domingo, 26 de abril de 2015

Descubriendo el pasado, Mary Anning (1799-1847)


Mary Anning pertenecía a la clase baja y a una familia de protestantes que no aceptaba el credo anglicano. Y, por encima de todo, era mujer. Estos factores pesaron más al mundo científico de su tiempo que el amplio conocimiento que acumuló a lo largo de años de búsqueda de fósiles. Una búsqueda que aprendió de su padre y que inició para ganarse la vida y ayudar a la paupérrima economía familiar. Con el tiempo se convirtió en una eminencia en la sombra en el mundo de la paleontología y sus descubrimientos contribuyeron a desmontar la teoría creacionista y a corroborar las teorías evolutivas. Pero solamente algunos pocos hombres la citaron en sus estudios y fue después de su muerte que la Sociedad Geológica de Londres se dignó a rendirle el merecido homenaje.


Mary Anning nació el 21 de mayo de 1799 en la ciudad inglesa de Lyme Regis. Sus padres pertenecían a un grupo conocido como disidentes, es decir, que profesaban el protestantismo pero no seguían los dictados de la iglesia anglicana. Su padre, Richard Anning, se ganaba la vida como ebanista y vendiendo fósiles que encontraba en los muchos yacimientos costeros que se encontraban cerca de Lyme. Con su esposa Molly tuvieron una larga lista de hijos que fueron falleciendo de manera prematura. De hecho Mary fue bautizada con el nombre de la hija primogénita que había muerto al quemarse con el fuego de la casa. Solamente sobrevivieron ella y su hermano Joseph.

La familia Anning, además de ser pobres, sufrieron el rechazo social por su opción religiosa. Mary no recibió ningún tipo de educación formal y lo que aprendió a lo largo de su vida fue de manera autodidacta y por su propia inquietud. Mary y Joseph solían acompañar a su padre a los acantilados donde los niños empezaron a aprender a seleccionar y encontrar las piezas que después vendían a los coleccionistas que se acercaban a Lyme atraídos por la gran cantidad de fósiles descubiertos en la zona. 



En 1810, cuando Mary era aún una niña de unos diez años, la familia Anning recibió el duro golpe de ver morir a Richard de tuberculosis. Joseph y Mary siguieron buscando fósiles y vendiéndolos en una humilde parada a los apasionados de este tipo de coleccionismo. Aquel mismo año, Joseph hizo su primer descubrimiento importante, un cráneo de ictiosaurio, pero los ingresos familiares continuaban siendo escasos. Poco después, Mary descubrió el resto del esqueleto del especimen encontrado por Joseph. Era la primera vez que se encontraba un animal de aquellas características en tan buenas condiciones, lo que llamó la atención de la sociedad científica.

Fue por aquellos años cuando un rico coleccionista de fósiles llamado Thomas Birch ayudó a Mary y su familia organizando distintas subastas de fósiles y dándoles lo recaudado.

Mientras Mary continuaba escarbando la tierra de los acantilados, su hermano Joseph decidió iniciar una vida más tranquila y estable como tapicero. 




Los continuos hallazgos de Mary empezaron a captar la atención no solo de coleccionistas sino también de la sociedad científica de su tiempo. Además de encontrar los restos fósiles, Mary intentaba aprender de todas las publicaciones que caían en sus manos y estudiaba animales de su tiempo como peces o calamares a los que diseccionaba para encontrar similitudes con los restos que descubría en los acantilados. 

Pero de poco o nada servían sus esfuerzos por intentar profesionalizar su actividad. Los científicos que compraban sus fósiles y publicaban el descubrimiento en publicaciones científicas se olvidaban de nombrar a la muchacha de Lyme que los había encontrado. Solamente en ocasiones excepcionales se acordaban de ella. Como en 1829, cuando el científico William Buckland escribió acerca de un especimen encontrado por Mary, a la que citó en su artículo.




Otro geólogo, Henry de la Beche, medió en 1830 por ella para que una acuarela suya de un Duria Antiquior se imprimiera en una litografía. Esta imagen fue una de las primeras sobre animales prehistóricos ampliamente difundidas en los medios científicos.

Mary Anning falleció el 9 de marzo de 1847 de un cáncer de mama con el convencimiento de que la ciencia la había silenciado y se había aprovechado de sus hallazgos. Ser mujer pesó más que sus conocimientos ante la sociedad erudita que, sólo tras su muerte, se rindió a la evidencia. La Sociedad Geológica de Londres que le cerró las puertas en vida la homenajeó con un panegírico escrito por Henry de la Beche, uno de los pocos científicos que la había ayudado. Fue la primera persona que sin ser miembro de la sociedad recibía este homenaje. Por supuesto fue también la primera mujer. 

La iglesia parroquial de Lymes erigió una vidriera en su memoria, mientras la literatura se encargaba de rememorar su historia. 

