RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

sábado, 4 de enero de 2020

Comunicación & Neomachismo: Machismo y medios, lo peor de 2019


Patricia Reguero
www.pikaramagazine.com

Las mujeres asesinadas por sus parejas no mueren solas. La violencia sexual no la producen el verano ni la “ropa demasiado corta”. A las políticas no las definen sus zapatos ni su flequillo. Pero, sí, todas esas afirmaciones hemos visto este 2019 en titulares de prensa escrita.

Pasadas dos huelgas feministas con participación masiva y seis años desde el primer ‘Machismo y medios’, en 2013, acaba un año más y sigue habiendo material de sobra para este artículo. Sigue habiendo mujeres sin nombre, columnistas señoros y graves errores en la información sobre violencia de género en pareja.
2019 ha sido, encima, el año en que el machismo sin caretas de la extrema derecha entró en el Congreso. El machismo incel hoy tiene 52 diputados, pero antes de lograr una representación institucional sin precedentes en democracia tuvo mucho espacio en los medios.
Ahí van, como cada año desde hace seis, los titulares más machistas de 2019.

Violencia de género en pareja

Da igual cuántos manuales sobre cómo abordar el tratamiento informativo de la violencia de género en pareja se hayan publicado: en 2019 hemos vuelto a ver titulares en los que “las mujeres mueren”. No me molesto ni siquiera en enlazarlos: son muchos, ocurre a menudo y, sí, sé que en muchas ocasiones en el titular que puede una poner en un primer momento, cuando aun no se conocen detalles de los hechos.
La formulación «una mujer muere» acompaña un relato en el que las víctimas se lo buscaronCLIC PARA TUITEAR
El problema es que a la formulación “una mujer muere” acompaña un relato en el que las víctimas se lo buscaron, los verdugos quedan ocultos detrás de formas impersonales y los asesinatos sirven para cazar clics o se engloban en “tendencias”, como hizo La Vanguardia en una de sus portadas en papel de marzo y señaló aquí la periodista Ana Bernal.
Veamos varios ejemplos de cómo exculpar a los asesinos. Cuando El Mundo titula ‘La volcánica relación que mató a Lourdes’ para informar sobre cómo un hombre asesinó a su pareja en Murcia genera una desviación y despersonalización: en esta elección de sujeto-verbo-predicado no la mata un asesino, sino “una relación volcánica”, como señaló Victoria Rosell en su cuenta de Twitter. El Mundo rectificó y cambió el titular.
El uso de la voz pasiva y la mención a la ropa “demasiado corta” hacen de este uno de los titulares más vergonzosos de 2019: ‘La asesinada en Vinaròs fue descuartizada y enterrada por vestir ropa demasiado corta’ es el titular de El Confidencial que, como señaló la red Comunicadoras 8M, lo hace sin una sola fuente y en condicional. El cuerpo del texto añade además que la mujer era “una chica atractiva; mucho, probablemente, para su presunto asesino”.
Otro más: ‘Una mujer muere en un incendio tras ser encadenada por su pareja’ es una curiosa forma de resumir en un titular que una mujer no pudo escapar de las llamar por la retención ilegal a la que era sometida por su pareja.
Por último, sobre el tratamiento de la violencia de género en pareja en los medios: en 2019 hemos visto ejemplo de la técnica de la batidora de la que 2015 nos dejó un buen ejemplo, una portada de ABC.
Mezclar violencias para que así, todas juntas, sean lo mismo, es lo que hace el titular ‘Un crimen que deja un matrimonio muerto a tiros conmociona La Zubia’ (para resumir que un hombre asesinó a su pareja), fue portada del periódico granadino Ideal.

Violencia sexual

Después de un 2018 en el que, en el contexto estatal, la sentencia de La Manada dictada por la Audiencia de Navarra nos hizo a todas leer el Código Penal para comprender cómo los términos jurídicos son distantes de las experiencias de violación, llegamos a un 2019 en el que mujeres en todo el mundo gritan “El violador eres tú” aunque Cayetana Álvarez de Toledo contradiga estos gritos y se burle del “solo sí es sí” en prime time, como hizo en el debate electoral de RTVE previo al 28 de abril.
En el tratamiento de casos de violencia sexual, 2019 nos deja algunos titulares que sirven para posicionar a los autores que los redactan y a los medios que los difunden en el lado de Álvarez de Toledo. Es lo que hace El Mundo al publicar: ‘El lado oscuro del verano: más agresiones sexuales y más sumisión química’. Como con la violencia de género en pareja, de este modo se despersonaliza al agresor, en este caso de una manera ridícula: porque no, no es el verano quien viola.
Otros titulares donde se difumina al agresor de manera incomprensible son ‘Una mujer pierde una oreja en una salvaje agresión sexual en La Rambla’ o el vídeo sobre una mujer que “se difundió”: la mujer se suicidó porque cerca de 2.500 compañeros vieron y difundieron un vídeo de contenido sexual.
Cuando, por fin, un medio reconoce a un agresor, hemos visto cómo ponen el foco en ella (‘Tres menores detenidos por abusar de una joven de 14 años ebria en Gandia’, ‘La joven de Bilbao violada por seis hombres había quedado con uno de ellos’)…
… o se le disculpa: ‘Una mente prodigiosa con mala cabeza: el caso del profesor de la USC Luciano Méndez’, profesor de la Universidad de Santiago suspendido por sus comentario sexistas sobre alumnas que El Correo Gallego entrevistó, mereciéndose el reproche del colectivo Xornalistas Galegas.
Lo de empatizar con el agresor lo vimos por aquí con el caso paradigmático de Oscar Pistorius, en 2013, y lo hemos visto también este año, cuando no han faltado los micros para los condenados por la agresión sexuales de Aranda de Duero, como por ejemplo en esta pieza: ‘Entrevista a uno de los condenados del Caso Arandina: ‘Pagamos las resacas de las demás manadas’‘.

