RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

martes, 22 de octubre de 2013

Luchando por votar, Susan B. Anthony (1820-1906)


El sufragismo femenino fue uno de los movimientos reivindicativos más trascendentales de la historia de los últimos siglos. Muchas mujeres vieron el derecho al voto masculino como algo discriminatorio hacia ellas, ciudadanas que deberían tener sus mismos derechos. Durante todo el siglo XIX y parte del XX fueron muchas las que en distintos puntos del planeta decidieron organizarse para conseguir el derecho al voto. Una de ellas fue la norteamericana Susan Brownell, una mujer de origen cuáquero que dedicó toda su vida a reivindicar los derechos femeninos. A pesar de que murió catorce años antes de ver cumplido su sueño, la labor de Susan, como la de muchas de sus compañeras, no fue en vano.

Formación sobria y estricta
Susan Brownell Anthony nació el 15 de febrero de 1820 en Adams, Massachusetts, en el seno de una familia de cuáqueros con tendencias liberales. Sus padres, Daniel Anthony y Lucy Read tuvieron siete hijos, a los que educaron en la importancia del trabajo duro y la vida sencilla así como en los valores de la libertad y los derechos humanos. Tanto su padre como algunos de sus hermanos fueron activos luchadores contra la esclavitud.

Susan tenía seis años cuando se trasladó con su familia a vivir a Battensville, en Nueva York donde estudió en una escuela local que abandonó por las quejas de sus responsables a causa de su condición femenina. Su padre decidió entonces que fuera educada en la colegio que él mismo había fundado. Después de estudiar pedagogía en una internado femenino cuáquero de Filadelfia y en un colegio de señoritas neoyorquino, Susan empezó a trabajar como maestra, profesión que ejerció hasta que cumplió los treinta años. 

Los inicios de su reivindicación femenina
Susan B. Anthony vivió desde su infancia en un ambiente reivindicativo y de activismo político que terminó calando en sus propios ideales. Su primera incursión en las organizaciones reivindicativas de aquellos años fue en 1848 cuando se unió a un movimiento en contra del alcoholismo. Ya entonces, Susan se dio cuenta de que por el hecho de ser mujer, a pesar de participar en un movimiento liberal, tenía muchas trabas. Por ello decidió crear la Sociedad Femenina pro Temperancia del Estado de Nueva York, la primera organización femenina en la que participó.

Ya desde ese momento empezó a distanciarse de las creencias cuáqueras así como de cualquier otra creencia religiosa.

La revolución de Anthony y Stanton
Susan con Elisabeth C. Stanton
En 1848, Susan conoció a Elisabeth Cady Stanton, una de las figuras del feminismo más destacadas del momento. De hecho se encontraron en la primera convención en favor de los derechos de la mujer en Séneca Falls. Desde entonces, Susan y Elisabeth se hicieron inseparables en la lucha por el sufragio femenino y los derechos civiles y sociales de las mujeres. 

Susan no se olvidó de las reivindicaciones abolicionistas que había conocido en el seno de su propia familia. Así, en 1863 fundó la Liga de Mujeres Leales que defendía la liberación de los esclavos durante la terrible Guerra de Secesión iniciada en 1861. 

En 1868, Susan y Elisabeth iniciaron una nueva vía reivindicativa con la publicación de un semanario feminista que llevaba como título The Revolution. Durante dos años, el semanario se convirtió en el punto de reflexión sobre distintas cuestiones relacionadas con los derechos de las mujeres.

Cuando en 1872 se concedió el derecho al voto a los varones negros, Susan inició una campaña reivindicativa reclamando esos mismos derechos para las mujeres. Susan fue detenida al liderar una manifestación de mujeres que exigía ante las urnas su derecho a votar. Se celebraban las elecciones presidenciales y Susan no dudó en votar contraviniendo las leyes del estado.

Su detención supuso un exponencial aumento de su popularidad que aprovechó al máximo. A la espera de ser juzgada, Susan viajó por todo el país dando a conocer sus reivindicaciones. El juicio contra ella supuso una multa por violación de la ley electoral que se negó a pagar.

Feminismo internacional
En 1883 Susan B. Anthony viajó a Europa para conocer de primera mano las organizaciones feministas del viejo continente con el fin de ampliar a la esfera internacional sus reivindicaciones sufragistas. Y lo consiguió cinco años después cuando, durante la celebración en Washington del aniversario de la Convención de Séneca Falls, se fundó el Consejo Internacional de Mujeres, conformado por grupos feministas de 48 países. 



Susan ocupó otros cargos dentro de los movimientos sufragistas a lo largo de su vida, entre ellos el de presidenta de la Asociación Nacional Americana pro Sufragio Femenino. También participó en la creación de otros organismos como la Alianza Internacional pro Sufragio Femenino.

Susna B. Anthony dedicó toda su vida a luchar en favor de los derechos de las mujeres. Fallecida el 13 de marzo de 1906, con 86 años de edad aquejada de una enfermedad del corazón y neumonía, no pudo ver cumplido su sueño en ver aprobado el sufragio femenino, hecho que sucedió en 1920. Aun así, nadie duda de la gran aportación que mujeres como ella hicieron en el seno del feminismo y el sufragismo.


 Si quieres leer sobre ella










Por Sandra Ferrer

domingo, 20 de octubre de 2013

Algunos datos vaginales que probablemente no conocías

Decidimos honrar a la vagina desde la estética (no nos referimos a aquel lugar en el que pides a Gladys casquete corto sino a la apreciación de lo bello) y darles algunos datos curiosos ¿Por qué no hablar de la vagina?

