martes, 31 de marzo de 2015

Convertirse en agente de cambio

CIBERFEMINISMO

¿Se aburrieron las feministas del activismo en línea? La micropolítica y el abordaje político afirmativo de las ciberfeministas suele presentarnos mapas dinámicos, temáticos y cambiantes de afinidades, de correlaciones políticas, y en la construcción de esas unidades existe un fuerte potencial. Sin embargo, no son pocos los obstáculos que deben enfrentar las feministas en las comunidades virtuales. “Pero su participación continúa”, afirma Lamia Kosovic en este artículo escrito para GenderIT.org y que decidimos reproducir en Pillku.
“El ciberfeminismo hoy es más sobre cartografía, donde los mapas siempre pueden trazarse de manera diferente. Y nuestra tarea es convertirnos en agentes activas de la producción de cambios para provocar intrusiones capaces de desmantelar este organismo y sus ataduras conceptuales”, sostiene.
En una era de virtualidad, ya somos casi poshumanas. Somos ensambles de constituyentes orgánicos en base a carbono y constituyentes electrónicos en base a sílice; híbridas, cuya naturaleza multifacética no se ajusta ni a una identidad unificada ni a las formas convencionales de la producción y la subjetividad. Nuestro propósito ha sido desintegrar profundamente un territorio marcado por la producción de un código maestro que durante demasiado tiempo mantuvo a nuestros deseos atrapados en la economía de lo Mismo1.
El ciberfeminismo, el feminismo digital, el activismo feminista en línea, etc., son unas pocas entre muchas expresiones que se refieren a las actividades políticas feministas en la realidad virtual, nuestra dinámica procesal dentro del entorno virtual. Ya desde hace muchos años, las ciberfeministas venimos contribuyendo a resaltar las estructuras rizomáticas, la no linealidad, las rupturas y la disrupción que han infundido el debate sobre la tecnocultura con esperanzas de acceso y transformación.
El activismo producido por las feministas en línea ha girado en torno a sacar a luz las armas patriarcales de vigilancia y control de los cuerpos de las personas y el conocimiento. Ha sido sobre descifrar, aunque sea parcialmente, el código maestro y liberar nuestros deseos mientras tejemos redes solidarias. Siguiendo fielmente nuestros encuentros encarnados con la realidad sensible, las ciberfeministas promovimos un activismo en torno a “realidades sociales y corporales vividas, en las que las personas no le temen a su afinidad articulada con los animales y las máquinas, ni le temen a las permanentes identidades parciales y posiciones contradictorias” (Haraway, 1991:154).
Con sus filtros políticos, fuimos capaces de ver el mundo en tonos de verde, ultravioleta y rojo. Y mientras inevitablemente fuimos testigos de la profunda reestructuración del comportamiento social, las instituciones, los conceptos y la amalgama y dilución de las fronteras entre humano y máquina, masculino y femenino, público y privado, el yo y lo Otro – todo lo cual porta un gran potencial para desmantelar la objetividad desencarnada del humanismo y sus proyectos de dominación y colonización, también fuimos testigos de la gran lucha de las corporaciones, las organizaciones internacionales y los gobiernos nacionales por controlar la estructura, contenido y flujo de la información y preservar los proyectos mencionados.
Hoy seguimos experimentando brutalidad extrema, genocidio, despilfarro y odio; el tiempo y los espacios en que vivimos son peligrosos. Se torna difícil dar cuenta de los cambios que se despliegan, por lo que la urgencia que viven los sujetos contemporáneos por responder a las condiciones que cambian tan rápido es quizás mayor que nunca. Dejar intacto el dominio permanente de la lógica de la identidad, a pesar de la proliferación de textos académicos dentro del paisaje intelectual que nos urgen a reconsiderar nuestras relaciones con nosotras, con otros seres humanos y con el mundo que vivimos, y a pesar de los esfuerzos artísticos y del activismo que nos fuerzan a conectarnos con un pensar y un actuar diferentes, es por lo menos aterrador. Por debajo de la subjetividad ciborgiana y de la fascinación con la manipulación y reconfiguración de las partes del cuerpo, la subjetividad llevada hacia fuera de la piel y proyectada en las redes sociales provistas por una internet que alguna vez imaginamos revolucionaria, encontramos una vez al sujeto cartesiano racional. La micropolítica y el abordaje político afirmativo de las ciberfeministas suele presentarnos mapas dinámicos, temáticos y cambiantes de afinidades, de correlaciones políticas. La política de la afinidad, como la llamaría Donna Haraway, en lugar de política de la identidad. Existe un gran potencial en estos mapas, en la construcción de esas unidades. Confío en que las ciberfeministas no tienen el privilegio de abandonar la nave digital. Pero, de todas maneras, pausan y cuestionan sus compromisos activistas virtuales en conjunto, porque han sido parte de esta lucha de poder estructural que “no traduce bien un mensaje activista”, como dijo una activista ciberfeminista entrevistada para este artículo2.
La subjetividad llevada hacia fuera de la piel y proyectada en las redes sociales provistas por una internet que alguna vez imaginamos revolucionaria, encontramos una vez al sujeto cartesiano racional.

