RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

lunes, 3 de septiembre de 2018

«Insinuaciones sexuales» en los campos de fresas


Por Victor Arrogante
Parece que el término «abuso» no se quiere ni mencionar, incluso por la Guardia Civil, que en sus atestados, prefiere utilizar «insinuaciones sexuales».
Por Víctor Arrogante
Los campos de fresa de Huelva no dejan de sorprender. No solo se producen abusos en el ámbito laboral, sino también abusos sexuales denunciados por las trabajadoras marroquíes, que pasan la temporada en España recolectando el fruto rojo. Parece que el término «abuso» no se quiere ni mencionar, incluso por la Guardia Civil, que en sus atestados, prefiere utilizar «insinuaciones sexuales».
El «caso Doñana 1998», ha llegado a la Audiencia Nacional. Y está pendiente a que el juez Pedraz investigue un presunto delito de trata de personas, amparado por el Acuerdo para la Contratación en origen suscrito entre los reinos de España y Marruecos. Según las revistas La Mar de Onuba y Confidencial Andaluzagentes del cuerpo benemérito, colaboraron activamente con la empresa almonteña, en la repentina e improvisada devolución de más de cien trabajadoras en la mañana del 3 de junio. Más de un centenar de mujeres tenía decidido presentar una denuncia ante la Inspección de Trabajo al día siguiente, y, de hecho, habían dejado constancia con nombres, apellidos y número de pasaporte, en una denuncia presentada en el cuartelillo de Almonte por los abogados de la Asociación de Usuarios de la Administración de Justicia (AUSAJ). Al final, sólo 10 de las temporeras lograron quedarse en España. Permanecen en una casa de acogida facilitada por el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as en una localidad de Málaga.
La actuación de la Guardia Civil el 3 de junio, en los aledaños de la finca Doñana 1998, responde a los acuerdos entre España y Marruecos en 2001. Los trabajadores contratados en origen obtienen un permiso de residencia en España condicionado a sus contratos de trabajo. Cuando las empresas deciden dar por finalizados los contratos, los permisos quedan anulados y las trabajadoras están obligadas a regresar a su país. Evitar permanencias ilegales sería la función de la Guardia Civil. En cualquier caso, lo que los letrados de AUSAJ no logran entender, es cómo los propietarios de la finca accedieron al listado de las trabajadoras que iban a denunciar el lunes 4 ante la Inspección de Trabajo, que solo tenía la Guardia Civil. No es la única actuación de los agentes de la Benemérita que queda en entredicho en la denuncia ante la Audiencia Nacional.
Según consta en la demanda que tramita Santiago Pedraz, dos días antes de los hechos, los abogados de AUSAJ comparecieron para denunciar a la empresa Doñana 1998 ante la Guardia Civil de Almonte. Desde un primer momento, los abogados notaron «suma desconfianza ante nuestro intento de denunciar». Mientras, la letrada Luján comparecía para documentar la denuncia, se produjo una manifestación espontánea de las trabajadoras, quejándose de su situación: «Doñana no», entregando un listado con más de cien nombres de personas a las que querían denunciar.
El agente policial actuante en Almonte, TIP num. S78937W, mantuvo desde el principio una postura de resistencia, de oposición frontal hacia las denunciantes y especialmente frente a la abogada Belén Luján. Nunca antes la letrada había visto un comportamiento tal. Hubo que romper las declaraciones, pues lo reflejado por el agente era totalmente distinto a lo manifestado por las denunciantes. Se estaban desvelando verdaderas agresiones sexuales, mientras el agente se empeñó en calificar de «insinuaciones». Se ponían en su conocimiento hechos de suma gravedad, como el intento de expulsión por la fuerza de trabajadoras o la explotación de toda índole sufrida, pero el guardia se negó a recogerlo en las declaraciones.
La Mar de Onuba y Confidencial Andaluz han solicitado a la Subdelegada del Gobierno en Huelva, Manuela Parralo, una valoración sobre lo sucedido en el cuartelillo de Almonte, cuando se denunciaron los hechos. El Gobierno rechaza investigar las graves acusaciones contra la Guardia Civil de Almonte, la Subdelegada utiliza el capotillo de que «los hechos están judicializados y el gobierno nada tiene que decir», aunque no hay una demanda expresa contra los agentes de la Benemérita.
El «caso Doñana 1998» estalló cuando un grupo de mujeres marroquíes contratadas en origen por la empresa almonteña, iniciaron una revuelta para exigir el cumplimiento de lo acordado en sus contratos. La manifestación y posteriores denuncias tuvieron lugar dos semanas después de que las revistas digitales mencionadas, a través de los artículos de Echevarría, dieron cobertura de la investigación Rape in the fields, publicado por Pascale Mueller y Stefania Prandi en Corrective y BuzzFeed News, en cuyo reportaje, realizado durante los años 2016 y 2017, se contaba la situación laboral y personal de las mujeres jornaleras en campos de España, Italia y Marruecos. Yo mismo me hice eco de la situación en el artículo «O te dejas o te quedas sin fresas».
En los artículos de Echevarría, se recoge el relato de la abogada de AISAJ Belén Luján, que representa a las 10 temporeras marroquíes, que denuncian ante la Audiencia Nacional las graves violaciones de sus Derechos Fundamentales por parte de la empresa Doñana 1998. En el texto de la denuncia, se exponen las dificultades que miembros del cuerpo armado pusieron, tanto a la letrada como a las propias trabajadoras, para dejar constancia de lo que realmente había sucedido. La demanda asegura que el agente se negó a hacer constar, en la denuncia por acoso sexual, otra denominación que no fueran «insinuaciones sexuales», como se puede comprobar en la denuncia, cuya copia se encuentra en poder de la Subdelegación del Gobierno (otra obra en mi poder).
El agente TIP S78937W, no recoge las declaraciones de la mujer trabajadora que había sido acosada en «numerosas ocasiones». El agente escribe en el atestado que: «PREGUNTADA para que diga en qué han consistido las insinuaciones sexuales», la trabajadora contesta que desde el día que llegó a trabajar fue víctima de tocamientos en los pechos y los genitales por parte de su agresor. Según el relato de la trabajadora, «el Antonio le propuso que se prostituyera, y le decía gesticulando que 50 euros son mejores ganarlos de esa forma». A pesar de ello, y en contra de lo que la propia abogada Belén Luján le reclamaba, el agente se negó a hacer constar que la trabajadora quería denunciar a D. Antonio por acoso sexual, y desoyendo a la letrada, reflejó en el atestado que la denuncia se presentaba por meras «insinuaciones sexuales».
Del «O te dejas o te quedas sin fresas» a las «insinuaciones sexuales». Las trabajadoras marroquíes de la fresa están sometidas a los abusos constantes de las empresas, con la connivencia de determinados miembros de la Guardia Civil, mientras que el Gobierno se escuda en que el tema está judicializado sin estarlo y mira para otro lado.
El oro rojo conlleva el sudor, la explotación, los abusos, las duras condiciones de trabajo y de vida de decenas de miles de trabajadoras marroquíes. Algo huele a podrido al amparo del fresón, y parece que el Poder o lo promueve o lo oculta.
Víctor Arrogante
En Twitter @caval100



