RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

jueves, 7 de junio de 2007

El ecofeminismo: una opción real de transformación social


POR:Teresa Mª. Gómez-Pastrana Jimeno
Foto de Ecofeminismos, decrecimiento y alternativas al desarrollo.Las movilizaciones de mujeres ante diferentes conflictos ecológicos son una realidad evidente. Cada vez existe una mejor organización y resultados concretos alrededor de dichas actuaciones, al mismo tiempo que un marco teórico que las sustenta, el ecofeminismo.
Con la sociedad industrial ha aumentado la complejidad, la frecuencia y la magnitud de los impactos ambientales. Los numerosos síntomas de la degradación y desequilibrios del medio ambiente natural -alteración del sistema climático, agotamiento de la capa de ozono, contaminación de la atmósfera, pérdida de biodiversidad, deforestación, erosión, desertificación...- no pueden ser tenidos en cuenta olvidando su relación con otros aspectos como el aumento de la población y la pobreza asociada a ello, su relación con la tensión Norte-Sur o su impacto sobre la salud de los seres humanos, entre otros efectos sociales.
La degradación ecológica contribuye a ensanchar la brecha entre los diferentes grupos sociales actuando sobre sus condiciones iniciales y creando otras nuevas que amplían las bolsas de pobreza y hacen a los pobres aún más pobres. Los efectos de la degradación ecológica inciden directamente sobre las desigualdades, haciendo más evidentes los desequilibrios socio/económicos entre estados, entre regiones y entre los grupos sociales, instigando conflictos latentes.
Todo ello ha sido ya denunciado desde los años 60 por el movimiento ecologista. La eclosión de la conciencia ecológica se ha ido perfilando en numerosos informes (Club de Roma, Brundtland) y conferencias (Estocolmo, Río de Janeiro, Johanesburgo) con diferentes resultados reales.
Al mismo tiempo, las desigualdades sociales de género también han sido reivindicadas por los grupos feministas que han conseguido grandes avances para una población que ha sido marginada desde siempre. Sin embargo, a pesar de los numerosos avances recientes, aún se habla de datos recogidos por Naciones Unidas donde las mujeres sólo poseen el 1% de la propiedad mundial y realizan las dos terceras partes del trabajo mundial por un 5% de los salarios que se pagan.Nos movemos en una asimetría de poder y reconocimiento de las mujeres donde existe una distinción entre el ámbito público y doméstico que revela una realidad social: no es lo mismo trabajar en un espacio socialmente reconocido (ámbito público) que en espacios donde ese reconocimiento no está manifiesto (ámbito doméstico). El movimiento feminista ha ido incorporando este planteamiento a una realidad donde los análisis sociales van cada vez más orientados a dar respuestas concretas a problemáticas que se entrecruzan y que necesitan resultados desde numerosos puntos de vista. La complejidad de los problemas ambientales, unida a la complejidad social, busca respuestas intentando unir planteamientos.
El ecofeminismo es una respuesta más que intenta aunar esta nueva visión a la que nos enfrentamos. Ante la situación concreta del aumento de los impactos ambientales y su relación con la desigualdad social y de género, la corriente ecofeminista está intentando dar voz a estas nuevas posibilidades de ver el mundo, al mismo tiempo que es un nuevo intento de diálogo de dos posicionamientos críticos de gran relevancia para el nuevo siglo, el ecologista y el feminista.
La diversidad de ecofeminismos está ahí. Es una corriente que ha sido criticada y juzgada por esencialista, pero que no siempre ha sido vista en toda su amplitud. No pretendemos aquí enumerar autoras/es (Mary Daly, Vandana Shiva, Evelyn Fox Séller, Carolyn Merchant, Bina Arwal...) y corrientes que están perfilando diferentes respuestas (ecofeminismos constructivistas de Val Pumwood); tampoco pretendemos ahondar en esa rica diversidad -ya existen otros artículos que lo realizan con gran profundidad en esta misma revista (1)-, sino que presentaremos varias experiencias concretas en situaciones de conflictos ecológicos bajo los rasgos comunes de la línea ecofeminista. Esa práctica en ámbitos sociales concretos del ecofeminismo aparece como una opción más de intento de cambio social y de denuncia que debe ser tenida muy en cuenta en el siglo XXI.
El ecofeminismo como opción real de movilización social
¿Por qué me interesa presentar en este primer momento sólo los conflictos ecológicos? Porque es en estas circunstancias cuando los grupos sociales han reaccionado más ante esta realidad evidente de grandes impactos ambientales en el ámbito planetario. Es decir, en conflictos ecológicos concretos el impacto ambiental ha sido percibido conscientemente como un impacto social por una comunidad o unos agentes sociales (ambientales o no). Más concretamente, veremos cómo grupos de mujeres en diferentes lugares del mundo se han movilizado en situaciones de amenaza social y ecológica debido a esa conciencia por parte de la comunidad; y, aunque no entremos a analizar con profundidad la concepción teórica ecofeminista que las mueve, sí podemos, al menos, distinguir cómo su contexto social de desigualdad inicial ante un problema concreto las ha unido en una lucha común por la defensa del entorno.
Vamos a ir distinguiendo cinco figuras de diferentes conflictos ambientales -dentro de lo que podríamos denominar una tipología del conflicto ambiental, tipología diseñada por Francisco Garrido Peña- y a la que hemos añadido las aportaciones de distintos movimientos sociales de mujeres en diferentes partes del mundo.1. Primeramente hablamos de riesgo cuando está en juego, como factor de movilización social, un riesgo inminente o diferido sobre la seguridad o salud de las personas. Así ocurre en la oposición ciudadana a la instalación de vertederos, incineradoras, centrales nucleares, o emisiones contaminantes a la atmósfera.
En Santo André, Brasil, en el extrarradio de Sao Paulo, una agrupación de mujeres creó el grupo de ecología Conciencia para luchar contra la contaminación atmosférica causada por 11 fábricas de los alrededores, pertenecientes a multinacionales. Tras un largo proceso de sensibilización lograron influir en la opinión pública mediante emisiones de radio e incluso de televisión. Esto presionó a las autoridades locales y a las industriales para que invirtieran en la lucha contra la contaminación y para que ésta fuera controlada. Seguidamente, junto con otras asociaciones ecologistas de la zona, emprendieron una iniciativa más amplia, que obligaba a otras multinacionales -que estaban contaminando el agua de los ríos- a respetar el medio ambiente. A la vez, han seguido informando a la población sobre los riegos de la contaminación y sobre la necesidad de establecer una conexión ética entre la población y las industrias, con una amplia visión, no sólo regional, sino mundial.
2. Aparece también la opción de la conservación. El conflicto se prefija en torno a la conservación de algún bien ambiental en peligro: un espacio natural, una especie, un edificio emblemático, una calle peatonal, etc. Dentro de esta línea el movimiento Chipko (abrazo a los árboles) es una de las actuaciones más emblemáticas de defensa del medio ambiente, protagonizada por mujeres y desde la perspectiva de países del Sur. Nació de forma espontánea en 1973, cuando un grupo de mujeres analfabetas de una aldea del Himalaya se abrazó a los árboles para evitar que fueran talados por una empresa de artículos de deporte; persistieron en su actitud durante varios días, hasta que la empresa desistió de su intento.
Esta reacción de resistencia pasiva se ha convertido en todo un símbolo universal de defensa del bosque, en cuanto fuente de vida y de supervivencia. El movimiento Chipko fue combatido por el gobierno de la India, pero, finalmente, el Congreso de Ciencias reconoció en 1981 su valiosa aportación para la protección del bosque y el propio gobierno empezó a prohibir la tala masiva de árboles. El profundo simbolismo del movimiento Chipko explica su popularidad y el desarrollo de grupo similares en muchos otros países (Malasia, Austria, Suiza, EE UU, Alemania, etc.)
3. La distribución de un bien ambiental escaso puede ser también el germen del surgimiento de acciones sociales reivindicativas. El agua brinda unos buenos ejemplos. Brinda Rao nos habla de las luchas de las mujeres en la India rural en el distrito de Pune, en Maharashtra, y su falta de acceso al agua. Caminar varios kilómetros al día para recoger agua y volver a casa con dos o tres cántaros grandes, ocupa de tres a cinco horas, según el terreno y la proximidad de la fuente. Es más, el agua disponible para las mujeres pobres es de mala calidad. Por ejemplo, en el pueblo de Kutasa en la región Vidarbha de Maharashtra, el agua contaminada ha provocado el aumento de la mortalidad infantil en los últimos años.Además, cada vez es más difícil conseguir leña para cocinar, y por lo tanto las mujeres han tenido que utilizar excrementos de vaca, restos de cosechas y malas hierbas como combustibles. Estas fuentes de energía no sólo son ineficientes sino que son malsanas: el humo tóxico que emiten cuando se cocina se identificó en el estado de Gujarat como la causa principal de numerosas enfermedades respiratorias, un problema importante para las mujeres y las niñas de la India.
