RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

miércoles, 17 de abril de 2019

Poder & Prostitución: "La prostitución siempre es una relación de poder y sumisión"


Nerea Soriano
https://amp.laopinioncoruna.es

"Evito la palabra putero porque estigmatiza e insulta a la mujer"
"Los hombres no denuncian por miedo a salir de la manada"

La autora de El proxeneta, libro del que presenta su documental, ha participado en el XXIII Congreso Internacional Feminismos. Desafíos en tiempos de amor y cólera, donde abordó la falta de acción contra la prostitución, la trata y el proxenetismo. Escritora y cineasta, Mabel Lozano (Villaluenga de la Sagra, Toledo, 1967) defiende que la lucha contra la trata "no es un tema de mujeres, es de justicia social". 

Según su estadística, el 62% de los hombres no es demandante de sexo de pago, pero no lo señala. ¿A qué se debe?  

Vaya por delante que la estadística no es mía porque, de serlo, el resultado habría sido cero. Cuando a un hombre le pregunto si es demandante de sexo de pago, por supuesto, me dice que no. Creo que hay mucha más demanda pero, efectivamente, los hombres no lo reconocen. Y si no lo reconocen es porque tienen claro que hacerlo es políticamente incorrecto. Ese 62% que, se supone, que no es demandante de sexo de pago no son agentes activos. No compran mujeres pero no levantan la voz, no quieren salirse de la manada y, aún siendo mayoría, no lo señala, les da miedo, les da pudor. Siguen teniendo mucho pudor de salir de la manada. Entonces, este 62% está callado y el 38% restante, hace mucho ruido y son activos en la captación de jóvenes en relación a la prostitución y la pornografía.  

¿Por qué emplea la construcción "hombres demandantes de sexo de pago" y no "puteros"?  

Evito la palabra putero. El problema es que, al decirle a un hombre putero, entendemos que ella es una puta y estamos estigmatizando a la mujer, estamos insultando a la mujer. Yo, en catorce años que llevo trabajando contra la trata y la prostitución, nunca he hablado con una puta, he hablado con mujeres prostituidas. Mujeres que unas parten de la trata y otras no, y por necesidad y por falta de recursos, han entrado en la prostitución.  

¿No existe, entonces, la prostitución elegida libremente?  

¿Qué voluntariedad hay en una mujer que no tiene para comer, que tiene cuatro hijos y no tiene recursos, que es toxicómana...? La prostitución libre sí debe existir en un porcentaje pequeño de mujeres que dicen que han llegado de una manera libre y voluntariamente. Lo que me gustaría preguntarles a esas mujeres después de llevar tres o cuatro años en la prostitución es qué opinan y cómo pueden salir del bucle de la explotación sexual. Del bucle de la prostitución no se puede salir, porque para salir tienes que tener alternativas. ¿Dónde están las alternativas? No hay, no hay políticas de reinserción para las mujeres. La prostitución siempre es una relación de poder y sumisión: yo pago y tú haces lo que a mí me da la gana. Esa es la realidad.  

El consumo de porno por parte de la población joven sigue en aumento. ¿Por qué el mensaje de igualdad y respeto entre las personas no les llega?  

Porque, por desgracia, los chavales jóvenes no van a leer este periódico, porque no es su ventana. Su ventana son los digitales, son otras. Ellos la información la tienen muy sesgada, es la información que ellos eligen y lo hacen a través de internet. Para ellos, el mercado del sexo de pago tiene que ver con la pornografía y está relacionado con el ocio del divertimento. No saben, en muchos casos, la realidad de lo que hay detrás, nadie se lo ha explicado y no van a tener ningún pensamiento crítico con respecto a la pornografía. También hay una involución en los jóvenes, que son más machistas. Estamos viendo cómo están controlando a sus novias, las aíslan de sus amigas, y el problema es que también las chicas se están dejando. Chicas que también están viendo mucha pornografía y que piensan que eso es la sexualidad.  

Esa premisa parece contradictoria ahora que el movimiento feminista es más visible.  

El movimiento feminista se ha democratizado. Afortunadamente, ha salido de los despachos de las universidades, porque el movimiento feminista parecía exclusivo de las filósofas, de las pensadoras, de las grandes feministas de las universidades y, afortunadamente, se ha democratizado y está en la calle. Pero pensamos que, como estamos muchas en la calle, nos acompañan todos los chavales y chavalas, pero no es así. Hay muchos espectros de la población donde no llegamos.  

En su opinión se hace poco o nada para acabar con la prostitución. ¿Qué medidas habría que tomar?  

La medida básica y por la que hay que empezar es que todas las caras del proxenetismo estén tipificadas, estén condenadas. El proxenetismo consentido no está tipificado por ley, entonces es un delito que sale muy barato. Y no puede ser. Porque detrás de ese consentimiento está la extorsión, la coacción, eso es lo que hay que tipificar por ley, pero ya. Es decir, los proxenetas tienen que pagar por esto. También vemos que cuando un proxeneta entra en la cárcel no se incautan sus bienes porque los puticlubs no están a su nombre, están a nombres de testaferros. Entonces, cuando un proxeneta entra en la cárcel resulta que sus doce burdeles siguen abiertos y a pleno rendimiento y siguen teniendo dinero para seguir matando a las mujeres y para tener los mejores abogados.  

¿Qué se debe hacer cuando a un grupo de WhatsApp llega un vídeo o imagen que pretende hacer chiste sobre la prostitución o el machismo?  

Denunciarlo dentro del grupo. Esto no tiene medias tintas. Mi espacio no lo puedes contaminar, me debes respeto.
Foto-Mabel Lozano- la opinión




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sábado, 13 de abril de 2019

Alicia de Blas: “La educación feminista asusta porque da autonomía a las personas”

Feminismo & Educación


Patricia Reguero
www.elsaltodiario.com

Educar en igualdad no es dejar a los niños sin recreo, sino reconocer y poner en valor la diversidad. Alicia de Blas es maestra y da algunas ideas para pensar unas aulas en las que poner el respeto y el cuidado en el centro.

Educar con perspectiva de género no es dejar a los niños sin recreo, como quiere hacer creer Vox. La lectura que el partido de extrema derecha hizo de una actividad programada en un colegio de Huelva la semana pasada, cuando la agenda del día 8 de marzo incluía que las niñas salieran cinco minutos antes al recreo para mostrar a los niños la injusticia del trato desigual que reciben las niñas por el hecho de serlo, es solo un ejemplo más del intento por desinformar sobre todo lo que huela a feminismo, es decir, a la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres.

Pero en los colegios, y pese a quien pese, la educación en valores de igualdad se ha ido abriendo paso mientras la derecha reaccionaria hace listas de “colegios que adoctrinan”. “Educar con perspectiva de género permite educar a personas diversas con equidad, con respeto, con reconocimiento de su diversidad y singularidad, aprovechándola”, explica Alicia de Blas García, maestra de primaria y autora del libro 71 Propuestas para educar con perspectiva de género (Fuhem, 2018). En este manual, De Blas da algunas ideas para pensar una escuela en la que la coeducación esté por encima de las notas.

¿Qué consecuencias tiene educar con perspectiva de género? 