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Las mutuas deberán reconocer las enfermedades profesionales de las “Kellys”

Por Prensa
Gobierno, agentes sociales y comunidades autónomas han acordado la inclusión de dolencias propias de las camareras de piso.
Gobierno, agentes sociales y comunidades autónomas han acordado este jueves el inmediato reconocimiento por parte de las Mutuas a las camareras de piso de enfermedades profesionales como el síndrome del túnel carpiano, la bursitis y la epicondilitis o “codo del tenista”. Esta ha sido hasta ahora una de las históricas reivindicaciones del colectivo conocido como “Las Kellys”, con motivo del cual, entre otros, organizaron una serie de manifestaciones la semana pasada.
Así lo han confirmado en sendos comunicados tanto el Ministerio de Trabajo, como el sindicato CCOO o el Ejecutivo canario, en los que han difundido que en la reunión de la mesa por la calidad del empleo en la hostelería el ministerio emisitirá “inmediatamente” una instrucción de la Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social con esta orden a las Mutuas.
Será el primer paso mientras se modifica el Real Decreto 1299/2006 que regula el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social para incluir las propias del colectivo de camareras de piso, como el síndrome del túnel carpiano (entumecimiento, hormigueo, debilidad, o daño muscular en la mano y dedos) o las que se producen por movimientos repetitivos u originados por vibraciones de la maquinaria.
Otros compromisos alcanzados han sido la creación de un grupo de trabajo técnico que determine si se deben de incluir otras enfermedades profesionales hasta ahora no reconocidas -como dorsalgias, cervicalgias y hernias discales- para el colectivo camareras de piso.

Código propio en el INE

Además, se comunicará al Instituto Nacional de Estadística (INE) la necesidad de un código propio dentro de la Clasificación Nacional de Ocupaciones (CNO) para las camareras de piso, para que tengan autonomía propia en la fuente estadística y un seguimiento más preciso de sus enfermedades profesionales y accidentes laborales.
Asimismo, los comunicados de los diferentes actores coinciden en que, en materia de prevención de riesgos laborales, se ha decidido seguir trabajando en la elaboración de una guía de buenas prácticas para la evaluación de riesgos ergonómicos y psicosociales, con especial atención a una perspectiva de género.
Sobre las externalizaciones, el sindicato dice que el Ministerio ha propuesto esperar al debate parlamentario para una reforma del artículo 42 del Estatuto de los Trabajadores que limite la subcontratación, sin menoscabo de los avances que se puedan realizar en el entorno del diálogo social sectorial.



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Prostitución & Debate: La libertad de las putas

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Anita Botwin
CTXT

Sobre la regularización de la prostitución. Reflexiones sobre la postura en contra.

Algunas voces hablan de libertad a la hora de decidir sobre nuestros cuerpos. Normalmente esas voces se centran en hablar sobre nosotras en materia de prostitución, cosificación y pornografía. Muchas de esas voces jamás tendrán que usar sus cuerpos para pagarse un plato de comida. Especialmente porque muchas de esas voces provienen de hombres blancos, heteros y privilegiados. 
No podemos hablar de libertad si existe un intercambio monetario de por medio. ¿Acaso existe libertad en gran parte de los trabajos precarios de este y otros países? No creo que alguien si pudiera elegir estaría currando en un McDonalds voluntariamente, como si de una ONG se tratara. ¡Me encanta el Mcflurry, no me importa trabajar 12 horas como un esclavo, yupi!
Es curioso que podamos verlo más claro y entenderlo cuando se trata de trabajos que compartimos hombres y mujeres y que no tienen que ver con los cuerpos femeninos como moneda de cambio. En los que puedes dar la vuelta a una hamburguesa sin necesidad de que nadie te viole –por muy esclavo que sea el trabajo-. 
Ellas tienen libertad de elegir, dicen. Una mierda. Ellas prefieren follar a limpiar escaleras, dicen. Ellas, ellas, ellas. Ellas sólo tratan de salir adelante, como la mayor parte de las mujeres de este planeta. ¿Creen que quieren aguantar a cerdos que abusan de ellas en el mejor de los casos? Es que a algunas les gusta el sexo, dicen. Claro, el sexo le gusta a casi todo el mundo y no por ello tienes que sufrir explotación para disfrutarlo.
Es el oficio más antiguo del mundo, dicen otras voces. Claro, por eso precisamente vamos un poco tarde para abolirlo. También las guerras, la tortura, la esclavitud la muerte de miles de personas por hambre son antiguas como la vida misma y no por ello estamos a favor de regularlas.
Es que hay hombres que, pobrecillos, de otra forma nunca podrían follar y sería mucho peor. MUCHO PEOR. Para estas personas la prostitución existe para evitar posibles violaciones. En lugar de no educar en la violación, se da por sentado y ya que existe, vamos a hacer todo lo posible para que los pobres violadores no cometan ningún delito y se desahoguen con mujeres prostituidas. Porque en las mujeres, pobrecillas, las que no se comen un rosco, ¿a quién les importa? Ellas no dan beneficios si no son putas. 
Algunas, dicen, están satisfechas con su trabajo. Ganan bastante dinero a cambio de prestar sus cuerpos. Pero esas pocas “privilegiadas” –alrededor de un 5% en nuestro país- dentro de un mercado de explotación a nivel mundial no hace más que dañar al resto de mujeres que no pueden decidir. Estas experiencias positivas no dejan de ser excepcionales, y de carácter individualista y neoliberal. Como a ellas les va bien, como supuestamente pueden elegir a sus clientes, el resto debe sufrir explotación, violencia y pobreza.
La realidad es que este negocio mueve diariamente cerca de 10 millones de euros en nuestro país, unos 3.500 millones al año, que representan un 0,35% del PIB. No es posible que hablemos de libertad cuando se trata de un mercado que mueve tantísimo dinero y en el que la mayor parte de las putas ejercen en contra de su voluntad. ¿Qué libertad es esa?
Es que ya que trabajan, tendrán que luchar por sus derechos y tener sanidad y cotizar. Este suele ser el argumento más escuchado de los y las regulacionistas. Ejemplos como el alemán o el holandés nos hablan de fracaso a la hora de legalizar la prostitución. Sin ir más lejos, la ley de 2002 de Alemania ha hecho que aumenten los grandes prostíbulos y prácticas como la ‘tarifa plana’ de sexo (sexo con varias personas a un precio fijo). Algo así como minutos ilimitados en el móvil. Eso es lo que valemos.
La prostitución no es una salida laboral para las mujeres libres, sino para las mujeres pobres, y regularla no es más que normalizar una opción precaria más en un mercado neoliberal en el que no existen derechos de ningún tipo. La libertad deja de existir en el momento en el que un hombre paga a cambio de un producto –mujer– para someterla y ejercer su poder sobre ella.
Un abuso sexual no se transforma en un empleo por el mero hecho de que se pague una cantidad de dinero. Normalizar la práctica de la prostitución no ayudará en absoluto a construir sociedades libres, igualitarias y por supuesto, feministas.







