domingo, 19 de agosto de 2018

El Gobierno de Pedro Sánchez descarta retirar la utilidad pública a HazteOir tras reclamarlo en la oposición

Por Laicismo.org
El Ministerio del Interior justifica su decisión en “cuestiones técnicas” porque el grupo ultracatólico cumple con las cuentas y los informes de actividad
La ley reserva a este departamento la posibilidad de conceder y revocar esta prebenda a entidades que deben cumplir algunos requisitos, entre ellos, la persecución de un “interés general”.
El PSOE pidió en el Congreso al Gobierno que retirara a HazteOir la declaración cuando lanzó el autobús tránsfobo y apoyó hace unos meses un nuevo intento de Unidos Podemos en la Comisión de Interior.
El Gobierno de Pedro Sánchez descarta por el momento retirar la declaración de utilidad pública al grupo ultracatólico HazteOir. El Ministerio del Interior, del que dependen las concesiones y revocaciones de este beneficio, justifica la decisión en “cuestiones técnicas”, explican fuentes del departamento que dirige Fernando Grande-Marlaska a eldiario.es. El PSOE fue uno de los grupos que desde la oposición reclamó en varias ocasiones al Gobierno del PP que retirara esta prebenda a HazteOir  tras la polémica del autobús tránsfobo.
Interior asegura que la mayor parte de declaraciones que se retiran vienen motivadas por algún problema con las cuentas o con los informes de actividad, pero reconoce que existe la posibilidad de que la Secretaría General Técnica considere que una entidad no cumple con los requisitos. Así lo establece la Ley 1/2002 reguladora del derecho de asociación, que en su artículo 32 enumera una serie de condiciones por las que una asociación puede ser declarada de utilidad pública. Entre ellas, que su actividad no beneficie solo a sus socios, que los miembros de los órganos de representación que cobran una retribución no lo hagan con cargo a subvenciones públicas o que cuenten con los medios adecuados.
Aparte de los requisitos técnicos, el texto fija como condición que las asociaciones persigan objetivos de “interés general” y que tengan un carácter, entre otros, “cívico, educativo, científico, cultural, deportivo, sanitario, de promoción de los valores constitucionales, de promoción de los derechos humanos, de asistencia social”, de “fomento de la tolerancia” o “de protección de la infancia”.
La misma ley, que obliga a las entidades a rendir cuentas anuales del ejercicio anterior y presentar una memoria de actividades, reserva al Ministerio del Interior la posibilidad de revocar la utilidad pública “cuando las circunstancias o la actividad de la asociación no respondan a las exigencias o requisitos fijados en el artículo 32, o los responsables de su gestión incumplan lo prevenido en el artículo anterior”.
Reacción contra el autobús
El Gobierno del PP declaró de utilidad pública a HazteOir en mayo de 2013 cuando ocupaba la cartera de ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, que firmaba la disposición del BOE en la que se oficializaba este beneficio que permite exenciones fiscales y justicia gratuita. En aquel momento, el grupo ultracatólico destacaba por su firme oposición al aborto y estaba inmerso en una intensa campaña para exigir a Alberto Ruiz Gallardón, entonces ministro de Justicia, que acabara con la ley de plazos de interrupción voluntaria del embarazo.
Unos años después la organización volvió a los titulares al poner a circular, primero en la ciudad de Madrid, un autobús naranja con el mensaje “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. El anuncio móvil formaba parte de una campaña contra las leyes LGTBI que ya había dado comienzo  con la difusión de folletos homófobos a más de 16.000 centros educativos. Posteriormente, pusieron en marcha otro autobús contra la Ley estatal de protección del colectivo. “Van a por tus hijos”, alertaba el mensaje.
El autobús fue inmovilizado un tiempo en Madrid –la Audiencia Provincial levantó después esta medida–, pero recorrió otras ciudades españolas entre la indignación social y de los colectivos LGTBI. Meses después un juzgado de Madrid dictó que los mensajes tránsfobos del autobús no son mensaje de odio  y archivó la denuncia de la Fiscalía.
La reacción política contra el vehículo y la campaña de los ultracatólicos no se hizo esperar. Decenas de políticos mostraron su rechazo en público y el tema se coló en el Congreso,  donde el PSOE y Unidos Podemos pidieron responsabilidades al entonces Gobierno del PP y le exigieron la retirada de la utilidad pública. Días después el pleno de la cámara aprobó una transaccional suscrita por los socialistas, Unidos Podemos- En Comú Podem- En Marea, ERC y Ciudadanos a raíz de un texto original presentado por el partido morado. El PP se abstuvo.
Un nuevo intento fallido
Los grupos firmantes consideraban que las actividades de esa organización resultan “frontal y radicalmente contrarias a los valores, fines y principios que justifican la declaración de interés general de una asociación y, en concreto, a los de promoción de los valores constitucionales, de los derechos humanos, de la familia, de la infancia y de la igualdad de oportunidades y de la tolerancia”. Además, aludían a que HazteOir “no responde a los requisitos fijados en la ley”.
Días antes de la aprobación de la transaccional, el ministro del Interior Juan Ignacio Zoido había dicho en el Congreso  que su departamento iba a revisar si se incumplían “algunos de los principios que se exigen como fundamentales para la concesión, y en este caso, se procederá a la revocación”. Entonces, en plena tormenta mediática y política por el autobús, se lo exigían incluso compañeros de partido como Andrea Levy o Ángel Garrido, entonces portavoz y ahora presidente de la Comunidad de Madrid.
Sin embargo, unos meses más tarde, en julio del año pasado, Interior negó que existieran elementos para investigar la utilidad pública escudándose en la resolución judicial que levantó la inmovilización del autobús en Madrid y que aludió al derecho a la libertad de expresión.
El pasado mes de febrero, un año después de que el bus tránsfobo circulara por las calles españolas, el tema volvió al Congreso de los Diputados en un nuevo intento capitaneado por Unidos Podemos, esta vez en la Comisión de Interior. El grupo presentó una PNL a la que se adhirieron ERC, PNV, el Grupo Mixto y el PSOE mientras PP y Ciudadanos cambiaron de postura respecto a la anterior: en esta ocasión, los populares pasaron de la abstención al “no” y el partido naranja del “sí” a la abstención.
Así, y tras la negativa del actual Gobierno de Pedro Sánchez, HazteOir, una organización que entre otras cosas se dedica a difundir mensajes homófobos y tránsfobos, mantiene actualmente el acceso a una batería de ventajas como el impago del IBI por los inmuebles a su nombre, la exención de tributar por aquellas actividades que realice con carácter de servicio social y el pago de menos impuestos por los beneficios económicos que obtiene.
 · FUENTE: EL DIARIO