Escaparle a la velocidad del cambio no es una opción

Como escribió Stephen Pfolh en The Cybernetic Delirium, comando, control y comunicación – los tres actores principales de la cibernética “tienen su raíz en el sacrificio reiterado de otras formas de ser en los mundos en los que ‘nosotras’ estamos y sobre los que nos comunicamos”. La realidad virtual junto con los discursos cibernéticos siempre han tenido dificultades para escapar de las premisas de la metafísica occidental, y cuanto más virtuales devenimos, es decir, cuanto más tiempo pasamos “conectadas”, más llegamos a ver la traducción de la economía de lo mismo en los tendidos de nuestras redes. Por tanto, una tarea importante de las ciberfeministas sería revisar, repensar y reposicionar constantemente nuestro movimiento en las redes virtuales, porque escaparle a la velocidad del cambio definitivamente no es una opción.
Hace algunos años escribí sobre las mutaciones, metamorfosis y transformaciones como los procesos empoderadores de nuestra vida cotidiana. Entonces reconocí que la brutalidad de las relaciones de poder, tal como la conocemos, no había permanecido inmune a esos procesos de transformación – resultó empoderada por ellos. Desde entonces, este empoderamiento se ha vuelto extremo. Cuando escribió sobre la sociedad de control en Dos regímenes de locos, Gilles Deleuze señaló: “No confinas a las personas con una autopista. Pero haciendo autopistas multiplicas los medios de control” (Deleuze, 2008: 322).
La brutalidad de las relaciones de poder, tal como la conocemos, no había permanecido inmune a esos procesos de transformación.
Las autopistas digitales se multiplican. Conceptos como metamorfosis y mutaciones ya no son productos de la ciencia ficción. No lo han sido en años. Son conceptos de gran significación para las instituciones educativas, gubernamentales y científicas y sus compañeras íntimas, las corporaciones. Estos procesos están ligados a industrias bioquímicas donde se tranforman aún más a fin de ingresar al mercado y contribuir al incremento del capital. Una historia familiar, ya explicada por Ingeborg Reichlein en Re-making Eden, donde escribe: “los hallazgos de las investigaciones están disponibles de manera más inmediata en los mercados de valores que en las publicaciones académicas relevantes” (p.247).
Yo misma como profesora académica encuentro esto completamente problemático, porque se vincula de manera directa con una importante pregunta sobre la apropiación de esos procesos de metamorfosis empoderadores; es la pregunta sobre la creciente brecha social entre la minoría rica que puede adquirir los productos finales de las metamorfosis y la vasta mayoría de las personas que no pueden extender sus vidas mediante su apropiación. El activismo feminista en línea se ha hecho esta pregunta en el pasado y ha estado ocupado con esta pregunta y muchas otras también, mientras paralelamente se involucra con los procesos de obstruir la maquinaria maestra de la dominación patriarcal estructural que se extiende a las redes de los entornos digitales.

Club de varones

No son pocos los obstáculos que deben enfrentar las feministas en las comunidades virtuales, pero sus participaciones continúan. Uno de estos obstáculos está vinculado a la persistente retórica de la descorporización, que no ha eludido el campo de la cultura digital a pesar de los numerosos textos teóricos, culturales y filosóficos que problematizan la relación entre lo virtual y lo real. Una ciberfeminista que entrevistamos nos dijo: “Como ya oímos muchas veces: ‘es sólo internet, no es REAL’. Pero para mí, este fenómeno es reconocible como algo que confrontamos también en la ‘vida real’. Se llama opresión sistemática. Las feministas estamos tratando de evitarla3.
Uno de estos obstáculos está vinculado a la persistente retórica de la descorporización, que no ha eludido el campo de la cultura digital.
También, las ciberfeministas continúan su involucramiento con comunidades virtuales a pesar del hecho de la existencia de un persistente esfuerzo por sostener la jerarquía en el mundo virtual y mantener el control sobre la naturaleza “desorganizada”; perseverancia para mantener la economía de lo Mismo junto con los proyectos de capitalismo, militarismo, colonialismo y supremacía patriarcal. Las feministas fueron conscientes de que mientras la revolución de la tecnología de la información revolucionaba casi cada aspecto de la sociedad, las niñas y las mujeres quedaban largamente fuera del circuito4.
Hace unos años, Looui y Flanagan sostenían que el cibefeminismo no había alcanzado su potencial liberador debido a todas las problemáticas culturales y sociales que rodeaban el campo de la tecnología de la información (2007:181). Y hace apenas unos días, el 14 de agosto de 2014, Dave Smith confirmó el ya familiar relato al reconocer en Business Insider que las mujeres tienen sólo entre 10 y 20% de los trabajos técnicos en las empresas de tecnología. Al parecer, en los últimos 11 años no se han visto demasiadas alteraciones de género cuando llega el momento de diseñar y crear nueva tecnología. La actividad profesional de la tecnología de la información parece seguir siendo una actividad del club de varones.
De todos modos, sabemos que los cambios son procesuales y que el ciberfeminismo hoy es más sobre cartografía, sobre un mapeo digital donde los mapas siempre pueden trazarse en forma diferente. Y nuestra tarea no es reaccionar ante la brutalidad de las relaciones de poder y sus reforzados sistemas inmunológicos, sino en convertirnos en agentes activas de la producción de cambios con el fin de aportar intrusiones capaces de desmantelar este organismo y sus ataduras conceptuales, las que mantienen a la “brutalidad” en su lugar como un marcapasos que regula sus latidos. Después de todo, nos encanta estar conectadas.