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sábado, 1 de septiembre de 2018

Vanessa airada


Por Pepe Gutiérrez-Álvarez
El Festival de Venecia ha empezado este año haciendo una declaración de guerra a favor del feminismo militante y de la denuncia sistemática, de ahí que haya reconocido el León de Oro para a Vanesa Redgrave (1937) que, como es habitual en ella, desde su juventud militante
Por Pepe Gutiérrez-Álvarez
El Festival de Venecia ha empezado este año haciendo una declaración de guerra a favor del feminismo militante y de la denuncia sistemática, de ahí que haya reconocido el León de Oro para a Vanesa Redgrave (1937) que, como es habitual en ella, desde su juventud militante, ha mostrado su desprecio contra esa Europa insolidaria, contra esos gobiernos sin alma que desprecian a los refugiados recordando que en su momento ayudarlos fue considerado un gesto patriótico en Inglaterra, y ha abierto una avalancha de denuncias sobre la que los artistas de aquí deberán de tomar nota para el próxima Goya que no arde a la temperatura adecuada desde el año en que toda la sala clamó contra los guerra en Irak, aquel regalo envenado que firmó Aznar recordando su fidelidad a la herencia de la que provenía: la del franquismo.
Todos sabemos que durante años fue seguramente la más briosa y emblemática de los actrices comprometidas con las cusas socialistas y antiimperialistas, aunque en algunos casos ese compromiso fuese discutible y discutido, como el que le llevó a presidir tribunas con el jefe libio Gadafi… Asimismo fue candidata en diversas legislaturas, todo parte de su ligazón militante con el sector más dudoso y controvertido del trotskismo (o seudotrotskismo) británico en una fase en la que, al parecer, resulta muy difícil mantener lo que Miguel Romero, llamaba “izquierdismo razonable”, y que sin una brújula adecuada se puede marchar por derroteros contradictorios.
Sería muy prolijo explicar el complicado curso del trotskismo británico, tanto o más dividido que el galo, y dentro del cual alcanzó una influencia notoria el liderado por Gerry Healy, el Socialist Labour League, y cuyas obsesiones políticas y personales acabarían anulando cualquier posibilidad de debate político. Al tiempo que establecía un «canon» de corrección política «auténtica» mediante una normativa filosófica, el grupo de Healy, después de mantener una estrecha relación con el lambertismo, asumió como una tarea central el «desenmascarar» las «infiltraciones» estalinistas o imperialistas en el seno de la IV Internacional, tomando como principal referente la hipótesis de que el asesinato de Trotsky contó con una colaboración desde dentro de la propia internacional, objetivo para el que dedicó toda clase de dossier y publicaciones acusando a diestro y siniestro. La campaña llegó hasta tal extremo de delirio que obligó a las primeras espadas de las diversas corrientes trotskistas a organizar un acto público en Londres, seguramente el único que congregó en un mismo lugar a Ernest Mandel y a Pierre Lambert.
Dejando de lado toda una montaña de documentación, el lector se podrá hacer una idea del alcance de esta obsesión con la imagen de unos muchachos que, durante los años 1976-1979, en plena crisis social española, aparecían voceando en las puertas de algunos metros, con el periódico de la Liga Socialista (el grupo healysta español germinado en Gran Bretaña), la «noticia» de que se habían encontrado pruebas de la complicidad de dos de los más reputados representantes de legado trotskiano norteamericano que fue determinante en nacimiento y en el mantenimiento de la IVª Internacional, la última internacional obrera en una época del declive del internacionalismo.
Los presuntos implicados eran nada menos que Joseph Hansen, el principal dirigente de la sección después de James P. Cannon, y George Novack, filósofo (y del que Fontamara editó algunas de sus principales obras, como Democracia y revolución y Para comprender la historia), ambos envueltos en la oscura trama de un asesinato que vinculaba a Stalin con el SWP. Una mínima racionalidad, ajena a la cuestión, podría fácilmente preguntarse, de ser así, qué pintaba semejante obsesión en un espacio vital de un barrio obrero donde absolutamente nadie conocía tales nombres, y puestos a razonar, cómo era posible que durante más de medio siglo estos hombres destacaran como activistas en un medio tan claramente hostil como el norteamericano y escribieran obras marxistas traducidas a varios idiomas, para acabar sus días en la misma modestia económica que les caracterizó.
Sobre este maldito asunto, Pierre Broué contaba que cuando se abrieron los Archivos de Trotsky en Harvard, un par de estudiosos pertenecientes a la secta fueron directos a encontrar las «pruebas» que ya habían ofrecido al mundo como ciertas. Lo que encontraron fueron documentos que implicaban al mismo Trotsky. Éste había dado su permiso para «sondear» la posibilidad de una ayuda por parte del FBI, concretamente para desmontar la trama asesina de algunos de los sicarios de Stalin; el asunto no pasó de ahí, de un «tanteo», pero pudo concretarse, por ejemplo denunciando a algún sicario estalinista inmerso en la trama del asesinato. Los estalinista que después de repetir lo de hitlerotrotskismo, lo ponen también al servicio del FBI, se basan en toda esta trama.
A pesar de la influencia que llegó a alcanzar, el healysmo acabó arruinado por el peso de los delirios del propio Healy, pues el «líder» tenía problemas psíquicos y sexuales muy graves (y no precisamente inventados), y después de unas acusaciones terribles la fracción se descompuso y la mayor parte de su base militante ingresó en la sección británica.
Al menos fuera de Gran Bretaña, la mayor singularidad del grupo de Healy fue producir el esquema de la sección madre británica. Así el pequeño grupo español que se hacía llamar Liga Obrera Comunista, y que tenía como principal objetivo consolidar por ellos mismos un diario obrero que llamaban Prensa Obrera,trató de aprovechar su fama, y la trajo a Barcelona allá por 1977-1978. En una ocasión, Vanesa aterrorizó en el Centro Social de La Florida, que estaba entonces en su apogeo, y ofreció una charla que naturalmente llamó la atención del autor de estas líneas que se movía por las proximidades desde mitad de los años sesenta. Fue una charla extraña ya que, seguramente adivinado presencias de críticos u hostiles, no hubo lugar para ningún debate. Vanesa repitió como una autómata estas argumentaciones sin permitir que nadie desde el público la pudiera interpelar. En estos pasos en el delirio le acompañó su primer marido Tom Richarson, el director de títulos como Tom Jones y Un sabor a miel, y uno de los cineastas más talentosos y comprometidos del “free cinema” y su hermano Corin Redgrave, igualmente militante.
Muy en consonancia con su combatividad, inusual en una star de su calibre, Vanessa fue uno de los rostros más emblemáticos de los actores movilizados contra la Guerra de Vietnam, y luego en la defensa del pueblo palestino. Éstas y otras actividades solidarias la convirtieron muy especialmente en «persona non grata» para el gobierno y la potente extrema derecha norteamericana, que trató de vetarla en diferentes proyectos, y por supuesto para los conservadores británicos. Aunque cuando actuaba como militante healysta, Vanessa parecía carecer de vida propia, lo cierto es que su trayectoria ha ido mucho más allá de la estrechez de su partido (un tema sobre el que nunca ha efectuado la menor declaración), y se ha mantenido coherente con sus compromisos hasta convertirse en la actriz comprometida más emblemática del cine moderno, y posiblemente en la trotskista más famosa.
Durante la fase de la perestroika, Vanessa fue una de las voces que trató de recuperar la historia del trotskismo en la URSS. Actualmente es una de las voces críticas más conocidas contra el corrupto new labour de Tony Blair. Otro trotskista británico célebre perteneciente al mundo del cine es el realizador Ken Loach, quien durante su etapa universitaria de los años sesenta militó en un grupo trotskista al que nunca se ha querido referir (por lo que es posible que fuese el de Healy), y que abandonó tempranamente, aunque siguió manteniendo su actitud coherente con un trotskismo en absoluto proclamatorio pero no por ello menos efectivo, e intensamente reforzado por su colaboración con guionistas como Jim Allen o Paul Laverty.
La película más emblemática conocida de esta Vanesa militante fue Isadora, obra que no en vano, le valió un que le valió de nuevo el galardón de Cannes a la mejor actriz Vanesa Redgrave hija del formidable actor Michael Redgrave quien por un tiempo fue entre los años treinta y cuarenta un militante comunista notorio y al que el último Orwell colocaba como sospechoso de comunismo en sus notas paranoicas. Vanesa estudió en la Queensgate School y en la Central School of Speech and Drama de Londres. En 1957 dio comienzo a su carrera profesional como actriz y destacó muy pronto en el repertorio clásico inglés, sobre todo con Shakespeare. En 1961 recibió los premios Evening Standard y Variety Club a la mejor actriz y en 1965 se dio a conocer al público cinematográfico con el filme Morgan, A Suitable Case for Treatment ( Morgan, un caso clínico), dirigido por K. Reisz y con el que ganó el premio de interpretación de Cannes.
La trama se anima con la presencia del fabricante Singer (Jason Robards, el inolvidable Dashiel Hammet en Julia, de Fred Zinnemann con Vanesa y Jane Fonda en un momento en que ambas aparecían como el non plus ultra del activismo entre los artistas contra la guerra imperialista en el Vietnam), y consigue un tono épico en el curso de sus actuaciones en la Rusia soviética donde vivirá una historia de “amour fou” con el célebre de origen campesino. Serguei Esenin, que no tardará en suicidarse, según algunos historiadores por discrepancias con el curso que estaba tomando la revolución. Sin duda, uno de los elementos más emotivos de la película sucede con ocasión de un recital poético de Esenin para los trabajadores, que cuando se va la luz mantienen el espectáculo con antorchas y con su entusiasmo. Este tipo de encuentros entre el pueblo y cultura señalan uno de los aspectos más creativos de la revolución usa en “los buenos tiempos”, antes del suicidio de Esenin y de Maikovski. Conviene recordar que lo que vimos los espectadores fue un “montaje” de la productora, ajeno al su director, el resultado es muy irregular. La película arranca con un poderoso aliento para desfallecer al final sin dejar claro el vanguardismo de Isadora, un personaje en el que Vanesa vuelca lo mejor de sí misma.
Y es que estamos hablando de una de las mejores actrices de todos los tiempos, de una mujer que se comprometió en una militancia que tuvo detalles enaltecedores pero también un trasfondo ultrasectario, inadmisible. Un pasaje que, por cierto, también conoció Ken Loach, pero mucho más brevemente. Un pase, un capítulo que conforma la parte más desastrosa de un corriente política que ha superado la prueba del tiempo pero que tienen en personajes como Healy –un tipo que se creía lo que decía por qué lo decía él-, de los que, lamentablemente, tenemos más ejemplos de los que a veces resulta soportable.
Afortunadamente, estos delirios sectarios pasaron, Gerry Healy está enterrado en el desprecio y olvido, y Vanessa como la inmensa mayoría de militantes que en su día fueron obnubilados, recuperó su ira y su bien sentido diciendo las verdade4s que los medias tienen problema en silenciar cuando  se trata de personajes de la altura de Vanessa.



