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viernes, 4 de abril de 2025

Las condiciones materiales que perpetúan la dominación sobre la mujer





¿Por qué la dominación sobre las mujeres sigue vigente a pesar de tantos cambios históricos? ¿Qué condiciones se resisten a transformarse, para así posibilitar nuestra emancipación? ¿Cómo el capitalismo consigue adaptar las relaciones de dominación anteriores para favorecer su ciclo de acumulación? ¿Qué podríamos hacer para derribar esas condiciones?

Es fundamental debatir sobre todas estas preguntas ya que la explotación, opresión y violencia contra las mujeres no son problemas nuevos, sino penosas continuidades ancladas al pasado. El que antes no existieran registros y estadísticas adecuadas, no esconde una realidad que era descarnadamente visible -y audible- en todos y cada uno de los barrios y veredas de Colombia. El menosprecio, los insultos y los malos tratos contra las esposas eran el pan de cada día en buena parte de los hogares del campo y la ciudad. Es, por tanto, una lacra que viene de muy lejos en el tiempo. No arranca con el imperialismo y sus influencias culturales, aunque a través de algunas de ellas se muestre de la forma más grosera. Tampoco comienza con el capitalismo, aunque se aproveche de las estructuras de dominación anteriores, configurándolas a su favor e intensificándolas en los aspectos que le interesa. Ni tan siquiera empieza con el sistema colonial, absolutamente machista y opresor.

La dominación sobre las mujeres es muy anterior a estas épocas históricas. En muchas sociedades anteriores al neolítico, donde incluso la propiedad era todavía comunal, existían ya formas de dominación masculina para controlar el papel de las mujeres en la reproducción de la comunidad. Por tanto hay que prevenir la tentación de buscar salidas hacia atrás, que además de ilusas son irremediablemente conservadoras y contrarrevolucionarias. En realidad, como pasa con el resto de las relaciones de dominación y explotación, su superación sólo se puede acometer enfilando camino hacia adelante, hacia una sociedad que acabe con todas las formas de explotación, opresión y discriminación.

Y es que la tarea política de la emancipación femenina -que va de la mano de la emancipación proletaria- no permite idealizar el pasado, ni naturalizar las viejas costumbres, si no que implica actuar con audacia y resolución, siguiendo la máxima de “Para atrás, ni para coger impulso”. Al fin y al cabo en eso consisten los proyectos revolucionarios, en transformar radicalmente el presente y el pasado para construir un futuro basado en relaciones libres e igualitarias que rompan el calabozo de las tradiciones milenarias, las ideas conservadoras y las prácticas añejas. Como dijo Marx al inicio del Dieciocho de Brumario, la tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de los vivos, y podemos afirmar sin temor a equivocarnos que esas tradiciones pesan doblemente sobre el cerebro y la espalda de las mujeres.

Pero, además de las condiciones que tradicionalmente habían apuntalado la opresión de la mujer y que siguen recargándose sobre nuestros hombros, con el desarrollo del capitalismo surgieron otras prácticas y medidas legales que buscaban mantener y redireccionar las relaciones patriarcales en su provecho. Estos determinantes de subordinación de las mujeres se afianzaron durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, cuando las mujeres fueron apartadas de la producción mercantil o relegadas en ella a un papel marginal, circunstancial e infravalorado.1 A la vez, se construyó un entramado social que volvió a encerrarlas parcialmente en el hogar, condenándolas al trabajo de la reproducción y cuidado del conjunto de la unidad familiar, trabajo que además de no remunerado, tampoco es reconocido socialmente. Este papel devaluado de la mujer le vino muy bien al capital, ya que a través del trabajo gratuito de la mujer en el hogar pudo comprar la fuerza de trabajo por debajo de su costo social de reproducción. Adicionalmente el capital usaba la fuerza de trabajo femenina como ejercito de reserva “basculante”, favoreciendo o dificultando su entrada al mercado laboral a través de diversas legislaciones, pero siempre manteniéndola como fuerza de trabajo de segunda categoría2. Al etiquetarlo como de segunda, los capitalistas pasaron a pagar un precio menor por el mismo trabajo, de tal forma que esa segregación laboral se convirtió además en una fuente de salvajes sobre-beneficios para los capitalistas.

Convertidas en una subclase dentro de la clase proletaria, utilizadas por el capital para abaratar la fuerza de trabajo y reducidas a ser un “cómodo” colchón con el que amortiguar los efectos más conflictivos de sus crisis periódicas, las mujeres no sólo quedaban bajo las sujeción y dominación del sistema capitalista de forma más precaria y deprimida, si no que además quedaban sometidas a la brutalidad y al menosprecio de las relaciones patriarcales dentro de la familia. Estas relaciones autoritarias y machistas dentro del hogar afianzan la devaluación y resometimiento histórico de la mujer a partir de una relación de complicidad entre el capital y los jefes varones de la familia. El capital convirtió entonces al proletario explotado, humillado y enajenado en la fábrica, en el “dueño y señor” de su casa y de su familia, consiguiendo que ese espacio social funcionara como válvula de drenaje para la frustración y la rabia del hombre proletario, transformándose en una especie de aliviadero doméstico de las contradicciones del capital.

Para las mujeres proletarias la situación era distinta, ya que fueron y siguen siendo explotadas y humilladas tanto en el lugar de trabajo como en el hogar, sin contar con ningún espacio en el que se compensasen sus sufrimientos. Al no tener ese espacio social donde resarcirse -ni individual, ni colectivamente-, se les impuso la idea de que su realización iba mediada por el matrimonio, la familia y el hogar. Es decir, se fechitizaron las mismas circunstancias que coartaban su emancipación.

Es claro que la configuración de las unidades familiares ha ido cambiando y con ello, en cierta medida, la forma en que se reproduce la sociedad y la clase proletaria. Las mujeres ahora tienen mayor posibilidad de inserción en la educación superior y en el mercado laboral. Además, las unidades familiares tienen menos hijos o deciden no tener ninguno, mientras que van aumentando y sucediéndose las uniones consensuales y las rupturas conyugales, en tanto los matrimonios ya no son “hasta que la muerte nos separe”- aunque muchos bestias feminicidas sigan pensado que sí-.

Sin embargo, estas circunstancias no han modificado mucho la situación de opresión de la mujer, sobretodo en los hogares proletarios más pobres. La mayor facilidad de disolución de los lazos conyugales -que debería haber contribuido a un gran avance en la emancipación femenina- se ha transformado en un incremento de la sobreexplotación que sufren las mujeres, ya que los padres en buena medida se lavan las manos respecto a la manutención y cuidado de los hijos, al igual que el Estado, que no implementa medidas suficientes de servicios sociales y de cuidado para garantizar la responsabilidad social en la crianza y educación de los niños y niñas. Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 20233, el 64% de los menores de 5 años no asisten a espacios colectivos de cuidado como hogares comunitarios, jardines o colegios, si no que pasan la mayor parte de su tiempo al cuidado de su madre, abuela u otra familiar cercana. Las mujeres cabeza de familia- madres solteras, separadas o viudas- que ya alcanzan el 45,4%4 del total de hogares de Colombia, viven la carga familiar de manera más angustiante, viéndose abocadas a vender su fuerza de trabajo en las condiciones más precarias, a gastar un porcentaje importante de su salario en guarderías y servicios para complementar el cuidado y a no disponer de tiempo de ocio para ellas mismas. El 69% de estas mujeres cabeza de familia no tienen cónyuge o pareja y para el 31% que sí la tienen, suele suceder que su la “jefatura de hogar” se traduce en que “los hijos son tuyos y tuya es la responsabilidad de cuidarlos”.

