lunes, 11 de diciembre de 2017

Políticas contra la basura plástica en los océanos, se buscan



Manipadma Jena
IPS







Erik Solheim participa en la mayor limpieza de la historia de la playa de Versova, en la ciudad india de Mumbai, en octubre de 2016. Crédito: ONU Medio Ambiente.




NAIROBI, 4 dic 2017 (IPS) - “La voluntad política es la clave del éxito en la lucha contra la contaminación de los océanos”, indicó Erik Solheim, director de ONU Medio Ambiente (OME), al frente de la campaña contra la basura plástica de mares y océanos, la escorrentía agrícola y los vertidos químicos, en diálogo con IPS.
“Se trata de construir capacidades para una gobernanza fuerte y para fortalecer el liderazgo político en estos asuntos”, subrayó Solheim, exministro de Ambiente y Desarrollo Internacional de Noruega, días antes de la Asamblea de OME, que comenzó este lunes 4 y se extenderá hasta el miércoles 6, en su sede de Nairobi.
“Uno de los grandes cambios ha sido comprender el tema (de la contaminación marina) y darse cuenta que hay que hacer frente a un problema extremadamente serio. Por eso comenzamos a ver varias iniciativas”, indicó.
“A escala comunitaria, hay equipos de limpieza que realmente hacen un trabajo extraordinario llamando la atención sobre el problema”, indicó.
“También vemos al sector privado tomar medidas serias. Por ejemplo, Dell cambia su envasado. Ciertas cadenas nacionales e internacionales cambian sus prácticas, por ejemplo, usando papel en vez de plástico o eliminando sorbitos de plástico”, añadió.
“Luego está la acción de gobiernos. Algunos países prohibieron los microplásticos y otros las bolsas plásticas. Kenia, Ruanda y Bangladesh, por ejemplo, son líderes reconocidos en la lucha contra la contaminación plástica”, añadió.
“Eso apunta a una mayor comprensión del problema de la basura marítima y a la decisión de tomar medidas concretas. Por último, el problema está río arriba. Necesitamos que la industria cambie. Necesitamos que la gente ejerza su poder como consumidores”, indicó Solheim.
La “economía política de la contaminación es cuando grupos de presión interesados se benefician externalizando los costos de producción y descargando desperdicios no deseados al ambiente. Legisladores contra el plástico se enfrentan a una industria plástica, que moverá unos 654.000 millones de dólares en 2020”, explicó Joachim Spangenberg, del alemán Centro Helmholtz de Investigación para el Ambiente.
Dow Chemicals, Du Pont, BASF, ExxonMobil y Bayer son actores clave del sector, por ejemplo.
Los gobernantes tienen el poder de hacer frente a la “economía política” de la contaminación, opinó .



Director ejecutivo de ONU Medio Ambiente, Erik Solheim. Crédito: ONU Medio Ambiente.


Los malos hábitos alimentarios atentan contra posibles beneficios de los océanos


De seguir todo igual, entre 2010 y 2030, la economía oceánica podría duplicar su valor global a tres billones (millón de millones) y crear 40.000 millones de puestos trabajo, según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de 2016.
El crecimiento de la economía oceánica se debe a industrias tradicionales y emergentes, alimentos marinos, energía, transporte, minerales, medicamentos, turismo e innovaciones.
El impacto sobre la salud oceánica reducirá sus posibilidades de crecimiento.
“Necesitamos que los gobiernos hagan pagar a los contaminadores, y esforzarnos más para reciclar, reutilizar y gestionar los desperdicios. La solución es, primero, impedir que la basura termine en el océano”, subrayó Solheim, en diálogo con IPS.
La contaminación de los desperdicios plásticos en los océanos cuesta 8.000 millones de dólares.
“La contaminación por desperdicios plásticos vertidos en el océano le cuesta al mundo por lo menos 8.000 millones de dólares al año, pero es una estimación subestimada teniendo en cuenta las consecuencias acumuladas a largo plazo”, dijo el director de OME.
Entre 4,8 millones y 12,7 millones de toneladas de desperdicios plásticos llegan al océano cada año, 80 por ciento de las cuales procedentes de fuentes terrestres a causa de la inadecuada gestión de la basura.
La producción de plástico aumenta entre cuatro y cinco por ciento al año, según el Instituto Worldwatch.
La contaminación está en todas partes, aun en una diminuta isla inhabitada del océano Pacífico, sin contacto humano, tenía 18 toneladas de plásticos, y también se encontraron a unos 11 kilómetros de profundidad, el punto más profundo del océano en la fosa de las Marianas, subrayó.
Distintas fuentes terrestres vierten la mayor parte de desperdicios y contaminantes a los océanos y las aguas costeras, la mayoría a través de los ríos. La agricultura y la agroindustria, la pesca, la acuicultura, el sector petrolero, las aguas vertidas, el empaquetado, las industrias extractivas y farmacéuticas son las principales fuentes.
En las regiones costeras, donde vive 37 por ciento de la población mundial, la basura plástica puede ser responsable de atrofiar el desarrollo neurológico, causar enfermedades cardíacas y renales, así como cáncer, esterilidad y trastornos hormonales.
Algunas de las consecuencias menos conocidas de la ingestión de microplásticos (de menos de cinco milímetros) en las criaturas marinas puede afectar la fertilidad femenina y hacer crecer tejido reproductivo en los peces machos, causando su feminización.
Los químicos de los plásticos causan trastornos de la tiroides en las ballenas, cáncer de hígado y disfunciones endocrinas, señala el informe de contaminación de OME de este año.


¿Por qué demoran en aprobarse políticas contra los microplásticos?



