domingo, 26 de diciembre de 2010

Una visión realista e irónica de la vida, Jane Austen (1775-1817)


Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arriagada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas. Así empieza Orgullo y Prejuicio, una de las exitosas novelas que escribió Jane Austen.

Una infancia rodeada de libros
Jane Austen nació el 16 de diciembre de 1775. Ella y sus siete hermanos fueron educados por su propio padre, George Austen, en la Rectoría de Steventon, en Hampshire. Durante los veinticinco años que pasó en aquel tranquilo ambiente rural, Jane estuvo rodeada de libros de grandes autores como Shakespeare, Fielding o Hume. Su pasión por escribir llegó muy pronto, de modo que antes de cumplir los veintidós, además de cartas e historias breves más o menos fantásticas, ya empezaba a esbozar tres de las que serían sus grandes novelas: Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sentibilidad y La Abadía de Northanger.

Viajando por Inglaterra, los paisajes de su obra
Tras su larga estancia en Steventon, Jane marchó de su idílico refugio infantil y empezó a pasar estancias prolongadas en otros lugares como Bath, Southampton o Londres. La mayor parte de ellas serán escenario de sus novelas.

Reflejo de una sociedad con un toque de ironía y cinismo
Además de pintar con fidelidad las estampas más bonitas de la Inglaterra del siglo XIX, sus novelas son una ventana abierta a la sociedad inglesa de su época. Lo que destaca de la obra de Jane es que esta sociedad nos la muestra con un filtro de crítica burlesca, ironía e incluso un punto de parodia y cinismo.

Reflejo de su vida, menos del amor
Prácticamente todas las novelas de Jane terminan con final feliz. Tras largas vicisitudes, sus heroínas terminan consiguiendo el amor anhelado por todas las páginas de sus libros. Al llegar al final, casi siempre consiguen su objetivo. Sin embargo, parece que Jane no consiguió para ella misma uno de aquellos alegres finales. Con un amor huido a Irlanda y una propuesta de matrimonio rota por ella misma, Jane terminó sus días soltera. 




Pero hay muchos elementos de su vida privada que sí que aparecen en su obra. A modo de ejemplo, en el inicio de Sentido y Sensibilidad, la muerte del señor Dashwood que deja a su mujer y sus tres hijas en una situación económica complicada, fue también el difícil destino de su madre. El fuerte lazo fraternal entre Marianne y Eleanor en la misma novela o entre Elisabeth y Jane en Orgullo y Prejuicio son reflejo de la inquebrantable unión de Jane con su única hermana Cassandra. También las familias numerosas, tenía seis hermanos varones además de Cassandra, aparecen en muchas de sus grandes historias. Y así podríamos continuar hasta encontrar en Emma trazos muy similares al propio carácter de Jane.

Escritora hasta el final
El 18 de julio de 1817, Jane Austen moría en brazos de su amada hermana Cassandra. Había terminado de escribir Persuasión y empezaba Sanditon, una última obra que nunca pudo terminar. Una extraña y dolorosa enfermedad se llevó con tan sólo cuarenta y un años a una de las mejores novelistas de todos los tiempos. Porque leer cualquiera de sus grandes títulos es adentrarse en un exquisito mundo de sutilezas, perfectas ironías, en definitiva, en unos escenarios que sólo Jane pudo recrear y de los que, cuando te adentras en ellos, ya no quieres salir.

 Si quieres leer sobre ella 

En el caso de Jane Austen, os recomiendo las ediciones críticas de sus novelas en las que incluyen una extensa introducción sobre su vida y su obra.

 Orgullo y Prejuicio, Jane Austen
Emma, Jane Austen







Persuasión, Jane Austen








Mansfield Park, Jane Austen







Sentido y sensibilidad, Jane Austen







La abadía de Northanger, Jane Austen








 Libros que hablan de ella 


Recuerdos de Jane Austen
James Edward Austen-Leigh







Jane Austen, una vida
Claire Tomalin





16 mujeres muy, muy importantes
Jordi Sierra y Violeta Monreal







 Películas que hablan de ella 

La joven Jane Austen

lunes, 20 de diciembre de 2010

La primera escritora, Christine de Pizan (1364-1430)


Fue en el siglo XIV cuando por primera vez una mujer pudo ganarse la vida escribiendo. Esa mujer, Christine de Pizan, se convirtió en la primera escritora profesional de la historia gracias a su tenacidad y fuerza de voluntad. No sólo eso, Christine pasó a la historia como una gran defensora de los derechos de las mujeres en la sociedad.