Las mujeres políticas llevan ropa

El año de la múltiple cita electoral, con repetición de elecciones generales, que se celebraron primero el 28 de abril y luego el 10 de noviembre, ha dejado sutilísimos titulares (¿se nota la ironía?) sobre las mujeres políticas.
En este apartado hay un combo perfecto: mezcla El Mundo y las CUP y la cosa del machismo no falla. Así tenemos, sobre Mireia Vehí: ‘La madre de Mireia Vehí, la diputada de la CUP que se quitó el flequillo para ir al Congreso: ‘Le hace mucha ilusión’’, un titular hermano de ‘La vida reinventada (y sin flequillo) de Anna Gabriel’.
Para justificar sus chorradas, El Mundo que es muy cuqui, lo etiqueta como “famosos” y publica en su sección de petardeo: La Otra Crónica. No cuela, como tampoco cuela el de ‘Queremos mucho a la niña, pero no está para vicepresidenta’, referido a Irene Montero, portavoz de Unidas Podemos.
Fue la propia protagonista del titular, Carolina Bescansa, la que denunció este titular de El Economista‘El cambio radical de Carolina Bescansa cuesta casi 5.000 euros: blefaroplastia, rinoplastia y más’.
También en el contexto electoral, 2019 nos dejó este ejemplo de cómo las mujeres son viejas y ellos maduros: así, mientras Manuela Carmena “va contra el tiempo a sus 75 años”, el alcalde Paco de la Torre a la misma edad es “insustituible”.
Y, aunque esta selección de titulares da bastante grima, ninguno supera a ‘Díaz Ayuso enseña toda su entrepierna en su toma de posesión’, titular publicado en El Español y luego convertido en ‘El polémico vestido de Díaz Ayuso en su toma de posesión’.

Señoros

Va por delante un aviso: me he quitado de leer columnistas señoros. No, ya no me leo lo de los javieresmarías, prefiero leer las columnas de Edurne PortelaSilvia Nanclares o Sarah Babiker. Pero deben de seguir ahí. Desde luego ahí sigue Federico Jiménez Losantos, que cargó contra Ana Blanco, periodista que moderó uno de los debates previos a las elecciones del 10N.
Y peor que un columnista señoro, pero merecedor también de entrar con nombre propio a este museo de los horrores de 2019, es Javier Negre. El ¿periodista? ha tenido que rectificar este año por inventarse una entrevista a una supuesta víctima de torturas por parte de Sergio Morate, quien asesinó a su pareja y a una amiga de ésta en Cuenca en 2015. La joven nunca ofreció la entrevista y el caso pone al descubierto cómo la violencia de género en pareja es carne de cañón para algunos medios.
La violencia de género en pareja es carne de cañón para algunos medios.CLIC PARA TUITEAR

Mujeres solas, mujeres de, mujeres sin nombre

Todo lo anterior no podría existir sin los ejemplos que vamos a ver a continuación: titulares que invisibilizan y ridiculizan a las mujeres. Si hubiera una pirámide de la violencia machista mediática, en su base estarían titulares como los de este apartado.
Empecemos por un ejemplo tonto: ‘Histórico: dos mujeres caminarán solas el espacio’ donde “solas” viene a significar “sin hombres”.
Junto a este “mujeres solas” tenemos a las “mujeres de”, un clásico literario que este año hemos visto renovado gracias a Siri Hustvedt. Con un Premio Príncipe de Asturias en la mano y una impresionanre carrera como escritora, algunos medios se han referido a la novelista como “la mujer de”.
La misma lógica está detrás de ‘Una mujer gana por primera vez el premio ‘Nobel’ de Matemáticas’ y ‘Una lesbiana, nueva alcalde de Bogotá‘: la de no nombrar a las mujeres.
‘Letzia está de los nervios y no son los 47 años’ o ‘Laura Escanes abandona a su hija para irse de copas’ son otros ejemplos de la visión estereotípica de las mujeres que los medios apuntalan.
No puedo acabar sin mencionar un caso que he vivido de cerca desde la redacción de El Salto: el caso Infancia Libre, por el que varias madres que denunciaron abusos sexuales contra sus hijos e hijas han acabado señaladas por la Policía. Mientras se esclarecen los casos, muchos medios han encontrado en estas mujeres un blanco perfecto en el que descargar sus prejuicios y, así, mientras la justicia aun no ha dictado sentencia, a ellas ya las han señalado como “brujas secuestraniños” sin consecuencias. Lo explica mejor Sara Plaza.

Un apunte para acabar: en la colección de este año no hay ningún titular deportivo. Ojalá tampoco lo haya en 2020, año en que se celebran en Tokyo las Olimpiadas…
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Machismo y medios otro años…..


Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2019/12/machismo-y-medios-lo-peor-de-2019/ 
Sobre la autora: Es periodista con experiencia en prensa local y regional, máster en Estudios Interdisciplinares de Género, profe un rato, ayudante de producción de vez en cuando. Actualmente redactora de www.elsaltodiario.com y colaboradora de Pikara.


Para tener más información sobre la página y nosotrxs, nos puedes escribir al mail: ecofeminismo.bolivia@gmail.com

viernes, 3 de enero de 2020

El año de la lucha antipatriarcal

Antipatriarcado & Lucha social
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Victoria Padilla


Este año el movimiento social de mujeres y feminista encarnó la rebeldía, la fuerza y la valentía de todas las ancestras, para plantarse frente al capitalismo patriarcal con movilizaciones, canciones, performances, artes y consignas, con la certeza de que no hay vuelta atrás.

Las mujeres gritamos una vez más que no queremos "Ni una menos", que estamos decididas a denunciar, que no tenemos miedo porque estamos hartas de la impunidad. Además este año quedó manifiesta la fiereza con la que las mujeres de Nuestra América resisten los embates del machismo y del capitalismo patriarcal sobre la vida propia.

El movimiento de mujeres también confrontó el asedio de las burguesías nacionales y transnacionales a procesos políticos en los que ellas tienen un rol protagónico; como fue el caso de Bolivia donde las feministas comunitarias y muchas otras mujeres salieron a las calles a denunciar ante el mundo el Golpe de Estado.

Trabajo precario y violencia

Una de las consignas más resonadas de las mujeres obreras que les pague igual salario que el que reciben sus pares hombres; para nadie es un secreto que existe una brecha salarial y que generalmente ganan menos que los hombres.