“Se trata de presentar la acción ambiental de forma positiva y constructiva. Tenemos que dejar de verlo como un costo o un sacrificio, sino como una oportunidad para la salud y beneficios para la economía y el planeta”, explicó Solheim.
El gobierno de Kenia prohibió hace poco las bolsas de plástico. “Inevitablemente, hubo quejas de algunos fabricantes, pero tenemos que considerar los beneficios de cambiar a un empaque más sostenible”, recordó.
“Existen beneficios para el turismo, pues nadie quiere hacer un safari y ver bolsas de plástico volando en la sabana o pasar las vacaciones en playas llenas de plástico. También hay beneficios para la cadena alimentaria”, añadió.
“Hacer frente a la contaminación se ha asociado con un costo no deseado para la industria y una desventaja para el crecimiento económico”, reconoce Solheim en su “Visión para un planeta libre de contaminación”, antes de la Asamblea de la OME.
“Pero ahora está claro que el desarrollo sostenible es la única forma de desarrollo que tiene sentido, incluso en términos financieros y económicos”, añadió.
“Si no se toman medidas, nos encaminamos hacia el último costo: la destrucción de nuestros océanos. Es más barato prevenir la contaminación ahora que limpiar en el futuro”, dijo a IPS.
Hacer que los países miembros de la OME prioricen el tema de la basura plástica en los océanos está en la agenda de la Asamblea de la organización, en la que participan los jefes de Estado y de gobierno de los 193 estados miembro, ministros de Ambiente, gerentes de compañías, científicos de la NASA, activistas y artistas con el fin de fijar compromisos para la protección del ambiente.


Traducido por Verónica Firme




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Entre las luchas feministas y las respuestas conservadoras

Luchas feministas & Conservadurismo

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Mariano Schuster
http://nuso.org/

Entrevista a Maxine Molyneux

La nueva oleada de movimientos feministas sacude al mundo entero. Los reclamos y las luchas de las mujeres generan, sin embargo, una respuesta retrógrada de sectores que critican lo que llaman “ideología de género”. En esta entrevista, la socióloga Maxine Molyneux explica en qué consisten las demandas del feminismo contemporáneo, repasa su relación con las corrientes políticas de izquierda, desmenuza las críticas realizadas por sectores religiosos y conservadores, y analiza el papel asumido por los varones en este momento histórico de luchas por la igualdad.

-¿Cuál es su perspectiva sobre esta nueva ola de feminismo que ha llevado a las mujeres a las calles a reclamar por sus derechos y a plantear cuestiones de género en la agenda pública tal como lo expresan movimientos como “Ni una menos” o “Million Women Rise”?.

El feminismo ha adquirido una nueva dinámica con una revitalización de los movimientos de protesta en todo el mundo. Una nueva generación de activistas sale a la calle para pedir el fin de la discriminación social y la violencia contra las mujeres. Además de las grandes manifestaciones contra la violencia de género en América Latina con la campaña Ni Una Menos, la Marcha de las Mujeres en enero de este año y la actual campaña mundial Million Women Rise (Millones de Mujeres se Ponen de Pie), hemos visto protestas callejeras similares en otros lugares, por ejemplo en la India e incluso en Afganistán, después de brutales asesinatos de mujeres. Hace muy poco estuvo la campaña viral Me Too (Yo también), notable por la fuerte reacción de los medios a las acusaciones de abuso sexual y violación contra figuras prominentes, incluidos algunos parlamentarios británicos, actores y el magnate del cine Harvey Weinstein. Sin embargo, no ha pasado inadvertido que Weinstein ha sido despojado de sus honores, mientras que Donald Trump, que se jactaba de agredir sexualmente a las mujeres, no solo ganó la presidencia de los Estados Unidos, sino que, por ahora, ha eludido la censura. Este momento es significativo por varias razones. 

Marca una nueva fase en el feminismo, en el que las mujeres jóvenes se enfrentan a los límites de los diversos cambios sociales y legales de las últimas décadas que pensaron que les brindarían iguales oportunidades. Las niñas tienen a menudo un mejor rendimiento que los niños en la escuela y las mujeres se destacan en la universidad; esperan tener sus propios ingresos y ser tratadas con respeto. Pero ven que muchas de las viejas estructuras y actitudes discriminatorias todavía están vigentes, con amplias brechas salariales de género, peores perspectivas de promoción y, en sus casas, todavía realizan la mayor parte del trabajo de cuidado. En la vida cotidiana prevalece el doble estándar en las costumbres sexuales, la cultura popular todavía menosprecia la igualdad femenina, los hombres ocupan los puestos clave de poder y autoridad y sufren pocas sanciones por acoso sexual, incluso por abuso sexual y violencia. No es para sorprenderse que las mujeres estén enojadas. Para las jóvenes feministas, estas protestas son significativas como expresiones de una nueva solidaridad que colectiviza las experiencias negativas que frecuentemente soportan solas y en silencio: una vez que estas cuestiones se identifican como problemas sociales, requieren atención y acción.

-En el marco de estas manifestaciones, también se han conseguido nuevos derechos para el movimiento de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Queer e Intersexuales (LGBTQI) cuya presencia en las calles ha sido importante. ¿Existe una relación directa entre el feminismo y este movimiento? 

Se trata, claramente, de dos movimientos separados, pero desde el comienzo del feminismo de la segunda ola, ha habido algunos puntos de conexión y solidaridad entre feministas y homosexuales, luego activismo LGBTQI. Comparten una oposición común a las normas, leyes y prácticas prescriptivas que derivan de una concepción inmutable de la sexualidad y los roles / relaciones de género a menudo vistos como ordenados por la biología y / o la religión. En cambio, las y los activistas LGBTQI y feministas tienden a ver estas relaciones como influidas poderosamente por las instituciones, las normas y las prácticas sociales, a través, por ejemplo, de las políticas estatales, las leyes, la cultura y la religión. Comparten una crítica de los aspectos discriminatorios y perjudiciales de estas normas, y apoyan las luchas por reformas legales que extienden los principios de los derechos humanos de igualdad y respeto por la diferencia. Esto ha implicado luchas compartidas por el cambio cultural, así como por el cambio legal para eliminar leyes discriminatorias y opresivas, y para proporcionar protecciones adecuadas a quienes las necesitan.

-Frente a la nueva ola de batallas feministas, ha aparecido un sector muy crítico que ha condenado lo que denomina como “ideología de género”.