Los hombres que la apoyaron
Fueron curiosamente dos hombres quienes alentaron a esta joven italiana a desarrollar y potenciar sus precoces dotes intelectuales. Su padre, Tomasso da Pizano, era un médico y astrólogo italiano que había llegado a la corte de Carlos V como asesor del monarca francés acompañado de su mujer y su hija de cuatro años. Pronto se dio cuenta de la inteligencia de la niña, foco de conflicto con su esposa, quien preparaba para Christine un futuro acorde a una dama de la corte, bien casada y con muchos hijos. La insistencia de Tomasso hizo que la madre de Christine aceptara a regañadientes una educación especial para su hija.

Cuando Christine tenía quince años se casó con un notario y secretario del rey francés. Etienne de Castel siguió la misma pauta que Tomasso y no sólo permitió sino que también alentó a su joven esposa a continuar escribiendo e investigando rodeada de libros y eruditos de la corte.

Las desgracias que la convirtieron en profesional
Christine había conseguido un excepcional equilibrio en su mundo femenino. Estaba casada y tenía tres hijos, papel que combinaba a la perfección con sus estudios y sus escritos. Pero esta vida idílica se truncó con la muerte de uno de sus hijos y la prematura desaparición de su padre y su marido. Con veinticinco años se convertía en una joven viuda con dos hijos y una madre a su cargo y con graves problemas económicos. La primera respuesta a aquella triste situación era un nuevo matrimonio; la segunda, el claustro. 




Sorprendentemente, Christine no aceptó ni una ni otra sino que tomó una tercera y valiente alternativa: seguir escribiendo. Su perseverancia dio pronto sus frutos. Miembros de la corte solicitaron de Christine una elegía de Carlos V. Nacía así Le livre des faits et bons moeurs du sage roi Charles V, la primera obra escrita por encargo y que dió a Christine una importante recompensa económica.

Sobre las mujeres y contra la misoginia
Convertida en una escritora en mayúsculas, Christine de Pizan mantuvo a la familia que le quedaba con su obra. Una obra que pasó de la temática amorosa a temas más comprometidos como la filosofía, la política, la historia, la moral o el derecho de la mujer en la sociedad.

La Ciudad de la damas, su obra más representativa, es un alegato a favor de la mujer para la que reclama un lugar en el mundo, así como una clara crítica a la misoginia imperante en aquel mundo medieval.

Precursora de la mujer actual
Más de cinco siglos han pasado desde que Christine de Pizan reclamara para su género respeto y dignidad. Después de todo este tiempo, sigue sorprendiendo cómo en plena Edad Media una mujer no sólo vivió de sus ideas sino que las perpetuó a lo largo de los siglos. 




 Su obra

La ciudad de las damas, Christine de Pizan






 Si quieres leer sobre ella 


Christine de Pizan, Simone Roux
Género: Ensayo







Cristina de Pizan, Regine Pernoud
Género: Biografía
Mujeres filósofas en la historia, Ingeborg Gleichauf 
Género: Biografías







Mujeres silenciadas en la Edad Media, Sandra Ferrer

viernes, 17 de diciembre de 2010

Preceptora y consejera de reinas, Beatriz Galindo (1465-1534)


Si España tuvo pocos eruditos destacados en el humanismo del siglo XVI, menos aún si nos referimos a mujeres. Beatriz Galindo fue una de las pocas, sino la única intelectual destacada del reinado de los Reyes Católicos. Y fue precisamente gracias a la reina Isabel que hoy conocemos de su existencia.

Instruida para ser monja
Descendiente de una familia de humildes hidalgos, Beatriz estaba destinada a entrar en un convento. Fue por eso por lo que tuvo la posibilidad de aprender latín en una de las instituciones dependientes de la Universidad de Salamanca. La futura monja supo aprovechar muy bien la excepcional oportunidad de dar una formación literaria a una mujer en aquel tiempo. Pronto destacó como lectora y correctora del latín a la vez que lo hablaba con total fluidez.