Por tanto, a pesar de que el avance en algunas condiciones materiales deberían garantizar unas mejores condiciones de vida para las mujeres, vemos como esta mejoría no llega a todos los sectores. Las mujeres proletarias, a pesar de los cambios formales en la configuración de las unidades familiares siguen soportando la mayor parte de la carga, y sobretodo la más ingrata, de la reproducción de la clase proletaria.

Por estas razones, entre otras, las proletarias son protagonistas indispensables en el proyecto de superación del capitalismo, o sea en la construcción de una sociedad socialista. No por esos cuentos maternalistas y conservadores de una presunta superioridad natural o biológica de las mujeres, ni porque el supuesto “don” de dar vida o el papel de cuidadoras -impuesto históricamente- les hagan moralmente mejores. Lo que las convierte en un motor fundamental de transformación es el peso de unas condiciones materiales que perpetúan una opresión y explotación que es aún más cruenta y déspota contra las mujeres que contra el resto del proletariado. Esas circunstancias alientan a tensar los límites del capital, luchando por la transformación radical en la conformación y funciones de las unidades domésticas (familias), elemento clave para la reproducción de la propiedad privada, el mercado, la lógica de acumulación de capital y nuestras propias cadenas. Y ese impulso es mucho mayor en las mujeres proletarias que en los proletarios, ya que éstos tienden a acomodarse disfrutando de las ventajas que les otorga esa institución, sin reparar en el yugo colectivo que supone y retrasando así la emancipación colectiva del proletariado.

El papel de la “Sagrada Familia” y su entramado patriarcal en el sostenimiento del capitalismo

Para enfocar bien una lucha que apunte tanto a la superación de las relaciones patriarcales, como al debilitamiento de las bases de reproducción del capital, debemos entender en qué se basan esas condiciones que marcan el carácter diferencial y acrecentado de la opresión y explotación de las mujeres.

Estas circunstancias gravitan en torno al papel histórico asignado a la mujer en la reproducción social y física de la fuerza de trabajo y concretado en la institución familiar. Este papel a medida que se desarrolla el capitalismo, afianza e institucionaliza una división dentro de la esfera de la producción social, que se caracterizará en ir separando cada vez más: a) la esfera de la producción mercantil, que se considerará “producción social” y que se lleva a cabo en los espacios de trabajo asalariados; y b) la esfera de la reproducción de la fuerza de trabajo, que se considerará producción privada para uso doméstico y que se lleva a cabo en el hogar.

Esa escisión entre producción y consumo se mantiene a pesar de que cambien las conformación y tipología de las unidades familiares y refleja el doble carácter esclavizante del capitalismo, donde la clase proletaria está obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario y después es nuevamente obligada a comprar, con ese mismo salario, los bienes que ella misma ha producido, es decir, los frutos generados por la utilización de su fuerza de trabajo. El capitalismo precisa que ese ciclo se repita de forma continuada. Es decir, que constantemente se reproduzcan esas unidades familiares necesitadas de acudir diariamente al mercado laboral para recibir un salario por producir mercancías, parte de las cuales tendrán que comprar ellas mismas, ya que funcionan como medios de consumo con los cuales se regenera la fuerza de trabajo. Así se segmenta la vida misma de los proletarios y proletarias y se garantiza la realización de la ganancia capitalista, que no es otra cosa que la apropiación del plusvalor que produce la clase proletaria (o el excedente social si hablamos para el conjunto de la sociedad). Esto lo reconoce de alguna forma el Observatorio de familia del DNP, en su Boletín n.º 17 cuando afirma que “las familias están en el centro de la reproducción y transmisión intergeneracional de la desigualdad»5 , es decir y para matizarlo mejor, están en el centro de la reproducción y transmisión intergeneracional de las condiciones de sostenimiento del capitalismo, que es el que genera y perpetua la desigualdad social.

Cuando examinamos la unidad familiar desde el mercado de bienes y servicios, el lugar del trabajo remunerado o extradoméstico es el espacio relacionado con la producción de mercancías, mientras que el espacio doméstico está relacionado con el consumo. Sin embargo, cuando analizamos el mercado laboral y la mercancía “fuerza de trabajo” nos damos cuenta que ésta se produce y reproduce en una buena medida dentro de la esfera doméstica, pero se consume en la esfera de la producción mercantil. En consecuencia, la unidad familiar tal como existe en la actualidad sirve de mediación y anclaje entre el mercado de la fuerza de trabajo y el mercado de bienes de consumo, y lo hace a través de trabajo doméstico y del salario.

En esa división, entre la esfera de la producción mercantil y la esfera de la reproducción de la fuerza de trabajo en unidades privadas individuales (familias), intervienen y se afianzan muchas relaciones sociales esenciales para el sistema capitalista, como la propiedad privada y su transmisión, la relación salarial, el mercado y su papel de mediación entre la dos esferas, la explotación capitalista directa y la explotación indirecta a través de la succión de trabajo gratuito en el hogar, o a través de los arrendamientos y de los préstamos hipotecarios, entre otras.

Pero además, cuanto más se refuerza el carácter individual de esas unidades, más se dificulta la construcción de una organización proletaria fuerte y solidaria. En la política, el proletariado puede avanzar hacia la construcción de organizaciones políticas fuertes. En la economía, el propio desarrollo del capitalismo le hace avanzar hacia la socialización de los procesos productivos y permite a los trabajadores y trabajadoras agruparse en sindicatos para defenderse mejor de las arremetidas del capital. En contraste, en la vida familiar, el proletariado se encuentra dividido en millones de células aisladas, protegidas por muros mucho más sofocantes de lo que aparentan, recintos cerrados donde no entran las decisiones colectivas, ni la solidaridad. El hogar es el espacio de lo privado por excelencia, por eso al capitalismo le interesa revestir a la familia con el manto de lo sagrado, natural e intemporal, ya que las unidades familiares privadas son la materialización de la fragmentación de la clase proletaria y el estandarte del mantenimiento de la propiedad privada.

Las unidades familiares son además el espacio donde, casi sin reflexionar, el proletariado defiende la propiedad privada y la herencia; la jerarquía y el autoritarismo; la obediencia y sumisión; las dependencias y subordinaciones económicas; así como, los valores morales burgueses y la diferenciación social como elemento de antisolidaridad proletaria. Es decir, dentro de las unidades familiares, además de la comida, se cocina una parte importante de las condiciones de reproducción del capital. Y esto sucede porque las unidades familiares, en su anquilosamiento costumbrista de siglos o milenios y en su papel de transmisión generacional de los valores pasados, son el espacio donde lo seres humanos en mayor medida somos el producto y no los y las creadoras de nuestras condiciones de vida.

Además son uno de los espacios donde más se reproduce y normaliza la violencia. Recordemos que la mayoría de los asesinatos, violaciones y malos tratos contra las mujeres se llevan a cabo dentro del hogar, así como los abusos sexuales y la violencia física y sicológica contra niños, niñas y adolescentes. Adicionalmente, la familia es el primer y más importante espacio de adiestramiento en la aceptación de la jerarquía y la verticalidad, donde se normaliza como en ningún otro espacio, que el mantenimiento y respeto a la autoridad justifica el uso de sanciones, castigos e incluso de la fuerza.

Por todas estas razones es que las unidades familiares domésticas son tan fundamentales para la realización y reproducción del ciclo del capital, y de ahí la importancia de luchar en pro de la superación de ese espacio.

Este reto lo podemos identificar desde los primeros socialistas que identificaron claramente la relación entre la dominación de la mujer y el sostenimiento del sistema capitalista; y también en consecuencia entre la liberación de la mujer y la construcción del socialismo. En “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, Engels no trata este asunto como “un problema ético de inclusión”, como parecen comprenderlo algunos ahora, sino en su relación directa con las bases constitutivas del capitalismo. Es decir, en su relación con el mantenimiento de la propiedad privada, de las clases sociales, del fetichismo de la libertad individual y de la contradicción “producción social vs. consumo privado”, que sustenta el régimen del trabajo asalariado y, por tanto, la reproducción del capital, como acabamos de explicar.