Según el Ministerio de Trabajo, en el sector urbano los hombres ganan 17 por ciento más que las mujeres, y en el rural la diferencia llega a 45 por ciento; además a escala global la tasa de desempleo femenino es mucho mayor que la de los hombres, según el DANE, en noviembre de este año la tasa total del desempleo fue de 9,3 por ciento, el porcentaje de mujeres desempleadas fue del 12,2, mientras que la de los hombres llegó a 7,0 por ciento [1].

Esta cifra podría interpretarse como que uno de los costos para las mujeres de los planes de desarrollo impuestos por el régimen, en los que las mujeres están obligadas a buscar trabajos irregulares para sobrevivir y sostenerse económicamente, además de vincularse a trabajos cada vez más precarizados con altos índices de explotación y de exposición de sus vidas [2].

Según la pensadora feminista marxista Silvia Federicci:

“La crisis del empleo y del salario crea nuevas tensiones entre las mujeres y los hombres. Que las mujeres tengan más autonomía ha creado tensiones y un aumento de la violencia masculina. El hecho de que los hombres no tengan el poder económico y al mismo tiempo las mujeres reivindican una mayor autonomía ha creado formas de violencia masculina contra las mujeres que se pueden ver en todo el mundo” [3].

Participación política
Una de las demandas del movimiento feminista ha sido la de la paridad política, como una acción afirmativa a favor de las mujeres en todas las instancias de participación y decisión política, lo que sigue siendo una ardua pelea.

Hoy en Colombia menos del 20 por ciento de las curules en el Congreso son ocupadas por mujeres; más allá que la paridad garantice o no que las mujeres mandaten en favor de las mujeres del pueblo, es vital para garantizar que las mujeres no sólo puedan elegir sino también ser electas.

En las elecciones regionales del 27 de octubre; la confluencia de diversos sectores de mujeres y feministas de Medellín se agrupó en la Propuesta “Estamos Listas”, con la que logró elegir a una concejala de una lista integrada por sólo mujeres.

Nuestros cuerpos No se tocan, No se violan, No se matan

La guerra y la represión continúan agrediendo a las mujeres, las cifras en nuestro continente de feminicidios y violencias sexuales son alarmantes; también es terrible la persecución que sufren las defensoras de derechos humanos en México, Honduras y Colombia; además la represión contra las mujeres bolivianas, chilenas, ecuatorianas sigue siendo cruel, descarnada y brutal.

En Chile, han sido muchas las denuncias de agresiones sexuales a mujeres manifestantes e incluso de mujeres asesinadas a manos de los carabineros; en Bolivia, las mujeres del Movimiento Al Socialismo (MAS) han sido perseguidas, golpeadas y vilipendiadas por el hecho de no claudicar ni rendirse frente a la avanzada neo-conservadora y neo-colonial.

Según el Observatorio de Femicidios en Colombia durante el año 2018 ocurrieron 666 casos de femicidios; en Antioquia asesinaron 109 mujeres y en el Valle del Cauca 101, que son los Departamentos donde más matan mujeres, a los que se suman 232 casos de tentativa de femicidio, lo que suma 898 mujeres víctimas de la violencia patriarcal femicida.

Según el Boletín de agosto de este año, en este mes se presentaron en Colombia 57 feminicidios, para un acumulado entre enero y agosto de 396 feminicidios [4].

Para este Observatorio la categoría de feminicidio no solo denota al asesinato de una mujer en manos de su pareja o ex-pareja, ya que la en la mayoría de los casos los victimarios son desconocidos, por lo que sostienen que existe una guerra contra las mujeres producto de un sistema político y económico neoliberal.

El violador eres tú

Las denuncias al acoso y a la violencia sexual han seguido saliendo a la luz pública durante este año, la canción “Un violador en tu camino” del Colectivo de mujeres chilenas Las Tesis, desencadenó una gran oleada de performances y de mujeres que se sienten acompañadas entre ellas y decididas a decir “el violador eres tú”.

Durante las jornadas del Paro Nacional muchas mujeres cantaron y bailaron para tener voz y tomar el espacio publico con el objetivo de confrontar a una sociedad machista cómplice de la impunidad, de la violación y del asesinato a las mujeres.

La antropóloga Rita Segato plantea que: “La violación es un acto moral, moralizador, y eso es lo que la canción dice (…), quien viola es la autoridad, quien viola es el sujeto moral. El sujeto violador es el sujeto moral por excelencia y la violación moraliza, es decir, coloca a la mujer en su lugar, la atrapa en su cuerpo, le dice: más que persona, eres un cuerpo” [5].


Notas Bibliográficas



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“No hay economía ni tecnología ni política ni sociedad sin naturaleza y sin cuidados”

Entrevista a Yayo Herrero, antropóloga y activista
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Martín Cúneo
El Salto


Antropóloga, ingeniera, profesora y activista, Yayo Herrero se ha configurado como una de las principales defensoras en España del ecofeminismo, una teoría y una práctica que permite vincular opresiones y entender el mundo combinando las herramientas de la ecología social y el feminismo.
Declararle la guerra a quienes han declarado la guerra a la vida. El ecofeminismo es una teoría o conjunto de teorías que permite vincular diversas opresiones, pero también es un movimiento social, aunque según dice la activista Yayo Herrero, las “etiquetas” no son lo importante, sino “lo que hay de fondo”, es decir, “la defensa de la tierra y, por otro lado, un proceso emancipador de mujeres que se presentan y se configuran como agentes clave para defender y proteger la vida”.

Yayo Herrero, una de las principales activistas y pensadoras ecofeministas en el Estado esapañol, desgrana en esta entrevista la historia, el presente y el futuro de esta teoría que intenta vincular la ideas del feminismo y la ecología con una única misión: poner en el “centro lo que es necesario para sostener la vida”.

¿Qué tiene que ver la ecología con el feminismo?

