RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

martes, 1 de marzo de 2016

Me declaro lesbiano pro-indigenista



Rebelión


Nací en Valparaíso pero desde el año 2009 vivo en Antofagasta, soy un hombre profesional, de tez clara, mis dos apellidos son de origen español, he sido uno de los millones de individuos beneficiados por vivir en una sociedad androcéntrica.
Antofagasta es una ciudad multicultural, miles de inmigrantes colombianos, peruanos, bolivianos conviven con los chilenos, pero basta un recorrido por la ciudad para darse cuenta de la segregación, explotación y discriminación que existe hacia las mujeres, extranjeros sudamericanos, indígenas y pobres.
Los campamentos brotan como callampas, cada día crecen y crecen albergando a las comunidades en condiciones precarias; se habla de los campamentos en los noticieros, todos los días se mencionan en los diarios, en las redes sociales se visibilizan los comentarios racistas, xenófobos, comentarios llenos de odio e ignorancia.
El centro de la ciudad es una invitación a la lujuria: “Sensual Show”, “Mina´s”, “Diva´s”, hermosas exóticas mujeres que invitan a olvidar la rutina, el trabajo, la familia. Las colombianas son las reinas, la piel morena es más valorada por las noches, todas tienen un precio que cualquier minero puede pagar. Peruanas y bolivianas por lo común, trabajan haciendo el aseo en instituciones académicas, empresas contratistas o para el retail.
La discriminación es transversal, sucede en todo tipo de instituciones aún en las sin fines de lucro o no gubernamentales, si es mujer le costará un poco más encontrar trabajo y ganar igual que un hombre, pero si es mujer y su piel es oscura, si sus ojos son achinados, si tiene los pómulos altos y es bajita, si tiene apellido aimara y es lesbiana, lo único que encontrará serán lógicas y dinámicas colonialistas.
He tenido la oportunidad de viajar varias veces a Bolivia, la primera por asuntos académicos, las otras por gusto. Es curioso que antes de viajar me hayan advertido de los peligros a los que estaría expuesto, ya que supuestamente los bolivianos nos odian hasta la médula, otras personas le bajaban el perfil al viaje, claro no es lo mismo ir a Puerto Vallarta o Punta del Este que al Titicaca.
La única vez que sentí miedo en Bolivia, fue después de comer lasaña, truchas con ensaladas y beber 2 litros de cerveza a 4.000 metros de altura, fue horrible… es verdad. Pero la cantidad de personas maravillosas que he conocido, las amistades memorables, y esa paz que solo un indígena andino puede sentir, me hacen reflexionar sobre el miedo a la diferencia, miedo que nace por ignorancia, miedo que discrimina, divide y paraliza.
Me preocupa el tema, yo creo que Chile es un país discriminador, y me preocupa porque tengo madre, hermana, novia con ascendencia likan-antai, y mas adelante podría tener hijas; las primeras veces que fui a San Pedro de Atacama fue para conocer y divertirme, ahora voy con mi novia a visitar a su abuelo al cementerio.
Quizás no sea fácil para la mayoría visualizar comportamientos misóginos, los micromachismos están tan arraigados en nuestra cultura que creo ser mas feminista que muchas primas o amigas. Miramos con horror la situación de las mujeres en el medio oriente, pero aceptamos con naturalidad, incluso hay quienes defienden que una niña de 13 años, embarazada y con inviabilidad fetal, violada por su propio padre, sea obligada a dar a luz.
No existen las políticas públicas adecuadas para los problemas de género ni de etnias, y no existen por varias razones, una importante es la miseria espiritual en la que se encuentra nuestra sociedad, miseria espiritual fomentada por religiones como la católica, antiguamente conocida por matar mujeres con el pretexto de que eran brujas, y actualmente conocida por practicar la pedofilia bajo ningún pretexto Y por los gobiernos de turno que no se han preocupado de la educación, base para eliminar los miedos que ensombrecen nuestra mente y nos ciega a tal punto, de no reconocer al otro como un hermano solo por ser humano.

Subido por Cecy Méndez Bejarano

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