martes, 25 de febrero de 2014

Pasión por el pasado, Mary Leakey (1913-1996)


El nombre de Mary Leakey está estrechamente vinculado al mundo de la antropología, la arqueología y la paleontología. Su labor en distintos puntos del planeta, en muchas ocasiones al lado de su inseparable marido, el también arqueólogo Louis Leakey, proporcionó grandes hallazgos para el mundo de la investigación de los orígenes del hombre. Mary fue una muchacha rebelde que se interesó por la arqueología de casualidad y fue gracias a su talento como dibujante y su pasión por descubrir el pasado lo que la llevó a convertirse en una de las investigadoras más importantes de este campo.

Una infancia itinerante
Mary Douglas Nicol nació el 6 de febrero de 1913 en Londres. Su madre, Cecilia Marion, era una mujer estricta que intentó siempre frenar el espíritu aventurero que su hija había heredado de su propio padre, Erskine Edward Nicol, un pintor especializado en paisajes realizados con acuarelas. Debido a la profesión artística de su padre, la familia Nicol debía trasladarse muy a menudo a los lugares que Erskine debía plasmar en sus lienzos.

Mary tuvo una infancia apasionante, viajando desde los Estados Unidos a Egipto pasando por Italia. En la tierra de los faraones, tanto ella como su padre, empezaron a acercarse al apasionante mundo de la arqueología.



Fue en Francia, cuando Mary tenía doce años, donde nació su interés por la prehistoria y marcando el rumbo definitivo de su vida. En 1925 su familia se trasladaba a vivir a la región francesa de Dordogne donde Abbé Lemozi trabajaba en una excavación en una localidad cercana. El poco tiempo que Mary pasó en Francia disfrutó encontrando piezas pequeñas muy antiguas que empezó a clasificar de manera meticulosa y empezó a sumergirse en los entresijos de las excavaciones arqueológicas. 

De la libertad al convento
Lamentablemente, un año después su padre fallecía y su viuda decidía vender parte de su obra para poder instalarse en una casa en Kensington. Cecilia Marion obligó a su hija Mary a estudiar en un convento católico del que intentó escapar en repetidas ocasiones y en el que nunca consiguió adaptarse. Su madre, dispuesta a darle una educación formal al precio que fuera, la sacó del colegio religioso y contrató a tutores particulares que tampoco pudieron domar a la joven apasionada por pintar objetos descubiertos en el pasado.

A pesar de que Mary sabía que su vida tendría que enfocarse a la arqueología, por no haber hecho caso a su madre y haber seguido sus estudios, no pudo ingresar en la universidad para profundizar en sus escasos conocimientos arqueológicos. Aún así, Mary no se rindió y consiguió participar en distintas excavaciones gracias a su talento para la ilustración de objetos. 

Una pareja compenetrada
Fue a través de la doctora Gertrude Caton-Thompson que conoció a Louis Leakey, quien también necesitaba una ilustradora para su obra Los ancestros de Adán. La relación profesional de Mary y Louis pronto traspasó los límites de lo establecido. Su romance no se detuvo a pesar de que Louis estaba casado y su relación extraconyugal llegara a poner en peligro su reputación.

Después de conseguir el divorcio en 1936, Louis se casó con Mary, con la que viviría, trabajaría y compartiría su pasión por la arqueología hasta el fin de sus días. La pareja tuvo tres hijos, de los cuales Richard se sentiría el más cercano a la profesión de sus padres. 



Los descubrimientos de los Leakey
Mary y Louis Leakey hicieron importantísimos descubrimientos que hicieron modificar algunas teorías acerca de la evolución del hombre. Mary relevó a su marido en la dirección de las excavaciones de la garganta de Olduvai en 1961. En esa zona recóndita de Tanzania, la pareja descubrió un fósil de homínido con una antigüedad de unos dos millones de años y que sería bautizado como Australopitecus. Este no fue su único hallazgo pues durante los años que duraron los trabajos de excavación en Olduvai recopilaron un gran número de herramientas, fósiles y cráneos de distintos períodos de la prehistoria que fueron ordenados y clasificados con gran detalle.