El vínculo entre la ecología y el feminismo y su potencial diálogo tiene que ver con la pregunta de “qué es lo que sostiene la vida”. Y si nos preguntamos qué es lo que sostiene la vida tenemos que reconocer que somos seres radicalmente dependientes de un planeta tierra que tiene límites físicos y somos dependientes, además, de esos bienes fondo de la tierra que no son fabricados ni controlados a voluntad por los seres humanos. Esto quiere decir que no hay economía ni tecnología ni política ni sociedad sin naturaleza.
 Pero, por otro lado, los seres humanos también vivimos encarnados en cuerpos, en cuerpos que son vulnerables, en cuerpos que son finitos, en cuerpos que tienen que ser cuidados a lo largo de toda la vida y sobre todo en algunos momentos del ciclo vital, como puede ser la infancia, la vejez, los momentos de enfermedad o toda la vida en algunos casos de diversidad funcional. Lo que sucede es que a lo largo de toda la historia quienes se han ocupado mayoritariamente de los cuerpos vulnerables han sido y son mujeres, y no porque estemos mejor dotadas genéticamente para hacerlo, sino porque vivimos en sociedades que distribuyen de forma no libre, en el momento del nacimiento, en el que se te asigna determinado sexo, la tarea del cuidado.
Cuando nos planteamos qué es lo que sostiene la vida, topamos de forma directa con las reivindicaciones y con las luchas que han mantenido históricamente, desde hace mucho más tiempo el movimiento feminista en su afán de repartir, de desfeminizar los cuidados, de corresponsabilizar al conjunto social de la reproducción cotidiana y generacional de la vida de los seres humanos y las reivindicaciones del ecologismo.

Desde mediados de los 90 hasta ahora se han producido, especialmente en América Latina, pero también en África o India, una serie de luchas ambientales protagonizadas por mujeres. ¿Se puede ser ecofeminista sin saberlo?


La verdad es que asignar la etiqueta de ecofeministas a las luchas sinceramente me da igual. Lo que me interesa es ver lo que hay de fondo y lo que reclaman todas estas luchas. Igual que hay ecologismos que no se reclaman como ecologismos, lo que según Martínez Alier son los ecologismos del sur o los ecologismos de los pobres. Hay muchísimas luchas lideradas por mujeres que no se han reivindicado como ecofeministas, pero en esas luchas sí se presenta, por un lado, la defensa de la tierra y, por otro lado, un proceso emancipador de mujeres que se presentan y se configuran como agentes clave para defender y proteger la vida. En ese sentido, se llamen como se llamen sí que encontramos un nexo y un vínculo y una complicidad con todas esas luchas.
Las madres o incluso las abuelas de estas mujeres habían liderado un movimiento también de defensa de la vida, pero la vida de sus familiares, de sus hijos, de sus nietos desaparecidos por las dictaduras. ¿Qué vínculo hay entre esa generación de defensoras de la vida y las actuales? 

Nosotras nos consideramos aprendices y conectadas por una genealogía con todas esas mujeres. Cuando miramos a las Madres de la Plaza Mayo y nos encontramos con mujeres que empiezan a entrar de despacho en despacho en una de las dictaduras más sangrientas que hemos conocido, reclamando la aparición de sus hijos desaparecidos, lo que estamos viendo muchas veces son mujeres que, a partir de la tarea del cuidado, a partir de un rol tradicionalmente despreciado y subordinado como es el de ser madre, de repente son capaces de combatir una dictadura más feroces que hay en el mundo. Muchas de las mujeres que están luchando contra el extractivismo o muchas de las mujeres que están luchando por respirar un aire que se pueda respirar son también mujeres que están confrontando con intereses muy importantes poniendo en el centro lo que es necesario para sostener la vida. Hay un hilo de continuidad en todas esas formas de defensa de lo que es importante para continuar vivos y vivas.

Para una comunidad afectada por una mina o por un accidente como el de Bhopal parece bastante claro para qué puede servir el ecofeminismo, pero una sociedad urbana ¿en nos puede ayudar esta mirada del mundo?

La sociedades occidentales y urbanas también tienen una parte importante de luchas que son ecofeministas o que tienen rasgos de ecofeminismo. Por ejemplo, es impresionante, cómo hemos encontrado conexiones importantes y una sintonía importante con todos los movimientos en defensa de la vivienda. Defender tu vivienda es lo más parecido a defender el territorio próximo en el marco de la sociedad urbana, porque defender tu vivienda no es defender solamente las paredes donde cocinas, duermes o mantienes relaciones sexuales, sino también es defender un espacio que te conecta con el territorio próximo, es mantener los vínculos vecinales, mantener la pertenencia al barrio en el que estás. Pero, además, tenemos luchas que tienen que ver con la calidad del aire, que tienen que ver con detener las olas de calor, por ejemplo, que se producen en el entorno urbano con el cambio climático.
También dentro del espacio semiurbano estamos conociendo algunas luchas contra el extractivismo, por ejemplo, la plataforma contra la mina de cobre que está pegada a Santiago de Compostela, las minas de litio en Cáceres... todas esas luchas son luchas que se conectan con las otras y que están mayoritariamente protagonizadas por mujeres. En esas plataformas hay montones de mujeres. Si a esto le añadimos todo lo que tiene que ver con la contaminación química, los productos que son disruptores endocrinos o alteradores hormonales que afectan en mayor medida al cuerpo de las mujeres y, cuando no, afectan a las personas más pequeñas o a las más mayores, que son cuidadas mayoritariamente por mujeres, vemos que en realidad hay muchas luchas.
Además, y por encima de eso, poder solidarizarnos con las mujeres que luchan contra los extractivismos en el sur global, que luchan contra la incidencia de un sistema y un modelo extractivista brutal capitalista y depredador, racista y colonial, depende mucho del cambio de los hábitos de consumo y las miradas. Aquí depende de frenar el TTIP, depende de frenar el CETA, el TiSA y depende de poner freno a esas políticas también muchas veces protagonizadas por empresas del Ibex35 que están masacrando la vida de otras mujeres. No hay solidaridad feminista sin esos movimientos aquí que tratan también de frenar y proteger lo que hay allí.

