RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

sábado, 1 de febrero de 2025

Mujeres con hachas que reventaron tabernas y el machismo decimonónico

Historia feminista del siglo XIX & WTCU


Fuentes: https://www.pikaramagazine.com

En la primera ola del feminismo anglosajoncéntrica (mediados del siglo XIX, principios del siglo XX), se creó la organización feminista más antigua, grande e influyente de Estados Unidos: la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza, traducido al castellano (Woman’s Christian Temperance Union, WCTU.


[Abro inciso. Si la palabra cristiana te rechina piensa que, en el siglo XIX, las instituciones religiosas eran la escapatoria ante las cárceles de las mujeres, esto es, el matrimonio y la casa. Los conventos eran los espacios no mixtos y feministas de aquella época; los lugares donde tenían acceso a la cultura y al deseo lésbico. Y, si no, piensa en la monja feminista y lesbiana Sor Juana Inés de la Cruz o en las fundaciones religiosas que crearon centros universitarios femeninos cuando las mujeres no tenían acceso a la universidad. Cierro inciso]

La WCTU fue un movimiento social liderado por mujeres cristianas que luchó para despejar el abuso de alcohol de la ecuación de las violencias machistas. Este movimiento rompió a golpe de hacha las tabernas y el arquetipo del ángel del hogar, creando la primera plataforma política y feminista en Estados Unidos. También fue el precursor de la ley de Volstead, conocida como la ley seca, y del sufragio femenino. No es casualidad que a los siete meses de aprobarse una, se aprobase la otra. Tampoco lo es el borrado histórico que invisibiliza el poderío de estas mujeres que hicieron posible la ley seca -estés o no de acuerdo- y el sufragio femenino en un contexto en el que no tenían voz ni voto -literal-.

EEUU: Estados Ebrios Unidos y Ultramachistas

Para conocer cuál fue la gota que colmó el vaso -nunca mejor dicho- y que llevó a las mujeres a tomar medidas frente a la relación directa entre las violencias machistas y el exceso libatorio, se ha de contextualizar la profunda alcoholización que se dio en aquella época.

Las bebidas etílicas estaban presentes en todas las esferas de la vida. Los médicos recetaban alcohol, ya que el agua potable escaseaba y la que había disponible transmitía enfermedades. Las familias granjeras tenían un barril de sidra en la puerta del que tomaban antes de entrar, bebiendo en cada comida, incluso en el desayuno. Se suministraba a trabajadores y tropas su cuota de licor diaria, de manera que los soldados al volver de sus batallas en la Guerra de Secesión se sumaban a la ola de dipsomanía que se extendía por todo el país.

Para 1830, el hombre promedio de más de 15 años bebía el equivalente a 88 botellas de whisky al año. Por aquel entonces, el gasto anual en alcohol, que representaba el 70 por ciento de los ingresos federales, era mayor que los gastos totales del Gobierno. Todo este dinero iba a parar a la industria cervecera y a las tabernas. Estas últimas eran una institución exclusivamente masculina, ya que el consumo de bebidas espirituosas se consideraba (y aún se considera) signo de hombría. De igual manera, se pensaba que la hambruna convertía en hombres a los hijos, quedando los pater familia excusados cada vez gastaban el salario en las tabernas y empobrecían a sus familias.

Sin el derecho al divorcio ni leyes contra el maltrato machista ni el abuso sexual, fueron las mujeres las que sufrieron los estragos del vicio etílico: miseria; golpes; violaciones sexuales; la muerte de sus maridos y familiares por peleas, accidentes y enfermedades derivadas del alcoholismo… Ante este desamparo estatal, las organizaciones femeninas por la templanza fueron una vía para que las mujeres pudieran expresar sus preocupaciones sobre las violencias machistas. En una época en la que no podían votar, miles de mujeres fueron escuchadas políticamente por primera vez en Estados Unidos.

Un bautismo de poder y libertad

En este periodo histórico se podría decir que detrás de una gran mujer siempre había un gran borracho. Algunas de estas legendarias fueron Susan B. Anthony, Eliza J. Thomson, Frances Willard y Carry A. Nation.

Susan B. Anthony, activista por la abolición de la esclavitud y cuyo papel fue fundamental en el movimiento por el sufragio femenino, fundó en 1852 la primera Sociedad de Templanza de la Mujer del estado de Nueva York, después de que se le impidiera hablar por ser mujer en una conferencia sobre la abstinencia. Pero la que alentó a las mujeres a tomar las calles para frenar la venta de bebidas alcohólicas fue Eliza J. Thomson, impulsora de las revueltas de abstemias políticas, conocidas como la Cruzada de las Mujeres.

El 24 de diciembre de 1873, Thomson reunió a 75 mujeres del pueblo de Hillsboroa (Ohio) para ir a las farmacias pidiendo que se comprometiesen, bajo contrato, a dejar de surtir recetas con etanol. Lo mismo hicieron con las tabernas, frente a las que se situaron de rodillas, o con tabernáculos portátiles, a orar y cantar. Tras impedir el acceso y ahuyentar o persuadir a sus clientes, obligaron a propietarios a cerrar sus locales. De esta forma nació la Cruzada de las Mujeres, que luego se extendió, a los pocos días, por 911 comunidades, logrando cerrar unos 1.300 expendios de licor. Fue tal su éxito que en 1874 disminuyeron los ingresos fiscales por concepto de alcohol.

Con estos actos de desobediencia civil, salieron de los parámetros de comportamiento femenino aceptables y de la sumisión. Miles de mujeres que nunca antes habían sentido que podían hacer algo fuera de las casas, se unieron para celebrar, según dijo una de ellas, “el bautizo de poder y libertad”.

Aunque la Cruzada perdió impulso al cabo de un año, consiguió revitalizar el movimiento temperante y conseguir la implementación de las primeras leyes estatutarias que prohibían la venta de alcoholes en ciertos estados. La Cruzada fue la simiente de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza (WCTU).

La influencer estadounidense del siglo XIX

El 18 de noviembre de 1874 se fundó la WCTU, cuyo objetivo fue, en un principio, lograr la abstinencia total. Los frentes políticos de la organización se ampliaron a partir de 1879, año en el que llegó a la presidencia Frances Willard, destacada feminista y lesbiana (camuflada). Teniendo presente que el consumo excesivo de alcohol era la causa y consecuencia de problemas sociales más importantes y no un asunto personal, introdujo la filosofía “do everything” (hacer de todo). Bajo este lema abogó por la justicia social desde la interseccionalidad.