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Sexualidad & Posmachismo ¿Saben los hombres hacer el amor?

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Lidia Falcón
www.publico.es

Sobre el desencuentro afectivo -sexual en la actual época Posmoderna entre hombres y mujeres por causas de un socialización desde la óptica patriarcal de la sexualidad masculina.

Mis amigas y confidentes jóvenes me confiesan otra preocupación que las tortura después de la de saberse engañadas por sus parejas. La torpeza que muestran, ya enamorados, en las lides de la sexualidad.
Torpes y egoístas, me dicen. No todos, añaden, pero sí la mayoría. Ellos son tan machotes, lo saben todo, y lo realizan todo rápida y bruscamente, sin tener con su pareja la delicadeza y el juego previo que toda mujer desea. Y eso después de presumir de conquistadores y expertos.
¿Se lo decís?, pregunto a mis interlocutoras, y, poniéndose encendidas me replican, oh no, no se puede decir, les ofendería. ¿Qué es, vergüenza, pudor? “Bueno sí, también, pero es que él ni te escucha ni se fija en ti. Como es muy hombre lo sabe todo”. Y mientras ellas no se atreven a manifestarles su desencanto por no molestarles ellos actúan con total prepotencia y seguridad, sin que  les inquiete la aceptación de su pareja.
Pienso en los años heroicos del feminismo, cuando salíamos de las tinieblas franquistas, y organizamos cursillos, encuentros y discusiones sobre sexualidad, ansiosas de aprender lo que la educación nacional-católica nos había hurtado. Eran los tiempos en que clandestinamente se conseguían los libros de Freud, de Melanie Klein, de Alejandra Kollöntai, de Simone de Beauvoir, de Marie Bonaparte, de Willhem Reich, que leíamos y absorbíamos como esponjas.
Las primeras lecciones fueron de anatomía, ya que la mayoría de las mujeres ni siquiera conocían su propio cuerpo. Y fue importante para aquellas generaciones lograr el acercamiento a las otras compañeras, compartir las nociones fundamentales de sexualidad femenina y exigir a sus compañeros de cama la cuota de placer que les pertenecía.
En los prematuros años 60, Eliseo Bayo y yo nos lanzamos a hacer una encuesta sobre el comportamiento sexual de los hombres españoles. Yo había comprado clandestinamente el Informe Kinsey. Aquel trabajo monumental que Kinsey, Pomeroy y Martin, los profesores de la Universidad de Indiana realizaron en los años 50 en Estados Unidos investigando la verdadera conducta de los estadounidenses en el arte de hacer el amor. No lo que dictaba la puritana e hipócrita moral oficial ni lo que presumían los textos pornográficos. Después los trabajos de Johnson y Johnson de investigación práctica con decenas de parejas que a ello se prestaron. Y publicamos unos reportajes que estremecieron a la asustada y pacata sociedad española.
No sé cuántos de mis compatriotas, que no sean profesionales de la investigación sexual, conocen hoy los trabajos de Kinsey y Johnson o la magna obra de Willhem Reich. Ciertamente no todas las participantes del Movimiento los leyeron, pero las que los divulgamos y trabajamos en su estudio y discusión llegamos a varias generaciones de jóvenes que realizaban sus primeras armas en el difícil arte de la sexualidad.
Hoy observo que de los cursillos, talleres, encuentros y debates feministas la sexualidad está excluida. Supongo que hasta el mundo feminista entiende que la liberalidad con que se expresan -tantas veces soez- los escritores, los medios de comunicación, los participantes en los programas televisivos, profesores y políticos, significa que no hay misterio ni secreto que las mujeres y los hombres ignoren sobre tal actividad humana.
Y veo,  triste y espantada, que la principal fuente de información sexual para los jóvenes, niños casi, es la pornografía. Difundida hasta la náusea por revistas y películas tiene sobre todo su soporte en Internet.
Ya en aquellos primerizos años, el Partido Feminista llevó adelante una oposición activa a la legalización de la pornografía, que comenzaba a inundar las salas de cine. No podíamos imaginar el vehículo digital. Pero sí sabíamos que la pornografía está basada en el desprecio hacia la mujer. En sus horribles productos, los hombres disfrutan impunemente de cuerpos femeninos para obtener orgasmos rápidos con prácticas agresivas y hasta crueles.