Una llamada real
Puede que precisamente por el hecho de ser mujer, su fama se extendió rápidamente. Las múltiples voces de alabanza llegaron a la corte de la Reina Católica justo cuando Beatriz ya se estaba preparando para su destino en un convento. Isabel adolecía de no dominar demasiado la lengua de la diplomacia y el mundo intelectual por lo que al conocer la existencia de Beatriz no lo pensó dos veces y la hizo llamar a su lado como su preceptora personal.

Su vida al lado de la Reina Católica
La relación de Isabel y Beatriz fue pronto más allá de la simple relación profesora alumna. No sólo se responsabilizó también de la formación intelectual de las futuras reinas Isabel, Juana, María y Catalina, sino que el entendimiento entre ambas llevó a Beatriz a ser una fiel consejera de la reina.

La reina Isabel se preocupó también del futuro personal de su preceptora buscándole marido y donándole importantes sumas de dinero. Beatriz quedó viuda pronto. Con el dinero que había conseguido instituyó dos mayorazgos en beneficio de sus dos hijos.

Un final de retiro y estudio
Beatriz fue fiel a su reina hasta el fin de sus días. Cuando en 1504 murió Isabel, Beatriz continuó con su labor de preceptora en las instituciones conventuales que ella misma fundó. En ellas tenían las puertas abiertas todas aquellas jóvenes que estuvieran dispuestas a aprender. También fundó hospitales.

Beatriz moría el 23 de noviembre de 1534 en uno de sus conventos. Aunque se conocen muy pocos datos de su vida personal, y a pesar de que nos han llegado pocas obras suyas, Beatriz, apodada "La Latina", pasó a la historia en mayúsculas como una de las intelectuales más importantes del humanismo español.

 Si quieres leer sobre ella 

Beatriz Galindo, la Latina. Maestra de reinas, Almudena de Arteaga
Género: Ensayo

Una de las mejores escritoras de novela histórica en lengua española nos ofrece esta vez un riguroso y ameno ensayo sobre la vida de esta erudita. Imprescindible




Ellas mismas, María Teresa Álvarez








Mujeres renacentistas en la corte de Isabel La Católica
Vicenta Mª Márquez







Por Sandra Ferrer


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reina de bárbaros y romanos, Gala Placidia (390-450)


Conocer la historia de Gala Placidia es adentrarnos en uno de los momentos más importantes de la historia europea. Pues a Gala le tocó vivir en un imperio romano a punto de desmoronarse y vio como unos bárbaros procedentes del norte se hacían con las otrora florecientes tierras romanas con gran facilidad.

Hija y hermana de emperadores
Gala Placidia era hermana de Honorio y Arcadio, los dos descendientes de Teodosio I que habían heredado cada uno de ellos una parte del imperio. Gala residía en Roma, al lado de Honorio, Emperador del Imperio Romano de Occidente, un imperio herido de muerte que veía como la amenaza de unos extranjeros llamados godos se acercaba peligrosamente.

Reina de los visigodos
El gran emperador Teodosio I se había visto obligado a firmar una serie de pactos con las amenazantes tribus visigodas que, a las órdenes de Alarico, suponían una verdadera amenaza para Roma. Pero a la muerte del emperador, sus dos hijos herederos de las dos partes del imperio, no cumplieron con lo prometido por su padre a los visigodos.

Acaudillados por el joven Alarico, iniciador de la dinastía baltinga, los ejércitos visigodos atravesaron el continente hasta llegar a la inexpugnable península itálica. En el verano de 410, Alarico tomaba Roma y Gala Placidia era hecha prisionera.

Así, la joven hermana del humillado emperador romano, tuvo que acompañar contra su voluntad a las huestes visigodas en su camino de saqueo y destrucción por toda Italia y la Galia. Fue durante ese periplo cuando parece ser que Gala se enamoró del que sería rey de los visigodos a la muerte de Alarico, ese mismo año. El nuevo rey Ataúlfo se casaba con la rehén romana en Narbona en 414. La celebración en la villa de un galo romano llamado Ingenio fue todo un acontecimiento que no gustó, sin embargo, a su hermano Honorio ni al magister militum Constacio, general y consejero del emperador, enamorado desde tiempo atrás de la joven Gala.