Lo primero que querríamos que fuera el resultado de una educación con perspectiva de género es que las personas que se educaran así pudieran desarrollar un proyecto de vida autónomo, más libre, más auténtico, y que pudieran ser más felices es su vida, individual y colectivamente, que se sientan más capaces de tener el control de su vida y que fueran más felices.

Algunos sectores cuestionan la educación con perspectiva de género por considerarla “ideológica”. ¿Educar con perspectiva de género es adoctrinar? 

Educar con perspectiva de género es educar con calidad, clarísimamente. Nadie puede aprender y desarrollar todas sus capacidades en un entorno que no se reconoce o que directamente le puede resultar violento. Y, además, es educar en toda la realidad, porque la educación que tenemos no representa la totalidad de la experiencia humana, por lo que hay muchísimos saberes que se quedan fuera. El currículum actual no promueve el desarrollo de capacidades que son imprescindibles para la vida y que tienen que ver con la autonomía o con el conocimiento de las propias emociones, con la inteligencia emocional. Entonces educar con perspectiva de género es hacer una mejor escuela.

Repensar el currículum es una parte de la educación con perspectiva de género. ¿En qué otros ámbitos hay que actuar? 

En un cole educa todo: educa la manera en la que organizas la case, educa el grupo, educa el hecho de promover un trabajo colaborativo o individual, competitivo o cooperativo, educa cómo das la voz en la clase, cómo repartes tareas entre el alumnado. También educa la relación que establecen las personas que están en el cole, diría que ese es el ámbito más importante. La relación no solo entre maestras y maestros sino entre todo el personal del cole, y entre ellas y con el alumnado y las familias. También es fundamental el lenguaje, porque de alguna manera es lo que le da forma a lo que transmitimos y nuestro pensamiento, y nos reconoce o nos invisibiliza, puede ser violento o cuidadoso. También los materiales didácticos: libros de texto, pero también libros de cuentos, juguetes, carteles, todos los materiales que te puedes encontrar en un cole.Y hemos querido dar mucha importancia, porque percibimos que la tiene, a los espacios. Que patios y pasillos sean lugares acogedores y no lugares de prisas y empujones; que los baños sean espacios seguros y cómodos conde cualquiera pueda satisfacer sus necesidades... Necesitamos poner una perspectiva de género porque si no los espacios atienden a las necesidades e intereses de un pequeño grupo.

Hablas de los pasillos, ¿cómo puede un pasillo ser machista? 

Si los pasillos no son más que un lugar de paso, lo importante es que el paso sea rápido y se impone una manera de usarlo, que es la del empujón y el ruido, que es una forma de la que participan más los niños en el cole frente a niñas, o niños más pequeños, o personas con discapacidad. Por ejemplo, para una persona que tiene un TEA (trastornos del espectro autista), o para una niña que está tranquilamente conversando con otra persona, que haya unos gritos estridentes en el pasillo es muy violento.

¿Cómo se traducen en un aula de primaria las desigualdades de fuera? 

Muchas veces a nivel de estereotipos, también muchas veces por parte de las y los profes. Por ejemplo, a mí una cosa que me llama la atención que se la he escuchado a Kika Fumero, fue el descubrir que la mayoría de profesorado tenemos una presunción de heterosexualidad con respecto a nuestro alumnado y sus familias. Y de una manera completamente inconsciente estamos transmitiendo nuestra concepción del mundo que es bastante heteronormativa. También en cómo otorgamos la palabra y, así, los niños a partir de 5 o 6 tienen más facilidad para hacerse oír en el aula que sus compañeras...

¿Qué resistencias encuentran las propuestas de coeducación? 

La primera es de comprensión, porque la sensibilidad, por lo menos en los coles de Fuhem [Fundación Hogar del Empleado], está muy compartida. Qué significa esto, cómo lo llevo a cabo, qué implica... ahí ya hace falta más trabajo. Y luego, somos parte de la sociedad y tenemos también prejuicios arraigados: para trabajarlos hay que pasar un poco por las tripas y es difícil.

¿Por qué molestan este tipo de enfoques? 

Primero, porque hablan de libertad y dan autonomía a las personas para tomar sus decisiones, y eso no a todo el mundo le gusta: si todo el mundo piensa por sí mismo, tú también tienes que hacer el esfuerzo de entenderles. Desde perspectivas con mejor posición en la creación de cultural o desde estamentos más privilegiados es normal que quieran mantener las cosas más atadas, bajo su ala. Hay mucho miedo a lo desconocido y muchísimos prejuicios arraigados de años de una educación mucho más conservadora. Y supongo que quizá también por nuestra parte a veces haya fallos a la hora de comunicar y presentar las propuestas, porque estoy segura de que son beneficiosas para todo el mundo, no solo para un determinado colectivo.

El enfoque ecofeminista cala también las propuestas de tu manual, ¿por qué? 

Tiene mucho que ver con mi experiencia vital de maternidad y con cómo en ese momento me doy cuenta de que hay un mundo entero que no se me ha explicado en una escuela mixta y supuestamente muy moderna, que es el mundo de los trabajos de cuidados y la cantidad de horas y energía que dedicamos las mujeres a sostener la vida. Desde esa reflexión, y sobre todo a partir de conocer a personas tan interesantes como Yayo Herrero o Amaia Pérez Orozco y el planteamiento de la economía feminista, mi principal perspectiva es la de intentar promover un modelo social que ponga en el centro todo lo que tiene que ver con la sostenibilidad de la vida, tanto por parte de naturaleza como desde los cuidados. Eso, cuando lo plasmas en un cole, tiene que ver con que en el colegio también la sostenibilidad de la vida esté en el centro del currículum.

De las 71 propuestas, dime alguna que una persona que crea que coeducar es adoctrinar pueda ver claro para qué sirve la perspectiva de género... 

En el currículum de ciencias naturales, todo lo tradicionalmente relacionado con el cuerpo de las mujeres no se estudia: una de las cosas que hay que hacer es intentar rescatar o visualizar contenidos que tengan que ver con la vida como la viven no solo los hombres sino personas en toda su diversidad.  Otra propuesta es la de que el alumnado de un grupo sea el responsable del mantenimiento y cuidado de los espacios que habita cotidianamente, para que no parezca que hay unos duendes mágicos que consiguen que el aula esté impecable a la mañana siguiente por arte de magia. Y para mí es importante también mostrar la diversidad del profesorado y poder hablar de nuestra vida cotidiana, familia, emociones, identidad.

¿Cómo encaja esto en un contexto en el que parece que un cole vale más cuantas más horas de inglés tiene? 

Es el pensamiento que tiene casi cualquier profe de manera inmediata: “No me da el año para terminar con todo el currículum, cómo voy a además hablar de otras cosas”. Pero la mayoría de las propuestas tienen que ver con cómo organizas tu clase y cómo te relaciones con las personas con las que convives. La educación tiene una dimensión enorme, que es la de proponer la sociedad en la que queremos vivir. Y podemos transformarla o perpetuarla. Una escuela más coeducativa es una escuela que le presta menos atención a la evaluación que dice cuánto vales con una nota a final de curso, y tiene que ver con una educación que se preocupa más por cómo creces como persona y cómo te sientes. No podemos basar la relación entre el profesorado y su alumnado en el poder de aprobar o suspender, porque ese poder va en contra de la relación de reconocimiento de autoridad que hace que las personas aprendan. Una escuela coeducativa tiene que posibilitarse desde las leyes, pero hasta que podamos conseguir eso hay muchos cambios que podemos hacer.