Notas:

1Luce Irigaray. Ese sexoi que no es uno. Ediciones Akal, 2009.
2Jadranka Ćuzulan, Bosnia y Herzegovina.
3Ciberfeminista de Serbia.
4Margolis y Fisher. Unlocking the Clubhouse: Women in Computing, Massachusetts Institute of Technology, 2003.

Referencias:

Deleuze, Gilles, 2008, Dos regímenes de locos, Pre-Textos.
Haraway, J. Donna, 1991, Simians, Cyborgs, and Women: the Reinvention of Nature, New York: Routledge.
Looui, Suyin, Mary Flanagan, 2007, “Rethinking the F word: A review of activist art on the Internet”, In: NWSA Journal 19.1, pp. 181-200. – Margolis and Fisher, 2003, Unlocking the Clubhouse: Women in Computing, Massachusetts Institute of Technology. – Pfohl, Stephen, 1997, “The Cybernetic Delirium of Norbert Wiener”, Ctheory.net. No. a044 30 January 1997. Ed. Arthur and Marilouise Kroker. 10 January 2006. http://www.ctheory.net/articles.aspx?id=86

La sufragista pacifista, Millicent Fawcett (1847-1929)


En 1919, las mujeres mayores de treinta años pudieron votar por primera vez en el Reino Unido, un logro que, en parte fue mérito de la lucha incansable por los derechos de las mujeres que llevó a cabo Millicent Fawcett. Desde que escuchara en Londres un discurso de John Stuart Mill, político defensor de los derechos de las mujeres, Millicent dedicó toda su vida al sufragismo y al feminismo. Durante doce años presidió la National Union of Women's Suffrage Society (NUWSS), una asociación sufragista con ideas pacifistas y contrarias a los actos más radicales de otros grupos como la Women's Social and Political Union (WSPU). Casada con un político ciego y catorce años mayor que ella, con el que compartió los ideales feministas, Millicent fue una de las fundadoras del Newham College, una escuela para mujeres en Cambridge.

Millicent Garrett Fawcett nació el 11 de junio de 1847 en Aldeburgh, Suffolk. Su padre, Newson Garrett, era un próspero propietario naviero. Su madre se llamaba Louise Dunnell. Millicent tuvo cinco hermanas y cuatro hermanos. Todos ellos recibieron una buena educación en Londres mientras que en su casa se respiró siempre un ambiente de libertad de expresión donde se hablaba de ideas políticas sin restricciones. 


Su hermana Elizabeth, quien se convirtió en la primera mujer en licenciarse como médico en Inglaterra, se había trasladado a vivir a la capital a donde Millicent la visitaba a menudo. En uno de sus encuentros, en 1865, Elizabeth la llevó con ella a escuchar un discurso de John Stuart Mill. Stuart Mill era un pensador, político y economista que se preocupaba por los derechos de las mujeres. Su discurso caló hondo en el espíritu de Millicent quien al año siguiente ingresó como secretaria en la London National Society for Women's Suffrage.

En aquel tiempo, Millicent conoció a muchos miembros del parlamento, entre ellos al que se convertiría en su marido en 1867. Henry Fawcett, miembro del partido liberal y catorce años mayor, había quedado ciego en 1857 a causa de un disparo accidental. La limitación de Henry no fue obstáculo para una Millicent de veinte años que se convirtió en su compañera, su secretaria, su amanuense y sus ojos en el parlamento. Un año después de contraer matrimonio, el 4 de abril de 1868 nacería Phillippa, su única hija, quien sería una muy buena estudiante, sobre todo en matemáticas y terminaría convirtiéndose en la principal ayudante del director de educación del London County Council.

Henry Fawcett trabajó codo con codo con su esposa en la lucha por conseguir que las mujeres alcanzaran los mismos derechos educativos, sociales y políticos que los hombres. Ambos firmaron distintos artículos y libros sobre estos temas de manera conjunta, aunque Millicent también escribiría obras sobre el feminismo en solitario.

La lucha y el empeño de los Fawcett hizo que Millicent se convirtiera en uno de los miembros fundadores del Newnham College, una institución educativa para mujeres en Cambridge donde su hija estudiaría años después.

El mismo año del nacimiento de Phillippa, Millicent ingresó en el London Suffrage Committee donde, a pesar de sufrir cada vez que tenía que subir a un estrado, se convirtió en una gran oradora, abriéndose paso rápidamente en el mundo del sufragismo como una excelente líder. El 6  de noviembre de 1884 Henry Fawcett fallecía a causa de una pleuresía dejando a Millicent viuda y desolada. Tras la muerte de su marido, se volcó con más intensidad en las campañas en favor de los derechos de las mujeres. 

En 1890 fallecía Lydia Becker a quien sustituiría en la presidencia de la NUWSS. Durante su mandato, Millicent amplió las demandas sufragistas a otros aspectos como la lucha contra la esclavitud, los derechos de las mujeres trabajadoras o la mejora de la dramática situación de las mujeres y los niños en Sud África a causa de la guerra de los boers.