Regente del Imperio
Pero el futuro de Gala no iba a estar en tierras bárbaras. Primero su hijo y después su marido murieron trágicamente dejando a Gala en una situación incómoda y peligrosa. Sobretodo porque el nuevo rey de los visigodos no la tenía en demasiada estima. Sigerico humilló a la antigua reina de los godos públicamente y la sometió a varios castigos como caminar largos trechos con las esclavas bajo la atenta mirada y los insultos del nuevo rey.

Por suerte el reinado de Sigerico duró poco y su sucesor Walia hizo que las cosas mejoraran para Gala. Con una mentalidad práctica, Walia pensó en devolverla a su hermano Honorio a cambio de una ingente provisión de trigo y de la promesa de alianza romana ante los invasores bárbaros que amenazaban el naciente reino visigodo en la Península Ibérica.

Así, Gala volvió de nuevo a Roma donde se casó con Constancio quien finalmente consiguió a su amada. Su hijo, Valentiniano III, era nombrado emperador con tan sólo seis años de edad en 423, a la muerte de su tío Honorio. Gala Placidia se convertía así en emperatriz regente del Imperio Romano de Occidente.

Una cristiana devota
Gala Placidia murió con más de setenta años, en 450 y fue enterrada en una de las basílicas que ella misma mandó edificar. Gala fue una cristiana devota que promovió la construcción de templos como la basílica de San Juan Bautista y la basílica de la Santa Cruz de Rávena. Fue en esta última, en el oratorio de San Lorenzo don fueron enterrados sus restos. Hoy conocemos dicho oratorio como Mausoleo de Gala Placidia.


lunes, 13 de diciembre de 2010

La compañera perfecta: Clara Schumann (1819-1896)


Empezó a estudiar piano con cinco años, con ocho, componía su primera pieza musical y al año siguiente hacía su exitoso debut como virtuosa del piano. El amor la llevó a ser la musa y compañera incondicional de Robert Schumann. Mujer inteligente y luchadora, Clara Schumann superó con dignidad muchas tragedias personales como la separación de sus padres, la muerte de cuatro de sus ocho hijos y el intento de suicidio de su marido.

Un futuro prometedor
Clara Wieck nació el 13 de septiembre de 1819. Hija de una cantante y pianista y un profesor de piano, Clara estaba destinada a ser una gran concertista. De eso se encargó su padre, quien se preocupó de darle la mejor formación musical con los mejores profesores de la época. Como Clara, existían en el siglo XIX muchas jóvenes promesas que daban conciertos por toda Europa mostrando sus dotes al piano. Sin embargo, la carrera de muchas de ellas se veía pronto truncada por la obligación de ser madres y dedicarse a su hogar. Ese no fue, solamente, el destino de Clara.

La lucha por el amor
A la escuela de su padre llegaban muchos jóvenes dispuestos a aprender y convertirse en grandes compositores. Uno de ellos entró rápidamente en el corazón de Clara. Con sólo once años se enamoró de Robert Schumann, nueve años mayor que ella. En aquel momento, Robert no era el gran compositor que llegaría a ser, sino que era un joven con pocos recursos y un carácter tendente a la depresión. Con estas credenciales, el padre de Clara se opuso firmemente a la unión de su hija con el joven Schumann.

De modo excepcional para su época, Clara se enfrentó a su padre llegando a los tribunales. Era menor de edad y necesitaba la aprovación paterna para poderse casar, así que, como no la obtuvo, dejó que la justicia mediara en el problema, fallando a favor de los jóvenes. A Clara no le importó abrir una profunda fractura en la buena relación que tenía con su padre. Un gran amor acaba de nacer y nada lo iba a romper.

Compositora y concertista
Sin embargo, ese amor llevó a Clara a una vida de renuncia y con ciertas tribulaciones ante las que tuvo que demostrar una gran fuerza de espíritu y de lucha.

No era extraño que una mujer fuera concertista, pero que compusiera no era muy normal. Este prejuicio social y sus propias dudas en relación a su gran talento hicieron que Clara solamente compusiera cuatro obras. Una vez casada, no volvió a componer. 