Con esta defensa que se hace de la figura de la “madre coraje”, de la mujer defensora de la vida y de sus hijos, del medioambiente y de la salud, ¿no se enquistan estos roles que el patriarcado reserva a las mujeres?


Claramente. Si el planteamiento es darle palmaditas a las mujeres en las espaldas —“¡Qué bien cuidáis la vida!”— sin que se produzca ningún tipo de proceso emancipador, sobre todo sin que se produzca una corresponsabilidad en el cuidado de los cuerpos que sean asumidas por personas, por hombres, por mujeres, que se definan como se definen, que no las asumen las instituciones, si no las asumen las comunidades, pues estamos haciendo una política de defensa de la vida, pero que sigue con cargo fundamentalmente al cuerpo de las mujeres. Es decir, esa redistribución de las obligaciones que comporta tener cuerpo y ser especie, esa desfeminización del trabajo de cuidados sobre cuerpos sobre todo femininos es absolutamente clave.


Fuente: https://www.elsaltodiario.com/ecofeminismo/entrevista-yayo-herrero-econom%C3%ADa-tecnolog%C3%ADa-pol%C3%ADtica-sociedad-naturaleza-cuidados



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jueves, 2 de enero de 2020

Pamplona, Manresa y Arandina, tres sentencias que marcan la pauta en violencia sexual para 2020

Consentimiento sexual
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Marisa Kohan
www.publico.es

El nuevo año arranca con un compromiso entre PSOE y UP para desterrar el machismo de los tribunales reforzando la formación de jueces y modificando las leyes para que 'solo un sí sea un sí' y lo demás se considere una violación. Tres sentencias emitidas en 2019 por diversos tribunales han sido claves para impulsar dichos cambios.

 El nuevo año arranca con un compromiso claro y explícito entre el PSOE y Unidas Podemos para avanzar en temas clave sobre feminismo cuando se forme Gobierno. Entre ellos dos que la sociedad viene reclamando con fuerza desde que se iniciara el juicio contra los cinco integrantes de La Manada de Pamplona y que han sido largamente postergados, entre otros motivos por las reiteradas convocatorias electorales: una reforma del código penal que aclare los delitos contra la libertad sexual, y la obligada pero aplazada formación en perspectiva de género de todos los integrantes del sistema judicial.

Si 2018 terminaba con una propuesta legislativa para que cualquier comportamiento sexual sin consentimiento por parte de una mujer fuera considerado violación y tuviera pena de cárcel (lo que no llegó a aprobarse ni debatirse), este 2019 acaba con miles de mujeres pidiendo en las plazas de todo el mundo que se deje de poner el foco en el comportamiento de las mujeres a la hora de juzgar su comportamiento en las violencias sexuales con el canto de "El violador eres tú, iniciado por las mujeres chilenas.

"Que la culpa no era mía, ni en dónde estaba, ni cómo vestía", resumió con tanta fuerza y precisión lo que millones de mujeres sufren a diario en todo el mundo, que su grito resonó en calles, plazas, avenidas y parlamentos de los cinco continentes. Pero también, y especialmente, ante los tribunales de justicia, una de las instituciones en donde la persistencia de estereotipos de género, prejuicios y mitos acaban revictimizando a las mujeres y poniendo sobre ellas el escrutinio de las acciones y los comportamientos, en lugar de hacerlo sobre el de los agresores. 
En nuestro país, en tan sólo seis meses de 2019, los que van de junio y noviembre, tres sentencias sobre agresiones sexuales en grupo de tres tribunales distintos han copado la actualidad informativa y el debate público. Tres sentencias muy diferentes que volvieron activar la petición por parte de juristas y expertos, pero sobre todo de la ciudadanía, sobre la necesidad conseguir una justicia menos machista y que esté formada en perspectiva de género. También la urgencia de acometer cambios legislativos que aclaren la tipificación de los delitos contra la libertad sexual en el Código Penal, para que se tenga en cuenta el consentimiento explícito de la víctima y no se basen, como en la actualidad, en la violencia o la intimidación que se ejerce contra ellas. 
Este lunes, el acuerdo de Gobierno alcanzado entre PSOE y Unidas Podemos, se vuelve a comprometer con el impulso de muchas de estas medidas: reformar las leyes para blindar que sólo un "sí sea sí", y para garantizar que la falta de consentimiento se entienda literalmente "que, si una mujer no dice SÍ, todo lo demás es NO". Esta interpretación está contenida en el Convenio de Estambul, un tratado fundamental de derechos humanos ratificado por España en 2014 y que por tanto es parte de nuestro ordenamiento jurídico, pero que no se aplica en la práctica. Esta medida también está recogida en el Pacto de Estado contra la violencia machista que aprobó el Congreso de los Diputados en septiembre de 2017. 

El Supremo corrige la sentencia de 'La Manada'

En abril de 2018, la sentencia de la Audiencia de Navarra que condenó por abuso sexual y no por violación a los cinco integrantes de la conocida como La Mandada de Pamplona, disparó movilizaciones sociales sin precedentes en nuestro país y en el mundo entero. Éstas ya habían arrancado cuando la Audiencia aceptó como prueba un informe elaborado por un detective privado pagado por uno de los acusados, que hurgando en la vida posterior de la víctima, intentaba demostrar que ésta no se comportaba como una víctima de violencia sexual ni tenía las secuelas esperadas. La sentencia dictada por la Audiencia generó tal malestar social, que el entonces ministro de justicia del PP, Rafael Catalá, pidió a un grupo de expertos una propuesta de modificación de los delitos contra la libertad sexual en el Código Penal.
En junio pasado el Tribunal Supremo cerraba el caso de La Manada de Pamplona. Tras dos sentencias de instancias inferiores que sólo vieron abuso sexual, el alto Tribunal entendió que los hechos probados en la sentencia relataba una violación en toda regla, en la que existieron dos componentes básicos que los tribunales inferiores no habían tenido en cuenta: la "intimidación ambiental" y la "cooperación necesaria", es decir, que no se debieron juzgar los hechos como un único delito continuado, sino como una  pluralidad de agresiones, lo que hubiera obligado a considerar a La Manada como autores y partícipes de múltiples delitos de agresión sexual. Esto, que hubiera incrementado las penas de forma considerable, no podía ser corregido por el Supremo en el recurso de casación, por lo que el alto Tribunal se limitó a incrementar la penas de cárcel de nueve a 15 años por violación.
No hubo grandes novedades. El Supremo ya había sentado jurisprudencia sobre estos aspectos, por lo que la sentencia, para diversas expertas consultadas por Público a lo largo de esos días, "puso las cosas en su sitio". Esta sentencia confirmó, según dichas fuentes, dos cosas: que se es imprescindible una amplia formación en perspectiva de género para jueces, juezas y demás actores de sistema de justicia, y que es imprescindible una reforma legal que clarifique el concepto de violación y que éste se acerque a lo que la ciudadanía entiende por dichos delitos.

