RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

jueves, 9 de enero de 2014

Las mujeres y el mundo de las tecnologías


El mundo está en constante cambio y en esas andanzas y conquistas, las mujeres adquirieron nuevos roles y ganaron espacios. ¿Pero qué sucede con el lugar que ocupan las mujeres en relación a las TIC? Aquí algunos testimonios.
Pillku dedicó un espacio en esta edición a publicar testimonios de mujeres que nos cuentan su experiencia, con la intención de completar la reflexión teórica que aportan los artículos que se incluyeron sobre MUJERES y TIC en este número de la revista.
La discusión sobre el papel de la mujer en la actualidad es en realidad un debate sobre géneros, identidades, diversidades, que evidentemente trasciende la naturaleza sexual de un ser humano. Por eso. para el equipo de Pillku resultó un desafío proponer el tema de “mujeres y TIC”, porque implica una inquietud que toca muy de cerca el trabajo cotidiano que realizamos en Código Sur y que tiene que ver con el uso y la promoción consciente y crítica de las nuevas tecnologías (y las tecnologías libres).
En el camino que venimos recorriendo ya hace diez años en este campo, descubrimos que hace falta trabajar por lograr un cupo femenino también en estas disciplinas, y que se ha logrado mucho en la lucha por igualdad de oportunidades pero hace falta más.
Este número de Pillku trae varios artículos para reflexionar sobre ello. Propone miradas más feministas, otras más tecnológicas, y comparte a partir de unas preguntas muy simples, la experiencia diversa de mujeres jóvenes que por trabajo, estudio o simple afinidad se acercaron al mundo de las TIC.
Te proponemos recorrer esta Pillku “especial mujeres” que espera inspirar la continuidad del debate.

martes, 7 de enero de 2014

La retratista olvidada, Christina Robertson (1796-1854)


Pocas son las mujeres que encontramos en los libros de historia del arte. Sólo algunas afortunadas consiguieron inmortalizar su nombre. Pero muchas otras, con igual o incluso superior talento a los hombres, cayeron en el olvido. Una de aquellas pintoras es Christina Robertson. De su vida privada poco se sabe. En vida tuvo mucha fama y reconocimiento como retratista en la corte imperial rusa, algo inaudito para una mujer que además estaba casada y debía hacerse cargo de sus hijos. Pero como muchas, al final de sus días y tras su desaparición, su obra quedó prácticamente escondida a los ojos del gran público.

De Escocia a Rusia
Christina Sanders nació en la ciudad escocesa de Fife en 1796 en el seno de una familia de artistas. No se sabe quién ni cómo recibió su formación artística pero es probable que su talento fuera descubierto por sus propios familiares. Pronto empezó a destacar como miniaturista y retratista.

En 1822 se casó con otro artista, James Robertson, de quien adoptó el apellido. Establecidos en Londres, la pareja tuvo ocho hijos, de los cuales sobrevivieron cuatro.

Desde su estudio londinense, Christina empezó a participar en las exhibiciones anuales de la Real Academia de Londres y Edimburgo y expuso su obra en distintos centros artísticos. Su talento fue reconocido en 1829 cuando se convirtió en la primera mujer en recibir el título de miembro honorífico de la Academia Escocesa. 

Anna Sheremeteva

En aquellos años, Christina Robertson hizo varios viajes a París donde entró en contacto con clientes rusos que con el tiempo le abrirían las puertas del Palacio Imperial de San Petersburgo. Mientras tanto, sus trabajos se incluían también en periódicos y revistas que aumentaron su fama y notoriedad. 

Su gran oportunidad llegó en 1839 cuando la pintora participó en una exhibición de la Academia de Arte en San Petersburgo donde fue aclamada por el público en general y la crítica en particular. Su fama llegó a la corte rusa donde al año siguiente fue llamada para retratar a Nicolás I y su esposa la emperatriz Alexandra Feodorovna. 

Maria Nikolaevna con sus hijos

En 1841 era elegida miembro de la Academia de Arte rusa y volvía a Inglaterra donde permanecería seis años. 

Cuando en 1847 volvió a Rusia sería para vivir los últimos años de su existencia. A pesar de que continuó pintando para la familia imperial y recibió encargos de distintos clientes de la alta sociedad, las hostilidades ruso-inglesas originadas a raíz de la Guerra de Crimea, no fueron favorables para una británica en tierras rusas. 