 Si quieres leer sobre ella 

Las huellas de la vida, Tracy Chevalier 








Por Sandra Ferrer

miércoles, 22 de abril de 2015

La visionaria traicionada por Enrique VIII, Elizabeth Barton (1506-1534)


El 20 de abril de 1534 una mujer de apenas veintiocho años subía al cadalso para ser ejecutada. Se llamaba Elizabeth Barton y poco tiempo antes había sido considerada una santa y visionaria tocada por la mano divina. Fue posiblemente su enfrentamiento directo con el rey Enrique VIII lo que la convirtió en una farsante para la historia oficial. El monarca, que también la había alabado, no aceptó que una monja condenara públicamente su divorcio de Catalina de Aragón. Conocida como “La monja de Kent” nunca se pudo dilucidar si sus visiones eran ciertas.

Elizabeth Barton nació alrededor del año 1506 en Aldington, cerca de Canterbury y aunque no se conoce nada de sus orígenes, es probable que perteneciera a una familia humilde. Cuando tenía diecinueve años la encontramos sirviendo en la casa de un farmacéutico local. Fue entonces cuando cayó enferma y empezó a experimentar sus primeras visiones y profecías. 

La fama de Elizabeth se expandió cuando hombres de iglesia como el arzobispo William Warham y el obispo John Fisher creyeron en ella. Fue el propio arzobispo quien medió para que Elizabeth ingresara en el convento benedictino del Santo Sepulcro de Canterbury.

En 1528 fue recibida por el cardenal Thomas Wolsey y el propio rey Enrique VIII quien también creyó en sus visiones. Pero la opinión real empezó a cambiar a raíz del proceso de divorcio de su primera esposa, Catalina de Aragón, y su intención de casarse con Ana Bolena. Un conflicto personal que derivaría en la ruptura con la iglesia de Roma. La hermana Elizabeth no dudó en amenazar públicamente a Enrique VIII con la condena divina y denunciar su conducta. 




El rey dudó en un primer momento en atacar a la monja de Kent por su gran popularidad pero los agentes de Enrique no tardaron en detenerla y acallar sus profecías contra él. En la Torre de Londres fue interrogada y probablemente torturada hasta forzarla a una declaración que la condenaba a morir. Un proceso dirigido por el todopoderoso cardenal Wolsey, fiel a la corona, del que no hubo juicio por lo que nunca se podrá llegar a saber si Elizabeth era una demente o una santa. 




El 20 de abril de 1534 fue decapitada en Tyburn y su cabeza colgada de una pica en el Puente de Londres. Fue la primera mujer en la historia en sufrir tal escarnio público a su memoria.

El conflicto religioso entre católicos y protestantes que se extendió por Inglaterra en los años posteriores hizo de Elizabeth Barton el símbolo de la santidad o de la maldad. Unos la conocían como la “Santa doncella de Londres” mientras otros la bautizaron como la “Loca doncella de Kent”. 


 Si quieres leer sobre ella 

En la corte del lobo, Hilary Mantel

martes, 21 de abril de 2015

Contra la hipocresía, Victoria Woodhull (1838-1927)


Si una palabra definiría la vida de Victoria Woodhull sería la de sinceridad. También valentía. Porque Victoria vivió en la América decimonónica basada en unos valores de estricta conducta social en la que no se podía hablar de temas controvertidos. Y ella decidió exponer públicamente una defensa del amor libre a la vez que defendió la emancipación de la mujer. Victoria Woodhull fue la primera mujer en editar un periódico en los Estados Unidos, en convertirse en agente de bolsa y en presentarse como candidata a la presidencia de su país. Una vida de retos y lucha que le valió la crítica abierta de los sectores más retrógrados de la sociedad. 


Victoria California Clafin nació el 23 de septiembre de 1838 en Homer, en el estado norteamericano de Ohio en el seno de una família de clase baja. Su madre, Roxanna Hummel Claflin, era analfabeta y su padre, Reuben Buckman Clafin vendía alimentos y tenía tendencia a la estafa. Victoria tuvo nueve hermanos, de los cuales sólo sobrevivieron ella y cinco más. De todos, fue con Tennessee Celeste, a la que llamaba Tennie, con quien mantuvo una relación más estrecha y con quien emprendería algunos de sus proyectos más ambiciosos.

La pequeña Victoria tuvo una infancia complicada en la que recibió una mínima educación y tuvo que sufrir junto a su familia la expulsión de su ciudad natal. Fue a raíz de un fraude cometido por su padre quien quemó una de sus propiedades para cobrar un seguro. El timo fue descubierto y los Clafin expulsados de Homer.

Cuando Victoria tenía catorce años, su madre la llevó a la consulta de un médico que al parecer no tenía tal título. Se llamaba Canning Woodhull y pocos meses después se convertiría en su primer marido. Un matrimonio que pronto resultó ser un desastre a causa de la afición al alcohol y a las mujeres del supuesto doctor. Victoria decidió separarse de Canning, del que había tenido dos hijos, Byron y Zulu Maude.

En 1866 Victoria volvía a casarse, esta vez con un coronel llamado James Harvey Blood quien a su vez también se había divorciado de su primera esposa. Este segundo matrimonio duró oficialmente diez años aunque Victoria empezó una relación extramatrimonial con un anarquista, Benjamin Tucker.

