media anual de 26 millones de desplazados, lo que presenta casi una persona por segundo según las estimaciones del Centro de Monitoreamiento de Desplazados (IDMC).
Por estas razones, entre otras, la coalición de organizaciones feministas Genero y Acción, pidieron insistentemente mayor participación de las mujeres en la creación de las políticas climáticas, financiamiento específico para las mujeres en acciones ambientales, así como priorizar el acceso de las mismas a la propiedad de tierras, bienes comunes y medios de producción. Sin embargo, estos principios no fueron finalmente reconocidos en el acuerdo del clima de la COP21.
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