Cuando Louis Leakey falleció en 1972, su viuda y su hijo Richard continuaron trabajando en el mundo de la paleontología y la arqueología. Incluso en su retiro de Nairobi, donde vivió los últimos veinte años de su vida, Mary Leakey no dejó su gran pasión a la que dedicó artículos que recordaban todos sus importantes hallazgos.


Mary Leakey fallecía el 9 de diciembre de 1996 a los ochenta y tres años de edad. 


Por Sandra Ferrer

lunes, 24 de febrero de 2014

La última superviviente, Alice Herz-Sommer (1903-2014)


Alice Herz-Sommer fue una de las miles de personas que sufrió el holocausto en un campo de concentración nazi. Su talento para la música la salvó de una muerte segura. Las notas que salían de su piano amenizaban los ratos de ocio de los verdugos de Theresienstadt donde ella y los suyos fueron trasladados por sus orígenes judíos. A pesar de haber vivido y sufrido buena parte del odio que arrasó Europa a lo largo del siglo XX, Alice fue una mujer positiva que intentó siempre ver el lado bueno de la vida. Una vida que para ella fue larga, pues vivió hasta los 110 años de edad, convirtiéndose en la superviviente más longeva de los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial.

Una infancia en Praga
Alice Herz-Sommer nacía el 26 de noviembre de 1903 en Praga, entonces territorio del Imperio Austro-Húngaro. Alice pertenecía a una familia de origen judío. Su padre, Friedrich, era comerciante, y su madre, Sofie, era una mujer culta que organizaba a menudo reuniones culturales en su casa donde se reunían escritores, pensadores y artistas de la talla de Kafka o Mahler.

Alice, que tenía una hermana gemela y dos hermanos, creció en ese ambiente en el que la cultura y el arte se respiraba como algo natural en su propio hogar. 

La pequeña Alice empezó a acercarse al mundo de la música de la mano de una de sus hermanas y del pianista Artur Schnabel. Su temprana pasión por el piano la llevaron a cursar estudios oficiales en el Conservatorio Alemán de Música de Praga. 



La felicidad truncada
En 1931 Alice Herz se casó con Leopold Sommer, un músico con el que compartió la pasión por este arte hasta el fin de sus días juntos. La pareja, que tendrían solamente un hijo en común, Raphael, se ganaba la vida dando conciertos por toda Europa. 

Pero la felicidad de Alice y Leopold se vio tristemente truncada con la llegada de los nazis al poder y sus leyes opresoras contras los judíos a los que se les prohibió dar conciertos en público o enseñar a estudiantes que no fueran judíos.

Muchos miembros de su familia decidieron emigrar a Palestina tras la invasión nazi de Checoslovaquia. Pero en aquel tiempo Sofía, la madre de Alice, estaba enferma y no quiso dejarla sola. Así, los Sommer sufrieron la ira de las tropas alemanas y en 1943 fueron trasladados como muchos otros judíos al campo de concentración de Theresienstadt. Alice, como muchos otros prisioneros que sabían tocar algún instrumento, fueron obligados a tocar para los nazis y para los miembros de la Cruz Roja que visitaban los campos para cerciorarse de que allí no sucedía nada malo. 



Su marido fallecía de tifus en Dachau en 1944 poco tiempo antes de la liberación del campo. Alice y su hijo, pudieron sobrevivir y ver la liberación de Theresienstadt por los rusos en 1945.

El mundo después de la barbarie
Alice y su hijo intentaron volver a empezar después de su vida en un campo de concentración, primero en Praga y después en Israel, donde pudieron reencontrarse con parte de su familia.

Durante unos cuarenta años, Alice tuvo una vida tranquila en Israel como profesora de música y concertista.



Alice terminaría su vida en Londres, donde emigró en 1986 siguiendo los pasos de su hijo Raphael, al que sobrevivió. 

