RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

miércoles, 4 de marzo de 2020

Chile. La cruda realidad del abuso sexual en los colegios: Más de 2 mil denuncias se han registrado en los últimos cinco años


El abuso sexual escolar es una asignatura pendiente para las escuelas de Chile. Desde enero de 2014 hasta septiembre de 2019, se denunciaron 2.192 casos de comportamiento de connotación sexual hacia menores ante el gobierno. Sin embargo, la legislación vigente, de acuerdo a expertos en el tema, no da el ancho para una problemática que ha sido evitada, hasta ahora, por el debate público.
“Quedó en shock”. Tania Sanhueza habla de la experiencia de su hija en los carnavales de La Tirana, en el norte de Chile, donde viajó con un grupo de compañeros del Liceo Experimental Artístico del barrio de Ñuñoa de Santiago. La chica, que entonces tenía 14 años, a la vuelta de su viaje contó a sus padres que había sido víctima de abuso sexual por parte de un compañero. Su caso, ocurrido en julio de 2018, es una de las más de 500 denuncias por comportamientos de connotación sexual que ese año recibió la Superintendencia de Educación (SIE).
“El apoderado informa que su hija fue víctima de ciberbullying, acoso, hostigamiento y abuso sexual, por un alumno de curso superior”, dice la denuncia interpuesta por la familia de la adolescente.
Según datos publicados en el portal de la SIE, desde enero de 2014 hasta septiembre de 2019, se denunciaron 2.192 casos de comportamiento de connotación sexual hacia menores en los colegios chilenos. De estos, casi la mitad se registraron en los últimos tres años. De hecho, en 2018 las denuncias por abuso aumentaron 63%, con 587 casos. Hasta septiembre de 2019 se contabilizaron un total de 464.
“A partir de 2015 aumentaron exponencialmente las denuncias a nivel global, no sólo en Chile. La sensación de que la gente escucha hace que los casos, aunque sean menos, se denuncien más”, explica Andrés Murillo, director de la Fundación para a la Confianza y uno de los primeros denunciantes de los abusos del sacerdote Fernando Karadima, que gatilló la crisis de la Iglesia Católica en el país.
“El auge del movimiento feminista contemporáneo y sus formas de interpelar la política de las instituciones han vuelto intolerable la violencia sexual; ahora se visibiliza y se reconoce”, añade la abogada Daniela López, del gabinete jurídico AML Defensa Mujeres, especializado en la defensa de los derechos de las mujeres ante la Justicia.
Casi la mitad de las denuncias (1.112) corresponden a la categoría de “violación, abuso sexual, estupro y corrupción de menores”, mientras que la otra mitad (1.080) se refiere a “comportamientos de connotación sexual que no constituyen agresión”. La mayoría de ellas se concentran en la Región Metropolitana (RM) y en Valparaíso, por ser las zonas más pobladas del país y las que concentran un mayor número de matrículas, según el informe Estadísticas de la Educación, publicado anualmente por el Ministerio de Educación.
“No hay protocolos o no se aplican”
La familia de la joven denunció ante el colegio el presunto abuso varios meses después, luego de que la estudiante acusara una situación de bullying por parte de sus compañeros, derivada del episodio vivido en el norte. Según la madre de la niña, “la amedrantaron”, para que no contara lo sucedido y le achacaron toda la responsabilidad de los hechos.
“Mientras, él contaba una versión completamente tergiversada y los demás creían que mi hija se hacía la víctima; le pusieron el sobrenombre de una actriz porno”, relata Tania Sanhueza. “Ella me decía que los ataques a su reputación eran peor que el propio abuso”, añade la madre.
Ante este escenario, a finales de octubre, la dirección del liceo optó por intervenir en el caso y derivó a la joven a una entrevista con la psicóloga del centro. “Luego de eso, no nos volvieron a llamar”, critica la madre. Cuando inició el nuevo curso escolar, en marzo de 2019, el centro adoptó varios compromisos con la familia. Sin embargo, según los padres, estos no se concretaron y, a pesar de su insistencia, la escuela no hizo nada para depurar responsabilidades.
La experiencia que vivió la hija de Tania en su instituto no es excepcional. Según explica Daniela López, “en muchos centros educativos no hay protocolos para abordar el abuso sexual y, si están, no se aplican”. Eso, porque –dice– “no hay profesionales capacitados para ello”. Para la abogada y experta en casos de abuso escolar, esa realidad incumple los tratados internacionales en materia de derechos de los niños, niñas y adolescentes que Chile ha ratificado, favorece la impunidad y legitima –“por acción u omisión”–  la idea de que la violencia sexual es parte de la convivencia de la comunidad escolar.
La Fundación para la Confianza que preside Andrés Murillo se dedica desde hace tres años a apoyar a colegios y guarderías infantiles en el proceso de elaboración de protocolos y políticas de prevención, detección e intervención de casos de abuso sexual infantil. Hasta ahora ha trabajado con una quincena de centros: “Es imprescindible que el protocolo tenga un enfoque de derechos, que incluya relaciones jerárquicas sanas, relaciones de cuidado, información afectiva, entre otros, desde una mirada absolutamente integral”, apunta Murillo.
La presidenta de la Coordinadora de Padres, Madres y Apoderados por el Derecho a la Educación (Corpade), Dafne Concha, por su parte, apuesta por capacitar a la comunidad educativa como mecanismo de prevención, en especial a los estudiantes: “La educación sexual debería estar presente en el currículum escolar desde la educación inicial, pues el autoconocimiento y autocuidado son esenciales para evitar los abusos y favorecer una sexualidad sana”.
Instituciones cuestionadas
Cansados de la “desatención” que el liceo prestó al caso de su hija, Tania Sanhueza y su marido decidieron elevar la denuncia por abuso sexual ante la SIE. El organismo resolvió archivar la causa porque los hechos estaban prescritos al haber transcurrido más de seis meses desde que se produjeron.
La presidenta de Corpade considera que la respuesta de la SIE ante las denuncias de las familias y estudiantes es “débil y absolutamente insuficiente”. Las cifras del propio organismo revelan que los principales denunciantes son los padres, madres o tutores de la víctima; y en mucha menor medida el personal del SIE y los propios estudiantes.
“Las instituciones implicadas en la infancia no se articulan ni para prevenir ni para intervenir, casi siempre se sobreexpone al denunciante y se le revictimiza porque el sistema tiende a creer más a los adultos que a los niños y, en el ámbito escolar, esto se acentúa aún más”, indica Dafne Concha.
Desde la SIE, en cambio, aseguraron a este medio que, ante una denuncia por comportamientos de connotación sexual, además de fiscalizar que el centro cumpla con la normativa, también persiguen su responsabilidad administrativa: “Los que no la cumplen pueden recibir sanciones que van desde la amonestación por escrito hasta multas económicas”, afirman a través de un cuestionario escrito.
Sin embargo, para las familias y denunciantes, las medidas sancionatorias son insuficientes porque luchan por otro tipo de reparación: “Los afectados no buscan que se le pase una multa al colegio, sino que se haga justicia para su hijo o hija y que no le suceda lo mismo a otro”, apunta la presidenta de Corpade.
La abogada Daniela López considera que el problema es que en Chile no existe una ley específica que obligue a los colegios a elaborar e implementar un protocolo para estos casos: “Lo que hay son meros instructivos del Ministerio de Educación, que son sólo sugerencias”, alega. Y añade: “Los colegios saben que hay un contexto nacional e institucional que no se hace cargo de la violencia sexual y que lo más probable que no tenga sanción”.
Quiebre de confianzas
“¡El colegio encubridor es un macho violador!”. Con esa versión de la letra de la performance “Un violador en tu camino”, popularizada mundialmente por Las Tesis para denunciar la violencia sexual en Chile, un grupo de 90 alumnas de una escuela de Ñuñoa puso en evidencia un quiebre de las confianzas entre los actores del sistema educativo. ¿El colegio ha dejado de ser un espacio seguro para los estudiantes y sus familias?
“Los niños y niñas recurren a los profesores y autoridades con las cuales han crecido, pero se encuentran con la desidia, la no respuesta, que subestiman sus relatos o cuestionan a sus padres”, afirma Daniela López. “Los papás terminan gestando una actitud de mucha desconfianza hacia las instituciones educativas y terminan con altos niveles de frustración y angustia porque, ¿quién les asegura que no se replica la misma situación en otro centro, si hablamos de un problema cultural?”, se pregunta la abogada.
Además de quebrantar el proceso educativo, los expertos aseguran que las consecuencias del abuso sexual en el ámbito escolar afectan al desarrollo cognitivo-físico y socio-emocional de los menores que los sufren. Por eso, los colegios tienen que asumir que el abuso “es una posibilidad cercana”, como subraya Murillo, que puede suceder al interior de sus aulas y que “no están libres de esto”. “Solo así –dice– podrán prevenirlos, detectarlos e intervenir como cogarantes que son de los derechos de los niños y niñas”.
www.eldesconcierto.cl/2020/03/03/la-cruda-realidad-del-abuso-sexual-en-los-colegios-mas-de-2-mil-denuncias-se-han-registrado-en-los-ultimos-cinco-anos/