La vulva, a diferencia de la representación del falo, es poco habitual en el arte, exceptuando Great Wall of Vagina de Jamie McCartney, en el que 400 mujeres participaron para crear esta gran pared, incluyendo madres e hijas, gemelas idénticas, transexuales, labioplastias antes y después; algunos dijeron que la obra era sexista porque mostraba sólo partes femeninas sin las caras, pero la intención del artista era que las mujeres notarán que cada cuerpo es distinto, dado el aumento de vaginoplastias durante los últimos años.
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Los genitales femeninos han sido durante mucho tiempo una fuente de fascinación pero también de confusión. Hoy en día parece que la creación de imágenes de la vagina es dominio exclusivo de los pornógrafos, artistas eróticos y feministas. Mi estimado
chaquetón caballero y apreciada damisela, a continuación algunos datos vaginales para platicar en reuniones familiares y romper el hielo.
La vagina se puede ampliar hasta un 200% durante las relaciones sexuales y el parto, para posteriormente volver a su forma original.
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La palabra “vagina” significa: vaina y la palabra “vulva“ significa: envoltura, ambas provienen del latín. Entre las formas más peculiares de renombrarla nos encontramos con: El ojo de tundera, la chimuela, la chiquitiada, la cachucha y el jicamón (apodos avalados únicamente por Doña Gaby, ni se les ocurra llamarla así).
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Mientras que el cabello tiene un tiempo de vida de siete años, el vello púbico dura tres semanas; así que no hay porque trenzar la enredadera, se cae sola.
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Se pueden contraer enfermedades de transmisión sexual, incluso si se utiliza un condón. Lamentamos decírtelo, pero la piel de la vulva puede tocar al escroto y ¡kabum! aparece el chancro, las verrugas y el herpes.
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Los pedos vaginales le ocurren a casi todas las mujeres en algún momento de la vida, se producen por la entrada de aire a la vagina, que al estar formada por una sola cavidad, hace que el aire salga a presión (si huele no es vaginal).
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El pH (potencial de Hidrógeno) de la piel vulvo-vaginal de las mujeres varía a lo largo de su vida. Durante la época fértil se sitúa entre 4,5 y 5, que es casi el mismo pH que el vino y la cerveza.
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Las vaginas tienen algo en común con los tiburones (no, no es olor, por si querías hacer el chiste). Ambos contienen escualeno , una sustancia que existe en el hígado de tiburón y el lubricante natural de la vagina.
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Hay 8,000 terminaciones nerviosas en el clítoris, dedicados exclusivamente al placer femenino (el clítoris es donde está la acción, trátalo suavemente, con la delicadeza con la que tocas un Ipad: “presiona sin romper“), esto suena muy bien en comparación con el glande de pene que sólo tiene 4,000; aunque ya el paquete completo masculino tiene 24, 000 terminaciones nerviosas.
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El vello púbico no sólo sirve para hacerse figurillas o ponerse flamas o letras (sí, letras) funciona como un aislante, protege de la temperatura. No estamos tan seguros de por qué los seres humanos tienen el pelo púbico, somos la única especie del planeta que lo tiene. Se cree que tiene algo que ver con la captura de las feromonas (los olores que segregan durante la excitación sexual).
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Vagina y vulva son parte distintas, ambas están unidas pero mientras que la vagina es un órgano interno, la vulva se mantiene en el exterior. La vulva es donde se encuentra la abertura de la vagina.
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Los ginecólogos recomiendan ciertos hábitos para un olor vaginal fresco, que incluyen 1) eliminar el vello púbico; 2) limpiar con toallitas húmedas en lugar de papel higiénico, 3) beber jugo de arándano 4) chones de algodón para mantener la vagina aireada; 5) tomar probióticos para mantener la flora vaginal sana; 6) evitar las mallitas y 7) comer una dieta sana, a base de vegetales. Los alimentos como el café, los espárragos, el betabel, el alcohol, el brócoli, la cebolla, el ajo propician un olor más fuerte.
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Los ejercicios de Kegel sirven para fortalecer los músculos de la vagina, lo que es beneficioso para las mujeres durante el parto, las infecciones urinarias, e incluso aumentar el placer orgásmico. La buena noticia es que los hombres también pueden beneficiarse de los ejercicios de Kegel, para prevenir la eyaculación precoz y para el fortalecimiento de la erección. Ahora queridos lectores, ¡aprieten!
Con información de: Facts Random History

http://www.sopitas.com/255923-algunos-datos-vaginales-que-probablemente-no-conocias/

jueves, 17 de octubre de 2013

Raza, clase y género: la interseccionalidad, entre la realidad social y los límites políticos

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Esta intervención fue presentada en su totalidad por primera vez en la Universidad de Berkeley el 17 de abril de 2013, en el departamento de estudios étnicos. La segunda vez fue el 8 de junio de 2013 en la Red de Trabajo 24 de la Asociación Francesa de Sociología (AFS) “Género, clase, raza. Relaciones sociales y construcción de la alteridad”, y por tercera vez en el marco de la escuela de verano de Granada consagrada al pensamiento crítico islámico y a las luchas decoloniales, el 21 de junio de 2013. Habría que agregar que parte de este texto se presentó en el VI Congreso internacional de investigaciones feministas en Lausanne en agosto de 2012.
La redacción del PIR

