sábado, 31 de mayo de 2014

Una niña de cuento, Alice Liddell (1852-1934)


Seguramente son muchos los niños del mundo que han leído, visto o escuchado en alguna ocasión el famoso cuento de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas. Curiosamente, el escritor inglés, cuyo verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson, mantuvo una estrecha relación de amistad con una familia numerosa en la que una de las niñas se llamaba Alice. Fue esa niña la que un día le pidió que les contará a ella y a sus hermanos, un cuento mientras navegaban por el Támesis y así nacía el clásico en el que una niña vivía unas extrañas aventuras al adentrarse en la madriguera de un conejo. Mucho se ha hablado sobre la relación entre Lewis y la niña Alice, quien mantuvo una larga relación epistolar con el autor y terminó casándose con un miembro de la alta sociedad. Suposiciones de lo más variopintas que intentan desvelar la auténtica relación entre Alice Liddell y la Alicia del cuento.

Alice Pleasance Liddell Hargreaves Taylor nació el 4 de mayo de 1852 en Westminster, Inglaterra. Su madre, Lorina Hannah, pertenecía a la pequeña nobleza terrateniente y su padre, Henry George Liddell era deán del Westminster School. Alice tenía un amplio número de hermanos y hermanas. En total eran diez los hijos de los Liddell.


En 1956, cuando Alice tenía tres años, toda la familia se trasladó a vivir a Oxford porque su padre había sido designado deán del Christ Church de aquella ciudad. Aquel mismo año, el 25 de abril, la pequeña Alice y el resto de la familia Liddell iniciaron una relación de amistad con un profesor del Christ Church llamado Charles Lutwidge Dodgson. 

Amante de la fotografía, Charles retrató en muchas ocasiones a las pequeñas de los Liddell y les explicaba historias inventadas. Una de aquellas historias, narrada a petición de Alice mientras realizaban una excursión en barca por el Támesis el 4 de julio de 1862, se convertiría con el tiempo en uno de los clásicos más conocidos de la literatura infantil. En las Navidades de 1863, Charles regaló un manuscrito a Alice con aquel cuento. Se titulaba Las aventuras de Alice bajo tierra.

Sin embargo, meses atrás, la relación del profesor con los Liddell sufrió un punto de inflexión que terminó con un distanciamiento de la familia. Fue un episodio desconocido, que aún nadie ha podido concretar de manera fehaciente. Unas páginas del diario de Charles, las que se referían a los días en los que se produjo el supuesto conflicto, desaparecieron con el tiempo. Mucho después, se descubrió una nota escrita al parecer por una sobrina del escritor, en la que aclaraba que su tío se había enamorado de la institutriz de los hijos de los Liddell. Además de esta hipótesis, se barajaron otras más truculentas como una posible relación entre Charles y Alice o alguna de sus hermanas.




Fuera por la razón que fuese, lo cierto es que aquella relación de amistad terminó de manera abrupta aunque Alice mantuvo relación epistolar con Charles, quien pasado el tiempo, convertido en Lewis Carroll, disfrutaría del éxito de su relato, retitulado como Alicia en el país de las maravillas.

Alice continuó con su vida y se casó con un estudiante de Christ Church llamado Reginald Gervis Hargreaves, después de haber mantenido una supuesta relación amorosa con el duque de Albany, uno de los muchos hijos de la reina Victoria. Alice y Reginald se casaron en la Abadía de Westminster el 15 de septiembre de 1880 y llegaron a tener tres hijos.


Alice se convertía entonces en una dama de la alta sociedad disfrutando de su hermosa mansión de Cuffnells, en Hampshire. Pero cuando el 14 de febrero de 1926 se quedaba viuda, tuvo que frenar en seco su tren de vida. Agobiada por las deudas, entre sus muchas pertenencias, se desprendió de aquel manuscrito que años atrás le regalara el profesor Dodgson. Manuscrito que, tras pasar por varios propietarios, terminó en la Biblioteca del Museo Británico. 

Pocos años después, el 16 de noviembre de 1934 fallecía en Kent, a la edad de ochenta y dos años.

