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sábado, 18 de febrero de 2017

Iconografía femenina en la antigua Roma: Evolución de la República al Imperio




En la Roma antigua, el paso de la República al Imperio supuso la transformación del orden político y social establecido que incidió en las mujeres de la familia imperial, un grupo de mujeres reducido pero poderoso. 

Con el nuevo régimen, la mujer de la domus imperial alcanzó la visibilidad social, al establecerse las pautas que generaron su presencia social y la consolidación de su imagen oficial. Lograron ser la “otra cara” de la imagen del poder imperial, un importante papel representativo para vehicular los intereses de la política imperial con el objetivo de establecerlos en el imaginario de la sociedad romana.

¿Cómo surgió este impulso público de la mujer de la familia imperial? Se puede atribuir a las estrategias de propaganda oficial del Emperador que, con programas iconográficos muy determinados, representaba sistemáticamente su imagen y la de su familia. Fue el comienzo de una práctica novedosa que inició Augusto durante su gobierno (27 aC-14 dC) y que persiguió múltiples objetivos que, a su vez, catapultó socialmente la figura de la mujer de la domus imperatoria. Para ello, la figura de las damas fue representada en camafeos, repertorios escultóricos y en las monedas que difundieron su imagen por todo el territorio imperial.

¿Qué objetivos perseguía representar el universo femenino? Distintos aspectos como la maternidad adquirieron fuerza y relevancia pública, con el propósito de difundir la continuidad dinástica. Así mismo, la figura de la mujer se asoció a las virtudes y los valores tradicionales como la Fortuna, la Paz o la Concordia, entre otros. La misión era clara y concreta, publicitar en el imaginario colectivo el buen gobierno, la estabilidad política y social que permitirían perpetuar el sistema imperial.





Fig.1. Valeria Messalina. Escultura relacionada con alguna divinidad femenina de la Fecundidad. Velada y con su hijo Britannico en brazos. Museo Louvre.

Fig.2. Aureo época de Domiciano. Anverso busto de Domitia Longina. Reverso hijo de ambos. RIC 213.


Por otro lado, la figura de la mujer se vinculó a distintas divinidades femeninas de la religión tradicional como Vesta, garante del fuego del hogar, protectora de la familia, las tradiciones y la domus romana; Ceres, diosa asociada a la madre tierra, la fertilidad y la abundancia; Juno, diosa al matrimonio, del cielo y de la tierra. El propósito era vincular a las mujeres de la familia imperial con distintas deidades, mediante la personificación y las alegorías plasmadas en la iconografía, con objetivos ilustrativos que generaban aproximaciones conceptuales asociadas al culto imperial.

En la representación pública, la precursora fue la emperatriz Livia Drusilla, tercera esposa del emperador Augusto, madre del emperador Tiberio y abuela del emperador Claudio. Fue la primera emperatriz de Roma y tuvo un papel activo y destacado en la política del nuevo orden político. Sirvió como ejemplo a sus sucesoras de la dinastía Julio-Claudia y su modelo fue seguido por las mujeres de las sucesivas dinastías del Alto Imperio. 

Un aspecto que forma parte de la feminidad es el peinado que, con el paso de la República al Imperio, vivió una evolución iconográfica significativa. Esta transformación se conformó en distintas mujeres de la dinastía Julio-Claudia:



  • Nodus, que estaba dispuesto a modo de tupé bajo encima de la frente con un trenzado central superior y lateral que finalizaba en un moño bajo encima de la nuca. (Fig. 1-2). Busto atribuido a Livia Drusilla. British Museum y Museo Nacional de Roma. 
  • Ondas centrales con raya en medio para continuar con rizos laterales poco definidos y pelo sobre espalda y hombros. (Fig.3). Busto atribuido a Agrippina Minor, esposa del emperador Claudio. Museo Nacional Warsaw. 
  • Rizos definidos y simétricos dispuestos en varias filas en la parte superior de la cabeza para terminar con el pelo recogido en una o dos trenzas largas sujetadas en la parte posterior de la nuca. (Fig.4). Busto atribuido a Agrippina Minor. Museo Arqueológico de Nápoles.
La imagen sobria de Livia Drusilla se representó con el clásico nodus de tradición tardo-republicana que evolucionó hacia el peinado que lucieron sus sucesoras en la dinastía Julio-Claudia: Valeria Messalina, Poppaea Sabina y Agrippina Minor. Este cambio estilístico se asocia a la transformación de la tradición republicana hacia el cambio político que supuso el Imperio y reflejado en las representaciones iconográficas, como una muestra de los cambios ideológicos y sociales que se produjeron en Roma durante ese período.

