RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

lunes, 4 de septiembre de 2017

Una defensa marxista de la interseccionalidad

Interseccionalidad & Marxismo
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Sharon Smith
https://socialistworker.org/

" Hay dos interpretaciones muy distintas de la interseccionalidad: una desarrollada por las feministas negras y la otra por el ala postestructuralista de la posmodernidad. Quiero tratar de dejar claras las diferencias en este artículo y explicar por qué la tradición feminista negra plantea el proyecto de construcción de un movimiento unido para luchar contra todas las formas de opresión que es central en el proyecto socialista, mientras que el postestructuralismo no lo hace."

Muchos militantes que han seguido el debate en la izquierda acerca del término "interseccionalidad" ven difícil definirlo, por una razón muy comprensible: diferentes personas lo explican de manera distinta con propósitos distintos. Por esta razón -junto con el hecho de que es una palabra de siete sílabas- interseccionalidad puede aparecer como una abstracción con solo una vaga relación con la realidad material. Sería un error, sin embargo, descartar totalmente el concepto.

Un concepto, no una teoría
Quiero empezar dejando claras algunas cosas. Primero, la interseccionalidad es un concepto, no una teoría. Es una descripción de cómo diferentes formas de opresión -racismo, sexismo, opresión a LGTBI y todas las otras formas- interactúan entre sí y se fusionan en una sola experiencia. De modo que las mujeres negras, por ejemplo, no están "oprimidas doblemente" -esto es, oprimidas por experiencias separadas de racismo, que también afecta a hombres negros, y además de sexismo, que afecta también a las mujeres blancas- sino que el racismo afecta al modo en que las mujeres negras son oprimidas como mujeres y también como gente negra.

La interseccionalidad es otra forma de describir la "simultaneidad de la opresión", el "solapamiento de opresiones", el "entrelazamiento de opresiones" o cualquier otro término que las feministas negras hayan usado para describir la intersección de raza, clase y género. Como planteó la académica y feminista negra Barbara Smith en 1983 en Home Girls: A Black Feminist Anthology: "el concepto de simultaneidad de la opresión está en el centro de una comprensión feminista negra de la realidad política y es, creo, una de las contribuciones ideológicas más significativas del pensamiento feminista negro".

Puesto que la interseccionalidad es un concepto (una descripción de la experiencia de múltiples opresiones, que no explica sus causas) más que una teoría (que sí intenta explicar las causas de fondo de las opresiones), puede ser aplicada por varias teorías de la opresión diferentes, teorías de matriz marxista o posmoderna, pero también separatismo, etc. Puesto que el marxismo y el posmodernismo son habitualmente antitéticos, el uso específico que hacen del concepto de interseccionalidad puede ser muy diferente en muchos sentidos distintos y contrarios. El marxismo explica que todas las formas de opresión tienen sus raíces en la sociedad de clases, mientras que las teorías que salen del posmodernismo rechazan esa idea como "esencialista" y "reduccionista".

Esta es la razón por la que un buen número de marxistas han desdeñado o han sido hostiles al concepto de "interseccionalidad", sin distinguir entre sus fundamentos teóricos rivales: el feminismo negro o el posmodernismo/postestructuralismo.

La tradición feminista negra

Es importante entender que el concepto de interseccionalidad fue desarrollada por primera vez por las feministas negras, no por los posmodernos. El feminismo negro tiene una larga y compleja historia basada en el reconocimiento de que el sistema de esclavitud tradicional y, desde entonces, del racismo y la segregación racial modernas ha causado que las mujeres negras sufran de formas que no han sido experimentadas por las mujeres blancas. En 1851, Sojourner Truth pronunció su famoso discurso ¿No soy yo una mujer?, en la Convención de Mujeres en Akron, Ohio.

Ese discurso estaba dirigido a enfatizar a las sufragistas blancas de clase media que la opresión de Truth como antigua esclava negra no tenía nada en común con la experiencia de las mujeres blancas de clase media. Truth contraponía su propia opresión como mujer negra, sufriendo brutalidad, degradación física, horas interminables de trabajo forzado y no pagado, y dando a luz a hijos e hijas solo para verlos forzados a la esclavitud. Un siglo antes de que la jurista y feminista negra Kimberlé Williams Crenshaw acuñara el término "interseccionalidad" en 1989, ese mismo concepto era usado normalmente para describir un "entrelazamiento de opresiones", "opresiones simultáneas" y otros términos similares. El feminismo negro ponían también mucho énfasis en las diferencias de clase entre mujeres, porque la gran mayoría de población negra de los EEUU había sido siempre parte de la clase obrera y había vivido desproporcionadamente en la pobreza, debido a las consecuencias económicas del racismo.

El ensayo de Crenshaw de 1989, Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics, que introdujo el término interseccionalidad, rinde tributo al discurso de Sojourner Truth. Crenshaw escribe: "Cuando Sojourner Truth se alzó para hablar, muchas mujeres blancas querían callarla, temiendo que desviara la atención del sufragio femenino [hacia la abolición de la esclavitud]". Crenshaw se pregunta en el contexto moderno: "Cuando la teoría y la política feminista que reclama reflejar las experiencias y las aspiraciones de las mujeres no incluye ni habla de las mujeres negras, éstas deben preguntar, ’¿no somos nosotras mujeres?’"

Feminismo negro de izquierda


Es importante también reconocer que el feminismo negro siempre contenía un análisis de izquierda, incluyendo un solapamiento entre algunas feministas negras y el partido comunista a mediados y finales del siglo XX. Las líderes del partido comunista Claudia Jones y Angela Davis, por ejemplo, desarrollaron el concepto de opresión femenina negra como la experiencia de entrelazamiento de raza, género y clase. En 1949, Claudia Jones escribió un artículo pionero titulado An End to the Neglect of the Problems of the Negro Woman! en el que afirmaba: "las mujeres negras -como trabajadoras, como negras y como mujeres- son la capa más oprimida de toda la población".

En ese ensayo, Jones enfatizaba los ataques sexuales como una cuestión racial para las mujeres negras: "Nada dramatiza más el carácter oprimido de las mujeres negras que el caso de Rosa Lee Ingram, una madre viuda de 14 hijos -dos de ellos muertos- que afronta la cadena perpetua en una cárcel de Georgia por el “crimen” de defenderse del acoso de un “supremacista blanco”. […] Saca a la luz la hipócrita coartada de los que linchaban a los negros, que históricamente se escondían tras las faldas de las mujeres blancas cuando trataban de encubrir sus funestos crímines con la “caballerosidad” o “proteger a las mujeres blancas”" Este tema -que el ataque sexual no es sólo una cuestión de las mujeres sino también una cuestión racial en la sociedad estadounidense-, fue seguido y desarrollado posteriormente por Angela Davis, cuyo inveterado compromiso en la lucha contra toda forma de explotación y opresión, incluyendo el injusto sistema racista es bien conocido. En 1981, Davis escribió en Women, Race and Class que la violación "tiene un tóxico componente racial en los Estados Unidos desde el día en que la esclavitud fue un arma clave en el mantenimiento del sistema de supremacía blanca".

Describe la violación como "un arma de dominación, un arma de represión, cuyo objetivo encubierto era acabar con la voluntad de resistencia de las mujeres negras y, en ese proceso, desmoralizar a sus hombres". La violación institucionalizada de las mujeres negras sobrevivió la abolición de la esclavitud y tomó su forma moderna, según Davis: "Las violaciones colectivas, perpetradas por el Ku Klux Klan y otras organizaciones terroristas en el periodo posterior a la Guerra Civil, se convirtieron en un arma política indisimulada para aplastar el movimiento de igualdad negro".

La caricatura del deseo de los depredadores sexuales masculinos de violar a las virtuosas bellezas sureñas tiene una "inseparable pareja", escribe Davis: "la imagen de la mujer negra como promiscua crónica. […] Vistas como “mujeres fáciles” y putas, los quejas de las mujeres negras por las violaciones carecerían necesariamente de legitimidad". Pero en los años 70, mucha feministas blancas, quizá la más famosa, Susan Brownmiller, en su libro Against our Will: Men, Women and Rape, describía la violación exclusivamente como una lucha entre mujeres y hombres. Este marco político llevó a Brownmiller a conclusiones abiertamente racistas en su apreciación del linchamiento en 1955 de Emmett Till, el chico de 14 años que visitaba a su familia en Jim Crow, Mississippi que fue secuestrado, torturado y asesinado de un disparo por el supuesto “crimen” de silbar a una mujer casada. A pesar del linchamiento de Till, Brownmiller dice que él y su asesino compartían el poder sobre una "mujer blanca", haciendo uso de estereotipos que Davis calificó como "la resurrección del viejo mito racista del violador negro".