Quisiera agradecer a la universidad de Berkeley y de manera especial al departamento de estudios étnicos esta invitación que me honra.
Antes de abordar la noción de interseccionalidad, quisiera aclarar algo. No hablo aquí desde el punto de vista culturalista, religioso ni identitario. Hablo desde el punto de vista materialista y decolonial. Insisto en esto porque en Francia expresar un punto de vista crítico del universalismo blanco se interpreta inmediatamente como culturalista, particularista. Para ilustrar esto referiré como ejemplo algo que me contaron recientemente: Eric Fassin, sociólogo comprometido que trabaja sobre la politización de las cuestiones sexuales y raciales (y que algunos conocen aquí en Berkeley) declaró en la jornada de estudios “Más allá del matrimonio”, consagrada a la igualdad de derechos y a la crítica de las normas, que mi intervención en el debate (1) (dedicada entre otras cosas a la interseccionalidad) me clasificaba de facto en la categoría de los “culturalistas” en el mismo rango que los homonacionalistas. Esta clasificación que es a la vez una acusación y una condena me hace reír por su superficialidad y su pobreza, pues el carácter materialista de nuestras intervenciones sobre el tema es muy claro para quien quiere tomarse el trabajo de leer con atención. En efecto, nuestra intención es elaborar un proyecto político a partir de la condición concreta y material de los indígenas, no a partir de alguna ideología (Nota del traductor: “Indígenas” en francés es equivalente en castellano al término “sujetos coloniales”. No tiene la misma connotación que en castellano donde el término indígena refiere a los pueblos originarios). Así que no puedo dejar de pensar que las acusaciones incisivas de Fassin y otros expresan de manera evidente la resistencia blanca y/o la incapacidad a deseurocentrarse. No puedo más que aconsejarles que (re)descubran su propia literatura política, especialmente la de Foucault que fue el primero en distinguir la “identidad (homo)sexual” de las “prácticas (homo)sexuales”. Pero más que Foucault, existen pensadores, militantes decoloniales del Sur Global que no solo “pueden hablar”, pensar… sino también enseñar.
Hasta aquí una pequeña introducción, ahora les propongo que entremos de lleno al tema. ¿Qué significa para nosotros, indígenas de la república, el concepto de interseccionalidad, y sobre todo qué utilidad política tiene, por qué nos tiene que interesar? Identifico seis razones:
• 1. La primera razón es que este concepto nació de la conciencia de las luchas de las mujeres negras y existe una experiencia común entre las mujeres de color de los Estados Unidos y las de Europa. No podríamos utilizar o discutir este concepto sin rendir primero homenaje a las feministas de color o al feminismo negro al que debemos un trabajo teórico magistral, que frecuentemente es aprovechado por los medios académicos para despolitizarlo, neutralizarlo y reducirlo a objeto de investigación. Considero que si este concepto teórico nació en las entrañas de las luchas de las mujeres negras en medios racistas, es porque estas teorías son válidas a priori y no es necesario esperar su validación por parte de su cuerpo académico blanco para convencerse de ello. Dicho esto, debo confesar que no conozco lo suficiente las luchas de las mujeres negras de los Estados Unidos para saber cómo a partir de ese concepto llevaron a cabo sus luchas políticas, es decir, cómo articularon las opresiones al interior de sus organizaciones. Es por ello que no abordaré este punto más que en el contexto francés.
• 2. Porque en tanto organización política debemos pensar la condición de las poblaciones que constituyen nuestra base social potencial: los sujetos coloniales en Francia. Entre los indígenas, la mitad son mujeres (y existe la opresión de género), la mayoría es pobre y discriminada (existe una opresión de clase), hay homosexuales (aun cuando la mayoría no lo declara).
• 3. Porque las mujeres árabes, negras, musulmanas, por referirnos solamente al ejemplo del género, padecen la opresión de dos patriarcados (el de los blancos mediante las instituciones y el poder, el de los indígenas mediante el mantenimiento y/o la recomposición de las estructuras patriarcales tradicionales). Los dos patriarcados tienen muchos rasgos en común, pero sus intereses son contrarios. Hablaré de esto más adelante.
• 4. Porque existe un feminismo blanco y movimientos LGBT eurocéntricos y hegemónicos. El feminismo blanco, los movimientos LGBT así como el patriarcado blanco o el movimiento obrero blanco pueden volverse cómplices de políticas reaccionarias y racistas para preservar sus privilegios e intereses blancos.
• 5. Porque el feminismo y el movimiento LGBT pueden ser instrumentalizados por el poder, independientemente de las posiciones políticas de estos movimientos, incluso si algunos son antirracistas y anticolonialistas.
• 6. Por razones estratégicas: cuando se está en una organización política se debe pensar en las alianzas potenciales. Como la probabilidad de hallar aliados en la izquierda es evidentemente mayor que la de hallarlos en la derecha, tenemos que pensar la cuestión de la clase, del género y de la orientación sexual y encontrar respuestas o al menos pistas, porque la izquierda blanca, aun cuando tengo mis dudas respecto de la realidad de su antisexismo, se apropió del feminismo como identidad y sus identidades (anticapitalista, antisexista, antihomófoba) se plantean como condición para eventuales alianzas. Y los indígenas son precisamente el sujeto político más sospechoso de sexismo y homofobia dado que se juzgan sus orígenes culturales (ya sean de la África negra, del Magreb o las Antillas) como retrógrados y contrarios al progreso.