La sociedad sufragista que presidía Millicent Fawcett difería abiertamente de los métodos más radicales e incluso violentos de la WSPU, cuyo miembro más famoso fue sin duda Emmeline Pankhurst. Su hermana Elizabeth y su sobrina Louisa también formaron parte del grupo de Emmeline y esta última llegó incluso a ser detenida en uno de los actos reivindicativos de la WSPU.

Cuando empezó la Primera Guerra Mundial, mientras la WSPU defendió la entrada de Inglaterra en el conflicto armado y decidió suspender por un tiempo sus actividades en defensa de las mujeres para volcarse en los temas bélicos, dentro de la NUWSS se abrió una brecha entre las que seguían ideas similares a la WSPU y las que, como su presidenta, creían en una vía de diálogo y defendían las ideas pacifistas y contrarías a la guerra por lo que no iba a animar abiertamente a la llamada a las armas.

En 1919 los esfuerzos de todos los grupos sufragistas vieron sus frutos cuando las mujeres mayores de treinta años fueron autorizadas para acercarse a las urnas. Fue entonces cuando Millicent traspasó la presidencia de la NUWSS a Eleanor Rathbone y la organización se convirtió en la National Union of Societies for Equal Citizens (NUSEC) que se centró en conseguir que las mujeres mayores de veintiún años pudieran votar, la misma edad que los hombres. 

En 1924 Millicent Fawcett recibió la Cruz de la Orden del Imperio Británico y fue elevada al rango de Dama. Fallecía cuatro años después, el 5 de agosto de 1929.




Por Sandra Ferrer

jueves, 26 de marzo de 2015

Feminismos del Sur y ecofeminismo

Resultado de imagen para feminismos desde el sur

El lenguaje de valoración de las mujeres, enmarcado en la cultura del cuidado, tiende a expresar un ethos procomunal potencialmente radical, que cuestiona el hecho capitalista desde el reconocimiento de la ecodependencia y la valoración del trabajo de reproducción de lo social. En su versión libre de esencialismos, el ecofeminismo aporta una mirada sobre las necesidades sociales, no desde la carencia o desde una visión miserabilista, sino desde el rescate de la cultura del cuidado como inspiración central para pensar una sociedad sostenible, a través de valores como la reciprocidad, la cooperación y la complementariedad.


En las siguientes páginas, quisiéramos destacar el rol de las mujeres en las luchas populares, particularmente en los países del Sur, así como los aportes del llamado «ecofeminismo de la supervivencia» en la emergencia del nuevo paradigma alternativo de relación con la Naturaleza.

Es reconocido que en América Latina –y en general en los países del Sur– las mujeres tienen desde hace varias décadas un protagonismo mayor en las luchas sociales y en los procesos de autoorganización colectiva. Esto es lo que se ha dado en llamar «proceso de feminización de las luchas», que alude en particular a mujeres que provienen de los sectores populares, pero también de los sectores medios. Por caso, en Argentina la referencia a los sectores medios es un hilo que podemos seguir desde los años 70 y conduce desde las Madres de Plaza de Mayo hasta las Mujeres Agrarias en Lucha y las Madres del Dolor. Para el caso de los sectores populares, se destacan sin duda las mujeres piqueteras, cuyo rol dentro de los movimientos de desocupados fue central tanto para darle visibilidad a la temática del hambre y de la desocupación, como para asegurar las tareas de autoorganización1. Hoy, sin lugar a dudas, son las mujeres de las organizaciones indígenas, los movimientos socioambientales y las ONG ambientalistas las que tienen un lugar central.

Ahora bien, una vez reconocido este protagonismo, ¿es legítimo asimilar feminización de las luchas con feminismo? En un encuentro sobre feminismos populares en América Latina que tuvo lugar en Quito en junio de 2013, en el cual había presentes entidades de Argentina, Colombia, Bolivia, Venezuela, Ecuador, México y Perú, varias organizaciones manifestaron reticencias e incomodidad en relación con la dificultad de (auto)identificarse como feministas, debido a la estigmatización, pero también a las diferencias que se perciben con el feminismo clásico (liberal)2. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, hay que comparar la feminización de las luchas con el proceso de ambientalización de las luchas sociales, una comparación que resulta más acertada e iluminadora. En nuestros trabajos previos de investigación, hemos constatado que muy poca gente se reconoce inicialmente como «ambientalista» o «ecologista». Tampoco se deviene ambientalista por elección, sino por obligación, a partir de la asunción de la lucha por la defensa de la vida y el territorio. Podríamos decir lo mismo respecto del feminismo popular. Así, sin asumirlo de modo explícito, muchas mujeres que participan de las luchas sociales van deviniendo, en el proceso mismo de lucha, feministas populares. Pero sin duda este devenir popular del feminismo, que primero no se reconoce como explícitamente feminista, plantea continuidades y rupturas con las corrientes feministas anteriores, o con el feminismo clásico, más ligado a las clases medias.