Por aquellos años, Victoria empezó a escribir artículos y ofrecer discursos en favor del amor libre. Un mensaje totalmente revolucionario en una sociedad en la que, a pesar del que el divorcio no estaba penalizado legalmente, sí lo estaba socialmente. La mujer debía aspirar a casarse y tener hijos y si dicha relación no era satisfactoria para ella no le quedaba más opción que la resignación y la abnegación. En este contexto, Victoria no sólo defendió de palabra las relaciones libres entre hombres y mujeres sino que escandalizó a la sociedad de su tiempo con su propio comportamiento, hasta el punto de dar pie a algunas malas lenguas a asegurar que ejercía la prostitución.

Pero Victoria no se amedrentó y decidió sobre su destino como mujer. En 1870, junto a su hermana Tennie, abrió una agencia en Wall Street, llamada Chaflin & Company, convirtiéndose las hermanas Chaflin en las primeras mujeres corredoras de bolsa de la historia. Además de ganar una buena fortuna, Victoria y Tennie fueron aclamadas por periódicos como el New York Herald que las apodó "Las reinas de las finanzas".

Las hermanas Clafin utilizaron el dinero que ganaban en la bolsa para abrir un periódico, el Woodhull & Clafin's Weekly, en el que Victoria dio rienda suelta a sus ideas. El rotativo fue también un altavoz para otro de sus ambiciosos proyectos, presentar su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos. 

El periódico de Victoria y Tennie publicaba artículos sobre temas tabú y llegó incluso a revelar secretos privados de personas de las comunidad que se vanagloriaban de su rectitud y criticaban las ideas de las Clafins. El caso más sonado fue el del pastor Henry Ward Beecher al que acusó en un artículo de engañar a su mujer. A pesar de que Victoria creyó haber hecho lo correcto desvelando la hipocresía en la que se veía inmersa la sociedad de su tiempo, el escándalo se volvió contra ella y su sueño de convertirse en la primera mujer presidenta de su país. Victoria fue acusada de haber publicado un artículo obsceno y fue detenida pocos días antes de las elecciones. 

Victoria Woodhull continuó con su cruzada personal contra la hipocresía y en favor de la emancipación de la mujer y se unió a los movimientos sufragistas de su tiempo. En 1871, el Frank Leslie's Illustrated Newspaper publicaba este grabado en el que inmortalizó el discurso que realizó ante el Judiciary Committee norteamericano en favor del sufragio femenino. 



Un año después de su divorcio del coronel Blood, Victoria se sentía agotada y decidió dar un giro radical a su vida instalándose en Inglaterra. Allí se casó por tercera vez, con un banquero, John Biddulph Martin, cuya familia se opuso a su relación. Entre 1892 y 1901 Victoria editó una revista llamada The Humanitarian. En 1901 fallecía su esposo y Victoria decidió de nuevo dejarlo todo y retirarse definitivamente en su residencia de Bredon's Norton donde falleció el 10 de junio de 1927.

Por Sandra Ferrer

domingo, 19 de abril de 2015

La francotiradora que amaba la historia, Lyudmila Pavlichenko (1916-1974)


Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército soviético contó con la participación de unas dos mil mujeres francotiradoras, de las cuales solamente llegaron a sobrevivir quinientas. La gran mayoría fueron nombres anónimos que perecieron en el campo de batalla junto a sus colegas masculinos. De las pocas cuyo nombre trascendió al frente de guerra fue Lyudmila Pavlichenko, una joven que estaba estudiando historia cuando la guerra estalló. Sus prácticas en un campo de tiro le sirvieron para entrar en el Ejército Rojo y convertirse en una de sus francotiradoras más letales. Herida en el campo de batalla, Lyudmila Pavlichenko pasó un tiempo viajando por Canadá y los Estados Unidos relatando sus experiencias. De vuelta a su país, continuó en el ejército donde formó a otros francotiradores. Y cuando llegó la paz se convirtió en historiadora.


Lyudmila Mykhailvna Pavlichenko nació el 12 de julio de 1916 en Belaya Tserkov, Ucrania, en el seno de una familia humilde. Su padre trabajaba en una fábrica y su madre era maestra. Lyudmila destacó desde pequeña por su carácter independiente y por ser una buena estudiante. Cuando tenía catorce años, se trasladó con su familia a vivir a la capital ucraniana, Kiev. Lyudmila continuó estudiando hasta llegar a la universidad donde inició sus estudios de historia. Para ayudar a su familia, la joven compaginaba sus estudios con un trabajo en un arsenal mientras disfrutaba del tiempo libre en un club de tiro donde inició sus pasos como tiradora. 



Lyudmila estaba estudiando historia en la Universidad de Kiev cuando estalló la guerra. No se lo pensó y se dirigió a la oficina de reclutamiento para alistarse en el cuerpo de infantería. Los comandantes al mando intentaron convencerla de que sería más útil en el cuerpo de enfermería pero cuando les mostró sus dotes con el rifle tuvieron que rendirse a la evidencia de sus capacidades como francotiradora. 


Lyudmila Pavlichenko se unió a la 25ª División de Infantería del Ejército Rojo donde pronto se convirtió en una de sus mejores francotiradoras. El primer frente en el que estuvo, cerca de Odesa, Lyudmila abatió a 187 soldados alemanes. Cuando su cuerpo fue trasladado a Sebastopol, ascendía a teniente después de haber sumado 257 soldados enemigos muertos a manos de su impecable pulso. 

