RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

miércoles, 28 de marzo de 2018

El feminismo militante: Esta es mi revolución



Daiana García
Brecha

La fertilidad de la militancia feminista en Uruguay acompaña un fenómeno internacional de características inéditas. Puertas adentro las diferencias ideológicas y generacionales marcan distintas formas de ponerle el cuerpo a la causa y reeditan el histórico debate entre la autonomía, la institucionalización y el rol del Estado. Pero hay una preocupación compartida: cómo llegar a los sectores populares.



Foto: archivo brecha
Como un río desbordado tras una tormenta, el pensamiento feminista cautiva hoy, quizás más que nunca, a mujeres de todas las generaciones, pero fundamentalmente a las más jóvenes. Esto tiene su espejo en el brazo militante que también se ensancha y diversifica. Pero aún no está claro cómo será el cauce del río. Dos grandes paradigmas parecen dividir a la militancia feminista en Uruguay: la autonomía o la institucionalidad. Las “autónomas”, un adjetivo que las define aunque no todas sientan que es el que mejor las representa, están nucleadas en la Coordinadora de Feminismos (CF), conformada en noviembre de 2014 como una secuela del I Encuentro de Feminismos de Uruguay.

En ella participan colectivos de mujeres (1) y mujeres a título personal. El segundo grupo está comprendido en la Intersocial Feminista (2) conformada el 8 de marzo de 2017 como una escisión de la CF e integrada por organizaciones de mujeres y mixtas, ya que no admite la participación individual. La militancia no se agota en estos dos espacios.

Existen organizaciones, como Mujer y Salud Uruguay (Mysu), que no participan de ninguno y otras que lo hacen en ambos. También hay diversos colectivos del Interior cuyo contacto con el capitalino es muy puntual, y está el Paro Internacional de Mujeres (Pim), cuya génesis es la que se adivina en su nombre, que actualmente se consolida como un lugar de coordinación, encuentro y acción, y aunque participa en algunas actividades de la CF, se define como independiente.

Esta geografía feminista en la que coexisten diferencias ideológicas, estratégicas e incluso generacionales, no ha logrado, hasta el momento, concretar un espacio de coordinación. Para la organización de la marcha de ayer acoplaron algunas acciones puntuales, pero con concepciones que parecen casi irreconciliables acerca de cómo aprovechar y gestionar la masividad esperada. Si colocar o no un estrado, si leer la proclama de forma colectiva o seleccionando a una vocera, y si hacerle o no reclamos al Estado fueron algunos de los principales desencuentros de cara al denominado “8M”.

Es casi un cliché decir que la izquierda progresista ya no enamora. El feminismo parece abrazar el mérito de conquistar ideológicamente y el principal desafío para las militantes parece ser cómo capitalizar esta efervescencia, o cómo traducir la masiva convocatoria en mejoras que resientan las desigualdades de género.

El estado de la materia


La concepción en torno al rol del Estado y cómo interactuar con él es uno de los parteaguas del feminismo. Mariana González Guyer, investigadora del área de género de la Facultad de Ciencias Sociales (Udelar), explicó en conversación con Brecha que el debate entre la autonomía, la institucionalización y el rol del Estado es “muy viejo” en el movimiento feminista: “es una discusión que tiene varias décadas y que ahora se reedita”. En Uruguay ya se esbozaba tímidamente en los primeros movimientos posdictadura, si bien en ese momento la institucionalidad feminista prácticamente no existía o era muy reciente (Cotidiano Mujer se creó en 1985).

Pero se instaló con fuerza en los noventa a partir de la histórica Conferencia sobre la Mujer, de las Naciones Unidas, realizada en Beijing. González entiende que esta discusión “implica una distancia difícil de reconciliar, porque determina con quién interactuás y la acción”. Soledad González (Cotidiano Mujer), una de las impulsoras de la creación de la Intersocial, afirma que su surgimiento tuvo que ver con la necesidad de “incidir políticamente” y hacerle reclamos concretos al Estado y al gobierno, y su objetivo es consolidarse como “un actor de peso”. En ese sentido, contó, dieron los primeros pasos al estudiar los textos de la última rendición de cuentas y luego lograron revertir algunos cambios de la ley integral sobre violencia de género que se habían introducido en la Cámara de Senadores y que eran “poco favorables”.