Alice se llevó a la tumba uno de los misterios de la vida de Lewis Carroll, a quien, ayudó a crear a su otra Alice, que se convertiría en un personaje inmortal. Que Lewis se inspirara en la verdadera Alice tampoco nunca se ha probado y algunos estudiosos no han encontrado demasiadas similitudes entre ambas. Quizás el nombre fue simplemente un bonito homenaje a aquella niña a la que había retratado en múltiples ocasiones y con la que disfrutó una de las épocas más importantes de su vida. 

miércoles, 28 de mayo de 2014

La pintora expresionista, Gabriele Münter (1877-1962)


Gabriele Münter fue una de las pocas pintoras que formó parte del movimiento expresionista alemán. Ligada profesional y emocionalmente con el pintor Kandinsky, Münter pintó a lo largo de su vida evolucionando en su técnica y viéndose influenciada por distintos artistas del momento. Pero además de por su carrera artística, la pintora pasó a la historia por haber escondido durante la Segunda Guerra Mundial una gran colección de cuadros de Kandinsky y otros pintores que formaron parte del movimiento artístico conocido como Blaue Reiter. Gracias a esto, el expresionismo alemán, perseguido por el nazismo por considerarse un arte depravado, pudo sobrevivir al conflicto bélico.

Gabriele Münter nació el 19 de febrero de 1877 en Berlín en el seno de una familia acomodada.. Desde bien pequeña, Gabriele recibió el apoyo de su familia en lo referente a sus inclinaciones artísticas. La primera formación la recibió de manos de profesores privados hasta que, con diez años, pudo ingresar en la escuela de arte femenina de Düsseldorf, Malschule für Damen. Un año después, y hasta 1901, viajó por los Estados Unidos acompañada de su hermana. Hacía tiempo que habían perdido a su padre y poco más de dos años a su madre.

De vuelta a Alemania y tras pasar por una escuela de arte femenina, decidió ingresar en la escuela Phalanx de Munich. Allí fue donde conoció a Vasily Kandinsky, uno de los fundadores de la academia. Además de ser su alumna, Gabriele se convirtió en amante del pintor a pesar de que él no se divorció de su mujer hasta 1911. Gabriele y Vasily tuvieron un idilio en el que compartieron su pasión artística viajando por distintos lugares de Europa y el norte de África.

En uno de aquellos viajes, en el París de principios de siglo, entró en contacto con otras corrientes artísticas como el fauvismo y su estilo fue evolucionando hacia una identidad propia marcada por colores planos y muy delimitados.

De vuelta a Múnich, en 1909, Gabrielle compró una casa en Murnau am Staffelsee que se convertiría en un punto de encuentro para los artistas vanguardistas del momento. Su contribución al mundo del arte continuó participando en la creación de la Nueva Unión de Artistas de Múnich.

Pero la Primera Guerra Mundial fue un punto de inflexión en la vida de Gabrielle. No sólo tuvo que abandonar Alemania sino que se alejó sentimentalmente de Kandinsky, quien terminó rompiendo con ella en 1917 para casarse con otra mujer poco después.



Gabrielle pasó un periodo en soledad y con muy poca producción pictórica. Sufrió constantes depresiones hasta que en 1927, de vuelta a Múnich, conoció a un historiador de arte llamado Johannes Eichner que le devolvió la estabilidad sentimental y la inspiración artística.

De nuevo su vida se vio alterada con la llegada del nazismo y su prohibición expresa a ella y otros pintores de exponer su obra. Retirada de manera forzada de la vida pública, Gabrielle continuó pintando hasta su muerte y viviendo el arte con pasión. Durante la Segunda Guerra Mundial fue escondiendo todos los lienzos que pudo del grupo del Blaue Reiter, entre ellos su antiguo amor, Kandinsky. Al finalizar la guerra, había conseguido salvar más de ochenta pinturas que terminó donándolas a la ciudad de Múnich.