Mis discusiones con el pornógrafo más respetado de aquellos tiempos en los medios de comunicación Román Gubern, que pontificaba diariamente sobre la bondad de la pornografía, no evitaron que ya no se haga distinción entre el erotismo y la pornografía, y que los cultos, sabios, modernos y posmodernos especialistas del sexo, tacharan a las feministas de pacatas, ñoñas, reprimidas, dominadas por la moral católica, y otras lindezas semejantes. Alguno supongo que también afirmó que estábamos mal jodidas, como acusaban los estudiantes franceses del 68 a las feministas que comenzaban a plantear sus reivindicaciones. Hasta que éstas sacaron un enorme cartel que colgaron en los balcones de la Universidad de Nanterre que decía “Todas estamos mal jodidas”. Parece que indujo al silencio a más de uno.
Y esto es lo que deberíamos divulgar hoy, cincuenta años más tarde. Las nietas y bisnietas de las “soixante-huitards” siguen estando mal jodidas. Y pueden plantear las mismas quejas que sus antepasadas. Desapego, impaciencia, brusquedad y egoísmo que en tantas ocasiones rigen en los varones la relación de cortejo, seducción y consumación del acto sexual. Con una absoluta indiferencia hacia la sensibilidad, ignorancia o retardo de su compañera.
Los agresores de la Manada, los jovencitos de las últimas violaciones en Málaga, en Vitoria, en Cádiz, explican que la pornografía es su vademecum que les guía desde la absoluta ignorancia adolescente a la realización de las fantasías que abonan las imágenes que se transmiten a velocidad astronómica por las pantallas de ordenadores y de móviles. Imágenes de violaciones, maltrato, exhibición de los cuerpos y de los coitos. Humillación de las mujeres y triunfo machista de los varones.
El desprecio hacia la mujer en estos tiempos está siendo movido por las potentes empresas de pornografía, que tienen el mejor mercado: la rijosidad y la incultura de los jóvenes. Parece que la información sexual que se imparte en las diversas escuelas es incompleta, vergonzante, y destinada sobre todo a evitar embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Y nada sobre el complejo proceso de realizar un amor placentero, sofisticado y respetuoso con su compañera.
Si ellas se atrevieran a plantear sus deseos y exigencias, ¿estarían hoy calificadas por sus compañeros de cama como reprimidas y ñoñas o los jóvenes aprenderían a aceptar verse en la imagen que ellas transmiten?
¿Aprenderían a moderar sus impaciencias, a controlar su testosterona y a disfrutar del más refinado placer de ir descubriendo los secretos de la capacidad más misteriosa y placentera del ser humano, que es la sexualidad?
¿A qué ha llevado esa proliferación de imágenes  destinadas únicamente a exhibir cuerpos hermosos de mujeres, que son utilizados groseramente por los hombres? A aumentar el consumo de prostitución y de agresiones sexuales. A creer que el placer sexual se puede comprar o alquilar como practican los prostituidores. A entender la sexualidad como violencia y no como sensibilidad, ingenio y habilidad.  Si la sexualidad masculina se satisface con cuatro prácticas elementales, ¿para qué detenerse en el cortejo, en las insinuaciones eróticas, en las caricias previas y en los diálogos excitantes? Como algunas especies animales, se va al coito rápidamente y tan contentos.
Pero no todas las especies animales son tan bruscas, en algunas el cortejo lleva muchas horas de exhibición de sus cualidades, de sus características especiales, de sus adornos y belleza. De cantos especiales que embelesan en el ruiseñor, de frotamientos repetitivos y extenuantes en el grillo, del zureo de las palomas, de la exhibición de las plumas del pavo real. Y los juegos de los homínidos, variados e ingeniosos: frotando hojas para hacer ruido y llamar la atención, jugando con ramas, practicando el sexo oral.
Y ahora son los hombres los que imitan a los más rudos y elementales de sus antepasados.