Si bien hay quienes reconocen en la CF rasgos anarquistas, no es una definición ideológica que sus integrantes levanten explícitamente. La mayoría parece reconocerse con el concepto de autonomía. Florencia y Verónica, dos de sus siete voceras, que prefirieron figurar sólo por sus nombres de pila, explicaron a Brecha que no buscan reclamarle nada al Estado, sino “hablarnos a nosotras mismas, desde el contacto. No tenemos una lista de reivindicaciones, tenemos una búsqueda que es transformar las relaciones entre mujeres”.

Su encare se propone “cambiar el foco”, no “hablarle a otros”, puntualmente al Estado, porque lo consideran una estructura que reproduce las lógicas patriarcales. La CF lleva adelante las “alertas feministas”, instancias situadas en el espacio público que se convocan cada vez que una mujer es asesinada por violencia de género. Esta forma de protesta es distinta a una marcha tradicional, el sentir es el clima predominante, con las performances, el “abrazo caracol” (una dinámica de abrazo colectivo) y la lectura de la proclama en forma grupal.

Para Florencia “es una lucha que te atraviesa, es mucho más que una lista de reivindicaciones”. Verónica redobla la apuesta. Explica que pedirle algo al Estado “es pensar que el cambio va suceder dependiendo de ellos, cuando nos den tal presupuesto, por ejemplo. No negamos que exista, pero apelamos a estas otras formas”. Lilián Celiberti, coordinadora de Cotidiano Mujer, define a este colectivo como “un feminismo que quiere interpelar al Estado respecto de sus responsabilidades”, pero “manteniendo la autonomía y la visión crítica, porque hay luchas concretas que exceden nuestra acción”.

En esa línea, González reconoce que hay cambios más de orden cultural que no dependen exclusivamente de las políticas públicas, pero relativiza al afirmar que hay problemas más urgentes. Pone como ejemplo las mujeres que sufren violencia en sus casas hoy: “Necesitan refugio, protección legal, trámites fáciles, campañas de comunicación estable, y para eso se necesita plata. Por eso nuestro foco es pedir recursos al Estado”.

Volver a la calle


Si hay un mérito que se les reconoce a las jóvenes integrantes de la CF es el retorno del feminismo al espacio público, con las alertas. En ocasiones, lamentablemente, más de una vez por semana. Algunas de ellas visualizan una dicotomía entre la presencia en las calles y hacer política tras los escritorios de las instituciones feministas. Mariana Menéndez, integrante de Minervas, un colectivo que articula a través de la CF, considera que el mapa de feminismos de los noventa, “muy encerrado en las políticas públicas y de género”, ha sido superado, en algún punto.

La militante considera que reconquistar el espacio público como lugar de encuentro y protesta “no es poca cosa, ante cuerpos que de noche tienen miedo de estar solos en la calle, es experiencia política, aunque se desestime desde las visiones más dogmáticas”. Aunque la prioridad de Minervas no ha sido la intervención en la agenda, Menéndez reconoce que “a veces hay que arrancarle cosas al Estado, o ponerle límites”; admite que el movimiento está madurando y quizás “mañana haya que hacerlo”. El empuje de las nuevas generaciones propone una nueva forma de hacer política, a través del cuerpo, si bien advierten que quizás no es entendida. La revalorización de los vínculos entre mujeres –en un sistema que abona la competencia– y la presencia en las calles son su motor.

Los billetes 

¿Cómo financiar una causa o generar conocimiento y evidencia sin dinero?, ¿cuál es el organismo que subvenciona y en qué medida condiciona las agendas?, son algunas de las interrogantes a la hora de pensar el financiamiento del movimiento feminista organizado. Desde los colectivos institucionalizados entienden que es difícil hacer política sin dinero; desde la CF repelen completamente la financiación que provenga de organismos internacionales (de donde surge la gran mayoría de los recursos de las organizaciones que reciben financiamiento) y prefieren apelar a la autogestión o a la solidaridad de los sindicatos.

Lilián Abracinskas, directora de Mysu, fundado en 1996, reconoce que “la institucionalidad de la lucha a través de las políticas de género ha sido débil y muy mezquina”, pero entiende que con la autoorganización no alcanza: no se logran los recursos para realizar campañas que impulsen políticas públicas o para monitorear al Estado. Si hay dinero es posible, además, remunerar a las personas que trabajan en estas instituciones. Abracinskas se pregunta por qué, si las mujeres cargan con la doble o triple jornada, deben trabajar gratis para la causa.