Gran Duquesa Maria Alexandrovna

Los últimos años de su vida fueron tristes para Christina Robertson. El empeoramiento de su salud, la disminución de encargos y los problemas económicos ocasionados por la falta de pagos de algunos de sus trabajos, oscurecieron su estancia en Rusia. 

Aún así, cuando Christina fallecía en San Petersburgo en 1854, su cuerpo descansaría eternamente en el cementerio de Volkov.


Su vida y su obra cayeron en el olvido hasta que, a finales del siglo XX, distintas exposiciones en sus dos patrias, Rusia y Escocia, devolvieron a la artista parte de su perdido prestigio.


Por Sandra Ferrer

domingo, 5 de enero de 2014

La matrona difamada, Clodia Metela (Siglo I a.C.)


Matrona romana
John William Godward
En el siglo I a.C., en la Roma de Julio César, vivió una de las matronas más conocidas de la historia, Claudia Metela. Su fama traspasó el tiempo por haber sido la inspiración del poeta Catulo. Objeto de un amor rayando en la obsesión, cuando Claudia quedó viuda, el joven poeta pensó que podría formalizar su relación con la dama romana. Su negativa provocó la ira más profunda de Catulo plasmada en unos versos que ayudaron a difamar y manchar la reputación no sólo de Claudia sino de toda su familia. 

Una patricia que quiso ser plebeya
Claudia Metela nacía en Roma entre el 97 y el 95 a.C. en el seno de una familia patricia. Era la tercera hija de Apio Claudio Pulcro y Cecilia Metela Baleárica. Como era tradición entre las familias patricias, Claudia recibió una buena educación.

Tanto Claudia como su hermano, el político Publio Claudio Pulcro, modificaron su nombre patricio por el de Clodia y Clodio respectivamente, un nombre más cercano a los plebeyos. 

Tocador de una matrona romana | Juan Giménez Martín

La viuda deseada
Clodia se casó en primeras nupcias con un tal Lúculo del que se divorciaría en el año 66 a.C. para volver a casarse con su primo Quinto Cecilio Metelo Céler. Ya estando casada, Clodia no se resignó a ser una matrona romana dedicada exclusivamente a su familia y a sus dominios y su fama de amante de la buena vida, las fiestas e incluso los amantes se extendió por la Ciudad Eterna. Su mala reputación llegó a hacer que sobrevolaran sobre ella sospechas de asesinato tras la muerte de su esposo en circunstancias extrañas en el 59 a.C.

Gayo Valerio Catulo
Ya siendo una mujer casada, Clodia fue inspiración para el poeta Gayo Valerio Catulo quien la convirtió en su musa bajo el nombre de Lesbia. Pero el amor de Catulo llegó a ser obsesivo mientras que Clodia no parecía dispuesta a unirse a ningún otro hombre. Viuda de su segundo marido, Clodia no dudó en continuar con su vida disoluta y mantener relaciones con el propio Catulo y con su amigo Marco Celio Rufo

Posiblemente la extraordinaria independencia de Clodia fue lo que encendió la mecha del odio tanto de Celio como de Catulo. Constantes infamias y calumnias fueron extendiéndose por las calles de Roma mientras Catulo desesperaba ahogado en sus propios versos.

Clodia Metela fue olvidada por la historia en los últimos años de su vida, tiempo del que se desconoce su destino e incluso la fecha de su muerte. Fueron las hermosas y luego tristes palabras de Catulo quienes inmortalizaron el nombre de una mujer demasiado independiente para su tiempo.

 Si quieres leer sobre ella 



La muchacha de Catulo
Isabel Barceló






Mil besos y cien más
Laura Sciolla







Autoria de Sandra Ferrer

sábado, 4 de enero de 2014

Breve resumen de las corrientes feministas más importantes

Resultado de imagen de corrientes feministas



MEMORIA VIOLETA- Hacemos un breve resumen de las corrientes feministas más importantes para entender los diferentes puntos de vista de las mujeres y movimientos feministas que estudiamos en memoria violeta.