Ya en 1921 Lenin afincó la idea de que bajo el capitalismo las mujeres son doblemente explotadas y oprimidas. “Las mujeres son explotadas por el capital de forma más acentuada, son oprimidas por unas leyes que les niegan la igualdad formal con el hombre, pero sobretodo se les mantiene en la «esclavitud casera», son «esclavas del hogar», viven agobiadas por la labor más mezquina, más ingrata, más dura y más embrutecedora: la de la cocina y, en general, la de la economía doméstica familiar individual…. El tránsito es difícil, pues se trata de transformar las normas» más arraigadas, rutinarias, rudas y osificadas (a decir verdad, no son “normas” si no bochorno y salvajismo).”

La revolución soviética inmediatamente proclamó leyes en pro de la igualdad entre hombres y mujeres, que ningún otro país había promulgado antes. Además dio pasos cardinales al abolir la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas o al ser el primer país en reducir la jornada laboral a ocho horas diarias. “Ocho horas de trabajo, ocho horas de sueño, ocho horas de tiempo libre” era la vieja consigna del movimiento obrero. ¿Pero cómo ese logro iba a beneficiar a las mujeres si en sus ocho horas de tiempo libre tenían que dedicarse a las tareas del hogar? Sin duda para avanzar en el camino de la emancipación completa y efectiva de la mujer, para su liberación de la «esclavitud casera», se debía pasar de la pequeña economía doméstica individual a la economía grande y socializada. Lo que Lenin defiende en ese discurso no es sólo la incorporación de las mujeres a las fábricas, si no además la transformación de las unidades domésticas en economía socializada, lo que se conoce como “socialización del trabajo doméstico”.

Lenin identificara claramente el papel de la mujer en la familia como una traba fundamental en la superación del capitalismo y en el logro de la emancipación. “La mujer continúa siendo el esclavo doméstico a pesar de todas las leyes liberadoras, puesto que la pequeña economía doméstica la oprime, la ahoga, la embrutece, la humilla, atándola a la cocina, a la habitación de los niños, obligándola a gastar sus fuerzas en tareas terriblemente improductivas, mezquinas, irritantes, alelantes, deprimentes. La verdadera liberación de la mujer, el verdadero comunismo comenzará allí y cuando comience la lucha de masas (dirigida por el proletariado que posee el poder) contra esta pequeña economía doméstica o, más exactamente, durante su transformación masiva en gran economía socialista.”

Socialización del trabajo doméstico y generalización de los medios de consumo colectivos6

Socializar el trabajo doméstico significa en primer lugar “sacarlo de la casa”, del ámbito privado y recluido donde se lleva a cabo. Implica, por tanto, realizarlo en colectivo, convertirlo en industria social7 . Ese paso inicial es fundamental para romper con el aislamiento social de las mujeres que realizan día tras día, año tras año, el mismo trabajo simple, alienante e intrascendente, encerradas entre cuatro paredes. 8

La condición más subyugadora y opresiva del trabajo doméstico privado no es su falta de retribución, si no que se realiza en condiciones de aislamiento y que impide la interacción social directa. Mas que una cárcel, es una celda de aislamiento donde están condenadas a hacer diariamente un trabajo ingrato que no termina y que no es valorado socialmente. Es como si se repitiera el mito griego de las “Danaides”9, en el que cincuenta hermanas defienden el derecho a disponer de su vida, su sexualidad y su propio cuerpo, resistiéndose con todas sus fuerzas a la esclavitud del matrimonio; motivo por el que son condenadas en el Inframundo a llenar día tras día, eternamente, un tonel sin fondo con agua, usando jarras agujereadas. De la misma forma es que el trabajo doméstico sabotea el potencial creador, productivo y revolucionario de las mujeres.

Socializarlo significa que esas mismas actividades que cada día se realizan de forma individual, aislada, sin medios técnicos y que suponen sobrejornadas excesivas que consumen nuestra energía y vida, sean asumidas por el conjunto de la sociedad, de forma racional, tecnificada y planificada. Supone convertir el trabajo aislado, que se realiza de forma servil y arcaica, en industrias públicas (o público-cooperativas) que incorporen todos los avances técnicos-científicos y que pueden suponer interesantes experiencias de aprendizaje colectivo de planificación. Según el DANE las mujeres dedican 50.4 horas semanales al cuidado no remunerado, lo que supone más horas que la jornada laboral semanal misma. Por tanto, al socializar el trabajo doméstico se podría ahorrar más del 30% del tiempo social de trabajo de toda la sociedad para usarlo en mejorar el sector de la educación, la cultura, la salud, la producción agrícola, la industria, etc. mejorando enormemente la productividad social, y así generando condiciones reales para incrementar el tiempo lúdico-creativo.

La socialización del trabajo doméstico se puede plasmar de muchas formas: a través de lavanderías, restaurantes, fábricas de comida procesada, guarderías con instalaciones modernas y bien acondicionadas, ludotecas, sistemas de transporte escolar y extraescolar, gimnasios, espacios de cuidado y recreación para las personas mayores, entre otras muchas.

Es cierto que estos espacios ya existen dentro del capitalismo, pero una parte importante funcionan dentro de la esfera mercantil privada, por lo que en ellos prima el lucro y muchas veces la especulación. Por esta razón, los sectores sociales que más los necesitan no pueden utilizarlos porque son muy costosos o porque no hay suficiente y adecuada oferta pública.

Por ejemplo, la cobertura en Centros Día y teleasistencia para adultos mayores sólo llega al 8% y está concentrado en las ciudades10, mientras que el 80% del cuidado sigue siendo informal (familias, principalmente mujeres) (ENUT 2022). Por otra parte, según el DANE las guarderías públicas solo cubren 1.2 millones de niños, dejando por fuera al 60% de hogares de estratos 1-2 que demanda estos servicios11. En las ciudades grandes y los centros rurales la situación es peor. Según Informe de Cobertura Educativa 2023 de la Secretaría de Educación de Bogotá «En 2023, se disponía de 12,000 cupos en guarderías públicas (jardines infantiles oficiales y hogares comunitarios), frente a una demanda estimada de 150,000 niños en edad de 0 a 5 años no cubiertos por el ICBF o colegios privados». Por otro lado, la oferta de preescolares públicos es mayor, pero pocos tienen horario extendido, ofreciendo la mayoría atención en jornada única de 5 horas en la mañana o en la tarde, lo que difícilmente se adapta a las necesidades de las madres. En el resto de actividades como restaurantes, lavanderías, gimnasios o ludotecas la oferta pública es casi inexistente.

Por eso es fundamental que en el conjunto de las reivindicaciones de los movimientos sociales se incluya la exigencia de que estos servicios públicos se masifiquen, incrementen sus coberturas y horarios y sean de carácter publico y gratuito, además de ofrecer salarios dignos y plenas garantías laborales y de derechos sociales a quienes trabajen en ellos. Es importante constatar y continuar denunciando que una parte importante de la oferta de servicios públicos de cuidado se basan en la sobreexplotación, tercerización y desconocimiento de derechos de las personas que laboran en ellos.12 Igualmente, en el caso de los Hogares comunitarios por ejemplo, se sigue reproduciendo la forma de trabajo individual, aislada, sin medios técnicos y con sobrejornadas excesivas, sólo que con un salario que para colmo está en lo más bajo de la escala salarial13.