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#YoCrioSola el hashtag que busca visibilizar los hogares monoparentales

Hogares & Mujer

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www.lacapitalmdp.com

El 85% de los hogares monoparentales están a cargo de una mujer

Hace unos días Jimena Barón se refirió en las redes sociales a la paternidad ausente de Daniel Osvaldo, su ex pareja con quien tuvo al pequeño Morrison. El hijo de ambos convive con la actriz, quien manifestó que se encarga sola de la crianza del niño. A raíz del descargo de Barón, varias madres solteras decidieron relatar sus experiencias para dar visibilidad a los hogares monoparentales.

“La maternidad, la bellísima maternidad, que ya es difícil en pareja y sola ni les cuento. Bueno, muchas mujeres lo saben…”, expresó Jimena Barón en su cuenta de Instagram. De esta manera, la actriz hizo referencia al esfuerzo que supone llevar adelante sola un hogar, los costos, la crianza de “Momo” y reflexiono sobre el rol de ser padres. En esa línea Jimena habló de su realidad y lo necesario que es para los chicos que sus padres estén presentes en su vida. A su vez hizo hincapié en la importancia de hablar de educación sexual con los más pequeños.

“No saben nada, piensan que saben, pero no tienen ni idea. Y a todas las mamás que creían solas a sus hijos, porque criar a sus hijos es otra cosa, les mando un abrazo enorme, toda mi admiración y cariño. Que nadie nunca las asuste, las maltrate, ni las agite, ni las intente juzgar por como son como mamá solas”, expresó Barón en su descargo.

“Y si te parezco una madre de mierda, deberías aparecer y educarlo vos. Ser cómplice de una madre de mierda, te hace un padre de mierda también”, concluyó la cantante.

Por su parte, la politóloga Florencia Freijo, también madre soltera, impulsó el hashtag #YoCrioSola mediante el cual varias mujeres se sintieron identificadas y contaron su realidad. “¿Qué pasaría si impulsamos un hashtag todas las madres que criamos solas para hacernos visibles?” , escribió Freijo.

Según un informe realizado por Economía Feminista, con datos del Instituto Nacional de Mujeres el 26,7% de las mujeres jefas de hogar son jefas de un hogar monoparental mientras que el 3,7% de los varones lleva adelante ese tipo de hogares. Además resaltaron que el 85% de los hogares están a cargo de una mujer.


Fuente: https://www.lacapitalmdp.com/yocriosola-el-hashtag-que-busca-visibilizar-los-hogares-monoparentales/


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viernes, 12 de abril de 2019

“Estos feminismos traman el deseo de un pachakuti feminista como horizonte político de expectativas hacia donde debe dirigirse la lucha antipatriarcal y anticolonial"

Entrevista a Carol Arcos Herrera, académica, teórica y pensadora feminista
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Luisa Fuentes Guaza
Centro Hacedor de Futuridades Maternales


Converso con la académica, teórica y pensadora feminista, Carol Arcos Herrera (Santiago, Chile, 1980), cuya investigación sobre el surgimiento del concepto moderno de maternidad del proyecto liberal en Chile a lo largo del siglo XIX se alza como un eslabón imprescindible para entender la dinámicas y dependencias implícita entre maternidad y Estado-Nación en América del Sur.

Su reflexión planeta un espacio revelador y crítico sobre cómo los feminismos antirracistas y anticoloniales están encajando todas las cuestiones relacionadas con la reproducción social y trabajo materno poniendo atención en los mandatos donde queda eliminado el sentir del cuerpo gestante y cuerpo sostenedor. 


¿Podríamos desmantelar la lógica del trabajo materno como corpomaldición o como proceso de alineamiento o como carga irreversible frente la posibilidad de articular nuevas reatribuciones donde dar la teta no sea sinónimo de poner lavadoras o sostener no sea sinónimo de encierro en el espacio privado unido a una redistribución social no-externalizada, no-privatizada, no-negadora de los derechos de las criaturas en la primera infancia de todas las actividades que configuran el trabajo materno como potencialidades para la transformación de las condiciones de vida?


En primer lugar, es necesario reconocer las maternidades como un trabajo (como bien lo dices tú) y esto, evidentemente, se hace posible gracias a la desestabilización cultural, intelectual y política que hacemos desde los feminismos en lo que se ha venido a llamar la cuarta ola, pero, que para el contexto latinoamericano, prefiero denominar feminismos anticoloniales y antirracistas.

Entonces, hablar de trabajo materno significa, por una parte, actualizar el debate sobre el nudo producción/reproducción, o capital/vida, ya presente en el feminismo de la década del 70, pero, por otra, cuestionar también sus propias premisas clasistas, racistas y neocoloniales. No solo pienso en los feminismos norte-norte, sino también en nuestros feminismos latinoamericanos hasta los 90, cuando no atendían a las dinámicas de colonialismo interno, por ejemplo.

En este terreno son fundamentales las propuestas de Silvia Federici, las perspectivas de la economía feminista (en las Españas tienen pensadoras muy fecundas en este ámbito, Amaia Pérez Orozco, Esther Velásquez, por nombrar solo algunas), y, por sobre todo, destaco el trabajo descolonizador de las feministas comunitarias bolivianas María Galindo y Julieta Paredes, y la figura de Silvia Rivera Cusicanqui desde su posición ch’ixi (concepto mediante el que da cuenta de una comunión problematizada entre múltiples diferencias culturales, un en medio de la contradicción). Como he dicho en otra parte (http://www.debatefeminista.cieg.unam.mx/wp-content/uploads/2018/03/articulos/DF55_02.pdf), estos feminismos traman el deseo de un pachakuti feminista como horizonte político de expectativas hacia donde debe dirigirse la lucha antipatriarcal y anticolonial. Y ese pachakuti feminista requiere de nuevos tratos sociales para sostener la reproducción de la vida y el trabajo del cuidado. Las feministas tenemos el deber político de pensar en la maternidad y no dejar este terreno abierto al mercado de ideas fascistas y conservadoras que constantemente reactualiza absurdos, pero resonantes y peligrosos, discursos maternalistas y naturalistas en consonancia con la defensa supuesta que hacen de la vida en sus proclamas antiabortistas. Es un asunto que nos atañe vital y políticamente y que no deberíamos continuar mirando con recelo o como el eterno goce (en el sentido psicoanalítico del término) patriarcal al que debemos someternos.

Entonces, a tu pregunta respondo que sí, sí es posible si desde el feminismo nos proponemos pensar en las maternidades y transformar las relaciones de poder-saber-afecto en las familias, en la casa, en el Estado, en el feminismo. Es una tarea que debemos hacer en conjunto.


¿podríamos re-asignar la crianza como territorio para la generación de verdaderas condiciones de igualdad y justicia como espacio de aprendizaje revolucionario desde el origen de la vida sin que ello suponga reforzar el constructo cuerpo-comunidad-femenino o reforzar los roles de género o contribuir a la mitologización de la feminidad?, ¿podríamos gestar y sostener desde la emancipación asumiendo tales actividades?