El 19 de mayo de 1962 Gabriele Münter fallecía en su hogar de Murnau am Staffelsee, el que fuera centro del arte expresionista durante sus años gloriosos. A pesar de que la obra de Gabriele estuvo siempre eclipsada por la de Kandinsky y otros grandes pintores de su tiempo, poco a poco ha ido recuperando el lugar que se merece en el mundo del arte.

 Su obra 








Por Sandra Ferrer

martes, 27 de mayo de 2014

La poetisa victoriana, Elizabeth Barrett Browning (1806-1861)


La era victoriana fue un tiempo de esplendor para la cultura inglesa, una época en la que surgieron grandes artistas de muchas y diversas disciplinas. La literatura fue una de las más favorecidas en aquel tiempo. Fueron muchos los escritores famosos de aquellos tiempos. Hoy recordamos a la que está considerada como la mejor poetisa inglesa, Elizabeth Barrett. Con un cuerpo débil pero una mente extraordinaria, Elizabeth empezó a leer a los clásicos a muy temprana edad y pronto sintió la necesidad de expresarse a través de la pluma. Su obra poética está considerada como una de las más importantes de la literatura inglesa del diecinueve.

Elizabeth Barrett Moulton-Barrett nació el 6 de marzo de 1806 en la localidad inglesa de Durham. Su padre, Edward Moulton-Barrett, era dueño de una plantación y su madre, Mary Graham-Clarke, descendía del rey Eduardo III.

¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
Las rosas de junio perladas por el rocío de mayo;
El dulce viento del sur diciendo que no lloverá;
La Verdad, con los amigos despojada de crueldad;
La Belleza, no envanecida hasta agotar su orgullo;
El Amor, cuando somos amados de nuevo.
¿Cuál es la mejor cosa del mundo?Algo fuera de él, pienso.

Como la gran mayoría de niñas de su tiempo, Elizabeth, la mayor de doce hermanos, fue educada en casa, con la ayuda de su hermano y un vecino suyo que la introdujo en el mundo de los autores griegos. Era muy joven cuando había leído autores de la talla de Shakespeare o Dante. Con veinte años, Elizabeth ya había publicado de manera anónima su primera obra, Ensayo sobre la mente y otros poemas.

Años después la familia dejó su hogar en Durham por razones económicas y se trasladó a vivir primero a Sidmouth y después a Londres. En aquel tiempo, Elizabeth continuó escribiendo y colaborando en varias revistas literarias. El éxito como escritora se vio alterado por una recaída severa de una enfermedad desconocida que ya había sufrido en su infancia y que la había impedido. Aunque se recuperó, su salud siempre fue muy débil.

En 1845 Elizabeth conoció al que se convertiría en su marido, Robert Browning, a quien no le importó ni la fragilidad física de ella ni la clara oposición de su padre a la relación de ambos. Elizabeth y Robert protagonizaron una romántica historia de amor con fuga incluida. Después de casarse en secreto, se trasladaron a vivir a Florencia, donde establecieron su residencia en la Casa Guidi, en la Piazza San Felice, donde actualmente se encuentra un museo en su memoria.

Oh, amor mío, amor mío, cuando pienso
que existías ya entonces, hace un año,
cuando yo estaba sola aquí en la nieve
y no vi tus pisadas ni escuché
tu voz en el silencio... Mi cadena,
eslabón a eslabón, iba midiendo
como si no pudiese verme libre
por tu posible mano... ¡Hasta beber
la prodigiosa copa de la vida!
¡Qué extraño no sentirte en el temblor
del día o de la noche, voz, presencia,
ni adivinarte en esas flores blancas!
Yo era ciega lo mismo que el ateoque no descubre a Dios al que no ve.

El matrimonio Browning se adaptó sin problemas a la vida social y cultural florentina y Elizabeth escribió algunas de sus obras más famosas, entre ellas, Las ventanas de la casa Guidi, en defensa de los ideales del risorgimento italiano y Sonetos del portugués, su propia historia de amor escondida en una serie de poemas amorosos. Mientras escribía esta obra, Elizabeth dio a luz al que sería su único hijo, Robert. 