Las protestas estuvieron estrechamente relacionadas con los desastres ecológicos. Entre 1970 y 1973, años de sequías fuertes y hambre, los hombres y mujeres rurales se organizaron, y su fuerza numérica era evidente. La escasez de agua potable sigue siendo grave para una tercera parte del estado de Maharashtra, pero la cuestión aún no ha podido llamar la atención que merece.
4. El tipo de conflicto donde se trata de recuperar prácticas y hábitos sociales y culturales ecológicamente sostenibles, y que están anclados en alguna tradición vernácula, es el denominado recuperación. Gran parte de los conflictos de recuperación de modos de vida tradicionales suponen una forma de manejo sostenible de los recursos frente a la agresión de la explotación intensiva moderna. Vandana Shiva nos habla del movimiento Navdanya y nos comenta que es un movimiento cultural a la vez que agrícola y medioambiental, que intenta la integración de la mujer en las tareas colectivas que otros tipos de agricultura le niegan para condenarla a un papel subordinado y secundario. Pretenden, a su vez, devolver a la mujer sus atributos físicos y espirituales para que desempeñen un papel crucial en el sostenimiento de la comunidad y en la vertebración del grupo. Antes el saber recaía en la responsabilidad de las mujeres y ellas conocían la agricultura tradicional y sostenible. Este movimiento acusa al GATT, FMI y al Banco Mundial de estar en contra de los intereses de los más pobres, ya que ahora el Norte pretende obtener los derechos de propiedad intelectual sobre la sabiduría local en semillas y otros recursos para la agricultura. Estos derechos de propiedad suponen un expolio flagrante que se apoya en las lagunas y ambigüedades del Tratado de Biodiversidad Internacional.
5. Quizá los que más se dirijan hacia nuevos cambios sociales estructurales son los conflictos alternativos, que tienen como objetivo la consecución de avances en políticas ambientales desde propuestas alternativas de los agentes sociales: lucha por la instalación de un plan de energía renovable, de un plan forestal, de un sistema de depuración de las aguas residuales, etc. En Alemania, durante el congreso La Mujer en la Ciencia y en la Tecnología, en 1990, un grupo de mujeres inició un proyecto de energía alternativa. Primero crearon una red abierta de información, después visitaron diversos proyectos en Europa (viajes abiertos a estudiantes) y, finalmente, se decidieron por la realización de una central eólica. Así es como se creó la Cooperativa Energía y Mujeres en 1992, en Hamburgo. Estas mujeres acometieron la búsqueda de financiación, diseñaron y construyeron una central eólica ejemplar técnica y estéticamente y respetuosa con el medio ambiente, que ha estado funcionando en Heme desde 1994 y que produce 450 kW. Pero lo más positivo es que han introducido una nueva dinámica, han mostrado la competencia profesional de las mujeres y han dado ejemplo.
Enfrentándose al riesgo para avanzar hacia la superación. En todos estos ejemplos se produce un enfrentamiento entre el riesgo, la conservación o la distribución, la recuperación y la demanda de crecimiento económico. Por ello es necesario entender el concepto de desarrollo no como crecimiento económico sino como crecimiento sostenido.
La acción colectiva ante algún conflicto ecológico, por el mero hecho de existir, representa en su forma y modelos de organización un mensaje lanzado al resto de la sociedad. Demuestra la existencia de un conflicto en sus orientaciones básicas: sirve para revelar y advertir a la sociedad de los problemas cruciales a los que se enfrenta, para anunciar las fisuras críticas que se han abierto dentro de ella.
Las mujeres se han afirmado progresivamente como socios para decidir sobre el funcionamiento del mundo. Fortalecidas gracias a sus nuevas experiencias, las mujeres desean ahora hacerse oír, que se valore su enfoque y la experiencia que han adquirido a partir de las situaciones que han vivido; desean desarrollar y promover otra filosofía a favor de otro tipo de organización del mundo. El desarrollo sostenible no puede ser ignorado y algunas mujeres ya le han dado el lugar que le corresponde, convirtiéndolo en trampolín para sus reflexiones y para sus acciones.
Dentro de esta línea, la Agenda 21 de las Mujeres es el resultado de dos años de trabajo minucioso realizado por un colectivo internacional, la WEDO, que organizó en 1991 la Conferencia de Miami y el Congreso de las Mujeres por un Planeta Sano con vistas a la preparación de la Cumbre de la Tierra en Río (1992). Unas 1.500 mujeres de 83 países de todos los continentes acudieron a esta conferencia. Venían de las agencias de Naciones Unidas, de organizaciones defensoras del medio ambiente o de los derechos de las mujeres; pero también había grupos de base, universitarias, periodistas, miembros de fundaciones, etc. En resumen, un amplio abanico de mujeres conscientes de los problemas y muy motivadas.En el transcurso de la Conferencia de Miami, estas mujeres de todas partes del mundo hicieron un balance y un diagnóstico preciso y detallado del deterioro actual del planeta, del que es víctima la población, apoyándose en los propios testimonios de casos concretos en sus vidas diarias, a la luz de estudios interrelacionados. Denunciaron las consecuencias de la radioactividad en el cuerpo de las mujeres que, en las Islas Marshall, dan a luz a niños con terribles deformidades. Mostraron, con numerosos ejemplos, la irresponsabilidad de los grupos industriales que no se preocupan de sus derechos tóxicos y que contaminan la tierra o el agua, incapacitándolas así para producir comida sana. Enumeraron una gran cantidad de casos en los que las empresas de países industrializados actuaban de una forma criminal y consciente por mero afán de lucro y vendían productos tóxicos sin ninguna precaución ni advertencia de uso. Las mujeres mostraron que los niños son los primeros afectados e intoxicados por la mala comida y el aire contaminado y que ello los exponía a numerosas enfermedades y discapacidades debidas a la malnutrición, a la falta de higiene básica o a la insalubridad de las viviendas. Denunciaron los muchos productos cancerígenos resultantes del sistema de producción actual. Destacaron, también, el hecho de que podría rescatarse a diez millones de niños del hambre con tan sólo el coste de cinco bombarderos modernos.
El documento insiste de forma especial en la necesidad de igualdad en el reparto de poder entre mujeres y hombres, en todas las etapas y formas de la toma de decisiones y, particularmente, en el capítulo referido a las recomendaciones de la ONU, en su mismo organigrama. Las mujeres insisten en una nueva orientación de los objetivos prioritarios de la financiación y de los programas de la ONU, para que las mujeres puedan, por fin, beneficiarse de ellos en el ámbito más próximo posible a la vida cotidiana -especialmente las más pobres- y el UNIFEM, cuyo presupuesto debería, con toda legitimidad, aumentarse considerablemente, ya que es el órgano de la ONU responsable de la recolección y distribución.
El texto, además, exhorta “a todas las agencias de la ONU a que se comprometan a integrar los puntos de vista de las mujeres a todos los niveles y en todos los programas y estrategias”. Por último, la Agenda 21 de las Mujeres propone una reconversión de los presupuestos militares en proyectos civiles y, especialmente, en programas de desarrollo y protección del medio ambiente.
Las mujeres ya habían llevado a cabo importantes acciones para el desarrollo sostenible bastante antes de que una conferencia internacional se preocupara del tema e incluso antes de que se creara este término. Se han anticipado e implicado en este terreno en todos los continentes, a menudo en los lugares más pobres y aislados del planeta; al mismo tiempo que han sido capaces de adaptarse y dar opciones nuevas y organizadas a los nuevos planteamientos.
Es obvio que las mujeres son el 50% de la población mundial, con una infinidad de capacidades y de proyectos. Simplemente, ha llegado el momento de escucharlas y de tenerlas en cuenta. A nivel teórico el ecofeminismo está fortaleciendo sus planteamientos aunando opciones críticas del ecologismo y el feminismo; y a nivel práctico, los movimientos concretos de mujeres se están levantando y manteniendo su posición en todo el mundo.Si actuamos de forma inteligente y dada la grave situación en que se encuentra el mundo, ¿cómo podríamos ignorar la mitad del potencial de creatividad humana?; ¿cómo no nos unimos ya entre hombres y mujeres trabajando por un verdadero progreso social, económico y ambiental?