Es lo deseable, ¿no? Pero debemos generar las condiciones no solo materiales, que son fundamentales, sino también simbólicas. No es posible, por ejemplo, que una estudiante en un programa de Ethnic Studies en Estados Unidos, mexicana y pobre se sienta mal por ir a clases porque es madre joven, se sienta juzgada porque ser madre es sinónimo de ser patriarcal por antonomasia en uno de los programas de avanzada y supuestamente más de izquierda de su universidad. O cómo es posible que un estudiante gay de postgrado me pregunte cuando estaba embarazada de mi segunda hija: “¿Estas embarazada? ¡Ah bueno, no todos los hijos se abortan!” ¿Qué está pasando? Si nosotras no podemos despatriarcalizar la maternidad, ¿quién lo hará?
Debemos pensar en cómo hacer, ¿no? Ya estamos haciendo algunas cosas, como reorganizar el trabajo doméstico y del cuidado con nuestras parejas, familias, pero nos queda mucho por hacer en esos contextos y aún más en el mundo asalariado, en las relaciones laborales. Y, cómo no, entre nosotras las feministas.


Podrías ahondar más en lo que comentas sobre cómo la teoría feminista "continua mirando con recelo o como el eterno goce (en el sentido psicoanalítico del término) patriarcal al que debemos someternos" todas las cuestiones relacionadas con la reproducción social?


Cuando me refería a la noción psicoanalítica, sobre todo lacaniana, de goce lo hacía en un doble sentido. En primer lugar, es un concepto complejo no solo teóricamente en el marco del psicoanálisis, sino también para la teoría crítica feminista. Recordemos que Lacan, en un primer momento, piensa la noción de goce ligada a la de placer sexual, para posteriormente repensarla en la trama de sus fórmulas de sexuación (proceso mediante el que un sujeto deviene sexuado). Es en este último marco que Lacan desarrolla una idea diferencial del goce: el goce fálico y el goce femenino (llamado también suplementario, pues no sufriría la interdicción de la castración), y el que también ha sido activamente discutido desde el feminismo psicoanalítico o el psicoanálisis feminista. Autoras tales como Luce Irigaray, Julia Kristeva, Juliet Mitchell, Nancy Chodorow, Jessica Benjamín, Jane Flax, entre otras, nos han permitido utilizar las valiosas herramientas del psicoanálisis para cuestionar la unidad del sujeto (desde el psicoanálisis somos sujetos deseantes, asujetados o divididos) y pensar en las diversas y conflictivas maneras en cómo devenimos sujetos sexuados. El trabajo de estas y otras autoras se ha posicionado desde, al menos, dos filiaciones teóricas, por una parte, aquellas que trabajan desde la teoría freudiano-lacaniana y la otras que lo hacen desde la teoría de las relaciones objetuales, sobre todo a partir de la figura de Melanie Klein. No me detendré mucho más en esto, porque es para otra conversación, pero sí recomendaría la lectura de la introducción de Silvia Tubert a la edición española de Psicoanálisis y feminismo. Pensamientos fragmentarios (Ediciones Cátedra) de Jane Flax. El goce, grosso modo, radica en el intento permanente de exceder los límites del principio de placer, su economía causa sufrimiento. El goce, entonces, es un efecto significante operando sobre el cuerpo y que elabora una forma de satisfacción sustitutiva, pero que el sujeto no la siente como placentera, sino como dolorosa. En este sentido, es posible decir que el proceso de sexuación implica el lugar real donde alguien se debate con opciones de goce y síntoma. Este es un tema que me viene interesando mucho. Ahora mismo estoy escribiendo acerca de cómo tres escritoras latinoamericanas del siglo XIX (Carmen Arriagada, Juana Manuela Gorriti y Nísia Floresta) textualizan el síntoma en sus epistolarios. Si bien podría entenderse que estoy reposicionando la aspiración patriarcal de que las mujeres solo pueden significar su libertad o su falta mediante la exhibión de un cuerpo sufriente, por el contrario, lo que busco es releer la senda de esa herida como una simbolización en donde la muerte habita el deseo de escritura.

Creo que me alejo de tu pregunta, pero ahora vuelvo. Te decía que pensaba en la idea de goce en un doble sentido. Entonces, en el primer sentido quiero enfatizar, por si no ha quedado claro, que analizo el problema de la maternidad desde un enfoque psicoanalítico. En segundo término, pero ligado a lo anterior, considero que debemos comprender la maternidad o las maternidades no solo bajo la economía sufriente del goce. Pienso en diversos argumentos, desde los más cotidianos discursos del narcisismo neoliberal yo soy para mí, lxs hijxs son un estorbo. Con esto no digo que es abosolutamente imprescindible que las mujeres tengamos una vida con nosotras mismas, nuestro cuarto propio o intimidad, pero lo que promueven los discursos a los que me refiero no es la emancipación, sino que, por el contrario, lo que movilizan es la producción de consumidoras y hedonistas mujeres para el capital. Ahora bien, también pienso en discursos intelectuales más acabados y con los que a momentos coincido, pero con los que al final del día no estoy de acuerdo. Por ejemplo, el libro Contra los hijos de Lina Meruane, una de las autoras chilenas que más me gusta por lo demás. Es interesante el argumento de su premisa general, pues el libro es una diatriba contra los hijos tiranos, contra la infancia en su articulación contemporánea y neoliberal, razonamiento con el que concuerdo, pero también va tejiendo una postura muy contraria al trabajo materno: “la máquina de hacer hijos es nuestra condena” (15), una condena para las mujeres. Evidentemente, como señalé antes, el ejercicio de la maternidad debe ser una elección libre, la que nunca es del todo consciente por supuesto, pero es muy distintido comprender la maternidad como un interdicto que como una condena. Cuidar de otros también nos hace libres y podemos hacerlo, de hecho, feministamente. Meruane arguye: “Estarán a punto de gritarme: ¡maldita tú! ¡feminista de tomo y lomo!”, y yo diría no tenemos nada de gritarle, somos feministas pensando en la experiencia más desgarrante para la subjetividad de una mujer, pero también debemos hacerlo para construir maternidades feministas y, por lo tanto, en la senda también abierta hacia la experiencia LGTBI. Sin embargo, creo que no debemos olvidar el cuerpo-gestante-sostenedor. De lo contrario, se hacen válidos las demandas del mundo gay por conseguir vientres de alquiler o el tráfico de mujeres desde el sur global hacia el norte, que satisfagan ya no solo la industria de la prostitución, sino también de la gestación.

La maternidad no puede seguir siendo un interdicto patriarcal, debemos tener la liberad psíquica y material de desear ser madres o no, pero algo bien distinto es tener una posición antireproductiva. La maternidad es un conflicto subjetivo tan potente que se vuelve un espacio privilegiado para la repetición, vale decir, la experiencia que posibilita más fuertemente el retorno del goce materno, la madre el primer Otro para el psicoanálisis, sobre el cuerpo. Placentera y dolorosa, ambivalencia materna es la idea que para mí mejor figura la maternidad.


¿No te parece que hemos tenido que asimilarnos de manera masculinizada desde los feminismos de la tercera ola para llevar a cabo la emancipación ajustando nuestro cuerpo y sus sentires a estructuras falocéntricas donde el empleo y asalariarte estaba en el centro negando la necesidad de prestaciones sociales que apoyen la reproducción social?