Francis Willard, en un retrato fotográfico de autoría desconocida
Foto Francis Willard, en un retrato fotográfico de autoría desconocida

Para generar un cambio de conciencia, apostó por la educación, fundando en 1880 el Departamento de Instrucción de Templanza Científica. Mediante este organismo se implementaron en el sistema escolar público programas sobre el alcohol y sus males (un pelín exagerados para meterles el miedo en el cuerpo, todo hay que decirlo). En 1896 la WCTU contaba con 39 departamentos destinados a reformar las leyes laborales, educativas, infantiles y penitenciarias, entre otras muchas.

Durante la presidencia de Willard, la WCTU logró aumentar la edad de consentimiento sexual de siete a 16 años en muchos de los estados, la instalación de fuentes de agua públicas en plazas de todo el país como alternativa sana a las bebidas espirituosas y la apertura de centros para mujeres alcohólicas debido a las recetas médicas.

En 1888 fundó la WCTU mundial. Y es que bajo el liderazgo de Willard, la WCTU se convirtió en la organización de mujeres más grande y progresista del siglo XIX.

Alianza sufragista y su caballo de Troya

Convencida de que el voto les daría un poder real para abordar un amplio espectro de problemas sociales, Willard consiguió que la WCTU respaldase formalmente el sufragio femenino en 1881.

Gracias a ella, la WCTU utilizó la templanza como un trampolín hacia el empoderamiento. A menudo llamaba a la organización la “Universidad WCT”. En ella se capacitaba a mujeres en liderazgo, oratoria y pensamiento político. De este campo de entrenamiento salieron las que luego fundaron la Asociación Nacional de Sufragio de Mujeres Estadounidenses (NAWSA, por sus siglas en inglés). 
Otra de las hazañas de Willard fue persuadir a las mujeres que estaban en contra del sufragio femenino. Para ello construyó un caballo de Troya al que llamó “home protection” (protección del hogar). Para esta campaña creó de forma astuta un lema conservador que vinculaba el sufragio con los dos espacios donde le era más fácil acceder a las mujeres: el hogar y la iglesia.

Consciente de que el hogar y la familia eran las principales preocupaciones con respecto a la ingesta inmoderada de alcohol, empleó esta retórica para tranquilizar a las mujeres conservadoras. De esta forma, logró que pensasen que el voto femenino era una causa digna para defender los valores burgueses y tradicionales sin dinamitar la esfera privada.

Así fue como este movimiento atrajo a más mujeres a la lucha por el derecho al voto que cualquier otra organización, confiriéndoles un papel en los asuntos públicos que nunca más perdieron.

Si los hombres no nos hacen caso, hachazo al canto

A veces hace falta una dosis de amenaza para llamar la atención y que te hagan caso. De eso bien sabía Carry A. Nation, la leyenda del movimiento antialcohólico.

Con un hacha en la mano y en la otra la Biblia, destruyó tabernas convirtiéndose en el terror de beodos y taberneros.

Carry A. Nation tomó este apellido de su segundo marido (el primero murió de cirrosis), para hacer el juego de palabras “carry a nation to prohibition” (llevar a la nación a la prohibición), ya que se referían a la ley seca como “prohibition”. Como presidenta de la WCTU del condado Barber (Kansas) dirigió marchas pacíficas hasta que, harta de no ser escuchada, le dijo a los legisladores: “Si no me dais votos, usaré piedras”. Así que esta agitadora, que se definía como “un bulldog que corre a los pies de Jesús, ladrando a lo que él rechaza”, decidió, por orden divina, cumplir con su cometido.

El 7 de junio de 1900 fue a Kiowa (Kansas) cargada con piedras y botellas camufladas como paquetes y entró en varias tabernas rompiendo barriles, botellas y mobiliario. Cuando un policía la arrestó por daños a la propiedad ella gritó: “No estoy dañando nada, lo estoy destruyendo”. Ya entre rejas dijo: “Me encierran como a un cachorro pero saldré como un león rugiendo y haré que todo el infierno aulle”. Dicho y hecho. En cuanto salió la leona, atacó otra taberna con el arma que se convertiría en su símbolo: el hacha. Con la venta de insignias en forma de hacha y las donaciones recibidas en sus conferencias pagó las multas de sus 30 encarcelaciones. Al poco tiempo, se sumaron a ella centenares de personas, creando el Ejército de Defensores del Hogar con el que cerró unas 100 cantinas.

Cuando la WCTU de Topeka (Kansas) declaró no estar de acuerdo con su método, ella contestó: “Déjenme decirles, señoras, que no saben toda la alegría que pueden llegar a sentir hasta que empiecen a destruir y destruir”. Sin embargo, la mala prensa nubló muchas de las buenas acciones que tuvo con diversos colectivos desfavorecidos. Por mencionar una de tantas, compró una casa lo suficientemente grande para convivir con mujeres que habían perdido la suya a causa de sus maridos alcohólicos, o que habían sido abusadas.

Después de esta perorata histórica propongo un brindis (sin alcohol) por todas estas mujeres que hicieron posible el sufragio femenino y que denunciaron la correlación entre la embriaguez y las violencias machistas, reventando tabernas, la esfera privada y, con ello, el machismo decimonónico.


Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2025/01/mujeres-con-hachas-que-reventaron-tabernas-y-el-machismo-decimononico/




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sábado, 21 de diciembre de 2024

Caso Pelicot, un antes y un después frente a la violencia machista dentro y fuera de Francia

Algunas claves sobre el caso Pelicot



Fuentes: https://efeminista.com

La sentencia en el juicio por las violaciones a Gisèle Pelicot ha cerrado un caso que ha conmocionado al mundo gracias a la valentía de la demandante, una mujer de 72 años que dio un paso al frente en nombre de todas las víctimas que siguen «en la sombra».


Estas son las claves para entender el juicio con el que Gisèle Pelicot y la fiscalía han intentado marcar «un antes y un después» en la lucha contra la violencia sexual dentro y fuera de Francia:

1. Un espejismo roto

La vida de Gisèle Pelicot era aparentemente idílica: después de una carrera exitosa en la eléctrica pública EDF y cuatro décadas casada con su marido Dominique, con el que tenía tres hijos y varios nietos, ambos se trasladaron en 2013 a Mazan, un pueblo mediano en el sureste de Francia, para disfrutar de una plácida jubilación.

Lo único que parecía perturbar esa normalidad eran las pérdidas de conocimiento y otros síntomas extraños que sufría Gisèle, que llegó a sospechar que tenía un tumor cerebral o incluso alzhéimer.

En septiembre de 2020, Dominique Pelicot fue detenido por los vigilantes de un supermercado por haber grabado bajo las faldas de varias mujeres y, durante el registro de ordenador y la fase de instrucción de ese proceso, terminó de romperse el espejismo.

Las autoridades hallaron miles de fotos y vídeos en los que Gisèle aparecía inconsciente mientras se la sometía a abusos sexuales, con al menos 92 violaciones contabilizadas. Fue entonces cuando la víctima descubrió que sus síntomas se debían a las altas dosis de ansiolíticos que su marido le había suministrado sin su consentimiento.