lunes, 28 de mayo de 2007

EL ECOFEMINISMO



El movimiento femenino en los países altamente industrializados se caracteriza, no solamenteporque sus fines son revindicativos en el plano concreto de las acciones sociales y de los roles del hombre y la mujer en la familia, sino especialmente porque se viene inscribiendo en el movimiento de la ecología profunda, planteando una serie de cuestiones de tipo teórico, reformulando los problemas en que se viene planteando la cuestión de la mujer.
El nombre de ecofeminismo nace hacia 1.974 de un escrito de la autora de origen francés, Francoise d´Aubonn, término que va a tener un éxito enorme en el mundo anglosajón y especialmente en el académico e intelectual de los Estados Unidos, sitio donde las publicaciones de este tipo tiene un gran auge.
Al ser producto de un selecto grupo de intelectuales, el ecofeminismo se convierte en un movimiento casi que diríamos de élite, por estar encerrado en los claustros de la universidades y en los centros de investigación que financian sus publicaciones. No es pues un movimiento masivo que llegue a la mujer corriente estaudinense o europea ya que, de una parte al rechazar la ecología superficial ( shalow ecology), no le preocupa las acciones concretas, sino la investigación profunda que tiene que ver con una serie de problemas teóricos que hacen parte de un nuevo paradigma femenino. Por su carácter abstracto se inscribe en las discusiones de la ecologíaprofunda.
De otra parte el ecofeminismo no es unitario en sus tesis ya que en su nacimiento parte de por lo menos dos ramas o tendencias, como son el feminismo diferencialista y la ecología radical.
Del diferencialismo y el radicalismo a la ecología.
Estas dos tendencias -diferencialista y radical- terminan uniéndose en un horizonte común de crítica a la civilización occidental, al modernismo y sus conceptos de desarrollo, razón y ganancia. Resaltándo las diferencias, a partir de los conceptos hombre-mujer o macho-hembra, llegan en su desarrollo a encontrar en las tesis de la ecología profunda un nuevo horizonte.
Se inscriben en la corriente de la ecología profunda a propósito del cuestionamiento al antropocentrismo, aunque plantean una posición en algunos caso más radical. Como es bien sabido el ataque al antropocentrismo tiene que ver con la concepción que el Modernismo ha implantado en Occidente, bajo la tesis de que la natura, los seres vivos y el mundo en general tienen como centro al Hombre. Este Homo genérico es la medida de todas las cosas, porque es el único ser racional, con voluntad y capacidad de decisión.

Para la ecología estas concepciones legitiman al hombre como depredador.De esa manera el destino del hombre frente a la naturaleza es el de dominarla con todos los seres que en ella habitan, para ponerlos a su servicio.
La ecología profunda al rechazar estas concepciones como antropocentristas, se proyecta en un gran esfuerzo por repensar el sitio del hombre no como depredador, ni dominador, sino como un ser de una alta responsabilidad y compromiso no solo ante la naturaleza, sino ante todos lo seres vivos que lo poblan, adquiriendo un estatus diferente frente a la Biósfera, de la cual el es un ser más, que por su misma razón y cultura está obligado a responder por sus acciones con sentido de responsabilidad frente al resto de seres vivos.

Es dentro de esta concepción que el Ecofeminismo toma partido y se define, como dice Karen J. Warren, una des sus respresentantes. «Yo utilizo el término de ecofeminismo para designar una posición fundada en las tesis siguientes:

1) Existen lazos importantes entre la opresión hacia las mujeres y la dominación de la naturaleza.
2) (2)Comprender el estatus de esos vínculos es indispensable a toda tentativa para entender adecuadamente tanto la opresión de las mujeres como los de la naturaleza;
3) La teoría y la práctica feministas deben incluir una perspectiva ecologista;
4) Las soluciones aportadas a los problemas ecológicos debe incluir una perspectivas feminista ».(1)

Se podría decir que el movimiento feminista de los sesenta y aún de los setenta- véase Simone de Beauvoir- partía de una oposición entre el Hombre y la Mujer, en el cual se estudiaba el poder que el primero ejercía en la segunda oprimiéndola.
Ahora nos encontramos frente a un cambio de episteme contradicción a nivel de Género, por el cual la mujer considerada como reproductora de la Especie (Femelle), se liga con la Naturaleza y con todas las hembras- reproductoras biológicas de la vida- mientras que los Hombres conforman el mundo que se ha separado de lla naturaleza para poder dominarla. De esa manera la mujer siempre será concreta y terrena, mientras que el hombre al cortar con la Naturaleza se vuelve abstracto y depredador.
A la categoría Hembra se ligan el de mujer- terrena-concreta-natura-reproductora y a la categoría Macho se ligan las categorías abstracto-dominador y por ende depredador. De estas oposiciones se llega finalmente a dos conclusiones: la primera es que el destino de la humanidad y en ese orden de ideas de la Biosfera, depende de la mujer y la segunda, que para que el hombre se salve, tiene que ser como la mujer.
Otra articulista de este movimiento, Ariel Kay Sallen, define claramente las similitudes y diferencias entre ecología y feminismo cuando escribe:
En la ecología profunda hay un buen esfuerzo para repensar la metafísica, la epistemología y la ética occidentales...Pero este esfuerzo se vuelve prisionero de un idealismo cerrado en sí mismo, ya que fracasa al confrontar la cuestión, en efecto poco confortable, acerca de los orígenes psicosexuales de nuestra cultura y de su crisis...El movimiento de la ecología profunda no progresará verdaderamente mientras los hombres no tengan el coraje de redescubrir y amar la mujer que hay en ellos.¨(2)
Alcances y limitaciones: Las paradojas del ecofeminismo.

Si bien el ecofeminismo es cada vez más importante, sin embargo en su desarrollo cae en paradojas de diverso orden como son:
A) Su pluralidad de tendencias que siendo muy importantes, sin embargo tienden a debilitarlo
en la misma medida que tienden a cierta confusión en los términos especialmente cuando se termina legitimando el odio hacia los hombres y en ese sentido encerrándose en sí mismo y no dejando otra alternativa que el lesbianismo. Que el lesbianismo- y el homosexualismo -tengan un espacio ganado en la cultura de hoy es innegable. Pero que ese espacio se haga por el camino del desprecio, subvaloración o el simple odio a los Hombres
o Machos, deja mucho que desear y pensar.

B) Al entrar a definir sus bases epistemológicas, conceptuales y teóricas, el ecofeminismo no puede dejar de convertirse en lo que critica: un movimiento abstracto que tiende a alejarse de la mujer concreta y sus problemas cotidianos.
Dentro de esta línea,el ecofeminismo tiende a ser representativo de clases medias altas y burguesas alejadas de los problemas de la mujeres del Primer Mundo y de las clases bajas y pobres.
A pesar de estas críticas, es obvio que el ecofeminismo al entrar a hacer parte del movimiento ecológico, revitaliza el problema ambiental y ecológico y crea un amplio espectro de reflexión y lucha, lo cual es muy positivo y saludable. Por eso creemos que el camino es todavía largo y no podemos creer que lo dicho y hecho hasta ahora no es definitivo. El problema hombre- mujer o Hembra-Macho está lejos de ser resuelto y aún queda mucho camino por recorrer.
REFERENCIAS:

1.Warren K (1.987): «Feminism and ecology» en Environmental Ethics Vol 9.
2. Shalen Ariel Kay(1.984): «Environmental Ethics» vol 6 pg 339

miércoles, 23 de mayo de 2007

DEL ECOFEMINISMO AL FEMINISMO ECOLÓGICO




La visión de las mujeres sobre la destrucción de la capa de ozono, la deforestación de bosques y selvas, así como la evidente contaminación de agua y aire, da paso casi en forma paralela al llamado ecofeminismo, es decir, el interés de las mujeres por involucrarse en las luchas ambientalistas.(Mujereshoy) Las ecofeministas y feministas ecológicas coincidieron en el Primer Encuentro Nacional Artístico-Cultural: Ecofeminismo, Etnias y Alimentación Transgénica, celebrado del 13 al 17 de junio en Uruapan, Michoacán, en México, lugar hasta donde llegaron indígenas, campesinas, académicas, investigadoras y funcionarias. Recordaron las palabras dichas a principios de junio en el marco de la celebración del Día Internacional del Medio Ambiente, por Thierry Lemaresquier, coordinador residente del Sistema de las Naciones Unidas en México, quien aseguró en Monterrey: “México aún no ha conseguido revertir la degradación ambiental en su territorio y eliminar las presiones que la causan. El enfoque autosustentable no se ha podido incorporar a las políticas públicas del gobierno mexicano”. El Informe de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, elaborado a petición de las Naciones Unidas por mil 360 personas expertas de 95 países, afirma que la acelerada reducción en la biodiversidad es resultado de la degradación de los ecosistemas por la actividad humana, y ejemplifica: “Durante los últimos 30 años disminuyeron en un 40 por ciento de las poblaciones de vertebrados terrestres, marinos y de agua dulce. El 12 por ciento de las aves, 23 por ciento de los mamíferos, 25 por ciento de las coníferas y el 32 por ciento de los anfibios están bajo amenaza de extinción. Las pesquerías del mundo han disminuido en un 90 por ciento desde el inicio de la pesca industrial, y sólo queda el 10 por ciento para que el hombre avorazado liquide la vida en los océanos”. Las y los participantes del Primer Encuentro organizado por Instituto Michoacano de la Mujer (IMM), y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en coordinación con el municipio de Uruapan, coincidieron que el interés del ecofeminismo o feminismo ecológico es frenar la degradación del medio ambiente, problema social que requiere una movilización urgente y que involucra a mujeres y varones por igual, si lo que se quiere es evitar una crisis ambiental cuyas consecuencias serían desastrosas para la humanidad entera.
Un poco de historia
En 1974, Francoise d’Eaubonne, una de las precursoras de este movimiento, adoptó por primera vez el término ecofeminismo, en el que destaca las conexiones históricas, biológicas y sociales entre la naturaleza y las mujeres y considera que la explotación y opresión de ambas es consecuencia del dominio del hombre y del orden patriarcal. El ecofeminismo considera a las mujeres como una categoría única, sin distinción de clases, castas, razas, religiones, etnias y edades, postura que se mantuvo hasta los años 80 y que recuperaba la visión de los valores matriarcales y la implantación de la cultura femenina. A principios de los 90, cuando dicho concepto todavía tenía aceptación y continuaba en auge, surgieron las primeras investigaciones, estudios, reflexiones teóricas a cargo de “feministas ambientalistas”, lo que trajo nuevas líneas de pensamiento sobre la interacción mujeres-medio ambiente-recursos naturales-desarrollo sustentable. Del ecofeminismo inicial surgieron nuevas tendencias, todas preocupadas, ocupadas e interesadas por el cambio de las relaciones entre las personas y el medio ambiente.
El feminismo ecológico
Una de ellas, el “feminismo ecológico”, concepto que a decir de la integrante de la organización Milenio Feminista, Friné López Martínez, echa atrás la definición de ecofeminismo, pues “no es por nuestras cuestiones biológicas reproductivas (como mujeres) por las cuales estamos en contacto con la naturaleza”. La activista establece que “cualquiera que sea el interés de las mujeres frente a la naturaleza, ésta se da de manera diferenciada con los hombres en virtud del sexo/género, resaltando dicha vinculación como conocedoras, usuarias, afectadas, productoras y/o consumidoras de los recursos naturales y del medio ambiente”. “El ecofeminismo ya tuvo su tiempo, su época… Por eso estamos propiciando desde hace diez años otro acercamiento a las relaciones de mujeres y hombres con la naturaleza, con el medio ambiente, con el desarrollo sustentable”, acota al recordar que es Bina Agarwall quien acuña el término como una propuesta alternativa al ecofeminismo de Vandana Shiva, ambas investigadoras de la India. La investigadora del Instituto Michoacano de la Mujer (IMM) Miriam Sánchez Arredondo coincide con López Martínez, y agrega: El feminismo ecologista pone énfasis en la necesidad de luchar y transformar desde el feminismo y el ecologismo simultáneamente, que la relación mujeres-medio ambiente toma formas distintas de acuerdo a la clase social, raza, casta, etcétera, y que la destrucción ambiental afecta principalmente a las mujeres y al conjunto de las poblaciones pobres de los países del “Tercer Mundo”.
Relación mujeres-naturaleza
Lejos de polemizar sobre el concepto, la directora del IMM, Rubí de María Gómez Campo, destacó que el ecofeminismo tiene que ver con la recuperación de la visión ancestral que algunas culturas tienen de lo femenino asociado a la tierra. “Por su capacidad reproductiva, las mujeres son asociadas míticamente a través de leyendas y de la tradición oral a la tierra como fecundadora de vida y como madres en la capacidad nutricia. Esto es, la tierra no sólo da vida sino que alimenta”. Reconoce: “Las causas del grave deterioro ecológico están fundadas en la relación que el ser humano establece con su entorno, en su forma de percibirse y asumirse para con el planeta, en la distancia tan grande que hay entre sentirse parte de un mundo y asumirse dueño de éste”. La asesora externa de la Secretaría de Cultura de Michoacán, Margarita Verduzco, considera, por su parte, que “el asunto no es que la ecología sea sólo una cuestión de mujeres, sino de entender que todos, independientemente del género, debemos tomar una forma mucho más materna de cuidar la vida. Desde siempre las mujeres hemos cuidado la semilla, en todos los significados: en nuestros propios vientres la hemos dado a luz y cuidado del fruto y con esa idea de maternar al mundo, hombres y mujeres, podemos maternar la tierra”.
Fuente: Guadalupe Vallejo Mora, Cimacnoticias