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Marcha Internacional de mujeres ¿O artera instrumentalización del feminismo?


Tita Barahona
La pupila insomne


Probablemente a estas alturas muchas personas observadoras se habrán percatado de que la denominada Marcha Internacional de Mujeres (Women’s Global March), de la que recientemente se ha celebrado la segunda edición anual, es un apéndice del Partido Demócrata de los EE.UU. y por ende de los intereses reales que representa. En lo que sigue se ofrecen algunos datos que corroboran esta impresión, con una pizca de historia (que siempre ofrece mayor perspectiva), y se propone una reflexión sobre las implicaciones que ello tiene para los movimientos de emancipación, especialmente el feminista.


El Partido Demócrata es una de las dos cabezas del único cuerpo que controla todos los aparatos del Estado norteamericano en beneficio de la clase capitalista. Para mantener la ficción de que sus políticas y valores son diferentes a las del Partido Republicano, los demócratas se presentaban antes como el partido de la “clase media”es decir, las familias trabajadoras en pos del “sueño americano”. Desde los años 80, cuando los intelectuales ultraliberales dijeron que ya no había que hablar de clases, que había que pregonar que estas habían desaparecido y ya no creaban identidad, el Partido Demócrata dirigió de forma más firme sus reclamos electorales a otras identidades: las de género, raza, religión, orientación sexual, etc. Hicieron una fuerte labor de cooptación de grupos de mujeres, asociaciones por los derechos civiles, inmigrantes…, lo que consiguieron en buena medida inyectándoles financiación a través de una red de fundaciones. Paralelamente patrocinaron el ascenso social de una minoría de mujeres, afro-americanos e hispanos, a los que colocaron en el propio partido, el congreso y el senado. La clase trabajadora, mientras, era desahuciada. Bill Clinton y señora se encargaron de recortar el ya de por sí raquítico estado del bienestar, de expandir a niveles sin precedentes el encarcelamiento masivo, de firmar tratados de libre comercio como el NAFTA y de dar rienda suelta a Wall Street.