2. ‘Monsieur-Tout-Le-Monde’

Las violaciones a Gisèle bajo sumisión química se prolongaron durante casi una década, entre 2011 y 2020, y las perpetraron unos setenta hombres, de los que se pudo identificar a 51, incluido Dominique.

El medio centenar restante, a los que Dominique contactaba por internet, eran hombres de entre 27 y 74 años y de todas las clases sociales: bomberos, camioneros, periodistas, enfermeros, militares y jubilados.

Ese abanico tan amplio llevó al movimiento feminista francés a apodar a los acusados como ‘Monsieur-Tout-Le-Monde’ (Señor todo el mundo’), para destacar que el agresor podía ser el vecino, el compañero de trabajo o el familiar de cualquiera.

«Yo también tenía un hombre excepcional, pero el perfil del violador puede estar en la familia, en los amigos», advirtió Gisèle Pelicot al intervenir en el juicio en octubre.

3. Una decisión excepcional

El proceso ha roto los moldes de los juicios por violación, en los que las víctimas suelen permanecer en el anonimato si es que llegan a los tribunales, pues se estima que el 80 % de las denuncias por agresiones sexuales en Francia quedan archivadas.

Pero Gisèle Pelicot, que tras conocer lo que le había ocurrido pensó en suicidarse, tomó una decisión extraordinaria: dejar que se supiera su nombre y promover que fuera un proceso público.

Quería, con ello, conseguir que “la vergüenza cambiara de bando”, una frase que ya se ha convertido en lema para el movimiento feminista, dado que muchas supervivientes no denuncian a sus agresores por el miedo a no ser creídas, la culpa o el temor a un proceso revictimizante.

El caso Pelicot también es excepcional por la amplitud de pruebas documentadas durante años por su propio marido, que impidieron a la defensa negar la existencia de los delitos, y por el hecho de que la demandante usara el apellido de Dominique, del que ya estaba divorciada.

“Tengo nietos que se apellidan Pelicot y no quiero que sientan vergüenza por su apellido, sino orgullo de su abuela”, defendió al ser cuestionada al respecto durante el proceso.

4. Una sentencia polémica

El juicio ha captado mucha atención mediática y a menudo ha humillado a Gisèle, quien se ha indignado por las estrategias de algunos abogados que intentaban rebajar la implicación de sus clientes en los abusos: «Para mí son violadores y lo seguirán siendo», ha subrayado.

Al final, el movimiento feminista tuvo que encajar un veredicto menos ejemplar de lo que esperaba: en vez de los 652 años de cárcel que había pedido la Fiscalía para el conjunto de 51 acusados, el tribunal los dejó en más de 400.

El exmarido de Gisèle recibió la pena más severa, los 20 años máximos por el delito de violación agravada, y deberá cumplir al menos dos tercios de ella entre rejas.

Sin embargo, otros acusados recibieron penas de apenas 3 años y hasta seis de ellos quedarán en libertad, algo que ha indignado a muchos, pero no -al menos públicamente- a la propia Gisèle, que este jueves dijo que “respeta” la decisión del tribunal.

5. ¿”Un antes y un después”?

La fiscal del tribunal de Aviñón, Laure Chabaud, pronosticó a finales de diciembre que el juicio marcaría “un antes y un después”, y muchas feministas aún confían en que la repercusión del caso obligue a hacer más contra la violencia machista en Francia.

Varias asociaciones presentaron en octubre 130 medidas para crear una ley integral contra las violencias sexuales, pero hasta ahora los pasos que han dado las autoridades son pocos y las organizaciones temen que, tras el final del juicio y con el bloqueo político actual en Francia, el impulso acabe por diluirse.

«El combate contra la impunidad no ha hecho más que comenzar», ha declarado en un comunicado la organización Fondation des Femmes.

No obstante, la propia Gisèle Pelicot se mostró satisfecha por la reverberación del caso: «He querido, al abrir las puertas de este proceso, que la sociedad hiciera suyos sus debates. No lo he lamentado en ningún momento», ha subrayado.


Fuente: https://efeminista.com/caso-pelicot-antes-despues-violencia-machista-dentro-fuera-francia/





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martes, 17 de diciembre de 2024

Betty Cuthbert y su récord de oros olímpicos



Hasta el día de hoy, Betty Cuthbert ha sido el único ser humano capaz de ganar el oro en las tres pruebas de velocidad individuales que se disputan en los Juegos Olímpicos. Nadie ha conseguido tamaña hazaña salvo ella. Esta es su apasionante biografía.

Elizabeth «Betty» Cuthbert nació el 20 de abril de 1938 en Ermington, un suburbio de Sídney, Nueva Gales del Sur, Australia.

Betty Cuthbert tuvo una hermana gemela, junto a otros dos hermanos, y su infancia fue feliz. Años después declaró: “Mis padres siempre me alentaron y tuve una buena vida familiar. Siempre nos enseñaron a respetar las cosas y a otras personas”.

Tras asistir a la Escuela Pública de Ermington y a la Escuela secundaria, Cuthbert empezó a trabajar en una guardería e inició su relación con el atletismo, el deporte que la encumbraría a la gloria. Sus entrenamientos se endurecieron rápido y los resultados no tardaron en llegar.

El 16 de septiembre de 1956, con tan solo 18 años, Betty Cuthbert pulverizó la plusmarca mundial de los 200 metros, con un registro de 23,2 segundos, y se convirtió en una de las grandes favoritas para los Juegos Olímpicos de Melbourne de ese mismo año.

Pocas semanas después de su primera gran gesta, Cuthbert no defraudó y, en los Juegos celebrados en su país, consiguió ganar la medalla de oro olímpica en las pruebas de 100 metros, 200 metros y relevo 4×100 metros. Un triple oro olímpico histórico.

En la final de 4×100 metros, la velocista australiana además logró una nueva plusmarca mundial.

Cuatro años después, tras conseguir nuevos logros y plusmarcas, Cuthbert volvió a participar en unos Juegos Olímpicos, los de Roma de 1960, en los cuales tuvo mala suerte. Una inoportuna lesión en la eliminatoria de los 100 metros, obligó a Betty a decir adiós a la competición sin cumplir ninguno de sus objetivos. Un golpe que, sin embargo, sirvió para que la atleta se creciese.

En los siguientes Juegos Olímpicos, los de Tokio de 1964, Cuthbert así pues se vengó de lo ocurrido y, ante un público entregado, volvió a ganar una medalla de oro. Su cuarto oro olímpico. Ganó los 400 metros lisos con un tiempo de 52 segundos.