Había abatido a 309 soldados alemanes, entre ellos 36 francotiradores como ella, cuando resultó herida por fuego de mortero. Sucedió en junio de 1942 y tuvo que dejar el frente de guerra. Mientras la guerra continuaba, Lyudmila se puso a las órdenes de la gran maquinaria que suponía la propaganda política soviética iniciando un viaje a Canadá y los Estados Unidos.

Lyudmila se convirtió en el primer soviético en ser recibido por un presidente norteamericano. Cuando Franklin D. Roosevelt la invitó a la Casa Blanca, su esposa, Eleanor Roosevelt le propuso iniciar una gira por los Estados Unidos para explicar su experiencia como soldado y francotiradora. 


Apodada como la "Sniper Girl" por el New York Times, Lyudmyla tuvo que soportar las constantes preguntas absurdas sobre su vida como francotiradora y su feminidad. Parecía que a muchos periodistas norteamericanos les interesaba más si las mujeres se pintaban las uñas en el frente que por sus hazañas bélicas. 

De vuelta a la Unión Soviética, con la guerra aún devastando Europa, permaneció en la retaguardia entrenando a otros francotiradores del Ejército Rojo. En 1943 recibió la estrella de Oro de la Orden de Lenin, convirtiéndose en Heroína de la Unión Soviética.

Al finalizar la guerra, Lyudmila permaneció hasta 1953 vinculada al ejército soviético como ayudante del Cuartel General Principal de la Armada Soviética. Recuperó también el tiempo perdido y reinició sus estudios para terminar convirtiéndose en historiadora. 

Lyudmila Pavlichenko no se olvidó nunca de su faceta como francotiradora. Además de ser un miembro activo del Comité Soviético de Veteranos de Guerra, continuó relatando su experiencia en muchas conferencias.

El 10 de octubre de 1974 fallecía en Moscú. 



 Películas que hablan de ella 


Battle of Sevastopol







Por Sandra Ferrer

sábado, 18 de abril de 2015

La gran actriz, Sarah Bernhardt (1844-1923)


Freud tenía un retrato suyo en el consultorio y Oscar Wilde le dedicó su obra Salomé. Pero Sarah Bernhardt no estaba destinada a ser la gran artista en la que se convirtió. De madre cortesana y padre desconocido, Sarah sufrió además un accidente que con la edad sería dramático para ella. Sin embargo, Sarah superó todas las adversidades y pasó a la historia como una de las mejores actrices de todos los tiempos. Sus interpretaciones alejadas de las excesos y sobreactuaciones y basada en la naturalidad y en una voz que envolvía el escenario en el que actuaba, atraparon a críticos y público. Tanto en el teatro como en los primeros años del cine, Sarah Bernhardt cosechó grandes éxitos y su fuerza de voluntad unida a su gran talento fueron la clave de su éxito.

La hija de la cortesana
Rosine Bernardt nació el 23 de octubre de 1844 en París. Su madre, Julie Bernard era una cortesana que ejercía en la capital francesa junto a su hermana. Julie tuvo varios hijos, todos de padres distintos y desconocidos. Rosine pasó los primeros cuatro años de su vida en la Bretaña donde quedó a cargo de un ama de cría. Fue allí donde, influenciada por la lengua bretona, Rosine adaptaría su apellido y lo convertiría en Bernhardt. En aquellos años sufrió un accidente y se rompió la rodilla derecha, quedándole mal para el resto de su vida.


Después del accidente Julie se llevó de vuelta a su hija a París pero dos años después, cuando tenía unos siete años, ingresó en un internado femenino cerca de Auteuil llamado Institución Fressard. Tras Auteuil, Rosine pasó al colegio conventual Grandchamp, cerca de Versalles donde empezaría a participar en las obras teatrales del centro. 

Cuando Rosine ya había cumplido los quince años, su madre intentó que siguiera sus pasos como cortesana, a lo que ella se negó en redondo. Uno de los asiduos al salón de Julie, un medio hermano de Napoleón III conocido como el duque de Morny, y quien se especula que podría haber sido su padre, la ayudó para que pudiera ingresar en el Conservatorio de Música e Interpretación, donde ingresó en 1859. El duque también la ayudó, una vez finalizados sus estudios, a entrar en la prestigiosa Comédie Française, donde debutó en agosto de 1862, con la obra de Jean Racine Iphigénie. Poco más de un año permanecería en la Comédie Française debido a su fuerte carácter que le acarreó constantes conflictos con sus compañeros. En 1863 entró a formar parte del Teatro Gymnase donde durante poco más de un año participó en distintas representaciones con papeles menores. 

Buscando su lugar en el mundo
Fue por aquellos años que Sarah Bernhardt conoció al que sería el primer amor de su vida y con el que tendría su único hijo. Charles-Joseph Lamoral, príncipe de Ligne, que así se llamaba el galán, no pudo hacer frente a las presiones de su elegante familia quien no vio con buenos ojos su relación con una actriz de teatro. Nada importó que Sarah hubiera quedado embarazada pocos meses después de iniciar su relación. El 22 de diciembre de 1864 nacía Maurice Bernhardt y Sarah vio como única salida a su complicada situación seguir los pasos de su madre. Por un tiempo, y mientras cuidaba de su hijo y continuaba buscando su lugar en el teatro, Sarah ejerció de cortesana. 