Aurora Leigh fue también una de sus historias más conocidas, en la que recreó la vida de la periodista Margaret Fuller, quien había muerto ahogada en un barco cuando volvía de regreso a los Estados Unidos.

Elizabeth Browning continuó escribiendo hasta el fin de sus días, pocos meses antes de morir, en 1860 se publicó una edición completa de su obra poética. Pero poco a poco su delicada salud fue deteriorándose hasta que falleció el 29 de junio de 1861. Los restos de Elizabeth Browning descansan en el cementerio protestante de Florencia.

miércoles, 21 de mayo de 2014

La Cosificación de la Mujer

La Cosificación Sexual: Representación de la Mujer en los Medios 

machismo


El concepto de la cosificación u objetivación de las mujeres surgió con el feminismo de segunda ola, por lo que lleva rondándonos desde los años 70. 
Sin embargo, pese a lo relativamente reciente del término, la cosificación de la mujer no es un fenómeno nuevo, y por lògica viene enlazado al machismo antiguo.
 

Feminismo


Aùn asi, parece que es hoy en día cuando la cosificación de la mujer se ha vuelto más relevante, en una sociedad devorada por el consumismo y donde las mujeres han pasado a convertirse en una mercancía dedicada al disfrute, generalmente, del hombre. Esta forma de violencia simbólica, que resulta casi imperceptible, somete a todas las mujeres a través de la publicidad, las revistas, las series de televisión, las películas, los videojuegos, los videos musicales, las noticias, la telerealidad, etc. 
cosificacion


¿P
ero en qué consiste realmente la cosificación? Se trata del acto de representar o tratar a una persona como a un objeto (una cosa no pensante que puede ser usada como uno desee). Y más concretamente, la cosificación sexual consiste en representar o tratar a una persona como un objeto sexual, ignorando sus cualidades y habilidades intelectuales y personales y reduciéndolas a meros instrumentos para el deleite sexual de otra persona. 

cosificaciòn sexual


¿Cómo podemos reconocer la cosificación sexual? En algunos casos, la cosificación es bastante obvia, pero en otros puede resultar menos evidente. La socióloga americana Caroline Heldman ha diseñado el Test del Objeto Sexual (TOS), que permite identificar la presencia de cosificación sexual en las imágenes ante una respuesta afirmativa a cualquiera de las siguientes 7 preguntas:


1) ¿La imagen muestra únicamente una parte o partes del cuerpo de la persona? 

Una mujer sin cabeza, por ejemplo, facilita el verla como un simple cuerpo al borrar cualquier atisbo de individualidad transmitido por las caras, ojos y el contacto visual con la persona de la imagen. 



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En este anuncio se muestran los pechos de varias mujeres, que equivalen a los airbags del coche Audi:
 

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Mostrando los efectos en la mujer de hacerle una felación a un hombre con un miembro tan grande que necesitará condones de talla XXL:
 

La Cosificación de la Mujer


En esta cartelería de calle de Media Markt en Polonia, se muestran las piernas abiertas de una mujer con una minifalda y una flecha indicando: “30 minutos hacia lo que te gusta”, en alusión indirecta de la distancia al establecimiento más próximo:
 


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Una campaña de la PlayStation en Francia compara las dos pantallas táctiles con una mujer con 4 pechos capaz de proporcionar el doble de sensaciones:
 

Feminismo


Se consigue el mismo efecto despersonificador cuando se muestra a las mujeres desde atrás, con una connotación adicional de “violabilidad”: 

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Más explícitamente, un anuncio de una academia para fontaneros, electricistas, etc., conmina al hombre a demostrar si es realmente bueno con las manos:
 

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Tapar la cara de la mujer consigue el mismo efecto despersonificador que mostrar sólo una parte de su cuerpo: 
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2) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que actúa como soporte para un objeto? 
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3) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que puede ser intercambiada o renovada en cualquier momento? 
La “intercambiabilidad” es un elemento común en la publicidad y refuerza el concepto de que las mujeres, al igual que los objetos, son fungibles. 
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Mostrarlas en grupo borra su individualidad y multiplica el impacto de la imagen. No vemos 6 o 7 mujeres, sino mujeres despersonificadas. Es algo así como mirar un buffet de comida desde lejos: ves comida en general, pero no necesariamente pasta, sándwiches, ensalada y fruta. 