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“Toda mujer tiene derecho a disponer de su cuerpo”

Aborto & Argentina


Fuentes: Página12
El Presidente señaló que «en el siglo XXI toda sociedad necesita respetar la decisión individual de sus miembros a disponer libremente de sus cuerpos» y confirmó que enviará un proyecto de ley para legalizar el aborto y otro para garantizar el cuidado integral de la vida y la salud de la mujer embarazada y de sus hijos e hijas en los primeros años de vida.
El presidente Alberto Fernández anunció que dentro de los próximos diez días enviará al Congreso un proyecto de despenalización y legalización del aborto, y que el Gobierno lanzará un “contundente” programa de educación sexual integral para prevenir los embarazos no deseados. “En el siglo XXI toda sociedad necesita respetar la decisión individual de sus miembros a disponer libremente de sus cuerpos”, afirmó el mandatario. El anuncio, aunque esperado, fue el momento más aplaudido, y de mayor emoción de la apertura de las sesiones ordinarias. Diputadas y diputados y otros funcionaries se pusieron de pie para celebrar sus palabras y se escucharon algunos gritos de euforia, en el recinto de la Cámara de Diputados. Algunes lagrimearon, adentro y en los alrededores del palacio legislativo, por el momento histórico. Medio centenar de bancas, la mayoría del Frente de Todes, exhibían el pañuelo verde, símbolo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Apenas uno celeste en el de una diputada del PRO. Al mismo tiempo, Fernández, confirmó que “paralelamente”, presentará otra iniciativa parlamentaria que “instaure el Plan de los 1000 días , para garantizar la atención y el cuidado integral de la vida y de la salud de la mujer embarazada y de sus hijos o hijas en los primeros años de vida”, con la idea de que no recurra al aborto ninguna mujer por ser pobre.
“La situación de las mujeres gestantes en Argentina presenta aspectos diversos. Distintos son los aspectos que enfrenta la mujer que desea tener a su hijo y aquellas que deciden interrumpir su embarazo. Un Estado que cuida debe acompañar a todas las mujeres para aquellos procesos que se desarrollan accediendo plenamente al sistema de salud”, introdujo el tema el Presidente, hacia el último tramo de su discurso.
A continuación se refirió a la legislación vigente en materia de aborto y destacó que “no es efectiva”. “Desde 1921 la Argentina penaliza la interrupción voluntaria del embarazo en la mayoría de las situaciones. Cien años después, la jurisprudencia da cuenta de lo ineficaz que resulta la norma desde un criterio preventivo. Está dicho que son muchas las mujeres que no se sienten conminadas por la pena prevista para el aborto y que recurren a él para interrumpir sus embarazos. La existencia de la amenaza penal no solo ha sido ineficiente demostrando que el devenir social transcurre más allá de la misma norma. También ha condena a muchas mujeres, generalmente de escasos recursos, para incurrir a prácticas abortivas en la más absoluta clandestinidad poniendo en riesgo su salud y a veces, su vida misma”, describió Alberto Fernández.
“Todos saben de lo que estoy hablando. El aborto sucede. Es un hecho. Y solo esa hipocresía que a veces nos atrapa es la que nos hace caer en un debate como este. Un Estado presente debe proteger a los ciudadanos en general y obviamente a las mujeres en particular. Y en el siglo XXI toda sociedad necesita respetar la decisión individual de sus miembros a disponer libremente de sus cuerpos”, señaló el presidente. Fue cuando los aplausos, contundentes, y algunos gritos de euforia, dejaron su voz en segundo plano. Las lágrimas de algunes, como la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, vendrían a continuación cuando fue concreto en su anuncio: “Por eso dentro, de los próximos diez días presentaré un proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo que legalice el aborto en el tiempo inicial del embarazo y permita a las mujeres acceder al sistema de salud cuando toma la decisión”, agregó.
Se trata de un hecho histórico. Será la primera vez que un presidente envía un proyecto de estas características al Congreso y tiene la voluntad política de que se convierta en ley. El texto ya está terminado, falta que el mandatario le ponga su firma. Fue elaborado por un equipo liderado por la secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra –quien en su momento fue autora del proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario—junto a funcionarias de los ministerios de Salud y de Mujeres, Géneros y Diversidad. La propuesta recupera los consensos básicos que surgieron del debate de 2018. Incluirá la despenalización y la legalización del aborto en las primeras semanas de gestación y en los casos ya previstos en el Código Penal, es decir, no solo que deje de ser delito que una mujer o persona con capacidad de gestar se someta a una interrupción voluntaria de embarazo sino que además se garantice la práctica gratuita en hospitales públicos. El encuadre es sanitario: el aborto es un problema de salud pública que debe ser atendido por el Estado, ese es el espíritu. En Diputados, se pondrá en discusión junto a otras iniciativas de Interrupción Voluntaria de Embarazo como el de la Campaña, que se volvió a presentar por octava vez en 2019.
Mauricio Macri, según él mismo declaró, nunca tuvo voluntad política para promover la sanción de la IVE, a pesar de que habilitó la discusión de la propuesta de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto en 2018.
En la Casa Rosada confían en que Máximo Kirchner tendrá un rol central para conseguir votos en el Congreso. En Diputados los números son favorables. En el Senado habrá que convencer a algunos resistentes: de todos modos, el apoyo que recibió el viernes la flamante Defensora de Niñas, Niños y Adolescentes. Marisa Graham, de parte de una decena de “pañuelos celestes” que se oponían a su designación justamente por apoyar la despenalización y legalización del aborto, se analiza como un hecho auspicioso, entre quienes militan por el tema. Se espera que el ministro Ginés González García juegue un rol fundamental para defender el proyecto ante propios y ajenos. La movilización callejera de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto será clave para lograr los votos necesarios para aprobar la ley.
El próximo domingo 8 de marzo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, con movilizaciones en todo el mundo, habrá un pañuelazo frente a la Catedral Metropolitana, en momentos en que la jerarquía católica realizará una misa con movilización también frente a la Basílica de Luján, como expresión de oposición a esta iniciativa presidencial.