Retomando lo elaborado en ese encuentro, podemos establecer una serie de definiciones comunes en torno de qué se entiende por feminismos populares, entre ellos, la lucha contra el patriarcado y, por ende, la propuesta de la despatriarcalización y la defensa de la autonomía (más ligada a la capacidad de autodeterminación, aunque sin resolver la cuestión de la articulación con otras luchas). Otro elemento común es que los feminismos populares implican una ampliación de las temáticas de discusión respecto del feminismo liberal clásico, pues se busca debatir sobre tierras, territorios, cuerpos y representaciones3. Otro rasgo común es la asociación entre feminismo y pensamiento situado, el que se produce desde y a partir de una situación histórica concreta, que alimenta su reflexión. Por último, la crítica a la visión individualista propia de la modernidad, la valorización de la relación de interdependencia con la naturaleza: esto es, la ecodependencia.

Por otro lado, también se ha registrado un progresivo desarrollo y valoración de la perspectiva ecofeminista. Aunque el término «ecofeminista» nace en la década de 1970 y son numerosas las autoras que se inscriben en este campo, en los últimos años sus aportes han tenido mayor difusión. Dos temáticas han contribuido a la formación de la teoría ecofeminista. Por un lado, la crisis ecológica entendida como una crisis social de carácter antropológico: la necesidad del dominio como fórmula para la afirmación de lo humano se reflejaría en el plano de las relaciones interpersonales y en el vínculo de lo humano con lo natural. A partir de esto, el ecofeminismo hará una interpretación similar de la relación entre el dominio de un género sobre otro y del dominio del ser humano sobre la naturaleza, con expresiones como la lógica de la dominación, o la lógica identitaria, que dan a entender una misma idea básica: la justificación del dominio y la marginación a partir de la devaluación de aquellos considerados diferentes, en este caso la mujer respecto del varón, y lo natural respecto de lo humano. En segundo lugar, el otro tema es el carácter crítico y liberador de la ecología que cuestiona la visión dualista/cartesiana mente-cuerpo y busca suprimir las relaciones jerárquicas entre naturaleza humana y no humana. Así, el ecofeminismo tratará de aprovechar esta veta emancipatoria de la ecología4.

El ecofeminismo y la economía feminista destacan el paralelismo entre la explotación de la mujer y la de la naturaleza, a través del trabajo reproductivo invisibilizado y no reconocido. Con esto se hace referencia a aquellas tareas asociadas a la reproducción humana, la crianza, la resolución de las necesidades básicas, la promoción de la salud, el apoyo emocional, la facilitación de la participación social, etc.5 Ahora bien, existen diferentes corrientes dentro del ecofeminismo, que incluyen desde el feminismo diferencialista o identitario, que naturaliza la relación entre mujer y naturaleza, hasta el ecofeminismo constructivista6, que concibe esa relación como una construcción histórico-social, ligada a la división sexual del trabajo. Desde nuestra perspectiva, es importante no caer en una visión esencialista de la relación «mujer-naturaleza», pues la clave sigue siendo el campo de afinidades electivas que plantea la explotación de la división desigual del trabajo y la separación entre la producción y la reproducción de lo social. Es esta vertiente del ecofeminismo la que nos interesa, a la hora de leer el ecofeminismo de la supervivencia, tan ligado a la ecología popular propia de los países del Sur7.

Asimismo, son diversas las autoras que refieren a un feminismo del Sur (Vandana Shiva, Magdalena León), ligado a la corriente de la ecología popular, y que algunos denominan «ecofeminismo de la supervivencia», ya que estaría vinculado a la experiencia diversa de las mujeres en la defensa de la salud, la supervivencia, el territorio. Tal experiencia hizo que naciera la conciencia de que existen vínculos sólidos entre género y ambiente, mujeres y ambientalismo, feminismo y ecología. Más reciente en el tiempo y situado en el Tercer Mundo, se caracteriza por la base antropológica de su discurso y por un intento de superar el feminismo de la igualdad y de la diferencia a través de la noción de interdependencia, es decir, la comprensión de la relación humana como yo-en relación. El ecofeminismo de la supervivencia buscaría la orientación del vínculo entre hombres y mujeres con la naturaleza a partir de la coparticipación de ambos géneros. Esto implica abandonar la concepción del yo «como un sujeto autónomo, que se construye a sí mismo, al subrayar su separación de los demás, sustituyéndolo por un sujeto relacional, que se reconoce distinto de los demás y de la naturaleza, pero que a su vez reconoce la continuidad con ellos»8.