'La Manada de Manresa' vuelve a encender las alarmas

Sólo cuatro meses después de esta sentencia del Supremo, otra de la Audiencia de Barcelona volvió a poner el tema del consentimiento en el debate público. En su sentencia sobre la conocida como Manada de Manresaestableció que la violación por turnos a una niña de 14 años no constituyó un delito de agresión sexual sino de abusos, y condenó a penas de entre 10 y 12 años de cárcel a cinco de los seis procesados. 
El tribunal descartó en la sentencia la tesis de la Fiscalía de que los procesados se valieron de su superioridad numérica y el estado de ebriedad de la víctima para intimidarla y agredirla sexualmente. En cambio, concluye que se trata inequívocamente de un delito de abusos sexuales no consentidos al "quedar demostrado" que la víctima estaba inconsciente y "sin poder determinarse y aceptar u oponerse a las relaciones sexuales", por lo que descarta el delito de agresión sexual (violación) al no apreciar violencia o intimidación en esos hechos.
A pesar de que los hechos probados recogen que existieron quejas por parte de la víctima en diversos momentos de la agresión, éstos no fueron tenidos en cuenta a la hora de determinar que se trató de una violación que no contó con el consentimiento expreso de la menor. Diversos expertos y juristas consultados por Público sobre la sentencia, resaltan el hecho de que en los juicios por violencias sexuales se tiene más en cuenta el comportamiento y el estado de las víctimas, que las acciones de los agresores
"El delito contra la libertad sexual es uno de los pocos en donde el examen que se hace de la conducta de la víctima es más intenso y extenso que el que se hace de los acusados. Parece que para la calificación del delito diera igual lo aberrante que haya sido la conducta de los delincuentes, pero si la actuación de la víctima no intachable o prototípica se puede poner en entredicho toda la construcción del delito. Esto sigue pasando. Se sigue valorando de forma distinta a determinadas víctimas ante distintos delitos y es lo que tenemos que empezar a cambiar, porque se trata de puros prejuicios y estereotipos de género", afirma Carla Vallejo, penalista y portavoz de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE).
Para algunas expertas, el simple hecho de cambiar el Código Penal, no es suficiente. Así lo afirma la jurista Tania Sordo para la que "un cambio legislativo como el que se ha propuesto por el Gobierno en la pasada legislatura para clarificar los delitos contra la libertad sexual es importante pero no suficiente. "Es imprescindible que estos cambios vayan acompañados de una formación en profundidad en perspectiva de género, en estándares internacionales y en una formación específica sobre violencia sexual a todos los operadores jurídicos. Si el cambio legislativo no va a acompañado de esta formación, la experiencia de otros países nos muestra que la interpretación que se haga de las leyes va a continuar estando basada en estereotipos y prejuicios, que lo que hacen es juzgar a las víctimas, reducir las condenas o absolver a los presuntos violadores".

'La Arandina' aplica la jurisprudencia

Este mes de diciembre, la sentencia de la conocida como "Manada de la Arandina" marcó una línea muy distinta a la sentencia de Manresa. En ella, la Audiencia de Burgos aplica a pies juntillas las principales jurisprudencias emitidas por el Tribunal Supremo en los últimos años, y que recordó en la sentencia de La Manda de Pamplona. Así el tribunal condena a los tres acusados a penas que suman en total 114 años de prisión por considerar que violaron a una menor de 15 años utilizando la "intimidación ambiental" y entender que cada uno de ellos es responsable de sus propias penetraciones, así como cooperadores necesarios de las de todos sus compañeros. 
Por estos delitos, la Audiencia los condenó a 14 años de prisión por sus propios delitos y a 24 por la participación en los delitos de los demás, lo que supuso una condena para cada uno de 38 años de prisión.
Para diversas expertas consultadas, esta sentencia supone, por fin, la aplicación en tribunales inferiores al Supremo de la jurisprudencia que éste ha venido reflejando en los últimos años en diversas sentencias y supone un mensaje contundente "que servirá para prevenir futuras violaciones grupales".
"Durante años, muchas juristas veníamos reivindicando la aplicación de este concepto como una forma de valorar las agresiones sexuales, porque no se estaba aplicando en tribunales inferiores al Supremo. Esta intimidación ambiental supone una manera de explicar aquellas situaciones en las que por el mero hecho de estar, un grupo de personas genera una situación de indefensión a la víctima que ve mermada su capacidad de defensa, hasta el punto de imposibilitar su capacidad de defenderse", Lucía Avilés, portavoz de la Asociación de Mujeres Juezas de España.
Sin embargo la sentencia de La Arandina vuelve mostrar la necesidad para algunas juristas, de revisar no sólo la tipificación de los delitos penales en el Código Penal, sino además, revisar si las penas están lo suficientemente ajustadas.
"Esto es lo que se venía pidiendo en la reforma del Código Penal: que se revisaran tanto los tipos como las penas en las agresiones sexuales. No para que se aumentaran o se disminuyeran, sino para que fueran proporcionadas. Porque a veces puede haber deficiencias en un sentido y en otro. Es tan negativo el exceso como el defecto para prevención. No estoy diciendo que ésta [la de Arandina] sea excesiva, tenemos que mirar con calma la sentencia, pero entiendo que llame la atención", comentó Esther Erice, coordinadora de la Comisión de Violencia de Género de Jueces y Juezas para la Democracia (JJPD).