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martes, 3 de marzo de 2020

A las víctimas de violencia sexual les debemos todo

Violencia Machista & Violencia Sexual


Fuentes: www.publico.es
Sobre la Violencia Sexual como la forma más extrema de Violencia de Género
En este tiempo, me he encontrado con más de una mujer que se ha sentido aliviada cuando le hemos dicho (o le he dicho de forma personal): «lo que te ha pasado es violencia sexual». A veces, la violencia sexual es evidente. Otras, no tanto, cuando se ejerce de forma online o cuando tenemos asumido (incluso entre nosotras) el mensaje de «accede, no seas una mojigata, mira que eres estrecha…». Sólo cuando pones nombre y apellidos a lo ocurrido, asumir que eso no fue normal sino una agresión frente a tu consentimiento e intimidad, puedes empezar el proceso de recuperación. Por eso es tan importante el reconocimiento, y por eso es prioritario y urgente el desarrollo de la ley de libertades sexuales.
Porque la violencia sexual impregna todo. Desde su máxima normalización dentro de las relaciones de pareja, donde suceden violaciones que sus víctimas no denuncian por las circunstancias, al hecho de que las mujeres que han sufrido violaciones y agresiones sexuales se han visto marginadas por el sistema.
Ellas no han sido reconocidas por ley como víctimas de violencia machista. Ellas no han tenido la misma red de asistencia ni apoyo. Ellas han sido las más juzgadas e incomprendidas porque la cultura de la violación y sus mitos siguen ahí. Todo ello, en un contexto donde las violaciones grupales han aumentado, porque violar se ha normalizado hasta considerarse un acto de ocio, porque nos ven como objeto y carne, no como personas.
Por eso a estas mujeres se les debe una ley a la altura de las circunstancias, porque vamos ya tarde. Debe ser un aviso a los agresores, una alerta de que ya no hay silencio ni impunidad. Que esto se acabó. Porque hemos llegado a 2020 con un convenio de Estambul firmado por el Estado español y sin aplicarse. Porque justo por ese retraso se ha sometido a víctimas como la de La Manada, y a otras, a luchar y luchar en los tribunales a más altas instancias lo que otros les negaban: su palabra y su reconocimiento.
Por no cumplir con nuestra obligación como Estado se ha estado desatendiendo a estas víctimas, por no reconocer la violación en base al consentimiento, que sí se ha había hecho ya en otros países europeos. Por no cumplir hemos abierto debate en algo que no lo tiene porque está recogido en el Convenio, y hemos tenido que soportar declaraciones vomitivas como «¿ustedes dicen sí sí hasta el final?», en palabras de Cateyana Álvarez de Toledo. Y todo esto, por esa normalización cotidiana que impregnan todas nuestras violencias, porque «así ha ocurrido toda la vida».
Sólo porque estas víctimas han hablado y solo porque estas mujeres agredidas han denunciado, el sistema político ha empezado a ponerse las pilas. El informe sobre violencia sexual de Amnistía Internacional ya alertaba de que todas las mujeres víctimas de su estudio afirmaban que no volverían a denunciar, si hubiesen sabido lo que les iba a acarrear. Y eso un Estado democrático no lo puede permitir.
Y luego, les queda el proceso de recuperación, en un Estado que tampoco ha cumplido como debe, considerándolas víctimas de segunda. No tiene justificación que el Ministerio de Hacienda haya rechazado el 84% de las ayudas de terapia a víctimas de delitos sexuales entre 2000 y 2018, y hablamos de unas ayudas que no superan ni los 800 euros para tratamiento psicológico. Y ojo, porque si ya el hecho de convivir con esa situación es doloroso, el sistema te pide que además adjuntes un  «informe médico forense que acredite que existe daño mental» (vaya a ser que te lo inventes), porque ya sabemos a que a nosotras, a las mujeres, no nos creen con solo nuestro testimonio.
Necesitan ayuda las 24 horas (como se prevé en la ley), pero necesitan que no se las margine y que, como indica el convenio de Estambul, esos agresores cumplan con programas de terapia específicos, o al final llenaremos la cárceles de agresores que al salir seguirán violando, y entrarán otros nuevos que no han sido educados en el NO violar.
Los machistas podrán seguir pataleando, podrán seguir mostrando su rabia e ignorancia sobre el consentimiento y negando las agresiones sexuales. Pero que no se nos olvide la motivación de esta ley, porque a las víctimas de violencia sexual le debemos todo.