La verdadera socialización del trabajo domestico debe hacer parte de una política más general de incremento de los medios de consumo colectivos. Es decir, la socialización del trabajo doméstico y de las unidades familiares está inscrito dentro de la tarea de generalizar la socialización de los medios consumo colectivos. Es decir, que no estén mediados por el intercambio mercantil, si no que tenga carácter público y gratuito. Y aquí hay que recordar que el que los Bienes de Consumo Colectivo sean de prestación gratuita no significa que sean un regalo -ya que todos los bienes y servicios son producto del trabajo colectivo de la clase proletaria- si no que su disfrute no está mediado por el intercambio mercantil.

De esta manera, no sólo se avanzaría en romper las cadenas de dominación económica que aún pesan sobre las mujeres, sino también en atenuar la dependencia de las comunidades proletarias de los circuitos mercantiles del capital privado. Además, se limitarían las desigualdades económicas y sociales, con lo que aumentarían las condiciones para la solidaridad intraclasista y el fortalecimiento de las organizaciones proletarias. Pero, lo más importante es que con estas propuestas se contribuye a combatir un eslabón fundamental del ciclo autoreproductivo del capital, ya que se batalla contra la fragmentación de la esfera de la producción y la esfera del consumo, a través de la cual los capitalistas mantienen al proletariado dependiente de la relación salarial y del mercado.

Por tanto, igual que debemos recordar que un feminismo que no enfrente la explotación del proletariado y luche contra el capital, nunca será una verdadera lucha por la emancipación; también debemos recordar que ningún proyecto proletario podrá superar el capitalismo si subordina o posterga la lucha por la emancipación de la mujer, ya que esa lucha es una transformación proletaria fundamental en sí misma.

Susana Gómez Ruiz, Centro de Pensamiento y Teoría Crítica PRAXIS

Notas:

1El Código Napoleónico en Francia (1804) estableció que las mujeres casadas debían obediencia a sus maridos y limitaba su autonomía legal, incluyendo la capacidad para trabajar sin autorización marital. Este modelo se extendió después al resto de Europa donde las mujeres casadas tendrían restricciones legales para firmar contratos laborales o administrar propiedades sin permiso del esposo. Estas legislaciones restrictivas empeorarían con el auge del fascismo y con las políticas pronatalistas que se impondrían después de las dos guerras mundiales.


2https://www.centropraxis.co/post/la-emancipacion-de-las-proletarias-es-tambien-la-lucha-de-la-clase-proletaria

3(https://www.dane.gov.co/files/operaciones/ECV/bol-ECV-2023.pdf)

4Boletin ECV 2023, DANE.

5DNP, Observatorio de familia. Boletín n.º 17. Familias y matriz de la desigualdad social en Colombia. Pág 4 (https://observatoriodefamilia.dnp.gov.co/Documents/Boletines/Boletin%2017.pdf)

6Se utiliza el término Medios de Consumo Colectivo para referirse no sólo a los bienes, servicios y actividades que intervienen en la reproducción de los seres humanos, si no a los espacios y relaciones sociales a través de las que se lleva a cabo. Así, no sólo incluye los Bienes de Uso Colectivo actuales como servicios públicos, educación, salud,etc. si no todas las actividades de consumo y reposición de la vida que hoy aún se realizan de forma privada y fragmentada.

7https://www.aporrea.org/endogeno/a139570.html

8Susana Gómez, “La socialización del trabajo doméstico y la generalización de los medios de consumo colectivos como estrategias para eliminar el patriarcado y construir el modo de vida socialista”, El Papel de la Comuna en el proceso de emancipación, pp.10-30, 2011, Ediciones Insumisas.

9La obra del dramaturgo griego Esquilo escrita hacía el 500 a. C. con título “Las Suplicantes” es una corta e interesante obra de teatro que además de relatar el mito de las Danaides y su lucha por “la causa de las mujeres”, defiende el poder político de la Asamblea Popular por encima del rey y de los gobernantes.

10DNP. Documento CONPES 4080 de 2022: Política Pública Nacional de Equidad de Género para las Mujeres. Capítulo 4, página 67.

11 DANE. Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ENCV 2022): «El 40% de los hogares con niños menores de 5 años en estratos 1-2 acceden a guarderías públicas, frente a una demanda potencial del 100%».

12https://www.observatoriosocioterritorial.org/post/bolet%C3%ADn-no-5-conflictos-sobre-el-trabajo-y-la-gestio-n-popular-del-territorio-en-bogota-sabana

13Susana Gómez, «No me llames madre en mi horario de trabajo” , Correo del Orinoco, 20 de enero de 2015, p.22 (https://www.noticiasdiarias.informe25.com/2015/01/opinion-no-me-llamen-madre-en-mi.html)






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sábado, 22 de marzo de 2025

Netumbo Nandi Ndaitwah presidenta de la República de Namibia

Una mujer del sur global toma el poder. Investidura presidencial 21 de marzo de 2025.




Avanzando en el conocimiento de las historias y el rol protagónico de las mujeres en el continente madre, África, presento esta nota informativa dedicada a Netumbo Nandi Ndaitwah. Se preguntarán ¿Quién es ella? Les contaré y en el transcurso del artículo por añadidura ofreceré algunos argumentos acerca de por qué es necesaria la escritura comprometida dedicada a las mujeres que lideran nuestra geopolítica de la emancipación.

Netumbo Nandi Ndaitwah es una lideresa política de los pueblos del sur global, de África, nacida en Namibia. El 27 de noviembre de 2024 resultó electa como presidenta de la república de Namibia en primera vuelta, con mayoría absoluta y el 58,07 % de los votos. Es la primera mujer en ocupar el cargo de Jefa de Estado de Namibia y ésta es la tercera nación africana que cuenta con una mujer como mandataria nacional, luego de Tanzania [1] y Malawi.

Otro dato revelador es que Netumbo Nandi Ndaitwah es la segunda mujer electa en el continente, la primera fue Ellen Johnson Sirleaf, de eso ya hace 14 años y salvando las distancias ideológicas. Lo que nos lleva a un hallazgo de enorme significado para nuestra geopolítica de emancipación, es la primera mujer de la tendencia de liberación africana en ser presidenta de su nación. 

Namibia es un país que no solo fue arrollado por el coloniaje y la vorágine del desarrollo capitalista, en su faceta de bestialización, por medio del genocidio y el sistema de segregación racial (mejor conocido como el apartheid).  Tuvo que librar la lucha armada, transitar el proceso de descolonización y edificar su independencia en 1990, a partir de la organización política y la irrestricta solidaridad internacional de Cuba como vanguardia del Tercer Mundo y la Unión Soviética.

La Organización Popular del Sudoeste de África (SWAPO, en inglés) es el partido político que lideró este proceso de emancipación nacional y ha gobernado a Namibia desde 1990. Fundada entre otros fines para combatir todas las tendencias reaccionarias del individualismo, tribalismo, racismo, sexismo y regionalismo; cooperar en la mayor medida posible con todos los movimientos genuinos de liberación nacional, gobiernos progresistas, organizaciones e individuos en todo el mundo hacia la eliminación completa del sistema colonial del imperialismo; trabajar por la creación de una sociedad sin clases, no explotadora y no opresiva y velar por que el gobierno popular trabaje en estrecha cooperación con todos los estados amantes  de la paz en pos de la paz y la seguridad mundial [2].

Netumbo Nandi Ndaitwah es miembro principal del comité central del partido, en el 2017 fue electa vicepresidenta y actualmente es la presidenta del partido.

Contarles sobre esta lideresa, es referirnos, por tanto, a la generación victoriosa de líderes y lideresas que lograron imponerse sobre las atrocidades del coloniaje y el capitalismo. Es abordar las luchas que se han dado en África por la autodeterminación de los pueblos, el antimperialismo, los derechos humanos y las reparaciones.