Juzgar sobre el consentimiento, no sobre la violencia

Los principales tratados internacionales que firmados por España en materia de derechos de las mujeres establecen la necesidad de juzgar los delitos sexuales en función de la existencia o no de consentimiento explícito de la víctima y no en función de la intimidación o la violencia que se ejerce sobre ésta. Así lo hace el Convenio de Estambul, ratificado por nuestro país hace ahora cinco años y el Convenio de antidiscriminación de Naciones Unidas (CEDAW por sus siglas en inglés). Dos convenios internacionales que al ser ratificados por nuestro país son parte de la jurisdicción de nuestro país, aunque raramente se apliquen.
También el Pacto de Estado contra la violencia de género aprobado por mayoría de todos los grupos de Congreso en septiembre de 2017 establece este cambio de perspectiva. 
La realidad es que sólo una decena de países europeos definen la violación en relación al consentimiento de la víctima, y España no se encuentra aún entre ellos. Esto supone que la víctima necesita poder demostrar que durante la agresión existió intimidación o violencia, requisito indispensable para que se aplique el tipa penal de agresión sexual (violación). Este proceso, tal como han repetido hasta la saciedad diversos expertos juristas, acaba poniendo el foco en el comportamiento de la víctima y no en el de los agresores. 
Tal como recordó un grupo de expertos formado por varios relatores especiales y miembros del Consejo de Derechos Humanos  de Naciones Unidas el pasado 25 de noviembre, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Violencia contra la mujer, "los sistemas de justicia penal que definen la violación basada en el uso de la fuerza a menudo requieren evidencia de que el perpetrador usó la coerción y la víctima no pudo defenderse. Esto obliga a la mujer a demostrar que se resistió al abuso, y si no puede hacerlo, el violador sale libre mientras la víctima queda estigmatizada".

Protesta contra la primera sentencia de 'La Manada' de Pamplona / Foto: Kai Forsterling




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miércoles, 1 de enero de 2020

Feminismo comunitario: Una respuesta al individualismo

Comunitaria & Individualismo


Rocío Sánchez
www.jornada.com.mx

Las mujeres son la mitad de cada pueblo. Pareciera una obviedad demográfica, pero la sentencia de la que parte Julieta Pareces, boliviana aymara precursora del feminismo comunitario, no es gratuita. Una premisa de esta corriente es que ambos elementos, tanto las mujeres como la comunidad, pueden estar –y lo están– en todas partes, desde espacios rurales hasta ciudades, escuelas, grupos ideológicos y de amistad, y que en todos estos espacios se puede luchar por los derechos de las mujeres.

El Día Internacional de la Mujer, que en su origen fue una fecha de protesta política por la opresión de las mujeres, hoy corre el riesgo de ser “suavizado” por grandes marcas comerciales y algunos medios de comunicación que buscan convertirlo en una celebración.
 
Hay mujeres, incluso, que cuestionan la necesidad de la existencia del feminismo en la actualidad, pues consideran que la igualdad de derechos y oportunidades ya está conseguida, que todo lo demás es una exageración.
 
“Para empezar, eso se dice desde un lugar de privilegio”, reflexiona Fabiola Domenique, integrante de la Colectiva de Gafas Violetas, grupo feminista de la ciudad de México. “Si tú no percibes la desigualdad que todavía existe es porque tal vez eres una persona de clase media, que pudo ir a la escuela, pero no te estás dando cuenta de que no todas las personas viven así”.
 
En charla con Letra S, Fabiola menciona que existe un “velo de igualdad”, es decir, la ilusión de que “porque ya estamos en los mismos espacios, porque nos dejan votar (como si eso realmente tuviera un impacto político), ya somos iguales”. Subraya que “no vemos que hay un techo de cristal; es cierto que somos muchas en las escuelas, pero cuanto más alto te vayas en escalas de poder, cuanto más alto sea el puesto para tomar decisiones, va habiendo más y más hombres”.
Si el patriarcado se reinventa, el feminismo también
El feminismo en general se ha caracterizado por buscar deconstruir el sistema social, pues considera que está basado en una desigualdad entre hombres y mujeres y que coloca a éstas en una situación de inferioridad frente a ellos. Sin embargo, entre los prejuicios más comunes acerca de esta corriente de pensamiento están que lucha “contra los hombres”, que los considera la fuente de todos los problemas de las mujeres y que –también se ha dicho– persigue su eliminación.

Las feministas aclaran que no buscan deshacerse de los hombres, sino del sistema patriarcal o patriarcado. Alda Facio, jurista feminista, en su artículo “Feminismo, género y patriarcado”, define a éste último como: “Un sistema que justifica la dominación sobre la base de una supuesta inferioridad biológica de las mujeres. Tiene su origen histórico en la familia, cuya jefatura ejerce el padre y se proyecta a todo el orden social”.

La activista costarricense agrega que “existen también un conjunto de instituciones de la sociedad política y civil que se articulan para mantener y reforzar el consenso expresado en un orden social, económico, cultural, religioso y político, que determina que las mujeres como categoría social siempre estarán subordinadas a los hombres, aunque pueda ser que una o varias mujeres tengan poder, hasta mucho poder, o que todas las mujeres ejerzan cierto tipo de poder como lo es el poder que ejercen las madres sobre los y las hijas”.

En el caso del feminismo comunitario, esa definición de sistema opresor se lleva también al plano del sistema económico imperante, como en el caso del neoliberalismo y del capitalismo. Es decir, el capitalismo también representa al patriarcado, así como lo encarnó la conquista de los pueblos indígenas originarios del continente americano.

Pero ¿qué es el feminismo comunitario?
Esta corriente del feminismo se autodefine como un movimiento sociopolítico y se centra en la necesidad de construir comunidad. Al haberse originado en Bolivia y contar con un fuerte componente indígena, podría pensarse que al hablar de comunidad se refiere al ámbito rural, pero no es así. Julieta Paredes, a quien se atribuye su creación, en su libro Hilando fino desde el feminismo comunitario, comenta que comunidad es un “principio incluyente que cuida la vida”, y es el espacio donde conviven las personas.