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lunes, 2 de marzo de 2020

LAB: El 8 de Marzo denunciaremos que el capitalismo ataca nuestras vidas


El capitalismo heteropatriarcal ataca nuestras vidas, asesina nuestros sueños, nos roba la energía e ilusión, mata nuestras alegrías y nos condena a la miseria y precariedad vital. Hoy, en Euskal Herria, las políticas neoliberales que llevan a cabo los gobiernos de derechas que deciden sobre nuestras vidas no sólo no procuran el bienestar de las personas, sino que de nuestro malestar y de nuestras necesidades hacen negocio. Los cuidados son un claro ejemplo de ello.
Si tras años de reivindicaciones feministas en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, si tras dos multitudinarias huelgas feministas los dos últimos ochos de marzo -reivindicando la importancia de situar las vidas en el centro- el Gobierno Vasco y Navarro deciden seguir haciendo de los cuidados un negocio, ya nos han respondido. Se han alineado con el capital dejándonos claro que el interés que despiertan nuestras reivindicaciones es nulo. Privatizar, precarizar e invisibilizar los cuidados es su objetivo, bien cumplido además. Los ejemplos saltan cada día a la vista: trabajadoras de residencias, trabajadoras de hogar, trabajadoras de limpieza, trabajadoras de comedores… ¡Los cuidados no pueden ser un negocio!
Sus políticas de igualdad cosmética son otro ejemplo de ello: hacer que se hace para buscar resultados mediáticos, en vez de reales. Anunciar grandes planes de igualdad pero que no se cumplen, ni en las empresas, ni en los ayuntamientos, ni en las diputaciones, ni en el gobierno, es decir, ni en los ámbitos en los que gobiernan y tienen responsabilidad directa. Las políticas de igualdad han tocado fondo. Nosotras exigimos políticas feministas. ¡La igualdad ha devenido un fraude!
La supuesta lucha contra la brecha salarial no está llegando a revertir ninguna situación porque, claro, no podemos enfadar a nuestros amigos empresarios que son quienes nos mantienen en el poder enriqueciéndonos a costa de la clase trabajadora. Es más fácil esconderse tras campañas que no obligan a nada y tras discursos que nos responsabilizan a nosotras mismas de la brecha salarial por no saber elegir nuestros estudios. ¡Existe una deuda patriarcal con nosotras, las mujeres!
La precarización de nuestras vidas es una constante diaria; pobreza energética, violencia machista, explotación laboral, privatización de servicios públicos, primar el negocio sobre la salud de la población y sobre las vidas de clase trabajadora.
Pero nosotras, ante esto, tenemos claro qué hacer: organización, autodefensa feminista y alianzas entre diversas. Ante la privatización de servicios públicos y de cuidados exigimos su publificación. No vamos a permitir que se siga haciendo negocio con los cuidados, mientras se lucran unas pocas empresas amigas de nuestros gobernantes a costa del trabajo y la explotación de miles de mujeres en este país, obligadas a cuidar en condiciones pésimas.
El feminismo nos ha enseñado a resistir, confrontar y construir entre todas. La vida en el centro como consigna nos ha llevado a todas a otro escenario, al de situar a las personas y sus necesidades en el centro, desplazando el mercado y la producción a los márgenes.
La lucha sindical es hoy más importante que nunca. Y el sindicalismo feminista es imprescindible para, entre todas, darle la vuelta a la situación. Reorganización de los trabajos de cuidados y su justo reparto. Sistema público vasco de cuidados. Vidas libres de violencias: en las casas, en las calles en los curros y en las camas. Romper con la división sexual del trabajo y valorar estos desde la repercusión que tienen en la sostenibilidad de la vida, en vez de la importancia que tienen para el capitalismo. Ni una mujer explotada, ni una persona en situación irregular. Papeles para todas y derechos para todas. Repensar y cuestionar las jornadas, los sueldos, el valor social y económico que se otorga a los trabajos y empleos. Romper con las dicotomías público/privado, productivo/reproductivo y ante la contradicción capital-vida, apostar siempre por la vida.
Nos reafirmamos en el compromiso de llevar la lucha feminista hasta el último rincón de cada centro de trabajo, luchando por la unión de todas las mujeres trabajadoras. No queremos políticas que nos lleven al sálvese quien pueda. Queremos salvarnos todas juntas y de la mano, para ello hay que acabar con el sistema capitalista heteropatriarcal, racista y colonialista.
Juntas, enredadas, aliadas y cómplices somos imparables.
Fuente: LAB

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El Frente de Acción Estudiantil convoca huelga desde el 9 de marzo


Los estudiantes de la Región de Murcia se suman a las movilizaciones del día 8 de marzo y a la Huelga General Feminista del 9 de marzo, convocando huelga estudiantil.


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El Frente de Acción Estudiantil apoya y participa activamente en la Huelga General Feminista. Creen que uniendo la lucha feminista a la lucha obrera únicamente se logrará vencer al patriarcado, puesto que la opresión de las mujeres se sustenta sobre el sistema capitalista. Tanto las estudiantes más precarizadas como el conjunto de obreras del país se ven sometidas a una doble opresión, teniendo que lidiar con los estudios y el trabajo por un lado, y con los cuidados y otras tareas reproductivas en el hogar.
¿Qué quieren las estudiantes con esta huelga estudiantil? Sus objetivos son:
  • Una educación pública, de calidad, gratuita, feminista y al servicio de la clase trabajadora. • Erradicar la violencia machista en las aulas, el acoso sexual, el racismo, el clasismo, la homofobia y la transfobia.
  • Combatir la invisibilización de la mujer en las disciplinas educativas, especialmente de las mujeres racializadas y no occidentales.
  • Visibilizar y cesar la división sexual en los itinerarios de estudio: las mujeres son mayoría en los estudios vinculados a los cuidados, los cuales, además, están menos valorados socialmente.
  • Luchar contra el abandono escolar de mujeres que realizan una doble o triple jornada (estudios, trabajo y cuidados).
  • Una educación afectivo-sexual y completa.
A esto hay que sumar que las mujeres ocupan los puestos de trabajo más precarizados y peor remunerados. Actualmente, la brecha salarial sigue siendo una realidad, afectando claramente a las mujeres, quienes ostentan el mayor porcentaje de contratos temporales. Por otro lado, también son las mujeres quienes sufren una doble violencia laboral: la explotación y la discriminación por su género.
A día de hoy, también se puede presenciar como la ultraderecha española es cada vez más fuerte, consiguiendo de la mano del resto de la derecha estatal, establecer medidas como el PIN Parental que no se trata más que de otro ataque a la educación pública, los derechos de las mujeres y del sector LGBT. Pero no debemos engañarnos, los intereses de estas organizaciones solo responden a los intereses de las élites económicas y por ello debemos combatirlas, no solo posicionándonos ante ellas en lo político sino en lo económico. La lucha contra la ultraderecha es la lucha contra el capital, y el movimiento feminista ha demostrado que puede ser uno de los ejes vertebradores de esa lucha.
Es por todos estos motivos por los que las estudiantes el 8M salen a la calle y secundan la huelga general feminista el día 9. ¡Por las estudiantes trabajadoras, por las mujeres más precarizadas, por las que no tienen voz y por las que lucharon ayer! ¡Obreras y estudiantes, unidas y adelante!