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O científica o madre: la campaña que visibiliza las injusticias laborales de las mujeres científicas (Video)


Por Azucena Martin
Gracias a un vídeo lanzado en colaboración con Change.org, estas cuatro científicas han podido dar a conocer su historia, animando a otras mujeres en su situación a contar sus casos personales.
El pasado mes de marzo, María de la Fuente, licenciada en farmacia y doctora en tecnología farmacéutica y nanomedicina, lanzaba en la plataforma Change.org   una petición dirigida al Instituto de Investigación Carlos III, para que dicho centro acabara con la discriminación laboral que sufren las mujeres por el simple hecho de ser madres.

Hoy lanzamos la campaña : cuatro investigadoras dan su testimonio en vídeo sobre cómo la maternidad las ha penalizado. Sienten que deben elegir entre su carrera o su decisión de tener hijos. ¿Te sientes identificada? Cuéntalo usando el hashtag
Ahora, junto a otras tres investigadoras españolas, y en colaboración de nuevo con Change.org, ha iniciado también la campaña #oCientíficaoMadre con la que se pretende dar visibilidad a todas aquellas mujeres dedicadas a la ciencia para las que la maternidad ha interferido negativamente en su carrera.
Muchos casos que contar
En el vídeo, que fue estrenado este jueves 16 de agosto, María de la Fuente, Carmen Agustín, Ana Isabel González-Tablas y Diana de la Iglesia comparten cómo se vieron afectadas sus carreras laborales por la maternidad.
María de la Fuente, después de posponer su primer embarazo más de lo que hubiese deseado, tuvo a sus dos hijos con 35 y 37 años. Eso le supuso un total de 13 meses de baja, ha dicho en entrevista vía telefónica con Hipertextual. Pasado ese tiempo, al acudir a una evaluación obligatoria de sus méritos de cara a continuar con su puesto laboral y promocionar, le contaron dicho periodo como tiempo trabajado, por lo que se vio seriamente en desventaja con respecto al resto de sus compañeros.
Igualmente dramática resulta la historia de Diana de la Iglesia, ingeniera informática y doctora en inteligencia artificial. Como relata en el vídeo, se quedó embarazada seis meses después de finalizar su tesis doctoral, tras decidir que era el mejor momento para conciliar la maternidad con su carrera profesional. Sin embargo, tuvo que abandonar el proyecto de investigación en el que se encontraba por no poder compatibilizarlo con el cuidado de su bebé.
Ana Isabel González-Tablas, ingeniera de telecomunicaciones y doctora en ingeniería informática, decidió esperar hasta que su primera hija tuvo 10 meses para realizar una estancia de investigación post doctoral. Sin embargo, no pudo optar a las ayudas para la movilidad ofertadas por su universidad por no haber defendido la tesis en los cuatro años anteriores al último día de la presentación de la solicitud. Durante ese periodo había sido madre y sólo lo excedía por 15 días, pero no se le tuvo en cuenta.
En cuanto a Carmen Agustín, bióloga y doctora en neurociencias, hasta los 38 añosno se planteó la maternidad, ya que sólo había dispuesto de contratos precarios de corta duración, acompañados de varias mudanzas al extranjero.
Puedes ser lo que quieras, ¿seguro?
“Se están llevando a cabo muchos esfuerzos por crear vocaciones científicas en las niñas, pero eso no sirve de nada si luego se encuentran con este problema”, aseguró María de la Fuente a este medio, y añadió: muchas mujeres en formación que trabajan en mi laboratorio están aprendiendo que, llegado el momento, tendrán que elegir si quieren ser madres o seguir con su carrera.
Además, apuntó, si bien cada vez hay más mujeres científicas trabajando en centros de investigación, a medida que se asciende a cargos más elevadosaumenta la proporción de hombres notablemente. Esto es lógico si no se tienen en cuenta las bajas por maternidad a la hora de evaluar los méritos de cara a un ascenso de categoría. Coinciden con ella Carmen Agustín y Ana Isabel González-Tablas, quienes también añadieron que muchas mujeres tampoco ascienden a puestos más elevados porque no se creen que sean capaces de hacerlo.
Pero la penalización a la hora de obtener un ascenso no es el único problema al que se enfrentan las investigadoras. Como explica González-Tablas, las mujeres que trabajan en investigación se enfrentan a diario a tareas que dificultan mucho el cuidado de los hijos. “Se trata de un trabajo muy personal, que difícilmente puede sustituir otra persona”, aseguró al otro lado del teléfono. “Terminas llevando trabajo a casa y sacrificando tu tiempo libre y tu vida personal”.
El peligro de retrasar la maternidad
Tanto estas como otras científicas se han visto con la necesidad de posponer su maternidad hasta la llegada de un poco de estabilidad a su vida. Carmen Agustín, por ejemplo, ha contado a Hipertextual que ella ha tenido que posponer la maternidad hasta los 38 años, coincidiendo con la firma de su contrato más largo, de cinco años. ¿Pero hasta cuándo es viable posponerlo?
No se puede luchar contra la biología. Tener hijos a partir de ciertas edades no sólo resulta mucho más complicado, sino que, además, puede ser bastante peligroso.
Como señala la doctora Anna Veiga, del centro Dexeus Mujer, en su libro “Ser madre a los 40 (y más allá)”, a partir de los 35 años, la reserva ovárica disminuye y los óvulos que quedan son de peor calidad. Esto hace muy difícil alcanzar el embarazo natural e incluso disminuye las probabilidades de éxito de la fecundación in vitro, que disminuyen hasta un 15-18% en mujeres de 40 o 41 años.
También aumentan los casos de abortos y de recién nacidos afectados por trastornos cromosómicos, como el síndrome de Down. ¿Es realmente necesario enfrentarse a estos riesgos por esperar una estabilidad laboral cuya fecha se desconoce?
Un problema injustamente normalizado
El objetivo de esta campaña es dar a conocer un problema del que no se habla por estar totalmente normalizado. Nadie ve como algo extraño que se deba retrasar el momento de tener el primer hijo o que haya que trabajar durante periodos que están establecidos por ley para la dedicación a la maternidad.
Tanto María de la Fuente como Carmen Agustín y Ana Isabel González-Tablas coincidieron en sus declaraciones a este medio sobre que este es un problema de todas las mujeres que se dedican a la ciencia y de las que trabajan en otros ámbitos. Por eso, animan a todas las científicas a contar su experiencia en redes sociales a través del hashtag #oCientíficaoMadre y a las profesionales de otros sectores a alzar también la voz.
En sólo un día el hashtag cuenta ya con más de 600 tweets y miles de personas conocen la historia de estas y tantas otras mujeres, que lo único que desean es no tener que elegir entre sus hijos y su carrera. Al fin y al cabo, los hombres no suelen tener que hacerlo.