Se trata de sectores de derecha, muchos de ellos vinculados a los elementos más reaccionarios de la Iglesia Católica y a otros credos, que afirma que el feminismo intenta borrar lo que ellos denominan “características naturales y biológicas” de los seres humanos. ¿Cómo puede el movimiento feminista enfrentar estas reacciones de la derecha que avanza cada vez más en algunos países? No hay una entidad coherente que se describa como “ideología de género”. El término es una amalgama de lo que los opositores a las ideas feministas no aprueban, que abarca los derechos LGBTI (especialmente el matrimonio entre personas del mismo sexo), la igualdad y la autonomía de las mujeres (especialmente sobre sus propios cuerpos / sexualidad). La oposición al término “género” fue inicialmente propagada por el Vaticano, y desplegada como parte de su rechazo a los grandes avances logrados por el feminismo de la segunda ola y el movimiento global de mujeres en el derecho internacional. La aprobación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer en 1979 y la Plataforma de Beijing después de la Conferencia de Mujeres de Beijing de 1995 fueron hitos en la legislación de la igualdad de la mujer y muchos países de América Latina incorporaron estos marcos en su legislación nacional. 

Aquellos que hacen campaña contra la llamada “ideología de género” recurren al pensamiento fundamentalista, evocando a menudo la autoridad de las Escrituras para apoyar sus campañas, y buscando promover pánicos morales sobre los supuestos efectos de la igualdad y autonomía de las mujeres, alegando que trae nada menos que descomposición social y decadencia moral. Esta extraña visión del poder destructivo femenino está acompañada por los reclamos de los fundamentalistas de ser los guardianes de la estabilidad social, expresada a través de su apoyo a la familia patriarcal, firmemente basada en el lugar de las mujeres en el hogar como cuidadoras de hombres y niños. Pero esto no es solo una cuestión de puntos de vista opuestos. 

El campo de batalla es bien concreto: es el dominio de los derechos humanos. Usted pregunta cuál es la forma de lidiar con esta reacción negativa: mi respuesta es defender los derechos humanos que ya están codificados en la legislación nacional, o hacer campaña para que se instalen y observen. Cuando los evangélicos en Brasil piden que se sancionen leyes para que los psicólogos “traten” a los homosexuales o los gobiernos nieguen la anticoncepción y el aborto a las mujeres, deben ser desafiados como violadores de los principios de los derechos humanos. No digo que la ley sea el único instrumento que se use para resistir estos ataques contra los derechos de las mujeres y de otras personas, pero puede ser muy poderoso. Recuerde que la Corte Suprema de Colombia anuló en 2006 sus severas penas por aborto con el argumento de que violaban los derechos humanos de las mujeres. Este fue el resultado de una exitosa campaña de los defensores de los derechos de las mujeres y sus aliados.

-Más allá de estos sectores que combaten las luchas feministas, también hay varones que se posicionan en favor. ¿Qué lugar tienen estos varones en el feminismo contemporáneo y que rol juegan las llamadas “nuevas masculinidades”?

Hay una imagen mixta que debe ser reconocida. Por un lado, vemos a hombres jóvenes en manifestaciones que apoyan activamente las demandas de las mujeres y que son bienvenidos por hacerlo. Hoy hay más hombres que entienden que existen formas de masculinidad, así como de feminidad, que son autolimitantes, incluso dañinas y disfuncionales, también las formas de hiper-masculinidad brutal asociadas con las pandillas de narcotraficantes, que son una reinscripción de algunas manifestaciones particularmente negativas de la masculinidad.

Durante unas cuatro décadas ha habido grupos de hombres aquí y allá que se han reunido y han debatido las características opresivas y los efectos de los privilegios patriarcales o masculinos: una recuerda el brillante tratamiento que hace Hegel de la relación Maestro-Esclavo, en la que el opresor también es de alguna manera dañado por el poder que ejerce sobre el oprimido. Este cuestionamiento de la masculinidad por parte de los hombres es completamente positivo porque el género es relacional, tratarlo solo como un problema de mujeres es como aplaudir con una mano. Sin embargo, aunque algunos hombres pueden estar más conscientes de esto y están cambiando de manera positiva, otros lo ven solo como un viaje personal en la autorrealización en lugar de un problema social que los obliga a intentar cambiar las estructuras y los comportamientos y las actitudes que oprimen tanto a hombres como a mujeres y perpetúan el privilegio masculino.

Como colectivo, los hombres han sido notoriamente pasivos en este aspecto: han dejado solas a las mujeres en sus luchas. Siempre me sorprende la falta de hombres en las reuniones que discuten los derechos de las mujeres, y como académica veo que pocos hombres leen el trabajo de académicos feministas o los citan, están interesados en la historia feminista o se comprometen seriamente con ideas feministas. Sus lectores pueden pensar que es duro y todos conocemos y apreciamos las muchas excepciones loables, los verdaderos aliados indispensables de las luchas de las mujeres, pero los hombres podrían hacer mucho más de lo que hacen cambiando comportamientos cotidianos como el acoso sexual y la discriminación, impulsando la igualdad de género en sus lugares de trabajo, compartiendo el trabajo doméstico y los cuidados y desafiando la “charla de vestuario”.

-Otros grupos, no necesariamente vinculados a sectores religiosos, manifiestan que el nuevo feminismo tiene características que denominan “fundamentalistas”.

Sus posturas se fundamentan en el supuesto de que el feminismo no llega para concretar mayores niveles de igualdad sino para ampliar las “diferencias culturales”. ¿De dónde provienen este tipo de ideas? ¿Cómo pueden los mismos sectores del feminismo para trabajar en la modificación de los patrones culturales que llevan a ellas? Ningún movimiento social, cualquiera sea su gravitación, es una entidad unificada y homogénea; en su mayoría están formados por diferentes tendencias que acuerdan un conjunto de demandas o principios comunes; más allá de eso, cada uno tendrá sus propias prioridades y formas de activismo. No sé exactamente a qué tendencia te refieres con “fundamentalista”, pero si te refieres a movimientos separatistas que celebran las virtudes de la feminidad y la diferencia sobre la igualdad, entonces sí, hay algunas corrientes feministas radicales que son críticas de otros feminismos por trabajar con hombres en algunos temas, y prefieren trabajar y vivir solo en espacios de mujeres. 