Sin embargo, de modo excepcional para el tiempo que le tocó vivir, Clara sí que pudo dedicarse toda su vida a dar conciertos por todo el continente e incluso ganarse la vida con ello sacando a su familia adelante.

Esposa y madre
Clara fue una esposa fiel y una madre excepcional. Cuidó de sus ocho hijos y trabajó hasta su muerte para que a su familia no le faltara de nada. Siempre al lado de su esposo, Clara fue la gran musa de Schumann, al que inspiró gran parte de su obra y la intérprete de la misma. Lo común entre los compositores de la época era que ellos mismos tocaran sus propias piezas, pero un problema en la mano derecha hizo que Robert no pudiera interpretarlas. Para eso estaba su famosa y exitosa esposa.




Por encima de todo, una mujer luchadora
Fiel hasta el final al papel que le tocó vivir, Clara Schumann superó la muerte de alguno de sus hijos y siguió tocando incluso después del intento de suicidio de su marido. El carácter depresivo que no había gustado al padre de Clara no desapareció con el tiempo, al contrario, altibajos en la carrera del compositor le llevaron a la desesperada decisión de lanzarse a las aguas del Rin. Internado en un psiquiátrico, Clara continuó sus giras, a pesar de estar de nuevo embarazada. Y Clara no dejó de querer a su marido al que apoyó y ayudó hasta su muerte.

Clara Schumann supone un ejemplo de mujer inteligente, tenaz, luchadora y responsable. Fue madre con devoción, esposa con respeto y una de las pianistas más grandes de la historia. Clara renunció a seguir componiendo pero en la obra de Robert Schumann está parte de su genio y grandeza. Clara moría el 20 de mayo de 1896.




 Si quieres leer sobre ella 



Clara Schumann, vivir el arte, Matthias Henke








La música para Clara, Elizabeth Subercaseaux







 Películas que hablan de ella 



Amada Clara

viernes, 10 de diciembre de 2010

La madre que nunca lo fue: Margarita de Austria (1480-1530)


El siglo XVI fue testigo del inteligente y sabio gobierno de muchas mujeres de la realeza europea. Desde Catalina de Médicis, hasta la mujer del emperador Carlos V, la emperatriz Isabel, fueron muchas las reinas y princesas que dirigieron sus territorios o los de sus familiares varones con gran rigor y efectividad políticas. Una de ellas fue Margarita de Austria. Tía de Carlos V, además de ejercer como su tutora y educadora durante su infancia, sería su alter ego en los Países Bajos como regente primero y gobernadora después durante más de veinte años.

El Tratado de Arras. Una década en la corte francesa
Margarita nació el 10 de enero de 1480; hija del archiduque Maximiliano de Austria, futuro emperador, y de María de Borgoña, no era extraño pensar que jugaría un papel importante en el juego de alianzas matrimoniales entre los distintos estados europeos. Primero estuvo comprometida al delfín de Francia, que sería coronado rey como Carlos VIII. Según el Tratado de Arras, Margarita era entregada al país vecino en 1483 llevando como dote Artois y el Franco Condado. Y allí vivió una larga década que sólo se sirvió para entrar en contacto con una de las cortes más refinadas del viejo continente. Pero no llegó a casarse. Un giro en los intereses estratégicos de Carlos VIII llevó a revocar el Tratado de Arras y casarse con Ana de Bretaña.

Dos matrimonios, tres muertes
Devuelta a su padre, Maximiliano decidió esta vez utilizar a Margarita y a su hermano Felipe para acercarse a los Reyes Católicos. Así, en 1497 se casaron respectivamente con Juan, heredero de las distintas coronas de Isabel y Fernando, y Juana, conocida como Juana la Loca.

Su alegre y feliz matrimonio con Juan duró solamente seis meses. El consuelo de la nueva vida y posible heredero de los Reyes Católicos duró poco porque dio a luz de forma prematura a una niña de cinco meses. De vuelta a Flandes se volvió a casar en 1501. Tres años más tarde y con sólo 24 años se encontraba de nuevo viuda y sin haber podido engendrar a ningún hijo.

Tan tristes experiencias llevaron a Margarita a renunciar definitivamente a la posibilidad de terminar sus días al lado de un marido e hijos.