El descontento que produjo la guerra de Irak, bajo el mandato de George W. Bush, fue aprovechado por el Partido Demócrata para jugar la baza de la identidad de raza, que reforzaba el tradicional apoyo de la comunidad afro-americana al Partido Demócrata, con un programa atrayente para más sectores sociales, que prometía entre otras cosas parar la guerra y cerrar la prisión ilegal de Guantánamo. Así fue cómo, en la tierra del Ku-Klux-Klan y las leyes Jim Crow, por primera vez un negro (además, de nombre musulmán), Barak Hussein Obama, alcanzaba la presidencia de la nación. Juraba su cargo con la mano sobre la biblia de Martin Luther King, al que sometieron a un proceso de blanqueado y esterilizado para despojarlo de sus adherencias anti-capitalistas. La población negra no cabía de gozo. La “comunidad internacional” y sus medios le dieron al atractivo Obama la bendición Urbi et Orbi y el premio Nobel de la Paz antes de que emprendiera siete guerras. Aquella inicial emulsión de esperanza de la población trabajadora negra acabó en cenizas, pues no han visto ventaja alguna en tener a un “hermano” presidente, como tampoco la habrían visto la mayoría de las mujeres de haber tenido una “hermana” presidenta. Y, con ella (I’m with her, decían sus incondicionales) se cambió a la baza del género. Hillary Clinton se presentaba como feminista por el hecho de competir con un hombre (tanto en las primarias demócratas como en las presidenciales), y porque el pseudofeminismo liberal-posmoderno que se promovió en las universidades había decretado que ser mujer en la alta política ya te gradúa de feminista. Y aun parece que la mezcla de género y raza se postula para las próximas presidenciales en la figura de una multimillonaria, reina del show-business, llamada Oprah Winfrey, que se ha uncido al carro del feminismo rosa liberal-demócrata en su discurso de la entrega de los premios Globos de Oro.


La derrota de Hillary ante un baboso que alardeó de agarrar a las mujeres por el pussy (gatito), fue devastadora para las bases y el aparato del Partido Demócrata. En seguida, surgiendo de lugares aparentemente no conectados con el partido, un grupo de mujeres empresarias y directoras ejecutivas de diversas instituciones y ONG’s pusieron manos a la obra para organizar una gran movilización de protesta para el día siguiente en que Trump jurara el cargo. No lo tuvieron difícil. Desde los propios inicios, la campaña tuvo recursos, entre ellos el apoyo de la plataforma Move on, ligada a la Open Society Foundation, y una amplia cobertura mediática. Prácticamente todos los medios controlados por las seis grandes corporaciones que dominan las ondas, se hacían lenguas de la proyectada Marcha de Mujeres sobre Washington. En realidad, no se convocaba sólo a mujeres, sino a la “gente de todos los géneros, edades, razas, culturas, afiliaciones políticas, discapacidades y antecedentes (sic)”, con el fin de “afirmar nuestra común humanidad y pronunciar nuestro valiente mensaje de resistencia y autodeterminación”.


“Resistencia” era ya el lema del Partido Demócrata en su nuevo papel de oposición. Por supuesto, como se saben el ombligo del mundo, quisieron que la convocatoria tuviese réplicas a nivel global. Para la pátina feminista que debía tener el evento, ligaron oportunistamente su lucha con las que en meses previos habían protagonizado las mujeres en Argentina, India, Polonia, Irlanda, contra la violencia machista y los recortes de los derechos reproductivos. Y, para garantizarse la simpatía mundial, los grandes medios ya habían denigrado lo suficiente a Trump (no digo inmerecidamente sino interesadamente). Elaboraron una tabla reivindicativa que contenía una ensalada de muy variados elementos: tiraron de las justas demandas de los grupos de oposición que están hoy más activos en EEUU: contra el encarcelamiento masivo y la brutalidad policial, los que luchan por la extensión de los derechos reproductivos y la sanidad pública, por el aumento del salario mínimo, por los derechos de los inmigrantes sin papeles, contra la contaminación del agua…, casi siempre con la coletilla “para todas las mujeres, incluidas negras, indígenas, pobres, musulmanas, lesbianas, discapacitadas, queer y trans”. Todo resumido en la demanda de “una economía que funcione con transparencia, responsabilidad, seguridad y equidad” (lo que quiera que eso sea). Curiosamente, ninguna mención a la política exterior norteamericana.


Bajo el lema “Los derechos de las mujeres son derechos humanos”, el 21 de enero de 2017 se llenaron las calles de Washington, otras ciudades de EEUU y más allá de una marea colorista, en la que destacaban los gorros de lana rosa con orejas de gato (en alusión al pussy), que hoy son ya merchandising. Las manifestaciones fueron, en efecto, multitudinarias. A diferencia de otras, sin policía acosando y con la presencia de señeros políticos y políticas demócratas, que tuvieron que aguantar algún abucheo; no así las celebrities de Hollywood y la industria del atontamiento -ya se sabe, feministas de toda la vida-, cuyos discursos fueron vitoreadas por la multitud mientras los periodistas rosas (Vogue, Vanity Fair…) sacaban fotos. Más vergonzoso fue ver a una Angela Davis,otrora referente del feminismo negro revolucionario, vendida al Partido Demócrata para servir de reclamo a los sectores izquierdistas (cuando se cae desde muy alto se llega muy bajo).
Al día siguiente, los medios calificaban el evento como la mayor manifestación en la historia de EEUU. Entusiasmadas por el éxito, en febrero ya estaban las promotoras pergeñando la organización de una International Women’s Strike (Huelga Internacional de Mujeres), para celebrar el 8 de Marzo. En septiembre, la revista Time las incluía en la lista de las personas más influyentes de 2017.