En 1867 debutó en el Teatro Odeón con la obra de Molière Les femmes savantes, que supuso un paso importante en su carrera como actriz. Dos años después, su participación en Le Passant le traería la fama y el éxito que tanto tiempo había estado buscando.

Sarah Bernhardt en su papel de Cleopatra

Su éxito se vio interrumpido momentáneamente con el inicio de la guerra Franco-Prusiana en 1870. El Teatro Odeón se convirtió en un hospital de heridos y enfermos donde Sarah colaboró. Terminada la guerra y derrotado Napoleón III, muchos exiliados volvieron a Francia, entre ellos Víctor Hugo, cuyas obras Sarah interpretó de manera magistral y la encumbraron a lo más alto del mundo teatral.

Sarah Bernhardt volvía a la Comédie Française convertida en una actriz de éxito. Fueron los siguientes años un tiempo de alegría para Sarah, quien, además de sus interpretaciones teatrales, buscó inspiración también en el arte de la escultura. Disciplina que no se le dio muy mal pues llegó a exponer en varias ocasiones en el Salón de París. Las letras también la atrajeron y escribió varias obras.

El mundo se rinde a sus pies
Sarah Bernhardt
 en su papel de Hamlet
En 1879 Sarah Bernhardt se dispuso a conquistar el mundo con su arte y su talento. Inglaterra, Estados Unidos, América del Sur, Australia, Egipto... Sarah viajó y actuó en muchos teatros de todo el mundo donde el público caía rendido a sus pies. 

Sarah disfrutó en aquel tiempo de su éxito. Solamente un miedo escénico inicial impedía que la gran actriz disfrutara plenamente de unas actuaciones impecables en las que era capaz de interpretar con gran maestría tanto papeles de mujeres como de hombres. 

Casada solamente una vez, con un oficial griego llamado Jacques Aristidis Damala, Sarah sufrió a causa de un matrimonio turbulento en el que ambos se fueron infieles hasta la muerte de él. 

La actriz empresaria
Sarah Bernhardt había conseguido ser una mujer independiente y vivir de su gran pasión. Además de actuar con éxito en todos los rincones del mundo, Sarah se convirtió en la primera mujer empresaria del mundo del espectáculo gestionando las producciones de distintos teatros de París. Sarah actuaba, gestionaba sus producciones y se hacía cargo tanto de su hijo como de su hermana Régine a la que su madre Julie quiso también introducirla en su salón como cortesana. 

También fue una gran protectora del pintor y cartelista Alphonse Mucha, quien la inmortalizó en algunos de sus más hermosos carteles. Su obra fue determinante para el Art Nouveau francés.

Sarah Bernhardt había conseguido lo que quería y disfrutó de su éxito con alguna que otra excentricidad. Entre ellas, su famoso zoológico privado en el que tenía desde un cocodrilo hasta un león y un tigre. Más estrambótica era su costumbre de descansar cuando le apetecía en un ataúd que se había hecho fabricar con todo el lujo posible. 

Del teatro al cine
Con el cambio de siglo y la llegada del cine, Sarah se atrevió también con la nueva manera de interpretar y lo hizo con Le duel d'Hamlet en 1900 y La dame aux Camélias en 1906. Elisabeth, reine d'Anglaterre y Jeanne Doré fueron otras cintas en las que Sarah demostró que podía ser también una gran actriz de cine.

En 1914, un año después de rodar Jeanne Doré, le fue concedida la Legión de Honor. Pero poco después empezaría el lento declive de su carrera debido a sus problemas con la rodilla. El accidente sufrido de niña empezó a provocarle por aquellos años fuertes dolores en la pierna derecha que derivaron en la terrible solución de amputársela. 

Pero Sarah Bernhardt no se rindió. Después de la operación, y en plena Primera Guerra Mundial, decidió viajar al frente en el que actuó para animar a las tropas francesas. Hasta su muerte, Sarah no dejó de actuar. Lo hacía en papeles que le permitían estar sentada aunque la cuerpo empezaba a ponérselo cada vez más difícil. 

Estaba rodando una escena de La Voyante cuando Sarah Bernhardt se desmayó. Pocos días después, el 26 de marzo de 1923 fallecía en brazos de su hijo. El funeral fue multitudinario. Más de cien mil personas quisieron dar el último adiós a la que fue una de las mejores actrices de todos los tiempos.

Por Sandra Ferrer

domingo, 12 de abril de 2015

El neoliberalismo capitalista contra el ecofeminismo combativo.