Este último campo de disputa sigue vigente para los pueblos arrollados por el coloniaje. Sin embargo, el caso de Namibia nos muestra evidencia de un avance significativo en la lucha por las reparaciones, concretamente cuando Alemania reconoció, un siglo después, el genocidio cometido (1904-1908), del cual propuso pagar alrededor de 1.000 millones de dólares. El canciller alemán Heiko Maasen en 2021 expresó «A la luz de la responsabilidad histórica y moral de Alemania, pediremos perdón a Namibia y a los descendientes de las víctimas» [3]. Reparaciones que todos los pueblos del sur debemos reclamar para construir nuestro bienestar arrebatado por el desarrollo de la sociedad occidental.

La historia política de Namibia muestra cómo los pueblos del sur global han venido construyendo su propia emancipación frente la intervención extranjera y el imperialismo. Así que estamos muy orgullosas y comprometidas con Netumbo Nandi Ndaitwah y su pueblo, quienes nos demostraron que sí se puede vencer. 

La militancia de NNN, como también se le conoce, ha sido muy activa. En su adolescencia se indignó por los crímenes de flagelación infringidos por el sistema de apartheid, llevándola a colaborar activamente para erradicar este horrendo crimen. Es así que tenemos que su activismo se edifica desde una edad muy temprana, cuando integró las filas del movimiento independentista. A los 14 años militaba en SWAPO (1966), destacó por sus gestiones diplomáticas dentro de dicha organización. Fue encarcelada junto a otros de sus camaradas. Para 1974, se fue en exilio a Zambia, Tanzania y otros países.  Presidió la Liga Juvenil de la SWAPO en Zambia. A su vez, presidió la Organización Nacional de la Mujer de Namibia (NANAWO). Lideres políticos transcendentales de este continente como Julius Nyerere elogiaron la firmeza de la defensa de Namibia de esta extraordinaria mujer del sur. 

Tiene una amplia formación académica. En la Unión Soviética recibió formación política como la mayoría de los defensores del Tercer Mundo. Estudió administración y gestión pública así como relaciones internacionales en el Reino Unido, efectuó un máster en estudios diplomáticos y tiene una experiencia destacada en el ejercicio político. En el 2020, la Universidad de Dar Es Salaam de Tanzania le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Letras por su “contribución a la lucha por la independencia del país y su liderazgo en diplomacia internacional, igualdad de género y panafricanismo” [4].

Ha tenido una trayectoria profesional y política destacada ocupando cargos públicos de relevancia estratégica como diputada, consejera presidencial para asuntos de la mujer, ministra de la mujer y bienestar infantil, información y turismo, vice primera ministra y canciller y vicepresidenta de la República.

Su ascenso político estuvo avalado por el líder anticolonial y presidente de Namibia Hage Geingob quien falleció en febrero de 2024. Según el director del Instituto de Investigación de Políticas Públicas (IPPR) de Namibia, Graham Hopwood, es una política histórica de SWAPO y cuenta con un liderazgo “que inspira en varios sectores del partido gobernante”. Se le considera una funcionaria pública responsable trabajadora, pragmática y honrada [5].

A sus 72 años es la mujer africana más importante en llegar a poder por parte de los movimientos anticoloniales, antimperialista y de izquierda. Además de liderar el partido de gobierno de un país africano. A quien hay que apoyar y extender nuestra alianza estratégica para construir ese mundo multicéntrico y pluripolar.

Namibia significa enorme, así nos explica uno de sus idiomas originarios, el Oshiwambo.  Su población es de aproximadamente tres millones de habitantes, cuenta con uno de los desiertos más antiguos y grandes del planeta (Desierto de Namib). Es un país estratégico para la geopolítica energética por su potencial en hidrocarburos y minería (diamantes, uranio, metales básicos, petróleo y minerales raros).

La presidenta expresó luego de conocerse los resultados electorales, que su pueblo votó por la paz, la estabilidad y el empoderamiento de la juventud. Y es vital significar que este proceso político a través del liderazgo de una mujer enarbola las banderas de la paz y la estabilidad para construir gestión pública. Un mensaje importante a la comunidad internacional que debe ser concretizado, el mundo necesita la paz para poder construir inclusión. La geopolítica de la emancipación una vez más da muestra a través de este país africano de que solo la paz puede lograr entendimiento y dirimir las diferencias frente a la guerra y la aniquilación imperialista de nuestra civilización.

La historia del liderazgo político de la mujer en el mundo tiene un nuevo hecho que registrar desde la perspectiva de la geopolítica de emancipación. Este próximo 21 de marzo de 2025 Netumbo Nandi Ndaitwah toma posesión del cargo de presidenta de la República de Namibia para el periodo 2025-2030. Es una fecha histórica y coincide con el 35 aniversario de su independencia. La República Bolivariana de Venezuela estará representada por una importante delegación presidida por el Canciller Iván Gil, quien además está acompañado por el Viceministro para África Yuri Pimentel.

Namibia es una aliada de la República Bolivariana de Venezuela. Netumbo Nandi Ndaitwah ha jugado un rol protagónico en el estrechamiento de la relación bilateral. Tanto a nivel de partidos, SWAPO y PSUV, como del liderazgo juvenil de ambas organizaciones (JSWAPO y JPSUV) tienen nexos de amistad y solidaridad importantes, caracterizados por visitas, firma de acuerdos, entre otros intercambios. Ejemplo de esta hermandad, destaca el hecho de que, el 3 de marzo de 2021, el presidente Nicolás Maduro Moros otorgó en vida la Orden Francisco de Miranda al Padre fundador de Namibia, San Nujoma, y también condecoró con la misma orden a la entonces canciller Netumbo Nandi Ndaitwah. El líder histórico Nujoma expresó a propósito de la condecoración que:

«Acepto este premio con humildad en nombre del pueblo namibio y de otras personas progresistas del mundo, especialmente de quienes nos apoyaron en nuestra lucha por la libertad y la auténtica independencia»[6]

A su vez, el 12 de septiembre de 2024, el mandatario venezolano en el marco de la clausura del Congreso de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (JSPUV), otorgó post mortem al presidente de Namibia, Hage Geingob, la mención Espada Libertadores y Libertadoras de Venezuela en su primera clase, condecoración recibida por la hija del mandatario, Nangula Geingob.

Namibia es un pueblo de dignidad, esperanza y vanguardia. Viene de la lucha por la liberación nacional de los pueblos africanos, del espíritu libertario de Bandung, es miembro del Movimiento de Países No alineados y ha sido solidaria con la causa saharaui, cubana y, por supuesto, la bolivariana. El líder histórico de Namibia, Nujoma, expresó en su momento que “El pueblo namibio enfatiza la importancia de la soberanía de Venezuela y llama a la comunidad internacional a no interferir en los asuntos internos de Venezuela”. Honor y gloria al legendario de los pueblos del sur, Nujoma, quien falleció el 8 de febrero de 2025.

Todo el mejor de los éxitos para este mandato feminista y antimperialista de Namibia.

Viva Netumbo Nandi Ndaitwah!

¡Viva la presidenta de Namibia!

Notas:

[1] https://www.ktalnews.com/news/u-s-world/ap-namibia-will-have-its-first-female-leader-after-the-vp-wins-presidential-election-for-ruling-party/.

[2] Estatuto del partido SWAPO.

[3] Cómo fue el «genocidio olvidado» de Namibia, cometido por Alemania y reconocido un siglo después. Tomado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57282350.

[4] Universidad de Dar Es Salaam, Tanzania. https://www.udsm.ac.tz/honorary-degrees

[5]Ortiz, Robert. Netumbo Nandi-Ndaitwah por el Centro de Estudios Internacionales, Barcelona. https://www.cidob.org/lider-politico/netumbo-nandi-ndaitwah

[6] Nujoma humbled by Venezuela recognition https://neweralive.na/nujoma-humbled-by-venezuela-recognition

Yasmín Corrales, internacionalista e investigadora.