He ahí la lista de las razones por las que la cuestión de las opresiones cruzadas -y por lo tanto de la interseccionalidad- nos concierne a nosotros los indígenas de la república.
Acepto que la conciencia de la interseccionalidad en los círculos blancos, especialmente en los feministas, es sin lugar a dudas un avance. Me alegra sinceramente el avance de esta conciencia de las opresiones cruzadas y doy la bienvenida a todas las iniciativas y contribuciones que provienen del mundo blanco (académico o militante) que se empeñan junto con muchas organizaciones blancas para hacer que se admitan las imbricaciones de las opresiones y la necesidad de las luchas autónomas. El verano pasado, por ejemplo, tuvo lugar en Lausanne la sexta edición del Congreso internacional de investigaciones feministas cuyo tema fue “Imbricación de las relaciones de poder: discriminaciones y privilegios de género, clase, raza y sexualidad” donde intervinieron feministas blancas y de color como Patricia Hill Collins, Christine Delphy, Sirma Bilge, Zara Ali, que es una feminista musulmana, así como Paola Bacchetta aquí presente (nota del traductor: Paola Bacchetta estaba haciendo la traduccón simultánea al momento que Houria Bouteldja pronunciaba este discurso en Berkeley). Para mí, este evento fue un gran momento simbólico aun cuando las organizadoras están lejos de representar el conjunto del feminismo blanco, pues expresa la emergencia y/o el desarrollo de una nueva conciencia en Europa donde el racismo se analiza claramente como un factor estructurante tanto del feminismo blanco como de la condición de las mujeres de color. Pero hay un gran PERO, ya que constatar las opresiones cruzadas, teorizarlas y luego formular un proyecto político que articule las tres, incluso las cuatro opresiones son tres momentos que es necesario distinguir y no confundir. Entre el primer momento y el tercero, en el contexto francés, hay un abismo. A partir de que esta noción de articulación o interseccionalidad penetró los círculos de extrema izquierda, se nos dice a los indígenas principalmente tres cosas:
• “¡Articulen raza, clase, género, y orientaciones sexuales!”. Como si evocar la interseccionalidad tuviera poderes mágicos. Es como si la conciencia de las opresiones cruzadas combinada con palabras bastara para definir una política y sobre todo ponerla en práctica.
• Nos dicen también: “Reúnanse entre mujeres, como han hecho las feministas blancas. Reúnanse en grupos no-mixtos, excluyan a los hombres indígenas”.
Confrontar con la realidad y las luchas concretas estos “consejos” resulta de poca utilidad, aun cuando sean totalmente sinceros y benévolos. Basta ver el compromiso de las mujeres negras de los Estados Unidos y de las mujeres magrebíes en Francia contra la brutalidad policiaca y contra la inhumanidad del sistema carcelario para ver que ha habido prioridades que realizar por parte de las principales implicadas y que con frecuencia se limitan a articular la raza… con la raza. Por supuesto, lo que digo es una especie de caricatura pues de manera indirecta las mujeres, cuando actúan contra los delitos policiacos por ejemplo, actúan al mismo tiempo a favor de sus intereses en tanto mujeres y proletarias. Para las mujeres indígenas de Francia no es necesario actuar en tanto feministas declaradas o en tanto anticapitalistas declaradas. Actúan movidas por su interés inmediato que siempre es una imbricación indirecta de su interés en tanto proletarias, mujeres e indígenas. Así, no se les puede reprochar el descuidar una lucha estrictamente feminista que sería una lucha contra el sexismo, por la igualdad hombres-mujeres, a favor del aborto, contra las violencias en la pareja, cuando las urgencias sociales, la precariedad, el desempleo, las violencias policiacas, la educación de sus hijos, las tienen contra la pared o confrontadas a las discriminaciones que padecen sus hijos, al racismo cotidiano. Así, la violencia masculina que es una realidad que preocupa en los barrios populares donde viven de manera aplastante las poblaciones indígenas (pienso específicamente en la violencia física, la violación, el control familiar de las mujeres y sus cuerpos, la rigidización de los roles sociales de los hombres y las mujeres que paraliza a las mujeres en roles estrictos de madres y esposas…) no son más que unas opresiones entre otras. Agrego a esto la carga muy negativa de la palabra “feminismo”, que es percibido primordialmente como una arma del imperialismo y del racismo tanto por los hombres como por las mujeres indígenas. De ahí la dificultad para las mujeres indígenas, conscientes de la necesidad de luchar contra el patriarcado, de ampararse en una identidad feminista asumida, pues puede suscitar -quizá no el oprobio general- pero sí suspicacias. Así, el combate estricto contra el sexismo puede tener efectos perversos. Puede contribuir a reforzar la dominación masculina blanca sobre los hombres indígenas. En efecto, el patriarcado racista blanco hace mucho que entendió que le sería beneficioso combatir el patriarcado de los hombres de color.
Durante el colonialismo, uno de los ejes estratégicos de la política colonial fue precisamente liberar a las mujeres a las que suponía oprimidas, aun cuando las mujeres en Francia no tenían derecho a votar. Fanon habló ampliamente de esto en el libro “El año V de la revolución argelina”. Quitarles el velo públicamente a las mujeres ha sido una de las armas privilegiadas para destruir el patriarcado de los indígenas. De manera que, no son las mujeres indígenas las que han debilitado el patriarcado indígena, sino los blancos con su patriarcado racista, y ahí radica toda la diferencia. Por el contrario, en Europa, fueron los movimientos feministas blancos quienes atacaron su patriarcado, no potencias extranjeras. Y esto merece ser señalado para comprender el malestar de muchas mujeres confrontadas al concepto de feminismo. Esa política sigue vigente.