este anuncio del Fiat 500 Abarth: 

link: https://www.youtube.com/watch?v=siWVgAzhFC8 En él un hombre tiene un apasionado encuentro con una seductora mujer italiana, que al final resulta ser un coche. Literalmente. Así, el coche y la mujer son intercambiables. No os perdáis los múltiples y sutiles detalles: la mujer sólo habla un idioma incomprensible para el hombre, la imaginería eyaculatoria, al igual que el ganado, la mujer va marcada con el logo del coche, etc. 

4) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que está siendo vejada o humillada sin su consentimiento? 

En esta otra imagen en Vogue, las fuerzas del poder, hombres, someten a una mujer elegantemente vestida:
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En este anuncio de Dolce & Gabbana una mujer vulnerable y desvalida se convierte en un simple objeto del que están a punto de disfrutar 5 hombres: 

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En este anuncio de Pepsi, un guardacostas da permiso a un niño para “salvar” a una mujer inconsciente:
 

La Cosificación de la Mujer


La gracia de este anuncio de Peta es que los machotes veganos son taaaan buenos en la cama que sus parejas resultan gravemente heridas (pero les encanta). 


link: https://www.youtube.com/watch?v=m0vQOnHW0Kc 

En este curioso caso aparecido en una revista belga, se sugiere que la unica manera de que esta atractiva mujer consienta que le metas algo dentro será si le donas un órgano, lo que a la vez plantea interesantes implicaciones sobre los motivos altruistas del donante y quién es merecedor de semejante regalo. 

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5) ¿Sugiere la imagen que la característica definitoria de la persona es su disponibilidad sexual?
 


mujer abierta de piernas y con el letrero, “Ahora abierta” envía el mensaje de que la mujer está sexualmente receptiva para cualquiera que esté interesado.
Feminismo 

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En este caso, la única manera de conseguir jabón en este baño público es hacerle un dedo a la explosiva mujer de la jabonera: machismo y feminismo 

6) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que puede ser usada como una mercancía o alimento?
 

En este anuncio de 1936 de la Exposición sobre la Electricidad en Los Ángeles, las mujeres son electrodomésticos:
 
La Cosificación de la Mujer


En este anuncio de Renault Usados, se compara a una mujer de 40 años y divorciada con un coche de segunda mano: 


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Las mujeres también pueden ser representadas como alimentos: 

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7) ¿Trata la imagen el cuerpo de una persona sexualizada como si fuese un lienzo? 
En este particular tipo de cosificación, los cuerpos de las mujeres tienen el único fin de servir como lienzo sobre el que escribir un mensaje: 
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En conjunto, el daño causado por la ampliamente usada cosificación de la mujer en la cultura popular no es puramente teórico. Más de diez años de estudios muestran los efectos nocivos para las niñas y mujeres de crecer y vivir en una sociedad cosificadora. 


LA MUJER MÀS BONITA ES LA QUE LUCHA 


NO TE DEJES ENGAÑAR, NO TE IMPORTE TU FÌSICO, MÀS BIEN TU SALUD , QUIERETE COMO ERES Y POR LO QUE HACES PARA SER TÙ MISMA. 

La Cosificación de la Mujer

La santa estigmatizada, Santa Gema Galgani (1878-1903)


Santa Gema Galgani fue la primera mujer en ser elevada a los altares en el siglo XX. Tras una vida plagada de desgracias familiares y con una salud deplorable, Santa Gema se aferró a la fe de tal modo que dio su vida por Cristo. Tuvo experiencias místicas, aseguraba hablar con su ángel de la guarda y sufrió en su propia piel el dolor de los estigmas. Y a pesar de que su débil salud fue el principal obstáculo para entrar en una orden religiosa ella no dejó de vivir una vida de piedad y renuncia a todo lo mundano. Tratado por algunos de histérica, otros con indiferencias y muchos con incredulidad, entre ellos su propia familia y su confesor, cuatro años después de su muerte, se inició el proceso de beatificación que culminó con su canonización en 1940.