Sí, por supuesto. Tú hablas justamente de bio-procesos y eso es tan importante. Gran parte de las veces olvidamos el peso que tienen dichos bio-procesos en la vida cotidiana de las personas. No es lo mismo ir a trabajar embarazada que sin estarlo, o con la regla, o amamantando. La experiencia corporal y psíquica de las mujeres es diferencial, y eso no nos hace menos o más hábiles para desarrollar tal o cual trabajo frente a la masculinidad, pero devenir mujeres (cisgénero o transgénero, heterosexual u homosexual) es un proceso evidentemente distinto que no tiene por qué escenificarse con las herramientas más agresivas del patriarcado. Pienso, por ejemplo, en colegas mujeres fálicas que desmerecen el trabajo doméstico y que no están dispuestas a pensarlo porque no merece la pena, es patriarcado y punto. Lo privado es político, lo íntimo es político y la maternidad requiere que la pensemos políticamente.


¿Podemos ya poner sobre la mesa que los actuales feminismos anticoloniales y antirracistas o desde el norte-norte, lo de la cuarta ola, demandan una teoría crítica y un tratamiento público que reconozca los bio-procesos o procesos encarnados que atraviesan al cuerpo-gestante y al cuerpo-sostenedor durante el trabajo materno?, ¿estamos legitimadas para articular un feminismo bio-integrativo que asuma los distintos sentires no-masculizados en relación a la maternidad?

Pucha! (como decimos en Chile), claro que sí. Lo estamos haciendo desde nuestros propios lugares. Creo que conocerte a ti y las redes activistas que estás formando ayudarán enormemente en una tarea que con estos ritmos nuestros recién comienza.


Fuente: https://futuridadesmaternales.net/2019/04/05/las-feministas-tenemos-el-deber-politico-de-pensar-en-la-maternidad-y-no-dejar-este-terreno-abierto-al-mercado-de-ideas-fascistas-y-conservadoras-que-constantemente-reactualiza-absurdos-pero-resona/


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miércoles, 10 de abril de 2019

"Mujeres como Alexandria Ocasio-Cortez son increíblemente importantes para que otras se empoderen y se levanten"

Entrevista a Maria Svart, Democratic Socialists of America


Andrés Gil
The Guardian/El diario

"Nosotros, como Trump, hablamos al enfado y al dolor que siente la gente, pero nuestras soluciones se basan en la solidaridad y en oponernos al neoliberalismo", explica Maria Svart. "Somos los únicos que decimos que si los migrantes no tienen derechos, es malo para el resto de trabajadores", afirma la dirigente de la organización socialista a la que pertenece la congresista neoyorquina. "La izquierda necesita tener un mensaje unificado sobre el cambio climático, la migración, la economía, con una alternativa positiva y un camino para alcanzarla", afirma la líder de los Democratic Socialists of America (DSA)

Maria Svart, directora nacional de los Democratic Socialists of America (DSA), en el Parlamento Europeo. GUE

