RADIO "PONCHOSVERDES.FM"

jueves, 14 de mayo de 2015

Ecofeminismo

por Celina A. Lértora Mendoza, Conicet-FEPAI, USAL
 


ECOFEMINISMO El ecofeminismo surgió hace unos veinte años de la confluencia de dos corrientes independientes, pero que se vincularon por el interés mutuo de sus opciones frente a la situación de deterioro generalizado, ambiental y humano.

Una de ellas es la denominada deep ecology, una de las corrientes de la ecofilosofía, que propone profundizar la problemática ecológica, y no restringirse, como los estudios ambientales estándar, a propiciar medidas meramente conservativas y/o de desarrollo sustentable. La deep ecology propone replantear en su totalidad las relaciones del hombre con la naturaleza, afirmando que si no cambia la actitud humana frente a los seres naturales, no se logrará revertir el proceso destructivo. Un antecedente de esta preocupación en Estados Unidos fue Rachel Louise Carson (m. 1964) que en su novela Silent Spring describió la catástrofe avícola producida por el uso de pesticidas químicos, lográndose finalmente (luego de su muerte) la prohibición del DDT. A pesar de los esfuerzos públicos y privados para proteger el ambiente, hay una percepción generalizada, confirmada por los estudios especializados, de la existencia de una constante declinación ecológica; de allí la importancia de este tema, y su relación con la salud humana.

La problemática surgió en la década de los sesenta, vinculada a la ciencia biológica de los sistemas ambientales naturales. Entonces la ecología se propuso el estudio de cómo la función de estas comunidades naturales sustenta un tejido saludable de vida y cómo puede romperse, causando la muerte de la vida vegetal y animal. La intervención humana es una de las muchas causas de tal ruptura. La apreciación de esta circunstancia amplió el horizonte del estudio ecológico combinándose el aspecto biológico con el socioeconómico. Esta era la situación a fines de la década del sesenta. En esta segunda fase la propuesta es analizar de qué modo el uso humano de la naturaleza es causa de polución del ambiente y de la destrucción del sistema natural vegetal y animal, y hasta donde estos desequilibrios amenazan la base de la vida de la cual depende la comunidad humana[1]. El siguiente paso, ya encaminado hacia la ecología profunda, consistió en tomar como base el estudio de la ecología social y analizar los modelos simbólicos, psicológicos y éticos de las relaciones destructivas de los humanos con respecto a la naturaleza, buscando una alternativa: cómo reemplazarlos con una cultura pro-vida[2]. La ecología profunda se distanció cada vez más de la otra orientación de la ecología inicial: la que hoy constituye el amplio y diversificado campo de estudio de las ciencias ambientales.

La otra vertiente que concurre a esta teoría es el feminismo, corriente de pensamiento amplia y compleja, pero cuyas dos afirmaciones fundamentales y comunes son: 1. que el "género" (entendido como rol que corresponde a cada sexo dentro de una determinada comunidad) es un constructo social y no se deriva necesariamente del sexo biológico; 2. que en esta diferenciación de roles (sesgo de género) la primacía ha correspondido al varón, que ha dominado a la mujer (patriarcado) y ha establecido los modos masculinos de comportamiento y/o pensamiento como modelos para toda la humanidad (androcentrismo). El feminismo ha utilizado el método hermenéutico de la de-construcción del sesgo del género, denunciando situaciones de marginación de la mujer a lo largo de la historia. Vinculado también a los movimientos de liberación y de derechos humanos, ha señalado que incluso dentro de situaciones globales de marginación (el Tercer Mundo, por ejemplo) las mujeres sufren más que los hombres.

Cuando el feminismo comenzó a reivindicar las culturas matriarcales (reales o hipotéticas) y la sabiduría femenina en su relación con la tierra y los recursos naturales, se advirtió que una parte de los problemas y de las propuestas eran comunes con la deep ecology. También el llamado feminismo radical propone una nueva visión no sólo de las relaciones de los seres humanos, sino con la naturaleza. El ecofeminismo sostiene que la dominación de la naturaleza y de la mujer son paralelas y que no revertirán aisladamente.