Estas son elecciones que los individuos hacen por varias razones y una diversidad de puntos de vista y prioridades puede ser positiva, pero si se convierte en una fuente de fricción y división donde una tendencia busca imponer sus creencias y denigra a otra, eso no es útil para ningún movimiento de base amplia. Dentro de un movimiento debe haber respeto por las diferentes tendencias dentro de un conjunto de principios acordados, y una discusión guiada por la razón, no dogma y división. Usted está trabajando sobre los diversos feminismos que se desarrollan en América Latina, en particular los casos de Uruguay, Chile y Argentina, teniendo en cuenta las diversas luchas encaradas por las mujeres desde fines del siglo XIX y enroladas en movimientos de izquierda como el anarquismo, el socialismo y el comunismo. ¿Qué diferencias y que puntos convergentes encuentra en las trayectorias feministas de estos países en los que hoy también se vive un nuevo marco de luchas?.

Estamos viendo estos tres países primero porque fueron los casos pioneros de América Latina en lo que respecta a los derechos de las mujeres y el activismo, ya que todos ellos tenían movimientos feministas desde fines del siglo XIX. Sus historias, divergentes a partir de la década de 1930, tuvieron consecuencias para los derechos de las mujeres y el activismo que actuó como un legado. En Chile y Uruguay, el feminismo se alió más estrechamente con el socialismo, mientras que en la Argentina, el peronismo tomó un camino diferente, con una relación forjada entre un llamamiento populista a las “virtudes femeninas” y el feminismo socialista / liberal. 

Nuestra investigación se centra en algunas campañas específicas que continuaron en el ciclo del feminismo de la segunda ola, aproximadamente desde finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, para ver qué condiciones, factores institucionales y políticos, qué aliados y formas de activismo pueden explicar las diferencias en los resultados. Uruguay se destaca por haber logrado avances notables en algunos aspectos, en parte debido a la naturaleza del sistema de partidos, el carácter de la coalición gobernante y las alianzas que se forjaron entre un movimiento feminista muy activo y los legisladores. La ausencia de una fuerte influencia institucional religiosa también fue significativa. 

Los casos argentino y chileno, con sus relaciones más cercanas con la iglesia católica, han visto un progreso lento en los derechos reproductivos, pero han extendido algunos derechos LGBT. Argentina logró movilizar a las mujeres en torno a ciertos derechos sociales y políticos, y el ’feminismo institucional’ de Chile logró avanzar bajo la administración de la Concertación, particularmente bajo el gobierno de Bachelet, en temas clave tales como permitir una amplia difusión de la píldora del día después y hacer más laxa la ley sobre el aborto.

-En muchos países de América Latina, todavía no se ha conseguido la despenalización del aborto a pesar de que diversas fuerzas progresistas gobernaron en la región durante los últimos años. ¿A qué se puede atribuir esa situación? 

Un aborto es un tema sensible, y lo es aún más en contextos donde ha sido politizado por movimientos y gobiernos de derecha y donde los valores religiosos conservadores y las instituciones son influyentes. Hoy en día, algunas de las leyes más duras persisten en América Latina, por ejemplo en El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, a pesar de la evidencia de que tales leyes hacen poco para disminuir la incidencia del aborto; de hecho, al hacerlo ilegal e inseguro aumentan en gran medida la mortalidad y la morbilidad maternas y pueden dar lugar a grandes injusticias, como en los casos de violación infantil, que conduce al embarazo no deseado de la víctima, sin que se ofrezca ningún remedio; y el encarcelamiento de mujeres jóvenes simplemente por sospechas de haberse practicado un aborto cuando pueden haber sufrido un aborto espontáneo, como en El Salvador. 

Sin embargo, hay algunas razones para abrigar esperanzas: la despenalización ha avanzado en la agenda internacional, en parte debido a un cambio de actitud, y en América Latina ha habido una publicidad bastante generalizada por algunos casos graves de abuso de estas leyes. La disponibilidad de la píldora de emergencia segura y autoadministrada es un avance, pero también debemos enfocarnos en la prevención de embarazos no deseados, por lo que poner anticonceptivos a disposición de los jóvenes por pedido, como recomienda UNICEF, es un paso importante que están dando algunos países. 

Ahora hay una mayor aceptación de la necesidad de una educación sexual de buena calidad, eso significa no solo ayudar a los jóvenes a desarrollar una comprensión de la sexualidad sino también de las relaciones basadas en el respeto mutuo. América Latina ha progresado en educación sexual, pero la implementación sigue siendo un problema donde los lobbies conservadores promueven la idea de que la educación sexual fomenta el sexo irresponsable cuando, de hecho, los buenos programas educativos indican lo contrario. 


* Maxine Molyneux es catedrática de sociología en el University College London (UCL). Fue directora del Instituto de las Américas de la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad de Londres desde 2008. En 2012 fundó el Instituto de las Américas en UCL. 


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sábado, 9 de diciembre de 2017