Hay muchas otras formas en las que la experiencia de las mujeres negras difiere entre las mujeres de diferentes clases y razas. La corriente principal del feminismo de los años 60 y 70 exigía poder abortar en base al derecho de la mujer a poner fin a un embarazo no deseado. Esto es, por supuesto, un derecho fundamental de todas las mujeres, sin el cual las mujeres no pueden ser iguales a los hombres. A la vez, sin embargo, la corriente principal del movimiento se centra casi exclusivamente en el aborto, cuando la historia de los derechos reproductivos complicaba mucho más la cuestión para las mujeres negras y para otras mujeres de color, que habían sido los objetivos históricos de la esterilización forzosa racista.

El colectivo del Río Combahee

La lección central de estos ejemplos es que no puede haber algo tan simple como "la cuestión de las mujeres" en un sistema capitalista fundado sobre la esclavización de africanos, en el que el racismo está incrustado en todos sus fundamentos e instituciones. Casi todas cuestión "de las mujeres" tiene un componente racial. A lo largo de los 60 y los 70, hubo un potente movimiento en el feminismo negro de izquierda. Un representante destacado del mismo fue el Colectivo del Río Combahee, un grupo de lesbianas feministas negras de Boston. Se identificaban como "marxistas" y afirmaban en su declaración de 1977: "Somos socialistas porque creemos que el trabajo debe ser organizado para el beneficio colectivo de aquellos y que trabajan y crean los productos y no para el beneficio de los jefes.

Los recursos materiales deben ser distribuidos igualitariamente entre aquellos que crean estos recursos. "No estamos convencidas, sin embargo, de que una revolución socialista que no sea a la vez feminista y antiracista puede garantizar nuestra liberación. […] Aunque estamos esencialmente de acuerdo con la teoría de Marx aplicada a las específicas relaciones económicas que analiza, sabemos que este análisis debe ser extendido más allá para que comprendamos nuestra situación económica específica como mujeres negras". Es un punto de vista bastante razonable que parece de sentido común para la mayoría de la gente de izquierda hoy.

El Colectivo del Río Combahee no apoyaba el separatismo, como algunos marxistas han interpretado erróneamente. Barbara Smith, una de las fundadores del Colectivo del Río Combahee, reclamaba en una entrevista en el libro de 1984 This Bridge Called My Back una estrategia de "construcción de coalición" en vez del "separatismo racial". Decía que "cualquier tipo de separatismo es un callejón sin salida […]. Ningún grupo oprimido puede derribar el sistema por sí mismo. Es muy importante formar coaliciones de principios en torno a cuestiones específicas". Es importante discutir la idea que han sostenido muchos críticos -entre ellos algunos marxistas- de que el concepto de interseccionalidad del feminismo negro trata simplemente de la experiencia de racismo, sexismo y otras formas de opresión a nivel individual.

La tradición feminista negra siempre ha estado vinculada a la lucha colectiva contra la opresión, contra la esclavitud, segregación, racismo, brutalidad policial, pobreza, esterilización forzosa, violación sistemática de mujeres negras y en linchamiento sistemático de hombres negros. Quizá la lección más importante que podemos sacar del Colectivo del Río Combahee es que cuando construyamos el próximo movimiento de masas de liberación de las mujeres -ojalá sea pronto- debe estar basado no en las necesidades de las menos oprimidas sino de las que están más oprimidas, puesto que eso ese es el verdadero núcleo de la solidaridad. Pero la interseccionalidad es un concepto que sirve para entender la opresión, no la explotación.

Muchas feministas negras reconocen las raíces sistémicas del racismo y el sexismo, pero dan mucho menos énfasis que los marxistas a la conexión entre los sistemas de explotación y opresión. El marxismo es necesario porque proporciona un marco para entender la relación entre explotación y opresión y porque también identifica la agencia para crear las condiciones materiales y sociales que harán posible acabar con la explotación y la opresión: la clase obrera.

Los trabajadores no solo tienen el poder para parar el sistema, sino para reemplazarlo por una sociedad socialista basada en la propiedad colectiva de los medios de producción. Aunque otros grupos de la sociedad sufran opresión, solo la clase obrera tiene este poder colectivo. De modo que el concepto de interseccionalidad necesita la teoría marxista para reconocer el tipo de movimiento conjunto que es capaz de poner fin a todas las formas de opresión. Al mismo tiempo, el marxismo solo puede beneficiarse de integrar el feminismo negro de izquierda a su propia política y práctica.

El rechazo posmoderno de la "totalidad"

Hasta ahora, he tratado de mostrar que el concepto de interseccionalidad, de entrelazamiento de opresiones, estuvo basado en la tradición feminista negra durante un largo periodo de tiempo y que este concepto ha sido compatible con el marxismo. Quiero ahora centrar en la posmodernidad y contraponer la interpretación posmoderna de interseccionalidad con el concepto, anterior, de la tradición feminista negra. Para ser claros: no cabe duda de que el posmodernismo ha hecho avanzar la lucha contra todas las formas de opresión, incluyendo la opresión experimentada por el colectivo transexual, con diversidad funcional o aquellos discriminados por razones de edad y muchas otras formas de opresión, que fueron eclipsadas antes de que las teorías postmodernas florecieran en los 80 y 90.

El crítico literario Terry Eagleton identificó "el logro más duradero" del postmodernismo en el "el hecho de que ha ayudado a plantear preguntas de sexualidad, género y etnia tan firmemente en la agenda política que es imposible imaginar eliminarlas sin una poderosa lucha". Al mismo tiempo, sin embargo, el posmodernismo hizo surgir un rechazo de plano de la generalización política y de las categorías de las estructuras sociales y realidades materiales, a las que se referían como "verdades", "totalidades" y "universalizaciones", en nombre de un "anti-esencialismo". (Ciertamente, tal rechazo de la generalización política es en sí misma una generalización política, una contradicción inherente al pensamiento posmoderno).

Los posmodernos sitúan un énfasis clave en el carácter limitado, parcial, subjetivo, de las experiencias individuales de la gente, rechazando la estrategia de lucha colectiva contra las instituciones de opresión y explotación para centrarse en las relaciones individuales y culturales como centros de lucha. No es un coincidencia que el posmodernismo floreciera en el mundo académico tras el declive de la lucha de clases y los movimientos sociales de los 60 y 70, y con el ascenso de la clase dominante neoliberal. Algunos académicos vinculados con el ascenso del posmodernismo eran veteranos radicales de los 60 que habían perdido la fe en la posibilidad de la revolución. Se les unió una generación de radicales demasiado jóvenes para haber experimentado el tumulto de los 60, pero que estaban influenciados por el pesimismo del periodo.

En este contexto, el marxismo fue calificado generalmente de "reduccionista" y "esencialista" por académicos que se autodenominaban posmodernos, postestructuralistas y postmarxistas. Dentro de la categoría teórica más amplia de postmodernidad, el postmarxismo proporcionó un nuevo marco teórico a comienzos de los 80. Dos teóricos postmarxistas, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe publicaron Hegemonía y Estrategia Socialista: Hacia una Política Democrática Radical en 1985. Laclau y Mouffe planteaban su teoría como negación de la "totalidad" socialista: "vínculos necesarios entre antisexismo y anticapitalismo, y la unidad entre ambos sólo puede ser el resultado de una articulación hegemónica. Por consiguiente, sólo es posible construir esta articulación a partir de luchas separadas [...]. Esto requiere la autonomización de las esferas de lucha".

Esto es un argumento en favor de la separación de las luchas. Tales luchas "flotantes" deberían entonces ser conducidas totalmente dentro de lo que los marxistas llaman superestructura de la sociedad, sin relación con su base económica. Además, el concepto de Laclau y Mouffe de "autonomización de las esferas de lucha" no es solo que cada lucha esté limitada a combatir una sola forma particular de subordinación dentro de un dominio social particular, sino que no necesita siquiera implicar a ninguna otra persona más que a uno mismo. Esto se dice explícitamente: "muchas de estas resistencias no se manifiestan bajo la forma de luchas colectivas sino a través de un individualismo crecientemente afirmado". Estos pasos muestran claramente cómo el énfasis se alejó de la solidaridad entre movimientos y también de la lucha colectiva a la individual, a la lucha interpersonal.

Así, las relaciones interpersonales se convirtieron en el lugar central de lucha, basada en las percepciones subjetivas de qué individuo está en posición de "dominio" y cuál en posición de "subordinación" en cualquier situación particular. En 1985 el teórico queer Jeffrey Escoffier resumía: "La política de la identidad debe ser también una política de la diferencia […]. La política de la diferencia afirma una existencia limitada, parcial". Los postestructuralistas se apropiaron de términos como "política de la identidad" y "diferencia" que tenían su origen en el feminismo negro de finales de los 70. Cuando el Colectivo del Río Combahee se refería a la necesidad de una política de la identidad, por ejemplo, estaban describiendo la identidad colectiva de las mujeres negras; cuando enfatizaba la importancia de reconocer las "diferencias" entre mujeres, se referían a la invisibilidad del colectivo de mujeres negras en el feminismo predominantemente blanco de clase media del momento. Pero hay un mundo de diferencia entre la identidad social -identificación como parte de un grupo social- y la identidad individual.