Con esa nueva medalla, Betty Cuthbert dejó dos récords extraordinarios para la posteridad. El de único ser humano capaz de ganar el oro olímpico en las tres pruebas de velocidad individuales que se disputan en los Juegos. Y el de único ser humano ganador de esos tres oros olímpicos y el de la prueba de relevo 4×100 metros. Hasta hoy, ningún hombre o mujer ha superado ninguno de esos dos registros. Tras su última gesta, Cuthbert se retiró de la competición.

Ya en 1969, los médicos le diagnosticaron a la exatleta esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa. Y, a pesar de eso, esta continuó realizando actividades ligadas a causas humanitarias, entroncadas con movimientos de cristianos progresistas. Cuthbert se convirtió en una defensora comprometida de su enfermedad y en una activista incansable en la concienciación de la sociedad sobre la misma.

En el año 2000, durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Sídney, Betty Cuthbert fue una de las portadoras de la antorcha olímpica y, en el 2012, ingresó en el Hall of Fame de la IAAF, la federación internacional de atletismo. Un reconocimiento importante que redondeaba otros anteriores como el de la MBE (Most Excellent Order of the British Empire), es decir la Orden del Imperio Británico, que recibió en 1969.

Betty Cuthbert murió finalmente el 6 de agosto del año 2017, con 79 años de edad, en Mandurah, Australia. Y, al día siguiente de su fallecimiento, la organización del Campeonato Mundial de Atletismo de Londres le dedicó un merecido minuto de silencio.

Después de enterarse del fatal desenlace, la australiana Cathy Freeman, campeona olímpica y mundial de los 400 metros, afirmó acertadamente sobre ella: “Betty ha sido una inspiración. Estoy muy feliz de haber conocido a un modelo a seguir tan extraordinario”.

Marlene Mathews, doble medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 en los que Cuthbert logró tres oros olímpicos, añadió: “Nunca he conocido a nadie que tuviera tanta fe y determinación. Fue esa fe la que la mantuvo en pie durante tanto tiempo y en los momentos más difíciles”.

Poco más se puede decir sobre la gran campeona Betty Cuthbert, el único ser humano que ha sido capaz hasta el presente de ganar el oro olímpico en las tres pruebas de velocidad que se disputan en los Juegos y de añadir además el oro en el relevo 4×100 metros, salvo quizás un deseo de que su memoria permanezca entre nosotros. De que su memoria no se olvide. Parece evidente que así será.



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miércoles, 27 de noviembre de 2024

Por el fin de la violencia contra las mujeres también en las prisiones


Fuentes: Desinformémonos

Cada 25 de noviembre, desde el año 1999, se rememora el día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Una fecha para concienciar y denunciar las violencias a las que mujeres y niñas se ven sometidas de forma extendida y generalizada en todo el mundo, que incluye a las que están privadas de libertad, aunque a menudo sean invisibilizadas.

Según las Naciones Unidas, casi una de cada tres mujeres han sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vidas. Si miramos dentro de las prisiones, nos encontramos que ese dato se multiplica, ya que allí hay una sobrerrepresentación de mujeres que han sufrido este tipo de violencias a lo largo de sus vidas. En el estado español, los últimos estudios indican que un 73% de las presas manifiesta haber sido en alguna ocasión víctima de violencia a manos de sus parejas o exparejas, pudiendo incluir tanto violencia psicológica, física o sexual (FIADYS, 2023).

Para las reclusas, a la violencia institucional que supone la prisión hay que sumarle la violencia patriarcal. Esta manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales se reproduce en el medio carcelario. Por lo que ellas viven un continuum del trato violento que reciben en el mundo libre y que se traslada al universo penitenciario, ya que se enfrentan a formas de violencia a las que se han tenido que enfrentar en sus hogares y en sus relaciones íntimas.

El Relator especial contra la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes de las Naciones Unidas ha denunciado este tipo de violencia de género intracarcelaria que “incluye violación y otras formas de violencia sexual tales como amenazas de violación, manoseos, “pruebas de virginidad”, ser desnudadas, requisas corporales invasivas, insultos y humillaciones de naturaleza sexual, etc.” (ONU, 2016).

Los “registros corporales exhaustivos” en los allanamientos, pueden constituir una forma oculta de abuso sexual. En estas situaciones sería el propio Estado el que está implicado en la rutinización del abuso sexual, permitiendo las condiciones que hacen a las mujeres vulnerables a la coerción sexual ejercida por guardias, como aquellas otras que incorporan en las políticas rutinarias prácticas tales como los registros exhaustivos y las inspecciones corporales, como escribe Ángela Davis (2003).

En las prisiones de la India, la violencia física y sexual (por parte de los custodios o de otros reclusos) es una situación habitual a la que se enfrentan las prisioneras (Singh, 2022). En las cárceles de Japón, también se denuncian abusos y malos tratos, como el uso de esposas para inmovilizar a las mujeres embarazadas, emplear arbitrariamente el aislamiento como forma de castigo, abusar verbalmente de ellas, negar la oportunidad de criar a sus criaturas en prisión y no brindan un acceso adecuado a la atención de salud mental y de salud pública (HRW, 2023).

El Comité para la Prevención de la Tortura ha encontrado denuncias de malos tratos a mujeres detenidas en prisiones europeas (y, más particularmente, de acoso sexual, incluido el abuso verbal con connotaciones sexuales), en particular cuando un Estado no proporciona alojamiento separado para las mujeres privadas de libertad (CPT, 2018).

En la prisión de Antofagasta, al Norte de Chile, durante los allanamientos en las celdas de las privadas de libertad, frecuentemente se destruyen sus pertenencias, se las golpea y se les revisar de manera intrusiva. Se recoge situaciones donde se obliga a las mujeres a desnudarse y hacer sentadillas o se les obliga a abrir sus nalgas con las manos y son revisadas a través de tacto vaginal (INDH, 2015).

En una prisión del estado de Paraná en Brasil, se aplica un anticonceptivo hormonal subcutáneo a todas las reclusas para evitar que tengan la regla y no tener que “soportar” (director dixit) el síndrome premenstrual de todas ellas. Según recuerda el relator contra la tortura la esterilización forzada es un acto de violencia y una forma de control social que viola el derecho de las personas a no ser sometidas a tortura y malos tratos.

El género combinado con otras características como la nacionalidad, la raza, la orientación sexual, la condición socioeconómica y la edad incrementan el riesgo de sufrir violencias de género carcelarias. Teniendo en cuenta el hecho de que las mujeres son particularmente vulnerables a los abusos en las cárceles y que a menudo sienten miedo de hacer la denuncia debido al temor de represalias, se debería añadir una garantía adicional para las mujeres contra la violencia y los malos tratos en las prisiones.

Que este 25N el grito sea por el fin de la violencia contra las mujeres, también en las prisiones.

Bibliografía:

– CPT (2018). Women in prison. CPT/Inf(2018)5

– DAVIS, A. (2003). Are the prison obsolete?. Seven Histories Press. New York.