Economía verde: El subprime ambiental


Amyra El Khalili
Opera mundi



Ningún problema puede resolverse por el mismo estado de conciencia que lo generó. Es necesario ir más lejos. Yo pienso 99 veces y nada descubro. Dejo de pensar, zambulló en un gran silencio y la verdad me es revelada.
(Albert Einstein)
El sistema financiero internacional está en crisis, enfrenta serios problemas de credibilidad por fraudes y corrupciones denunciadas desde 2008, con el escándalo del subprime , con la quiebra del banco Lehman Brothers, operaciones pirámides, con demisión de ejecutivos de la banca por manipular los cálculos de la Tasa Libor (2012), entres otras especulaciones.
La Cumbre de los Pueblos, movimiento paralelo a la RIO+20, no se ha posicionado contra ese modelo neoliberal exclusivamente por cuestiones ideológicas, sino por hechos comprobados al cansancio y sus consecuencias trágicas contra los pueblos indígenas, pueblos tradicionales, campesinos y vulnerables, y contra la degradación y la devastación ambiental.
¿Si fue ese modelo neoliberal, enraizado en el capitalismo salvaje, el responsable ese por la crisis ambiental y la exclusión social, como puede ese mismo modelo ser la solución del problema?
El teórico Roger Babson, en septiembre de 1929, fijó el célebre vaticinio -“más temprano o más tarde vendrá el crash , y podrá ser tremendo”- y ha sido ironizado, desacreditado y asacado por los guardianes de Wall Street. En octubre de 1929, los periódicos destacaron esta noticia: “!Quebró! Una irrefrenable ola de ventas derrumba el precio de las acciones, provoca pánico en la Bolsa de New York y lleva millonarios a la bancarrota. ¿Para dónde va la economía del país más rico del mundo?”
El economista Luiz Gonzaga Belluzzo, en artículo “Geringonças teóricas” (jerigonzas teóricas) (Carta Capital, 2012) analizó: “En los años 1980 y 1990, en la academia y en el debate público, pocos eran los que osaban discordar de las virtudes de la liberalización y de la desreglamentación financiera, presentadas como la forma más eficiente de alocar los recursos. Casi en unísono, los economistas acusaban el fallecimiento de las viejeces y ineficacias de las políticas intervencionistas en los mercados de crédito y de capitales”.
Cuando los apostaderos firman contratos con agentes de valores y de mercancías concuerdan con las cláusulas de los contratos, entre ellas, la de que saben que están negociando en mercados de riesgo. Ni hay como argumentar después que han sido “engañados”, pues los contratos son rigurosamente normalizados para evitar cualquier posibilidad de que los agentes financieros sufran posibles pérdidas.
En los mercados derivativos (derivativos de activos), las operaciones son instantáneas y, en muchos casos, para minimizar los riesgos, necesitan trabajar (comprar y vender contratos) con otros activos. Surgen entonces las complejas jerigonzas financieras.
El mercado de derivativos en Brasil es relativamente nuevo, tiene treinta años, iniciado en 1986 en la Bolsa de Mercancías y Futuro (BM&F). Inicié con el primer ladrillo de la BM&F hasta llegar a los mercados de activos ambientales. Hoy soy extremadamente crítica en lo que se refiere a la financiarización de las economías mundiales desencadenada por los derivativos.
Financiar es parte de una política económica que permite emprender negocios, comprar o producir bienes y servicios, pagando su deuda en largo plazo. Diferente de las economías de los países desarrollados, en este continente latinoamericano y caribeños, nos enfrentamos con altas tasas de interés, considerando que aquí la calculadora suma, disminuye, multiplica, divide y exponencía, es decir, hace cinco operaciones matemáticas. Utilizamos interés compuestos cuando la calculadora de los capitalistas del lado abastado del planeta utiliza cuatro operaciones con tasas lineares (interés simples).
Este es el principio de la “financiarización” –sumase a esa cuenta otros artefactos, como tasas de seguro, análisis de riesgo, consultorías de portafolios, corretaje, emolumentos de las bolsas, contabilidades, impuestos-, y junte a todo eso las tasas de interés con la sopa de letras. A eso todo llaman de “: gestión financiera de la cosa”. De esa forma, el costo del financiamiento es muy caro para sostener toda la industria construida al derredor de la “financiarización”, sin contar con la estructura de suministro de crédito, validación, certificación y consultorías de proyectos ambientales pirotécnicamente complicados.
Por fin, indígenas, pueblos ribereños, quilombolas, pobres y vulnerables no tienen competencia para cuidar de lo que le es peculiar: su medio natural. Quién está preparado para la difícil tarea de hacer la “gestión financiera de la cosa”, con el aparato alrededor de esas nuevas formas de garantizar el aporte de recursos y captaciones para implementar tales políticas públicas ambientales, además de los banqueros y sus indicados consultores e investigadores, manipulados con sus conclusiones por encomienda, son algunas ONGs.
La “financiarización” demuestra la complejidad con que se desarrollan proyectos financieros socio ambientales vehementemente defendidos por la doctrina de la Economía Verde como la única alternativa para salvar la naturaleza de las ganancias humanas. Y por eso también fue duramente criticada por la Cumbre de los Pueblos durante la RIO+20.
Existen informes de especialistas en finanzas internacionales, como el Munden Project, que concluyó que, entre otros factores, los agentes intermediarios son los mayores beneficiarios del mercado de carbono replicado con el REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación) y sus variables, mucho más que las comunidades a ser atendidas con la protección de la naturaleza. Diversos son los informes del Movimiento Mundial por las Forestas Tropicales (WRM) que, didácticamente esclarecen cómo funciona y porque es controvertido el mercado de carbono en los países del Norte y sus consecuencias para las comunidades locales y los pueblos de las florestas.