Feminismo radical
El feminismo radical es una corriente feminista que sostiene que la raíz de todas las desigualdades en todas las sociedades hasta ahora existentes ha sido el patriarcado.
Esta corriente se centra en las relaciones de poder que organizan las sociedades y que construyen los privilegios de los hombres sobre las mujeres.
El feminismo radical se propone derrocar el patriarcado por medio de la oposición a los roles de genero que se han impuesto a las mujeres. Con ello quieren reorganizar la sociedad hasta que desaparezca el patriarcado y con ello conseguir una sociedad igualitaria.
Feminismo de la igualdad o ilustrado
El feminismo de la igualdad, también llamado feminismo ilustrado, es el movimiento que arranca de la reclamación histórica de las mujeres en los siglos XVII y XVIII. Este feminismo reivindica el derecho a ser reconocidas en pie de igualdad con los hombres.
Denuncia la elaboración de diferencias de género, constituidas por la razón patriarcal como categorías naturales, cuando no son sino constructos sociales y culturales.
Feminismo de la diferencia
Cuando hablamos de Feminismo de la Diferencia nos referimos a una corriente que aboga por la no equiparación de la dualidad de un género al otro, sino más bien por el desarrollo de la diferencia genérica femenina en todos los órdenes simbólicos.
El feminismo de la diferencia aboga por identificar y defender las características propias de las mujeres.Argumenta que el lugar que ocupamos en el mundo y que nos define, no está únicamente determinado por el espacio que nos ofrece la sociedad sino también por nuestro cuerpo de mujer con su estructura y sus ciclos vitales que determinan de alguna forma nuestra mirada sobre el mundo.
Feminismo ecologista o ecofeminismo
El orden simbólico patriarcal establece por igual una situación de dominación y explotación hacia las mujeres y hacia la naturaleza. El patriarcado hace uso de la biología para situar a la mujer en un plano de proximidad con la naturaleza, identificándola con ella. Los hombres, en oposición, se identifican con la razón, justificando de esta forma la superioridad de la razón sobre la naturaleza o, lo que es lo mismo, el patriarcado; así se explica que las mujeres sean consideradas inferiores a los hombres.
Las mujeres están en una posición ventajosa para terminar con la dominación patriarcal sobre la naturaleza y sobre si mismas, dado que su propia situación de explotación las hace estar más próximas.
Establece que el movimiento feminista y el movimiento ecologista tienen objetivos comunes y deberían trabajar conjuntamente en la construcción de alternativas.
Feminismo socialista
El feminismo socialista postula que la sociedad de clases y la diferencias de género han de ser erradicadas para que las mujeres determinen libremente las condiciones de su vida. El patriarcado y el capitalismo es visto como la causa de la opresión de la mujeres ya que la subordinación de la mujer esta planteada para favorecer a las clases dominantes que sustentan el capitalismo. Por lo tanto desde el feminismo socialista se trabaja en la abolición del capitalismo y la implantación del socialismo como una manera de conseguir una sociedad igualitaria.
Feminismo anarquista o anarcofeminismo
Las feministas anarquistas ven en el patriarcado una manifestación del autoritarismo por eso piensan que la lucha contra el patriarcado es una parte esencial de la eliminación del estado porque Estado y patriarcado se basan en la ausencia de libertad y relaciones sociales involuntarias.
Según el feminismo anarquista, el anarquismo al ser una visión política que se opone a todas las relaciones de poder forzadas seria formalmente feminista.
El feminismo anarquista tiene una visión no dogmática de lo que es el feminismo por lo que podemos encontrar diferentes visiones de las cuestiones de genero teniendo como base las lineas generales que hemos expuesto.

FUENTE http://tercerainformacion.es/antigua/spip.php?article62333

jueves, 2 de enero de 2014

La reina guerrera, Lakshmi Bai (1828-1858)


En una India sumida en las más ancestrales leyes de castas, en la que las mujeres no existían legalmente y eran seres sumisos a los hombres, en un país en constante conflicto con la metrópoli inglesa, una mujer se enfrentó a la tradición y a los colonos. Lakshmi Bai, contra todo pronóstico, se convirtió en reina, gobernó y se ganó el cariño y respeto de su pueblo y de los ingleses que lucharon contra ella. 