Los espacios feministas más distantes de la institucionalidad prefieren para sí mismos formas de financiación ajenas a organismos como las Naciones Unidas o la Unión Europea, por la carga simbólica y porque entienden que hay un riesgo de contaminar las agendas. Este tipo de subvenciones, explicó Celiberti, se genera a través de concursos de proyectos “transparentes”, y se financia al ganador sin modificar su propuesta. En 1995, ante la Conferencia sobre la Mujer, de Beijing, varias fueron las voces feministas que se alzaron en el mundo preo­cupadas por la “cooptación de la agenda”.

La ítalo-estadounidense Silvia Federici, por ejemplo, en su texto “Rumbo a Beijing. ¿Cómo las Naciones Unidas colonizaron el movimiento feminista?”, realiza un análisis de la influencia que tuvo este organismo en favorecer una neutralización y apaciguamiento del feminismo: “domesticó un movimiento que contaba con un enorme potencial subversivo y fuertemente autónomo (hasta el momento)”. Parece de Perogrullo que las actividades que hoy hacen los colectivos más institucionales no podrían sostenerse con bailes, rifas o colaboraciones de los sindicatos. Pero también que la financiación no es clave para las formas de militancia propuestas desde la CF.

De todas


Pero dentro del feminismo en Uruguay también hay concepciones compartidas: la oposición al punitivismo como respuesta a la violencia, la sensibilidad a la interseccionalidad con otras desigualdades (véase recuadro), la definición de izquierda y la importancia y la preocupación por un feminismo popular. En este sentido, Abracinskas reconoce que hay “un núcleo duro” de la sociedad al que aún no se llega con el feminismo. Es “un desafío”, porque es donde llegan, por ejemplo, “los sectores religiosos neopentecostales”, consolidando espacios en los que las mujeres “siguen reproduciendo lógicas de sometimiento”. Desde cada lugar se trabaja para que el feminismo no se convierta en algo que involucre exclusivamente a determinadas mujeres, generalmente universitarias y de clase media.

Cotidiano Mujer buscó reforzar su trabajo en el territorio, con líderes barriales, de cara al último Encuentro Feminista Latinoamericano (que llevó el sintomático lema “Diversas pero no dispersas”), está organizando un “tribunal popular” por el derecho a la vivienda y desarrolla actividades en la cárcel de mujeres. La necesidad de consolidar un feminismo desde bases populares es también desvelo de las autónomas. Menéndez, de Minervas, cuenta que uno de los ejes sobre los que se ha trabajado es la generación de una red de “feminismos desde abajo, junto a colectivos de base”, que incluyen la dinámica de hacer asambleas en barrios como Cerro y Casavalle.

La estrategia de ese feminismo “más de base”, explica, la han aprendido de la interacción con las argentinas, que tienen una importante tradición territorial. En el Pim también germina una organización popular. Hekatherina Delgado, una de sus representantes en Uruguay, lo define como un movimiento, “no como un colectivo”, que si bien desembarcó el año pasado con la plataforma de un paro internacional, hoy ha trascendido aquella instancia concreta. Para este 8 de marzo, contó, se realizaron desde enero asambleas en los barrios para “pensarse con autonomía”. Delgado advierte que hay una necesidad de que ese espacio se sostenga, “tenemos la inquietud de visibilizar voces que no están visibles, que nadie está procesando: las compañeras presas, las trans del Comcar, las manicomializadas”.

El Pim busca consolidarse como un “espacio transfeminista”, una corriente que comienza a emerger en Uruguay, la cual trasciende la visión binaria de otros feminismos: “les damos un lugar a los varones trans que no lo tienen en el movimiento”, ejemplificó. También es cierto que en los espacios populares la palabra “feminismo” suele generar algunas resistencias. Ilustrativo es el ejemplo del colectivo La Pitanga, que realiza un trabajo que podría enmarcarse dentro del feminismo, pero no lo sienten así todas las que participan de ese espacio.

La Pitanga trabaja la violencia de género con mujeres de la franja que va de Punta de Rieles a Villa García, fomentando redes solidarias de ayuda y contención mutua, generando herramientas de acompañamiento y promoviendo el empoderamiento de las mujeres de estos barrios.

Unidas y adelante

Pero la posibilidad de trazar un mapa feminista con una diversidad tan amplia era imposible de imaginar antes de 2014. Hoy, con un mismo fin último –eliminar las desigualdades de género–, los feminismos uruguayos conviven con escaso diálogo, pero admitiendo, quizás por lo bajo, que los caminos no son excluyentes y que, al final del día, “nos necesitamos todas”, en las calles, en los barrios, en el Parlamento, en la academia, en la cultura, en lo cotidiano. Amparo Ochoa cantaba ya en los años ochenta: “Mañana es tarde y el tiempo apremia/ Nos sirven estas mujeres de ahora” para ilustrar una sensación parecida a la que se respira hoy: este es el momento.