Maria Svart es la directora nacional de los Democratic Socialists of America (DSA), uno de los principales grupos de apoyo de Bernie Sanders, al que pertenece la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez (AOC).
En Estados Unidos conviven dos mareas: la que aupó a Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez y la también congresista Rashida Tlaib, y, por otro lado, la que llevó a la Casa Blanca a Donald Trump. 
Es excitante y aterrador al mismo tiempo. Donald Trump es en parte producto de los últimos años de austeridad neoliberal, y se dirige directamente al dolor que sufre mucha gente en Estados Unidos, particularmente en las zonas industrializadas del país y fuera del cinturón de Washington DC y de las costas. Trump ve el dolor de la gente y habla a ese dolor.
El problema es que sus soluciones son completamente erróneas. Es lo que podríamos llamar un snake oil sales salesman, un vendedor tramposo que hace bait and switch, que engaña a la gente: está diciendo que tiene todas las respuestas a sus problemas, pero les da más neoliberalismo.
Así, lo que hace es profundizar en la crisis del país, y en la de las clases trabajadoras y pobres, pero también en la de aquellos que le apoyan y que pertenecen a sectores con dinero, blancos y con ansiedad sobre el futuro; a los que le preocupa perder el control del país porque la demografía está cambiando sus economías. Trump está hablando a su ansiedad y utilizando la reacción de los blancos.
Es una reacción que se dirige contra las conquistas de los movimientos sociales de finales del siglo XX, es una combinación de dirigirse a los desposeídos pero también a los reaccionarios. Son dos segmentos fundamentales de su base. Y Trump es parte del problema, y por eso moviliza al DSA, el movimiento socialista democrático y a Bernie Sanders, y causa protestas: porque la gente trabajadora y pobre está hasta con la dirección del país.
Cuando ves que las políticas más progresistas del presidente Obama tampoco lo eran tanto, la gente estaba insatisfecha. Y cuando Hillary Clinton se enfrenta contra Trump, y aunque cometiera algunos errores estratégicos, el problema es que lo que decía no tenía nada que ver con lo que estaba viviendo la mayoría del país. Y mucha gente no se sintió inspirada ni motivada a votar.
Y para terminar el puzzle, hay que entender que el Partido Republicano siempre ha hecho todo lo posible para impedir el voto demócrata, con todo tipo de estratagemas legales o ilegales. El sistema electoral estadounidense ya tiene de por sí numerosas barreras para que la gente pobre y trabajadora pueda votar, como cerrar los colegios electorales en barrios negros y pobres, llevarles las máquinas de votación en peor estado para que se rompan, difundir información falsa sobre las fechas para registrarse, etc. Si a todo eso sumas la desafección con Hillary Clinton y la movilización del miedo y el enfado de Trump, además del segmento de la población americana proclive al extremismo y el resentimiento, tienes a Trump ganando la mayoría del colegio electoral.
Pero todo esto, al mismo tiempo, es lo que hace que Bernie Sanders esté siendo tan popular y que el DSA esté creciendo. Porque vemos que la gente está sufriendo, pero nuestras soluciones se basan en la solidaridad y en oponernos al neoliberalismo. En construir una sociedad para todos con una alternativa positiva.
Nosotros también estamos hablando al enfado y al dolor que siente la gente, y señalamos a los demócratas de Wall Street, aquellos del Partido Demócrata que están al servicio de las élites y no tienen soluciones como no las tiene Trump porque depende de esas élites. Lo que tenemos que hacer es dirigirnos a esa base de Trump y explicar que lo que está haciendo el presidente es lo contrario que les prometió.
Cuando Trump fue a lugares como Indiana, Ohio, Michigan y dijo que eran la parte industrializada del país, como la llamaba Roosevelt, le dijo a la gente de las fábricas de General Motors que él mantendría viva la industria, que no vendieran sus casas, que todo iría bien. Y en dos años GM ha anunciado que cierra tres fábricas en EEUU y una en Canadá.
Igual que cuando fue a la guerra comercial con China y muchos agricultores almacenaron soja, y ahora con las inundaciones se les ha echado toda a perder. Muchos agricultores van a perder sus granjas por el ego de Trump.
Hace algo más de un año, en diciembre de 2017, Trump aprobó una rebaja de impuestos por la cual a gente como yo tendría una recorte durante un tiempo, mientras que los ricos lo tendrían durante un periodo mucho más largo. Lo cual no solo ataca a las clases trabajadoras, sino que hipoteca las posibilidades del próximo Gobierno. Así, en el futuro, aunque los demócratas ganen el Senado y la Casa Blanca, no tendrán recursos porque estarán en los bolsillos de los más ricos y no podrá realizar grandes reformas socialdemócratas.
Por tanto, Trump es un encantador de serpientes, pero logró movilizar. Habla a un dolor real y da mítines por todo el país llamando a la violencia contra los medios, la izquierda, los migrantes y generando histeria contra ellos. Usando el miedo de la gente y dirigiéndolo hacia los más vulnerables en lugar de contra el verdadero enemigo.
Por ello, nuestro mensaje tiene dos partes. Una, que es inmoral lo que está haciendo. Y la otra, que es peligroso para la gente trabajadora. Somos los únicos que estamos diciendo que si los migrantes no tienen derechos, es malo para el resto de trabajadores porque verán erosionado su nivel de vida. Muchos demócratas progresistas muestran su pena por las familias que se separan en la frontera, por los niños que apartan de sus padres... Pero lo que está haciendo Trump con esas familias de migrantes al final también tiene como consecuencia recortes para los trabajadores americanos. Y tenemos que estar unidos.
¿Cómo se puede combatir a esa extrema derecha, que está creciendo también en Europa?
En algunos lugares tiene base social, incluso en la clase trabajadora, porque la izquierda a veces se ha alejado de la población trabajadora y empobrecida. Y los políticos de la izquierda tienen que venir de las clases trabajadoras. Y los partidos tienen que hablar de las necesidades de la gente común. Y hay que ser muy claro, con un mensaje único en toda Europa. La izquierda necesita tener un mensaje unificado sobre el cambio climático, la migración, la economía, y hablar a los miedos de la gente, pero con una alternativa positiva y un camino para alcanzarla.
Porque la razón por la que la derecha triunfa es porque hay gente que vive con miedos. No puedes ignorar esos miedos, hay que afrontarlos y dar soluciones creíbles. Porque el argumento moral de los niños migrantes que separan de sus padres me puede conmover por la pena, pero si soy un trabajador americano que tengo que alimentar a mi familia, puedo sentir pena, pero pienso en la necesidad de alimentar a mi familia.
Así que, te tienes que dirigir a las preocupaciones de los trabajadores y mostrar que la solidaridad internacional entre trabajadores es lo único que tenemos, que la gente puede tener miedos, pero si das esperanza y explicas cómo dependemos unos de otros y tenemos que estar unidos y perseveras con este mensaje. Creo que es una solución, además de que la izquierda necesita aplicar programas económicos.
Recientemente ha habido un discurso de Alexandra Ocasio-Cortez sobre el cambio climático en el que apelaba precisamente a cómo afectaba a la vida cotidiana de las personas más pobres de Estados Unidos.
Ella estaba respondiendo a un republicano que la acusaba de ser elitista por hablar del cambio climático. Eso es lo que hace la extrema derecha, apunta a las élites. Tenemos ese problema, que tiene que ver con soluciones tecnocráticas, a veces aplicadas por la izquierda.
Pero la verdad es que son asuntos que afronta la gente cada día, y no estamos conectando bien. Y, entonces, cuando el republicano le dice que está siendo elitista, ella dice que es un asunto que afecta a las clases trabajadoras porque los niños no saben leer, porque la gente está siendo forzada a migrar por tener agua no potable; y le dice que ella tiene niños y que no tienen futuro.
El cambio climático, con huelgas de estudiantes, es uno de los asuntos más movilizadores en el momento en Europa.
La solución al cambio climático ha de ser estructural, y tiene que ver con la industria militar de EEUU. Tienes que ir tras la industria de los combustibles fósiles. No va de soluciones individuales, siempre se presenta como soluciones individuales o neoprogresistas, como el impuesto al carbón. De acuerdo, las clases trabajadoras han de tener trabajos que no contaminen, pero para eso hay que garantizar trabajo para aquellos que sufran los recortes de las empresas contaminantes.
Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib, usted misma... El 8M y la huelga feminista en España y muchos países del mundo. Hay un liderazgo femenino y feminista en la política, una de las principales dianas de la extrema derecha también.
La extrema derecha quiere frenar a las mujeres porque tiene una visión muy patriarcal de la familia. Es muy parecido a la visión que tienen del Estado. La razón por el resurgimiento de los liderazgos de mujeres en Estados Unidos también tiene que ver con que Donald Trump ha provocado una reacción y muchas mujeres progresistas de clases medias y altas han decidido implicarse en los procesos políticos.
Pero también entre las clases trabajadoras: ahora mismo hay una ola de huelgas en Estados Unidos, con profesores en huelga en West Virginia, uno de los Estados más conservadores, y se están extendiendo a otros lugares del país, como la más progresista California. Y los movimientos están siendo liderados por mujeres. Las mujeres están hartas y están luchando tanto en los tribunales como dentro del sistema político.
Los republicanos están actuando, poniendo más restricciones con el aborto, por ejemplo, y las mujeres están levantando la voz, organizándose y respondiendo a la extrema derecha.
No sabemos qué va a pasar, pero mujeres como AOC son increíblemente importantes para dar voz y empoderar a más mujeres para que se levanten.
El feminismo, al cuestionar la organización del trabajo y de los cuidados, cuestiona también el sistema económico.
Sí, además tenemos un grave problema de envejecimiento de la población, por lo que el movimiento feminista socialista somos los únicos que tenemos la solución al problema.
Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com

martes, 9 de abril de 2019

Judith Butler: la teoría del género, del movimiento queer y las vidas precarias en Chile


Judith Butler & Teoría del género


Patricio Tapia
http://cctt.cl

“Me complace mucho que el feminismo vuelva a ser fuerte”