La niña reina

Manikarnika nacía probablemente el 19 de noviembre de 1828 en la ciudad santa de Varanasi en el seno de una familia de brahmanes, una de las castas más elevadas de la India. Manu, como se la llamaba cariñosamente, quedó huérfana de madre con tan sólo cuatro años. Su padre, Moropant Tampé, se la llevó con él a la corte del peshwa de Bithur donde creció y aprendió las artes de la guerra de la mano del propio Moropant y se crió junto a la familia del peshwa como una más. 

En 1842, cuando aún era una niña de catorce años, fue entregada en matrimonio al maharajá de Jhansi, Gangadhar Rao. Asumía entonces el nombre de Lakshmi Bai y se convertía en reina de Jhansi. Los monarcas tuvieron un hijo, Damodar Rao, en 1851, pero fallecía con tan sólo cuatro meses. Ante la imposibilidad de poder concebir un nuevo vástago, la pareja real decidió adoptar a un familiar de Gangadhar como era tradición en los reinos indús. Pero a la muerte del maharajá en 1853, la Compañía de las Indias Orientales, que controlaba la región, aplicó la doctrina del gobernador general Lord Dalhousie según la cual, los reyes que fallecían sin descendencia debían entregar su reino a la Compañía. Así, en marzo de 1854, la reina de Jhansi marchaba del palacio real y se trasladaba a vivir al palacio de Rani Mahal. 

La reina contra Inglaterra
En 1858 estallaba la rebelión largamente larvada que convertiría a la India en un campo de batalla. El reino de Jhansi se mantuvo relativamente al margen durante un tiempo hasta que el capitán Hugh Rose decidió sitiar la ciudad. Era el mes de marzo de 1858 y Lakshmi Bai, acostumbrada a cabalgar en su caballo, algo totalmente inaudito para una mujer, y a usar las armas que su padre le enseñara, se puso al frente de la resistencia. 





El 24 de marzo empezaron los bombardeos para derribar las murallas de Jhansi. El asedio duró varios días y terminó con la caída de la ciudad. La reina decidió entonces huir. Cuenta la tradición, que Lakshmi subió a su caballo con su hijo adoptivo agarrado a ella y saltó las murallas para poder escapar. 

Lakshmi Bai se unió a otros dignatarios indios para luchar de nuevo contra los ingleses. El último enfrentamiento tuvo lugar en la batalla de Gwalior. Vestida de soldado, la reina de Jhansi cabalgó con valentía ante las tropas inglesas. Fue su última batalla. Parece ser que los suyos, al ver el cuerpo sin vida de su amada Lakshmi Bai, decidieron quemarlo para que las tropas del enemigo no pudieran hacerse con él. Tres días después caía la ciudad de Gwalior. 

La reina de Jhansi es uno de los personajes históricos más queridos de la India. Su valentía, su determinación en romper las reglas estrictas de un país con ritos tan ancestrales como quemar viva a la esposa cuando el marido fallecía, la convirtieron en todo un símbolo. 

 Si quieres leer sobre ella 


La reina de los cipayos
Cathérine Clement







Por Sandra Ferrer

martes, 31 de diciembre de 2013

¿Quién teme al feminismo?

¿Por qué da miedo decir “soy feminista”? ¿Qué nos pasa con el término? Reflexiones de dónde estamos y hacia dónde vamos.

Ilustración: Isa

“Yo no soy feminista”, “Creo en la igualdad pero no soy feminista” (?), son algunas de las frases que he ido leyendo sin cesar últimamente por internet… y escuchando por todas partes. No tan solo de cualquier persona de a pie (con estudios universitarios o sin ellos), sino de mujeres famosas, que por su condición mediática influencian muchísimo en la sociedad. Y digo yo ¿por qué ese miedo? ¿Qué creen que es el feminismo? ¿Por qué renegar de él?
Para seros sincera, hace un tiempo a mí tampoco me gustaba un pelo el término feminismo. Que sí, que estaba muy bien para mí la idea de la igualdad y todo eso, pero, ¿feminista yo? Ni en broma. Eso del feminismo lo veía de histéricas, de amargadas, de lesbianas comehombres. De radicales quemasujetadores feas, de pelo corto y camiseta ancha. Sí, a mí también me vendieron la moto. Hasta que me decidí a conocerlo en profundidad.