La Francia poscolonial continúa con su sueño de apropiarse del cuerpo de las mujeres indígenas y expoliar al hombre indígena, es decir, hacerlo abdicar de su único poder real. El hombre indígena carece de todo poder: político, económico, simbólico. No le queda más que el que ejerce sobre su familia (mujeres y niños). En el marco de la lucha entre los dos patriarcados, el del blanco dominante y el del indígena debilitado, las mujeres deben elegir entre jugar un rol pasivo y someterse a uno o a otro o, al contrario, jugar un rol activo y activar estrategias para disminuir el cerco en el que están y abrirse caminos hacia la libertad. Hay que comprender que el margen de maniobra es muy estrecho. Por eso, el primer consejo (Nota del traductor: Aquí Houria habla de los cinco consejos mencionados mas arriba que la izquierda blanca le ofrece a los sujetos coloniales en Francia), el que consiste en articular antirracismo y feminismo es inoperante, pues en lugar de disminuir el cerco lo incrementa con frecuencia. Por eso, el segundo consejo, que consiste en pregonar la reunión entre mujeres resulta también inoperante, pues supone el deseo de las mujeres de crear relaciones antagónicas contra los hombres de la comunidad. La política de crear grupos no-mixtos es eficaz en los círculos blancos, no en los indígenas. Es mi punto de vista, pero claro es debatible.
Aclaro de paso que el carácter no mixto de lo social, es decir, la separación física de hombres y mujeres es una práctica común en las comunidades de color en Francia. Me refiero pues aquí al carácter político de que los grupos no sean mixtos que se lleva a cabo de manera consciente y que tiene como objetivo excluir a los hombres para construir un poder femenino. No tengo nada en contra de este proceder, pues estoy convencida de que es eficaz en ciertos contextos pero no en el nuestro. ¿Por qué? Porque el colonialismo y el racismo precisamente han separado a los hombres de las mujeres indígenas al acusar al hombre de color de ser el enemigo principal de la mujer de color. Lo que hay que entender, es que ya estamos separados, divididos, construidos como enemigos unos de otras y que el colonialismo ha hecho penetrar en el corazón de las mujeres el odio contra el hombre indígena.
Crecí en Francia con la idea de que los hombres blancos eran superiores a los hombres de color, dignos de confianza, respetuosos de las mujeres, civilizados, etc. Les pido que lean un artículo que escribí sobre el tema (2). Como ya estamos separados, ¿qué puede significar ese consejo de que los grupos no sean mixtos? Respondo desde un punto de vista decolonial y con el interés de las mujeres en la mira: “primero, nos tenemos que amar”, primero tenemos que reencontrarnos, rehabilitarnos. En una palabra, tenemos que restablecer la confianza entre nosotros. Es por ello que el primer eje de la lucha de un feminismo decolonial que “articula” es el que dice: solidaridad con los hombres dominados y rechazar el principio del hombre de color como principal enemigo.
Efectivamente, no podríamos evadir el análisis de la opresión racial del género masculino como no podemos evadir integrar este análisis en nuestro pensamiento político. El ejemplo del velo es sumamente significativo al respecto y me gustaría aquí proponerles una lectura materialista: el velo tiene por supuesto un significado religioso. Me niego a comentar este aspecto pues no quiero afectar el carácter sagrado e íntimo de las cosas. Es importante respetar a las mujeres que lo llevan y no hacer de esto un objeto de curiosidad. En cambio, pienso que tiene también un significado social: el velo islámico emerge en Francia después de la derrota del antirracismo oficial, abstracto y moral en un contexto de relegación social y racial y en un contexto en el que la ideología dominante propone a las mujeres de la inmigración liberarse de su familia, de su padre, hermano, religión, tradición… Analizo la aparición del velo en ese contexto como una impugnación absoluta del patriarcado blanco y racista. Lo analizo como una contraofensiva temible del cuerpo social indígena. Mediante el velo las mujeres dicen a los hombres blancos “nuestro cuerpo no está a su disposición. No es para su consumo. Rechazamos su invitación a la “liberación imperialista”. Pero es también un compromiso entre el patriarcado de color y las mujeres de color. Las mujeres, cuyo cuerpo es un campo de batalla, saben que los ataques del patriarcado blanco refuerzan el patriarcado de color y que éste reacciona de manera agresiva cuando las mujeres se someten al patriarcado blanco y racista. Por eso el velo es también una negociación. El velo tranquiliza a los hombres de color. Les dice: los respetamos, los amamos. Les dice lo que yo formulo de manera política: “solidaridad con los hombres dominados”. Pero tiene también un efecto feminista, y esto es algo que los blancos no entienden. Al tranquilizar a los hombres, las mujeres abren el cerco que las constreñía y conquistan espacios de libertad. Dicho lo cual, quisiera aclarar un punto: la solidaridad de las mujeres con los hombres es en un solo sentido. No hay reciprocidad. Los hombres esperan garantías pero nunca se solidarizan con las mujeres (salvo en el plano del apoyo económico y, digamos, en el plano general de la solidaridad comunitaria). La solidaridad real y activa de los hombres hacia las mujeres que usan velo se explica mejor por la voluntad indomable de defender a la comunidad y al islam -algo que no desapruebo-, más que por algún impulso a favor de las mujeres. Esto me duele pero comprendo su mecánica. Es el lugar en el que estamos: el cruce de opresiones cruzadas e intereses contradictorios, y sabemos que hay que preferir ir a tientas que generar una confrontación directa.