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lunes, 3 de febrero de 2025

Carmen de Burgos: una periodista pionera, feminista y republicana


Fuentes: Rebelión

¿Quién fue Carmen de Burgos, periodista y activista por los derechos de las mujeres nacida en 1867, en Almería, y fallecida a los 65 años en Madrid? Firmó una parte significativa de sus textos como Colombine, y la enciclopedia libre Wikipedia la sitúa como integrante de la Generación del 98 y la Edad de Plata […]

¿Quién fue Carmen de Burgos, periodista y activista por los derechos de las mujeres nacida en 1867, en Almería, y fallecida a los 65 años en Madrid? Firmó una parte significativa de sus textos como Colombine, y la enciclopedia libre Wikipedia la sitúa como integrante de la Generación del 98 y la Edad de Plata en España.

Asimismo como la primera periodista profesional en el estado español, redactora en el Diario Universal (periódico liberal, fundado en 1903 por el conde de Romanones), y una de las pioneras en desempeñar -en España- la corresponsalía de guerra; lo hizo desde Melilla, durante el verano de 1909 (conflicto entre el Estado español y las cabilas del Rif).

La también traductora participó en otros medios de comunicación –El Globo, La Correspondencia de España, la revista Nuevo Mundo o Heraldo de Madrid-, y tuvo relación –entre otros escritores- con el autor vanguardista Ramón Gómez de la Serna (conocido por el género de las greguerías).

Pedagoga que se desempeñó como maestra –en Guadalajara, Toledo o Madrid durante la primera década del siglo XX- y de ideología republicana (estuvo afiliada al Partido Radical-Socialista), Carmen de Burgos defendió el derecho al divorcio y el sufragio universal; rechazó la pena de muerte; su lucha militante se concretó, por ejemplo, en la Cruzada de Mujeres Españolas (1920) y en la presidencia de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas.

El Instituto Cervantes resalta, en su página Web, otras causas en las que la activista se implicó: el respaldo a la comunidad judía sefardí y las clases a personas invidentes/sordomudas, además de tomar parte en el Ateneo y la Asociación de la Prensa de la Madrid; la publicación de centenares de textos en la prensa de la época acreditan esta intervención pública (también en Tribuna Pedagógica; La Educación o La España Artística).

“Toda su lucha social –remarca la citada fuente- se ve reflejada en sus escritos; publica más de 50 historias cortas, muchas publicadas por entregas en El Cuento Semanal”; el Instituto Cervantes destaca algunas de las piezas narrativas: El tesoro del castillo (1907); Senderos de Vida (1908); Los negociantes de la Puerta del Sol (1919); El ‘Misericordia’ (1927) o Los endemoniados de Jaca (1932).

Carmen de Burgos Seguí publicó diversas novelas: La hora del amor (1916); Los espirituados (1923); Quiero vivir mi vida (1931); y ensayos: Arte de saber vivir (1918) y El arte de ser mujer. Belleza y perfección (1922).  

Al ensayo La mujer moderna y sus derechos (1927), se refirió la escritora Blanca Bravo Cela –también autora de la biografía Carmen de Burgos ‘Colombine’: contra el silencio (Ed. Espasa, 2003)-, en una reseña publicada por la Real Academia de la Historia (RAH); Bravo Cela subraya las aportaciones al feminismo de la periodista almeriense, así como las reflexiones sobre el divorcio, el sufragio universal, “la capacidad intelectual de la mujer y la libertad del amor”.

“El feminismo revolucionario es una consecuencia lógica de la opresión que sufre la mujer”, escribió Carmen de Burgos; seis años antes vio la luz El artículo 438, relato en que la autora se posicionaba contra las leyes discriminatorias hacia las mujeres.

Blanca Bravo Cela destaca otros aspectos de la biografía e ideario en el artículo de la RAH: el interés por la masonería; sus viajes (Argentina, Francia, Italia, Suiza o Portugal); los escritos biográficos (Gloriosa vida y desdichada muerte de don Rafael del Riego. Un crimen de los Borbones, de 1931); los “momentos de felicidad” al proclamarse la II República en abril de 1931; o las circunstancias del fallecimiento:

“Era octubre del año 1932, el país había sorteado el golpe de Estado de Sanjurjo en agosto y la República seguía con vida. Carmen peroraba en el Centro Socialista de Madrid ofreciendo una conferencia sobre cultura sexual; en uno de los momentos álgidos de la disertación, se detuvo” (por una parada cardiaca); la periodista fue soterrada en el cementerio civil de la capital española.

Habían pasado décadas desde que Carmen de Burgos comenzara a publicar en Diario Universal, una columna al día, que la autora orientaba a la audiencia femenina; se titulaba Lecturas para la mujer, y fue por aquellas fechas cuando empezó a utilizar el seudónimo Colombine, detalla la Red de Bibliotecas de los Archivos Estatales (REBAE).

En el libro Mis viajes por Europa, de 1917, la periodista escribió acerca de una de las regiones mineras de Suecia, Falun: “Se comprende que se conciba el infierno en el centro de la tierra. Todo lo que viene del subsuelo es terrorífico, amedrentador o misterioso. He vuelto a ver la luz con fruición después de salir de la galería de la mina de cobre de Falun. Salir de una mina es resucitar”.

En La mujer moderna y sus derechos, publicada en 1927 por la editorial Sempere de Valencia introduce –en el capítulo cuarto- sobre el Derecho a saber: “La mujer ha tenido que sostener una verdadera lucha para vindicar su derecho a la cultura (…)”; por ejemplo, “las leyendas mismas fueron tejiendo sus mallas en torno de la mujer para aprisionarla más. Son perniciosas las leyendas de Eva, de la Maya india, Isis, Tanit, Milita, de Minerva, de Diana (…)”.

En 2003 TVE emitió, dentro del programa Mujeres en la historia, un documental de 54 minutos sobre Carmen de Burgos, dirigido por María Teresa Álvarez; la película se iniciaba con una crónica de guerra que la reportera envió –el 10 de septiembre de 1909, desde Marruecos-, a Heraldo de Madrid.

Precisamente El cuento semanal, que veía la luz los viernes, insertó como reclamo en la portada del 29 de octubre de 1909 el relato de 18 páginas de Colombine, titulado En la guerra (Episodios de Melilla); así, la introducción exponía al lector las razones de esas cuartillas escritas con urgencia:

“Impresionada por las desgarraduras y crudezas de la guerra vista frente a frente, sin telégrafo ni censura por medio, necesitaba una sangría que me aliviara de todo el exceso de sangre que bebieron mis ojos y de cuya carga deplorable no sabía cómo aligerarme…”; ilustrada por Agustín y a la venta por 30 céntimos, Carmen de Burgos había redactado la novela en el campamento.



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sábado, 1 de febrero de 2025

Mujeres con hachas que reventaron tabernas y el machismo decimonónico

Historia feminista del siglo XIX & WTCU


Fuentes: https://www.pikaramagazine.com

En la primera ola del feminismo anglosajoncéntrica (mediados del siglo XIX, principios del siglo XX), se creó la organización feminista más antigua, grande e influyente de Estados Unidos: la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza, traducido al castellano (Woman’s Christian Temperance Union, WCTU.