Gema Galgani nació el 12 de marzo de 1878 en la ciudad italiana de Camigliano en el seno de una familia modesta. Su padre, Emilio Galgani, era boticario y su madre, Aurelia Morelli era una ama de casa abnegada y dedicada a su familia e hijos. Gema tuvo una infancia normal, acudía a la escuela y jugaba con otros niños de su edad. Pero la felicidad en su vida desapareció cuando murió su madre en 1886, cuando Gema tenía poco más de siete años. En 1894 perdía a su hermano y en 1897 a su padre. Con dieciocho años, huérfana y en la ruina económica, Gema se tuvo que enfrentar a su nueva realidad. 

A las desgracias familiares se unió una serie de enfermedades que la dejaron muy debilitada. Mientras los médicos intentaban curar sus dolencias, Gema se encomendó a varios santos a los que rezó con profunda devoción y quienes, según ella, consiguieron sanarla de manera milagrosa. Aun así, Gema quedó tan debilitada que, a pesar de haber pedido su ingreso en varios monasterios, se le fue denegada la vida religiosa a causa de su mala salud.

Gema Galgani siempre, desde pequeña, había sido una mujer piadosa, pero todas aquellas pruebas la llevaron a profundizar mucho más en su vida espiritual. Fue entonces cuando empezó a tener experiencias místicas. Gema aseguraba hablar con su ángel de la guarda, con Jesús y María. Pero su misticismo llegó a un punto culminante cuando el 8 de junio de 1899 empezó a experimentar los estigmas de Cristo. Aquello conmocionó a los habitantes de Luca, a donde se había trasladado a vivir hacía tiempo. Ni los médicos encontraron una razón aparente ni sus conocidos pudieron descubrir si aquellas heridas se las provocaba ella misma o eran fruto de su fe. Incluso su propio confesor llegó a dudar de la sinceridad de la joven. Gema escondía sus heridas con guantes para no alterar el orden público, pues las gentes la acusaban de farsante e histérica.

Gema Galgani tenía veinticinco años cuando volvió a enfermar gravemente. Esta vez no hubo ninguna intercesión divina y falleció, probablemente de tuberculosis, el 11 de abril de 1903. Gema Galgani fue enterrada en el santuario de los pasionistas de Luca, una de las congregaciones en la que mayor consuelo espiritual había encontrado en vida.

Cuatro años después de su desaparición, se iniciaba el proceso de beatificación que culminó el 14 de mayo de 1933 de manos del papa Pío XI. Pío XII la canonizaba en 1940 convirtiéndose en la primera santa del siglo XX. 


Santa Gema es una de las mujeres más veneradas de la iglesia católica. Hasta su tumba se acercan cada año miles de peregrinos mientras que farmacéuticos y estudiantes piden su intercesión diariamente. 

jueves, 15 de mayo de 2014

La princesa de Hollywood, Grace Kelly (1929-1982)


Grace Kelly abandonó su prometedora carrera de actriz por el amor de un príncipe. Su boda con Rainiero de Mónaco se convirtió en el enlace del siglo, fue portada de revistas del corazón de todo el mundo y dio un impulso espectacular a la imagen y el turismo, y por ende a la economía, del pequeño principado. Pero lo que empezó como un cuento de hadas terminó en una tragedia que a día de hoy continúa levantando polémica. Grace Kelly falleció tras sufrir un accidente de coche en el que viajaba con su hija pequeña Estefanía. Las especulaciones sobre quién conducía el vehículo, si Grace o su hija, no han cesado desde entonces. Lo único cierto es que Mónaco perdió a su princesa, como Hollywood la había perdido años antes.