Así, las mujeres actúan de acuerdo a su propio interés y al mismo tiempo por el interés del conjunto de su comunidad. Por supuesto, ese feminismo no tiene el carácter absoluto de un feminismo radical, pero como dije hace un rato hablo desde el punto de vista materialista. Las mujeres de la inmigración, mayoritariamente pobres, dependen de las solidaridades familiares y comunitarias, por ello no pueden permitirse el lujo de la ruptura. Hablé del velo, pero yo que no uso velo tuve que andar el mismo camino. Siempre negocié con el poder masculino de color porque no tenía otros medios (en tanto proletaria, indígena y mujer), pues no hacerlo hubiera significado simple y llanamente complicidad con los blancos contra mi comunidad, ruptura con mi familia, y una mayor inseguridad social. El precio a pagar es demasiado elevado. No somos heroínas.
Así, la fórmula política que se desprende de todo esto, no es la de afirmar la reunión entre mujeres sino la de todos juntos como indígenas. No basta con articular de manera mecánica y explícita el feminismo y el antirracismo para liberar a las mujeres. Hay que adaptar su política a las coacciones que padecen las mujeres. Es por eso que es necesario afirmar primero el antirracismo contra el enemigo principal blanco (pues es una cuestión tanto consensual como compartida) y poner en práctica estrategias propias al interior de las comunidades dominadas racialmente para salvar la coexistencia comunitaria y preservar las libertades individuales, es decir, jugar con los equilibrios e integrar en ellos la jerarquía entre enemigo principal y enemigo secundario.
Así, no pregono la interseccionalidad militante en el sentido de que habría que librar batallas simultáneas con tres o cuatro enemigos principales dada la irreductibilidad de las diferentes opresiones y su simultaneidad. Pregono el derecho a definir la propia agenda, las propias prioridades. Quizá esas prioridades se decidirán sin los hombres, quizá con ellos, quizá en ruptura, tal vez como negociación. Lo que cuenta no son las palabras “feminismo”, “antisexismo”, “dominación masculina”, “patriarcado”. Lo que cuenta es el resultado y los medios que se dan a sí mismas las mujeres indígenas atrapadas entre dos patriarcados. Se debe respetar este proceder aun cuando parezca contradictorio con el interés propio como mujeres, pues no hay nada peor que la mirada despectiva de aquellas y aquellos que subestiman la dificultad en la que se desarrollan quienes viven en contextos en los que las opresiones son múltiples.
Lo que digo de las mujeres resulta casi idéntico si se aplica a los homosexuales musulmanes y negros que viven en los barrios populares. La mayor parte de ellos eligen conscientemente la invisibilidad pues el “coming out” puede tener consecuencias dramáticas. Evidentemente, el “coming out” se le percibe como blanco. Así como cuestionamos la invitación imperialista a la liberación de las mujeres, podemos cuestionar legítimamente el deseo no expresado de aquellos y aquellas blancas/os que animan al “coming out” como el temor sospechoso de verse privados de los cuerpos indígenas… Así, hay tres estrategias posibles para un homosexual o una lesbiana de color en el contexto de opresión racial en Francia: el alejamiento familiar si cuentan con los medios económicos, lo cual es raro; someterse al matrimonio heterosexual o al matrimonio con un homosexual del sexo opuesto para salvar las apariencias con sus familias. Lo que es común entre las tres opciones posibles, es el deseo de preservar a su familia y rechazar el “coming out”. Se han realizado estudios sobre las lesbianas de color en Francia y lo que sorprende es que rechazan el “coming out” porque desean proteger a sus madres. Saben que son ellas a quienes se culpará de mala educación. Y no me refiero aquí a aquellas y aquellos que son muchos y que no contemplan siquiera identificarse en su vida como homosexuales y para quienes la identidad homosexual ni siquiera puede ser pensada como una categoría en sí misma. Pregunta: ¿Qué significa interseccionalidad cuando la invisibilidad es la elección mayoritaria de los principales interesados?
Para concluir, lo que digo a las feministas blancas, a los LGBT y a los blancos en general, es que dejen de darnos consejos e inmiscuirse en nuestras luchas y que convenzan a los demás blancos de que tanto el feminismo como las luchas LGBT, y el anticapitalismo son eurocéntricos y que hay que descolonizarlos. Hace rato decía que no éramos heroínas. Ahora me voy a desmentir. Pienso que somos heroínas y que nuestro heroísmo en tanto dominadas dentro de un grupo racializado e inferiorizado, es precisamente haber alcanzado nuestro objetivo de dignidad en círculos tan hostiles y tan conflictivos, navegar entre intereses contradictorios y hacer lo que los dominantes del grupo no hacen: pensar lo colectivo y lo individual, lo que de alguna manera constituye las primicias de una tercera vía entre el sometimiento al modelo de emancipación eurocéntrica y el regreso a una autenticidad tan ilusoria como perdida.
Houria Bouteldja, miembro del PIR
Traducción: Dulce María López Vega
(1) Universalismo gay, homoracialismo y “matrimonio para todos”: http://www.decolonialtranslation.com/espanol/universalismo-gay-homoracialismo-y-matrimonio-para-todos.html
(2) Pierre, Djémila, Dominique et Mohamed http://www.indigenes-republique.fr/article.php3 ?id_article=1612