En especial ha señalado:

a) Que el ascenso del punto de vista androcéntrico y patriarcal ha desplazado la reverencia a la tierra como "madre" y dadora de vida (personificada en diversas diosas de la antigüedad desde el paleolítico inferior). Se ha señalado al respecto el papel legitimador de dos mitos muy arraigados en la cultura occidental: el mito hebreo del paraíso perdido (el relato de la caída en el Génesis) y el mito griego de la "edad de oro" (anterior al robo del fuego y la apertura de la "caja de Pandora"). En ambos se sugiere la existencia de una edad idílica, más o menos identificada con la época paleolítica inferior de las sociedades recolectoras, en que el hombre no tenía más que recoger los frutos que la naturaleza le ofrecía, cual madre bondadosa, época que terminó con el surgimiento de las primeras civilizaciones urbanas y del patriarcado. Algunos ecofeministas, sin embargo, señalan el peligro de asumir la idea de una "naturaleza originalmente paradisíaca", provocando intentos infructuosos de una vuelta imposible[3]. Pero en cambio es común a todos la denuncia de que estos mitos legitimaron la "culpa" de la mujer por la pérdida de la idílica situación originaria, justificando el estado de sometimiento -tanto de ella como de la naturaleza- al poder transformador masculino. La desacralización de la tierra, así como la marginación de sus sacerdotisas, produjeron un cambio en la percepción de la naturaleza, y un modelo de acción de tipo depredatorio y explotador.

La superación de este modelo de explotación irrestricta se propone, a su vez, al menos desde las dos vertientes de análisis teóricos que iniciaron esta línea. Por una parte, en el nivel simbólico, se propone la construcción de una nueva teocosmogonía (laica o religiosa) que reemplace al modelo de los dos mitos mencionados. La forma más consensuada es la adopción ecofeminista de la "hipótesis Gaia" propuesta por los biólogos planetaristas James Lovelock y Lynn Margulis, según los cuales la tierra no es una roca muerta cuyas condiciones químicas permiten a las plantas y los animales vivir en su superficie, sino que el planeta Tierra, como un todo, incluyendo sus mares, suelos y atmósfera, opera como un sistema orgánico de retroalimentación biológica. Entender la evolución de la tierra y la sustentabilidad ecológica, es entender este sistema total de la Tierra como un todo orgánico viviente en acción autobalanceada consigo mismo.
b) Que el cuidado del ciclo vital de hombres, animales y plantas, propio de las mujeres en las culturas antiguas, ha sido reemplazado por otras ideas personificadas en los dioses uránicos (la guerra, la conquista, la recompensa individualista en ésta o en otra vida, etc.). Si bien este es un punto interesante, las investigaciones históricas y antropológicas están sólo en los comienzos. Un tema de análisis en la agenda es el estudio del apuntalamiento socioeconómico de la identificación de la mujer con la naturaleza, de tal modo que la "colonización" de una simboliza la otra en forma recíproca. Algunas economistas del Tercer Mundo, como Vandana Shiva en la India, han comenzado a investigar, detectar y exhibir relaciones concretas entre el simbolismo de la mujer como naturaleza y los roles concretos de las mujeres, reducidas a las labores agrícolas y domésticas. Autoras del Primer Mundo, como Rosemary Radford Ruether, consideran esencial no detenerse en las conexiones simbólicas sino que es preciso detallar estos nexos socio-económicos, condición necesaria para pensar alternativas que realmente transformen la cultura de depredación[4].

c) Que ha determinado un modo de relacionarse con el otro (hombres o seres naturales) en términos de dominación o de "poder sobre", relación predominante en las relación actuales y que el ecofeminismo propone reemplazar por relaciones de "poder con" y de "poder entre", es decir, por formas de solidaridad.