– FIADYS (2023). Víctimas de violencia de género en prisión. Rompiendo el ciclo de la revictimización.

– HRW (2023), https://www.hrw.org/report/2023/11/14/they-dont-treat-us-human-beings/abuse-imprisoned-women-japan

– INDH (2015). Informe sobre las condiciones carcelarias. Chile.

– ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS (2016). Consejo de Derechos Humanos. Informe del Relator Especial de Torturas y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes. A/HRC/31/57, 5 de enero de 2016.

– SINGH, N (2022), Female prisioners in India and their condition. Lloyd Law College.

Alicia Alonso Merino. Feminista y abogada de derechos humanos. Realiza acompañamiento sociojurídico en cárceles de distintos países.

Fuente: https://desinformemonos.org/por-el-fin-de-la-violencia-contra-las-mujeres-tambien-en-las-prisiones/



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sábado, 23 de noviembre de 2024

La guerra de Milei contra las mujeres


Fuentes: https://www.infobae.com/

Sobre el documento que se debatió el lunes en la Asamblea General y fue aprobado por 170 países, 13 se abstuvieron mientras que el gobierno de Milei ordenó a la delegación argentina se opusiera

La reciente votación de Argentina en contra de una resolución de la ONU que pretende prevenir y eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas (1), es un capítulo más de los delirios negacionistas y conspiranoides de un gobernante como Javier Milei. 

Lo menciono ya que Argentina fue el único país del mundo que se atrevió a votar en contra de una resolución tan básica e importante, que incluso gobiernos autoritarios que vulneran los derechos de las mujeres día a día, como Irán y Rusia, no fueron capaces de votar en contra de algo así.

Las razones para votar en contra de parte de Argentina, se enmarca dentro de la llamada batalla cultural contra lo woke que estaría dando Javier Milei, junto a otros personajes en aquel país como Agustín Laje y Emmanuel Dannan, quienes pretenden estar a la vanguardia de lo estúpidamente incorrecto de las ultraderechas actuales.

De ahí que lleven al extremo un discurso ideológico dogmático que cree que existe un plan mundial macabro de la ONU para destruir a las naciones llamado globalismo, siendo las políticas de género su instrumento principal para llevarlo a cabo.

Parece una mala broma, pero no lo es, Javier Milei cree realmente que el patriarcado y la lucha de las mujeres por vivir en un mundo menos violento y más igualitario, es un plan de la izquierda mundial para destruir a los hombres e imponer un dominio totalitario en contra de nosotros.

En consecuencia, Milei niega la desigualdad de género, señalando que en el fondo es una guerra entre sexos promovida por la izquierda mundial, la cual luego de la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética, creó una nueva oposición para seguir generando conflictos.

Es el mal llamado marxismo cultural, usado hasta el cansancio de parte de la ultraderecha actual, que hace que cualquier reivindicación colectiva o de algún grupo en particular, sea visto como parte de un plan promovido por una ensalada de actores, que va desde la Agenda 2030 de la ONU, el grupo de Puebla, Disney, China y de George Soros. 

No hay que sorprenderse por tanto que Argentina haya votado en contra también de una resolución sobre los derechos de los pueblos indígenas en la ONU (2), con la misma retórica contra el globalismo y de un plan maquiavélico para destruir a los países. 

Podrá parecer ser ridículo todo esto, pero estos discursos se siguen viralizando y atraen a mucha gente, sobre todo hombres, quienes votan a personajes como Milei o Trump, dentro de un mundo cada vez más distópico y surreal, que busca desesperadamente certezas de cualquier manera. 

Ante esto, sin duda este tipo de votaciones contra las mujeres es una amenaza para su integridad física y de toda índole, pero por lo mismo, a no bajar los brazos, que los intentos de Milei por negar desigualdades de género y de toda índole es solo un intento desesperado de una masculinidad tradicional y enojada, que se resiste a toda costa a la pérdida de privilegios.

En otras palabras, finalmente la batalla cultural de Milei no es otra cosa que una guerra para seguir defendiendo el racismo, el machismo, la homofobia, la transfobia, el especismo, la destrucción de la Naturaleza y de toda forma de discriminación y rechazo a la pluralidad existente, así como pasó hace un siglo atrás con el fascismo y nacionalsocialismo, sólo que ahora endiosan el mercado en vez del estado. 

Dicho lo anterior, que este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, sea un momento especial de conmemoración, en donde todos y todas acompañemos la lucha histórica que han dado las compañeras en Argentina, que hoy en día más que nunca necesitan de nuestro apoyo y solidaridad. 


1:  https://www.infobae.com/politica/2024/11/14/argentina-fue-el-unico-pais-de-la-onu-que-voto-en-contra-de-una-resolucion-para-eliminar-y-prevenir-la-violencia-contra-las-mujeres/

2:  https://www.infobae.com/politica/2024/11/11/argentina-fue-el-unico-pais-de-la-onu-que-voto-en-contra-de-una-resolucion-sobre-derechos-de-los-pueblos-indigenas/

Sobre el autorAndrés Kogan Valderrama es Sociólogo, Diplomado en Masculinidades y Cambio Social, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea


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sábado, 16 de noviembre de 2024

Las redes sociales, el escenario de dos nuevas denuncias por agresiones sexuales a varias actrices


Fuentes: https://www.elsaltodiario.com

Las denuncias por agresión sexual publicadas en redes sociales contra el actor y profesor Juan Antonio Codina y el director de cine Eduard Cortés airean la violencia machista que sufren las trabajadoras de las artes escénicas y el sector audiovisual.


En los últimos diez días, dos denuncias hechas públicas a través de redes sociales han vuelto a poner en el escaparate la violencia machista presente en el interior de espectáculos teatrales y rodajes de películas, señalando a dos presuntos agresores sexuales. 

La noche del 3 de noviembre, la escuela de teatro Estudio Juan Codina anunció en su cuenta en la red social Instagram la suspensión permanente de su fundador, Juan Antonio Codina, de todos los ámbitos de la organización y también su cese como profesor. 

El equipo directivo afirma que tomó esa decisión “para velar por la seguridad e integridad del alumnado y por la viabilidad y estabilidad del equipo interno y docente”. Lo hizo tras la acusación realizada por una antigua alumna del centro, la actriz Miranda Yorch, quien tres días antes había publicado en esa misma red social que, cuando tenía 19 años, fue violada por el director de la escuela en la que estudiaba interpretación, 32 años mayor que ella. Yorch no mencionó el nombre del profesor ni tampoco el de la escuela, pero sí aludió a que él “presumió de ello en un escenario, blanqueó lo ocurrido ante un público que desconocía la realidad de los hechos”. En una publicación anterior, la actriz ya había difundido un vídeo con un monólogo de Codina, por lo que una interpretación posible era que se refiriese a él, hecho que Yorch confirmó al diario El País el 6 de noviembre.