Formalmente, Judith Butler es profesora de retórica y literatura comparada en la Universidad de California en Berkeley, aunque esos títulos pueden ser engañosos porque no escribe exactamente sobre esos temas. Su nombre suele vincularse, en cambio, a campos mucho más controvertidos. Los interesados en la teoría crítica sabrán de sus aportes a los estudios de género y el feminismo, así como su rol fundacional en la teoría y el movimiento queer (identidad sexual no binaria). Los aún más enterados podrán mencionar su noción de “performatividad de género” y cómo ésta se manifiesta en prácticas paródicas como las drag, aunque no siempre bebiendo de sus libros, de lectura exigente.
Nacida en 1956 en una familia judía, Butler se formó inicialmente como filósofa. Es la autora de un libro de enorme influjo, El género en disputa (1990), en que formulaba una crítica a la idea del “sexo” como algo natural mientras que el género sería socialmente construido, la que se ha planteado en el supuesto del binarismo de género, que margina la homosexualidad (lo llamó “matriz heterosexual”). El género sería una “actuación” obligada por ciertas normas sociales. En Cuerpos que importan (1993) señaló que se entendían por tales aquellos cuya materialización los hace “inteligibles”, existiendo un conjunto de cuerpos “abyectos” que no tienen sentido en los esquemas predominantes.
Si bien en un artículo de hace casi 20 años Butler consideró la ética como un escape de la política, los hechos del 11 de septiembre de 2001 generaron en ella una oposición fundamental a las políticas adoptadas por el gobierno de Bush, que reforzaban las distinciones entre vidas humanas que son valoradas, dignas de pena o protección, y aquellas que no lo son. El denominado “giro ético” de Butler ha puesto la “precariedad” de la vida en el centro de la pregunta por lo político, porque implica una conciencia sobre la interdependencia como condición de toda vida. En Cuerpos aliados y lucha política (2015) defiende una ética de la convivencia, recordando que no se trata de simpatía o amor por la humanidad: “Vivimos juntos porque no tenemos opción”.
También ha abogado por el reconocimiento del parentesco no basado en el matrimonio y apoyado una variedad de causas políticas, así como participado en debates sobre el discurso de odio, contra las guerras y la detención de prisioneros o el conflicto entre Palestina e Israel. Invitada al país por la U. de Chile, respondió preguntas a Culto por e-mail.
–¿Qué se considera más: una académica o una activista?
-A veces soy una académica sin ser activista, pero a veces soy una activista. También hay un tipo de escritura académica que arroja luz sobre temas políticos sin ser activista. A veces hago eso.
–A casi 30 años de El género en disputa, ¿cuáles son los cambios y las persistencias en la sociedad de los temas que abordó allí?
-Estamos viendo una reacción al tipo de posición que propuse en el movimiento de ideología contra el género, que cree que deberíamos volver a las ideas de la diferencia sexual natural, la familia patriarcal y la desigualdad entre hombres y mujeres. Y, sin embargo, hay movimientos para aumentar la libertad de género que han ayudado a producir derechos y reconocimiento público para las personas trans y travestis, y para todos aquellos que no se ajustan al género. El movimiento hacia una mayor libertad e igualdad se tropieza con un movimiento reaccionario, por lo que es un conflicto activo en la sociedad.
–Una de sus contribuciones es la idea de “performatividad de género”. ¿Podría resumirla?
-En mi trabajo inicial, sugerí que lo que a veces llamamos la “esencia interna” de la identidad de género se produce a lo largo del tiempo por las prácticas ordinarias o actuaciones de la vida. Esas representaciones ordinarias del género no son falsas: constituyen nuestro sentido de la realidad social.
–¿Qué opina que el derecho al matrimonio sea tan importante en la agenda política homosexual?
-Hay varias “agendas gay”, una es con seguridad el matrimonio gay. Y las personas lesbianas y gays deberían tener los mismos derechos matrimoniales y familiares que las personas heterosexuales, sin duda. Pero hay otros movimientos que son más ampliamente coalicionales: LGBTQI, por ejemplo, es un acrónimo que afirma una alianza amplia, que debería estar, idealmente, vinculada con el feminismo y la lucha por la libertad social y la igualdad social.
–¿Cómo influyó el Holocausto en su pensamiento?
-El genocidio nazi me afectó en mi niñez y siempre ha sido parte de mi pensamiento y mi orientación ética. Los debates sobre la mejor manera de recordar esas pérdidas es uno que resuena en Chile y Argentina, donde los museos de la memoria tienen que establecer el verdadero historial de violencia, pero también el imperativo de defender los derechos humanos contra la tortura y la desaparición y el asesinato político. Hacer esto a través de los períodos de la historia y las fronteras lingüísticas y nacionales es tanto un acto de traducción cultural como un imperativo ético.
–El 11 de septiembre de 2001 ha sido crucial en su distinción entre vidas que importan y las que no.
-Incluso en los debates sobre la conmemoración de los exterminados por el régimen nazi, era importante señalar que los judíos fueron asesinados junto con los comunistas, los romaníes y los discapacitados, por ejemplo. Si recordamos a un grupo a expensas de otro, negamos esas pérdidas. En México, la conmemoración de los 43 de Ayotzinapa, por ejemplo, requiere una revelación completa de lo que les sucedió a esos estudiantes. El duelo público requiere un relato histórico completo cuando se puede tener, pero también es una forma de manifestarse contra la violencia y exigir un mundo sin tanta violencia.
–A los “cuerpos que importan” opone los “abyectos”, pero la abyección no se limita al sexo, ¿no?
-Cualquier cuerpo al que se le niegue atención médica, cualquier migrante que es apátrida y que no tenga derecho a ingresar a un país y recibir servicios sociales. La abyección es una estrategia de poder y se dirige a diferentes cuerpos. Nombra una relación de los cuerpos con el poder, pero no nombra lo que realmente son esos cuerpos. Esos cuerpos están vivos y merecen apoyo social y económico.
–Hay una aspiración constante en sus libros a una “vida vivible”.
-La vida que no está respaldada por condiciones sociales y económicas, que carece de reconocimiento social y político, puede convertirse en vida precaria, una vida que no puede encontrar su suelo y no conoce su futuro. Esta no es una vida vivible, y un número creciente de personas bajo el capitalismo contemporáneo vive en este sentido de miseria, consideradas como prescindibles o no consideradas como vidas legítimas que merecen apoyo económico y libertad política.
–Alguna vez consideró la ética como un escape de la política. Pero ha tenido un “giro ético”…
-Ahora me interesan las obligaciones que unen a los humanos en todo el mundo y busco reformular nuestra idea de lo humano en términos de sus relaciones de vida con otras criaturas vivientes y con la Tierra. Mi defensa de la no violencia es una posición ética dentro del campo político.
–Ha destacado nuestra dependencia de otros. ¿Es la fuente de nuestras responsabilidades?
-No es solo eso que como individuos dependemos unos de otros. Es más bien que nuestra interdependencia nos define como seres relacionales. No soy nada sin el otro, y el otro depende de mí, de un mundo social, para vivir. Este hecho ilumina tanto nuestra interdependencia social como nuestras obligaciones éticas.
–¿Qué le parece la revitalización de las demandas feministas hoy?
-Me complace mucho que el feminismo vuelva a ser fuerte y que las mujeres se estén reuniendo y tomando las calles. Por supuesto, siempre hay un debate sobre qué forma debe tomar el feminismo. Prefiero las acciones colectivas y los movimientos sociales que se basan en la historia feminista y mantienen fuertes vínculos de coalición con los movimientos de justicia económica y antirracista. En este sentido, “Ni una menos” es un movimiento feminista enormemente poderoso en muchas regiones ahora. #MeToo llama la atención sobre el carácter generalizado del acoso sexual y la discriminación, y eso es importante. Pero me preocupa que esté formulado dentro del marco del individualismo.