En suma, desde nuestra perspectiva es importante subrayar también la afinidad electiva entre la cultura del cuidado y el ethos procomunal. Dicho de otro modo, en el contexto de las actuales resistencias al extractivismo, el lenguaje de valoración de las mujeres enmarcado en la cultura del cuidado tiende a expresar un ethos procomunal potencialmente radical, que concibe las relaciones sociales desde otra lógica y otra racionalidad, cuestionando el hecho capitalista desde el reconocimiento de la ecodependencia y la valoración del trabajo de reproducción de lo social. Muy especialmente en su versión libre de esencialismos, el ecofeminismo contribuye a aportar una mirada sobre las necesidades sociales, no desde la carencia o desde una visión miserabilista, sino desde el rescate de la cultura del cuidado como inspiración central para pensar una sociedad ecológica y socialmente sostenible, a través de valores como la reciprocidad, la cooperación y la complementariedad9.
  • 1.M. Svampa y Sebastián Pereyra: Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras, Biblos, Buenos Aires, 2003.
  • 2.El encuentro fue organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo. Aclaramos que muchas de las reflexiones vertidas en este apartado se apoyan y retoman el debate colectivo desarrollado en ese encuentro.
  • 3.«El cuerpo es el territorio», decía Mar Daza Quintana, activista ambiental, recogiendo la experiencia de los feminismos populares en Perú.
  • 4.V. la presentación de las diferentes corrientes en Hugo Saúl Ramírez García: Biotecnología y ecofeminismo. Un estudio de contexto, riesgos y alternativas, Tirant lo Blanch, México, df, 2012.
  • 5.Magdalena León: «Cambiar la economía para cambiar la vida. Desafíos de una economía para la vida» en Alberto Acosta y Esperanza Martínez (comp.): El buen vivir. Una vía para el desarrollo, Abya Yala, Quito, 2009.
  • 6.Margarita Aguinaga, Miriam Lang, Dunia Mokrani y Alejandra Santillana: «Pensar desde el feminismo. Críticas y alternativas al desarrollo» en M. Lang y D. Mokrani: Más allá del desarrollo, Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo, Fundación Rosa Luxemburgo, Quito, 2011. En una línea constructivista, Alicia Puleo afirma que la nueva Ariadna del siglo xxi es hija del feminismo y de la ecología, que esta confluencia permite establecer una línea directa entre la marginación de la mujer y la degradación del ambiente y pensar posibles soluciones conjuntas. Ver A. Puleo: «Ecofeminismo para otro mundo posible», entrevista, 2011, disponible en www.mujeresenred.net/spip.php?article1921.
  • 7.Para el caso argentino, el rol de las mujeres en los movimientos socioambientales desde la óptica del ecofeminismo ha sido analizado de modo pionero en Marisa Bilder: «Las mujeres como sujetos políticos en las luchas contra la megaminería en Argentina. Registros acerca de la deconstrucción de dualismos en torno a la naturaleza y al género», tesis de maestría, Universitat Jaume i, Barcelona, 2013.
  • 8.H.M. Ramírez García: ob. cit.
  • 9.Marta Pascual Rodríguez y Yayo Herrero López: «Ecofeminismo, una propuesta para repensar el presente y construir el futuro», cip-Ecosocial. Boletín ecos No 10, 1-3/2010.

Por Maristella Svampa

domingo, 22 de marzo de 2015

La maestra escultora, Sabina von Steinbach (Siglos XIII - XIV)


En la catedral de Estrasburgo, delante de la puerta del transepto sur, frente a la estatua del maestro constructor Erwin von Steinbach, se alza la hermosa imagen de una mujer. Muchos expertos aseguran que dicha estatua representa a la hija del maestro, llamada Sabina von Steinbach, o Sabine de Pierrefonds. Sabine se habría formado como pintora y escultora en el taller de su propio padre y algunas de las estatuas de la catedral de Estrasburgo, la de Magdeburgo y Notre Dame de París se han atribuido a su arte y talento con el cincel. Muy poco se sabe de Sabine pero es un ejemplo que nos demuestra que las mujeres también formaron parte de los gremios y logias masonas que se dedicaron a la construcción de las grandes catedrales en distintos puntos de la geografía europea.


Sabine von Steinbach aparece citada por primera vez en una descripción de 1617 del escritor Schadeus. Sabine habría aprendido junto a su padre, el maestro de obras de la catedral de Estrasburgo, y su hermano, también miembro del gremio que estaba al cargo de la construcción del templo. De la catedral de Estrasburgo se le atribuyen las esculturas de Iglesia y Sinagoga, situadas en el pórtico sur y dispuestas una a cada lado de la estatua del rey Salomón.


Iglesia y Sinagoga | Catedral de Estrasburgo

Sabine von Steinbach se habría casado con Bernard de Sünder, también masón y constructor, con el que estuvo trabajando en la catedral de Magdeburgo. A la muerte de su padre, en 1318, Sabine continuó trabajando en la catedral de Estrasburgo junto a su hermano, también maestro constructor, aunque existen muchas dudas acerca del verdadero papel de la escultora dentro del gremio.

También en Estrasburgo, parece que Sabine habría dejado su firma en una estatua de San Juan Evangelista en la que se podía leer en latín: Gracias a la devoción de esta mujer valiente, Sabine, que me ha dado forma a partir de la piedra dura


Sabina von Steinbach | Moritz von Schwind (1844)

Años después se la sitúa en París, donde vivió en los poblados construidos alrededor de Notre Dame donde convivían los masones que trabajan en su construcción.

No existen prueban totalmente concluyentes de la existencia de Sabine y de su papel como maestra constructora, masona y escultora. Pero su historia bien podría haber sido cierta y simboliza a todas las mujeres que trabajaron en la construcción de las catedrales europeas en la Edad Media realizando trabajos aparentemente reservados a los hombres.