bmowi4lfpEl capitalismo es una forma rápida y global de deterioro de las diferentes sociedades mundiales. Esto es debido a las formas de relación del capitalismo donde el rédito positivo es lo único importante, ya sea a base de guerras, de vulneración de derechos humanos, de explotación de países y biodiversidad… Es muy necesario que nos concienciemos sobre la nocividad de este modelo económico que produce tantas injusticias, desigualdades, abusos de poder, materialismo… Todo ello está muy relacionado con el individualismo que tanto gusta al neoliberalismo mercantil, que pretende enfrentar más que compartir, capitalizar más que hermanar. El individualismo cala profundo en el neoliberalismo capitalista puesto que todo es comparable, todo es susceptible de ser jerarquizado, de ser comprado y vendido. La lucha contra el capitalismo ha sido integrada por muchos colectivos, agrupaciones y movimientos alternativos llamados “antisistema”, pero ¿acaso es realmente negativo ser antisistema? ¿Acaso es tan malo buscar la forma de transformar nuestro sistema para que sea más horizontal y más ecologista? En cuestiones de socio-economía, podemos encontrar dos tipos de binarismos contra los que deberemos seguir luchando: [capitalista-anticapitalista] y [capitalista-comunista].
El primer binarismo es preciso: o se es capitalista o se es anticapitalista. No debemos olvidar, que incluso la socialdemocracia es, en cierta forma, un intento amable de domesticar al capitalismo. Recordaremos la definición de “capitalismo” en la RAE: “régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza”. Lo primero que debemos señalar es que integrado en su definición, se resalta que predomina siempre el capital, es decir: todo por y para el capital, el capital todo lo puede, el capital nos induce a adorar al nuevo dios dinero. El capitalismo es un modelo en sí mismo injusto, poco o nada igualitario, que busca siempre crecer, expandirse, acumular e imponerse. Así mismo, se define como “creador de riqueza” pero, ¿para quién? Según avanza nuestra sociedad, la brecha entre ricos y pobres es más grande. Actualmente hay un 1% de ricos que abarcan más de la mitad de la riqueza mundial según un nuevo informe de Oxfam. ¿Es eso justo? ¿Es eso permisible?
tinEl segundo binarismo, si bien podría parecer antiguo y desgastado, procede de la experiencia personal en la construcción de críticas tanto al capitalismo como al comunismo y de cómo han respondido las personas con las que he debatido dichos modelos. Es un binarismo excluyente, injusto y restrictivo: no únicamente se puede ser capitalista o comunista. También se puede ser ecologista, anarquista, socialista… Incluso puede haber combinaciones de ideologías: anarco-comunismo, socialdemocracia, ecosocialismo… Curiosamente, son muchos y muchas las que creen que criticar al capitalismo ya te hace comunista, como criticar al comunismo te hace capitalista. Y aunque se perteneciese al binarismo (ya hemos dicho que no es malo pertenecer a él sino imponerlo sin alternativas), ¿acaso no se puede pertenecer al sector crítico de tu propia ideología? ¿por qué últimamente parece que se valora más el hooliganismo partidista que la búsqueda de una ideología que proponga soluciones reales y efectivas para mejorar nuestra sociedad y favorecer a las personas? ¿por qué seguimos optando por pelearnos políticamente en vez de colaborar mano a mano, en igualdad, sin jerarquías y con respeto, para seguir mejorando el mundo tal y como a nosotros nos gustaría que fuese? Como hemos dicho, el capitalismo prefiere jugar con el sentimiento de individualismo y competencia frente a la creación de comunidades socio-culturales diversas que construyan redes de amistad y de felicidad empoderadas. Siguiendo el camino de la competición, del interés personal y de la visibilidad del binarismo de [lo mío/lo nuestro] frente a [lo tuyo/lo vuestro], caemos en ocasiones en el error de dejarnos llevar por conflictos de carácter más personalista que recordar contra qué estamos luchando realmente.
Como hemos dicho, para el capitalismo solo existe el capital y las estrategias para aumentar su poder contra todo lo que pueda desestabilizar su modelo. Todo lo que no es capital o poder, son factores externos que interfieren y/o interactúan, por lo que el sistema actúa para reproducir y mantener su modelo. ¿Cómo actúa el ecologismo feminista? Desde el ecologismo se proponen redes de activismo, colaboración y felicidad contra un modelo expoliador de biodiversidad y de materias primas, centradas en el uso y beneficio puro y egoísta del ser humano (antropocentrismo) de forma destructiva. Añadiendo la ideología ecologista al transfeminismo, tratamos de crear discurso contra los ‘aliados’ del capitalismo: heteropatriarcado, machismo, misoginia y LGTB+fobia.
Desde la institucionalización de la ideología neoliberal por parte de aquellos con poder político y económico, que fomenta el capitalismo relacionado con machismo y el patriarcado discriminando a la mujer, se induce aún más a la naturalización de las ya naturalizadas identidades femeninas. Esto implica relacionarlas con naturaleza, con las emociones y los impulsos de supervivencia, como también la feminización de los cuidados. A las mujeres se las vincula con la gestación de nuevas vidas (ellas también pueden no sentirse vinculadas a la gestación), por lo que se les relaciona con un apego mayor hacia lo natural, salvaje y/o primitivo desde la jerarquización que privilegia a los hombres. Al mismo tiempo, y en relación con dicha naturalización, se refuerza un machismo que fuerza a las mujeres a las tareas de cuidados, mayormente si se realizan dentro del hogar.
Esta sociedad neoliberal escoge mantener modelos aparentemente necesarios (con la expectativa de mantener controlada a la ciudadanía). En éstos, se valora menos a la mujer en la realización de trabajos remunerados y se le exige el cumplimiento de patrones represivos de cuidado que conforman roles de género a largo plazo. Esto es una clara contraposición al modelo del hombre hegemónico que “sacrifica” su tiempo personal para trabajar y mantener a su familia. Siguiendo los roles de género impuestos por la sociedad, podemos comprobar cómo es el hombre hegemónico el que debe desarrollar labores de mantenimiento en nuestra sociedad capitalista, mientras que es la mujer (en un intento de modelo hegemónico) la que debe desarrollar labores de cuidados naturalizados y feminizados.
tinEn ocasiones y desde mi punto de vista, uno de los errores del (eco)(trans)feminismo más allá de la crítica a la sociedad discriminadora, es que peca de falta de propuestas alternativas al machismo heteropatriarcal institucionalizado. La crítica se realiza constantemente, pero hay que dar un paso más lejos en la construcción de alternativas flexibles (no restrictivas) que cambien nuestro sistema. ¿En qué se diferencia el ecotransfeminismo de los ecofeminismos o de los movimientos feministas? En que el ecofeminismo busca reivindicar los derechos de las mujeres desde una ideología ecologista, mientras que el feminismo busca reivindicar los derechos de las mujeres para existir en equidad con los hombres. El ecotransfeminismo, no solo es un feminismo desde una perspectiva ecologista, sino que añade a la diversidad afectivo-sexual (mujeres lesbianas y bisexuales) y a la diversidad de género (mujeres transexuales) como otro objetivo de discriminación de nuestro sistema machista, patriarcal y LGTB+fóbico. Es por ello que, como nos dice la imagen, sin mujeres no hay democracia, pero llegaría más profundo diciendo que sin mujeres empoderadas y luchadoras, tampoco hay democracia. ¿De qué nos sirve que haya mujeres si éstas postergan y fomentan su propia represión siguiendo los modelos que les han enseñado y los asumen como propios sin criticarlos y sin proponer alternativas? Son claras las diferentes formas de jerarquía, las estrategias de control e inducción al machismo de nuestra sociedad neoliberal desde una magnífica perspectiva ecotransfeminista. A día de hoy, son imprescindibles las sociedades ecologistas que empoderen a sus mujeres contra su propia discriminación.
El ecologismo, como ideología transversal reivindicadora de las diversidades y la igualdad, hace una de las mayores aportaciones ecofeministas al discurso político alternativo al sistema capitalista. La igualdad y el respeto entre todos los seres humanos sin antropocentrismo es posible. El cambio empieza en ti.