Twitter e Instagram: @faemurcia

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Apunten contra el patriarcado

Entrevista a María Jesús Izquierdo


Fuentes: www.pagina12.com.ar
La catalana María Jesús Izquierdo, doctora en Economía y profesora de Teoría Sociológica por la Universitat de Barcelona, reconoce que las tareas de cuidado que quedan sobre las espaldas de las mujeres sin ser reconocidas y tampoco remuneradas son una forma evidente de explotación. Pero plantea a la vez, estratégicamente, que esta división sexual del trabajo desprotege a todas las personas que necesitan ser cuidadas. “Aun cuando no les importen las vidas de las mujeres, sepan que la cuestión del cuidado no está resuelta y es una ilusión breve pensar en individuos autónomos, todos vamos a necesitar cuidados alguna vez”, dice y señala como responsables las democracias liberales de las que “el patriarcado es constitutivo”.
Hay una idea que María Jesús Izquierdo insiste en subrayar: “El patriarcado no es un residuo, un remanente de otras épocas, el patriarcado es constitutivo de las democracias liberales”, por lo que un replanteo de las condiciones de vida de las mujeres, la eliminación de la violencia de género y de las inequidades económicas, políticas y culturales que padecen (padecemos) no pueden pensarse sin hacer una crítica profunda a estas democracias, sin volver a fraguar un pacto democrático que vea a las personas en su fragilidad e interdependencia y no desde la ilusión de la autonomía y la libertad, paradigma sobre el que se paran los hombres -blancos y heterosexuales, agrega esta redactora- aprovechando de la fuerza de trabajo invisible que aportan las mujeres a través de las tareas de cuidado y domésticas. Pero, dice Izquierdo, para eso es necesario que las mujeres reconozcan el lugar de poder que les otorga el ser cuidadoras. Doctora en Economía y profesora de Teoría Sociológica en el Universitat de Barcelona, Izquierdo tiene un discurso provocador fundamentado en años de investigación sobre la división sexual del trabajo. Las12 la entrevistó en Buenos Aires gracias al Ministerio Público de Defensa de la CABA, que la invitó a participar del lanzamiento de la campaña “Cuidar y ser cuidado ¿Quién se hace cargo?”
-Usted habla de la necesidad de un nuevo pacto constituyente como única posibilidad para terminar con la división sexual del trabajo, ¿Podría explicar a qué se refiere?
– Porque el pacto actual se basa en el entendimiento de un individuo autónomo que pacta con otros individuos autónomos las reglas de juego para la vida en común. La idea es de libertad, no de la necesidad del otro, entonces lo que se pone en juego es interés, conveniencia respecto de la relación con el otro, en masculino, porque el pacto constituyente se hace entre varones, las mujeres en este esquema son un objeto de reparto. Pero la autonomía es un deseo, apenas se realiza, y la duración del estado de autonomía es breve, transitoria, en ocasiones somos autónomos, pero lo definitorio en los seres humanos es la interdependencia. Ahora estamos aquí sentadas cómodamente porque hay alguien que ha venido a limpiar, que hace café, tu llegaste aquí porque hay transporte… cualquier cosa que hacemos ocurre con la concurrencia de muchas personas que lo hacen posible; eso da cuenta de que estamos en permanente estado de necesidad. Sin olvidar formas precisas de necesidad, por la edad, por dificultades físicas, psíquicas. Entonces mi planteo es que requerimos un pacto constituyente basado no en la noción de autonomía si no de que somos dependientes, y esto significaría que se sitúa en el centro del escenario la dependencia y no la libertad necesariamente.
-Es un pacto, que como usted dice, se hace entre varones.
-¡Y es delirante! Yo no sé cómo ha podido funcionar tanto tiempo. Pero es que el truco ha consistido en que los fenómenos atribuidos a la dependencia se han enclaustrado en el hogar, de tal manera que ese ciudadano que pacta con otros ciudadanos es en realidad un cabeza de familia: lo vemos en la constitución española, cuando acudimos a los elementos que definirían a la persona que ocupa la posición de ciudadano, en las constituciones liberales se hace a cuenta de la posición respecto de un trabajo remunerado y la defensa del territorio nacional. Si nos vamos a la constitución española, el artículo que se refiere al trabajo dice lo siguiente: los españoles tienen el deber de trabajar, es un deber de ciudadanía, y derecho al trabajo; pero es secundario el derecho al trabajo en relación al deber de trabajar. Tu no puedes ser ciudadano si no produces, es el objeto de ciudadanía. Pero luego plantea elegir libremente ocupación u oficio, y este elemento es muy relevante, para cubrir ingresos suficientes para las propias necesidades y las de la familia.
-Estamos poniendo sobre la mesa el pacto heterosexual y patriarcal.
-No sé si heterosexual, lo que es seguro es que se pone en primer plano a un patriarca. Diríamos que el ciudadano es un patriarca, alguien que encabeza una familia de la cual se ocupa a través de sostener los recursos financieros que le permiten funcionar pero fíjate cómo cabe el artículo: sin que pueda prevalecer discriminacion por razón de sexo. Por lo tanto el pacto constitucional es un pacto que consagra la figura del patriarca, lo cual quiere decir que las democracias liberales no funcionan sin el patriarcado. El patriarcado no es un residuo, un remanente que queda de épocas anteriores si no que es constitutivo de las democracias liberales, no pueden funcionar sin la existencia de un patriarca porque hay que quitar de la escena pública el problema de la dependencia.
-O sea que la dependencia queda adentro de la casa junto las mujeres para que se arreglen ellas.
-Exacto. Pero además de manera perfecta, porque mientras la constitución es transparente en relación a la existencia del patriarca, cuando habla del cuidado de las personas no lo hace refiriéndose a las mujeres o de las amas de casa, lo define en función de la familia, como si la familia fuera una entidad viva. Lo que es llamativo de la Constitución en este artículo es que resulta que el patriarcado es constitutivo de la democracia liberal pero no el sexismo. Es decir que nos da igual que el patriarca sea una mujer o un hombre pero necesitamos establecer un vínculo patriarcal.
-Lo qué pasa es que cuando hay un hombre cabeza de familia cumple un rol pero cuando hay una mujer difícilmente le toque uno solo.
-Está claro. Tal vez no fui fina al decir “da igual”, pero parece que para la constitución no es incompatible la eliminación del sexismo con el mantenimiento de la democracia liberal por lo que acá hay que tener en cuenta que vale cualquier cosa con tal de conservar el patriarcado.
-Y de sostener la idea de familia nuclear, y el encierro doméstico para que allí se oculte la interdependencia.