Hasta el final de sus días, Alice no dejó nunca de tocar el piano, pues para ella la música fue una poderosa manera de sobrevivir y llegar a ser feliz a pesar de haber vivido experiencias tan terribles como el holocausto judío.


Alice Herz-Sommer falleció ayer, 23 de febrero, en Londres a los 110 años de edad. 


Por Sandra Ferrer

miércoles, 5 de febrero de 2014

La bastarda del emperador, Margarita de Parma (1522-1586)


El Emperador Carlos V, antes y después de su matrimonio con Isabel de Portugal, mantuvo varias relaciones amorosas con distintas mujeres que le dieron otros tantos hijos ilegítimos. De todos ellos, solamente dos tuvieron un papel relevante en la vida política y dinástica de los reinos de su padre, Juan y Margarita. El caso de Margarita fue poco menos que curioso pues fue la única hija a la que no relegó a un convento o a una vida alejada de la corte. Educada por otra Margarita de Austria, regente de los Países Bajos, su existencia transcurrió entre su tierra natal e Italia, fue duquesa de Florencia y de Parma y gobernadora de los Países Bajos.

Entre gobernadoras

Margarita de Parma nació el 28 de diciembre de 1522 en Oudenarde, Bélgica, fruto de una relación amorosa entre el emperador Carlos V y una dama flamenca llamada Juana van der Gheist. La pequeña fue primero educada por una familia noble pero pronto su tía - abuela, llamada como ella y entonces gobernadora de los Países Bajos, se hizo cargo de su educación hasta su fallecimiento en 1530, un hecho que afectó sinceramente a la muchacha. El emperador nombró a su hermana María de Austria sucesora de Margarita en el gobierno de aquellos territorios. María había quedado viuda del rey húngaro y dedicó el resto de su vida a servir a los intereses de la dinastía. 

Moneda de cambio

El 9 de julio de 1529 Carlos V legitimaba a su hija por expreso deseo de su tía Margarita, quien entonces aún gobernaba en los Países Bajos y tenía a la niña bajo su tutela. Empezó entonces a formar parte de las estrategias dinásticas y matrimoniales de un imperio en constantes conflictos y alianzas territoriales. 

Después del sacco de Roma, acaecido en 1527 cuando los ejércitos de Carlos entraron por la fuerza en la Ciudad Eterna, el emperador y el papa Clemente VII firmaron la paz poniendo como condición un enlace matrimonial entre el hijo natural del pontífice, Alejandro de Médici, y la pequeña Margarita. 

En 1531 Alejandro se hacía con el control de Florencia como duque con el beneplácito del emperador y en 1536, se casaba con Margarita en Nápoles, cuando era una joven de trece años. Aquel primer matrimonio no se llegó a consumar pues Margarita se quedó viuda un año después cuando Alejandro fue asesinado por un miembro de los Médici perteneciente a una rama secundaria de esta poderosa familia. No debió llorar demasiado a un marido que desde el primer momento no escondió sus relaciones amorosas extramatrimoniales con su amantes Tadea Malaspina.

Después de pasar una breve temporada en los Países Bajos al lado de la gobernadora María de Austria, su padre volvió a utilizarla para sus negocios dinásticos. Esta vez Margarita se tuvo que casar con Octavio Farnesio, duque de Parma, enlace acontecido en 1536. Convertida en duquesa de Parma, Margarita tuvo al que sería su único hijo, Alejandro Farnesio, quien asumiría un importante protagonismo en el gobierno de su hermanastro Felipe II y junto a otro hermano bastardo, Juan de Austria.

Gobernadora de los Países Bajos

Cuatro años después de la abdicación del Emperador Carlos V de la corona imperial en 1555, dejando el Imperio a su hermano Fernando y el resto de territorios a su hijo Felipe, éste decidió nombrar a su hermanastra Margarita gobernadora de los Países Bajos. En un primer momento, la duquesa se enorgulleció de poder seguir los pasos de las anteriores gobernadoras, Margarita y María, a las que siempre había tenido en gran estima y realizaron un papel impecable al servicio del emperador.