Regente y tutora
Sin embargo, el destino le deparó la educación de los descendientes de la otra real pareja. Su hermano Felipe moría inesperadamente en 1506 y su mujer era declarada incapaz para reinar. Juana I de Castilla no estaba tampoco capacitada educar a sus hijos. Ese papel fue encomendado a su joven cuñada viuda.

Así fue como Margarita se hizo cargo de Carlos, Leonor, Isabel y María. Los educó con amor y preparó tanto al futuro emperador como a las jóvenes futuras reinas para ejercer con inteligencia el gobierno de sus respectivos territorios.

Junto con su papel de madre, Margarita fue regente de los Países Bajos gracias al nombramiento de su padre. Su sobrino Carlos, rey de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, confió en ella para el gobierno de su tierra natal hasta su muerte.
Una nota premonitoria
En su viaje a España para casarse con el príncipe Juan, la expedición de Margarita se vio envuelta en una terrible tormenta. Temiendo seriamente por su vida, se colgó al cuello una tablilla para que pudieran reconocer su cadáver. El ella había escrito: "Aquí yace Margarita, gentil damisela, dos veces casada y muerta doncella". Margarita sobrevivió al temporal pero esta nota fue premonitoria de lo que sería su futuro. Murió el 1 de diciembre de 1530.

 Si quieres leer sobre ella 


Las Austrias, Catalina de Habsburgo
Género: Ensayo
Recopilación de las más destacadas mujeres de la Casa de Austria. Muy interesante y ameno.






Por Sandra Ferrer

jueves, 9 de diciembre de 2010

Pobreza mundana, riqueza espiritual: Santa Clara de Asís (1194-1253)


Lo tenía todo para ser vivir una vida plena de lujos y comodidades. Pero la joven Clara Offreduccio tomó un camino más complejo. Lo dejó todo, absolutamente todo para vivir en la pobreza más cruda de este mundo. Fue, sin embargo, una de las mujeres más ricas de espíritu de su época y de todos los tiempos. Su determinación la llevó a ser la primera mujer que consiguió la aprovación de su propia regla monacal; para ello luchó toda su vida y sólo un día antes de morir conseguía una bula del Papa Inocencio IV que aceptaría las nuevas normas de las monjas de San Damián y el conocido como Privilegio de la pobreza.

Una vida regalada
Clara había nacido en el seno de una de las familias más nobles y ricas de la ciudad italiana de Asís. La fecha exacta de su nacimiento no está certificada pero podría haber sido el 16 de julio de 1193 o 1194. Nunca le faltó de nada. Las comidas en casa de los Offreduccio eran siempre abundantes, los vestidos que lucían ella y sus hermanas eran de los más bellos y mejor confeccionados de la ciudad. Y probablemente se iba a casar con algún noble tan rico como ella que afianzara esa vida regalada. Una vida que no parece ser que fuera acorde con los sentimientos de la joven. Desde bien pequeña mostró una piedad extrema hasta el punto de llevar un pequeño cilicio debajo de la ropa y ayunar constantemente en beneficio de los pobres a quienes daba sus alimentos.

Durante toda su infancia recibió una exquisita formación como se demostraría posteriormente con su conocimiento del latín y su excelente escritura. Pero también su aprendizaje iba destinado al de ser una gran dueña de su casa. En la Edad Media, las mujeres nobles eran una espléndidas directoras y organizadoras de lo que podríamos llamar la pequeña empera del hogar. La gestión y coordinación de sirvientes, comidas, y todo lo necesario para el perfecto funcionamiento de una casa noble recaían sobre la mujer mientras los caballeros pasaban mucho tiempo fuera en continuas guerras.

Este aprendizaje de la buena ama de casa angustió a Clara pues sabía en el fondo de su corazón que ella no iba a casarse en contra de la voluntad de su familia. No tenía muy claro qué sería de su vida y su futuro pero si tenía claro lo que no quería ser.

Francisco iluminó su destino
Hasta que llegó Francisco. Un joven mayor que ella, hijo de uno de los mercaderes de telas más próspero de la ciudad, dejó su vida disoluta de fiestas y juergas nocturnas para dedicarse a la vida en religión pero de un modo muy original. El fundador de los Hermanos Menores decidió desprenderse de todos los bienes mundanos y eligió vivir una vida de extrema pobreza.