Ecofeminismo: una propuesta de transformación para un mundo que agoniza



Escribe: Yayo Herrero
En la década de los 70 un grupo de mujeres se abrazaron a los árboles de los bosques de Garhwal en los Himalayas indios. Intentaban defenderlos de las “modernas” prácticas forestales por parte de una empresa privada.
La mayoría de los hombres del pueblo querían aceptar la oferta de compra que había hecho la industria maderera y obtener dinero inmediato. Sin embargo, las mujeres sabían que la defensa de los bosques comunales de robles y rododendros de Garhwal era imprescindible para resistir a las multinacionales extranjeras que amenazaban su forma de vida. Para ellas, el bosque era mucho más que miles de metros cúbicos de madera. El bosque era la leña para calentarse y cocinar, el forraje para sus animales, el material para las camas del ganado, la sombra…
El abrazo de las mujeres Chipko a los árboles (chipko significa abrazo en su lengua) era el abrazo a la vida. El movimiento Chipko es uno de los ejemplos más conocidos del ecofeminismo, un diálogo entre la sostenibilidad ecológica y la visión, la práctica y el relato que hacen las mujeres de la vida, un encuentro que liga íntimamente la protección de la naturaleza y la subsistencia de las comunidades humanas.
La problemática ambiental: los límites al crecimiento
El planeta Tierra es un sistema cerrado. Eso significa que la única aportación externa es la energía solar (y algún material proporcionado por los meteoritos, tan escaso, que se puede considerar despreciable) Es decir, los materiales que componen el planeta son finitos, y aquello que puede renovarse, por ejemplo, el agua o el oxígeno que respiramos, es gracias a los trabajos invisibles que la Naturaleza hace de modo gratuito.
Hace ya más de 30 años, el conocido informe Meadows, publicado por el Club de Roma constataba la evidente inviabilidad del crecimiento permanente de la población y sus consumos. Alertaba de que si no se revertía la tendencia al crecimiento en el uso de bienes naturales, en la contaminación de aguas, tierra y aire, en la degradación de los ecosistemas y en el incremento demográfico, se incurría en el riesgo de llegar a superar los límites del planeta, ya que el crecimiento continuado y exponencial, sólo podía darse en el mundo físico de modo transitorio.
Más de 30 años después, en 2004, aparecía una revisión actualizada de este informe que muestra cómo la advertencia anterior parece haber caído en oídos sordos y, hoy, la humanidad no se encuentra en riesgo de superar los límites, sino que los ha sobrepasado y se estima que aproximadamente las dos terceras partes de los servicios de la naturaleza se están deteriorando ya.
Algunos síntomas de este deterioro global quedan ilustrados en los siguientes ejemplos:
El fin de la era del petróleo barato está a la vista. Cada vez se va agrandando más la brecha entre una demanda creciente y unas reservas que se agotan y cuya dificultad de extracción aumenta. Las guerras por el petróleo y las fuentes de energía fósil no han hecho más que comenzar. Hoy día, no existen alternativas energéticas que puedan mantener la demanda actual y mucho menos su tendencia al crecimiento.
El cambio climático, provocado por el aumento descontrolado de la emisión de gases de efecto invernadero, incrementa las alteraciones y perturbaciones no lineales y catastróficas. Estos gases son vertidos a la atmósfera por los diversos artefactos creados para el transporte de personas y mercancías, así como por la desregulada actividad industrial de empresas, mayoritariamente multinacionales, que se implantan, cada vez con más frecuencia, en el territorio de los países más pobres.
Los efectos del calentamiento global se ven agravados por la destrucción de los sumideros de CO2 en el planeta y por el deterioro del sistema que los millones de años de evolución habían fabricado para defenderse de los cambios y las perturbaciones: la biodiversidad.
El ciclo del agua se ha roto y el sistema de renovación hídrica que ha funcionado durante miles de años, no da a basto para renovar agua al ritmo que se consume. La sequía en muchos lugares ha pasado a ser un problema estructural y no una coyuntura de un año de escasas precipitaciones. El control de los recursos hídricos se perfila como una de las futuras fuentes de conflictos bélicos, cuando no lo es ya.
El panorama de deterioro se completa si añadimos los riesgos que suponen la proliferación de la industria nuclear, la comercialización de miles de nuevos productos químicos al entorno cada año, sin que se apliquen las más mínimas normas de precaución, la liberación de organismos genéticamente modificados cuyos efectos son absolutamente imprevisibles o la experimentación en biotecnología y nanotecnología que nadie sabe dónde puede llevar.
La degradación de los servicios de la Naturaleza puede empeorar durante la primera mitad del presente siglo haciendo imposible la reducción de la pobreza, la mejora de la salud y el acceso a los servicios básicos para una buena parte de la humanidad.
Ya nadie duda que el rápido y reciente deterioro global de los ecosistemas es claramente antropogénico. Es el sistema productivista, basado en el consumo creciente y en la velocidad e impuesto por los países ricos a través de la denominada globalización, el principal responsable de la destrucción.
Esta responsabilidad del mundo occidental, se puede ver claramente a partir del cálculo de la huella ecológica, un indicador que expresa en unidades de superficie de la Tierra, el uso que un determinado país o comunidad hace de los recursos naturales y servicios que le presta la Naturaleza para absorber los residuos y regenerar los bienes consumidos.
Si comparamos la huella ecológica con la biocapacidad del territorio para proveer los recursos consumidos podemos deducir el grado de sostenibilidad de nuestras acciones. En el estado español se usa el doble de recursos de los que podría generar nuestro territorio y es lo habitual en todos los países industrializados, con los Estados Unidos a la cabeza en el cómputo. La huella ecológica muestra que una parte muy pequeña de la población mundial consume y gasta lo que es de todos y todas.
Desde el ecologismo se considera que la apropiación que los países más ricos hacen de los bienes y servicios que la Naturaleza presta genera una deuda ecológica. Una deuda que las economías del Norte han adquirido con las del Sur a causa de de los impactos ambientales y sociales provocados por la imposición de un modelo de comercio injusto y desigual, por el saqueo y la explotación de recursos naturales que los países del Norte obtienen casi gratis para sostener su nivel de vida, por la contaminación atmosférica global que causan las enormes emisiones de carbono que emiten los países ricos al usar la energía fósil en la industria y el transporte, por la degradación de las mejores tierras de cultivo para monocultivos de exportación al Norte, por la apropiación de los conocimientos ancestrales de los pueblos del Sur,..
No es extraño, por tanto, que en los países del Sur también han ido naciendo propuestas ecologistas. Se caracterizan por ser movimientos colectivos que actúan para defender sus territorios y su acceso comunal a los recursos, su posibilidad de subsistencia o su calidad de vida frente a las agresiones de los grandes proyectos extractivos, turísticos o de infraestructura por parte de grandes empresas que actúan de forma ajena a sus intereses.
Un ejemplo conocido de este ecologismo popular en el Sur es el movimiento de las mujeres Chipko, al que hacíamos referencia en la introducción.
En estos movimientos las mujeres adquieren un papel protagonista. La causa principal es la cercanía de las mujeres a las condiciones económicas y materiales que permiten la subsistencia. Son las responsables del aprovisionamiento energético y material y se suelen ocupar de la agricultura y la medicina popular. Ellas son, por tanto, testigos directos del deterioro y sufren de forma directa la destrucción de los ecosistemas.
La subordinación de las mujeres y la naturaleza
El ecofeminismo es a la vez, al igual que ocurre con el ecologismo, un discurso y un movimiento social plural. La mayoría de variantes del ecofeminismo coinciden en ver una relación íntima entre la subordinación de las mujeres y la destrucción de la naturaleza. Según ellas, el problema ecológico no se origina solamente a partir de los excesos antropocéntricos de la especie humana en relación a la naturaleza. Este antropocentrismo es en realidad androcentrismo, es decir, un modelo cultural en el que se imponen las visiones masculinas sobre las femeninas, consideradas inferiores, ignoradas e incluso invisibilizadas. La explotación de la naturaleza y la explotación de la mujer se conectan entonces mediante una forma de ver la realidad y un conjunto de prácticas: el sistema patriarcal.
El ecofeminismo entiende que la crisis ambiental puede solucionarse si no se introduce una perspectiva de género y se resaltan las importantes contribuciones de las mujeres a la sostenibilidad social y ecológica. En el fondo propone “poner en femenino” los discursos, valores y prácticas sociales.
La crítica del feminismo se centra en el patriarcado, un modelo de organización que se caracteriza por dividir la realidad en pares de opuestos (cultura/naturaleza, mente/cuerpo, razón/emoción, conocimiento científico/saber tradicional, ciencia/experiencia, público/privado, etc.). El patriarcado sostiene que los primeros componentes de cada par son más valiosos, y los asocia a lo masculino. Las mujeres quedarían, pues, del lado de la naturaleza, del cuerpo, de la materia, de las emociones, del saber tradicional, de la experiencia, del objeto, de lo privado, rasgos considerados femeninos frente a sus opuestos considerados masculinos. A partir de ahí, se justifica ideológicamente el dominio y la explotación de la naturaleza y de las mujeres a favor del hombre y los valores masculinos.
La economía de mercado intensifica la situación al invisibilizar todo aquello que no tenga traducción a un valor monetario. Las mujeres han venido realizando muchos trabajos imprescindibles para la vida (parir, alimentar, cuidar, mejorar semillas y plantas, buscar leña, conseguir agua, etc.) que no son pagados y que por tanto no figuran en ninguna cuenta de resultados. Sin embargo, el sistema capitalista considera que población activa es aquella que está en edad de trabajar, siempre que no sea estudiante, ama de casa u otros colectivos que no realizan trabajo remunerado. Según esta definición, una persona en edad legal de trabajar que lleva a cabo tareas domésticas en su casa y no recibe remuneración salarial forma parte de la población inactiva.
La mitad de la humanidad, las mujeres, han venido realizando históricamente todas las labores asociadas a la reproducción y los cuidados de los seres humanos, pero para el capital, el valor de los cuidados, de la armonía vital, de la reproducción y de la alimentación, del cuidado de las personas mayores o dependientes, es algo pasivo, que no cuenta en el mercado porque no produce valor en términos económicos.
Algo similar sucede con los trabajos que realiza la naturaleza. La fotosíntesis, el ciclo del carbono, el ciclo del agua, la capa de ozono, la regulación del clima, la creación de biomasa, los vientos o los rayos del sol son gratis y, aunque sus trabajos son imprescindibles para vivir, no son contabilizados y, como lo que no genera dinero no cuenta, también son invisibles para el mercado.
El ecofeminismo defiende que, prácticamente en todo el planeta, son las mujeres a través de su trabajo no monetarizado en los hogares y su trabajo fuera del hogar en las economías de subsistencia, quienes proveen a los seres humanos de los recursos materiales, los cuidados y los afectos que necesitan. Precisamente por ejercitar este tipo de tareas, muy cercanas a la creación de bienestar y satisfacción de necesidades básicas, corporales y emocionales, es que las mujeres son más conscientes de la necesidad de frenar el deterioro ambiental global.
El ecofeminismo, por tanto, busca como objetivos esenciales conservar la tierra y sus recursos, poniendo en el centro la vida y su cuidado, en contraposición a la búsqueda de beneficio económico a corto plazo. Se opone, por tanto, de forma esencial a la concepción neoliberal de la economía y la sociedad.
Desde una perspectiva de género, se pueden establecer paralelismos muy interesantes entre las propuestas feministas y las ecologistas. Si hablábamos de huella ecológica para medir el impacto de los estilos de vida sobre la sostenibilidad de la Naturaleza, cabe hablar de la huella civilizadora de las mujeres como indicador que evidencia el desigual impacto que tiene la división sexual del trabajo sobre la sostenibilidad y sobre la calidad de vida humana.
La huella civilizadora es la relación entre el tiempo, el afecto y la energía amorosa que las personas necesitan para atender a sus necesidades humanas reales (cuidados, seguridad emocional, preparación de los alimentos, tareas asociadas a la reproducción, etc) y las que aportan para garantizar la continuidad de vida humana. En este sentido, el balance para los hombres sería negativo pues consumen más energías amorosas y cuidadoras para sostener su forma de vida que las que aportan, por ello, desde el ecofeminismo, puede hablarse de deuda femenina, como la deuda que el patriarcado ha contraído con las mujeres de todo el mundo por el trabajo que realizan gratuitamente.