A finales de octubre, la fotógrafa y directora Silvia Grav denunció, también vía Instagram, que había sufrido grooming (acoso y agresión sexual online) por parte del cineasta Eduard Cortés cuando ella tenía 19 años y él 55, ofreciéndole trabajo a cambio de sexting. Varias mujeres más han prestado sus testimonios en el mismo sentido en el diario Ara. La Academia del Cine Catalán ha abierto una comisión de investigación para tratar las denuncias contra Cortés, miembro de la institución, y ha ofrecido asesoramiento jurídico y psicológico a las actrices que se han manifestado. Su directora, Laia Aubia, descarta que la Academia vaya a emprender acciones legales contra Cortés y emplaza a las conclusiones del trabajo de la comisión para determinar qué sanciones se le impondrán cuando termine ese proceso. “Esto va en contra de los tiempos, porque todo el mundo quiere reacciones inmediatas, pero tenemos que analizar qué podemos hacer y lo haremos, evidentemente”, reconoce Aubia. La directora de la Academia se muestra cauta a la hora de recomendar o no que la víctima de una agresión sexual lo comunique públicamente o denuncie en el juzgado: “Esa decisión tiene que estar guiada siempre por una garantía máxima de reparación y cómo de preparada está la víctima para afrontar un proceso que, en muchas ocasiones, implica revictimización”. En su opinión, cualquier comunicación pública en un medio de comunicación o en redes sociales “tiene el valor indudable de ser detonador para que otra gente se sienta con valor para contar, pero la decisión siempre ha de estar precedida de un asesoramiento jurídico y psicológico”.

Secretos a voces y acción institucional

La exposición pública de estos dos casos en redes sociales ha propiciado la apertura de una cuenta en Instagram, @testimoniosartesescenicas, que pretende recopilar y difundir denuncias de agresiones, de forma anónima o no según decida la persona que quiere dar a conocer la situación que ha sufrido. “No queremos que los abusos en las artes escénicas sigan siendo secretos a voces”, explican las creadoras de la cuenta, seis actrices que definen su iniciativa como un espacio para “denunciar cualquier maltrato, discriminación, abusos psicológicos, físicos, sexuales o de cualquier índole en distintos entornos (escuelas, industria, agencias) y distintas disciplinas escénicas: teatro, danza, música, audiovisual”. El principal objetivo de la cuenta, abierta el 4 de noviembre, es “acabar con las conductas abusivas que se prolongan de forma sistemática y se reiteran con total impunidad”.

Las impulsoras de este espacio de denuncia digital, que utiliza #SeAcabó, el lema contra el machismo en el fútbol tras el beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso, entienden que compartir estas historias “ayuda a reconocernos en otras personas, darnos cuenta de que no estamos solas y de que no estábamos locas cuando pensábamos que una determinada situación estaba traspasando límites”. Asimismo detallan que otra de sus intenciones es ser pedagógicas: “Que una conducta no sea un delito no quiere decir que sea tolerable, hay conductas muy cuestionables, como la humillación, las faltas de respeto o el maltrato psicológico por parte de directores o profesores de interpretación, y este puede ser un espacio para compartir experiencias y sentirnos acompañadas”. 

También son conscientes de los límites que enfrentan estas acusaciones públicas de carácter extrajudicial, sin garantías y con el riesgo de exponer a la víctima o recibir denuncias que, estas sí, iniciarían procesos en el juzgado. Por eso censuran en sus publicaciones los nombres de los presuntos agresores. “Nos da mucha rabia no poder decirlo claramente, pero nos han asesorado jurídicamente y no podemos hacerlo. No podemos poner ni nombres ni iniciales ni nada que identifique claramente al agresor. Solamente podemos dar pistas”.

Esa precaución no obedece exclusivamente a una cuestión de defensa legal, sino que las creadoras de la cuenta precisan que “no se trata de hacer una caza de brujas y señalar a personas para lincharlas”. Por eso valoran que “si hay personas que se han equivocado al enseñar o al dirigir, o al tratar con otros artistas, y tras una reflexión son conscientes de que su forma de actuar fue cuestionable y deciden trabajar en revisarse y comportarse con respeto, bienvenidos sean esa reflexión y ese aprendizaje”.

Para Ignacio Martín, responsable institucional del sindicato Unión de Actores y Actrices, las denuncias difundidas a través de redes sociales son “vías de expresión”, pero opina que, frente a los casos de agresiones sexuales, “un sindicato tiene que ser una vía de resolución y de acción, no de expresión. Queremos aportar recursos de acompañamiento y jurídicos que permitan evitar que se repitan y queden impunes las situaciones de abuso”. Cuenta que han trabajado para renovar su asesoría jurídica y el protocolo de actuación ante estos casos, de manera que la persona que haya sufrido violencia machista encuentre en el sindicato “un primer espacio, un primer recibimiento para que podamos valorar con la víctima todas las posibilidades que tiene: legales, de otros servicios, de acompañamiento”. Martín señala que en el sector de las artes escénicas hay “gente muy joven que asume que determinadas actitudes hay que soportarlas al inicio de tu carrera”, y considera que el sindicato debe aportar respuestas apropiadas ante esas actitudes.

En 2022, la Academia del Cine Catalán creó un servicio para tratar el acoso sexual que sufren las actrices, que ofrece atención jurídica y psicológica a las víctimas de violencia machista en el sector audiovisual y de las artes escénicas. Este departamento, de carácter pionero, tiene como objetivo convertirse en un espacio donde las mujeres que trabajan en el sector encuentren apoyo y acompañamiento para contar los casos de agresiones y acoso sexual que hayan sufrido y puedan tomar decisiones. “No puede ser que de todos los casos que se conocen solo se denuncie un 10%, esto indica que aquí pasa algo, la gente no sabe dónde tiene que ir, no se siente protegida, no encuentra un espacio seguro donde consultar qué hacer”, declaraba entonces a El Salto la presidenta de la Academia del Cine Catalán, Judith Colell. “Era muy necesario”, valora Laia Aubia dos años después de la apertura del servicio, llevado a cabo de manera externa a la institución y con total confidencialidad. “Hemos cubierto una demanda que existía y que ha ido de la mano del sector audiovisual en Catalunya, se ha evidenciado ante las productoras, por ejemplo, la necesidad de saber qué hacer, cómo actuar en estos casos”, asegura la directora de la Academia. Desde su creación y hasta julio de este año, el departamento ha realizado 21 acompañamientos, a 17 víctimas y cuatro testigos. “Del primer año al segundo hemos detectado cambios en la temporalidad de los hechos que relataban las víctimas. El primer año eran antiguos, de hacía mucho tiempo, y el segundo han sido hechos recientes”, comenta Aubia. En mayo, la Academia publicó otra herramienta que ha desarrollado, su Protocolo guía para la prevención y abordaje de las violencias machistas y LGTBI-fóbicas en el sector audiovisual