domingo, 13 de octubre de 2013

La condesa de Goya, María Josefa Pimentel y Téllez-Girón (1752-1834)


En la España ilustrada de finales del XVIII y principios del XIX vivió una mujer que no sólo acumuló una larga lista de títulos nobiliarios sino que fue también una importante mecenas de las artes. Su relación con Francisco de Goya fue muy importante para el desarrollo artístico y profesional del pintor. Fue ella quien encargó obras tan famosas como El Aquelarre. Su palacio de El Capricho fue uno de los legados artísticos más importantes de la España del XIX. No sólo destaca por su belleza sino también por haber sido la cuna del mecenazgo artístico de la condesa - duquesa de Benavente. 

La noble muchacha
María Josefa de la Soledad Alfonso-Pimentel y Téllez-Girón nació en Madrid el 28 de noviembre de 1752. Fue la única hija de Francisco de Borja Alfonso-Pimentel Vigil de Quiñones y de María Faustina Téllez-Girón. Su padre era conde-duque de Benavente, título que heredaría María Josefa, y su madre era hija del duque de Osuna.

Tras la muerte de su padre en 1763 y después de haber perdido a sus hermanos, María Josefa quedó como la única heredera del título nobiliario de la familia. Título que no sería el único pues sobre su persona recayeron por herencia los de la casa de Pimentel, Zúñiga o Béjar entre otros. 

A la larga lista de títulos nobiliarios heredados por María Josefa se unió en de duquesa de Osuna al casarse con su primo Pedro Alcántara Téllez-Girón y Pachecho en 1771.

La madre abnegada
La condesa-duquesa de Benavente fue una mujer deseosa de convertirse en madre. A pesar de que tuvo muchos embarazos, la pérdida de algunos de sus pequeños ya fuera por abortos espontáneos o por fallecimientos prematuros fue muy sentida por María Josefa. A diferencia de otras damas de su mismo rango, la condesa-duquesa no dudó en estar siempre que pudiera cerca de sus hijos y supervisar su educación personalmente. 

La mecenas admirada

Después de algún traslado esporádico por razones de trabajo de su esposo, María Josefa vivió junto a su marido el duque de Osuna en una casa en la Cuesta de la Vega. Ya fuera por encontrarse cercana al Palacio Real o simplemente por su exquisitez en la decoración y su perfección como anfitriona, la condesa-duquesa pronto convirtió su hogar en un punto ineludible de reunión de la sociedad madrileña en el que se encontraban tanto personas de la alta aristocracia como intelectuales y artistas. 

Y es que María Josefa era una amante de la cultura que gustaba de rodearse de pintores y literatos como Goya o Moratín a los que protegió y promocionó en la corte siempre que pudo. 

En el año 1783 decidió construir a las afueras de la capital un palacio decorado por sus amados pintores y que albergaría una amplísima biblioteca. Mi capricho fue el nombre escogido por la condesa-duquesa para aquel hermoso lugar rodeado de jardines adornados de templetes y plantas exóticas. 


Palacio El Capricho


La esposa fiel

En 1798 el rey Carlos IV nombró a su marido embajador en Viena, un cargo que su esposa aceptó con fiel resignación acompañándolo junto a sus cinco hijos. Dos años después deberían volver a España desde París donde estuvieron largo tiempo esperando poder atravesar la frontera, por causa de una enfermedad del duque de Osuna quien fallecería en 1807. 

Durante los siguientes veintisiete años, la condesa - duquesa de Benavente vivió dedicada a sus artistas, al mecenazgo y a la supervisión del futuro de sus hijos. 


El 5 de octubre de 1835, María Josefa fallecía en su casa de la Cuesta de la Vega. Los retratos que Goya le hizo a ella y a su familia así como todas las obras que encargó al gran pintor para su palacio El capricho son su mayor legado.

 Si quieres leer sobre ella 


Capricho, Almudena de Arteaga
Género: Novela histórica







Por Sandra Ferrer

martes, 1 de octubre de 2013

¿Qué es y cómo surgió el ecofeminismo? Y más importante, ¿qué propone?