La concepción postestructuralista de la "identidad" está basada en los individuos, mientras que la "diferencia" puede referirse igualmente a cualquier característica que sitúe a un individuo al margen de otros, ya sea por una relación de opresión o que sea simplemente no normativo. Vale la pena señalar que la feminista negra Kimberlé Williams Crenshaw, escribiendo en los 90, discrepaba con la "versión del antiesencialismo que encarnaba lo que puede llamarse la tesis vulgarizada de la construcción social, [que] consiste en que, puesto que las categorías son construidas socialmente, no existen los “negros” o las “mujeres”, y no tiene sentido por tanto continuar reproduciendo esas categorías y organizándose en torno a ellas".

Frente a ello, afirmaba que "una primera respuesta a estas preguntas requiere que reconozcamos en primer lugar que los grupos de identidad organizados en los que nos encontramos son de hecho coaliciones, o al menos, coaliciones potenciales esperando a ser formadas". Concluía diciendo que "en este momento de la historia, puede argumentarse firmemente que la estrategia de resistencia más seria para los grupos desempoderados es ocupar y defender una política de localización social en vez de vaciarla y destruirla".

Identidad "individual" o "social" 

Es así como el concepto de interseccionalidad que se desarrolló por primera vez en el marco de la tradición feminista negra, emergió mucho más recientemente en el contexto de la posmodernidad. Aunque el feminismo negro y algunas corrientes de la teoría posmoderna comparten asunciones y lenguaje comunes, estos quedan ensombrecidos por las diferencias clave que hacen de ellos enfoques distintos para combatir la opresión. Por tanto, el concepto de interseccionalidad tiene dos fundamentos políticos distintos: uno con el trasfondo del feminismo negro y otro del posmodernismo.

La reciente evolución del enfoque postestructuralista de la política de la identidad y de la interseccionalidad, que ha tenido una fuerte influencia en la generación actual de militantes, da un gran énfasis al cambio de comportamiento individual como la forma más eficaz para combatir la opresión. Esto ha dado pie a la idea de que los individuos "señalen" los actos interpersonales de opresión percibida como un acto político crucial. Ha dado pie, más en general, a la interseccionalidad en términos posmodernos, incluso entre los que no tienen idea de qué es la posmodernidad.

Como ha afirmado recientemente un investigador marxista:
"A finales del siglo XX, un discurso teórico de la interseccionalidad se hizo casi hegemónico en muchos sectores de la vida intelectual radical. En este discurso, centrado en cuestiones sociales y movimientos en torno a la raza, género, clase, sexualidad y otras formas de opresión era habitual decir que deberíamos rechazar cualquier tipo de reduccionismo o esencialismo de clase en el que el género y la raza queden subsumidas bajo la categoría de clase. Como mucho, se decía, los movimientos en torno a la raza, género, sexualidad o clase puede entrecruzarse entre sí, pero no pueden coaligarse fácilmente en un movimiento contra la estructura de poder y el sistema capitalista que, según con los marxistas, está tras él. Así, la interseccionalidad actual de estos movimiento sociales -frente a su separación- era vista habitualmente como limitada, como realidad y como una posibilidad. Decir otra cosa era correr el riesgo de caer en el abismo del reduccionismo o el esencialismo".

Coincido con Anderson en este punto, pero también creo que es claro que está criticando la versión posmoderna de la interseccionalidad, no la del feminismo negro. Creo que un error por parte de los marxistas no apreciar el valor de la tradición feminista negra, incluyendo el concepto de interseccionalidad, tanto su contribución a combatir la opresión de las mujeres de color, las mujeres de clase obrera y las formas en que puede ayudar a avanzar la teoría y práctica marxistas. Los marxistas aprecian las contribuciones de los nacionalistas negros de izquierda, incluyendo a Malcolm X y Franz Fanon, así como el socialismo del Black Panther Party y han intentado incorporar aspectos de sus contribuciones a nuestra propia tradición política. Los ejemplos anteriores proporcionan pruebas sólidas de que deberíamos incorporar del mismo modo lo que las feministas negras tienen que ofrecer al marxismo.

El papel de la segregación racial en EEUU ha impedido eficazmente el desarrollo de un movimiento de mujeres unido que reconozca las muchas implicaciones de la histórica división racial. Ningún movimiento puede aspirar a hablar por todas las mujeres a menos que hable por las mujeres que también afrontan las consecuencias del racismo, que sitúa mayoritariamente a las mujeres de color en las filas de la clase obrera y la pobreza. La raza y la clase deben ser centrales al proyecto de la liberación de las mujeres -no sólo en la teoría sino en la práctica- si pretender ser significativo para aquellas mujeres que son las más oprimidas por el sistema.

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Sobre la autora:
Sharon Smith (1956), feminista, activista social norteamericana. Vive en Chicago, militante de la International Socialist Organization (ISO), integra la redacción de la revista International Socialista Review y es columnista del Socialist Worker. Colabora regularmente en publicaciones de izquierda como CounterPunch y Dissident. Autora entre otros ensayos, de una fenomenal investigación (traducida al castellano) sobre las luchas de los trabajadores en su país: Fuego subterráneo. Historia del radicalismo de la clase obrera en los Estados Unidos (Editorial Hiru Hondarribia, Gipúzcoa, 2013). 

sábado, 2 de septiembre de 2017

Seis detenidos por agredir a un transexual en Madrid

Por Kaos. Estado Español

Varios jóvenes profirieron insultos transfóbicos y tiraron piedras a una personas por el mero hecho de ser transexual. El agredido tuvo que refugiarse y avisar a la Policía Nacional. 
Los hechos sucedieron sobre las 18:30 horas de la tarde de este jueves cuando una persona llamaba al 091 y manifestaba ser víctima de una agresión. Al parecer, varios jóvenes le habían comenzado a proferir insultos transfóbicos y a tirar piedras por el mero hecho de ser transexual. Debido a esto tuvo que refugiarse y dar aviso a la Policía Nacional.La Policía Nacional ha detenido a seis individuos -cinco de ellos menores de edad- por una agresión homófoba cometida en el Parque de San Isidro.
Rápidamente se desplazaron al lugar varios indicativos policiales que localizaron en el lugar a los presuntos autores y les arrestaron por un delito contra los derechos fundamentales.
Además, los agentes prestaron la preceptiva asistencia a la víctima siendo trasladada hasta el Grupo de Delitos de Odio contra la Orientación Sexual para el trámite de la correspondiente denuncia.

Juana Rivas: el Derecho también tiene género

Derecho & Desigualdad de género


http://www.eldiario.es

"Lo que nos ha certificado el caso de Juana Rivas es el peso brutal que la visión androcéntrica y machista del Derecho sigue teniendo en la aplicación e interpretación de las normas."

Durante las últimas semanas he seguido con mucha atención, no solo por su importancia social y humana sino también por su complejidad jurídica, el caso de Juana Rivas. He constatado cómo en las redes sociales todas y todos nos convertíamos en apenas horas en expertos juristas, sin tener más conocimiento de los procedimientos en curso que lo que nos llegaba a través de las medios de comunicación y de los ecos, con frecuencia tan poco fundados, de quienes en Twitter o Facebook parecían tener más claro que nadie cuándo es posible interponer un recurso de amparo o de qué manera se debe actuar judicialmente para proteger los intereses de un menor.

Todo ello en muchos casos con un nivel de vehemencia que parecía, cualquiera que fuera la posición que se estuviera defendiendo, que en Derecho no fueran posibles las divergencias, cuando la primera lección que yo le enseño a mi alumnado es que en el ámbito jurídico dos y dos casi nunca suman cuatro. No voy a entrar por lo tanto a valorar aspectos concretos de las dos líneas procesales abiertas en el caso, la penal y la civil, para lo que, insisto, me faltaría manejar la que supongo prolija documentación que se ha generado en los últimos meses.

No puedo más que adherirme al sensato y bien argumentado documento que hace unos días hizo pública la Asociación de Mujeres Juezas de España. Simplemente me voy a limitar a subrayar algunas de las sombras que ha puesto al descubierto el drama de Juana Rivas, justo además cuando nuestros representantes acaban de firmar un rimbombante pacto de Estado contra la violencia de género que, como ya puse de manifiesto hace unas semanas, me parece un documento formalmente muy valioso pero del que dudo de su eficacia real.

Desde mi punto de vista, el caso de Juana Rivas ha venido a subrayar, otorgándoles una atención mediática que no han tenido otros muchos supuestos casos de madres que han vivido situaciones similares, dos factores que hoy por hoy continúan siendo grandes lastres para la urgente necesidad de acabar con una lacra que pone en duda que nos podamos calificar como sociedad democrática.

De una parte, es evidente, pese a que el laberinto judicial a veces no nos deja ver bien las realidades últimas, que nuestros mecanismos procesales, y por supuesto los meramente preventivos, necesitan de reformas legislativas que los hagan más eficaces, además de una correlativa dotación de recursos que hagan posible en cualquier circunstancia la protección de las y los más vulnerables. En este sentido, también creo que ha llegado el momento de replantearse determinados instrumentos internacionales, como el tan citado Convenio de La Haya, que me da la impresión que resulta poco eficaz cuando hay que afrontar un asunto tan dramático como el de los hijos de Juana.