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Indignación y hartazgo de la Plataforma Trans ante las agresiones por motivos de identidad y expresión de género

Por Redacción Tercera Información
Según ha denunciado la Fundación Triangulo en sus redes y a los medios, esta sería la “tercera agresión a mujeres trans”, que se produce en la ciudad en los últimos cuatro meses.
El pasado jueves tuvo lugar una nueva agresión a una mujer trans  por parte de cuatro jóvenes que atacaron a la víctima causándole arañazos y algunos moratones, sobre todo en el rostro. Según fuentes policiales, los hechos se produjeron por la tarde en la calle Irlanda, en el barrio de Los Fratres cerca del Palacio de Congresos, y la víctima interpuso una denuncia en la Comisaría de la capital cacereña por la noche.
Según ha denunciado la Fundación Triangulo en sus redes y a los medios, esta sería la “tercera agresión a mujeres trans”, que se produce en la ciudad en los últimos cuatro meses.
Hace a penas unos días, se produjo otra agresión en la ciudad de Valladolid, que aun mantiene inconsciente a la victima en la UCI del Hospital Río Hortega.
Madrid, Andalucía, así como otras comunidades han sido el escenario también de recientes agresiones a personas trans, por motivo de identidad y expresión de género.
Nuestro país también ha vivido en los últimos años el “suicidio” de adolescentes trans, una campaña de odio transfóbica por la organización ultra católica “Hazte Oír”, con la impunidad del estado, gozando de la consideración de “utilidad pública”.
La Federación de asociaciones trans del estado español, “Plataforma Trans”, considera alarmante esta escalada de odio y agresiones y denuncia la falta de un “marco jurídico” que proteja el derecho a la libre determinación de la identidad y expresión de género. En este sentido queremos trasladar la responsabilidad de la formación morada Unidos Podemos, que dio registro el pasado 23 de febrero a una propuesta de Ley Trans Integral de ámbito estatal, impulsada por la Plataforma Trans y que en todo el pasado periodo  legislativo, no ha llevado al Congreso para su trámite parlamentario. Así mismo, recordamos al gobierno liderado por Pedro Sánchez, que ha de retirar la consideración de utilidad pública a “Hazte Oír” y que apoye el trámite parlamentario de la Ley Trans Estatal, ya registrada.
“Que las personas trans, hayamos sido las peores mal tratadas por la dictadura, convierte al estado en deudor y reparador de esta grave situación que hemos vivido durante décadas, no podemos ser las olvidadas de la democracia”, declara Mar Cambrollé, presidenta de la Plataforma Trans. “La consideración de personas en igualdad de condiciones, no es posible, con “poses”, declaraciones bien sonantes o “compromisos” incumplidos. Es la hora y el momento de la responsabilidad política que lleve a la reparación social del colectivo trans, necesitamos que se dé trámite URGENTE a la propuesta de Ley Trans Estatal” concluye Cambrollé.