Formalmente, Judith Butler es profesora de retórica y literatura comparada en la Universidad de California en Berkeley, aunque esos títulos pueden ser engañosos porque no escribe exactamente sobre esos temas. Su nombre suele vincularse, en cambio, a campos mucho más controvertidos. Los interesados en la teoría crítica sabrán de sus aportes a los estudios de género y el feminismo, así como su rol fundacional en la teoría y el movimiento queer (identidad sexual no binaria). Los aún más enterados podrán mencionar su noción de “performatividad de género” y cómo ésta se manifiesta en prácticas paródicas como las drag, aunque no siempre bebiendo de sus libros, de lectura exigente.
Nacida en 1956 en una familia judía, Butler se formó inicialmente como filósofa. Es la autora de un libro de enorme influjo, El género en disputa (1990), en que formulaba una crítica a la idea del “sexo” como algo natural mientras que el género sería socialmente construido, la que se ha planteado en el supuesto del binarismo de género, que margina la homosexualidad (lo llamó “matriz heterosexual”). El género sería una “actuación” obligada por ciertas normas sociales. En Cuerpos que importan (1993) señaló que se entendían por tales aquellos cuya materialización los hace “inteligibles”, existiendo un conjunto de cuerpos “abyectos” que no tienen sentido en los esquemas predominantes.
Si bien en un artículo de hace casi 20 años Butler consideró la ética como un escape de la política, los hechos del 11 de septiembre de 2001 generaron en ella una oposición fundamental a las políticas adoptadas por el gobierno de Bush, que reforzaban las distinciones entre vidas humanas que son valoradas, dignas de pena o protección, y aquellas que no lo son. El denominado “giro ético” de Butler ha puesto la “precariedad” de la vida en el centro de la pregunta por lo político, porque implica una conciencia sobre la interdependencia como condición de toda vida. En Cuerpos aliados y lucha política (2015) defiende una ética de la convivencia, recordando que no se trata de simpatía o amor por la humanidad: “Vivimos juntos porque no tenemos opción”.
También ha abogado por el reconocimiento del parentesco no basado en el matrimonio y apoyado una variedad de causas políticas, así como participado en debates sobre el discurso de odio, contra las guerras y la detención de prisioneros o el conflicto entre Palestina e Israel. Invitada al país por la U. de Chile, respondió preguntas a Culto por e-mail.
–¿Qué se considera más: una académica o una activista?
-A veces soy una académica sin ser activista, pero a veces soy una activista. También hay un tipo de escritura académica que arroja luz sobre temas políticos sin ser activista. A veces hago eso.
–A casi 30 años de El género en disputa, ¿cuáles son los cambios y las persistencias en la sociedad de los temas que abordó allí?
-Estamos viendo una reacción al tipo de posición que propuse en el movimiento de ideología contra el género, que cree que deberíamos volver a las ideas de la diferencia sexual natural, la familia patriarcal y la desigualdad entre hombres y mujeres. Y, sin embargo, hay movimientos para aumentar la libertad de género que han ayudado a producir derechos y reconocimiento público para las personas trans y travestis, y para todos aquellos que no se ajustan al género. El movimiento hacia una mayor libertad e igualdad se tropieza con un movimiento reaccionario, por lo que es un conflicto activo en la sociedad.
–Una de sus contribuciones es la idea de “performatividad de género”. ¿Podría resumirla?
-En mi trabajo inicial, sugerí que lo que a veces llamamos la “esencia interna” de la identidad de género se produce a lo largo del tiempo por las prácticas ordinarias o actuaciones de la vida. Esas representaciones ordinarias del género no son falsas: constituyen nuestro sentido de la realidad social.
–¿Qué opina que el derecho al matrimonio sea tan importante en la agenda política homosexual?
-Hay varias “agendas gay”, una es con seguridad el matrimonio gay. Y las personas lesbianas y gays deberían tener los mismos derechos matrimoniales y familiares que las personas heterosexuales, sin duda. Pero hay otros movimientos que son más ampliamente coalicionales: LGBTQI, por ejemplo, es un acrónimo que afirma una alianza amplia, que debería estar, idealmente, vinculada con el feminismo y la lucha por la libertad social y la igualdad social.
–¿Cómo influyó el Holocausto en su pensamiento?
-El genocidio nazi me afectó en mi niñez y siempre ha sido parte de mi pensamiento y mi orientación ética. Los debates sobre la mejor manera de recordar esas pérdidas es uno que resuena en Chile y Argentina, donde los museos de la memoria tienen que establecer el verdadero historial de violencia, pero también el imperativo de defender los derechos humanos contra la tortura y la desaparición y el asesinato político. Hacer esto a través de los períodos de la historia y las fronteras lingüísticas y nacionales es tanto un acto de traducción cultural como un imperativo ético.
–El 11 de septiembre de 2001 ha sido crucial en su distinción entre vidas que importan y las que no.
-Incluso en los debates sobre la conmemoración de los exterminados por el régimen nazi, era importante señalar que los judíos fueron asesinados junto con los comunistas, los romaníes y los discapacitados, por ejemplo. Si recordamos a un grupo a expensas de otro, negamos esas pérdidas. En México, la conmemoración de los 43 de Ayotzinapa, por ejemplo, requiere una revelación completa de lo que les sucedió a esos estudiantes. El duelo público requiere un relato histórico completo cuando se puede tener, pero también es una forma de manifestarse contra la violencia y exigir un mundo sin tanta violencia.
–A los “cuerpos que importan” opone los “abyectos”, pero la abyección no se limita al sexo, ¿no?
-Cualquier cuerpo al que se le niegue atención médica, cualquier migrante que es apátrida y que no tenga derecho a ingresar a un país y recibir servicios sociales. La abyección es una estrategia de poder y se dirige a diferentes cuerpos. Nombra una relación de los cuerpos con el poder, pero no nombra lo que realmente son esos cuerpos. Esos cuerpos están vivos y merecen apoyo social y económico.
–Hay una aspiración constante en sus libros a una “vida vivible”.
-La vida que no está respaldada por condiciones sociales y económicas, que carece de reconocimiento social y político, puede convertirse en vida precaria, una vida que no puede encontrar su suelo y no conoce su futuro. Esta no es una vida vivible, y un número creciente de personas bajo el capitalismo contemporáneo vive en este sentido de miseria, consideradas como prescindibles o no consideradas como vidas legítimas que merecen apoyo económico y libertad política.
–Alguna vez consideró la ética como un escape de la política. Pero ha tenido un “giro ético”…
-Ahora me interesan las obligaciones que unen a los humanos en todo el mundo y busco reformular nuestra idea de lo humano en términos de sus relaciones de vida con otras criaturas vivientes y con la Tierra. Mi defensa de la no violencia es una posición ética dentro del campo político.
–Ha destacado nuestra dependencia de otros. ¿Es la fuente de nuestras responsabilidades?
-No es solo eso que como individuos dependemos unos de otros. Es más bien que nuestra interdependencia nos define como seres relacionales. No soy nada sin el otro, y el otro depende de mí, de un mundo social, para vivir. Este hecho ilumina tanto nuestra interdependencia social como nuestras obligaciones éticas.
–¿Qué le parece la revitalización de las demandas feministas hoy?
-Me complace mucho que el feminismo vuelva a ser fuerte y que las mujeres se estén reuniendo y tomando las calles. Por supuesto, siempre hay un debate sobre qué forma debe tomar el feminismo. Prefiero las acciones colectivas y los movimientos sociales que se basan en la historia feminista y mantienen fuertes vínculos de coalición con los movimientos de justicia económica y antirracista. En este sentido, “Ni una menos” es un movimiento feminista enormemente poderoso en muchas regiones ahora. #MeToo llama la atención sobre el carácter generalizado del acoso sexual y la discriminación, y eso es importante. Pero me preocupa que esté formulado dentro del marco del individualismo.

Fuente: http://culto.latercera.com/2019/04/05/judith-butler-feminismo-fuerte/



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