De otra parte, e incluso creo que este factor habría de ser el de atención prioritaria por parte de todas las instancias públicas, lo que nos ha certificado el caso de Juana Rivas es el peso brutal que la visión androcéntrica y machista del Derecho sigue teniendo en la aplicación e interpretación de las normas. Es decir, nuestros jueces y tribunales, como también una gran mayoría de abogados y de abogadas, y no digamos el Ministerio Fiscal, continúan haciendo oídos sordos al mandato establecido por la LO 3/2007 según la cual todos los poderes públicos deben aplicar en sus actuaciones la perspectiva de género.

Una perspectiva que, por lo tanto, habría de estar de manera principal y no solo transversal –ese es el sentido del mainstreaming de género– en la actuación de todos los operadores jurídicos. Una obligación que implica tener presentes:

a) las relaciones de poder asimétricas que se dan entre hombres y mujeres, y que tiene unas singulares manifestaciones en el ámbito de las relaciones familiares y afectivas;

b) la extrema vulnerabilidad de las mujeres, y con ellas de los menores de edad, que se hallan en una posición de subordiscriminación que hace que carezcan de equivalentes recursos para actuar con autonomía y, por lo tanto, con auténtica libertad.

Mientras que en este país no nos tomemos la igualdad de género en serio, también en las Facultades de Derecho, en la formación de todos los operadores jurídicos y en general de todos los profesionales que intervienen directa o indirectamente en la protección y atención de las mujeres maltratadas y de sus hijos, nos vamos a seguir encontrando con casos como el de Juana.

Porque no basta con tener leyes que efectivamente protejan a los y a las más vulnerables, sino que es preciso incorporar a las pautas de interpretación del Derecho una dimensión, la del género, sin la que es imposible garantizar los derechos de quienes se hallan en posición de subordinación.

Porque, insisto, las leyes, por más perfectas que nos creamos que son, siempre son objeto de interpretaciones varias, necesitan de aplicadores que las moldean en función de los casos concretos, y en esos procesos es donde necesitamos mujeres y hombres que sean capaces de mirar más allá de la letra de la ley y, por tanto, de hacer reales valores constitucionales como la igualdad o la justicia. Una justicia que, de momento, sigue dando buenas muestras de continuar respondiendo mayoritariamente a los dictados del patriarca que es el que sigue dominando los púlpitos y las puñetas.

Mientras que el mundo del Derecho, tan reaccionario, tan cómplice del orden patriarcal, tan liberal, no sufra una transformación que permita al fin descoser lo que los varones hemos tejido durante siglos, mucho me temo que seguirá habiendo mujeres como Juana que se verán obligadas a desafiar la ley. Es nuestra responsabilidad por lo tanto evitar que esto suceda garantizando que ninguna de ellas se sienta más perdida que protegida ante un sistema que en muchos casos no hace sino multiplicar su proceso de victimización.





Sobre el autor:

Octavio Salazar es Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba, investigador especializado en igualdad de género y nuevas masculinidades. Autor, entre otros, de los libros 'Masculinidades y ciudadanía. Los hombres también tenemos género' (Dykinson, 2013) y 'Autonomía, género y diversidad: itinerarios feministas para una democracia intercultural'

Fuente:http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Juana-Rivas-derecho-genero_6_679342071.html

viernes, 1 de septiembre de 2017

[Una mirada respetuosa sobre la prostitución] Carta abierta a Rosa Cecilia Lemus




Por Carlo Frabetti
Querida camarada:
Me permito llamarte así porque yo también me considero marxista (dentro de lo que cabe) y porque estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dices en tu artículo Una mirada marxista sobre la prostitución. Estoy de acuerdo en muchas cosas, pero no en algunas de las fundamentales, que para nosotras (las marxistas como tú y yo) son las que invitan a llevar a cabo acciones concretas. Pero antes de entrar en materia, tal vez convenga que te aclare por qué me interesa especialmente este delicado asunto y, sobre todo, por qué me atrevo a hablar de él.
Por razones que no vienen a cuento (sí que vienen a cuento, pero exponerlas me obligaría a extenderme demasiado), a mediados de los setenta mi casa de Barcelona, próxima al “barrio chino”, se convirtió en la sede del primer sindicato (clandestino, obviamente) de trabajadoras del sexo. Por la misma época, también solían reunirse en mi casa las integrantes de un colectivo de feministas radicales, y ambos grupos entraron en contacto, iniciando un diálogo y unas líneas de colaboración que todavía perduran, y uno de cuyos exponentes más destacados -y meritorios- es el colectivo Hetaira, con el que estuve en contacto mientras residía en Madrid, donde está su sede. A lo largo de cuatro décadas, he pasado muchas horas conversando con trabajadoras del sexo de varios países (aunque nunca como cliente) y he tenido el privilegio de haber sido invitado a algunas de sus reuniones y congresos, lo que me permite hablar con cierto conocimiento de causa. Y por “conocimiento de causa” entiendo haber escuchado en vivo y en directo los argumentos, las reivindicaciones y las discusiones internas de las interesadas, que de ninguna manera podemos ignorar. Y en función de esta larga y poco común experiencia, que ante todo me ha obligado a modificar mi propia visión -a la vez ingenua y paternalista- de la prostitución, me permito sugerirte algunos temas de reflexión. Tu artículo rezuma honestidad y buenas intenciones, así que confío en que, aunque no estemos plenamente de acuerdo, este intercambio de ideas resulte positivo.
Consignas y decisiones
Las/os abolicionistas suelen decir que ninguna mujer nace para ejercer la prostitución, a lo que las trabajadoras del sexo (en adelante TS) contestan: “Ninguna mujer nace para decirle a otra qué hacer con su cuerpo” (las comillas indican que cito textualmente un lema o consigna, en este caso de Hetaira).
Otros lemas de las TS en la misma línea:
Ni víctimas ni esclavas, nosotras decidimos”.
Mi cuerpo, mis decisiones”.
No me liberes, yo me encargo”.
Nadie vive mejor sin derechos, las trabajadoras del sexo tampoco”.
Supongo que con la última frase estarás de acuerdo; pero de tu artículo se desprende que no crees que las TS decidan realmente, y ese es un punto clave (por no decir el punto clave), sobre el que te planteo un par de preguntas:
¿No es una forma solapada de paternalismo decir que una persona adulta y en pleno uso de sus facultades mentales no está en condiciones de decidir?
Por otra parte, ¿quién decide de forma realmente libre? ¿Son plenamente vocacionales todos los barrenderos, albañiles, camareras/os, limpiadoras/es…? Hay TS abocadas a la prostitución contra su voluntad y explotadas vilmente, y a esas hay que “liberarlas”, sí, como a los subsaharianos que trabajan en los campos en régimen de semiesclavitud; pero esas situaciones extremas no son argumentos válidos ni contra el trabajo sexual ni contra la agricultura. He conocido a muchas TS que prefieren su trabajo a otros a los que tendrían acceso fácilmente, y he oído a menudo frases como esta: “Prefiero aguantas a un cliente diez minutos que a un jefe ocho horas”. Tú y yo, querida Rosa, seguramente preferiríamos aguantar a un jefe; pero no podemos imponer nuestras preferencias a las demás.
¿Qué es la prostitución?
¿Por qué nos perturban tanto los servicios sexuales tangibles y aceptamos los intangibles con naturalidad? ¿Acaso las presentadoras sexys que proliferan en todas las televisiones, y que tanto éxito tienen, no son trabajadoras sexuales? ¿Acaso no se ganan la vida exhibiendo sus atributos femeninos y excitando la libido de los espectadores? ¿Habría que multar, siguiendo el modelo sueco, a quienes se masturben mirándolas? ¿Y acaso no vendemos o alquilamos todas/os por dinero cosas que habría que intercambiar amistosamente, como decía Marx? Para no extenderme más sobre este punto, me permito remitirte a mi artículo Todos somos putas (Rebelión, 2004).
Y aunque adoptemos una definición concreta y restringida de prostitución, ¿cómo tipificarla sin invadir la intimidad? Paradójicamente, solo las formas de prostitución más toleradas (como las que se anuncian sin ambages en los medios) son inequívocas. Si una mujer se me acerca por la calle, me susurra algo al oído y nos vamos juntos, ¿quién puede demostrar que se trata de prostitución y no de amor a primera vista? Aunque la ropa y la actitud de la mujer dejen poco espacio a la duda, no hace falta que te diga lo que implica reprimir a la gente por su aspecto.
Por otra parte, los típicos ligues de discoteca que se consuman en los lavabos o en el asiento trasero de un coche (o ciertos “contactos” por internet), ¿no podrían considerarse en muchos casos prostitución de trueque? No se cambia sexo por dinero, pero sí sexo por sexo, sin participación (e incluso con exclusión deliberada) de la afectividad.
El mito del amor
El mito del amor es el mito nuclear de nuestra cultura, y como tal es especialmente resistente a la crítica, incluso al mero análisis objetivo. Y la demonización de la prostitución se debe tanto al puritanismo de la hipócrita moral cristiano-burguesa como al banal “romanticismo” de nuestra sociedad enajenada: la prostitución nos parece execrable porque profana el sagrado templo del amor. Podría escribir un libro sobre este tema, y tal vez lo haga; pero de momento me limitaré a remitirte a otro artículo que encontrarás fácilmente en la red: Contra el amor.
Todas estas sugerencias, que espero aceptes con la misma cordialidad con que las hago, se pueden sustituir con ventaja por una sola: habla directamente con las TS, escucha sus argumentos y reivindicaciones, no caigas en el paternalismo (la lógica patriarcal nos contamina a todas) de pretender saber lo que les conviene a otras mejor que ellas mismas. Seguro que las compañeras de Hetaira estarían encantadas de conversar contigo.
Y ojalá que lleguemos a ver un mundo sin prostitución; pero no a base de medidas represivas. Multar a los clientes equivale a dejar sin trabajo a las TS, y el mero hecho de que el PSOE defendiera el modelo sueco debería hacernos desconfiar de él.