Desde los años '60, el movimiento ecologista radical ha realizado una incisiva crítica a la tradición religiosa monoteísta-creacionista occidental y a los textos bíblicos incluyendo su concepción de la espiritualidad: desacralización de la naturaleza, negación del cuerpo, etc., proponiendo en cambio una nueva espiritualidad que consistiría en la comunión con toda forma de vida, como momento extático en el que se reencuentra la matriz de la energía universal. Autoras como Radford Ruether han planteado que tal vez necesitamos una “Diosa” más inmanente y relacional, opuesta al Dios de la tradición semítica monoteísta. Según esta autora, aunque nuestra conciencia es nuestro privilegio, y es sin duda un tipo de experiencia vital muy intensa, no se divide tajantemente de otras capacidades no humanas, y por eso nuestra conciencia no debiera separarnos del resto de la naturaleza; propone una actitud de compasión hacia todo lo viviente, rompiendo en nuestro espíritu la “ilusión de alteridad”[5].

Esta línea el ecofeminismo ha producido una importante literatura en los últimos años, particularmente crítica frente a la inoperancia de las instancias nacionales e internacionales ante los desafíos ecológicos. Por otra parte, se inspiran en el ecofeminismo muchas organizaciones no gubernamentales, que abogan por la búsqueda de formas de vida, de relaciones familiares y sociales, de producción y consumo, de educación y de sanidad, que sean alternativas a las vigentes. Este activismo se hace sentir particularmente en culturas de larga historia, más o menos dominadas e inculturadas por los criterios occidentales, como la India, Mesoamérica y algunas regiones del África.

En América Latina (como antes sucedió en Estados Unidos), el ecofeminismo se conecta con las versiones feministas de la filosofía y la teología de la liberación. Mary Judith Ress señala los orígenes de las prácticas ecofeministas de esta relación ya mencionada entre ecología profunda y feminismo radical, incluyendo algunos aspectos de la New Age. Los aportes de pensadoras del Norte, como Rosemary Radford Ruether, Sallie Mc Fague[6] y Mary Grey fueron retomados y repensados desde la situación latinoamericana sobre todo por Ivone Gebara, pero también por Coca Trillini, Alcira Agreda, Gladys Parentelli, entre otras[7].

La brasileña Ivone Gebara, partiendo de las experiencias concretas de mujeres pobres y marginadas, presenta una visión crítica de la antropología dualista, buscando pensar de un modo nuevo la antigua imagen de la Trinidad[8], considerándola una realidad inserta en el cosmos, en la tierra, en las relaciones entre los pueblos y culturas. Propone, en conclusión, que “una articulación íntima entre una línea feminista de pensar la vida y una línea ecológica, nos abre no sólo una posibilidad real de igualdad entre mujeres y hombres de diferentes culturas, sino una relación diferente entre nosotros, con la tierra y con todo el cosmos”[9]. En trabajos posteriores ha reiterado su denuncia y su propuesta ecofeminista programática: la búsqueda de vías reales que permitan no sólo soñar, sino construir y un mundo de justicia y de paz para todos
En general, las estrategias que el ecofeminismo propone como alternativas para mejorar la calidad de vida humana mejorando nuestras relaciones con la naturaleza, pueden presentarse en tres núcleos programáticos[10]:L