[Abro inciso. Si la palabra cristiana te rechina piensa que, en el siglo XIX, las instituciones religiosas eran la escapatoria ante las cárceles de las mujeres, esto es, el matrimonio y la casa. Los conventos eran los espacios no mixtos y feministas de aquella época; los lugares donde tenían acceso a la cultura y al deseo lésbico. Y, si no, piensa en la monja feminista y lesbiana Sor Juana Inés de la Cruz o en las fundaciones religiosas que crearon centros universitarios femeninos cuando las mujeres no tenían acceso a la universidad. Cierro inciso]

La WCTU fue un movimiento social liderado por mujeres cristianas que luchó para despejar el abuso de alcohol de la ecuación de las violencias machistas. Este movimiento rompió a golpe de hacha las tabernas y el arquetipo del ángel del hogar, creando la primera plataforma política y feminista en Estados Unidos. También fue el precursor de la ley de Volstead, conocida como la ley seca, y del sufragio femenino. No es casualidad que a los siete meses de aprobarse una, se aprobase la otra. Tampoco lo es el borrado histórico que invisibiliza el poderío de estas mujeres que hicieron posible la ley seca -estés o no de acuerdo- y el sufragio femenino en un contexto en el que no tenían voz ni voto -literal-.

EEUU: Estados Ebrios Unidos y Ultramachistas

Para conocer cuál fue la gota que colmó el vaso -nunca mejor dicho- y que llevó a las mujeres a tomar medidas frente a la relación directa entre las violencias machistas y el exceso libatorio, se ha de contextualizar la profunda alcoholización que se dio en aquella época.

Las bebidas etílicas estaban presentes en todas las esferas de la vida. Los médicos recetaban alcohol, ya que el agua potable escaseaba y la que había disponible transmitía enfermedades. Las familias granjeras tenían un barril de sidra en la puerta del que tomaban antes de entrar, bebiendo en cada comida, incluso en el desayuno. Se suministraba a trabajadores y tropas su cuota de licor diaria, de manera que los soldados al volver de sus batallas en la Guerra de Secesión se sumaban a la ola de dipsomanía que se extendía por todo el país.

Para 1830, el hombre promedio de más de 15 años bebía el equivalente a 88 botellas de whisky al año. Por aquel entonces, el gasto anual en alcohol, que representaba el 70 por ciento de los ingresos federales, era mayor que los gastos totales del Gobierno. Todo este dinero iba a parar a la industria cervecera y a las tabernas. Estas últimas eran una institución exclusivamente masculina, ya que el consumo de bebidas espirituosas se consideraba (y aún se considera) signo de hombría. De igual manera, se pensaba que la hambruna convertía en hombres a los hijos, quedando los pater familia excusados cada vez gastaban el salario en las tabernas y empobrecían a sus familias.

Sin el derecho al divorcio ni leyes contra el maltrato machista ni el abuso sexual, fueron las mujeres las que sufrieron los estragos del vicio etílico: miseria; golpes; violaciones sexuales; la muerte de sus maridos y familiares por peleas, accidentes y enfermedades derivadas del alcoholismo… Ante este desamparo estatal, las organizaciones femeninas por la templanza fueron una vía para que las mujeres pudieran expresar sus preocupaciones sobre las violencias machistas. En una época en la que no podían votar, miles de mujeres fueron escuchadas políticamente por primera vez en Estados Unidos.

Un bautismo de poder y libertad

En este periodo histórico se podría decir que detrás de una gran mujer siempre había un gran borracho. Algunas de estas legendarias fueron Susan B. Anthony, Eliza J. Thomson, Frances Willard y Carry A. Nation.

Susan B. Anthony, activista por la abolición de la esclavitud y cuyo papel fue fundamental en el movimiento por el sufragio femenino, fundó en 1852 la primera Sociedad de Templanza de la Mujer del estado de Nueva York, después de que se le impidiera hablar por ser mujer en una conferencia sobre la abstinencia. Pero la que alentó a las mujeres a tomar las calles para frenar la venta de bebidas alcohólicas fue Eliza J. Thomson, impulsora de las revueltas de abstemias políticas, conocidas como la Cruzada de las Mujeres.

El 24 de diciembre de 1873, Thomson reunió a 75 mujeres del pueblo de Hillsboroa (Ohio) para ir a las farmacias pidiendo que se comprometiesen, bajo contrato, a dejar de surtir recetas con etanol. Lo mismo hicieron con las tabernas, frente a las que se situaron de rodillas, o con tabernáculos portátiles, a orar y cantar. Tras impedir el acceso y ahuyentar o persuadir a sus clientes, obligaron a propietarios a cerrar sus locales. De esta forma nació la Cruzada de las Mujeres, que luego se extendió, a los pocos días, por 911 comunidades, logrando cerrar unos 1.300 expendios de licor. Fue tal su éxito que en 1874 disminuyeron los ingresos fiscales por concepto de alcohol.

Con estos actos de desobediencia civil, salieron de los parámetros de comportamiento femenino aceptables y de la sumisión. Miles de mujeres que nunca antes habían sentido que podían hacer algo fuera de las casas, se unieron para celebrar, según dijo una de ellas, “el bautizo de poder y libertad”.

Aunque la Cruzada perdió impulso al cabo de un año, consiguió revitalizar el movimiento temperante y conseguir la implementación de las primeras leyes estatutarias que prohibían la venta de alcoholes en ciertos estados. La Cruzada fue la simiente de la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza (WCTU).

La influencer estadounidense del siglo XIX

El 18 de noviembre de 1874 se fundó la WCTU, cuyo objetivo fue, en un principio, lograr la abstinencia total. Los frentes políticos de la organización se ampliaron a partir de 1879, año en el que llegó a la presidencia Frances Willard, destacada feminista y lesbiana (camuflada). Teniendo presente que el consumo excesivo de alcohol era la causa y consecuencia de problemas sociales más importantes y no un asunto personal, introdujo la filosofía “do everything” (hacer de todo). Bajo este lema abogó por la justicia social desde la interseccionalidad.

Francis Willard, en un retrato fotográfico de autoría desconocida
Foto Francis Willard, en un retrato fotográfico de autoría desconocida

Para generar un cambio de conciencia, apostó por la educación, fundando en 1880 el Departamento de Instrucción de Templanza Científica. Mediante este organismo se implementaron en el sistema escolar público programas sobre el alcohol y sus males (un pelín exagerados para meterles el miedo en el cuerpo, todo hay que decirlo). En 1896 la WCTU contaba con 39 departamentos destinados a reformar las leyes laborales, educativas, infantiles y penitenciarias, entre otras muchas.

Durante la presidencia de Willard, la WCTU logró aumentar la edad de consentimiento sexual de siete a 16 años en muchos de los estados, la instalación de fuentes de agua públicas en plazas de todo el país como alternativa sana a las bebidas espirituosas y la apertura de centros para mujeres alcohólicas debido a las recetas médicas.

En 1888 fundó la WCTU mundial. Y es que bajo el liderazgo de Willard, la WCTU se convirtió en la organización de mujeres más grande y progresista del siglo XIX.

Alianza sufragista y su caballo de Troya

Convencida de que el voto les daría un poder real para abordar un amplio espectro de problemas sociales, Willard consiguió que la WCTU respaldase formalmente el sufragio femenino en 1881.

Gracias a ella, la WCTU utilizó la templanza como un trampolín hacia el empoderamiento. A menudo llamaba a la organización la “Universidad WCT”. En ella se capacitaba a mujeres en liderazgo, oratoria y pensamiento político. De este campo de entrenamiento salieron las que luego fundaron la Asociación Nacional de Sufragio de Mujeres Estadounidenses (NAWSA, por sus siglas en inglés). 
Otra de las hazañas de Willard fue persuadir a las mujeres que estaban en contra del sufragio femenino. Para ello construyó un caballo de Troya al que llamó “home protection” (protección del hogar). Para esta campaña creó de forma astuta un lema conservador que vinculaba el sufragio con los dos espacios donde le era más fácil acceder a las mujeres: el hogar y la iglesia.

Consciente de que el hogar y la familia eran las principales preocupaciones con respecto a la ingesta inmoderada de alcohol, empleó esta retórica para tranquilizar a las mujeres conservadoras. De esta forma, logró que pensasen que el voto femenino era una causa digna para defender los valores burgueses y tradicionales sin dinamitar la esfera privada.