“La comunidad se puede realizar desde cualquier lugar del mundo, porque las mujeres somos la mitad de cada pueblo y porque cada feminismo comunitario que se está creando en cada lugar tiene su historia”, explica Evelyn Rodríguez, otra de las integrantes de la Colectiva de Gafas Violetas.

Su compañera de grupo, Fabiola, recuerda que el feminismo no es uno solo, que hay diversas expresiones de él y que éstas surgen porque a pesar de que el objetivo que se busca es similar, “no se está de acuerdo en cómo llegar ahí”. Además, esas expresiones difieren en la expresión del patriarcado que oprime a las mujeres en distintos lugares y contextos. “Y porque las luchas son distintas, no pueden aplicar los mismos métodos y formas en el norte político, en Europa, que aquí en el sur político, en América Latina”.

Al hablar de comunidad, entonces, según Julieta Paredes, se habla de las comunidades urbanas, rurales, religiosas, deportivas, culturales, políticas, de lucha, territoriales, educativas, de tiempo libre, de amistad, de barrio, generacionales, sexuales, agrícolas, escolares, etcétera. “Es comprender que de todo grupo humano podemos hacer y construir comunidades; es una propuesta alternativa a la sociedad individualista”.

Sobre esto último Fabiola y Evelyn precisan en entrevista que, aunque el feminismo comunitario sí es un proceso individual (es indispensable que la mujer se asuma feminista para involucrarse en la lucha), la suma de estos procesos es lo que permitirá crear comunidad y de esa forma combatir el individualismo.
Pensar desde el propio lugar
Para Evelyn Rodríguez, la existencia del feminismo comunitario es importante porque las mujeres de Latinoamérica deben crear su propia lucha. A este territorio prefieren llamarlo Abya Yala, que es el nombre que el pueblo kuna, de Panamá y Colombia, le dio al continente americano antes de la conquista de los europeos.

“Nosotras no somos hijas de la Ilustración”, señala. “Existe un feminismo creado en Europa desde la Revolución francesa, pero el feminismo de Occidente no vino a darnos ese don de ser capaces de analizarnos, de confrontar nuestra realidad como mujeres”. De hecho, ya en 1781, en La Paz, Bolivia, Gregoria Apaza y Bartolina Sisa peleaban junto a los reconocidos líderes incas Túpac Katari y Túpac Amaru, tomando decisiones políticas y militares; esto fue antes de que la francesa Olympe de Gouges escribiera la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana (1791).

De esta manera, desde el territorio mesoamericano, el pensamiento feminista comunitario contempla cinco ejes de acción.

El primero es el cuerpo, al cual debe verse como una unidad (energética, sensible, espiritual, sensorial) y no separar el alma del cuerpo, como propuso la cultura europea colonizadora. En Hilando fino…, Julieta Paredes sostiene que las mujeres “queremos mirarnos al espejo y amar nuestras formas corporales, nuestros colores de piel y los colores de nuestros cabellos, porque estamos hartas de una estética colonial de lo blanco como bello, (que es) parte del culto a la apariencia que el neoliberalismo implantó”.

El segundo eje es el espacio, entendido como “un campo vital para que el cuerpo se desarrolle”. Puede tratarse de la calle, la tierra, la casa, la escuela, el barrio; es donde se hace la vida comunitaria. Puede ser tangible, como los ya mencionados, o intangible, como el espacio político o cultural.

El tercero es el tiempo. Se concibe que la vida “corre gracias al movimiento de la naturaleza y los actos conscientes”, y que es percibida como tiempo. En este concepto, Paredes distingue entre lo que el patriarcado considera el “tiempo importante”, que es donde se ubican los hombres, y el “tiempo no importante”, donde las mujeres desarrollan sus actividades, principalmente las más tediosas y repetitivas como las tareas del hogar, y también otras fundamentales como el cuidado de otros hombres y mujeres de la comunidad.

El cuarto eje de acción es, precisamente, el movimiento, donde se clasifican la organización y las propuestas políticas. “El movimiento nos permite construir un cuerpo social, un cuerpo común que lucha por vivir y vivir bien”, dice la feminista boliviana. También considera importante hablar del movimiento en cuanto a que permite la relación entre mujeres de unas comunidades y otras, así como las mujeres de comunidades y las instituciones.

El quinto eje es la memoria, que es vista como el camino ya recorrido por las antecesoras, las abuelas, “savia de raíces de las cuales procedemos”. Sin embargo, las feministas comunitarias tienen muy claro que el precolombino no era un mundo idílico para las mujeres, ya que el patriarcado también existía entonces. Al encuentro y la suma de la opresión precolombina y la opresión europea contra las mujeres, Paredes la denomina “entronque patriarcal”.
Seguir construyendo
Esta corriente del feminismo apuesta por la memoria, la identidad y la comunidad. Actualmente, dice Evelyn, hay feministas comunitarias en Oaxaca y Chiapas, creando comunidad desde sus campos de acción: unas son maestras, otras son mujeres indígenas. También en el Distrito Federal se forman grupos, como el convocado por Yan María Yaoyólotl Castro, lesbiana feminista de larga trayectoria en diversas luchas sociales del país.

Para las jóvenes citadinas universitarias como Evelyn, Fabiola y muchas de sus compañeras en la Colectiva de Gafas Violetas, la apuesta es la misma: los feminismos (el comunitario, el lesbofeminismo, el anarcofeminismo y otros) como postura política.
Apenas están por cumplir un año de su conformación, pero tienen claro que están dispuestas a trabajar para terminar con la sociedad patriarcal y vivir desde la congruencia. “No quiere decir que nosotras seamos perfectas”, explica Domenique, “todas las personas hemos sido criadas en una sociedad patriarcal, pero lo importante es avanzar y deconstruirnos”.

Está consciente de que es un proceso que tomará tiempo: “yo me voy a morir y el mundo va a seguir patriarcal; sabemos que es un cambio que no vamos a ver en diez años, pero eso no quiere decir que no valga la pena”.






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