https://larealidadescondida.wordpress.com/2015/04/12/el-neoliberalismo-capitalista-contra-el-ecofeminismo-combativo/

La trovadora política, Gormonda de Montpellier (S. XIII)


Los trovadores y el amor cortés conforman una imagen de la Edad Media que ha llegado hasta nuestros días. Pero existieron también mujeres que cantaron al amor en el Mediodía Francés, en Occitania, en lo siglos XII y XIII. Pero los trovadores no hablaban solamente de amor, también lo hacían de otros temas. Y si es difícil encontrar un amplio elenco de mujeres trovadoras cantando al amor, mucho más complicado es encontrar damas que escribieran sobre otras cuestiones. Por esta razón, Gormonda de Montpellier es un ejemplo excepcional de lo que podríamos llamar "trovadora política" en la Edad Media.


De Gormonda de Montpellier no se sabe nada de su vida. Algunos estudiosos la sitúan en la orden de las dominicas y, por los temas de los que hablan, en las primeras décadas del siglo XIII. Gormonda de Montpellier ha pasado a la historia por haber escrito el primer manifiesto político conocido escrito por una mujer. Su texto, Greu m'es a durar, es un sirventés, un tipo de composición poética que utilizaban los trovadores con una estructura parecida a las canciones amorosas pero que hablaban de temas distintos al amor cortés. En las veintitrés estancias, las estrofas del sirventés, Gormonda va rebatiendo todas las afirmaciones de otro sirventés escrito por Guillems Figueira, un trovador tolosano que criticó abiertamente al papado por su actuación en la Quinta cruzada. 

Gormonda fue muy probablemente una ferviente católica defensora de la iglesia más ortodoxa que por aquellos años había iniciado también su cruzada contra los cátaros. En su sirventés, Gormonda ensalzó las decisiones de Roma en favor de la fe verdadera y aplaudió sus acciones en contra de la herejía.

Greu m'es a durar, quar aug tal descrezensa

Greu m’es a durar, quar aug tal dezcrezensa   
Dir ni semenar, e nom platz ni m’agensa,   
Qu’om non deu amar qui fai desmantenensa   
A so don totz bes
Ven e nais et es,   
Salvamens e fes. Per qu’ieu farai parvensa
E semblan quem pes.

Nous meravilhes negus si eu muou guerra  
Ab fals mal apres qu’a son poder soterra
Totz bos faitz cortes els encauss’ els enserra;  
Trop se fenh arditz,  
Quar de Roma ditz
Mal, qu’es caps e guitz de totz selhs que en terra
An bos esperitz.

En Roma es complitz totz bes, e quils li pana,  
Sos sens l’es falhitz, quar si meteis enguana,  
Qu’elh n’er sebelitz, don perdra sa ufana.  
Dieus auja mos precx,  
Que selhs qu’an mals becx,
Joves e senecx, contra la lei romana,
Cajon dels bavecx.
     