A partir del año 69 dC, una nueva familia se inició en el gobierno de Roma, la dinastía Flavia. La cara femenina de la dinastía fueron las Flavias y con ellas llegó una nueva transformación estilística. Este cambio fue progresivo, ya que las primeras damas Flavias: Domitilla Maior y Domitilla Minor lucieron una estética a semejanza de las últimas mujeres de la dinastía Julio-Claudia.





La culminación del nuevo estilo llegó con: Iulia Flavia Titi y Domitia Longina (representada en la imagen de la izquierda) que lucieron un nuevo peinado conformado en una considerada elevación de rizos y bucles denominado “nido de abeja” situado en la parte delantera de la cabeza, encima de la frente, a modo de diadema para continuar con un trenzado de la parte media hacia atrás y terminando con tres opciones distintas: en un moño alto o bajo de trenzas, o dos colas de trenzas que caen en la nuca. 

Las Flavias, con este nuevo estilismo combinaron elegancia, artificiosidad y un estilo propio que consiguió diferenciarlas logrando una imagen innovadora capaz de representar con fuerza y personalidad su estatus y su rol. Esta nueva apariencia suponía una complicada técnica realizada con instrumentos especializados, que no estaban al alcance de cualquier mujer, por lo que puede interpretarse como la búsqueda de una diferenciación de las mujeres de otros órdenes sociales.

Iulia Flavia Titi. Hija del emperador Tito Flavio. 


Su aportación fue un cambio estilístico importante que supuso una innovación en el modelo iconográfico. Se desconoce qué inspiró dicha elevación tan marcada, pero este cambio bien podría añadirse a la renovación que hubo en Roma con la llegada de una nueva dinastía imperial que aportó, entre otras cosas, una obra arquitectónica emblemática, el Coliseo de Roma.

Aunque es cierto que la visibilidad pública se contextualizó en un grupo de mujeres de estatus selecto y vinculado al poder de Roma, su presencia social se mantuvo y se consolidó durante el siglo I dC aumentando y acentuando su imagen pública a lo largo del siglo II dC con las emperatrices Antoninas y culminado con las poderosas emperatrices de la dinastía Severa. 

En este sentido, su modelo se expandió entre las mujeres de la nobilitas romana y de las oligarquías provinciales, que siguieron el patrón establecido por las emperatrices y princesas de Roma, siendo un importante logro, ya que sus representaciones sentaron las bases de la representación y comportamiento social de la mujer con estatus social en todo el Imperio. 

Hoy, este logro puede parecer poco significativo por su lejanía o por haber afectado sólo a un grupo reducido de mujeres con un papel representativo al servicio de la propaganda gubernamental dirigida por hombres. Por esta razón, en una sociedad patriarcal como la romana, es importante proyectar el foco de atención en el paso de la invisibilidad a la visibilidad social y pública de este grupo de mujeres siendo un avance importante de los muchos alcanzados por la mujer en la Historia.

Bibliografía:

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http://fara.cs.unipotsdam.de/~niess/muenzen/flavier.html (Acceso el 18 de marzo de 2014).

ZANKER, P. 1992. Augusto y el poder de las imágenes. Alianza Editorial.


Webgrafía y recursos digitales para imágenes:

https://commons.wikimedia.org

Sobre la autora de este artículo:

Montse Guallarte Salvat, Licenciada en Historia por la Universitat de Barcelona especializada en Arqueología e Historia Antigua. Máster en Métodos y Técnicas de Investigación Histórica en la Uned. Ha centrado su investigación en la Antigua de Roma, Iconografía, Numismática y la figura de la mujer de la familia imperial romana. 

Ha participado en una de las campañas de excavación de la domus romana de La Llosa en Cambrils y en congresos internacionales como Tarraco Biennal y el Congreso Internacional de Arqueología Clásica de Mérida. Ha colaborado en sesiones divulgativas de Amics del Saber, del Centro Cívico Congrés-Indians en Barcelona.

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