Grace Patricia Kelly nació el 12 de noviembre de 1929 en Filadelfia, en el seno de una acomodada familia católica de origen irlandés. Su madre, de origen alemán, se llamaba Margaret Katherine Majer. Su padre, el empresario John Brendan Kelly, fue también un conocido deportista que ganó varias medallas olímpicas en la especialidad de remo.

Desde bien pequeña, Grace, la tercera de cuatro hermanos, sintió inclinación por el mundo de la interpretación, algo que sus padres no aprobaban. A pesar de su oposición, Grace marchó a Nueva York en busca de su sueño y, como primer paso, consiguió ingresar en la Academia Americana de Arte Dramático, en 1947. Su debut en Broadway no se hizo esperar demasiado, fue en 1949, con la obra de teatro El padre. Después de sus primeras apariciones teatrales, Grace participó en algunos espacios televisivos pero poco después decidió viajar más lejos, hasta Los Angeles, a probar suerte en el cine.  

En 1951 Grace Kelly saltaba a la gran pantalla con Catorce horas, su primera película y tan sólo un año después conseguía su primer papel protagonista en el western Solo ante el peligro en el que compartió reparto con Gary Cooper.

Acababa de empezar una prometedora carrera cinematográfica que continuó con la seductora Mogambo, rodada en 1953 junto a Clark Gable y Ava Gardner y que le valió su primera nominación a los Oscars como actriz de reparto

Grace Kelly se convirtió en una de las principales musas del director de cine Alfred Hitchcok, protagonizando algunos de sus clásicos.




En 1955, su corta y espléndida carrera, había conseguido un Oscar por La angustia de vivir y era una de las actrices más deseadas de Hollywood, la vida de Grace Kelly daría un giro radical. Por aquel entonces, la joven actriz se había trasladado a Mónaco para rodar junto a Cary Grant Atrapa un ladrón. En el pequeño principado, su príncipe quedó prendado de Grace. Raniero de Mónaco empezó un discreto acercamiento hacia la joven, a la que visitó en varias ocasiones, hasta que consiguió su objetivo, llevarla al altar.

Pero la vida no iba a ser tan sencilla. Grace debía tomar una difícil decisión. Su papel de princesa de Mónaco no era en absoluto compatible con su faceta artística. Así que, lo dejó todo por un príncipe y una corona.




El 16 de abril de 1956, Raniero y Grace se casaron en una ceremonia civil en el Salón del Trono del Palacio de Mónaco. Días más tarde, el 19 de aquel mismo mes, se casaban en una pomposa ceremonia religiosa en la Catedral del principado. La que fue considerada durante mucho tiempo como la boda del siglo, convirtió a la actriz Grace Kelly en la elegante princesa Gracia de Mónaco.

Gracia empezó entonces una vida totalmente distinta, dedicada a los eventos oficiales y a su familia, que fue creciendo a medida que pasaron los años. La pareja tuvo tres hijos, Carolina, Alberto y Estefanía. 




Convertida en la reina del glamour y de la elegancia, Gracia puso de moda el pequeño principado monegasco. Todo el mundo de la alta sociedad europea quería codearse e imitar a aquella americana que había vivido un cuento de hadas. 

Pero aquel cuento no tendría un final feliz. El 13 de septiembre de 1982, Gracia de Mónaco sufrió un mortal accidente en una carretera cercana a Mónaco. Crueldades del destino, aquel lugar había sido el escenario de su último film. Al día siguiente fallecía con tan sólo cincuenta y tres años dejando a su esposo y sus hijos sumidos en una tristeza que nunca pudieron superar. 

Junto a Gracia iba su hija pequeña, la princesa Estefania, sobre la que se vertieron durante tiempo sospechas de haber sido la verdadera conductora del coche en el que viajaba con su madre. Un misterio que a día de hoy aún no se ha desvelado. 


La muerte de Gracia de Mónaco fue una terrible desgracia que conmocionó al mundo. Su prematura desaparición la convirtió en un mito y en un símbolo de la elegancia para siempre.


 Si quieres leer sobre ella 


Grace Kelly, Donald Spoto 









Por Sandra Ferrer