Las democracias liberales se caracterizan por una falta de responsabilidad y desatención con respecto a la gente. Con todas las críticas que podemos formular a los regímenes feudales, ahí había un vínculo de responsabilidad con los siervos. En cambio en el capitalismo se prescinde del otro. Entonces la familia es un requisito indispensable porque cumple la función antes entendida como colectiva. Estamos hablando de sociedades modernas, y por eso mi insistencia: el patriarcado no es remanente si no que es base fundamental, mira por ejemplo la política tributaria. Ahí te encuentras que la pérdida de ingreso que supone la declaración conjunta de la renta de la típica familia nuclear es de 2.600.000 euros, monstruoso, y esto significa que de otro lado se está financiando a la familia nuclear y también a la figura del ama de casa. Porque tener en casa un hombre que declara y una mujer que no tiene ingresos propios hace que pagues mucho menos impuestos.
-Es una forma capitalista de preservar la división sexual del trabajo.
-Claramente.
-Sin embargo los temas de cuidado tienen visibilidad intermitente en el feminismo a lo largo de los años y ninguna salida parece ser buena: ¿Salario para amas de casa? ¿Socialización de las tareas de cuidado? ¿Usted qué piensa?
-A mí no me resulta satisfactoria la corriente general que considera que se ha de visibilizar, reconocer y valorizar la aportación de las mujeres. Porque el implícito de esa necesidad de valorización y reconocimiento es que las tareas de cuidado que realizan las mujeres las realizan bien, son deseables y deben ser tomadas como modelo.
-Eso se escucha muy esencialista: las mujeres somos buenas porque sabemos cuidar.
-Bueno, pero es muy dominante, no sé acá, pero en España te aseguro que es muy dominante. Entonces creo que hay que trabajar en el sentido opuesto: evidenciando que en condiciones de división sexual del trabajo no se puede cuidar bien. Voy a hablar no de personas empíricamente hablando si no de tipos mentales que nos ayudan a pensar la realidad. Las mujeres son como sean, pero cuando lo digo en singular me estoy refiriendo a un tipo de persona que hace posible el patriarcado y es suficientemente frecuente e intenso como para que sostenga el patriarcado.
-Un estereotipo normativo.
-Normativo, sí, no universal si no propia del patriarcado. Hecha esta aclaración deberíamos pensar que la posición mujer genera una configuración psíquica consistente en desear ser deseada. Mientras que la configuración hombre ejemplifica el deseo de poseer aquello que se desea. Luego habrá personas más cerca o más lejos pero es la disposición propia del patriarcado. Entonces a mi modo de ver, cuando alguien pone en el centro del escenario la necesidad de ser querida significa que instrumentaliza a los demás para conseguir eso. Y esto significa que cuando provee de cuidados lo hace para ser valorada, no para que la gente esté bien. No es lo mismo que un niño o una niña estén bien cuidados que que una persona sea una buena madre. Si aspiro a ser una buena madre es una posición narcisista que requiere de reconocimiento. Cuando me preocupo por las criaturas mi orientación es hacia el objeto de amor, no a mí misma. Si damos por bueno que la orientación de la mujer patriarcal es a ser querida, creo que podemos dar por válida la afirmación de que el cuidado es una actividad instrumental que no está al servicio de las personas dependientes si no al servicio del reconocimiento de ellas mismas. Y eso pondría en discusión, al margen del respeto que se pueda tener por los derechos de las mujeres, aún cuando no interese que sean explotadas, no se tiene suficiente conciencia de que el problema del cuidado, basado en la división sexual del trabajo, es dañina para ambas partes: porque ahoga la posibilidad de su desarrollo personal a quien está al servicio del cuidado -porque no puede plantear su proyecto de vida-  y para quien recibe los cuidados porque es objeto instrumental. Y esa relación es una relación de poder.
-Pero tenemos también en el universo de cuidados tareas de sostenimiento de la vida totalmente invisibles como las que reclama para sí el patriarca.
-Estoy hablando de las relaciones de dependencia. Hay que diferenciar cuidado de servicio, porque el cuidado es a cuando provees de atenciones a quienes no se las puede librar por sí mismas, si la persona puede atenderse a sí misma hablamos de servicio.
-Pero si cuidado y servidumbre quedan dentro de la casa no parece fácil separar las tareas…
-Es que hay que ver la posición narcisista del cuidado, en el sentido de que parece que tienes unas cualidades especiales que yo asocio a la omnipotencia, que las mujeres no quieren tampoco dejar.
-Es un poco complicado cargar las tintas sobre la posición de las mujeres, como decir que les gusta su propia cárcel…
-Yo creo que la pregunta es otra, es cómo se rompe la posición omnipotente. Y se rompe cuando se sale de la idea de qué hay dos posiciones excluyentes: la de quien cuida y la de quien recibe cuidados, señalando que toda persona cuida y toda persona recibe o recibirá cuidados.
-Es lo que sucede entre padres y madres con respecto a hijos e hijas, aunque siempre las que cuidan a todos son las mujeres.
-Bueno, pero por ejemplo, entre una madre que cuida a su hija cómo se rompe la omnipotencia. Pues ella se va al cine con las amigas, por ejemplo, evidenciando que tiene sus propias necesidades y la madre evidencia su posición no queriendo que vuelva antes si no al contrario, diciendo: “¿ya estás aquí? ¡Pero qué pesada! No me puedes dejar en paz un rato”. La dependencia genera hostilidad y da lugar a muchas microviolencias: por ejemplo, si a la persona cuidada le gusta la sopa caliente y se la llevas siempre fría, pues es un daño grande.
-Micropolíticas de la crueldad.
-Sí, que tienen efecto acumulativo. O inversamente, si en lugar de concentrar todas tus demandas en un lapso de tiempo estás todo el tiempo demandando, eso también mina a la persona que cuida. La relación de cuidado puede ser una verdadera tortura. Y esto me hace pensar que las feministas deberíamos contemplar que una de las formas de la violencia de género es el maltrato a las personas dependientes. 
-¿Por qué lo piensa como violencia de género?
-Porque se produce en una matriz de relaciones que se funda en la división sexual del trabajo. Es decir, es esperable que una persona encerrada en el lugar de cuidadora y si eso comporta que se la marginalice de la vida social o de sus planes de vida experimente sentimientos hostiles hacia quién cuida. Lo raro sería que no los experimentara. Por lo tanto es constitutivo de la división sexual del trabajo el maltrato a las personas dependientes. Yo pienso que las feministas deberíamos denunciarlo como violencia de género porque pienso que lo es y porque estratégicamente desde el punto de vista político nos conviene: pondría en cuestión la división sexual del trabajo, porque pueden pasar de las mujeres, pero si les preocupa la cuestión del cuidado, el cuidado no está resuelto.
-El tema que aparece aquí es la violencia de género que podrían ejercer las mismas mujeres. Que de hecho la ejercemos, cada vez que se encierra a las hijas para repartir con ellas las tareas domésticas o el cuidado de hermanos y hermanas más pequeñas, por ejemplo. Eso parece que es difícil de hablar..
-Eso tiene que ver con lo que planteo. Además de no reconocer las características del mundo que queremos cambiar, políticamente creo que es un error porque consolida la división sexual del trabajo, porque si no ponemos en cuestión que las mujeres también podemos cuidar mal, cristalizamos esa división.