México: Los feminicidios no cuentan, pero cuentan y ya no queremos seguirlos contando


Por FridaGuerrera Villalvazo

Es necesario para cada una de nuestras conciencias; que ya no puedo mantenerme impávida ante el desvanecimiento de las vidas
Aarón entró a su casa ese martes 8 de agosto de 2017, al llegar al lugar donde compartía la vida con su mamá y un sujeto que un año y medio atrás había llegado a vivir con Xochitl,  la casa estaba vacía, no había nada era como si se hubieran mudado de ahí, Aarón se asustó al momento llamó a su mamá, solo el buzón de voz contestaba, el temor se apoderó del menor hijo de Xochitl Ivette, quien llamó a una de sus tías para conocer si sabían algo; La respuesta fue negativa le dijo que buscará a su mamá que tal vez ahí estaba;  al buscarla Aarón alcanzó a ver los pies de su mamá inmóviles, el menor salió corriendo asustado a casa de su abuelita Rufina, que vive a unos 5 minutos de distancia.Al sentarme hoy a redactar para que conozca a Xochitl Ivette, me pregunto, por qué no voy en busca de historias de vidas,  las que deberían contarse en vida, debería conocer y narrar las historias de cada mujer que voy conociendo, sus sueños, sus alegrías, sus llantos por el desamor, o tal vez su decepción por la traición, su largo caminar por sacar a sus hijos adelante, saber de su esfuerzo para  ayudar un poco a sus padres ya cansados, que me contaran sobre sus amigas y como entre ellas charlan picosamente de sus vidas en pareja, o comparten sus llantos con una buena copa de vino, o una cerveza, tal vez que recordarán ese primer beso la alegría de sentir “mariposas en la panza” por la primera vez que se enamoraron, el nacimiento de su primer hijo, los achaques del embarazo, o la decisión de no tenerlos y adoptar mascotas como hijos, quisiera escucharlas a ellas, verlas, palparlas, conocer sus gestos, su risa,  su enojo, observarlas otra vez florecer ante la posibilidad de un nuevo amor, de comenzar otra vez, de volver a confiar en un hombre con el que lo único que buscan es compartir su vida, su historia, un hombre que las ame, que las acompañe, que las deje florecer, crecer, ser ellas mismas, lamentablemente las historias que le cuento, cada semana en este espacio, son de muerte, de traición, de engaño, de dolor, de depredadores, y me siento a redactar imaginándolas, cerrando los ojos para tratar de percibir esas sonrisas, ese carisma que las familias me cuentan, porque a ellas jamás las conoceré, solo veré sus fotos, sonrientes, llenas de vida, abrazando a sus perros, a sus hijos, a su historia, a sus mamás,  solo seré una vez más la extensión de la voz de una mujer que fue acallada, que fue rota.
Xochilt Ivette Ávalos Díaz, nació el 10 de febrero de 1973, hasta los diez años era llamada amor, era la más pequeña de una extensa familia de diez hermanos, durante diez años “amor” fue la bebé de la familia encabezada por Doña Rufina Díaz Espinoza, una mujer hecha de buena madera la cual vendiendo tortas sacó adelante a sus diez hijos, siempre digna, firme, luchona, de las mujeres que no le tienen miedo a la vida, su orgullo son todos sus hijos, pero Ivette era la más bonita, las más alegre de las mujeres de esta familia, la tía favorita y la mamá dura pero a su modo amorosa, que siempre les mostró a sus dos hijos que la vida debe ser vivida con sobriedad.
La familia completa de Xochitl se concentró en su casa, donde ese 8 de agosto, Aarón su hijo la había encontrado asesinada, desecha a golpes, estrangulada, “no era ella la dejo irreconocible”; Luis el hijo mayor de Xochitl es un chico independiente, a pesar de que ya no vivía con su mamá y su hermano, todos los días hablaba con ella, si no por llamada por mensaje, fue el último en recibir un mensaje de Xochitl, que a su modo le hacía saber que lo amaba, que junto con Aarón era lo más importante para ella.
Ya nos vamos a dormir.
Luis estaba mensajeando con su mamá a las doce de la noche de ese ya ocho de agosto cuando repentinamente le escribió “Ya nos vamos a dormir”; fue un mensaje sin mensaje, que no era de ella, “siempre me decía descansa, nos hablamos mañana, ese día no”. Luis pensó que tal vez ya estaba de verdad muy cansada, sin más durmió, despertó y fue a la Universidad, a las 17:00 horas su hermano menor le llamó para pedirle que se trasladará a Ciudad Azteca, Ecatepec, Estado de México, la llamada lo preocupó se dirigió al domicilio de su mamá, al llegar ya estaba la casa rodeada de policías, toda la familia de Ivette estaba reunida ahí, las palabras retumban en la cabeza de Luis, “Tú mamá está muerta, Francisco la mató”, las palabras que nunca esperas escuchar, las que te dejan sin aliento, golpeado como si chocaras con una puerta enorme de cristal sin esperarlo, tanto que el ruido aún aturde, la explosión de miles de pequeños trozos de vidrio se encajan en tu piel de tal manera que dejas de sentir y conforme pasa el tiempo empieza a desgarrar.
Xochitl se casó a los 22 años, conoció al padre de sus hijos de quien se enamoró y con quien tuvo una relación llena de mimos, comodidades, amor y respeto, el 2 de agosto de 1995 nació su primer hijo Luis, Aarón el segundo el 2 de octubre de 2001, su vida era perfecta dedicada a sus pequeños, sin problemas económicos, ayudando cuando podía a alguna de sus hermanas, siempre empática con quien menos tenía, aun con todos esos privilegios que la vida le otorgaba no dejaba la sencillez de su corazón, su carisma, la felicidad la irradiaba, todo era perfecto para ella, recuerda su madre Doña Rufina quien con cariño trae al presente a quien fuera el esposo de su hija, “siempre fue bueno con ella, la amaba mucho”; la vida dio un giro de esos que no se esperan menos se desean, hace seis años el padre de Luis y Aarón y esposo de Ivette, se enfermó y falleció; ante los hechos Ivette y con el dolor de perder a quien la amaba siguió adelante; “hasta alitas vendía afuera de su casa, para mantener a sus dos hijos y no truncar su vida por la falta de su padre”.
Xochitl entró a trabajar, su vida continúo entregada a su familia de origen y a sus dos hijos,  quienes siempre se han mantenido juntos, cada domingo la casa de Doña Rufina se llenaba de hijos, nietos, los perros de Xochitl Drago y Capuchino, las navidades siempre se reúnen en la casa de quien siempre ha sido el roble que no se cae, ese árbol lleno de sabiduría y fortaleza; así transcurrieron los años después de que Xochitl enviudara, con el corazón lleno de bondad su familia la recuerda carismática , difícilmente se le veía enojada, así era  ella.

Xochitl Ivette conoció a Francisco Mendoza Gómez hace poco más de tres años; Xochitl tenía entonces cuarenta años, inició una relación con el la cual no tenía el visto bueno de la familia algo no les gustaba de Francisco, sin embargo, Xochitl ya era una mujer adulta que podía tomar sus propias decisiones, por lo que la familia se limitaba a observar, Doña Rufina recuerda que ella sentía algo en el corazón sobre ese hombre.
Callado, taciturno, era como si no estuviera, cuando finalmente se fue a vivir a casa de Xochitl y acudía a las reuniones familiares solo se limitaba a sentarse a lado de ella, daba la impresión de ser un hombre solo, no hablaba de su familia, ni de quien era, solo Xochitl sabía el origen de ese hombre en quien confío.