La búsqueda de la unidad y de algunos consensos emerge como preocupación, quizás con mayor ahínco en las generaciones más viejas, que ya piensan en el legado y en el rumbo que tomará el movimiento. Ellas creen que, en el feminismo, al igual que en muchos movimientos sociales, hay una crisis de representatividad y de confianza. Mientras tanto, la nueva camada desestima los liderazgos como forma de hacer política. En cualquier caso, la vitalidad del feminismo la determinará el hecho de permanecer en movimiento.
Notas:(1) Los colectivos que articulan en la Coordinadora de Feminismos son: Minervas, Decidoras Desobedientas, Taller por la Liberación de la Mujer Célica Gómez, Encuentro de Feministas Diversas, Paro Internacional de Mujeres, y Amatistas.

(2) Los colectivos que integran la Intersocial Feminista son: Amnistía Internacional Uruguay; Área de Género de Fucvam; Asociación Civil El Paso; Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Humanos; Colectivo Ellas; Colectivo La Pitanga; Colectivo Ovejas Negras; Coordinadora Nacional Afro-Uruguaya; Cotidiano Mujer; Departamento de Jóvenes del Pit-Cnt; Diálogo Político de Mujeres Afrouruguayas; El Abrojo; Las Puñadito; Mujeres de Negro Uruguay; Mujeres en el Horno; Mujer Ahora; Nacer Mejor; Proderechos; Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual; Red Canarias en Movimiento; Secretaría de Género, Equidad y Diversidad Sexual del Pit-Cnt; y Uafro Colectivos.
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lunes, 26 de marzo de 2018

Las niñas también juegan fútbol



Ilka Oliva Corado
Rebelión


Llegué en noviembre a Estados Unidos, para los primeros días de abril cuando empezaba a derretirse la nieve del invierno, salí a buscar trabajo a los campos de fútbol, llevaba conmigo mi título de árbitra de fútbol avalado por FIFA y una carta de recomendación de la Federación de Fútbol de Guatemala.

Llegué a los “campos del lago”, así les llaman a los campos de fútbol que están frente a la playa de la calle Montrose, mi gran sorpresa fue ver a equipos mixtos de niñas y niños, no pude contener el llanto por la emoción, aquel instante para mí fue catártico. De niña había crecido agarrándome a trompadas con los patojos retándolos a los puñetazos para pelear por mi lugar en la chamusca. Me decían que el balompié no era cosas de niñas, que me fuera a jugar muñecas y a lavar platos. Yo en contestación los retaba y les decía que el primer pito de sangre hablara, así fue como me volví experta en peleas callejeras, un puñetazo directo a la nariz y volaban los pitos de sangre, lo que me aseguraba mi lugar en la chamusca. Cómo me iba dentro del juego era otra cosa, zancadillas por doquier, ignorada, nadie quería pasarme la pelota, nadie confiaba en que una niña podía meter un gol. Me fui haciendo a punta de pelotazos y puntapiés. La venganza eran las técnicas al paredón, hasta que ya no quedé en último lugar y no pudieron “fusilarme” a pelotazos.

Me tocaba doble porque ya sabía la chicoteada de mi mamá si me saltaba el cerco y me ponía jugar fútbol con los patojos, y aparte las trompadas para ganarme el puesto en el partido. Pero todo sacrificio valió la pena y mucho más la alegría, porque el fútbol se convirtió en mi pasión. Entonces al terminar el juego, salía con la sangre caliente por las trompadas y llegaba a la casa a recibir la chicoteada de todos los días, porque todos los días contra viento y marea yo salía a jugar fútbol. Ese día de abril, con el llanto acumulado de toda una vida que no pude contener en ese instante, lloré de alegría porque esas niñas no tenían que agarrarse a trompadas para jugar fútbol y además en equipos mixtos, cosa que nunca había visto en Guatemala. Una parte de mí se sintió realizada. Después de 15 años viviendo en Estados Unidos, no me acostumbro todavía, cada vez que veo juegos mixtos, siento la misma emoción de aquel primer día y se me aguan los ojos, y les grito emocionada: ¡pasála!, ¡ponéla!, ¡abrí la cancha!, ¡pará! ¡tirá ahora! Y grito los goles como loca, como si fuera yo misma la que los hubiera anotado. Es una emoción indescriptible ver niñas jugando fútbol y mucho más cuando los equipos son mixtos y demuestran que de sexo débil nada, porque fintean, amortiguan, conducen y anotan con la habilidad, la excelencia, la magia y el estilo que no tiene nada que ver con el género. Como árbitra tampoco el camino fue fácil. Creo que lo sufrí mucho más que como jugadora, porque ser autoridad y hacer valer el reglamento en un juego de hombres era desafiar de frente al machismo y los estereotipos. Y la única forma de demostrar mi capacidad era actuando conforme a la ley y para eso tenía saber el reglamente con puntos y comas y además, entender el juego y marcar en el instante preciso una falta.