Roma, selhs per pecx tenc totz e per gent grossa,  
Per orbs e per secx que lur carn e lur ossa  
Carguon d’avols decx, don cazon en la fossa,
On lur’es sermatz
Pudens focx malvatz;  
Don mais desliatz no seran de la trossa,
Qu’an de lurs peccatz.
     
Roma, ges nom platz qu’avols hom vos combata,
Dels bos avetz patz, qu’usquecx ab vos s’aflata.  
Dels fols lurs foldatz fes perdre Damiata, 
Mas li vostre sen 
Fan sel ses conten 
Caitiu e dolen que contra vos deslata
Ni renha greumen.
 
Roma, veramen sai e cre ses duptansa 
Qu’a ver salvamen aduretz tota Fransa, 
Oc, e l’autra gen queus vol far ajudansa.
Mas so que Merlis
Prophetizan dis
Del bon rei Lois, que morira en pansa,
Aras s’esclarzis.
     
Piegz de Sarrazis e de pus fals coratge 
Heretjes mesquis son. Qui vol lur estatge:
Ins el foc d’abis van s’en en loc salvatge
En dampnatio. 
A selhs d’Avinho
Baisses, don m’es bo, Roma, lo mal pezatge,
Don grans merces fo.
     
Roma, per razo avetz manta destorta 
Dressad’a bando et oberta la porta
De salvatio, don era la claus torta,
Que ab bon govern
Baissatz folh esquern.
Qui sec vostr’ estern, l’angel Michel lo’n porta
El garda d’ifern.
     
L’estiu e l’yvern deu hom ses contradire 
Roma, lo cazern legir, si que nos vire,
E quan ve l’esquern, cum Jhesus pres martire,
Albir se lo cas 
Si’s bos crestias,
. . . . . . . . . . s’adoncx non a cossire,
Totz es fols e vas.
     
Roma, lo trefas e sa leis sospechoza
Als fols digz vilas par que fos de Toloza,
On d’enjans certas non es doncx vergonhoza.
Ni ans de dos ans 
Mas sil coms prezans 
Cove quels engans lais e la fe duptoza
E restaurels dans.
     
Roma, lo reis grans qu’es senhers de dreitura
Als falses Tolzans don gran malaventura,
Quar contra sos mans fan tan gran desmezura,
Qu’usquecx lo rescon,
E torbon est mon;
El comte Raimon, s’ab elhs plus s’asegura,
Nol tenrai per bon.
     
Roma, bes cofon e val li pauc sa forsa,
Qui contra vos gron ni bast castelh ni forsa,
Quar en tan aut mon nos met ni no s’amorsa
Que dieus non recort
Son erguelh el tort
. . . . . . . . don pert tota s’escorsa
E pren dobla mort.
     
Roma, bem conort quel coms ni l’emperaire,
Pueis que son destort de vos, non valon gaire,
Quar lur folh deport e lur malvat vejaire
Los fa totz cazer
A vostre plazer,
Qu’us nos pot tener, sitot s’es guerrejaire,
Non li val poder.

Roma, ieu esper que vostra senhoria
E Fransa per ver, cui non platz mala via,
Fassa dechazer l’erguelh e l’eretgia.
Fals heretges quetz,
Que non temon vetz
Ni crezols secretz, tan son ple de feunia
E de mals pessetz.
     
Roma, be sabetz que fort greu lor escapa,
Qui au lor decretz, aissi tendon lur trapa
Ab falses trudetz, ab que quascus s’arrapa.
Totz son sortz e mutz,
Qu’el lur tolh salutz,
Don quecx es perdutz, qu’ilh n’an capelh o capa,
E remanon nutz. 
     
Clauzis e sauputz naisson senes falhida
Crematz e perdutz que lur malvada vida
Ans negon vertutz, car fe noi es auzida
Non avem sivals.
E si fos lejals
Lor vida mortals, dieus crei l’agra eissauzida,
Mas non es cabals.
     
Qui vol esser sals, ades deu la crotz penre
Per heretjes fals dechazer e mespenre,
Quel celestials hi venc sos bras estendre
Tot per sos amicx;
E pus tals destricx
Pres, ben es enicx selh que nol vol entendre
Ni creirels chasticx.
     
Roma, si pus gicx renhar selhs queus fan onta
Al sant esperitz, (quant hom lor o aconta,
Tan son fol mendicx qu’us ab ver no s’afronta)
Noi auras honor.
Roma, li trachor
Son tan ples d’error qu’on plus pot, quascus monta
Quec jorn sa folor.
     
Roma, fol labor fa [qui ab] vos tensona,
De l’empe[rador dic, s’]ab vos no s’adona,
Q[u’en gran] deshonor ne venra s[a corona
E] sera razos;
Mas per[o ab vos
Leu] troba perdos qui g[en sos tor]tz razona
Ni n’es an[goissos.]
     
Romal glorios que a la Magdalena
Perdonet, don nos esperam bona estrena,
Lo folh rabios que tans ditz fals semena,
Fassa d’aital for
Elh e son thezor
E son malvat cor morir e d’aital pena,

Cum heretjes mor.

Fuente: http://trobadors.iec.cat/veure_d.asp?id_obra=415