Poco tiempo después de iniciar su noviazgo, Xochitl y Francisco se fueron a vivir juntos, y desde el principio la familia de ella se dio cuenta que él era machista, era muy celoso.  Xochitl no se veía enamorada, pero estaba tranquila, sin embargo, sus hermanas no entendían como alguien tan feo, y de mal aspecto fuera pareja de Ivette, quien siempre se veía arreglada, guapa; a las sobrinas de Xochitl, les brincaba la duda de si era buen hombre, en ocasiones quisieron atreverse a preguntar, Pero Xochitl era muy reservada, y aunque contaba a veces ciertos detalles de su vida con Francisco, no era nada que prendiera las alertas, ni siquiera la de sus hijos.

La madre de Xochitl, está segura que siempre la manipuló, hasta ha llegado a pensar que Francisco usaba drogas, nunca se atrevió a decirle nada a ella, solo en su corazón de madre, siente que tal vez pudo haber cambiado la historia de lo imposible el pasado, no entiende cómo es que logro enamorarla ella era muy inteligente, hasta a los perros se ganóel sujeto.
La familia de Xochitl la encontró asesinada ese 8 de agosto de 2017, amoratada, golpeada salvajemente, la dejó debajo de un mueble, se llevó todas las cosas de valor que había en casa, los perros no la defendieron porque confiaban en él, igual que Xochitl, quien le abrió las puertas del corazón y de su casa; se relacionó con el hombre equivocado. Desde el día de los hechos Francisco no está localizable y cómo sucede regularmente las autoridades del Estado de México, no han siquiera investigado sobre él, no hay orden de aprensión girada, ni nada que les dé la certeza de que quien están seguro que les arranco a su hija, hermana, tía, madre, sea detenido.
Estoy sentada frente a mi computador narrando una vez más esta historia, una veladora acompaña la noche lluviosa que hoy logró que descendiera la temperatura, doy un sorbo a mí café, buscando las palabras correctas para hacer extensiva la necesidad de justicia que tiene la familia de Xochitl,
Entonces pienso en ella, han pasado 20 días de aquella trágica tarde, las noticias que inundad los medios comerciales son banners y videos de Enrique Peña Nieto hablando de que lo bueno casi no cuenta, pero cuenta, queremos seguirlo contando; al escucharlo formo una frase diferente, los feminicidios no cuentan, pero cuentan y ya no queremos seguirlos contando.
La noche me da para soltar la rienda a mi imaginación, a mi mente viene la madre de Xochitl, Doña Rufina una mujer menuda ya mayor, que le habla a diario a la foto que tiene de su hija en la cocina, que le pide a su Dios, mitigar ese dolor que la derrumba, el sufrimiento que logra que de sus pequeños ojos caigan lagrimas calladas, que corren a través de las líneas que pintan su rostro como pequeños ríos. Tocándose el corazón y tratando de contestarse porque no le comentó a alguien de eso que con certeza no sabe qué era, pero que no le gustaba de Francisco.
Imaginó a sus hijos, aún embotados por el dolor, que con pequeñas bromas tratan de mitigar, rememoró lo que me contaron cuando hace unos días Luis perdió un billete de 500 pesos y al buscarlo, entre ellos explicaron, seguro es mi mamá que a pesar de que ya no está nos controla los gastos, y sonrieron.
Me viene a la mente la foto de Xochitl pegada en la sala de la casa materna, sonriente, llena de vida, ignorante de saber el trágico final que tendría. La familia de Xochitl como muchas en este país está rota, lastimada, herida, les quitaron a una de sus mujeres y tienen miedo, enojo, tristeza, impotencia, Francisco está libre, rumores de que lo han visto llegan, sin embargo, la zozobra los mantiene en medio de un brebaje de incapacidad, al no dar con quien arrebató la vida de la alegría de su casa.
Y mientras pasan los días en los que seguramente cada miembro de la familia de Xochitl despierta con la esperanza de haber tenido una pesadilla, abren los ojos y se dan cuenta que no, que es la realidad, que no es un mal sueño e inician una vez más con la petición en redes sociales para localizar a Francisco,  mientras que las autoridades incompetentes, no investigan, no indagan, no hacen su trabajo, porque moverse dejar de lado el discurso es pedir demasiado a las autoridades, preguntarles que han hecho es evidenciar su falta de interés en solucionar el feminicidio de Xochitl y cada uno de los que hay en la Capital del Feminicidio, es mostrar una vez más que la justicia sin dinero no existe, que la justicia es una utopía en México; mientras la lluvia cae y choca con la ventana  muchos de quienes leerán estas líneas, “indignados”, culparan nuevamente a Xochitl, las frases ya suenan trilladas, “por qué no se dio cuenta”, por qué no se fijó quien era”, como si ella hubiera pedido conocer al hombre que la asesinaría;  nuevamente culparan a Xochitl por su feminicidio.
Ante la hilera de líneas que salen de esta mujer quien teclea; nuevamente me cuestionó, por qué tengo que contar sus historias cuando ya no están, por qué no busco historias rosas que no tengan dolor, ni muerte, ni traición y nuevamente entiendo que contar sus memorias esas que pocas veces se cuentan; es necesario para cada una de nuestras conciencias; que ya no puedo mantenerme impávida ante el desvanecimiento de las vidas acalladas, rotas, arrancadas de las mujeres en nuestro país, que es imperioso quitar los números para mostrar sus rostros.

agosto 2017

Quieres contar una historia de feminicidio, desaparición, o intento de feminicidio búscame, ayúdame a visualizarlas.
@FridaGuerrera

Chile. Reprimen a estudiantes tras manifestarse por 4 asesinatos a mujeres sólo en agosto


Por Radio Villa Francia
Desde Octubre de 2016 que distintas organizaciones y personas en el mundo, se han manifestado en contra de la violencia hacia la mujer bajo la consigna “Ni una Menos”.

Frente a esto es que existen ya 20 detenidas (hasta el momento 12:50), por la manifestación exigiendo justicia por la violación y asesinato de Andrea Mazzo. Sus compañeras de liceo A-28 Emilia Toro de Balmaceda, quienes pretenden llegar a la Moneda para visibilizar su protesta, han sido brutalmente reprimidas.
Hoy viernes 1 de septiembre en el marco de los sistemáticos feminicidios que siguen asesinando a mujeres, es que en varios establecimientos de educación se realizó un llamado a manifestarse con diferentes acciones durante todo el día.
Desde Octubre de 2016 que distintas organizaciones y personas en el mundo, se han manifestado en contra de la violencia hacia la mujer bajo la consigna “Ni una Menos”. Y es que la indignación explotó en la opinión pública con el crudo asesinato de Lucía de 16 años en Argentina y el horroroso crimen de Florencia, niña de 10 años, a manos de su padrastro en la ciudad de Coyhaique.
Sin embargo, la legislación chilena y el Ministerio de la Mujer no han realizado actualizaciones en la Ley y se sigue considerando el femicidio como un asesinato por parte de la pareja o el conviviente estable, es decir, una relación sentimental “formal”.
Al 30 de agosto de 2017, a cerca de 10 meses de las primeras manifestaciones de #niunamenos y sólo en la última semana, se han producido cuatro feminicidios en el país:
22 Agosto – Andrea Mazzo.
Fue por medio de una relación vía Redes Sociales que Steve Sánchez de 21 años de edad conoció a la joven de iniciales Andrea Mazzo de 15 años de edad. Luego de acordar una cita para el día 22 de agosto, se dirigieron al inmueble del detenido ubicado en la comuna de Quinta Normal, donde según Sánchez habrían tenido relaciones sexuales consentidas luego de haber consumido marihuana.
Sánchez aprovechó la condición de la menor drogada para abusar sexualmente de ella, que luego comenzó a sufrir una serie de convulsiones por lo que Sánchez la llevó al Hospital San Juan de Dios, donde los exámenes médicos indicaron que la menor fue drogada y posteriormente violada.
Personal de Labocar y del OS9 de Carabineros se dirigió al centro asistencial y al inmueble del detenido para recabar antecedentes sobre el caso. Se encontraron rastros de anfetaminas en el inmueble, lo que hace suponer el consumo de estupefacientes para cometer el abuso.
El Ministerio Público durante la formalización llevada a cabo el día 25, confirma que la mujer fue violada y que el 26 de agosto a las 18:12 la menor falleció, a causa de un edema cerebral según informó el centro asistencial.
El proceso judicial se encuentra en curso, mientras Sánchez fue llevado a prisión preventiva por lo que dure la investigación. Sánchez presenta dos denuncias previas por abusos en la comuna de Maipú a menores de 13 y 14 años.
27 Agosto – Jaquelinne Soto
Fue en la salida de un gimnasio ubicado en calle Alejandro Rollan con Avenida Hospital, en la Comuna de Lontué, Curicó, en la que René Pacheco de 43 años, asesinó a Jaquelinne Soto de 43 años tras darle un balazo en presencia de dos hijos del matrimonio y un sobrino, entre otros testigos que se encontraban en el lugar, afirmó el capitán Juan Carrasco del Laboratorio de Criminalística de Carabineros.
Posteriormente al disparo, René se disparó en el mentón. Sin embargo, se debe resaltar que Jaquelinne ya había presentado denuncias contra René Pacheco por maltrato intrafamiliar, e incluso se encontraba con orden de alejamiento.
Según indicó Bío-Bío Chile: “El fiscal Marcelo Garrido dispuso que miembros de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones (PDI), realizara los peritajes correspondientes en el lugar, para determinar cómo sucedió el crimen”.
28 de Agosto – Vania Zuñiga Latapiatt.
“Si me mata, yo hice cada denuncia”,  señaló el 20 de julio el posible feminicidio a través de redes sociales la joven Vania Zuñiga Latapiatt de 27 años de edad, quien tras amenazas, agregó, “el papá de mi hija (Daniel Ortega Miranda) me sigue amenazando de muerte”.
El día 28 de agosto la mujer se encontró muerta en su hogar y cuyo cuerpo estaba junto a su hija de un año de edad en estado de hipotermia en la población Nueva Patagua, en el sector de Miraflores Alto, Viña del Mar. La mujer fue encontrada con hematomas y heridas cortopunzantes en su cuerpo precisó el comisario Claudio Alarcón, de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones. El principal sospechoso es su pareja Daniel Ortega Miranda, quien estuvo detenido, pero hoy se encuentra en el libertad por falta de pruebas.
“…el SERNAM y la Bachelet son una burla para las mujeres que somos violentadas en todas las
formas”, denunció la víctima el pasado 20 de Julio.
El Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) y la Equidad de Género (SERNAMEG), aún están a la espera de que se confirme o descarte si es que el crimen se trató de un femicidio, para así iniciar acciones legales, según comentó su directora regional (s), Paula Martínez. Vania fue sepultada ayer en el cementerio General.