1. La creación de movimientos "verdes" locales que luchen por la protección de la naturaleza.
2. La aplicación de la hermenéutica de la sospecha al lenguaje que promueve la dominación sobre la naturaleza, corrigiéndola con una visión holística y orgánica.
3. Afirmación positiva de la sacralidad de la naturaleza.
Los movimientos verdes en el Tercer Mundo están generalmente liderados por mujeres, y su propósito es impedir la devastación de los recursos naturales (por ejemplo tala de árboles, uso de germicidas peligrosos, etc.). María Mies, socióloga alemana, se ha ocupado de analizar y apoyar desde su cátedra a los movimientos de defensa ecológica y a las protestas contra las plantas atómicas en Alemania, la polución de alimentos producida en Japón por causa de los fertilizantes químicos, la deforestación en Ecuador y en el Himalaya, etc.[11] Uno de los movimientos más interesantes que ella ha estudiado es el "Chipko Andolan Movement", que toma como figura modélica a Amritha Devi, quien c. 1730, cuando el maharajá de Jodhpur mandó talar los árboles considerados sagrados por esa población, para impedirlo, se colgó como víctima propiciatoria en uno de ellos y la tala se suspendió. Este movimiento hoy impulsa en la India muchas medidas para evitar la grave deforestación (se talan cerca de 1,3 millones de hectáreas por año), la contaminación de los ríos y el agotamiento del suelo. El lema de estos movimientos sería: "la tierra y sus recursos son limitados, nuestra vida es limitada, el tiempo es limitado"[12].
La segunda estrategia apunta al hecho de que mientras no se cambie la mentalidad consumista y devastadora de recursos no renovables, ninguna de las medidas de paliativo (como las organizadas por las Naciones Unidas y las reuniones "cumbres") tendrá efecto duradero. También se considera que las mujeres son en este aspecto más receptivas que los hombres a las alternativas y hay muchas científicas empeñadas en este tipo de estudios y también en las tareas sociales de concienciación, en las cuales se considera imprescindible la tarea femenina, ya que las mujeres son las primeras socializadoras en la familia y en las organizaciones intermedias. En este punto hay muchos matices, desde las visiones más románticas hasta otras posiciones más cercanas al organicismo y a los conceptos ambientalistas del ecosistema. En todo caso, lo que caracteriza al ecofeminismo (neologismo sugerido por las feministas francesas en la década del 70) es el acento en el concepto "ecología" más que "ambientalismo" y en la importancia de considerar, dentro de la dimensión humana que implica la ecología, el modo cómo los humanos han pensado la naturaleza y cómo esto se ha traducido no sólo en las prácticas, sino también en los conceptos científicos.
Desde el punto de vista de la ciencia, Carolyn Merchand, una historiadora de la ciencia norteamericana, sostiene que la ciencia moderna ha interiorizado la idea de la dominación de la naturaleza, entendiéndola a la manera de una mujer cuyos secretos deben ser penetrados. Expuso sus ideas en variadas obras, la más importante de las cuales es The Death of Nature, que sirvió de modelo y motivación a otros estudios similares.
En cuanto a la propuesta de una re-sacralización de la naturaleza, o bien -en versión más débil- una visión de la hermandad de los seres naturales, al modo de San Francisco de Asís, si bien es una de las líneas más conocidas y difundidas, con millones de adeptos actualmente, es difícil pensar que por sí misma pueda producir cambios significativos en la realidad, dada la complejidad de los intereses y cuestiones en juego.
El ecofeminismo, en su conjunto, tiene el mérito de haber llamado la atención sobre un aspecto de la problemática naturaleza-humanidad, y de haber provisto de ciertas pistas teóricas para pensarla de modo diferente. Las acciones concretas han producido efectos sobre todo a nivel de la concienciación de millones de seres, y también algunos resultados más bien en la línea de impedir mayores males que en la de remediar los existentes, para lo cual el aporte positivo de nuevas tecnologías parece imprescindible. Ha funcionado, y puede seguir funcionando como una utopía creativa, un horizonte ideal que motorice acciones concretas, más pragmáticas, frente al gran desafío que nos aguarda.
Fuentes
- Devall B. y G. Sessions, Deep Ecology: Living as if Nature Mattered, Salt Lake City, Smith Books, 1985.
- Ehrlich R. P. et al. Human Ecology. Problems and Solutions, San Francisco, W. H. Freeman, 1973.
- Gebara, Ivone, La sed de sentido. Búsqueda ecofeministas en prosa poética, Montevideo, Doble Clic, 2002.
- Gebara, Ivone, Teologia em ritmo de mulher y Trindade, palavra sobre coisas velhas e novas, São Paulo, Paulinas, 1994; versión castellana, Teología a ritmo de mujer, Madrid, San Pablo, 1995.
- Mc Fague, Sallie, Models of God. Theological for an Ecological Nuclear Age, London, Fortress Press, 1987.
- Mc Fague, Sallie, The Body of God. An Ecological Theology, Minneapolis, Fortress Press, 1993.
- Mies, Maria - Vandana Shiva, Ecofeminisn, London, Zed Books, 1993.
- Radford Ruether, Rosemary, Gaia & God. An Ecofeminist Theology of Earth Heating, San Francisco, Harper, 1994.
- Radford Ruether, Rosemary, “Hacia una teocosmología ecofeminista”, en Mary Judith Ress, Ute Seibert-Cuadra y Lene Sjorup (eds) Del cielo a la tierra. Una antología de teología feminista, Santiago de Chile, Sello Azul, 1994: 507-512.
- Radford Ruether, Rosemary, “Theological Resources for Earth-Healing”, Feminist Theology 2, 1993: 84-97.
- Ress, Mary Judith, “Reflexiones sobre el ecofeminismo en América Latina”, en Silvia Marcos (ed.), Religión y Género, Madrid, ed. Trotta, 2004: 153-177.
- Ress, Mary Judith, “Las fuentes del ecofeminismo: una genealogía”, Con-spirando 23, 1998: 3-8.