 Si quieres leer sobre ella 


Masonas, Yolanda Alba 










por Sandra Ferrer

La maestra escultora, Sabina von Steinbach (Siglos XIII - XIV)


En la catedral de Estrasburgo, delante de la puerta del transepto sur, frente a la estatua del maestro constructor Erwin von Steinbach, se alza la hermosa imagen de una mujer. Muchos expertos aseguran que dicha estatua representa a la hija del maestro, llamada Sabina von Steinbach, o Sabine de Pierrefonds. Sabine se habría formado como pintora y escultora en el taller de su propio padre y algunas de las estatuas de la catedral de Estrasburgo, la de Magdeburgo y Notre Dame de París se han atribuido a su arte y talento con el cincel. Muy poco se sabe de Sabine pero es un ejemplo que nos demuestra que las mujeres también formaron parte de los gremios y logias masonas que se dedicaron a la construcción de las grandes catedrales en distintos puntos de la geografía europea.


Sabine von Steinbach aparece citada por primera vez en una descripción de 1617 del escritor Schadeus. Sabine habría aprendido junto a su padre, el maestro de obras de la catedral de Estrasburgo, y su hermano, también miembro del gremio que estaba al cargo de la construcción del templo. De la catedral de Estrasburgo se le atribuyen las esculturas de Iglesia y Sinagoga, situadas en el pórtico sur y dispuestas una a cada lado de la estatua del rey Salomón.


Iglesia y Sinagoga | Catedral de Estrasburgo

Sabine von Steinbach se habría casado con Bernard de Sünder, también masón y constructor, con el que estuvo trabajando en la catedral de Magdeburgo. A la muerte de su padre, en 1318, Sabine continuó trabajando en la catedral de Estrasburgo junto a su hermano, también maestro constructor, aunque existen muchas dudas acerca del verdadero papel de la escultora dentro del gremio.

También en Estrasburgo, parece que Sabine habría dejado su firma en una estatua de San Juan Evangelista en la que se podía leer en latín: Gracias a la devoción de esta mujer valiente, Sabine, que me ha dado forma a partir de la piedra dura


Sabina von Steinbach | Moritz von Schwind (1844)

Años después se la sitúa en París, donde vivió en los poblados construidos alrededor de Notre Dame donde convivían los masones que trabajan en su construcción.

No existen prueban totalmente concluyentes de la existencia de Sabine y de su papel como maestra constructora, masona y escultora. Pero su historia bien podría haber sido cierta y simboliza a todas las mujeres que trabajaron en la construcción de las catedrales europeas en la Edad Media realizando trabajos aparentemente reservados a los hombres.

 Si quieres leer sobre ella 

Masonas, Yolanda Alba 









por Sandra Ferrer

domingo, 15 de marzo de 2015

La esposa de Cervantes, Catalina de Salazar (1565-1626)


En 1584 llegaba a la localidad toledana de Esquivias el gran escritor español Miguel de Cervantes. Cervantes se había trasladado a aquella bella ciudad para recuperar los poemas autógrafos de Pedro Laínez, un escritor amigo suyo que había fallecido. Fue allí donde el autor de El Quijote conocería a su esposa, Catalina de Salazar, una mujer que fue su compañera incondicional a pesar de las largas ausencias de su famoso esposo. Viuda de Cervantes, fue depositaria de sus últimas obras manuscritas.

Catalina de Salazar Palacios nació en noviembre de 1565 en Esquivias, una localidad de Toledo en el seno de una familia de hidalgos. Sus padres, Hernando de Salazar y Catalina de Palacios tuvieron otros cuatro hijos además de Catalina, la segunda de todos ellos. 

Catalina fue educada por su tío, un cura llamado Juan de Palacios quien la instruyó en el conocimiento del latín y otros saberes. En febrero de 1584 el padre de Catalina fallecía dejando a su esposa y los tres hijos que aún vivían en una situación económica precaria. Fue en aquella época cuando Cervantes arribaba a Esquivias a tratar con Juana Gaitán, viuda de su amigo el poeta Pedro Laínez, la recuperación de parte de su obra. 

Tres meses después de conocer a Catalina, Miguel se casaba con ella. Mientras ella era una muchacha de apenas diecinueve años que nunca había traspasado los límites de Esquivias y se había acercado someramente a la cultura gracias a su tío, Cervantes era un soldado de treinta y siete años que ya había luchado en Lepanto y había vivido en ciudades lejanas como Roma o Argel. 


No es de extrañar que la vida en las tranquilas tierras toledanas terminara pronto para Cervantes quien encontró constantes excusas profesionales para viajar a otros lugares más interesantes para él. Ausencias, a menudo largas, que mermaron el ánimo de Catalina quien tenía que soportar las continuas críticas de sus conciudadanos. 

Iniciado el nuevo siglo, Catalina y Miguel se instalaban en la corte en Valladolid donde compartían hogar con dos hermanas del escritor, una sobrina y una hija ilegítima de él. En 1606 la familia Cervantes se trasladaba con la corte a Madrid donde permanecerían hasta su muerte. 

El matrimonio ingresó en la orden Tercera de San Francisco donde ambos buscaron consuelo espiritual en los últimos años de su vida. 