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20 años de chistes contra Monica Lewinsky: ¿por qué nunca nos reímos de él?


“Los chistes acaban confeccionando nuestra identidad y nuestra visión del mundo, del mismo modo que lo hacen las ideas políticas o cualquier otro tipo de convicción”
Por: Eduardo Espluga
El 17 de agosto de 1998, Bill Clinton comparecía en televisión para admitir su relación con Monica Lewinsky.
“En efecto, tuve una relación con la señorita Lewinsky que no era apropiada. En realidad, fue un error. Constituyó un muy grave error de juicio y una falta personal por mi parte, de la cual soy total y únicamente responsable”.
El “affaire” se había destapado en enero, pero durante meses el entonces Presidente de los Estados Unidos había tratado inútilmente de ocultar el escándalo. En agosto, cuando decidió pedir perdón en público, su relación con “la becaria” ya se había convertido en algo así como un clima cultural. Además, para gran parte de los ciudadanos estadounidenses, Monica Lewinsky había mutado en un demonio seductor e hipersexualidado, que habría coaccionado a Bill Clinton con sus encantos. Incuso referentes feministas como Betty Friedan cargaron contra ella.
Lewinsky pasó a ser la “puta” y “la gorda”, porque no solamente se la juzgaba por su relación, sino también por su físico: parte de la ira con la que la sociedad americana arremetió contra ella tenía que ver con lo inapropiada que resultaba Lewinsky como amante. Donahue cuenta que su propio padre estalló en lamentos en el comedor de casa: “¿ella? ¿Por qué ella? Es el Presidente de los Estados Unidos, podría haber elegido a quien quisiera. ¡Pero ella!”

La industria del espectáculo ha cargado sistemáticamente contra los más vulnerables, sin mostrar ningún tipo de empatía por el daño que estaban haciendo.

Sin embargo, los ataques no se limitaron a la intimidad de las casas. En televisión, las bromas contra Lewinsky se convirtieron en un género propio. “¿Sabéis quien estuvo en la fiesta de Vanity Fair?”, preguntaba Jay Leno en The Tonight Show, “Monica Lewinsky. Estaba sentada justo a mi lado. Yo estaba en la mesa 14 y ella bajo la mesa 12”. El nombre de Lewinsky se convirtió en sinónimo de felación. Los humoristas repetían una y otra vez las mismas bromas infantiles, y con el paso de los años la fijación seguía intacta. “hoy Monica Lewinky cumple 28”, empezaba David Letterman en su show, “parece que fue ayer cuando estaba arrastrándose por el suelo del Despacho Oval”.
Estos chistes han seguido repitiéndose durante 20 años, dentro y fuera de Estados Unidos. Mientras Monica Lewinsky llegaba a pensar incluso en suicidarse,  los humoristas de todo el mundo continuaban humillándola alegremente. Es por ello que su caso ejemplifica brutalmente lo que Hannah Gadsby denuncia en ‘Nanette’: cómo la industria del espectáculo ha cargado sistemáticamente contra los más vulnerables, sin mostrar ningún tipo de empatía por el daño que estaban haciendo.
“¿Sabéis quién solía ser un blanco fácil? Monica Lewinsky.” Quizá, si los cómicos hubieran hecho bien su trabajo, y se hubieran  burlado del hombre que abusó de su poder, a lo mejor hoy tendríamos a una mujer de mediana edad con suficiente experiencia en la Casa Blanca, en lugar de un hombre que ha admitido sin problemas agredir sexualmente a mujeres jóvenes vulnerables porque podía.”
No hay nada de “políticamente incorrecto” en hacer humor con Monica Lewinsky. Más bien al contrario: los últimos 20 años demuestran que atacarla ha sido la norma. Lo verdaderamente transgresor, como señala Gadsby, habría sido bromear contra el Presidente, y no precisamente para celebrar su promiscuidad —como pasaba con la gran mayoría de los 1.451 chistes sobre Bill Clinton que, según un estudio,  se habían hecho en menos de un año—.
La dirección en la que se ejerce el humor es siempre muy importante (los de arriba contra los de abajo, los poderosos contra los vulnerables), pero la reflexión de Gadsby va más allá y nos obliga a preguntarnos cómo las bromas acaban confeccionando nuestra identidad y nuestra visión del mundo, del mismo modo que lo hacen las ideas políticas o cualquier otro tipo de convicción.
Por supuesto, en veinte años han cambiado muchas cosas. David Letterman (y tantos otros comediantes) se han disculpado públicamente con Lewinsky. El caso ha sido interpretado retrospectivamente a la luz del #Metoo, a pesar de que ella defendió que el sexo fue consentido: la diferencia de posición (y las consecuencias del acto) fueron tan enormes que tiene sentido hablar de abuso de poder. Además, la propia Monica Lewinsky se ha convertido en una importante figura pública en la lucha contra el acoso y el bullying.
Sin embargo, muchas otras cosas no han cambiado. Bajo el argumento de la libertad de expresión se utiliza la comedia como una herramienta para agredir y humillar a determinadas personas y, todavía hoy, veinte años después, en el imaginario colectivo Lewinsky sigue siendo —siempre entre risillas— la becaria que se acostó con Bill Clinton.