Fue un escándalo pero extraordinariamente muchos jóvenes le siguieron y consiguió el apoyo del Obispo de la ciudad y después del mismísimo Papa. Clara observó atenta los pasos de Francisco mientras oía de fondo las voces críticas y de burla de muchos que no entendían su elección.

Tras varios encuentros con Francisco, Clara vio definitivamente que su vida estaba ahí. Iba a ser el alter ego femenino de Francisco.

Una huida valiente
Tras mucho meditarlo, finalmente Clara decidió que su vida en la casa familiar ya no tenía sentido y quizás presionada por un posible compromiso matrimonial, pues ya tenía más que edad para casarse, y planeó su huida. Era la noche del Domingo de Ramos de 1212. Aquel día se había celebrado en la catedral de San Rufino de Asís una de las celebraciones más importantes para las jóvenes casaderas de la ciudad. Era una tradición ancestral que las chicas en edad de contraer matrimonio recibieran de manos del obispo una simbólica palma. Clara dedía recogerla junto con las demás pero se quedó clavada en su banco incapaz de moverse. Ella no podía recibir aquello que significaba un futuro como esposa. Punto de todas las miradas, vio como el obispo se acercaba hacia ella y le daba de su propia mano aquella palma que para ella significaba algo totalmente distinto de las demás y parece ser que el religioso lo sabía.

Pasada la celebración, por la noche, consiguió llegar hasta San Damiano, cuna de los Hermanos Menores, donde, ayudada por Francisco y sus primeros seguidores, se desprendió de los bienes de este mundo y asumió el hábito franciscano. Moría Clara Offreduccio y nacía Sor Clara. 

San Damián
Una vida llena de milagros incluso antes de nacer
Los milagros atribuidos a Clara son muchos. La mayoría de ella quedaron recogidos en las actas del proceso de canonización que se inició poco después de su muerte. Pero la vida de Clara ya estaba marcada con el signo extraordinario de la santidad incluso antes de su nacimiento. Poco antes de nacer su hija, la noble Hortolana se encontraba rezando en su capilla cuando oyó una voz que le anunciaba la llegada de una niña que sería la luz que debía iluminar el mundo. Ante esta revelación, Hortolana cambió el nombre de Catalina por el poco común de Clara.

A partir de ahí, Clara sería hacedora de múltiples milagros. Muchos fueron la cura de enfermos, pero uno de los más llamativos sin duda fue la expulsión de los sarracenos en 1241 que llegaron a franquear los muros del monasterio antes de intentar entrar en la ciudad. Cuenta la historia que a pesar de estar gravemente enferma, se levantó y con la custodia en la mano se mostró ante los enemigos que huyeron despavoridos.

Un ejemplo que dura ocho siglos
El continuo trabajo, tesón y creencia firme en sus ideas llevó a Clara a luchar toda su vida por conseguir una aceptación oficial de su Privilegio de pobreza y de sus propias normas recogidas en la que sería la primera redactada por una mujer y aprovada por el mismísimo Papa. Después de una vida de renuncia, sacrificio y amor a sus hermanas, en el lecho de muerte recibió el gran regalo de ver convertida en realidad esa orden por la que luchó toda su vida. Clara moría el 11 de agosto de 1253.

El ejemplo de Clara ha sido válido durante más de ocho siglos consiguiendo a lo largo de los años convertir a su orden en una de las más extendidas por el mundo. En más de mil conventos repartidos por los cinco continentes viven casi veinte mil monjas clarisas que trabajan día a día por tener una existencia digna de su valiente y tenaz fundadora, Santa Clara.

Cuerpo de Santa Clara en la basílica de Asís que lleva su nombre
https://youtu.be/W47VV31LJxQ



 Si quieres leer sobre ella 

Clara de Asís, camino y espejo, Delir Brunelli
Género: Biografía
Un libro excepcional par aentender el mundo en el que nació Santa Clara





Santa Clara de Asís, Chiara Augusta Lainati
Género: Ensayo
Este libro nos acerca a la espiritualidad de Santa Clara





Clara de Asís: Amiga de la sociedad, hermana de la ciudad, Martina Kreidler-Kos
Género: Biografía
Bonita y rigurosa biografía de Santa Clara






Por Sandra Ferrer