Ha pasado un año desde entonces. En todo este tiempo, el nuevo programa político del Partido Demócrata se resume en una frase: no somos Trump; y su estrategia en una somera etiqueta-hashtag: Resistance. Su práctica en el día a día, sin embargo, ha sido la de votar con los republicanos el aumento del gasto militar, los ataques a Siria, el espionaje masivo, el fin de la neutralidad en Internet, la eliminación de controles a los grandes bancos, la privatización de la enseñanza, el alza del precio de los medicamentos... Hoy se venden como los defensores de los inmigrantes sin papeles, cuando las deportaciones masivas comenzaron en la era de Obama. La resistance es en realidad assistance. Pero, de puertas afuera, la resistance prosigue, y este año hemos sido debidamente informados tanto de los preparativos como del desarrollo de la Segunda Marcha Global de Mujeres, celebrada entre el 20 y 21 de enero. El mismo programa-revoltijo que esta vez incluye a los dreamers (inmigrantes que llegaron siendo niños y están en riesgo de deportación). Pero la marcha ha tenido menos afluencia y seguimiento internacional, ya que algunos grupos han retirado su adhesión al darse cuenta de la manipulación. Esta ya se presenta sin caretas. Este año el lema ha sido Power to the Polls (poder a las urnas), una auténtica campaña de registro de votantes para el Partido Demócrata, aunque esto último, claro, no se dice abiertamente. Las llamadas mid-term (elecciones a mediados de mandato para renovar el congreso y parte del senado) están cerca. Las mismas celebrities en las tribunas, esta vez pidiendo a las mujeres que se “empoderen” presentándose como candidatas. La misma sobre-exposición mediática, que no se presta cuando son trabajadoras y trabajadores quienes organizan huelgas y manifestaciones; porque, en definitiva, las Marchas no ponen en absoluto en peligro al Estado y los empresarios al ser un tipo de disidencia totalmente controlada por los aparatos de esas mismas clases.


Hoy hasta la elite mundial capitalista se ha vuelto feminista. Lo hemos visto en la cumbre económica de Davos. Poniendo en la presidencia del foro a cuatro señoras privilegiadas cuya misión es arruinar la vida a la mayoría de mujeres y hombres del mundo, se nos intenta convencer de que eso es feminismo. Es una de las maneras de succionar toda la savia revolucionaria de este movimiento histórico para convertirlo en un trending-topic, una empresa capitalista o un guiñapo.


En el movimiento feminista siempre hubo una corriente que tuvo claro que el destino social de nuestro sexo va ligado a la evolución general de la sociedad, cuya principal fuerza motriz es el trabajo y la vida económica. La emancipación social de todas las mujeres -no de unas pocas- está, por tanto, íntimamente ligada a la emancipación social del trabajo, lo cual sólo es posible con la lucha de la clase explotada, a la que pertenecemos. El feminismo es patrimonio de todas las mujeres que dedicaron y dedican su vida a este objetivo, no de las señoras de la clase dominante o aspirantes a ella que se aprovechan del trabajo de otras y de las luchas de otras para su beneficio personal o político. Hoy, sin embargo, cuatro décadas de neoliberalismo han convertido a las corrientes liberal-posmodernas, con sus políticas de la identidad, en hegemónicas dentro del feminismo llamémosle institucional. Han tenido todos los medios para ello. El feminismo revolucionario y, para el caso, cualquier movimiento de liberación, cualquier organización que verdaderamente luche por superar la explotación y la opresión construyendo el socialismo, debe reflexionar hasta dónde quiere ser cooptado, manipulado e instrumentalizado; hasta qué punto va a consentir que nuestras justas reivindicaciones sirvan para sazonar platos que no son nuestros.


( Canarias semanal )


Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2018/08/28/la-marcha-internacional-de-mujeres-o-la-artera-instrumentalizacion-del-feminismo-por-tita-barahona/



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La discusión no es “aborto sí o aborto no”; es aborto legal o aborto clandestino


Aborto & Costa Rica


Fabiola Pomareda García
www.vocesnuestras.org

Las mujeres van a buscar en la clandestinidad abortos seguros y abortos no seguros y esa es la realidad en Costa Rica. El punto es que las mujeres tengan derecho a decidir qué hacer ante un embarazo no deseado.

“¿Se puede pronunciar un cuerpo como se define un territorio?
El cuerpo no responde al orden de las convenciones
ni al de las cosas
se pronuncia en verbo
y se llama lucha”
(Documental “Clandestinas”)


Se habla poco de mujeres con embarazos inviables, a las que se deja sufrir horriblemente. De mujeres  obligadas a parir el recuerdo desdichado de su violación. De las niñas embarazadas por incesto, que deben parir bebés producto de la violencia sexual. El tema del aborto en Costa Rica es un problema de injusticia social  y de derechos humanos.

Según la segunda Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del 2015, un 49,8% de los embarazos en el país son no deseados. ¿Qué hacen las mujeres en Costa Rica ante esta realidad?En Costa Rica desde 1970 el artículo 121 del Código Penal establece una excepción para que se pueda interrumpir el embarazo cuando está en riesgo la salud o la vida de la madre. Según dicho artículo: “No es punible el aborto practicado con consentimiento de la mujer por un médico o por una obstétrica autorizada, cuando no hubiere sido posible la intervención del primero, si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y este no ha podido ser evitado por otros medios”.

Sin embargo, el Gobierno aún no firma esa norma técnica que permitiría la aplicación de este artículo. Las preguntas son: ¿Qué contiene la norma técnica? ¿Qué dice y quién la redactó?

Soledad Díaz Pastén, médica obstetra e integrante de la Colectiva por el Derecho a Decidir, explicó:
“Al menos nosotras en la Colectiva, y muchas otras organizaciones y agrupaciones de mujeres no conocemos el contenido de la norma técnica. Queremos conocer, saber qué contiene. Las organizaciones de mujeres tampoco hemos articipado en su elaboración y creemos que en esta nueva etapa nosotras deberíamos estar ahí participando, precisamente para asegurarnos de la inclusión de los derechos humanos. A nosotras no nos gustaría, por ejemplo, que hubiera límites gestacionales o una lista de patologías según las cuales se realizaría el acto médico de interrupción terapéutica del embarazo”.

En el 2015 se creó una comisión liderada por el Ministerio de Salud, como respuesta a los casos de Ana y Aurora y como producto del proceso amistoso entre el Estado costarricense y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esa comisión redactó un borrador del documento y se le entregó al Gobierno de Luis Guillermo Solís; el cual no movió el proceso.

Ana y Aurora son dos mujeres demandantes que acudieron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2015 luego de que se les negara la interrupción del embarazo, pese a que se puso en riesgo su salud y vida.

Heidy Valencia, del Movimiento Aborto Legal Costa Rica, comentó: “Nos parece, desde el Movimiento, que es una barbaridad que tal norma técnica no haya sido dada a conocer a las compañeras feministas que desde hace muchos años hemos estado luchando por ella. Y hacemos una exigencia bastante clara: Que esta norma técnica debe tener los más altos estándares de derechos humanos y médicos, que necesitamos saber con precisión en qué casos es que se va a aplicar el aborto impune, y cómo van a proceder los centros de salud porque necesitamos que sea un derecho que esté realmente garantizado”.


¿Qué hacen las mujeres en Costa Rica con un embarazo no deseado?


Según la segunda Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del 2015, un 49,8% de los embarazos en el país son no deseados.