“No soy feminista, pero me gustaría que se tratase a las mujeres igual  que a los hombres”

Fue algo así como un enamoramiento. Me desvelaba todo aquello que había intuido pero que no sabía con certeza. Un universo que me dotó de las famosas “gafas violetas” que te hacen afinar tu percepción sobre lo que considerabas “normal”.
Pero me sigo preguntando ¿por qué se ve así? De hecho, podría autoformularme la pregunta y pensar que por qué yo lo veía así… Si solamente hace falta acercarse a la definición de cualquier diccionario para ver que feminismo es hablar sobre igualdad. Creo que hay mucho prejuicio en torno al feminismo. Se me ocurren, fundamentalmente, ocho ideas erróneas que hacen que cuando digas “soy feminista” a la gente se le ponga cara de susto:
1. “Es cosa del pasado”. Como se citaba en un artículo que he enlazado anteriormente, seguramente esté relacionado con que se ve algo “desfasado”. Anacrónico. La imagen de feminista se tiene asociada con hechos políticos convulsos del pasado. Es la imagen de la trabajadora fabril con el puño alzado. Que, oye, no tiene nada de malo. Realmente fueron unas luchadoras. El problema está en que nunca se piensa en feminismo en términos de “presente”. Y con esto vamos al punto dos.
2. “Ya no sirve para nada”. Increíble pero cierto. Hay quien piensa que ya “todo está hecho”. Que con poder votar, ir a la universidad y trabajar ya está el tema arreglado. Lo que no suelen contemplar quienes afirman tal barbaridad, es que nosotras seguimos cobrando menos que ellos en determinados puestos de trabajo, que se nos demanda mucho más para alcanzar los mismos puestos de poder. Que sí, trabajamos fuera de casa, pero en la inmensa mayoría de casos somos nosotras las que se cargan a las espaldas, además, las tareas domésticas y de crianza. Que si una mujer es política se va a hablar de la ropa que ha llevado, de su maquillaje o cualquier aspecto banal, dejando en segundo término sus palabras; o, si se las atiende, será para criticar lo “histérica” que se ha puesto. Podría continuar horas poniendo ejemplos. Porque el trato que nos ofrecen a nosotras es discriminatorio.


3. “Ser feminista es ser exagerada, ser una exaltada, una radical”. Seguro que esto os suena muchísimo. La idea de que las feministas nos quejamos por todo, de que somos unas pesadas, de que no podemos estar tranquilas y por ello… somos unas histéricas y unas amargadas. Vamos, que se nos culpa por levantar la voz frente a las actitudes machistas. Y es que mires por donde mires, están en todas partes. Una vez te pones las gafas violeta afinas mucho la percepción de lo que te rodea, y puedes ver con facilidad cómo han calado todas esas ideas machistas de que la mujer es alguien (e incluso “algo”) al servicio del hombre. No haré una disertación sobre lo que encuentras con las malditas gafas violetas puestas -y digo malditas porque una vez te las pones es como si te las soldaran a fuego y jamás te las podrás quitar-; el caso es que, ¡mujeres quejándose del machismo! ¡¿Dónde vas a parar?! ¡Mujeres alzando la voz, diciendo que ya basta, en vez de estar calladitas, sonrientes y bien bonitas! Esto no es femenino, plantarse y decir que no aguantas más ¡es de amargadas histéricas! Dónde vamos a parar… Ah, y sí, las feministas somos unas radicales. Porque vamos a la raíz del asunto, a su base.
4. “Eso del género, el feminismo y demás, es cosa de estudios universitarios”. También hay mucha gente que lo ve así. Como una especie de ghetto cultureta. Algo que se estudia en las universidades y de lo que se habla en seminarios, pero que si no estás en ese círculo no es para ti. Nada más lejos de la realidad. Aunque es cierto que es motivo de estudio en las universidades -algo muy necesario y que aplaudo-, el feminismo trata cuestiones cotidianas, que nos afectan a todas. No es algo que esté sólo en las mentes de las estudiosas.
5. “Ser feminista es ser antihombres”. El clásico. Aquí no me voy a detener. Vamos, ¿en serio?