Miguel de Cervantes fallecía en abril de 1616 sin haber publicado su última obra, Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, publicación de la que se encargó la propia Catalina. Los restos de Cervantes fueron enterrados en el Convento de las Trinitarias donde también sería enterrada Catalina de Salazar, tras su muerte el 30 de octubre de 1626.

Recopilacion  de Sandra Ferrer

jueves, 12 de marzo de 2015

La reina breve, Lady Jane Grey (1537-1554)


Lady Jane Grey no llegó a cumplir los diecisiete años. Tuvo una vida breve y un reinado aún más fugaz. Nueve días duró su reinado. Un reinado por el que ella nunca luchó y que fue una pantomima organizada por su propio padre y el duque de Northumberland. Lady Jane Grey fue una de las muchas víctimas de uno de los siglos más virulentos y complicados de la historia de Inglaterra, donde los problemas religiosos y dinásticos asolaron el país. Fue su propia prima, María Tudor, quien firmó su sentencia de muerte. 


Jane Grey nació el 12 de octubre de 1537 en Bradgate, Leicestershire. Jane era la tercera de los cinco hijos de Henry Grey, tercer marqués de Dorset, y Frances Brandon, duquesa de Suffolk, aunque se convertiría en primogénita a la muerte de sus dos hermanos mayores. Jane formaba parte de la familia real británica, pues su madre era hija de María Tudor, la hermana pequeña de Enrique VIII, por lo que Jane era sobrina del monarca inglés.

Jane tuvo una infancia tranquila lejos de la corte y recibiendo una exquisita educación que supo aprovechar muy bien. No en vano, se la consideró una de las damas de la realeza más cultas e inteligentes. Jane pasó largas temporadas en la residencia de Catalina Parr, la última esposa de su tío el rey Enrique VIII. Con Catalina Parr mantuvo una estrecha relación y de ella recibió una profunda formación religiosa, siendo Catalina quien inculcó en Jane su arraigada fe protestante. En aquellos años, Jane convivió también con su prima Isabel, hija de la segunda esposa de Enrique, Ana Bolena, y de la que también se había hecho cargo Catalina. Jane lloró sinceramente la muerte de su protectora en 1548. Fue entonces cuando tuvo que volver junto a sus padres y su vida pronto dio un giro radical.



El 6 de julio de 1553, el joven y enfermizo rey Eduardo VI, fallecía en el Palacio de Greenwich. Había sido el único hijo varón, legítimo al menos, que Enrique VIII había conseguido engendrar, pero no pudo superar los quince años de edad. Hacía ya tiempo que el reino se debatía entre las distintas opciones para la sucesión. Las dos hermanas mayores de Eduardo, tanto María, hija de Catalina de Aragón, como Isabel, hija de Ana Bolena, tenían sus propios defensores y detractores. María era la abanderada de la causa católica mientras que Isabel era la cabeza visible de la reforma protestante. 

Pero habían facciones que no querían que reinara ninguna de las dos, consideradas ilegítimas en algún momento de su vida. Ese era el caso de John Dudley, duque de Northumberland, quien vio en la joven Jane el arma perfecta para controlar el poder. Jane era prima de las dos supuestas herederas y estaba también en la línea de sucesión al trono por detrás de su propia madre. Henry Grey, aliado de Dudley convencieron a un moribundo Eduardo de la conveniencia de nombrar a su prima Jane heredera legítima del trono inglés. Así parece que lo hizo Eduardo quien firmó de su debilitado puño y letra un documento situando a Lady Jane Grey la primera en la línea de sucesión.



Para preparar mejor el terreno, Grey y Dudley decidieron unir sus familias con el matrimonio de Jane y el hijo pequeño del duque, Guilforf Dudley. El enlace, celebrado el 12 de mayo de 1553 no fue, evidentemente del agrado de los contrayentes quienes, sin embargo, en el poco tiempo que duró su vida juntos, demostraron ser algo así como almas gemelas. 

El 10 de julio de 1553, cuatro días después de la muerte de Eduardo VI, y antes de que las otras facciones pudieran reaccionar, Lady Jane Grey era proclamada reina de Inglaterra. Nueve días después, su prima María Tudor conseguía derrocarla. Empezaba el reinado de una de las reinas menos queridas por la historiografía inglesa, que la bautizó como María la Sanguinaria. 



Jane y su marido permanecieron varios meses encerrados en la Torre de Londres a la espera de que María tomara una decisión sobre su destino. Es probable que María quisiera evitar la peor de las decisiones pero cuando a principios de 1554 tuvo lugar la rebelión protestante, la figura de su prima se convirtió en una peligrosa representante de la causa reformista. A esto se añadieron los deseos de María de contraer matrimonio con uno de los reyes más católicos del continente, Felipe II.

La ejecución de Lady Jane Grey | Paul Delaroche | 1833

Al final, no hubo piedad para Jane. María firmaba su sentencia de muerte, que se hizo efectiva el 12 de febrero de 1554. Lady Jane Grey pasó a la historia como una reina manipulada por los intereses de los que la rodearon pues ella nunca se planteó la posibilidad de ser reina e incluso llegó a oponer cierta resistencia cuando se le informó de la supuesta última voluntad sincera de su primo Eduardo. 

 Películas que hablan de ella 

Lady Jane 










Por Sandra Ferrer