Pero cuando fue ella la que tuvo que tomar las riendas de aquellos territorios, la situación se había convertido en un auténtico polvorín con los conflictos entre católicos y protestantes y los deseos de autogobierno de las autoridades que no aceptaban con buen grado el papel del nuevo monarca. A pesar de que Margarita intentó gestionar la situación como pudo, la llegada del Duque de Alba con sus métodos drásticos y la implantación de la Inquisición por orden de Felipe hicieron la situación poco menos que insostenible.

En 1567, después de años intentando utilizar la diplomacia y esperando respuestas de su hermanastro que nunca llegaban, Margarita presentó su dimisión ante Felipe II quien aceptó destituirla en favor del Duque de Alba. Margarita volvió entonces a Italia. Tras un intento de recolocar a su hermanastra en los Países Bajos, esta vez junto a su hijo Alejandro Farnesio, sistema de poder que nunca funcionó, la duquesa de Parma regresó definitivamente a Italia donde permaneció hasta su muerte, el 18 de enero de 1586.

 Si quieres leer sobre ella 



Margarita de Parma, María Teresa Álvarez 











Las mujeres de Felipe II
María Pilar Queralt del Hierro









Por Sandra Ferrer



lunes, 3 de febrero de 2014

La Adelantada, Mencía Calderón (Siglo XVI)


En historia del descubrimiento de América y su posterior colonización estuvo protagonizada principalmente por hombres. Fueron muy pocas las mujeres que en aquellos primeros años de asentamientos en el Nuevo Mundo tuvieron un papel determinante. Fue Mencía Calderón una de aquellas mujeres, quien ayudó, con su coraje y valentía a llevar a término la tarea encomendada por el mismísmo emperador Carlos V de enviar a las tierras conquistadas mujeres cristianas para repoblarlas y evitar en mestizaje con los indígenas que a mediados del siglo XVI empezaba a ser preocupante. Dicha tarea estaba destinada al esposo de Mencía quien falleció poco antes de levar anclas. Su viuda no se amedrentó y asumió el papel de su marido.

La biografía de María Calderón está escasamente documentada en los años anteriores a su gran aventura transoceánica. Se sabe que nació alrededor de 1520 y que era hija de una familia de hidalgos de Medellín y que estaba casada con Juan de Sanabria, siendo Mencía su segunda esposa. Juan había sido nombrado por el emperador Carlos V adelantado del Río de la Plata, título que tendría una vigencia de dos generaciones. 

Juan de Sanabria empezó a preparar su partida al Nuevo Mundo a donde se trasladaría con su esposa y sus hijos, además de un amplio número de familias y jóvenes casaderas. Y es que el nuevo adelantado había recibido el encargo de repoblar las tierras conquistadas con hombres y mujeres cristianos para frenar así el constante mestizaje que se estaba extendiendo de manera preocupante para los españoles. Era necesario llevar a mujeres que pudieran casarse con aquellos primeros colonos y dejaran su vida de concubinato con las indígenas.

El viaje se estaba preparando cuando Juan de Sanabria falleció de manera inesperada. Su hijo tenía entonces poco más de 18 años y su situación se vio comprometida. Fue el coraje de Mencía el que hizo que la expedición no se abortara. De manera excepcional la viuda de Sanabria se auto proclamó adelantada y, en nombre de su hijo, continuó con los preparativos de un viaje que se alargó más de seis años y estuvo plagado de constantes penurias y desdichas. 

No todos conseguirían llegar a Asunción, ni tan siquiera el joven Diego de Sanabria ni una de sus hermanas. Pero Mencía Calderón llegó con un grupo reducido de hombres y mujeres y consiguió en parte el objetivo inicial de la expedición, repoblar el Nuevo Mundo con cristianos. 


Como los datos biográficos de Mencía de Calderón se centran solamente en su travesía por el océano, tampoco sabemos exactamente la fecha ni el lugar de su fallecimiento.

 Si quieres leer sobre ella 


Expedición al Paraíso, Eloísa Gómez-Lucena








El corazón del océano, Elvira Menéndez