La Interpol publicó, en junio de 2013, el “Guide to carbon crime”, una guía de alerta a los inversionistas sobre los fraudes y estelionatos en los mercados emergentes de activos ambientales. Entre los crímenes más frecuentes: manipulación fraudulenta de mediciones para lograr más créditos; venta de créditos que no existen o que pertenecen a otras personas; divulgación de informaciones falsas sobre posibles beneficios ambientales y financieros; fraude fiscal; robo de créditos por la Internet y lavado de dinero.
Hay que considerar también el robo de tierras indígenas como una evolución de la ingeniería del crimen contra los pueblos y el patrimonio ambiental y cultural de la humanidad. El sitio Redd Monitor sigue y registra los hechos más controvertidos que proliferan con la voracidad de ganar dinero fácil por medio de esos mecanismos de finanzas.
Por lo tanto, al rebatir a los críticos del paquete financiero, que llaman de “Pagos por Servicios Ambientales” (PSA), con sus instrumentos económicos correlatos, arguyendo que no saben (los críticos) como las cosas funcional y no entienden de nada versos nada, intentan, en verdad, esconder, como el avestruz que entierra la cabeza, el tamaño del magistral rombo que se prenuncia con el engaño de la Economía Verde.
También hay informes que muestran los resultados infelices de esas polémicas políticas públicas adoptadas por algunos gobiernos, atropellando la etapa anterior a la de legislar, es decir, la de consultar a la sociedad para saber si está de acuerdo o no con la política pública referida. Digo, la legítima consulta pública. No esa práctica que suelen convocar reuniones de última hora y, de preferencia, con la conclusión ya debidamente concertada con algunas ONGs, con los territorios a ser explotados previamente combinados y acertados los valores.
Después, al pueblo desavisado no le resta sino concordar y entonces, ¡cuídese de quien criticar! Este no sabe nada, no entiende nada u no participó de nada. Por otro lado, los conocidos aprovechadores del mercado financiero llaman a la crítica de “inconsistencia conceptual”, confundiendo, propositivamente, una cosa con otra a través de la práctica del asedio conceptual subrepticio. Cuando se apropian de las ideas ajenas, las dejan vacías de su contenido original y la llenan con contenido espurio.
Pero, por favor, seamos honestos: el mercado de carbono se ha sofisticado de tal manera que inspiró, a remolque y en los mismo moldes, la formación de otros mercados, como los de compensación, de reserva legal, de créditos a recibir, de pasivos transformados en activos, entre otras impresionantes creatividades. Cosa complicada hasta para quien conoce en profundidad el mercado de commodities y derivativos. Parece algo muy inteligente, pero no hay que dejarse ilusionar: se trata de una “tapa-huecos” de las perdidas sufridas en otros mercados internacionales. Para intentar contener la burbuja financiera desencadenada por las operaciones de subprime y derivativos, buscan nuevas formas de captación de recursos.
Hay muchas empresas que venden crédito de carbono y compensaciones de áreas de Brasil y de toda América Latina y Caribe en el exterior. El bioma amazónico, en toda su extensión, es el más codiciado por la atracción que ejerce en la mente de los pueblos extranjeros y de potenciales inversionistas de tierras, por sus riquezas forestales, por la biodiversidad, por los minerales, aguas dulce y subterráneas. Hay sospecha de que los millones de hectáreas ofrecidas en el exterior, es probable que algunos estados enteros han sido vendidos, sin exageración, faltando tan solo contabilizar y entregar.
Ese tipo de negocio se llama “venta al descubierto” ( short sale ). Es cuando se vende en el mercado de commodities y derivativos sin que se tenga el activo para entrega futura. Después se corre para comprar en el mercado spot (al contado) para honrar las operaciones. Cuando eso ocurre, el movimiento es llamado de corner (significa acorralar). El vendedor ( short) es obligado a comprar por el precio que está en oferta en el mercado: asimismo, no logra encontrar liquidez para comprar lo que vendió sin que lo tenga para entregar.
Simultáneamente, algunos gobiernos, más preocupados con elecciones que con los riesgos y resultados desastrosos de esos acuerdos, los siguen haciendo con instituciones financieras internacionales y empresas extranjeras. Es así que son producidas una especie de “ subprime ambiental: poniendo en un solo paquete las deudas, los crédito tanto los buenos como los malos, transformando pasivos (contaminación, basura química, tóxicos entre otros) en activos ambientales y poniendo la cuenta de los “recibibles” (a recibir) para que paguen las futuras generaciones.
No por acaso la Constitución brasileña se la está desmantelando para viabilizar esa ofensiva sobre las tierras, mientras al mismo tiempo se instalan bases militares de potencias imperialistas en el continente y proliferan conflictos por la posesión de las tierras con confrontaciones y asesinatos de activistas, líderes comunitarios y periodistas de resistencia.
Por esos motivos, investigamos posibles fraudes en publicidad de venta de esos créditos. Actuamos para apurar las denuncias y seguir cobrando rigurosamente del poder público y de los organismos de fiscalización, a pesar de los que rebaten nuestras críticas. Hasta porque ¡no sabemos nada, no entendemos nada y no participamos de nada!
En ese sentido –en el de ganar dinero con el servicio ajeno (la naturaleza), militarizándola y financierizandola, así se produce ese nuevo “ subprime ambiental” -, que de hecho son pioneros.
Referencias:
EL KHALILI, Amyra. Economia Verde: O subprime ambiental. Fórum de Direito Urbano e Ambiental (FDUA), Belo Horizonte, a. 12, n. 69, p. 9-11, mai./jun. 2013.  
LANG, Chris. INTERPOL: Intangible carbon markets at risk from criminal networks. Acesso em: 8 ago. 2013. Capturado em: 28 mai. 2017. http://www.redd-monitor.org/2013/08/08/interpol-intangible-carbon-markets-at-risk-from-criminal-networks/#more-14259   
EL KHALILI, Amyra. Lass commodities ambientales y la métrica del carbono. http://racismoambiental.net.br/2017/02/17/as-commodities-ambientais-e-a-metrica-do-carbono/. Acesso em: 17 fev. 2017. Capturado em: 17 fev. 2017.  
EL KHALILI, Amyra. Lo que se entiende por financiarización de la naturaleza ? http://port.pravda.ru/cplp/brasil/29-04-2016/40873-financeiracao_natureza-0/ . Acesso em: 29 abr. 2016. Capturado em: 28 mai. 2017.