Así fue como este movimiento atrajo a más mujeres a la lucha por el derecho al voto que cualquier otra organización, confiriéndoles un papel en los asuntos públicos que nunca más perdieron.

Si los hombres no nos hacen caso, hachazo al canto

A veces hace falta una dosis de amenaza para llamar la atención y que te hagan caso. De eso bien sabía Carry A. Nation, la leyenda del movimiento antialcohólico.

Con un hacha en la mano y en la otra la Biblia, destruyó tabernas convirtiéndose en el terror de beodos y taberneros.

Carry A. Nation tomó este apellido de su segundo marido (el primero murió de cirrosis), para hacer el juego de palabras “carry a nation to prohibition” (llevar a la nación a la prohibición), ya que se referían a la ley seca como “prohibition”. Como presidenta de la WCTU del condado Barber (Kansas) dirigió marchas pacíficas hasta que, harta de no ser escuchada, le dijo a los legisladores: “Si no me dais votos, usaré piedras”. Así que esta agitadora, que se definía como “un bulldog que corre a los pies de Jesús, ladrando a lo que él rechaza”, decidió, por orden divina, cumplir con su cometido.

El 7 de junio de 1900 fue a Kiowa (Kansas) cargada con piedras y botellas camufladas como paquetes y entró en varias tabernas rompiendo barriles, botellas y mobiliario. Cuando un policía la arrestó por daños a la propiedad ella gritó: “No estoy dañando nada, lo estoy destruyendo”. Ya entre rejas dijo: “Me encierran como a un cachorro pero saldré como un león rugiendo y haré que todo el infierno aulle”. Dicho y hecho. En cuanto salió la leona, atacó otra taberna con el arma que se convertiría en su símbolo: el hacha. Con la venta de insignias en forma de hacha y las donaciones recibidas en sus conferencias pagó las multas de sus 30 encarcelaciones. Al poco tiempo, se sumaron a ella centenares de personas, creando el Ejército de Defensores del Hogar con el que cerró unas 100 cantinas.

Cuando la WCTU de Topeka (Kansas) declaró no estar de acuerdo con su método, ella contestó: “Déjenme decirles, señoras, que no saben toda la alegría que pueden llegar a sentir hasta que empiecen a destruir y destruir”. Sin embargo, la mala prensa nubló muchas de las buenas acciones que tuvo con diversos colectivos desfavorecidos. Por mencionar una de tantas, compró una casa lo suficientemente grande para convivir con mujeres que habían perdido la suya a causa de sus maridos alcohólicos, o que habían sido abusadas.

Después de esta perorata histórica propongo un brindis (sin alcohol) por todas estas mujeres que hicieron posible el sufragio femenino y que denunciaron la correlación entre la embriaguez y las violencias machistas, reventando tabernas, la esfera privada y, con ello, el machismo decimonónico.


Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2025/01/mujeres-con-hachas-que-reventaron-tabernas-y-el-machismo-decimononico/




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martes, 17 de diciembre de 2024

Betty Cuthbert y su récord de oros olímpicos



Hasta el día de hoy, Betty Cuthbert ha sido el único ser humano capaz de ganar el oro en las tres pruebas de velocidad individuales que se disputan en los Juegos Olímpicos. Nadie ha conseguido tamaña hazaña salvo ella. Esta es su apasionante biografía.

Elizabeth «Betty» Cuthbert nació el 20 de abril de 1938 en Ermington, un suburbio de Sídney, Nueva Gales del Sur, Australia.

Betty Cuthbert tuvo una hermana gemela, junto a otros dos hermanos, y su infancia fue feliz. Años después declaró: “Mis padres siempre me alentaron y tuve una buena vida familiar. Siempre nos enseñaron a respetar las cosas y a otras personas”.

Tras asistir a la Escuela Pública de Ermington y a la Escuela secundaria, Cuthbert empezó a trabajar en una guardería e inició su relación con el atletismo, el deporte que la encumbraría a la gloria. Sus entrenamientos se endurecieron rápido y los resultados no tardaron en llegar.

El 16 de septiembre de 1956, con tan solo 18 años, Betty Cuthbert pulverizó la plusmarca mundial de los 200 metros, con un registro de 23,2 segundos, y se convirtió en una de las grandes favoritas para los Juegos Olímpicos de Melbourne de ese mismo año.

Pocas semanas después de su primera gran gesta, Cuthbert no defraudó y, en los Juegos celebrados en su país, consiguió ganar la medalla de oro olímpica en las pruebas de 100 metros, 200 metros y relevo 4×100 metros. Un triple oro olímpico histórico.

En la final de 4×100 metros, la velocista australiana además logró una nueva plusmarca mundial.

Cuatro años después, tras conseguir nuevos logros y plusmarcas, Cuthbert volvió a participar en unos Juegos Olímpicos, los de Roma de 1960, en los cuales tuvo mala suerte. Una inoportuna lesión en la eliminatoria de los 100 metros, obligó a Betty a decir adiós a la competición sin cumplir ninguno de sus objetivos. Un golpe que, sin embargo, sirvió para que la atleta se creciese.

En los siguientes Juegos Olímpicos, los de Tokio de 1964, Cuthbert así pues se vengó de lo ocurrido y, ante un público entregado, volvió a ganar una medalla de oro. Su cuarto oro olímpico. Ganó los 400 metros lisos con un tiempo de 52 segundos.

Con esa nueva medalla, Betty Cuthbert dejó dos récords extraordinarios para la posteridad. El de único ser humano capaz de ganar el oro olímpico en las tres pruebas de velocidad individuales que se disputan en los Juegos. Y el de único ser humano ganador de esos tres oros olímpicos y el de la prueba de relevo 4×100 metros. Hasta hoy, ningún hombre o mujer ha superado ninguno de esos dos registros. Tras su última gesta, Cuthbert se retiró de la competición.

Ya en 1969, los médicos le diagnosticaron a la exatleta esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa. Y, a pesar de eso, esta continuó realizando actividades ligadas a causas humanitarias, entroncadas con movimientos de cristianos progresistas. Cuthbert se convirtió en una defensora comprometida de su enfermedad y en una activista incansable en la concienciación de la sociedad sobre la misma.

En el año 2000, durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Sídney, Betty Cuthbert fue una de las portadoras de la antorcha olímpica y, en el 2012, ingresó en el Hall of Fame de la IAAF, la federación internacional de atletismo. Un reconocimiento importante que redondeaba otros anteriores como el de la MBE (Most Excellent Order of the British Empire), es decir la Orden del Imperio Británico, que recibió en 1969.

Betty Cuthbert murió finalmente el 6 de agosto del año 2017, con 79 años de edad, en Mandurah, Australia. Y, al día siguiente de su fallecimiento, la organización del Campeonato Mundial de Atletismo de Londres le dedicó un merecido minuto de silencio.

Después de enterarse del fatal desenlace, la australiana Cathy Freeman, campeona olímpica y mundial de los 400 metros, afirmó acertadamente sobre ella: “Betty ha sido una inspiración. Estoy muy feliz de haber conocido a un modelo a seguir tan extraordinario”.

Marlene Mathews, doble medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 en los que Cuthbert logró tres oros olímpicos, añadió: “Nunca he conocido a nadie que tuviera tanta fe y determinación. Fue esa fe la que la mantuvo en pie durante tanto tiempo y en los momentos más difíciles”.

Poco más se puede decir sobre la gran campeona Betty Cuthbert, el único ser humano que ha sido capaz hasta el presente de ganar el oro olímpico en las tres pruebas de velocidad que se disputan en los Juegos y de añadir además el oro en el relevo 4×100 metros, salvo quizás un deseo de que su memoria permanezca entre nosotros. De que su memoria no se olvide. Parece evidente que así será.



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