Los casos de Codina y Cortés se suman a otros que han obtenido respuesta institucional en los últimos meses. Esta misma semana, Elena Cabrera publicó en eldiario.es que el 30 de octubre el Centro Dramático Nacional, dependiente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, activó el protocolo por acoso sexual y despidió a un actor de la obra La gaviota. A mediados de abril, la Fiscalía Provincial de Madrid presentó una denuncia en el juzgado contra el dramaturgo Ramón Paso por delitos sexuales a varias jóvenes de entre 18 y 25 años que habrían tenido lugar entre 2018 y 2023 durante castings en los que participaban el dramaturgo y las víctimas. La Fiscalía dio este paso tras culminar las diligencias preprocesales que abrió en noviembre de 2023  y tomar declaración a las 14 mujeres, que ratificaron su denuncia contra el director teatral.

El 10 de octubre, el Ministerio de Cultura puso en funcionamiento la Unidad de Prevención y Atención contra las Violencias Machistas en el Sector Audiovisual y Cultural. En febrero, el ministerio ya había anunciado su intención de desarrollar esta unidad, con los objetivos de acompañar a víctimas de violencia machista y realizar estudios específicos para la elaboración de protocolos y recomendaciones que respondan a las necesidades específicas de cada sector y organismo vinculado a la cultura. El anuncio se entendió como una reacción del ministerio a la indignación suscitada por las acusaciones de violencia sexual contra el director de cine Carlos Vermut que varias mujeres que habían trabajado con él hicieron en las páginas de El País a finales de enero. El ministro Ernest Urtasun manifestó en la gala de los Premios Feroz, celebrada el mismo día de la publicación de esas denuncias contra Vermut, su compromiso de trabajar para garantizar que la cultura sea “un espacio seguro y libre para todas las mujeres”.

La onda expansiva del #MeToo

Una denuncia pionera en España fue la presentada en marzo de 2018 por la actriz Iria Pinheiro en el Juzgado de Instrucción Número 1 de Santiago de Compostela por vejaciones, insinuaciones de orden sexual y tocamientos por parte de José Luis Viñas Orta, director del programa Con amor e compañía, emitido por TVG. En septiembre de 2023, el Juzgado de lo Penal número 1 de Santiago de Compostela absolvió a Viñas Orta de los delitos de acoso sexual, acoso laboral y abuso sexual a los que se enfrentaba a raíz de la demanda.

La denuncia de Pinheiro fue una gota más en la corriente de mujeres que desde 2017 alzaron la voz para desbordar el dique en torno al acoso sexual en el sector audiovisual internacional. Actrices, directoras o productoras fueron más allá de la queja por la falta de mujeres en papeles protagonistas u otras muestras de desigualdad y señalaron a unas estructuras de poder que fomentan las agresiones bajo la amenaza, real, de perjudicar sus carreras en caso de no someterse a ellas. 

Tras la primera acusación de violación contra el poderoso productor Harvey Weinstein, hecha pública por la actriz Rose McGowan en octubre de 2017, nombres consagrados en la industria de Hollywood como los de Salma Hayek, Natalie Portman o Uma Thurman hablaron en primera persona sobre abusos continuados o casos de acoso sexual, además de sobre diferencias salariales. El movimiento #MeToo, de denuncia de los casos de violencia machista en la industria cinematográfica, echó a rodar, creando una onda expansiva que alcanzó dimensión global. Weinstein sería condenado en 2020 a cumplir dos penas de 23 y 16 años de prisión, aunque la primera fue anulada en 2024. Un total de 80 mujeres denunciaron por abusos sexuales a Weinstein.

En un reportaje publicado por El Salto en abril de 2018, Pinheiro opinaba que lo que ocurre en su profesión es “que la jerarquía da pie a muchos abusos de poder y el machismo imperante genera la visión de que las actrices somos muñecas dirigibles y al alcance del consumidor”. Los hechos denunciados por Iria Pinheiro no son excepciones, según explicaba Berta Ojea, entonces secretaria de Igualdad en la Unión de Actores y Actrices: “Son comportamientos viejos y de siempre, que existen en la industria cinematográfica y en las artes escénicas”.

“Parte de la violencia de este tipo de sucesos es que se quedan encajonados en el espacio privado”, reflexionaba en el mismo reportaje la artista Carmen Tomé, cuya denuncia contra el comisario Javier Duero fue la chispa de la que surgió La Caja de Pandora, un grupo de más de 3.000 agentes del mundo del arte y de la cultura que se organizó “por un contexto artístico libre de violencias machistas y abusos de poder”. En un comunicado leído en el museo Reina Sofía de Madrid el 29 de enero de 2018, el colectivo explicó que “este tipo de agresiones y/o abusos se realizan con normalidad en todas las situaciones de la vida, y en nuestro sector del arte y la cultura de una forma muy específica”. También aseguraban que “la mala praxis y los acuerdos tan laxos a los que nos vemos sometidas generan que las mujeres en el arte estemos constantemente expuestas a ciertas agresiones absolutamente normalizadas e interiorizadas”. 


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lunes, 4 de noviembre de 2024

Como anillo al cuello, un recorrido por la literatura femenina que denuncia la opresión de la institución matrimonial



Purificació Mascarell habla en su nuevo libro de una serie de obras literarias de autoras que, desde el silencio al que fueron relegadas durante décadas, denunciaron las dinámicas opresivas del matrimonio y reclamaron la dignidad y la libertad de las mujeres

Como anillo al cuello', un recorrido por la literatura femenina que  denuncia la opresión de la institución matrimonial
Purificació Mascarell

Durante siglos, el destino correcto de toda jovencita de bien fue el matrimonio. A través de él se suponía que las mujeres encontrarían el auténtico sentido de su vida mediante el cuidado de su marido y de sus hijos.

El día de la boda era, en las sociedades más tradicionales, el más importante de la vida de una mujer, ya que su futuro parecía estar estrechamente vinculado a encontrar el esposo adecuado. Ese momento también marcaba la transición de la juventud a la adultez: de la sumisión al padre a la sumisión al marido.

La literatura, escrita fundamentalmente por hombres, ha jugado un papel clave en la perpetuación y legitimación de este modelo. En infinidad de novelas, poemas y obras de teatro es habitual la representación de la mujer casada como un ser virtuoso, sumiso y abnegado. Servidora de su hombre y cuyo bienestar siempre está subordinado al del resto de la familia.