29 de Agosto – Identidad en investigación.
Entre la ruta de Alto Hospicio e Iquique, cerca de Zigzag, se encontró la mañana del martes 29 de agosto el cuerpo de una mujer muerta y amarrada de sus extremidades.
Los peritos de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones identificaron que el cuerpo correspondía a una ciudadana de origen boliviano, quien trabajaba en un centro de peluquería en el centro de Iquique.
Los conductores que circulaban por la ruta, divisaron el cuerpo que se encontraba en la orilla de la calzada. Por orden del fiscal de turno de Alto Hospicio, Carlos Gonzáles, el Servicio Médico Legal hizo retiro del cuerpo de la fallecida. Se continúan las investigaciones para identificar si fue aparentemente asesinada, sin embargo, no hay versión oficial de los hechos.
#NIUNAMENOS
La consigna que se popularizo durante 2016 de #niunamenos genera controversia mientras se siguen cometiendo femicidios, incluso, donde las propias víctimas lo pudieron prevenir. El Gobierno y el SERNAM no han tomado cartas en el asunto para detener los femicidios provocados.
Cabe preguntar, ¿Es posible prevenir los femicidios en el país?, ¿Contamos con recursos necesarios y con la tecnología suficiente para monitorear los casos de violencia intrafamiliar?
Estas y otras preguntas deben ser respondidas por el Gobierno con suma urgencia. Sólo esta semana, 4 mujeres han muerto por desprotección del Estado, sólo esta semana tenemos 4 mujeres menos.
“No es amor si te pega. No es amor si te controla. No es amor si te humilla. Hay vida fuera de una
relación abusiva”.
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Mary Shelley, o tal vez Mathilda

Mary Shelley & Mary Wollstonecraft


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"Así que ahora mi tarea veraniega ha terminado, Mary, y vuelvo a ti, hogar de mi propio corazón Con tu amado nombre, ¡oh tú, hija del amor y de la luz!"

Con estos versos empieza la dedicatoria A Mary con que uno de los mayores poetas del Romanticismo inglés, Percy B. Shelley, quiso encabezar su largo poema épico La Revuelta del Islam como homenaje a su esposa; las catorce estancias Spenserianas de la dedicatoria, con sus resonancias platónicas y sus referencias familiares, constituyen en sí mismas uno de los más bellos y sentidos poemas del gran poeta. ¿Pero quién fue en realidad Mary W. Shelley, universalmente conocida por ser la creadora de Frankenstein, uno de los mitos más fecundos de nuestro tiempo, y a quien ahora nos acercamos como autora de Mathilda?

Dejemos que sea Percy B. Shelley quien nos la describa tal como la conoció en 1814, cuando Mary contaba 17 años: Me encontraba en Londres en junio para un asunto relacionado con Godwin, lo cual requería mi presencia casi constante en su casa. Fue allí donde conocí a su hija Mary. La gracia y la singularidad de su carácter se transparentaban incluso en sus gestos y en el tono de su voz. La impetuosidad salvaje y la altura de sus sentimientos se revelaban en su modo de ser y en su mirada… ¡Su sonrisa es tan convincente y tan conmovedora…! Creo que no hay una sola perfección que no posea…

Así hablo hoy de Mary… Nuestras almas están ahora tan unidas que al intentar describir sus muchas cualidades me siento como un egoísta que intentase acrecentar sus propios méritos… No obstante soy profundamente consciente de mi inferioridad, confieso sin ambages que Mary me supera en mucho por la originalidad y profundidad de su inteligencia… Shelley prosigue en términos parecidos la carta a su amigo Thomas Hogg, hablándole en tono exaltado de su “ardiente deseo de poseer aquel tesoro inestimable”, confesándole que al principio trató de ocultarse a sí mismo “la verdadera naturaleza” de aquel amor, y de ocultárselo a ella, hasta “el momento sublime de mi éxtasis cuando ella me confesó que era mía…”, para terminar declarando: “Poseo el inalienable tesoro que buscaba y que por fin he encontrado”.

Hay que tener en cuenta que a la sazón el joven poeta rebelde estaba casado con la también jovencísima Harriet Westbrook, y que a sus ojos Mary no aparecía únicamente como “un tesoro” en sí misma, sino también, o quizá sobre todo, por ser hija de aquellos “gloriosos padres” a los que se refiere en la dedicatoria ya mencionada, de una madre que dejó la tierra en plena gloria y cuya fama brillaba en ella, de un padre del que Mary siempre podría “reclamar el refugio de un nombre inmortal”.

La madre, Mary Wollstonecraft, universalmente conocida por ser la autora de Vindicación de los Derechos de la Mujer, fue también prolífica ensayista y escritora, valiéndose incluso de las convenciones de la novela gótica para defender y propagar sus ideas. El padre fue William Godwin, filósofo radical muy influyente en su tiempo, autor de Political Justice, obra que Shelley –expulsado de la Universidad de Oxford en 1811 por su panfleto sobre La Necesidad del Ateísmo– había estudiado a fondo. Fue esta obra, junto con la doctrina de la Necesidad sostenida por Godwin, lo que llevó a Shelley a aquella casa, donde defendió frente al padre la doctrina platónica de un cierto margen de libre voluntad en el Universo, encontrando en la hija la encarnación de la mujer ideal, el símbolo de la felicidad terrena y de la “Belleza Intelectual” del amor platónico.


Mary Wollstonecraft
Así empezó una relación que había de consolidarse sobre la tumba de la madre de Mary en el cementerio de la Old St. Pancras Church, donde los dos amantes se citaban para leer su obra, ya que Shelley era también gran admirador de la madre. Mary Wollstonecraft había muerto de parto al nacer su hija Mary, y su sombra debió flotar siempre sobre la vida de esta última, educada en su recuerdo y en su obra, según queda consignado en su Diario; de aquella madre a la que nunca conoció mas que por referencias Mary Shelley dejó escrito lo siguiente: “Mary Wollstonecraft es uno de esos seres que no aparecen más que una sola vez en el curso de una generación, su genio es incontestable… Su inteligencia, su coraje, su sensibi­lidad y su apertura de espíritu daban a sus escritos fuerza, encanto y sinceridad…

Quien la conocía no podía por menos de amarla…” El trauma del nacimiento de Mary, el esquema de la hija que causa la muerte de su madre al nacer para luego reemplazarla en el corazón del padre, se refleja con tanta fidelidad en Mathilda que resulta difícil ignorar su carácter autobiográfico. ¿Cómo no ver en la descripción que Mathilda hace del amor de su padre por su madre, con todos sus ecos platónicos, el reflejo del amor de Godwin por Mary Wollstonecraft, la comunidad de intereses entre ellos, patente en las cartas que han llegado hasta nosotros? Mathilda nos habla de su padre como de “un enamorado iluminado por la virtud y la verdad. La amaba por su belleza y su bondad, pero sin duda la amaba más todavía por lo que estimaba ser su sabiduría superior. Así fue como mi padre llegó a la cima de la felicidad”.