Heidy Valencia se refirió: “Creo que todas conocemos al menos a alguien que se ha practicado un aborto y que, al no ser el aborto legal, pues es en condiciones de clandestinidad. Si hay algo que es un hecho y una realidad es que si la mujer toma la decisión de interrumpir su embarazo lo va a hacer de la manera que sea. Va a ser yendo a una clínica privada, si tiene los recursos, o afuera del país. O va a ser en condiciones todavía más deplorables, más riesgosas, como ha sido -y hay que decirlo así porque es brutal-, con un gancho, con un paraguas, con cualquier tipo de objeto introducido en la vagina para tratar de evitar este embarazo no deseado. De manera que no sabemos cuáles son las redes clandestinas que puedan existir y cómo pueden también lucrar a partir de la ilegalidad y las condiciones en las que se practican, que probablemente sean condiciones en donde no hay acompañamiento. Justamente por eso el tema no es 'aborto sí o aborto no'; el tema es ¿aborto legal o aborto clandestino?”


Soledad Díaz, por su parte, añadió: “Yo hablo de abortos inseguros y de abortos seguros porque el aborto puede ser clandestino pero puede ser seguro. Esa también es una cuestión importante a tener en cuenta. La pregunta que surge es ¿qué hacen las mujeres en Costa Rica con un embarazo no deseado?  Las mujeres cuando van a abortar es que van a abortar y van a buscar en la clandestinidad abortos seguros o abortos inseguros. Y también eso está cruzado, obviamente, por la clase social y los recursos. Lo más cercano que van las mujeres que salen del país es a Colombia, que está a dos horas y media, y México, que está un poquito más allá. Esa es la realidad. Claro que pasan cosas porque hay un 50% de mujeres que no esperaban ese embarazo”.
Díaz señaló: “También sabemos que aquí en Costa Rica, comparándola con el resto de países centroamericanos, hay una mayor posibilidad de que las mujeres tengan un aborto clandestino seguro. No vamos a negarlo. Hay un medicamento que se usa y muchas mujeres tienen acceso a ese medicamento. Lo que decimos desde la Colectiva es que el aborto es un problema de injusticia social, de derechos humanos y de falta de democracia porque el aborto debiera ser legal y la discusión aquí no es 'aborto sí o aborto no'; la discusión es que las mujeres tengan derecho a decidir qué hacer ante un embarazo no deseado”.


Díaz afirmó que las mujeres no reciben información en los centros de salud sobre el artículo 121 porque eso tampoco se nombra. “El personal de sald se queda en que el aborto es ilegal en Costa Rica. Eso es cierto; pero existe una figura impune. Obviamente si las mujeres no conocen de sus derechos; tampoco van a exigirlos”.


Existe perdón judicial para la mujer que cause su propio aborto en casos de violación


En Costa Rica, el aborto realizado cuando el embarazo es producto de una violación es un delito. Pero al mismo tiempo, el artículo 93 del Código Penal establece la figura del perdón judicial para la mujer que cause su propio aborto en casos de violación. Además, el Código Penal y la Ley de Penalización de la Violencia contra la Mujer, consideran el embarazo como un agravante del delito de violación.

Casi nadie conoce ese artículo, declaró Díaz. “Si no se conoce; nadie lo va a exigir”

Valencia aclaró que a las mujeres violadas se les condena socialmente y no están pudiendo acabar con un embarazo producto de ese nivel brutal de violencia.

“Primero, creo que no es necesario explicar por qué una violación es sumamente violenta; es ejercer un poder, un control sobre el cuerpo de las mujeres, tal como ha sucedido históricamente. Segundo, estamos en una cultura de la violación; es totalmente permisiva y de cierta manera la sociedad da el aval para que las mujeres sean violadas, por eso mismo es que son cuestionadas cuando van a poner sus denuncias, incluso preguntándoles cuál es la ropa que vestían. Estamos hablando de una cultura sumamente violenta, machista, patriarcal”, criticó Valencia.

Hay quienes muy rápidamente ofrecen la alternativa que tienen las mujeres de dar en adopción a ese ser, que es producto de una violación.


Para Valencia, esto tiene que ser una decisión de la mujer. “Si la mujer desea continuar su embarazo, tenerlo y darlo en adopción pues es su decisión; pero no podemos obligar a las mujeres a que tengan un embarazo no deseado producto de una violación. Estamos hablando de muchísimo riesgo a nivel psicológico, de trauma, de exponer a las mujeres a un proceso que les va a generar secuelas, que no sabemos cómo se van a poder resolver”.


“Las condiciones legales para la adopción en Costa Rica son una burocracia enorme, independientemente de si la mujer fue violada o no. Por lo tanto, esa no es tampoco una solución para las mujeres. La violencia, el trauma que viven las mujeres altera demasiado la vida mental y emocional”, subrayó Díaz.


Alrededor de 500 niñas qedan embarazadas cada año en Costa Rica


Hablemos de los casos de incesto y de menores de edad que quedan embarazadas. Legal y socialmente se considera que todo embarazo en niñas es resultado de una violación y que las niñas tienen el derecho de no ser madres. Pero el Estado no demuestra coherencia ni facilita las condiciones para evitar los embarazos en niñas.


Según el Gobierno, 14 mil adolescentes quedan embarazadas cada año. Cifras del Poder Judicial señalan que en el 2015 se reportaron 6.800 delitos sexuales, 2.600 contra personas menores de 18 años. De acuerdo con registros del Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), 500 niñas quedan embarazadas por año.


Valencia indicó que estas niñas que fueron violadas por sus padres o alguien más, generalmente cercano a la familia, no tienen ninguna posibilidad de decidir. No tienen esa opción de decir “yo no deseé este embarazo, fui agredida, fui violada y quiero interrumpir mi embarazo”.
Recordemos algunos de estos casos de niñas que quedaron embarazadas y no se les dio la opción de interrumpir su embarazo. ¿Cómo terminaron?


Uno fue el caso de Rosa, niña migrante nicaragüense de 9 años, que tuvo que volver a Nicaragua para que se le practicara el aborto terapéutico allá, cuando todavía estaba contemplado en la legislación de ese país.


Nombrada como "Rosa", a fin de proteger su identidad, la menor fue violada por un campesino de 20 años en un cafetal, en Turrialba, en el 2003.


“En aquel momento la niña tuvo esa posibilidad fuera de Costa Rica; el Estado costarricense no pudo garantizarle ese derecho. Por eso es una deuda histórica con las mujeres, con todas estas niñas, que tras sufrir ese nivel brutal de violencia, no tienen la opción. En muchos casos esas niñas que aún sn infantes, deen de manera obligada asumir la maternidad. Muchas son niñas en situaciones de pobreza, de clases socialmente oprimidas donde se da todo un círculo de feminización de la pobreza, de manera que se reproduce la violencia contra las mujeres de manera estructural”, fustigó Valencia.