Por Eduardo Espluga

Masculinidad & Feminismo: Un hombre puede –y debe– ser feminista



http://tomasee.blogspot.com

Repensando desde donde ubicarse y relacionarse los hombres con el feminismo.

 Sí. Un hombre puede –y debe– ser feminista. Por supuesto, debemos serlo en el marco que entiende al feminismo como una lucha por la igualdad para mujeres y hombres, erradicando la opresión, la explotación y el sexismo que ellas llevan sufriendo histórica, social y culturalmente a lo largo de los siglos. Pero debemos hacerlo desde la posición que nos corresponde: un papel secundario en una lucha que jamás debemos liderar ni pretender comprender del todo –porque no hemos vivido en nuestras carnes lo que significa ser mujer–, en la que debemos trabajar de forma activa no para ser vistos ni aplaudidos por nuestra descubierta sensibilidad, sino para reconstruirnos a nosotros mismos desde el feminismo, entendiendo que es un proceso que jamás estará completo, porque estaremos constantemente aprendiendo.

De ahí que el hecho de ser feministas no nos convierte ni de cerca en líderes de opinión ni en cabecillas del feminismo. Sería lo mismo que una persona heterosexual pretendiese liderar las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ… ¡Imposible! Primero, porque a pesar de su magnífica sensibilidad y empatía, jamás sabrá lo que es sentir miedo de decir “te quiero” o “me gusta esa persona”, o de ir de la mano por la calle con la persona que quiere sin preocuparse por el sitio, la hora o si hay más gente o no; segundo, porque jamás ha sentido ni vivido dentro de su cuerpo las sensaciones, pensamientos o emociones de una persona del colectivo, que no es que sean distintas, pero muchas se viven de forma diferente; tercero, porque no ha sentido la presión de ocultarse o de esconder sus sentimientos… Y podría seguir, pero creo que queda claro el concepto: podemos ser feministas, pero como aliados de la causa; con la idea certera y convencida de que somos apoyo en una lucha que, si bien nos interesa y nos beneficia como personas y como sociedad, no es nuestra y nunca lo será. Al menos no en exclusiva.

Los hombres tenemos algunas ventajas adquiridas simplemente por el hecho de ser leídos socialmente como hombres, por mucho trabajo de equidad que se esté haciendo desde distintos ámbitos de la sociedad. Todavía recuerdo el impacto que me provocó el testimonio de un hombre trans que, desde que comenzó a hormonarse con testosterona, ya no sentía miedo al ir por la calle de noche, porque el temor a una violación se desvanecía simplemente por el hecho de ser hombre. Eso nos demuestra la inmensa labor que tenemos por delante.

Esos privilegios de los que hablábamos podemos constatarlos en muchas experiencias: más libertades para chicos que para chicas, que ellas deben cuidarse más y ser más delicadas, no porque necesariamente lo sean, sino porque es lo que se supone que deben ser; más peligros para ellas en un sistema que permite sin pudor la cosificación de las mujeres, su explotación sexual, donde la prostitución está instaurada como una institución y que, además, es incapaz de erradicar la mutilación, la violencia, el asesinato sistemático, el acoso sexual, entre otras. Pero también se ve en el entorno laboral, en el universitario, en las salidas profesionales, en las carreras escogidas, en el cine, la televisión, los museos, la literatura… Y también lo palpamos en la sociedad y en esos arraigados estereotipos que persisten pese a todos los esfuerzos.

Sobre todo quedan en evidencia en la negación del machismo vigente, en la simulada ignorancia de quien dice no comprender la importancia del lenguaje, de los comportamientos sociales, de la publicidad y de los medios de comunicación en todo esto. Y más visibles son esos privilegios cuando hay personas que hablan de feminazismo como una corriente real, o de la imposición de la ideología –o últimamente también llamada dictadura– de género, una idea aberrante que no hay cómo cogerla, difundida con la única intención de minar, despreciar y desdibujar el motivo por el que estamos aquí: el fin de la opresión machista y del heteropatriarcado.

¿Suena apocalíptico? Seguro que más de alguien ha sentido correr un sudor frío por la espalda. Pero, si quitamos el populismo barato y la visión terrorífica de este motivo que nos ocupa, nos quedamos con algo que realmente no debería tener ningún tipo de contestación: la igualdad y el respeto a los demás sin importar su origen, su expresión, su ser. Es decir, una sociedad en la que los seres humanos tengamos las mismas oportunidades y derechos. Es así de sencillo.