En estas obras literarias, el ámbito doméstico y emocional era el de las mujeres, mientras que a los hombres se les reservaba el espacio público y racional. Las mujeres que se atrevían a salirse de la norma solían ser castigadas o marginadas en aquellas historias, tal y como sucedía en muchos casos en el mundo real.

Sin embargo, también hubo otra literatura que, con gran dificultad y escaso apoyo editorial, se dedicaba a denunciar la situación de desigualdad, injusticia y dolor en la que vivían muchas mujeres, especialmente dentro de la institución del matrimonio. Esta tradición literaria, que fue sepultada por las voces masculinas del canon pese a la calidad artística de sus obras, continúa intentando salir a la luz.

Como Anillo Al Cuello : La opresión matrimonial en la literatura femenina

En este sentido, es muy importante la reciente publicación de Como anillo al cuello. La opresión matrimonial en la literatura femenina, escrito por la profesora de la Universitat de València Purificació Mascarell, donde se dedica a analizar, y seguramente descubrir para algunos lectores, obras como ¿De quién es la culpa? de Sofía Tolstaia, esposa de Tolstoi, Una mujer, de Sibilla Aleramo, Oculto sendero, de Elena Fortún, o Una mujer en el frente de Alaine Polcz, además de otros muchos de autoras como Mary Wollstonecraft, George Sand (Amantine Aurore Dupin), Mercedes Pinto, Caterina Albert o Aurora Bertrana, por citar algunos ejemplos.

“Mi objetivo al escribir este libro era trazar una constelación de voces femeninas que, en principio, pueden parecer desconectadas entre sí por pertenecer a tradiciones literarias, épocas o países diferentes”, explica la autora. “No obstante, si se escuchan con detenimiento, estas voces están conectadas por su conciencia feminista y por su defensa de la dignidad humana. Quería recuperarlas y ponerlas en relación, que ofrecieran a los lectores un trampolín hacia textos desconocidos o hacia textos que merece la pena revisitar bajo otra mirada”.

muestra cómo el discurso literario se adelantó al legal, al político y al mediático a la hora de denunciar la opresión femenina y de solicitar leyes que protegieran a la mujer. “La escritura literaria fue un mecanismo de crítica al patriarcado cuando ni la justicia ni la sociedad asumían el dolor de las mujeres víctimas. Sirvió para dejar constancia del sufrimiento, pero también de las salidas a la opresión”, afirma Mascarell.

Una investigación abierta y en proceso

La propia autora también está muy presente, a través de vivencias propias, en un libro cuyo objetivo no es tanto establecer un canon literario de las autoras que han hablado sobre la relación entre mujer y matrimonio, sino que busca trazar “un recorrido personal y crítico a través de autoras que considero significativas por su compromiso con la causa de la libertad femenina, pero también, por supuesto, por su compromiso con la creación de obras de primera calidad estética”.

Por lo tanto, Como anillo al cuello es un libro sobre arte femenino comprometido y que, según la autora, podría seguir ampliándose con otras voces y otras experiencias femeninas: una investigación abierta y en proceso.

Nuestra época también favorece, por suerte, que cada vez sea más fácil leer a estas autoras cuyas obras llevaban décadas relegadas a las estanterías más recónditas de las librerías de viejo. Según Mascarell, ahora es mucho más fácil encontrar los libros de estas autoras que hace diez o veinte años. “Aparte del trabajo hecho desde la academia por las investigadoras, sobre todo por las más jóvenes, contamos ahora con editoriales que han rescatado y publicado textos que eran complicados de encontrar”, afirma. “Pienso en todas las voces femeninas de la Edad de Plata que ha recuperado para el público lector la editorial Renacimiento, con la que yo misma colaboro. O en el trabajo de rescate que están llevando a cabo editoriales que solo publican a mujeres, como Bamba, Espinas, Torremozas o Ménades. La entrada de editoras independientes en el panorama literario ha favorecido este rescate”.

En el mismo sentido, el libro también es una especie de exorcismo: hablar abiertamente de lo que ha pasado para que nunca más vuelva a ocurrir. “Narrar las diferentes violencias que han sufrido y sufren las mujeres en el seno matrimonial es el primer paso para identificarlas y luchar contra ellas”, sostiene Mascarell. “El patriarcado siempre nos ha destinado al silencio, como bien explica la teórica Hélène Cixous. El simple hecho de romper ese silencio y de atrevernos a hablar o a escribir ya es un gesto radical de subversión”.

Todo un catálogo de opresiones

Al recorrer una variedad tan grande de épocas y de casos, el abanico de calamidades relatadas por las autoras es muy amplio. Desde el mansplaining, ese tratamiento paternalista y condescendiente que sitúa a la mujer en una posición de menor de edad ad eternum, hasta la violencia sexual, es decir, las violaciones dentro del matrimonio. Una práctica normalizada durante siglos y silenciada por las mismas mujeres que la han padecido y la padecen.

“Abusos de poder, control, desprecio de las capacidades intelectuales femeninas, cosificación… Y, por supuesto, violencia física de todo tipo”, detalla Mascarell. “Y el encorsetamiento en la figura de ángel del hogar o madresposa. Bajo esa idea de que no existe mayor felicidad para una mujer que dedicarse en cuerpo y alma al marido, los hijos y el hogar. Una patraña que ya desmontó Betty Friedan con su estudio La mística de la feminidad”.

Un libro optimista a pesar de todo

Para terminar, la autora no duda en calificar el mensaje de su libro como puramente optimista. De hecho, expone muy brevemente la experiencia matrimonial de sus antepasadas para contraponerla con su propia vida y la libertad que ha tenido. “Sería una absoluta mentira decir que no hemos mejorado respecto a nuestras madres o abuelas: por supuesto que hemos progresado muchísimo en un siglo”, reconoce. “Lo que no quiere decir que estemos en un estadio ideal ni mucho menos”.

Para la profesora, el futuro de las relaciones humanas pasa por la tolerancia y el respeto al máximo nivel. También por el apoyo mutuo. “Los hombres que no entienden esto, que no están dispuestos a repartir sus privilegios ancestrales, están destinados a quedarse solos —las mujeres cada vez los soportan menos— y, por ello, a estar cada vez más rabiosos”, reflexiona. “Y no me gusta vivir en un mundo con gente rabiosa, la verdad. Preferiría que se hiciera más pedagogía de lo que es realmente el feminismo (una vida digna para cada ser humano del mundo, sin importar su sexo) y que los hombres entendieran que oprimiendo o sometiendo al 50% de la población, como ocurre en Afganistán, aparte de hacerle daño a las mujeres, se lo hacen a sí mismos: crean un infierno de injusticia y de dolor en vez de una sociedad en plenitud donde cada persona pueda desarrollar su libre proyecto de vida”, concluye.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/anillo-cuello-recorrido-literatura-femenina-denuncia-opresion-institucion-matrimonial_1_11703998.html


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