Ser árbitro no es cualquier cosa, el reglamente hay que saber aplicarlo. Se falla un gol, pero jamás en la vida a un árbitro le perdonan una falta mal marcada y una tarjeta que no fue a tiempo. El sábado 10 de marzo, más dormida que despierta, después de ver una película cambié canal, en Univisión pasaban un partido de la Liga Mexicana, América contra León. No veo fútbol televisado pero llamó mi atención escuchar que quien narraba el juego era una mujer, no lo pude creer en el primer instante, me quedé escuchando porque sí hay mujeres que participan como comentaristas pero jamás como narradoras, para ser narrador hay que tener una habilidad de pocos y una pasión inconfundible. Para narrar un juego hay que vivir en tiempo real, como lo viven los jugadores en la cancha. Me quedé escuchando mientras el corazón comenzaba a acelerar las palpitaciones, ¿lo está narrando? Me pregunté. ¿Una mujer está narrando el juego? Volví a preguntarme, emocionada. Tan emocionada como cuando vi en aquel abril a las niñas jugando en partidos mixtos y como cuando vi a una mujer recibir las Olimpiadas en Grecia, cien años después de que salieran de aquel lugar, cuando sabemos que para sus inicios las mujeres no podían participar ni como espectadoras mucho menos en las disciplinas deportivas.

Repito, no veo fútbol televisado pero el sábado 10 de marzo, me quedé pegada al televisor, deleitándome con la calidad de Iris Cisneros, joven de 28 años, mexicana, de padres salvadoreño, que recién forma parte del equipo de Univisión Deportes. A quien aplaudo por ser la primer mujer de habla hispana en narrar un juego de fútbol en Estados Unidos, no sé si en continente Americano, pero es la primera vez que escucho a una mujer narrar un juego de fútbol de hombres de liga mayor. Que fuera en el juego del América, resultó una plataforma extraordinaria para que su debut llegara a miles de hogares.
Iris Cisneros, relatora de fútbol.

Iris Cisneros, entonces, con esto abrió una puerta enorme, enorme, para que más mujeres sigan el camino de la narración deportiva, en cualquier disciplina, derribando con esto el patriarcado y los estereotipos y mucho más en el el fútbol por razones obvias. Es una pionera, y yo reconozco su trabajo, la importancia de su proyección y el orgullo y la alegría de verla como mujer narrando juegos de fútbol de hombres. Por Iris y por todas las mujeres que a través del tiempo, han abierto caminos para nuestro género en los deportes. ¡Qué vengan más!

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com/2018/03/13/las-ninas-tambien-juegan-futbol/



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Chile. Nuevo protocolo de aborto en 3 causales: Todas las trabas posibles para la aplicación de la ley