Amyra El Khalili, colaboradora de Diálogos del Sur, profesora de economía socio ambiental y editora de las redes Movimiento Mujeres por la P@Z! y Alianza RECOs – Redes de Cooperación comunitaria Sin Fronteras.


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“El deliberado show de Trump nos distrae de lo esencial”



¿A qué dice que sí?
A un sistema económico y social que permita que todo el mundo viva de forma digna dentro de los límites que puede asumir el planeta.
Eso que parece lógico se ha convertido en utópico.
Cierto, con el sistema político actual lo parece. Pero estamos en un momento político muy fluido y maleable, y hay nuevas formaciones progresistas que están consiguiendo poner en la agenda ideas transformadoras que hace unos años no se podían ni mencionar.
La extrema derecha también triunfa, está organizada y tiene dinero y poder.
La campaña de Bernie Sanders nació con jóvenes que surgieron del movimiento Okupar Wall Street y consiguieron 13 millones de votos en 23 estados en las primarias. Bernie Sanders es el político más popular de EE.UU. La contracultura está aprendiendo a organizarse.
Llevamos un año de Trump, ¿cuál es su retrato más original?
Veo a Trump como arte distópico que seha convertido en realidad. De la misma mane-ra que una mala película de ciencia ficción ­exagera lo peor de nuestro mundo, Trump es una versión exagerada de lo peor de la cultura.
¿Cultura?
Sí, la adicción a los medios sociales, es decir a periodos de atención muy cortos; el insulto constante, la falta de curiosidad; una lógica basada en el dominio contra las mujeres, los negros y la tierra; y la adoración a la riqueza.
Una caricatura del Pato Donald.
No es algo que afecte sólo a EE.UU., todos estamos inmersos en esta cultura global y Trump es una advertencia. Él mismo dijo en los ochenta: “El show soy yo y agoto las entradas ahí donde voy”. Trump es un showman y está haciendo un espectáculo para distraernos de lo esencial.
¿Quién mueve los hilos?
Los que se benefician más del show de Trump son las multinacionales y personas aburridas de su Gobierno que no quieren la atención de los medios y que de manera sigilosa y metódica están aplicando su lista de deseos políticos.
¿De quién estamos hablando?
Del sector bancario: cinco exdirectivos de Goldman Sachs están en su Gobierno, y el abogado que dirigía la Comisión de Seguridad e Intercambio, el órgano que controla el mercado financiero. Ellos han desmantelado las normativas que se habían aplicado después del 2008, y lo han hecho sin pasar por el Congreso.
Los ciudadanos, los votantes, lo permiten.
Lo hacen de manera silenciosa. Y las empresas de combustibles fósiles nunca han tenido un panorama mejor. Se van deshaciendo de las regulaciones que protegen la salud y la seguridad.
Europa parece que también se apunta…
Trump, cuando viaja, es como un representante de armamento. Va de país en país y les hace comprar millones de armas. Lo hizo en Japón, Corea del Sur, Europa, Arabia Saudí…
Los pueblos que viven del carbón están encantados. ¿Hay una falta de conciencia?
Trump insiste en la necesidad de estos empleos, está dirigiéndose a personas que están muy enfadadas. Hay que aplicar un programa político distinto que ofrezca puestos de trabajo reales y un plan para proteger a las personas desde el punto de vista sanitario.
Y educación, y vivienda. ¿Quién lo paga?
El problema es que los demócratas se dedican a atacar a Trump sin ofrecer un discurso propio. Lo más escandaloso de la elección del 2016 es que 90 millones de norteamericanos no votaron porque no sabían a quién votar.
Hoy por hoy no parece posible recuperar el Estado de bienestar.
Hoy hay una riqueza privada que no se había visto nunca. Las empresas más ricas de la historia del mundo están mandando toneladas de dólares a los paraísos fiscales. Es necesaria la cooperación internacional para acabar con eso. La crisis de austeridad descrita como crisis manufacturera está diseñada y planificada.
El capitalismo fundamentalista ¿quiere volver al siglo XIX, instaurar la plutocracia?
Sí, su agenda es transparente, están aniquilando los logros sociales conseguidos por los trabajadores y las políticas de redistribución.
Pero necesita consumidores.
Sólo piensan en trimestres. Trump es un comercial, un vendedor que vive del shock: se pelea con los famosos de Hollywood, amenaza a Corea del Norte con aniquilarlos..., crea este caos constante que distrae del golpe de Estado de las multinacionales.
Varios directores generales marcaron distancia con él.
Juegan un doble juego. Las políticas de desregulación y de recortes les convienen, las cifras de la bolsa lo indican claramente.
¿A qué mundo cree que nos abocamos?
Nuestro sistema nos encamina al desmoronamiento económico en el que los ricos se van a proteger en enclaves privados y militarizados. Lo vi en Nueva Orleans después del Katrina, lo veo en Bagdad, en zonas de Johannesburgo...
¿Dónde está la clave del cambio?
En dejar de pensar en compartimentos separados: el medio ambiente por un lado, los derechos humanos por otro, la justicia económica, el trabajo… Hay mucho compromiso político en la sociedad, pero está compartimentado. Necesitamos soluciones globales, por ejemplo en la lucha contra la contaminación crear empleos verdes bien remunerados.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20171209/433498956364/el-deliberado-show-de-trump-nos-distrae-de-lo-esencial.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=facebook&utm_medium=social


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¡Sustentabilidad, cuantas tonterías se dicen en tu nombre!