-Sucede que se produce un encierro: ¿es necesario revisar si cuidamos bien o mal o evidenciar la explotación que significa dar por hecho que las tareas de cuidado son para las mujeres? ¿De dónde surge que cuidamos porque lo hacemos bien? A mí me parece más un destino impuesto que una habilidad.
-Bueno, ha habido todo un proceso de naturalización, de manera que se hace extensivo que si la mujer es fecunda y engendra criaturas hace extensivo el cuidado de las criaturas. Y además tiene una gratificación libidinal muy fuerte y entonces no hace falta forzar a las mujeres para que lo hagan. Donde se rompe la dinámica es cuando lo predominante no es cuidar criaturas si no de las personas viejas o enfermas. Porque claro, acompañar a estas personas es acompañar la decrepitud y acercarse a la muerte y hay una resistencia a asumir que somos mortales.
-Y por eso interdependientes y vulnerables.
-¡Claro! Tanta resistencia hay a pensar que somos vulnerables que cuando te pones enferma te sientes culpable de estar en la cama, te sientes más culpable que mal. Parece que la vulnerabilidad fuera un defecto moral. El componente culpa habla, justamente, de omnipotencia.
-Corriéndonos un poco de la cuestión subjetiva y volviendo a cómo salir del encierro, de si cuidamos bien o mal para ser relevadas de la tarea, este año en muchos países del mundo se hizo un paro, una huelga, que evidenció las tareas domésticas y de cuidado como trabajo. ¿Cómo lo viste vos?
-Creo que pensar en una huelga de mujeres es pensar en un paro en las tareas de cuidado que implicaría una valentía y un estómago muy fuerte. Dejar los niños en la puerta de la comisaría por ejemplo…
-Eso aquí, y supongo que en la mayor parte del mundo, no es una opción…
-Pero hay que encontrar un modo de denunciar la externalizacion de costes de producción de la vida humana a las mujeres. Porque es como lo que denuncian desde los grupos ecologistas, que las empresas externalizan costes al medio ambiente. Significa que sus actividades productivas son más costosas de lo que son para ellos porque son a costa del medio ambiente. Trasladado a las mujeres sería que el mundo funciona porque se carga sobre la espalda de las mujeres el cuidado de la vida humana y esto es una transferencia sistemática de los recursos. Cuando se produce una transferencia sistemática de recursos de quien los ha producido a quienes los han producido eso es una relación de explotación. O sea que las mujeres están en una posición de explotadas, por los hombres, por el Estado y por el mercado. Entonces, claro, esto significa que las relaciones de poder se dan porque el trabajo de las mujeres empodera a los hombres, al mercado y a las empresas.
-Por lo tanto, siendo explotadas, nos merecemos la huelga.
-¡Claro! Desde el punto de vista lógico es muy claro pero emocionalmente es muy complejo. Aunque en términos teóricos, analíticos es evidente: dejar de transferir recursos a los demás. Trabajar para una misma, no para los demás hasta que quede claro.
-Tal cómo está, si reconocemos la explotación que significa el cuidado, aunque es necesario pactar bienestar con quien se cuida y viceversa no parece suficiente; sería como dejar el problema en ese encierro privado.
-El punto de fuga es la eliminación de la división sexual del trabajo. El implícito de la división sexual del trabajo es la relación de complementariedad. Lo que venimos diciendo es el reconocimiento de relaciones de reciprocidad. La primera sería “tu aportas A, yo aporto B”, la segunda es “yo aporto lo que tú me das”, aunque no sea simultáneo. Dicho de otro modo: yo no te doy atención a la familia y tu me das dinero, yo te doy dinero y atención como tú me lo das a mí; relaciones de reciprocidad.
-¿Y qué posibilidades hay de pensar el cuidado por fuera de la familia? ¿Se puede pensar en salidas más comunitarias?
-Yo lo veo difícil porque no hay el nivel de confianza en lo social para que la gente se arriesgue a sacar la patita de la familia. Creo que hay que buscar alianzas con los trabajadores y trabajadoras asalariadas organizadas. Son cuestiones que tienen que ver con el cuidado, con sostener las jornadas de ocho horas, vacaciones pagadas y por enfermedad tiene que ver con el cuidado, cosas de cuidado propio. Lo que yo sugiero como posibilidad y no me parece delirante es que las personas reciban su paga cuando tienen que cuidar a personas dependientes, bueno, hay que generar fondos de reserva para quienes tienen que cuidar. Tiene que haber una elaboración colectiva, esto significa desprivatizar y socializar el cuidado, meterlo en el debate democrático.
-Entonces usted ve como estratégica la alianza entre las mujeres, los feminismos y los sindicatos.
-Es imprescindible, los dos colectivos sometidos a explotación se tienen que poner de acuerdo y estos dos colectivos son los asalariados y las mujeres. Y las mujeres asalariadas doblemente porque son explotadas por los varones asalariados. Los hombres traicionaron a las mujeres en su alianza con los empresarios para dejar a las mujeres en la casa. Es una alianza difícil. 
-Resumiendo, podríamos decir que para eso hay que quitar al patriarcado de la base de la discusión democrática.
-¡Es lo que digo! No es residual si no la base de las democracias actuales y por eso no se piensa el cuidado, porque queda dentro de las familias. Fíjate que en Europa, con la sociedad envejecida, se han puesto a preguntar cuál sería la solución deseada para el problema del cuidado de adultos mayores y la respuesta es perversa: que se de recursos a los viejos y viejas para poder pagar a personas que se hagan cargo ellas. Es decir, buscan sostener la relación de poder a través de la posibilidad de pagar para que te atiendan. Pero no se escapa que es más importante tener poder que estar bien, pues es incompatible con estar bien, vamos.
-Esto que vos planteás no es solo sobre la división sexual del trabajo si no sobre los sujetos…
-¿Te imaginas la diferencia de pactos entre sujetos que se reconocen vulnerables, que reconocen la enfermedad y la muerte? ¡Cambia totalmente la noción de democracia!
-Mientras tanto, vamos a la huelga.
-(Se ríe) Y sí, pero ¿qué tipo de confianza social se tiene que generar para que las mujeres puedan poner en práctica una huelga de cuidados? La confianza de que comemos todos o no come nadie, la confianza de que detienen a todos o nadie. No vas a consentir que detengan a un compañero o compañera, no vas a consentir que mientras tú estás comiendo a alguien se le acabaron los recursos. Y esa confianza no se está dando en este momento. No estoy en delirium tremens pero soy consciente también de que solo a través de la huelga general indefinida se resuelve la relación de poder. Solo que emocional y prácticamente es muy difícil. Habría que prepararse con años de tiempo, con cajas de resistencia, mientras tanto es muy complicado porque no hay tejido social. Porque por ejemplo, lo primero que tendríamos que hacer las mujeres es dejar de tener hijos por lo menos por cinco años así ya no habrá bebes cuando empiece la huelga para dejar en la puerta de las comisarías.
Ella se ríe a carcajadas, y al instante siguiente, como se diría en el español ibérico, se la piensa.