Ecofeminismo: La respuesta feminista a los problemas ambientales

 El pensamiento feminista y las preocupaciones ecologistas tuvieron su más grande encuentro en los años setenta, al analizar desde perspectivas confluyentes el problema de la superpoblación mundial. En 1974, la escritora y feminista francesa Françoise d’Eaubonne acuñó por primera vez el término ecofeminismo para referirse a la intersección entre estos dos movimientos y el pacifismo. Ésta ha seguido desde entonces distintas tendencias, teniendo todas en común la añadidura de la perspectiva de género a las gestas por un medio ambiente sano. El ecofeminismo se ha caracterizado por perseguir la reivindicación del Derecho al Medio Ambiente Sano desde una perspectiva que identifica a las mujeres como un grupo vulnerado con respecto al ejercicio de este derecho.
El término ecofeminismo se extendió por el mundo en el marco de numerosas protestas en contra de la destrucción del medio ambiente, llevadas a cabo como respuesta ante distintos desastres. En marzo de 1980 se llevó a cabo una de las primeras y más grandes manifestaciones de este movimiento; durante la Conferencia Mujeres y Vida en la Tierra, sobre el ecofeminismo en la época, se analizaron sus diversos postulados con respecto a la militarización y la globalización. “Pensamos que la devastación de la Tierra y de los seres que la pueblan por obra de las huestes empresariales y la amenaza de la aniquilación nuclear por obra de las huestes militares son preocupaciones feministas. Son manifestaciones de la misma mentalidad masculinista que pretendía negarnos el derecho a nuestro cuerpo y a nuestra sexualidad y que se apoya en múltiples sistemas de dominación y de poder estatal para imponerse”, fue uno los postulados de Ynestra King, organizadora de la Conferencia.
Las teorías ecofeministas se han desarrollado bajo la premisa de que las demandas feministas y las ecologistas pueden llegar a ser coincidentes en cuanto a que luchan contra dos formas similares de opresión. Situación que no implica que todas las mujeres sean ecologistas ni que el ecologismo tenga por sí mismo una perspectiva de género. El ecofeminismo no concibe a las mujeres como inherentemente ligadas a la naturaleza por razones biológicas. Es decir, no establece una relación directa entre el sexo y la comprensión de los problemas ambientales. Sin embargo, sí propone una conexión directa entre la proximidad con la ecología y los roles de género asignados. La diferencia es sustancial para el ecofeminismo. Mientras que la primera proposición se trata de un axioma que se pretende derrocar, la segunda representa uno de los ejes centrales de las teorías ecofeministas.
Una de los primeros criterios que la humanidad utilizó para dividirse a sí misma en grupos tenía base en el sexo biológico. A partir de una distinción evidente, que se realiza a través del reconocimiento de datos corporales genitales, nos hemos clasificado como machos o hembras de una especie. Esta clasificación alude a funciones potenciales de reproducción específicas y no prevé la existencia de otras condiciones, tales como la intersexualidad. A partir del sexo biológico, de manera diferenciada, las sociedades han asignado a las personas un conjunto de características sociales, culturales, políticas, psicológicas, jurídicas y económicas.
El género es entendido como este grupo de características que, según la experta mexicana en estudios de género Marta Lamas, funcionan tanto como un “filtro cultural con el que interpretamos al mundo” tanto como “una especie de armadura con la que constreñimos nuestra vida”. Las diferencias derivadas de éste se manifiestan mediante los papeles que cada persona desempeña en la sociedad: reproductivo, productivo y de gestión comunitaria. Cada sociedad asigna a cada género (masculino o femenino) distintas tareas, obligaciones y cualidades. Así como, de manera frecuente, asigna relaciones de poder, subordinación o dominación. Las características sexuales, datos biológicos evidentes, se abstraen y llevan a otros ámbitos de la sociedad, la política, las religiones y las cotidianidades.
El ecofeminismo plantea que la atribución de características tales como la fortaleza, la sensibilidad y la inteligencia, entre otras, a uno u otro sexo no es un proceso natural e inevitable. Por el contrario, se plantea que es un producto social que ha ocurrido de manera subjetiva a lo largo de la historia. La naturaleza sería entonces más próxima a las mujeres debido a la asignación de roles en la gestión de los recursos, así como el cuidado de las plantas y los animales, y no por un factor biológico. Dicha cercanía provocaría también que los problemas que afecten a la naturaleza serían entendidos en mayor grado por las personas del género femenino.
Ecología y feminismo en los países en vías de desarrollo
Según Alicia Puleo, directora de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid, “estamos asistiendo el comienzo del fin de la Naturaleza. Ya no resulta fácil a los medios de comunicación disimular, como hasta ahora, la conexión existente entre diversas catástrofes naturales que no son sino manifestaciones de un cambio climático global de consecuencias insospechadas”. En contraste, el ecologismo ha visto su avance mermado por distintos obstáculos políticos y económicos. Su progreso se ha dado con mayor fuerza en los países en vías de desarrollo, en donde también se ha encontrado con el impulso del feminismo. Para Puleo, el encuentro de estos dos pensamientos críticos es tan inevitable como su desarrollo. “Sólo la ignorancia o la adopción de una actitud tecno-entusiasta ciega puede hoy en día hacer que miremos hacia otro lado cuando los signos de peligro son tan claros”, ha comentado la investigadora en la publicación El Ecologista.
La coexistencia de ambos movimientos no se deduce de una relación innata, sino de una necesidad de diálogo entre sus argumentos. Asimismo, se trata de la confluencia de factores geográficos y socioeconómicos que han servido, al unísono, como semillero para ambos pensamientos. “Las mujeres pobres del Tercer Mundo son las primeras víctimas de la destrucción del medio natural llevada a cabo para producir objetos suntuarios que se vendan en el Primer Mundo. El nivel de vida de los países ricos no es exportable a todo el mundo”, plantea Puleo. Con particular impacto, las mujeres rurales de países africanos y asiáticos que viven en economías de subsistencia han visto su calidad de vida disminuir debido a la explotación del ambiente causada por el mercado internacional.
El ecofeminismo ofrece una respuesta ante las violaciones a los Derechos a la Salud y al Medio Ambiente Sano que las mujeres padecen de manera diferenciada. Establece un paralelismo entre la explotación indiscriminada de la naturaleza y la histórica subordinación que las mujeres han enfrentado a lo largo de la historia. El desarrollo del ecofeminismo sigue siendo un reto para los movimientos feministas y ecologistas en nuestro país. Así como la toma de acciones concretas en materia de los Derechos a la Salud y al Medio Ambiente Sano sigue siendo materia pendiente al Estado Mexicano. Las acciones que el Gobierno Federal y los movimientos tomarán con respecto a estos temas están aún por conocerse. 

Por: David Alexir Ledesma Feregrino