Percy Shelley 

Nos hallamos ante un relato romántico, de carácter marcadamente autobiográfico, que poco tiene que ver con el cuento de terror o novela gótica moralizante que fue Frankenstein o el Moderno Prometeo, escrita solo dos años antes, en 1816, cuando Mary contaba solo 19 años. Fruto de un verano lluvioso junto al lago de Ginebra, y de las veladas en la Villa de Lord Byron, en las que los participantes se propusieron escribir historias de fantasmas, Frankenstein contiene ya interesantes proyecciones de la vida de la propia Mary, pero es en Mathilda donde lleva a la perfección la crónica familiar. El relato comienza cuando Mathilda, con la certidumbre de que va a morir, decide evocar su vida declarando que necesita centrar sus ideas por medio de la escritura. Se trata pues de la recapitulación de toda una vida a la triste luz de la muerte, de la descripción de un estado, de una situación, más que de unos acontecimientos: del estado de “Beatitud en el Paraíso” y de la pérdida de ese estado, tal como se nos dice al final del capítulo tercero: “Solo puedo describir, utilizando términos breves pero vigorosos, el tránsito brusco pero irremediable de la felicidad a la desesperación.”

Ese “’tránsito brusco” se produce cuando Mathilda descubre la verdadera naturaleza del amor que su padre le profesa, cuando comprende que él desea que sustituya en todo a su madre, tal como lo expresa en la carta de despedida que le deja al correr hacia la muerte: “Diana murió para darle vida, el espíritu de su madre ha pasado a su cuerpo, ella debe ser lo mismo que Diana fue para mí.” Resulta curioso que sea la mera posibilidad de una relación incestuosa la que desencadene la tragedia en una época en la que el incesto se había convertido en tema caro a los románticos gracias al principio de “derecho divino” de la pasión. Dignificado por Chateaubriand en Atala, el mismo Shelley, en La Revuelta del Islam, convirtió a los amantes Laon y Cythna en hermano y hermana, y, a pesar de todo su simbolismo, los hizo morir intercambiando miradas de “amor insaciable”.

Pero Shelley, que a propósito de la obra de Calderón Cabellos de Absalón escribió: “El incesto, al igual que otras muchas cosas incorrectas, es una circunstancia muy poética”, fue aún más lejos en su drama en verso The Cenci, en el que Swinbur­ne, en su Prefacio a la edición francesa, vio la huella del Divino Marqués. En efecto, el viejo Cenci se recrea con delectación en la seducción y posterior abyección de su propia hija: “La arrastraré, paso a paso, a través de infamias desconocidas entre los hombres… Su cuerpo será abandonado a los perros; su nombre será el terror de la tierra.”

William Godwin 

El contraste entre esta tragedia de inspiración y atmósfera isabelina y la desesperada agonía de Mathilda ante el “abismo” que se abre en ella al descubrir el amor culpable de su padre resulta aún más curioso si se tiene en cuenta que The Cenci y Mathilda fueron escritas casi simultáneamente, en 1819, durante la segunda estancia de los Shelley en Italia. ¿Trató Mary Shelley de exorcizar algún fantasma con su relato, algún episodio de su propia vida, algo que pudo haber ocurrido, o que nunca debió ocurrir? Mathilda reproduce con exactitud el triángulo básico de la vida de Mary: el Padre, la Protagonista, el Poeta…

Y aquí conviene recordar la violenta reacción de Godwin, el padre de Mary, cuando Shelley, el Poeta, le comunicó su decisión de huir con su hija. Al referirle el episodio a un pariente, aquel librepensador que defendía que la relación matrimonial debía terminar cuando una de las dos partes lo decidie­ra, empleó los siguientes términos: “El domingo, 26 de junio, él (Shelley) acompañó a Mary y a su hermana, Jane Clairmont, a la tumba de su madre… y allí, al parecer, concibió la idea impía de seducirla, traicionándome y abando­nando a su mujer”. Lo cierto es que Mary, haciendo honor a las ideas liberadoras de la madre, no dudó en desafiar las iras del padre y huir a Europa con el Poeta…

Y Godwin, a pesar de su indignación, aceptó e incluso exigió que Shelley siguiese pasándole una pensión, y fue él quien años más tarde consiguió la publicación de Frankenstein y se ocupó de ella, cosa que no hizo con Mathilda, que permaneció inédita en vida de Mary. Quizá la misma Mary lo prefiriese así, ya que esta obra, escrita tras la muerte de su hija Clare, que apenas tenía un año, y de su hijo Wi­lliam, que tenía tres años, refleja uno de los períodos más amargos y difíciles de su existencia, un período que resume así en su Diario: “…terminado al mismo tiempo que mi felicidad el 17 de junio de 1819”. Ese fue el día de la muerte de William.

El Diario queda interrumpido y Mary Shelley se refugia en Mathilda, que se abre con un desolado panorama de soledad y de muerte y que tiene mucho de confesión, de desahogo. En efecto, no resulta difícil percibir la voz de la propia Mary cuando Mathilda exclama: “Y yo, que fuí alimentada por las lágrimas y bañada por el rocío de la aflicción durante tantos años, ¿podría yo acaso relataros, aunque fuera por unos momentos, otra cosa que una historia de dolor y de muerte?” La historia que nos relata Mathilda es de hecho parte de la historia de la propia Mary, o mejor dicho, el lado oscuro de esa historia, en el que, a la muerte de sus dos hijos en Italia, hay que sumar la muerte unos años antes de una hija recién nacida en Inglaterra, así como el suicidio, en octubre de 1816, de su hermanastra Fanny, hija de Mary Wollstonecraft, y en diciembre del mismo año, de Harriet Westbrook, la primera esposa de Shelley.

La primera recurrió al láudano y la segunda se ahogó en el lago de Hyde Park; las dos eran personas muy jóvenes y próximas a Mary, que vivía a la sazón cerca de Londres y que debió sentirse en parte responsable de aquellas muertes. Sin necesidad de proponérselo Mary Shelley llevó a la perfección la teoría romántica de que el mejor modo de expresar las pasiones es expe­rimentarlas en la vida real, experimentar las sugerencias más monstruosas de la imaginación…

A pesar de su juventud, el suicidio le era tan familiar como la muerte, y si compartió el inmenso amor de Shelley compartió también las profundas crisis que éste superaba con láudano. Cuando nos habla en Mathilda de los vaivenes de la pasión y la desesperación, de la elección de la soledad, de la búsqueda de la muerte como liberación, Mary sabe muy bien de qué está hablando. Y son esas notas de sinceridad, de vida vivida, de testimonio de una época, las que conectan este relato con la sensibilidad de nuestro tiempo por encima de toda la hojarasca romántica.
Lord Byron 

En efecto, si el padre de Mathilda se configura según los esquemas del héroe fatal del Romanticismo –hábitos melancólicos, huellas de pasiones extinguidas, culpas inconfesables, ca­ra pálida, ojos penetrantes e inolvidables…– que se destruye a sí mismo y destruye a la mujer que cae en su órbita, haciendo suyo el motto del Manfred de Byron “I loved her and destroy’d her” (La amé y la destruí), la voz de Mathilda suena enormemente fresca y próxima a nosotros cuando exclama: “No os confundáis, nunca estuve loca de verdad”, o cuando anali­za su situación concluyendo: “En mí había muerto el aliento de la vida.” Pero quizá el mayor interés de Mathilda resida en que se trata de una obra extrañamente premonitoria, que no se limita a reflejar el presente, sino que anticipa el porvenir.

La tragedia de Mathilda recuperando el cadáver de su padre ahogado en plena tempestad y devuelto por las aguas resulta estremecedoramente profética: en julio de 1822, y al cabo de una semana de inquietud y angustia, las aguas devolvieron a la orilla los cadáveres de Shelley y de su amigo Williams, ahogados en el golfo de La Spezia, al volcar su barco en plena tempestad. Una vez más la vida imita al arte y Mary Shelley tiene que vivir en la realidad una tragedia que ya había imaginado y descrito. “Mathilda predice hasta los más pequeños detalles lo que ocurrió más tarde; en conjunto, se trata de un documento conmemorativo de lo que estoy viviendo hoy”, declaró un año más tarde, en una carta escrita a su amiga Mary Ginsborne.

Su Diario de esta época parece en efecto la continuación de aquel relato romántico en el que puso tanto de su vida: “¡Y ahora, estoy sola! Las estrellas pueden ver mis lágrimas, el viento puede beber mis suspiros, pero mis pensamientos son como un tesoro sellado que no puedo confiar a nadie.

¿Cómo podría darles la palabra a los pensamientos y sentimientos que me atraviesan como una tempestad…?” A través de las convenciones románticas y como una caja de resonancias entre la imaginación y la realidad, Mathilda capta y refleja la sensibilidad de toda una época porque en ella se proyecta el espíritu de una mujer que vivió esa época a fondo, que conoció y amó a los mejores poetas, y que pudo escribir, a modo de recapitulación: “…Francia, la pobreza, los días de soledad, las dificultades, después la estancia en Bishpgate, Suiza, Bath, Marlow, Milán, Bagni di Lucca, Este, Venecia, Roma, Nápoles, Roma, la desgracia, Livorno, Florencia, Pisa, la soledad, los Williams, Baños de Pisa: tales son los capítulos, y cada uno encierra una historia más romántica que cualquier posible relato”.



Mary Shelley


Fuente:http://www.elviejotopo.com/topoexpress/mary-shelley-o-tal-vez-mathilda/