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domingo, 1 de marzo de 2020

Técnicos de Hacienda denuncian que la brecha salarial se está ensanchando y que las mujeres cobran un 28’6% menos que los hombres


La brecha salarial se ha ensanchado en 66 euros durante el último año, de manera que las mujeres cobran 4.915 euros menos al año que los hombres, según el avance de la cuarta edición del informe ‘Brecha salarial y techo de cristal’ 
En términos porcentuales, los técnicos de Hacienda estiman que las mujeres tendrían que cobrar un 28,6% más para igualar el sueldo de los hombres, tal y como demuestran los últimos datos de la Agencia Tributaria
 
La brecha salarial se ha ensanchado en 66 euros durante el último año, de manera que las mujeres cobran 4.915 euros menos al año que los hombres, según el avance de la cuarta edición del informe ‘Brecha salarial y techo de cristal’ realizado por el colectivo de técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) a partir de la estadística de mercado de trabajo y pensiones en las fuentes tributarias de la Agencia Tributaria con datos de 2017. Un análisis del que se desprende que las áreas geográficas con mayores desigualdades serían la Comunidad de Madrid y Ceuta, donde cobran 7.700 euros y 6.500 euros menos, respectivamente. En el otro lado de la balanza, las más igualitarias serían Islas Canarias y Extremadura, comunidades en las que las diferencias se reducen hasta los 2.500 euros y los 2.700 euros, respectivamente.
En términos porcentuales, los técnicos de Hacienda estiman que las mujeres tendrían que cobrar un 28,6% más para igualar el sueldo de los hombres, tal y como demuestran los últimos datos de la Agencia Tributaria. Las diferencias de sueldo entre unos y otras no han dejado de aumentar desde 2015, a pesar de que entre 2005 y 2015 se redujeran un 16%. En total, en los tres últimos ejercicios la brecha se ha incrementado en 279 euros, denuncia Gestha.
Los técnicos de Hacienda calculan que, a este ritmo, harían falta 105 años para cerrar la brecha en España, aunque en casos más extremos, como el de Murcia, se tardaría 839 años. De ahí que urjan a tomar medidas para reducir los plazos de tiempo necesarios para acabar con estas desigualdades. Entre esas medidas, Gestha destaca la importancia de aumentar el número de plazas tanto en las escuelas públicas infantiles de 0 a 3 años como en los centros especializados para la atención y el cuidado de las personas mayores o dependientes, porque la brecha salarial se agrava sobre todo en las edades en las que se concentra la maternidad y el cuidado de los ancianos. En cualquier caso, las mayores diferencias de sueldo se localizan a partir de los 65 años, superándose los 11.400 euros anuales.
Al margen de las causas que la ensancharían, los técnicos explican que es en los altos tramos de renta donde se concentran los agravios de la brecha salarial. De hecho, mientras que las mujeres cobran 35 euros más que los hombres en la horquilla que oscila entre los 20.605 y los 25.757 euros de salario anual, reciben casi 31.000 euros menos cuando las retribuciones escalan por encima de los 103.000 euros al año.
En este sentido, los motivos serían la precariedad y el denominado «techo de cristal», puesto que 3,4 millones de mujeres no llegarían al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), es decir, el 38,8% del total de las ocupadas, mientras que en el caso de los hombres se reduce a 2,9 millones, el 28,8% de los ocupados.
Según el secretario general de Gestha, José María Mollinedo, las dos subidas consecutivas del salario mínimo hasta los actuales 950 euros mensuales reducirán la brecha salarial en los próximos años, si bien indica que no se están articulando suficientes medidas para acabar con la misma, una de las principales causas de la desigualdad económica y social que existe entre hombres y mujeres y que debería constituir uno de los retos «más importantes» que debe abordar el Gobierno de España a través de un Pacto de Estado.

Fuente: Agencias

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