Las propuestas ecofeministas
El análisis del camino hacia el colapso que ha elegido e impone la sociedad occidental obliga a acometer urgentemente una serie de transformaciones en las que las mujeres tienen mucho que aportar.
En primer lugar es preciso cambiar la concepción del trabajo. La actividad de los seres humanos sobre la tierra, el trabajo humano, está siendo capaz de deteriorar nuestro hábitat hasta hacerlo inhabitable. Por eso es urgente revisar la concepción del trabajo como enfrentamiento y explotación de recursos naturales y personas. Debemos recuperar o construir unos modos de supervivencia respetuosos con la tierra y con las necesidades humanas en los que mujeres y hombres compartan las cargas y los beneficios de aquellas actividades que nos permiten vivir.
Frente al ciclo trabajo-ocio regulado por la producción y el consumo, la sostenibilidad supone tiempos de trabajo que respeten los ciclos de la vida, tanto los ciclos de regeneración del medio natural como los ciclos vitales humanos (procreación, infancia, vejez) o los ciclos diarios de actividad y descanso.
Es preciso distinguir trabajo y empleo, ya que en caso contrario, se convierten en invisibles todos los trabajos que no están monetarizados e incorporados al mercado laboral, como son especialmente los trabajos reproductivos y de cuidado realizados en su mayor parte por las mujeres (crianza, preparación de alimentos, atención a la enfermedad, a los ancianos o a la discapacidad...), en muchas ocasiones los trabajos de las comunidades de subsistencia y los trabajos de la naturaleza para el mantenimiento de la vida.
Esto lleva, por tanto, a considerar la economía del cuidado asignada a las mujeres como algo difícilmente mercantilizable. La finalidad de estos cuidados no es monetaria, sino que persigue aumentar la calidad de vida humana. Resultaría imposible pagar con salarios de mercado todo este trabajo. La explotación del trabajo de las mujeres y de los trabajos de la Naturaleza, son, por tanto, condición necesaria para la existencia del sistema capitalista.
El ecofeminismo, sobre todo en los países del Sur cuestiona la categoría occidental de pobreza. De acuerdo con lo que plantea Vandana Shiva (2005), el modelo de desarrollo basado en la economía de mercado, considera que las personas son pobres si comen cereales producidos localmente por las mujeres en lugar de comida basura procesada, transformada y distribuida por las multinacionales del agrobusiness. Se considera pobreza a vivir en casas fabricadas por uno mismo con materiales ecológicos como el bambú y el barro en lugar de hacerlo en casas de cemento y PVC. Es propio también de pobres llevar ropa hecha a mano a partir de fibras naturales en lugar de sintéticas.
Pero es que además, no es cierto que en las sociedades occidentales cada vez se viva mejor y seamos más ricos. Hemos aumentado la pobreza ambiental y social. Vivimos en un entorno más contaminado, aumentan los casos de cáncer y las alergias de extraño origen, respiramos un aire más sucio, comemos alimentos regados con aguas contaminadas, abonados con productos químicos, producidos por animales enfermos y torturados, no tenemos tiempo para dedicar a las personas que queremos, trabajamos en cosas que no nos gustan, viajamos cada día mucho tiempo para llegar a nuestro trabajo, nos vemos obligados a pagar hasta para que los niños jueguen y la mayor parte de la población vive endeudada con los bancos.
Para Shiva, el desarrollo occidental, que califica de “mal desarrollo” frente a las economías de subsistencia, va asociado a un crecimiento económico y el aumento de la productividad basados en la destrucción la naturaleza y en la explotación de la mujer para producir vida, bienes y servicios para satisfacer las necesidades básicas. La productividad y crecimiento ilimitado, presentados como positivos en sí mismo, progresistas y universales son en realidad patriarcales, destruyen el medio ambiente y generan enormes desigualdades entre hombre y mujeres.
Por tanto, el camino hacia la sostenibilidad implica librarse de un modelo de desarrollo que lleva a la destrucción. El ecofeminismo es un movimiento activo y solidario en las luchas de resistencia mundiales al modelo de progreso y bienestar que impone la globalización y que se basa en la maximización de beneficios monetarios a corto plazo, aunque sea a costa de la salud de las comunidades humanas y de los ecosistemas.
La sostenibilidad sólo se puede alcanzar en una sociedad que incorpora y da valor a los saberes y trabajos de las mujeres que, por haber estado muy cercanas a las condiciones materiales de subsistencia, han desarrollado trabajos y habilidades que les hacen estar más adaptadas para caminar hacia ella.
El proyecto ecofeminista debe pues centrarse en la organización económica y política de la vida y el trabajo de las mujeres y plantear alternativas viables al modelo desarrollista responsable de la crisis ecológica que pasan por la mejora de las condiciones de vida de las mujeres y de los pobres.
La sostenibilidad se basa en la autosuficiencia, la descentralización, la complejidad y la autoorganización. La vida, los ecosistemas, son una estrategia de autoorganización, a través de la cual se buscan los equilibrios, las sociedades humanas sostenibles no son ajenas a esta estrategia. Para alcanzar la sostenibilidad resulta ineludible superar la solución individualizada de los problemas y necesidades, por lo que sostenibilidad y salud comunitaria van de la mano. En este contexto, la inteligencia colectiva es una estrategia capaz de generar alternativas y construir un nuevo espacio de supervivencia. Los procesos de reflexión y actuación que involucran al conjunto de la sociedad proporcionan una ventana para soñar e inventar un modelo de organización social y económica que encare la crisis que ha causado vivir de espaldas a la Naturaleza y al resto de las personas.
La recuperación del principio femenino permite trascender los cimientos patriarcales del mal desarrollo y transformarlos. Permite redefinir el crecimiento y la productividad como categorías vinculadas a la producción —no a la destrucción— de la vida. De modo que el ecofeminismo es un proyecto político, ecológico y feminista a la vez, que legitima la vida y la diversidad, y que quita el sostén al conocimiento y la práctica de una cultura de la muerte que sirve de base solamente a la acumulación de capital.
Referencias bibliográficas
Bosch, A., Amoroso, M.I. y Fernández Medrano, H. (2003). Arraigadas en la Tierra, en Amoroso Miranda, M.I. et al: Malabaristas de la vida. Barcelona: Icaria
García E. (2006). Decrecimiento y cambio social: ¿descenso suave o caída al abismo?.http://axtom.modwest.com/cima/ficpdf/agenda060331f.pdf
Martínez Alier, J. (2005). El ecologismo de lo pobres. Conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Barcelona: Icaria
Meadows, D., Randers, J. y Meadows, D. (2004) Limits to growth: the 30 years update. White River Junction (UT) Chelsea: Green
Reid, W. dir. (2005) Informe evaluación ecosistemas del milenio.www.milleniumassessment.org
Vandana S. (2005). Cómo poner fin a la pobreza.http://www.rebelion.org/noticia.php?id=15959