No se está reconociendo su derecho a ser niñas, dijo Díaz. “Una niña lo que tiene que hacer es estudiar, jugar; no jugar con un bebé de verdad que le apareció en la vida. Generalmente estas niñas vienen de clases oprimidas donde les rodea la pobreza y por lo general vuelven a quedar embarazadas porque no hay otra opción de vida, porque no siguen la escuela, ni el colegio”.


“Hay que mirar cómo la religión católica, pensando que es la religión del Estado, tiene un impacto absolutamente fuerte en la vida de estas niñas. Si recordamos el caso de la niña Rosa, lo que decían los medios, el PANI [Patronato Nacional de la Infancia], la Conferencia Episcopal Costarricense, era terrible. Cuando la niña tuvo su interrupción en Managua ya tenía casi 19 semanas de embarazo [más de 4 meses[”, añadió Díaz.


Las propuestas y demandas de las organizaciones de mujeres


Soledad Díaz expresó: “Nosotras en la Colectiva también soñamos con que alguna vez en la vida el aborto sea legal y libre y que las mujeres puedan tomar decisiones con relación a un embarazo no deseado, sexualidad y reproducción; pero, como dicen las compañeras psicólogas, hay un principio de realidad, que es el gobierno actual, que ha llegado a unos acuerdos en los que se vulneran los derechos de las mujeres en temática de salud sexual y reproductiva. Hoy la exigencia es conseguir la norma técnica, que es la que le va a dar certeza juríica y técnica al personal de salud; pero no es sólo eso. Después viene el diseño de protocolos”.


En el 2009 la Colectiva trabajó con la Asociación Demográfica Costarricense y la Caja Costarricense del Seguro Social y diseñaron unos protocolos; las guías técnicas para la interrupción terapéutica del embarazo, que estuvieron a punto de ser aprobadas.


El Movimiento Aborto Legal Costa Rica plantea la necesidad de organizarse cada vez más para ampliar y plantar una campaña nacional, que consiste en un debate y una lucha para convencer a la sociedad desde nuestros espacios de estudio, de trabajo de que las mujeres tenemos derecho a decidir. Y por lo tanto debemos ir avanzando, no sólo en garantizar la norma técnica para que realmente se logre aplicar el aborto impune, sino también con el aborto libre, legal, seguro y gratuito, que ya es una demanda del movimiento de mujeres a nivel internacional. Es hora de romper con ese silencio y con ese tabú sobre el aborto.


El Gobierno ha evadido la solicitud de organizaciones y colectivos feministas de avanzar en el texto de la norma técnica. Las mujeres volverán a salir a las calles el próximo viernes 28 de setiembre en horas de la tarde, para exigir que se respete el derecho a decidir.

Fuente: http://www.vocesnuestras.org/2018-08-29/articulo/discusion-no-aborto-si-aborto-no-aborto-legal-aborto-clandestino



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Feministas denuncian alza descontrolada de feminicidios en Puerto Rico



Wilkins Román Samot
Rebelión


El pasado jueves 23 de agosto de 2018, sobre un centenar de mujeres, madres, hijas, abuelas, vecinas, indignadas e indignados, tomaron la Plaza de Armas del Viejo San Juan, Puerto Rico. La convocatoria realizada por la Coordinadora Paz para la Mujer (CPM) corrió de voz en voz, de correo en correo, de inbox a inbox ante el silencio cómplice de los medios tradicionales, de la prensa corporativa. Desde las 6 PM fueron llegando, unas a otras se fueron saludando, presentando. Celebraban estar allí, vivas, vivas nos queremos. También, estaban allí puestas para marchar y denunciar el incremento en lo que va de año de los feminicidios en Puerto Rico.
La marcha de denuncia partió a alrededor de las 7 de la noche rumbo a la entrada de La Fortaleza, cuya calle de entrada estaba libre hasta sus propios portones. Sin embargo, un policía varón tomó la medida de intervenir para evitar que las marchantes pudieran llevar su denuncia hasta la casa militar del responsable del Estado patriarcal llamado a evitar el incremento actual de los feminicidios en Puerto Rico. Triste el rol de un miembro de un cuerpo policial demandado por violación de derechos civiles por los Estados Unidos, y que sabemos no está ni ha estado puesto para evitar tal incremento ni la tendencia de los pasados diez años en un país de cuatro pisos que se vacía de gente mientras la vida de muchas mujeres se desangra.
De los datos provistos por las denunciantes durante la actividad, resulta que en los pasados diez años han sido asesinadas unas 153 mujeres por sus parejas o ex- parejas hombres en Puerto Rico. Si distribuimos el número de feminicidios de los pasados diez años, en cada año unas 15 mujeres fueron asesinadas en Puerto Rico por su condición de mujer. Durante los pasados diez años, Puerto Rico ha visto reducida su población. Ello nos indica que, si bien en el 2016 fueron asesinadas por su condición de género 12 mujeres y en el 2017 otras 11 mujeres, como establecieron las denunciantes, dado el hecho de la reducción poblacional del país, de lo que se trata es de una tendencia o a sostener o a incrementar el número de feminicidios en Puerto Rico.
De hecho, en lo que va de año, al 23 de agosto de 2018, las denunciantes manifestaron que ya van un total de 14 feminicidios en Puerto Rico. De sostenerse tal tendencia, en un país que ha visto en el 2017 una reducción poblacional mayor a la tendencia anual de los pasados diez años por razones del impacto de dos eventos atmosféricos catastróficos continuos, al final de año serán sobre 20 los feminicidios en Puerto Rico. De ser así, en el 2018 habrá no menos de 9 feminicidios más que los acaecidos en el 2017, 8 más que los feminicidios acaecidos en el 2016, 5 más que la media anual de feminicidios acaecidos en los pasados 10 años. No debe ser así, si vivas nos queremos, ni una muerta más, ni una vida menos.
La Comisión Económica para América Latina, la CEPAL, en su Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, publica que, en España, al 2016 acaecieron 44 feminicidios, mientras que, en Puerto Rico, al 2014 acaecieron 44 feminicidios. España tiene 14 veces la población de Puerto Rico. La tasa de feminicidios en Puerto Rico es, según la CEPAL, de 2.3 (por cada cien mil mujeres), mientras que la de España es de 0.2 (por cada cien mil mujeres). Los datos previos nos dejan ver la magnitud del problema de los feminicidios denunciados el pasado 23 de agosto en San Juan, Puerto Rico. La respuesta del Estado patriarcal no puede ser ni seguir siendo la misma, bloquear la denuncia, tratar por la fuerza de tornar invisible el problema enviando a un policía varón a detener el libre paso de una marcha pacífica de feministas que salieron a ejercer su derecho de solicitar reparo contra sus agravios al Estado patriarcal y a exigir su derecho a la vida, la suya, y la de su género. Vivas nos queremos, ni una muerta más, ni una vida menos.


Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.




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