6. “Es que el término es controvertido”. Esta es una de mis preferidas, precisamente porque yo he estado aquí. No voy a entrar en si el término es el más correcto o no. Que está muy bien revisar los términos y que se discuta sobre los conceptos y demás. Pero sin perder la perspectiva. La cuestión es que estamos donde estamos, con los términos que tenemos y la palabra feminismo es el exponente de una lucha vigente. Además, la palabra feminismo remite a toda esa lucha histórica que han llevado a cabo grandes mujeres de las que las nuevas generaciones recogemos el testigo. Porque para mí, utilizar esta palabra es recoger ese testigo, volver a darnos la voz que todas esas mujeres nos han querido dar. Es seguir hacia delante. Es posicionarnos, ponernos en pie y hacernos valer.
7. “Es que hay feministas que tela…”. Hay quienes atacan al feminismo bajo el pretexto de que hay feministas que no veas lo que afirman… Independientemente de a los comentarios a lo que se refieran, este argumento no lo acabo de entender. Hay quien enarbola la bandera de la democracia y expresa ideas políticas más cercanas a la dictadura, o quien dice que no es racista “pero los X a su país”, y sin embargo no se reniega de usar las palabras “demócrata” o “antiracista”. ¿Por qué deberíamos renunciar a la palabra “feminismo” sólo porque en ocasiones no esté bien empleada o la usen personas que no piensan como nosotras?
“Feminazi”. Porque querer que tu género sea tratado como los seres humanos es lo mismo que invadir Polonia

8. “Ay, cuánto machismo…“. Y es que, en definitiva, todo lo anterior, que nos dé miedo decir que somos feministas, que se asocie la palabra a que somos unas amargadas, o, sencillamente que lo asociemos a que queremos ser consideradas superiores a los hombres, no es más que una muestra de la sociedad machista en la que vivimos. Es otro de sus triunfos. Los prejuicios formados a su alrededor lo único que pretenden, y consiguen, es machacar al feminismo y a su lucha.
Por suerte no todo el mundo lo ve así. Hay personas potentísimas que se declaran feministas sin ningún tipo de tapujos. Porque tienen claro lo que es ser feminista. Hay mujeres famosas que lo cantan a los cuatro vientos. Y teniendo la trascendencia que tienen, es de agradecer.
“Me digo feminista cuando la gente me pregunta si lo soy, y por supuesto que lo soy porque trata sobre igualdad, por lo que espero que todo el mundo lo sea. Sabes que estás en una sociedad patriarcal cuando la palabra feminista tiene connotaciones raras”. – Ellen Page

Lo que espero para el futuro es que el término feminismo sea revalorado. Que tome el poder que contiene la palabra y se use. Que nos deje de dar vergüenza, que no lo digamos con la boca pequeña, que no dudemos de él. Ser feminista constituye un acto de autodefensa para las mujeres. ¿Que nos ven radicales? Pues será que sí, porque como he dicho, vamos a la raíz del asunto. ¿Que nos llaman exageradas? El sexismo nunca es un caso menor. ¿Que somos unas histéricas? ¡Pues que viva Liliana Felipe!

 Irene

POR MIRADA VIOLETA 

http://www.proyecto-kahlo.com/2013/12/quien-teme-al-feminismo/
Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com

lunes, 30 de diciembre de 2013

Una oda a la no depilación


Berta Hache
Hola, encantada.
No,no me depilo las axilas.
Hay gente que dice que soy muy vaga para eso.
Tampoco me depilo las ingles.
La verdad es que yo me veo bien. Estoy cómoda con ello.
Si, tengo pelos, y muchos.
En serio, que no me depilo. No me depilo las piernas.
No, no estoy en contra de la cera, ni de las pinzas.
Simplemente no me depilo las cejas.
Claro que me gusta sentirme guapa. ¡Y me siento guapa!
Deja de mirarme las cejas.
¡Claro que me pongo faldas! ¡Y pantalones, y vestidos!
Lo que casi nunca me pongo es sujetador, me aprieta.
Uso una 80B, es decir, soy-plana.
No me hace falta sujetar nada.
Tengo “tetas de hippie” dice mi hermana.
A todas se nos van a caer, es cuestión de tiempo.
A veces me lo pongo, cuando hace frío.
Deja de mirarme las tetas.
Las modas están para seguirlas, pero solo si quieres.
¡Pero si los pelos son el mejor complemento!
Deja de mirarme las piernas.
Algún día quizá lo haga,pero hoy no.
Y tú, ¿cómo te llamas?