martes, 9 de enero de 2007

El feminismo a través de la historia I. Feminismo premoderno

Que el feminismo ha existido siempre puede afirmarse en diferentes sentidos. En el sentido más amplio del término, siempre que las mujeres, individual o colectivamente, se han quejado de su injusto y amargo destino bajo el patriarcado y han reivindicado un a situación diferente, una vida mejor. Sin embargo, en este libro abordamos el feminismo de una forma más específica: trataremos los distintos momentos históricos en que las mujeres han llegado a articular, tanto en la teoría como en la práctica, un conjunto coherente de reivindicaciones y se han organizado para conseguirlas [1]).
En este recorrido histórico por la historia del movimiento feminista dividiremos la exposición en tres grandes bloques: el feminismo premoderno, en que se recogen las primeras manifestaciones de "polémicas feministas"; el feminismo moderno, que arranca con la obra de Poulain de la Barre y los movimientos de mujeres y feministas de la Revolución Francesa, para resurgir con fuerza en los grandes movimientos sociales del siglo XIX, y, por último, el feminismo contemporáneo, en que se analiza el neofeminismo de los años sesenta-setenta y las últimas tendencias.
1. Feminismo premoderno
El proceso de recuperación histórica de la memoria feminista no ha hecho más que comenzar. Cada día que pasa, las investigaciones añaden nombres nuevos a la genealogía del feminismo, y aparecen nuevos datos en torno a la larga lucha por la igualdad sexual. En general puede afirmarse que ha sido en los periodos de ilustración y en los momentos de transición hacia formas sociales más justas y liberadoras cuando ha surgido con más fuerza la polémica feminista.
Es posible rastrear signos de esta polémica en los mismos principios de nuestro pasado clásico. La Ilustración sofística produjo el pensamiento de la igualdad entre los sexos, aunque, como lo señala Valcárcel, ha sobrevivido mucho mejor la reacción patriarcal que generó: "las chanzas bifrontes de Aristófanes, la Política de Aristóteles, la recogida de Platón" [2]. Con tan ilustres precedentes, la historia occidental fue tejiendo minuciosamente -desde la religión, la ley y la ciencia- el discurso y la práctica que afirmaba la inferioridad de la mujer respecto al varón. Discurso que parecía dividir en dos la especie humana: dos cuerpos, dos razones, dos morales, dos leyes.
El Renacimiento trajo consigo un nuevo paradigma humano, el de autonomía, pero no se extendió a las mujeres. El solapamiento de lo humano con los varones permite la apariencia de universalidad del "ideal de hombre renacentista". Sin embargo, el culto renacentista a la gracia, la belleza, el ingenio y la inteligencia sí tuvo alguna consecuencia para las mujeres [3]. La importancia de la educación generó numerosos tratados pedagógicos y abrió un debate sobre la naturaleza y deberes de los sexos. Un importante precedente y un hito en la polémica feminista había sido la obra de Christine de Pisan, La ciudad de las damas (1405). Pisan ataca el discurso de la inferioridad de las mujeres y ofrece una alternativa a su situación, pero, como certeramente indica Alicia H. Puleo, no hay que confundir estas obras reivindicativas con un género apologético también cultivado en el Renacimiento y destinado a agradar a las damas mecenas. Este género utiliza un discurso de la excelencia en que elogia la superioridad de las mujeres -"el vicio es masculino, la virtud femenina"- t confecciona catálogos de mujeres excepcionales. Así por ejemplo, el tratado que Agripa de Nettesheim dedica a la regente de los Países Bajos en 1510, De nobilitate et praecellentia foeminei sexus [4]. A pesar de las diferencias entre los tratados, habrá que esperar al siglo XVII para la formulación de igualdad.
La cultura y la educación eran entonces un bien demasiado escaso y, lógicamente, fueron de otra índole las acciones que involucraron a más mujeres y provocaron mayor represión: la relación de las mujeres con numerosas herejías como las milenaristas. Guillermine de Bohemia, a fines del siglo XIII, afirmaba que la redención de Cristo no había alcanzado a la mujer, y que Eva aún no había sido salvada. Creó una iglesia de mujeres a la que acudían tanto mujeres del pueblo como burguesas y aristócratas. La secta fue denunciada por la inquisición a comienzos del siglo XIV. Aunque las posiciones de las doctrinas heréticas sobre la naturaleza y la posición de la mujer eran muy confusas, les conferían una dignidad y un escape emocional e intelectual que difícilmente podían encontrar en otro espacio público [5]. El movimiento de renovación religiosa que fue la Reforma protestante significó la posibilidad de un cambio en el estado de la polémica. Al afirmar la primacía de la conciencia-individuo y el sacerdocio universal de todos los verdaderos creyentes frente a la relación jerárquica con Dios, abría de par en par las puertas al interrogante femenino: ¿por qué nosotras no? Paradójicamente el protestantismo acabó reforzando la autoridad patriarcal, ya que se necesitaba un sustituto para la debilitada autoridad del sacerdote y del rey. Por mucho que la Reforma supusiese una mayor dignificación del papel de la mujer-esposa-compañera, el padre se convertía en el nuevo e inapelable intérprete de las Escrituras, dios-rey del hogar. Sin embargo, y como ya sucediera con las herejías medievales y renacentistas, la propia lógica de estas tesis llevó a la formación de grupos más radicales. Especialmente en Inglaterra, la pujanza del movimiento puritano, ya a mediados del siglo XVII, dio lugar a algunas sectas que, como los cuáqueros, desafiaron claramente la prohibición del apóstol Pablo. Estas sectas incluyeron a las mujeres como predicadoras y admitían que el espíritu pudiese expresarse a través de ellas. Algunas mujeres encontraron una interesante vía para desplegar su individualidad: "El espíritu podía inducir a una mujer al celibato, o a fiar el derecho de su marido a gobernar la conciencia de ella, o bien indicarle dónde debía rendir culto. Los espíritus tenían poca consideración por el respeto debido al patriarcado terrenal; sólo reconocían el poder de Dios" [6]. Entonces se las acusó de pactar con el demonio. Las frecuentes acusaciones de brujería contra las mujeres individualistas a lo largo de estos siglos, y su consiguiente quema, fue el justo contrapeso "divino" a quienes desafiaban el poder patriarcal.
En la Francia del siglo XVII, los salones comenzaban su andadura como espacio público capaz de generar nuevas normas y valores sociales. En los salones, las mujeres tenían una notable presencia y protagonizaron el movimiento literario y social conocido como preciosismo. Las preciosas, que declaran preferir la aristocracia del espíritu a la de la sangre, revitalizaron la lengua francesa e impusieron nuevos estilos amorosos; establecieron pues sus normativas en un terreno en el que las mujeres rara vez habían decidido. Para Oliva Blanco, la especificidad de la aportación de los salones del XVII al feminismo radica en que "gracias a ellos la ’querelle féministe’ deja de ser coto privado de teólogos y moralistas y pasa a ser un tema de opinión pública" [7]. Sin embargo, tal y como sucedía con la Ilustración sofística, seguramente hoy se conoce mejor la reacción patriarcal a este fenómeno, reacción bien simbolizada en obras tan espeluznantemente misóginas como Las mujeres sabias de Molière y La culta latiniparla de Quevedo.