[1] V. un análisis de estas primeras perspectivas en R. P. Ehrlich et al. Human Ecology. Problems and Solutions, San Francisco, W. H. Freeman, 1973.
[2] Cf. B. Devall y G. Sessions, Deep Ecology: Living as if Nature Mattered, Salt Lake City, Smith Books, 1985.
[3] Por ejemplo Rosemary Radford Ruether, Gaia & God. An Ecofeminist Theology of Earth Heating, San Francisco, Harper, 1994, p. 143.
[4] Cf. "Ecofeminism: Symbolic and Social Connection of the Oppression of Women and the Domination of Nature", Feminist Theology, 9, 1995 p. 37.
[5] “Hacia una teocosmología ecofeminista”, en Mary Judith Ress, Ute Seibert-Cuadra y Lene Sjorup (eds) Del cielo a la tierra. Una antología de teología feminista, Santiago de Chile, Sello Azul, 1994: 507-512.
[6] Teóloga norteamericana influida por la hermenéutica de Paul Ricoeur, que ha desarrollado un diálogo interdisciplinario con las ciencias naturales. Su “teología metafórica”, recurre a una relectura de la metáfora tardomedieval del Amigo (para hablar de Dios), considerando la dimensión política y pública del discurso sobre lo divino, arribando a proponer una teología ecológica y profundamente relacional. En su desarrollo, concibe el universo como el “cuerpo de Dios”, y elabora la idea de una “nueva sensibilidad” que asuma la interdependencia y relacionalidad con todos los vivientes.
[7] Ress entrevistó a doce teólogas latinoamericanas buscando explicitar los diferentes enfoques según países, edades, tradiciones eclesiales; como resultado de su trabajo concluye que la idea central del ecofeminismo es la convicción de que la opresión de la mujer y la destrucción del planeta derivan del mismo sistema patriarcal (“Reflexiones sobre el ecofeminismo en América Latina”, en Silvia Marcos, ed., Religión y Género, Madrid, ed. Trotta, 2004: 153-177).
[8] En Teología a ritmo de mujer, Madrid, San Pablo, 1995, la segunda parte (pp. 107-15) se titula, precisamente “Trinidad, palabra sobre cosas viejas y nuevas. Una perspectiva ecofeminista”.
[9] Ibid. p. 158-159.
[10] Cf. Anne Clifford, "Feminist Perspectives on Ecology", Feminist Theology, New York, Orbis Books, 2001, p. 220.
[11] Cf. Maria Mies - Vandana Shiva, Ecofeminisn, London, Zed Books, 1993.
[12] Cf. Mies - Shiva, Ecofeminism cit. p. 52.



http://www.cecies.org/articulo.asp?id=121

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