Por Sofía Uribe, Resumen.cl
Esta semana se dio a conocer un cambio en el protocolo de objeción de consciencia Artículo 119 del Código Sanitario, que fue validado por el Ministro de Salud en ejercicio Emilio Santelices. Inmediatamente escuchamos a la vocera de gobierno manifestando que esta medida no impedirá el cumplimiento de la ley, pero yo me pregunto ¿Realmente no impedirá […]
Esta semana se dio a conocer un cambio en el protocolo de objeción de consciencia Artículo 119 del Código Sanitario, que fue validado por el Ministro de Salud en ejercicio Emilio Santelices. Inmediatamente escuchamos a la vocera de gobierno manifestando que esta medida no impedirá el cumplimiento de la ley, pero yo me pregunto ¿Realmente no impedirá cumplir la despenalización del aborto en 3 causales, cuando vemos que cada vez se establecen más trabas para mujeres puedan invocar alguna de estas 3 causales? Primero tenemos que la objeción de consciencia no sólo tienen la posibilidad de aplicar los médicos cirujanos o personal correspondiente al interior de pabellón quirúrgico, sino que también establecimientos de salud no-públicos, que ahora gracias a este nuevo porotocolo podrán mantener convenios con el Estado pese a no acatar una ley de la República, es decir, la “ética” sólo correrá en casos de interrupción de embarazos, y no para, por ejemplo, realizar cobros altísimos por prestación de servicios producto de la saturación de atención que existe en el sistema público, posturas morales que no generan tampoco ningún conflicto para trabajar a torturadores como en el caso de Cínica INDISA que públicamente ha anunciado que se acogerán como institución objetora de consciencia y en la que cumple funciones el médico cirujano Alejandro Forero Álvarez, a quien se le reconoce haber estado en procesos de tortura en el período de la dictadura cívico militar como integrante del Comando Conjunto.
Segundo, el protocolo manifiesta que como objetores de consciencia -tanto individuales o institucionales- al querer negar una atención por este motivo, deben responsabilizarse de buscar una institución y profesional que no sea objetor y trasladar a la mujer e incluso pagando el costo del traslado y del proceso en su totalidad, a su vez deben dar la información correspondiente al procedimiento, teniendo en espacios visibles la información pertinente. Ante esto mi consulta es ¿todas las mujeres y en general las personas, en una situación de emergencia revisarán o exigirán información sobre el proceder? Ni los propios centros de salud tienen claro de cómo ejecutar la ley. En ningún momento el MINSAL ha asumido la responsabilidad de realizar campañas informativas sobre la implementación de la ley 20.030 hacia la población, sobre todo en instituciones públicas, ya que han centrado su energía en buscar trabas para la ejecución de la despenalización del aborto en 3 causales (recordemos lo ocurrido en el Hospital de Castro).
Tercero, el instructivo manifiesta que si el profesional se acogió a la objeción de consciencia pero la mujer invoca la causal número 1 (se encuentra en peligro la vida de la mujer embarazada) la deben atender sin excusas, es decir ¿La vida se asocia al funcionamiento del corazón, pero acaso la precariedad de condiciones de vida, la precaria educación sexual no es parte del concepto vivir? Entendiendo que la precaria educación sexual que tenemos en nuestra sociedad ha sido principalmente porque hasta en lo educativo incorporan e imponen su visión conservadora, incluso su visión religiosa castigadora.
Ante lo expuesto sólo nos queda insistir en que la despenalización del aborto en 3 causales no es el gran avance que nos quisieron hacer creer, sino que es urgente exigir la despenalización total del aborto, porque es necesario recordar que el Estado chileno es laico y por tanto debe generar protección para todas y todos quienes habiten el territorio, y por tanto desarrollar políticas públicas que garanticen el derecho a la salud, a una atención oportuna y de calidad, por ende exigir una despenalización total no significa una obligatoriedad, al contrario es más bien es disminuir la cifras de mortalidad de mujeres que han fallecido en manos de médicos que proceden mal y en espacios no aptos para ser atendidas. A su vez instamos a organizaciones e individualidades comenzar un proceso informativo sobre las pocas garantías que posee la Ley 20.030 y exigir información por parte de instituciones públicas o privadas sobre el protocolo a implementar.
Finalmente es de esperar que alguna vez la preocupación real sea sobre lo que implica vivir, no sólo reducirlo a respirar y latidos del corazón, sino tener condiciones de vida digna que permitan tener un buen vivir tanto de forma personal como colectiva, sólo por nombrar: que podamos tener una casa en buenas condiciones que nos proteja en inviernos y así no tener tanto niño en urgencias por problemas respiratorios, una educación que nos permita aprender libremente sin censuras ni culpa, atención oportuna y de calidad de salud para no tener a tantas personas que literalmente mueren por una atención médica, que en nuestros trabajos tengamos seguridad laboral y no pensar que si cambia la administración quedaré sin trabajo o sin saber si al mes siguiente seguiremos cumpliendo funciones; respetar nuestros territorios no explotándolos como lo hace la industria forestal, minera o la producción de alimentos a destajo para luego ver tierra seca y sin agua en nuestros ríos; respetar las creencias de nuestros pueblos originarios para que convivamos sin pensar que nuestra cultural los debe dominar a costa de lo que sea; respetar a quienes quieran vivir en este territorio y acompañarles en su proceso de instalación denunciando a quienes se quieren aprovechar de su situación e involucrarlos en problemas; que las mujeres podamos andar tranquilas por las calles sin temor a ser atacadas.
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