Notas

[1] Como ponen de relieve las recientes historias de las mujeres, éstas han tenido casi siempre un importante protagonismo en las revueltas y movimientos sociales. Sin embargo, si la participación de las mujeres no es consciente de la discriminación sexual, no puede considerarse feminista
[2] A, Valcárcel, "¿Es el feminismo una teoría política?, Desde el feminismo, n 1, 1986.
[3] Cf. J. Kelly, "¿Tuvieron las mujeres Renacimiento?", en J. S. Amelang y M. Nash (eds.) Historia y género: Las mujeres en la Europa moderna y contemporánea, Alfons el Maganànim, Valencia 1990, pp. 93-126; y A. H. Puleo, "El paradigma renacentista de autonomía", en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario Permanente Feminismo e Ilustración. Instituto de Investigaciones Feministas, Universidad Complutense de Madrid, Madrid 1992, pp. 39-46.
[4] Cf. A. H. Puleo, a. c., 43-44.
[5] S. Robotham, Feminismo y revolución, Debate, Madrid 1978, pp. 15-26.
[6] S. Robotham, La mujer ignorada por la historia, Debate, Madrid 1980, p. 19.
[7] O. Blanco, "La ’querelle feministe’ en el siglo XVII", en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario Permanente Feminismo e Ilustración, p. 77.

jueves, 4 de enero de 2007

La química del amor


¿Crees que el amor es química real? ¡Sí! La química subyace en cada paso de una relación. Este campo se encuentra en continua investigación. Cuando te enamoras, tu cerebro experimenta ciertos cambios y también se produce la liberación de algunos compuestos químicos. Los investigadores consideran en general tres etapas en el amor: deseo, atracción y apego, cada una de las cuales lleva asociada ciertos procesos químicos.
amor
1) Deseo - Pasos iniciales
El deseo surge a través de una atracción física inicial y flirteo. Esta etapa depende de características tales como simetría de la cara y dimensiones corporales proporcionadas. El flirteo puede incluir miradas a los ojos, roces y reflejos en el lenguaje corporal. Los dos compuestos químicos que surgen en esta etapa son las hormonas sexuales (testosterona y estrógeno) y las feromonas.
En el mundo animal, las FEROMONAS son "huellas" aromáticas individuales que se encuentran en la orina o en el sudor, que dictan comportamientos sexuales y attración por el sexo opuesto. La existencia de feromonas humanas fue descubierta en 1986 por científicos en el Centro de Sensaciones Químicas en Philadelphia y sus compañeros en Francia. Estos compuestos se encontraron en el sudor humano.
2) Enamorándose - Atracción 
El amor romántico o apasionado se caracteriza por la euforia cuando las cosas van bien, y bruscos cambios de humor cuando van mal. Al enamorarte puedes tener muchos síntomas: pérdida de apetito, dificultad para conciliar el sueño o para concentrarse, sudor en las manos, mariposas en el estómago... Todo ésto se debe a compuestos químicos llamados monoaminas, que aparecen en el cerebro:
- DOPAMINA: Comúnmente se asocia con el sistema de placer del cerebro, dando lugar a sentimientos de placer y refuerzo que nos motivan a hacer ciertas actividades. Se libera a través de experiencias naturales placenteras, tales como el sexo o la comida. Algunos estudios indican que cuando se inyecta dopamina a roedores hembra en presencia de un roedor macho, la hembra lo escogerá más tarde entre una multitud.
- FENILETILAMINA: Es una anfetamina natural como la conocida droga, y puede causar los mismos efectos estimuladores. Contribuye a esa sensación de "estar en el cielo" que aparece cuando hay atracción, y da la energía necesaria para mantenerse en pie día y noche con un nuevo amor.
- SEROTONINA: controla impulsos, pasiones indomables y comportamiento obsesivo, ayudando a generar una sensación de "tener en control".
- NOREPINEFRINA: otro neurotransmisor que induce euforia en el cerebro, excitando al cuerpo dándole una dosis refuerzo de adrenalina natural. Ésto causa que el corazón lata más fuerte y la presión sanguínea aumente. Por ello parece que se nos sale el corazón o nos sudan las manos cuando vemos a alguien por quién nos sentimos atraídos.
3) Apego - Mantenerse juntos 
Junto a un compañero con el que llevamos tiempo, sentimos una sensación de calma y estabilidad, una clase de enlace que mantiene a las parejas unidas. Esta clase de amor está dirigida por las siguientes hormonas:
- OXITOCINA: se la conoce en ocasiones como "la sustancia química del abrazo". Esta hormona es mejor conocida por su papel en la inducción del parto estimulando las contracciones. Pero recientemente se ha observado que puede influenciar además en nuestra habilidad para unirnos a otros, dado que ambos géneros liberan esta hormona cuando se tocan y se abrazan, teniendo lugar un aumento máximo del nivel de oxitocina durante el orgasmo.
- VASOPRESINA: también llamada "la sustancia química de la monogamia". Ciertos investigadores han observado que la supresión de vasopresina puede provocar que los machos abandonen su nido de amor y busquen nuevas compañeras.
- ENDORFINAS: son compuestos bioquímicos que potencian nuestro sistema inmunitario, bloquean la lesión de los vasos sanguíneos, tienen propiedades anti-estrés y anti-envejecimiento, alivian el dolor y también ayudan a mejorar la memoria.
Niveles altos de oxitocina y vasopresina pueden interferir con los caminos de la dopamina y la norepinefrina, lo cual puede explicar por qué con el tiempo la sensación de apego crece mientras que la locura apasionada del amor decae.
Bueno, como puedes ver, en nuestro cuerpo tiene lugar química real cuando estamos enamorados. Ésto no significa que el amor sea sólo química, pero al menos ahora puedes comprender este sentimiento desde otro punto de vista, ¿verdad?

Silvia Martínez

sábado, 2 de septiembre de 2006

Pioneras, rebeldes, ¡Cigarreras!


Hay hombres y oficios que pasan a la historia con gloria. Y hay oficios y mujeres que quedan ocultas en los rincones subterráneos de esa, supuesta, misma historia.
Cigarreras de Triana, Sevilla
CIGARRERAS DE TRIANA, SEVILLA
Mujeres que lucharon por sus derechos, independencia, por su libertad y por la de sus compañeras, hijas, nietas, por sus hermanas y por todas nosotras. Escritoras, periodistas, editoras, tejedoras, costureras, científicas, pensadoras, agitadoras, obreras. Librepensadoras, anticlericales, feministas. Mujeres a la vanguardia de una lucha propia y ajena que la historia y los que la escriben siguen empeñados en silenciar con oscuras intenciones. Y uno de esos oficios y de esas mujeres fueron las cigarreras.
Cigarreras de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla
CIGARRERAS DE LA REAL FÁBRICA DE TABACOS DE SEVILLA
Sevilla, Madrid, Alicante, Bilbao o Gijón fueron algunas de las ciudades que vivieron su lucha, siendo ellas las que inauguraron el movimiento obrero femenino en un país que por ser mujeres y obreras les daba la espalda.
Antigua Fábrica de Tabacos de Madrid en la calle Embajadores (1910)
ANTIGUA FÁBRICA DE TABACOS DE MADRID EN LA CALLE EMBAJADORES (1910)
A partir de 1828 comenzaron a organizarse para luchar por mejorar sus terribles condiciones laborales y aumentar sus irrisorios salarios, organizando legendarias revueltas y motines entre 1830 y 1842. Crearon las primeras Hermandades de Socorro Mutuo y consiguieron las primeras guarderías, escuelas y salas de lactancia dentro de sus fábricas.
Fábrica de Tabacos de Sevilla (Gonzalo Bilbao, 1915)
FÁBRICA DE TABACOS DE SEVILLA (GONZALO BILBAO, 1915)
La autogestión era lo suyo; en el lugar de trabajo todas las labores recaían sobre ellas. Unas guisaban, otras barrían, en cada taller había varias lectoras de noticias y entre todas las compañeras abonaban el tiempo de trabajo perdido (como cuenta Emilia Pardo Bazán en La Tribuna).
Fotografía de un grupo de cigarreras (1905)
FOTOGRAFÍA DE UN GRUPO DE CIGARRERAS (1905)
Despreciaban y se enfrentaban a los agentes de policía con bravura, lo mismo que a la Iglesia y sus poderes. Rechazaban el matrimonio y fueron las primeras en afiliarse a clubs republicanos y librepensadores de mujeres.
Las cigarreras, unas Rebeldes Periféricas del siglo XIX, como se titula el magnífico libro de Ana Muiña (La Linterna Sorda, 2008) en el que cuenta la historia de todas esas mujeres rebeldes, salvajes, valientes y revolucionarias, nuestras antecesoras, que no podemos olvidar. ¡Vivan las cigarreras!
Cigarrera fumando (Anónimo, 1880)
CIGARRERA FUMANDO (ANÓNIMO, 1880)

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/las-cigarreras-la-historia-de-unas-rebeldes-perifricas