El primer paso para ser un hombre feminista, entonces, es aprender que la lucha no es nuestra y apoyarla. Después, vendría el largo y eterno proceso de desaprender los estereotipos, deshacerse de los privilegios y de enfrentarse a todo lo que se supone y se espera de nosotros por el simple hecho de ser hombres. Y el camino para conseguirlo está precisamente al lado de las mujeres, aprendiendo de ellas y, a través del cuestionamiento interno y compartido, replantearnos todo el sistema vigente para construir uno más equilibrado e igualitario.







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sábado, 18 de agosto de 2018

La libertad de las putas


Por Anita Botwin
Por Anita Botwin

Algunas voces hablan de libertad a la hora de decidir sobre nuestros cuerpos. Normalmente esas voces se centran en hablar sobre nosotras en materia de prostitución, cosificación y pornografía. Muchas de esas voces jamás tendrán que usar sus cuerpos para pagarse un plato de comida. Especialmente porque muchas de esas voces provienen de hombres blancos, heteros y privilegiados.
No podemos hablar de libertad si existe un intercambio monetario de por medio. ¿Acaso existe libertad en gran parte de los trabajos precarios de este y otros países? No creo que alguien si pudiera elegir estaría currando en un McDonalds voluntariamente, como si de una ONG se tratara. ¡Me encanta el Mcflurry, no me importa trabajar 12 horas como un esclavo, yupi!
Es curioso que podamos verlo más claro y entenderlo cuando se trata de trabajos que compartimos hombres y mujeres y que no tienen que ver con los cuerpos femeninos como moneda de cambio. En los que puedes dar la vuelta a una hamburguesa sin necesidad de que nadie te viole –por muy esclavo que sea el trabajo-.
EL SEXO LE GUSTA A CASI TODO EL MUNDO Y NO POR ELLO TIENES QUE SUFRIR EXPLOTACIÓN PARA DISFRUTARLO
Ellas tienen libertad de elegir, dicen. Una mierda. Ellas prefieren follar a limpiar escaleras, dicen. Ellas, ellas, ellas. Ellas sólo tratan de salir adelante, como la mayor parte de las mujeres de este planeta. ¿Creen que quieren aguantar a cerdos que abusan de ellas en el mejor de los casos? Es que a algunas les gusta el sexo, dicen. Claro, el sexo le gusta a casi todo el mundo y no por ello tienes que sufrir explotación para disfrutarlo.
Es el oficio más antiguo del mundo, dicen otras voces. Claro, por eso precisamente vamos un poco tarde para abolirlo. También las guerras, la tortura, la esclavitud la muerte de miles de personas por hambre son antiguas como la vida misma y no por ello estamos a favor de regularlas.
Es que hay hombres que, pobrecillos, de otra forma nunca podrían follar y sería mucho peor. MUCHO PEOR. Para estas personas la prostitución existe para evitar posibles violaciones. En lugar de no educar en la violación, se da por sentado y ya que existe, vamos a hacer todo lo posible para que los pobres violadores no cometan ningún delito y se desahoguen con mujeres prostituidas. Porque en las mujeres, pobrecillas, las que no se comen un rosco, ¿a quién les importa? Ellas no dan beneficios si no son putas.
La realidad es que este negocio mueve diariamente cerca de 10 millones de euros en nuestro país, unos 3.500 millones al año, que representan un 0,35% del PIB. No es posible que hablemos de libertad cuando se trata de un mercado que mueve tantísimo dinero y en el que la mayor parte de las putas ejercen en contra de su voluntad. ¿Qué libertad es esa?
Es que ya que trabajan, tendrán que luchar por sus derechos y tener sanidad y cotizar. Este suele ser el argumento más escuchado de los y las regulacionistas. Ejemplos como el alemán o el holandés nos hablan de fracaso a la hora de legalizar la prostitución. Sin ir más lejos, la ley de 2002 de Alemania ha hecho que aumenten los grandes prostíbulos y prácticas como la ‘tarifa plana’ de sexo (sexo con varias personas a un precio fijo). Algo así como minutos ilimitados en el móvil. Eso es lo que valemos.
La prostitución no es una salida laboral para las mujeres libres, sino para las mujeres pobres, y regularla no es más que normalizar una opción precaria más en un mercado neoliberal en el que no existen derechos de ningún tipo. La libertad deja de existir en el momento en el que un hombre paga a cambio de un producto –mujer– para someterla y ejercer su poder sobre ella.
Un abuso sexual no se transforma en un empleo por el mero hecho de que se pague una cantidad de dinero. Normalizar la práctica de la prostitución no ayudará en absoluto a construir sociedades libres, igualitarias y por supuesto, feministas.


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