Alberto Acosta
Rebelión


Dubai, asentada en una zona en extremo agreste, quema millones de barriles y de pies cúbicos de combustibles fósiles para climatizar sus casas y rascacielos de cristal. Calienta gran cantidad de agua salada para abastecerse del líquido vital. Ocupa cada vez más superficie en el desierto y en el mar inclusive, enterrando arrecifes de coral y dragando toneladas de arena para construir islas artificiales. Y como máxima hazaña -por ahora- está la construcción del primer complejo de esquí cubierto del Cercano Oriente.Con semejantes antecedentes, Dubai -parte de un multimillonario emirato petrolero- se proyecta como “Ciudad Sostenible…” Una aberración auspiciada incluso por la prestigiosa National Geographic, fruto de un enorme despliegue propagandístico.
Hoy todos hablan de sustentabilidad. El término florece por doquier. Su empleo indiscriminado ha hecho que -casi- todo pueda ser sustentable, superando o incluso ignorando el profundo origen del término. Es más, se define como sustentable hasta cuestiones que en esencia no lo son, ni pueden serlo, como las ciudades modernas. En efecto, muchas ciudades modernas se presentan “sustentables”, cuando bien sabemos que su huella ecológica supera con creces la superficie urbanizada. Incluso se habla de un crecimiento económico sustentable, cuando es obvio que en un mundo con límites biofísicos finitos es imposible un crecimiento permanente en el tiempo, es decir sustentable. Quizá la mayor de estas aberraciones surge al hablar de minería o explotación de petróleo sustentables. Y no deja de ser una manipulación del término la pretensión de presentar como sustentable la generación de electricidad utilizando combustibles fósiles, como lo hace, para mencionar apenas un caso, la RWE (Rheinisch-Westfälisches Elektrizitätswerk AG, empresa alemana del sector energético fundada en 1898) que quema lignito del Hambacher Forst en Alemania, una de las últimas reservas de bosque en dicho país.
En definitiva, se ha vampirizado el sentido profundo de la sustentabilidad. Su empleo se ajusta a los más diversos intereses, sobre todo económicos. La sustentabilidad devino en mero comodín, como muchos otros comodines del fetichismo capitalista. Fetichismo que, dicho sea de paso, parece tener precisamente la capacidad de vampirizar todo concepto que intente oponerse a la civilización de derroche del capital.
Así, urge retornar a los orígenes del término “sustentabilidad”. Su entrada en escena a nivel global se produjo en 1992, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro. Entonces la “comunidad internacional” se propuso articular un modelo de desarrollo que trace parámetros comunes para asegurar, en conjunto con el desarrollo económico, el bienestar social y ambiental de la Humanidad: el tan promocionado triángulo de la sustentabilidad. El punto inicial de esta decisión es el Informe Brundtland, elaborado en 1987, que confrontó el desarrollo -hasta entonces convencional- con las demandas ambientales.
Proponerse satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de futuras generaciones, fue un cambio importante. Aún más estricto, se propuso una evolución donde el uso de los recursos naturales pueda sostenerse en el tiempo. Este fue un punto de inflexión para empezar a reflexionar -en serio- sobre los límites del desarrollo tradicional, luego del relativo fracaso del Informe del Club de Roma en 1972.
El desgate de la “sustentabilidad”, junto con las limitaciones del “desarrollo”, obligan a hurgar en los orígenes de los conceptos. La práctica sustentable se pierde en el tiempo. Comunidades indígenas en todo el mundo han demostrado que el ser humano puede organizar formas de vida sustentable. Su vínculo con la Pachamama o Madre Tierra es más que una metáfora. Ella representa “ la integridad del espacio y el tiempo ”, nos recuerda Yaku Pérez Guartambel, un líder indígena ecuatoriano, quien nos dice que “así como nadie desprecia ni domina a su madre biológica, igual los runas (seres humanos, en kechwa) no sometemos, sino que reciprocamos con amor a la Pachamama”.
Antes de derivar conclusiones desde esa aproximación profunda, cabe recordar que un alemán -aristócrata- habría sido quien plasmó por primera vez por escrito el término “sustentabilidad”. Hans-Carl von Carlowitz, jefe minero, preocupado por la crisis de la madera -que golpeaba a la Sajonia y a otros países en Europa- planteó la necesidad de no explotar más madera que la que se puede reproducir para sustituirla.
Este personaje, en su “Silvicultura oeconomica” (1713) fue más lejos. No solo se preocupó de que se mantenga la explotación de la madera en márgenes razonables, sino que propuso proteger el bosque, no su simple sustitución por plantaciones. Como rescata Ulrich Grober -en su estupendo libro “Die Entdeckung der Nachhaltigkeit – Kulturgeschichte eines Bregriffs”- Carlowitz se preocupó por la diversidad y la integridad de los sistemas ecológicos. Se opuso al dinero fácil, como aquel que se obtiene al cortar un bosque (una renta extractivista). Para él no era tan importante incrementar el bienestar material tanto como la felicidad. Incluso planteaba satisfacer las necesidades básicas en tanto todos tienen derecho a alimentarse y sobrevivir. Y, aunque sorprenda a algunos, Carlowitz -en plena expansión imperial europea- se opuso a la colonización como mecanismo que asegure la sustentabilidad explotando los recursos naturales de otros territorios y países.
De este relato sobre Carlowitz surgen varias banderas de batalla a corto plazo que merecen ser enarboladas: la renta vital mínima para toda persona; el combate al dinero fácil propio de la especulación, por ejemplo, imponiendo el Impuesto Tobin y liquidando los paraísos fiscales; el decrecimiento para construir sociedades no atadas a la religión del crecimiento económico permanente; el cambio de las reglas del mercado mundial, que condenan a unos países a sacrificar su sustentabilidad para conseguir recursos que financien la invocación al fantasma del “desarrollo”; estas y otras propuestas conllevarían a profundas transformaciones.
Pero quizá su aporte más profundo radica se lo puede proyectar desde su amor a la tierra: “Mater Natura”, la “Madre Naturaleza”, en sus palabras. De allí, en paralelo a la visión a la Pachamama indígena, se puede avanzar hacia un cambio civilizatorio enfocado a la sobrevivencia humana en el planeta. Supervivencia que debe basarse en la superación del antropocentrismo, inspirándose en visiones biocéntricas -o incluso una posición carente de todo centro-, basadas en una ética que acepte valores intrínsecos a la Naturaleza y la Humanidad y que ponga fin a la creciente mercantilización de ambas.
En otras palabras, no se trata de buscar un imposible equilibrio entre economía, sociedad y ecología (usando como eje articulador oculto al capital). El ser humano y sus necesidades deben primar siempre -más aún sobre el capital-, pero jamás oponiéndose a la armonía de la Naturaleza, la base fundamental para cualquier existencia.
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Economista ecuatoriano. Exministro de Energía y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Alberto Acosta recibió el Premio Hans Carl von Carlowitz Sustentabilidad 2017, conjuntamente con uno de los mayores expertos en cambio climático en el mundo, el Profesor Joachim Schllenhuber, director del Instituto de Investigaciones del Clima en Potsdam. La entrega del Premio fue el jueves 23 de noviembre en Chemnitz, Alemania. 


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EE.UU.: Catorce estados demandan al Gobierno por contaminación



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